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jueves, 8 de octubre de 2026

Sobrepeso y doble negocio: engordar y adelgazar

España y el resto de Europa han aumentado su sobrepeso y el porcentaje de obesos, una pandemia mundial que dispara las enfermedades, las muertes y el gasto sanitario. Y preocupa que haya más niños y adolescentes con sobrepeso, los obesos del futuro. La OMS culpa del sobrepeso al auge de la comida ultraprocesada, que está cambiando los hábitos en favor de la comida basura, cuyo consumo se ha triplicado este siglo en España. Lo llamativo es que el sobrepeso y la obesidad generan un doble negocio. Por un lado, el negocio de las multinacionales y empresas de alimentos ultraprocesados, más todas las cadenas de “comida rápida”, que crecen imparables, también en España. Y por otro, el nuevo negocio de algunas empresas farmacéuticas, que han lanzado fármacos para adelgazar que se venden por millones y escasean incluso. La solución al sobrepeso no pasa por la farmacia sino por cambiar los hábitos alimenticios y comer dietas más saludables, que evitan enfermedades y muertes. Urgen campañas públicas contra la pandemia del sobrepeso.

                Anuncio de la farmacéutica Lilly para promocionar su inyectable contra la obesidad             

El mundo asiste impasible a una silenciosa pandemia: el auge del sobrepeso y la obesidad. En 2025, según el Atlas Mundial de Obesidad, casi 3.000 millones de personas en el mundo (el 36,5% de la población) tenían sobrepeso: un índice de masa corporal, IMC (que se obtiene dividiendo el peso por el cuadrado de la altura, en metros: kg/m2) de 25 a 30. Y de ellos, 1.100 millones de personas (el 13,3% de la población total) tienen obesidad: un índice de masa corporal (IMC) superior a 30, según los estándares de la OMS. Y lo más preocupante: 1 de cada 5 niños en edad escolar (5 a 19 años), 376 millones, tienen ya sobrepeso (y serán 507millones en 2040), mientras la mitad (1 de cada 10, 188 millones) padece obesidad), siendo ya más los niños obesos en el mundo que los que tienen un bajo peso.

Hasta ahora, el sobrepeso y la obesidad eran males de paises ricos, pero en los últimos años, el problema se ha extendido también a paises en desarrollo e incluso pobres, donde también se ha trastocado la dieta y se consuma demasiada “comida basura”. EEUU es el paraíso de las personas con sobrepeso (el 70% de la población adulta lo padece) y obesidad (36,4% de la población, en torno al 20% de los niños y adolescentes), también Reino Unido (65% de la población con sobrepeso y 28% con obesidad). Entre tanto, la pandemia es menos grave en Europa, pero se ha estancado e incluso crecido en los últimos años. Así, en 2025, más de la mitad de los europeos (51,7%) tenían sobrepeso (51,1% en 2014), según el último dato de Eurostat, mientras el 16,3% de los europeos son obesos (15,4% en 2014).

España es el 5º país europeo con menos sobrepeso (el 51,2% de los adultos), por delante  de Italia (38,3%), Francia (48,1%), Paises Bajos (48,6%) y Luxemburgo (49,9% sobrepeso), algo menos que la media (51,7% UE-27) y bastante menos población con sobrepeso que Malta (62,3%), Finlandia (61,7%), Portugal (55,2%) o Alemania (53,6%), según Eurostat. Y a la vez, somos el 4º país europeo con menos obesidad (14,9% de los adultos), por delante de Italia (7% población), Grecia (12,8%) y Rumanía (12,9%), pero por detrás de la media europea (16,3% población adulta son obesos, 17,4% los hombres y 15,3% las mujeres) y de paises como Paises Bajos (15% obesos), Francia (16,3%), Portugal (17%), Suecia (17,5%), Dinamarca (20,5%), Alemania (20,8%) o Malta (26,6% obesos).

