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lunes, 12 de diciembre de 2016

Presupuesto 2017: un parche tardío e insuficiente


Había prisa por investir presidente a Rajoy, para aprobar el Presupuesto 2017. Pero acabaremos el año sin él, con un Presupuesto prorrogado. Y no se espera aprobarlo hasta finales de marzo. Además de tardío, el Presupuesto 2017 será un parche insuficiente: los recortes y subidas de impuestos anunciados no bastarán para recortar los 16.500 millones de déficit que exige Bruselas. Y tampoco este año 2016 se cumplirá el déficit prometido. Por eso, Rajoy exigirá más recortes en primavera y si no tiene apoyos, convocará elecciones. Pero ese nuevo ajuste se podría evitar si  hiciéramos una reforma fiscal de verdad, que consiga recaudar como Europa: España ingresa 50.000 millones menos en impuestos y por eso tenemos déficit y menos gastos sociales. Hay que conseguir que paguen más los que pagan poco (grandes empresas, multinacionales y ricos), reducir el fraude y poner nuevos impuestos, ambientales y financieros (tasa Tobin). Urge un acuerdo político para ingresar más, no para hacer recortes que hunden la economía y el empleo. Pacten los impuestos.
 
enrique ortega

Normalmente, los Gobiernos aprobaban los Presupuestos del año siguiente el 1 de octubre, para que pasaran el trámite del Congreso y Senado a finales de diciembre. Pero esta vez, el retraso en la investidura de Rajoy (que juró como presidente el 31 de octubre) ha trastocado el calendario. Y el Gobierno se verá obligado a aprobar, a mediados de diciembre, una prórroga de los Presupuestos 2016 para el año que viene, porque no espera tener un borrador de los Presupuestos 2017 hasta finales de enero, como pronto. Y con ello, su previsión es que el Parlamento apruebe los Presupuestos 2017 a finales de marzo o primeros de abril. Eso si Rajoy consigue sacarlos adelante, para lo que necesita el apoyo de Ciudadanos, Coalición Canaria y el PNV, algo nada fácil.

De momento, conocemos las líneas básicas del Presupuesto 2017, aprobadas por el Gobierno el 2 de diciembre, a golpe de decreto ley. Y se ve claramente que la gran prioridad de Rajoy no es el empleo, como dijo en su investidura, sino bajar drásticamente el déficit público, como le exige la Comisión Europea. Para cumplirlo, recortará o congelará gastos y aumentará algunos impuestos. Con ello, se recortará en 2017 el gasto y el consumo del Estado, las autonomías, las empresas y los ciudadanos. Y, en consecuencia, la economía crecerá menos (+2,3%) y se creará menos empleo (+400.000), lo contrario de lo que dice Rajoy. No hace falta ser economista para entenderlo.

Veamos las cifras del ajuste. El gran objetivo es recortar el déficit público del 4,6% del PIB en 2016 (el déficit prometido a Bruselas) al 3,1% en 2017. Eso, calculadora en mano, supone un ajuste de 16.500 millones, que tiene que hacerse por dos caminos a la vez: recortando gastos y subiendo ingresos. La mayor parte de este ajuste corresponde al Estado central, que tendrá que reducir su déficit del 2,2% al 1,1 % (-12.100 millones) y el de la Seguridad Social, del 1,7% al 1,4% (-3.300 millones). El resto del ajuste lo han de hacer las autonomías, que han de bajar su déficit del 0,7 al 0,6% del PIB (-1.100 millones).

Profundicemos en cómo plantea el Gobierno hacer este ajuste en 2017. En sus cuentas, las del Estado, mantendrá los recortes ya aprobados este verano, cuando estaba en funciones, para 2016: 2.000 millones de inversiones que no se van a hacer tampoco en 2017 (sobre todo infraestructuras e inversiones de Fomento), otros 1.000 millones de gastos congelados en julio, (que seguirán parados en los cajones) y 2.000 millones menos de pago de intereses de la deuda (por la bajada de tipos). En total, 5.000 millones de recortes de 2016 que se prorrogan para 2017, con lo que se fija el mismo “techo de gasto” de este año para 2017: 118.337 millones de euros. Eso significa que el Gobierno renuncia a  gastar más en partidas necesarias, como una mayor subida de las pensiones (todos los grupos habían pedido una subida del 1,2%, en vez del 0,25% previsto, pero el Gobierno lo ha vetado, apoyado por el PP y Ciudadanos), una mayor subida a los funcionarios (será un 1%), mayor gasto en políticas de empleo o más gasto en sanidad, educación, dependencia o inversiones públicas.