Aunque los españoles estamos mejor en sobrepeso y obesidad que la mayoría de los europeos, la gran preocupación son los niños y adolescentes: tenemos un 20,2% de niños (6 a 9 años) con sobrepeso frente al 25% en la UE-27, pero tenemos más niños obesos, un 15,9% en España frente al 11% de media en Europa. El último estudio Aladino (2024) reveló que el 21,2% de los niños españoles de 12 años tienen sobrepeso y el 22,6% de las niñas, mientras a los 14 años lo tienen el 20,10% en niños y el 19,8% en niñas. Y tienen obesidad el 8,1% de niños y el 8,7% de niñas de 12 años, manteniéndose a los 14 años el 8,4% de niños y el 6,8% de niñas. Incluso tienen obesidad severa el 1,75% de niños y niñas de 12 años.

El sobrepeso y la obesidad es un grave problema sanitario y económico. Los expertos alertan de los 12 riesgos para la salud que comporta el sobrepeso, en especial enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes tipo 2, dislipemia, enfermedades coronarias y cerebro-vasculares, enfermedades renales crónicas, enfermedad de Crohn, Parkinson y hasta depresión, según un estudio publicado en The Lancet. Y todo apunta a que el sobrepeso está detrás de un tercio de las muertes en Europa. Además, un estudio de la OCDE (en 2019) sobre los costes de la obesidad en 52 paises reveló los costes para España: supone una reducción de 2,6 años en la esperanza de vida, provoca el 9,7% del gasto sanitario, reduce la productividad laboral (el equivalente a 479.000 jornadas laborales anuales) y supone en conjunto una reducción del PIB del -2,9%% (48.800 millones de euros en 2025). Y añadían que para cubrir estos costes de la obesidad, cada español paga 265 euros al año de impuestos. Frente a estos altos costes , la OCDE proponía tomar medidas porque es algo muy rentable: por cada euro invertido contra la obesidad en España, recuperaríamos 6 euros…

El “motor” del sobrepeso y la obesidad en el mundo son los alimentos ultraprocesados, que dañan gravemente la salud, según denuncia la Organización Mundial de la Salud (OMS). Estos alimentos ultraprocesados (“comida basura”) son “aquellos que han pasado un proceso de transformación industrial muy intensivo donde se añaden conservantes, colorantes, saborizantes, edulcorantes, emulsionantes y otros compuestos para mejorar su aspecto y hacerlos más atractivos al paladar, más fáciles de consumir o para alargar su vida útil”, según la Academia Española de Nutrición. A menudo, estos alimentos tienen un alto contenido de azúcares añadidos, grasas saturadas o grasas trans, “los 3 jinetes del Apocalipsis” relacionados con la obesidad, la diabetes 2 y las enfermedades cardiovasculares.

Cada vez que vamos a la compra, cargamos el carrito con más alimentos ultraprocesados, que llenan las estanterías de los supermercados: cereales de desayuno azucarados o chocolatados, bollería industrial, snacks fritos, productos cárnicos envasados (salchichas o hamburguesas), salsas industriales (kétchup), bebidas refrescantes, yogures y leches fermentadas, muchos platos preparados y bebidas alcohólicas. Sólo en España, el consumo de alimentos ultraprocesados se ha triplicado en los últimos 30 años y ya suponen casi un tercio de la ingesta diaria de calorías de los españoles, con el consiguiente abuso de grasas, azúcares y sales a lo que nos hemos acostumbrado en los últimos años.

Lo más grave es que estos alimentos ultraprocesados y procesados suponen ya el 40% de los ingresos totales de la industria alimenticia mundial, un gran negocio que en los paises desarrollados representa hasta el 70% de las ventas de los supermercados (en EEUU y en Reino Unido) y más de la mitad de la ingesta de la población en Occidente. En los paises en desarrollo, su peso es menor, pero es la comida que más crece, desplazando a la comida tradicional. Y como muchos de estos alimentos los producen y comercializan multinacionales, el comercio mundial de ultraprocesados se ha triplicado en las últimas décadas y los paises desarrollados destinan el 48% de su gasto alimenticio a importarlos.

El negocio mundial de los alimentos ultraprocesados mueve 8,2 billones de dólares anuales en el mundo, sin que nadie proteste por los daños que provoca impunemente, como pasó durante años con la industria del tabaco. El negocio se basa en la producción y comercialización masiva de alimentos ultraprocesados diseñados para generar un consumo repetitivo y muy rentable a través de estrategias científicas y de marketing. Una producción muy rentable porque tiene costes de producción bajos (se utilizan ingredientes de menor calidad, producción en cadena y que se pueden almacenar mucho tiempo, facilitando el transporte), porque las empresas calculan exactamente en laboratorios la combinación exacta de sal, azúcar y grasas para maximizar su atractivo para el consumidor y porque el uso de aditivos y potenciadores de sabor enmascaran la baja calidad de los ingredientes y los hacen atractivos al paladar.

Se estima que el negocio de los ultraprocesados y la comida basura mueven más de 3 billones de dólares anuales, repartiéndose entre los ultraprocesados (que mueven entre 2,18 y 2,20 billones de dólares anuales), controlados por multinacionales como Nestlé, PepsiCo (Lays, Doritos Cheetos, Pepsi), Coca-Cola, Mondelez Internacional (Oreo, Milka, Tobletone, galletas, confitería), Mars Inc. ( M&M´s, Snickers, barras de chocolate…) Kraft Heinz o Unilever, y las cadenas y restaurantes de comida rápida, que mueven un negocio anual de 800.000 a 940.000 millones de dólares anuales y que está controlado por multinacionales y franquicias como McDonalds, Yuml Brands (KFC, Pizza Hurt, Taco Bell), Brands International (Burger King y Popeyes), Dominós Pizza, Pizza Hut o Subway.

En España, la industria ha conseguido que los consumidores apuestan cada vez por los ultraprocesados: se estima que el 23% de todos los alimentos son ultraprocesados y en las últimas décadas, el consumo de ultraprocesados ha pasado de representar el 11% al 32% del aporte calórico diario, según un estudio de 43 expertos publicado en The Lancet. Y este tipo de “alimentos” está desplazando cada vez más a la comida tradicional, mientras los españoles apuestan también por la comida rápida, tanto la preparada que venden los súper como la que consumen o se llevan de los restaurantes y tiendas de comida rápida. En España, además de las grandes multinacionales, el mercado de ultraprocesados lo controlan empresas como El Pozo, Campofrío, Corporación Alimentaria Guissona (BonÁrea) o Mondelez Internacional. Y la comida rápida movió en España 6.100 millones de euros en 2025, con 6.000 establecimientos, controlados por McDonalds (2.000 millones de facturación), Burger King (1.520 millones), KFC (408 millones) Dominós (294 millones)  y Telepizza(150 millones).

Como se ve, fabricar y proveer al mundo de alimentos ultraprocesados es un gran negocio y va a ir a más, dado que los expertos estiman que habrá 4.000 millones de personas con sobrepeso en el mundo en 2035 (el 45% de todos los habitantes). Pero en los últimos años, el sobrepeso y la obesidad están alimentando otro negocio, el farmacéutico: en 2024, la venta de medicamentos para adelgazar supuso unos ingresos de 15.000 millones de dólares, pero se doblaron en 2025 y para 2035 podría suponer ya 150.000 millones de dólares de ventas, según Morgan Stanley. La multinacional danesa Novo Nordisk  se ha hecho con una parte de este mercado con sus inyecciones Ozempic, que han estado 3 años en falta en España, por la alta demanda para adelgazar aunque sea un medicamento para los enfermos de diabetes 2. La norteamericana Eli Lilly ha seguido sus pasos y otros laboratorios van a la zaga, en un negocio que ha movido ya 61.800 millones de dólares en compras e inversiones.

Los “productos milagro” para adelgazar son el penúltimo descubrimiento de negocio de la industria farmacéutica, que aprovecha el auge del sobrepeso y la obesidad. En España hay múltiples ofertas en las farmacias, aunque sólo un producto está financiado por la sanidad pública, las inyecciones de Ozempic (ojo: con receta y visado, teóricamente sólo para enfermos de diabetes 2), pero se puede comprar (con receta) si se encuentra (177,89 a 204,83 euros). El mismo laboratorio, Novo Nordisk vende Wegovy (inyecciones con receta y no financiado: 179 a 223 euros) o Saxenda (inyecciones, con receta y no financiado: 170 a 190 euros), mientras Eli Lilly comercializa Mounjaro (inyecciones con receta y no financiado: 207 a 446 euros) y otros laboratorios comercializan Xenical (Orlistat), unas cápsulas  que inhiben la absorción de la grasa intestinal (con receta y no financiadas: de 50 a 75 euros) o Rybelsus, otras pastillas de Novo Nordisk (con receta, no financiadas salvo para diabetes 2 y con un precio de 123 euros). Actualmente, todos estos medicamentos “se venden mucho”, según algunos farmacéuticos, sobre todo para pacientes entre 35 y 60 años que buscan adelgazar.

El auge de los medicamentos para adelgazar dibuja, según la revista Science, un futuro distópico, dominado por los intereses cruzados de dos poderosas industrias: la alimenticia, que dispara sus beneficios con los alimentos ultraprocesados y la comida basura, y la industria farmacéutica, que nos vende la posibilidad de adelgazar si engordamos demasiado, un parche individual para atajar una enfermedad compleja y peligrosa, el sobrepeso, el “atajo” de picharse frente a llevar una dieta sana y hacer ejercicio.

La solución al sobrepeso y la obesidad que asola el mundo no está en las farmacias sino en los supermercados, en dejar de comprar productos ultraprocesados y comida basura (que nos crea “dependencia” y apostar más por los alimentos frescos y naturales, aunque sean más caros. La receta de la OMS y los expertos es clara: mejorar nuestra dieta con un consumo adecuado de proteínas y fibra, sustituyendo los alimentos ultraprocesados y las bebidas azucaradas por alimentos y bebidas naturales (sobre todo a los niños y adolescentes), además de aumentar la actividad física, reducir el estrés y mejorar el sueño (problemas que aumentan la comida compulsiva). Y además, piden a los Gobiernos políticas públicas de prevención y tratamiento del sobrepeso y la obesidad, regulando el etiquetaje y la publicidad de la “comida basura” (sobre todo entre los menores) y facilitando el ejercicio físico.

España ya aprobó en 2022 un Plan nacional 2022-2030 para la reducción de la obesidad infantil, con el objetivo de reducir el sobrepeso de los menores un 25% para 2030. Es un Plan con 200 medidas, que van desde la enseñanza de nutrición en la escuela al aumento de zonas deportivas o la reducción del uso de “pantallas” (que favorecen el sobrepeso). En 2021, el Gobierno subió el IVA de las bebidas azucaradas del 10 al 21% y en 2026 aprobó la prohibición de bebidas azucaradas y bollería en comedores escolares, ampliando después la prohibición a desayunos y meriendas escolares, así como la venta de ultraprocesados en hospitales y residencias de ancianos.

Son avances, pero la gravedad del problema exigiría un gran acuerdo con la industria alimentaria para reducir el peso de los alimentos ultraprocesados y la comida basura en las tiendas, además de exigir un etiquetado más estricto, que señale claramente los productos que más engordan. Y nosotros, que ya los sabemos, deberíamos cambiar de hábitos de compra, sobre todo por los niños y jóvenes. Porque estamos alimentando una epidemia peligrosa y costosa, el sobrepeso y la obesidad. Hagamos algo.

lunes, 30 de diciembre de 2019

Chequeo UE: nuestra salud, buena y barata


La salud de los españoles es la mejor de Europa: tenemos la menor tasa de mortalidad y la mayor esperanza de vida (83,4 años). Y eso gracias a un sistema sanitario excelente, muy eficaz  en el tratamiento de enfermedades y con bajo coste, menor que el de los grandes paises europeos, según el chequeo sanitario que acaban de hacer la UE y la OCDE a 30 paises europeos. Una valoración extranjera mucho mejor que la de los ciudadanos españoles, que sólo dan un aprobado a la sanidad pública (6,57 puntos), sobre todo por las listas de espera y el deterioro en urgencias y ambulatorios. El chequeo de la UE nos recomienda gastar más en sanidad, atender mejor a los mayores (geriatría y dependencia), aumentar médicos y enfermeras, reducir el tabaquismo y la obesidad (responsables de 350 muertes diarias) y dedicar más esfuerzos a la prevención y a la atención primaria. Podemos estar orgullosos de nuestra sanidad, pero hay que apuntalarla. La salud es lo primero.

enrique ortega

Los españoles sentimos mayoritariamente que tenemos una buena salud (el 77,8% cree que es “buena o muy buena”, según la última Encuesta Nacional de Salud 2017) pero consideramos la sanidad como nuestro 6º mayor problema (tras el paro, los políticos, la economía, Cataluña y la corrupción, según el Barómetro del CIS de noviembre) y sólo le damos a la sanidad pública un aprobado alto (6,57 puntos), según el último Barómetro Sanitario de 2018, en el que un 68,3% de españoles creen que funciona “bien o bastante bien” y un 26,2% creen que “necesita cambios fundamentales”. Así que tenemos una percepción buena de la sanidad pública, pero mejorable. Y desde luego, peor de la que revela el último Chequeo que nos han hecho, a finales de noviembre, la UE y la OCDE, junto a otros 29 paises europeos (los 27 de la UE más Noruega e Islandia). Ahí reflejan que tenemos una salud excelente y que se debe a tener una sanidad muy eficaz y más barata que la de la mayoría de Europa.


El indicador que resume todos los demás es que España es el país europeo con la mortalidad más baja: aquí murieron 829 personas por cada 100.000 habitantes en 2016, frente a 1.002 de media en la UE, 838 en Francia y 843 en Italia, los paises con menor mortalidad, en contraste con los 1.600 muertes 1.476 muertes en Rumanía o Letonia, según el último indicador publicado por Eurostat (datos 2016). Y en 2018, el último dato publicado por el INE, en España hubo 915 muertos por 100.000 habitantes, todavía menos que la mortalidad europea de hace dos años. Y si ajustamos la mortalidad por la edad (homogeneizando las diferentes edades de los paises), España tuvo en 2018 la tercera tasa de mortalidad más baja de Europa: 462 muertes por 100.000 habitantes, sólo por delante de Francia (457) y Luxemburgo (460) y muy por encima de la media UE (561 muertes), Alemania (540) e Italia (468), según el reciente estudio “Estado de la Salud de la UE 2019”.


España tiene menos muertes porque tenemos una sanidad más eficiente, que “evita” muchas de las muertes que se producen por causas “evitables” y “tratables”. Así, España tiene una de las tasas de mortalidad más bajas de Europa en muertes “evitables” (118 por 100.000 habitantes) frente a 161 en Europa) y en muertes “tratables” (67 muertes por 100.000 habitantes frente a 93 en la UE). El estudio europeo señala que un 38% de las muertes totales serían “evitables” en España (162.500 de las 427.721 que se produjeron en 2018), pero que en Europa lo son más, el 44% de las muertes. Y eso, a pesar de que las tasas de tabaquismo son mayores en España que en Europa (22% adultos fuman a diario frente al 19% en la UE) y también tenemos más sobrepeso y obesidad (17% de adultos frente al 15% en la UE), por la deficiente alimentación y el escaso ejercicio, aunque bebemos menos alcohol (9% adultos lo consumen en exceso frente al 20% en Europa).


A pesar de estos factores de riesgo, la sanidad española ha conseguido reducir las muertes por enfermedades cardiovasculares  (sobre todo en cardiopatías isquémicas y enfermedades cerebro-vasculares) y también por cáncer de pulmón y colorrectal, aunque han aumentado las muertes por Alzheimer. El informe señala el éxito de los tratamientos de los infartos en los hospitales españoles: sólo mueren 6 de cada 100 hospitalizados tras un infarto (a los 30 días), cuando la media europea es de 9,8 muertos. Y también refleja un mayor éxito en la mayoría de tratamientos de cáncer en España: sobreviven el 85% de los enfermos con cáncer de mama (83% en la UE), el 63% con cáncer de colon (60% en la UE) y el 90% de los cánceres de próstata (87% en la UE), aunque estamos ligeramente peor en supervivientes de cáncer de pulmón (14% frente al 15% en la UE), por el mayor tabaquismo en España.


Al final, la menor mortalidad, por el eficaz tratamiento de las enfermedades que conllevan muertes “evitables” (cardiopatías isquémicas, accidentes de circulación u muertes relacionadas con el alcohol) y “tratables” (muertes por cardiopatías, enfermedades cerebro-vasculares y cáncer) lleva a un resultado espectacular: España es el país europeo con mayor esperanza de vida en 2018 (en el año 2000 nos ganaban Suecia a Italia), según el chequeo sanitario de la UE, que revela que los españoles viven una media de 83,4 años, frente a 80,9 años de media en Europa. Y mayor esperanza de vida que Italia (83,1 años), Francia (82,7 años), Suecia (82,5 años), Alemania (82,1) o Reino Unido (81,3 años).


Y otro dato muy importante, que resalta este estudio europeo: España tiene menos desigualdades en esperanza de vida que la mayoría de Europa por situación socio-económica (apenas) y nivel educativo: los que tienen bajos estudios viven 2 años menos (en Europa son 3,6 años menos de vida) y los mejor formados viven 4,2 años más en España y 6,5 años más en Europa (más brecha por formación). En cuanto a la brecha de vida por género, en España los hombres viven 5,5 años menos que las mujeres y en Europa 5,2 años menos.


Vivimos más años, sí, pero el informe de la UE señala un problema de esta mayor longevidad española: la peor calidad de una vejez más larga. Tenemos más mayores con enfermedades crónicas (el 59% de los mayores de 65 años en España, frente al 54% en la UE), con discapacidad o limitaciones para valerse por sí mismos (el 21% de los mayores frente al 18% en Europa) y con depresión (el 39% de mayores en España frente al 29% en la UE). Esto exige, señalan, un gran esfuerzo no tanto en sanidad como en asistencia geriátrica y en ayudas a la dependencia, esfuerzo que aumentará a medida que España envejece a lo largo de este siglo.


El chequeo sanitario europeo resalta también que la sanidad pública española es “prácticamente universal” (atiende al 100% de los empadronados) y que lo hace con un gasto mucho menor que en la media europea: 2.371 euros de gasto sanitario por habitante, frente a 2.884 euros de media en la UE. Eso nos coloca como el 11º país que menos gasta en sanidad de los 30 analizados. Si se toma el gasto sanitario total en relación al tamaño de la economía, el gasto sanitario en España era del 8,9% del PIB (2017) frente al 9,8% de media en la UE, el 11,3% de Francia, el 11,2% de Alemania, el 11% de Suecia, el 9,6% de Reino Unido o el 8,8% de Italia.


Además de gastar menos en sanidad, el estudio revela que los hospitales españoles son más eficientes que la media europea. Por un lado, somos el 4º país con menos camas de hospital por paciente: 3 por cada 100.000 habitantes frente a 5 de media en la UE. Esto es consecuencia del recorte de inversiones en nuevos hospitales, pero también de que han aumentado las intervenciones no hospitalarias (intervenciones ambulatorias de cataratas, amigdalitis y hernia inguinal)) y las llamadas “hospitalizaciones evitables”, sobre todo de enfermos de diabetes e insuficiencia cardiaca: España tiene 400 hospitalizaciones “evitables” por cada 100.000 habitantes, un tercio menos de las 600 que se registran en Europa. Además, otro dato de eficiencia es que la duración de la estancia en hospitales se ha reducido, a 6,2 días en España y a 8 días en la UE, según el chequeo sanitario europeo.


España tiene menos gasto sanitario y menos peso del gasto público en sanidad, que ha bajado por los recortes y el auge de la sanidad privada en las últimas dos décadas. Así, el gasto público supone en España el 71% del gasto sanitario total frente al 79% en Europa. Y, en consecuencia, el gasto privado en sanidad es mayor en España y ya supone un 29% del gasto total, por encima del 21% europeo. Eso se debe a que las familias cargan ahora con dos gastos que son mayores que en Europa: el copago farmacéutico (supone el 24% del gasto sanitario en España, frente al 19% en la UE) y el gasto en atención dental. Por estos dos conceptos, y algunos otros pagos no cubiertos por la sanidad pública, los españoles pagan de su bolsillo un 50% más en salud que la media europea (el 23,6 de pagos directos respecto al gasto total frente al 15,8% de media en la UE).


Tras reiterar la eficacia de la sanidad española, el chequeo no olvida los problemas que sufre de listas de espera, recordando que han aumentado desde 2010 a 2018, por los recortes: de 90 a 100 días una operación de cataratas  (60 días en Reino Unido y Holanda y 120 días en Portugal) o de 135 a 150 días una artroplastia de cadera (52 en Holanda, 85 días en Reino Unido y 128 días en Portugal). Y llama la atención sobre las grandes diferencias regionales en España: entre los más de 150 días que esperan la mitad de pacientes en Castilla la Mancha, Canarias o Extremadura y los 50 días de Madrid, la Rioja o Navarra.


El otro problema que destaca en la sanidad española es la falta de médicos y sobre todo de enfermeras, así como la tremenda precariedad del personal sanitario (el 30% del personal tenía contrato temporal en 2017). España tiene más médicos (3,9 médicos por 1.000 habitantes) que la media UE (3,6 médicos), pero la tercera parte tienen más de 55 años y se jubilarán en una década y faltan en algunas especialidades y en atención primaria. En cuanto a  enfermeras, tenemos muchas menos (5,7 por 1.000 habitantes) que la UE (8,5). Y en general, estamos por debajo en médicos y enfermeras que Noruega, Islandia, Alemania, Suecia, Dinamarca, Portugal y Austria, según este estudio de la UE y la OCDE.


Cara al futuro, el estudio europeo señala que la sanidad española va a sufrir “una tensión en el gasto”, derivado del mayor envejecimiento de la población y del aumento del gasto en cuidados a largo plazo a los mayores (dependencia y atención geriátrica), máxime cuando hoy hay 9 millones de españoles mayores de 65 años y en 2050 habrá 16,4 millones de mayores. Y alerta a España que esta tensión “puede poner en peligro la viabilidad del sistema a largo plazo”. Además, señala que el nuevo gasto sanitario, a partir de 2015, se ha ido más a la atención hospitalaria, que gana peso en el gasto frente a la atención primaria. 


Precisamente, la propuesta básica de este chequeo a la sanidad española y europea es “apostar más por la prevención y la atención primaria”. O sea, volcarse más en campañas contra el tabaquismo, la obesidad y el alcohol y en mejorar la atención de los médicos de familia y ambulatorios que gastar más en hospitales. Además, el estudio señala otras recetas para apuntalar nuestra sanidad: más gasto sanitario (equipararnos al gasto medio en Europa, ese 9,8% del PIB, supondría gastar 11.000 millones más cada año), más médicos y sobre todo más enfermeras (con contratos más estables), más cirugía ambulatoria, más avances en la lucha contra algunos cánceres, menos uso de antibióticos, mayores campañas contra el tabaquismo, la obesidad, el sedentarismo y el alcohol y mayores recursos y medios para la dependencia y la atención geriátrica a los mayores. Sin olvidar una renovación tecnológica de los hospitales (el 50% de los equipos tienen más de 10 años de vida, lo que nos coloca como el 2º país con la tecnología sanitaria más obsoleta de la UE, según la patronal Fenin) y el desarrollo de la telemedicina, todavía atrasada en España.


En definitiva, que podemos sentirnos muy orgullosos de nuestra sanidad, según este chequeo de la UE y la OCDE: permite que seamos los que vivimos más años en Europa. Pero hay que apuntalar el sistema, con dinero, personal, mejoras y reformas, para afrontar un país más envejecido y una tecnología sanitaria y unos medicamentos mucho más costosos. Habrá que buscar el dinero “debajo de las piedras” y gestionar con eficacia, para que esta sanidad excelente que tenemos no se deteriore más. Y para que aguante la tensión de un futuro donde aún viviremos más años. La salud es lo primero.