Y por el otro camino, el Gobierno prevé ingresar 5.500 millones más con 5 subidas de impuestos muy limitadas (no toca un IVA lleno de excepciones ni los carburantes, que tienen los impuestos más bajos de Europa). Una es la subida del impuesto de sociedades a las empresas, quitándoles exenciones y bonificaciones que les reducían el pago, medida con la que esperan recaudar 4.650 millones, sobre todo de las grandes empresas. Otros 100 millones vendrán de subir un 5% los impuestos al tabaco (desde el 3 de diciembre) y 50 millones más de subir un 5% los impuestos al alcohol (no al vino ni a la cerveza). Y 200 millones más se recaudarán cuando apruebe, en 2017, un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas. También aprobará en 2017 impuestos medioambientales por otros 500 millones de euros (una subida mínima: recaudamos por "impuestos verdes" la mitad que Europa, a pesar de que España ha aumentado las emisiones de CO2). Además, Hacienda aprobará un plan de lucha contra el fraude para recaudar 2.000 millones más, obligando a las grandes empresas (60.000) a comunicar todas su ventas con IVA, prohibiendo pagos en metálico de más de 1.000 euros (ahora son 2.500) y restringiendo el aplazamiento de pagos a contribuyentes (un sistema para “financiarse” a costa de Hacienda).

En total, 5.000 millones menos de gastos y 7.500 millones más de ingresos (algunos “inseguros”: los 2.000 prometidos de la batalla contra el fraude fiscal son “un brindis al sol”) dan un ajuste de 12.500 millones de euros, en línea con los 12.100 millones que ha de recortar el Estado. Pero no pasa lo mismo en la Seguridad Social: la única medida aprobada es subir las cotizaciones a los sueldos más altos (las bases máximas pasan de 3.642 a 3.751 euros) y subir el salario mínimo, que ahora cotizará más (de 655,20 euros a 707, 60), lo que reportará un ingreso extra de 400 millones en 2017, claramente insuficiente para el recorte del déficit de la SS en 3.300 millones prometido a Bruselas.

El tercer responsable de recortar el déficit son las autonomías, que tendrán que bajar su déficit sólo en 1.100 millones para 2017, gracias al pacto entre el PP y el PSOE, que gobierna en 7 autonomías, y que con este acuerdo (que supondrá apoyar el techo de gasto, o sea los recortes propuestos por Rajoy) ha conseguido reducir a la mitad el recorte inicial de las autonomías que el Gobierno envió en octubre a Bruselas (-2.200 millones). Aun así, y a pesar de que Hacienda les permite aplicar el impuesto del Patrimonio y subir el IBI (unos 500 millones de recaudación extra en 2017), las autonomías tendrán que hacer otro ajuste más el año que viene, unos 600 millones, recortando gastos o subiendo impuestos propios.

En definitiva, que a pesar de los recortes de gastos y la subida de impuestos (a algunas grandes empresas y al “vicio”), las medidas de Rajoy se quedan cortas, son insuficientes: prevén un ajuste total (Estado, SS y autonomías) de 13.500 millones, frente a los 16.500 millones que hay que bajar el déficit para cumplir con Bruselas. Otro Presupuesto más que el Gobierno Rajoy se hace “trampas a sí mismo”, proponiendo un Presupuesto que sabe de antemano que no va a cumplir con el déficit. Faltan 3.000 millones de ajuste para 2017.

El problema es que va a pasar lo mismo este año 2016, donde no vamos a acabar con el 4,6% de déficit prometido, porque está fallando la recaudación. Y serán ya cinco años consecutivos en que el Gobierno Rajoy no cumple con sus cuentas, porque de 2012 a 2015 tampoco cumplió lo presupuestado: se recaudaron 18.000 millones menos (2% del PIB) y de ahí el exceso de déficit. Hasta octubre, estaba fallando la recaudación del IRPF, impuestos especiales y cotizaciones de la Seguridad Social, con lo que, si todo fuera igual en el último trimestre, la recaudación total sería 9.000 millones menos de lo previsto en 2016. Y con suerte, el déficit quedaría en el 5% del PIB en vez del 4,6% previsto. Serían 4.400 millones más a recortar en 2017, a partir de que se cierren las cuentas (febrero o marzo). Eso obligaría a un ajuste extra, por la desviación de 2016 y el ajuste insuficiente de 2017, de 7.400 millones más. Un recorte extra que Rajoy propondría en primavera. Y si no tiene apoyos suficientes, no dudaría en convocar elecciones, a la vista de su subida en las encuestas.

Esta es la fría realidad de los Presupuesto 2017 que anuncia el Gobierno: un parche tardío e insuficiente. Un “parche” porque no entra en el fondo del problema fiscal que tiene España desde hace décadas: recaudamos mucho menos por impuestos que el resto de Europa, según Eurostat: en 2015, España recaudó por impuestos el 22,3% del PIB, frente al 26,1% que recaudaron los 19 paises del euro y el 26,8% de la UE-28. Eso significa que si España tuviera la misma presión fiscal que la media europea, deberíamos haber recaudado 48.700 millones más. “Spain is different” y por eso tenemos más déficit, no porque gastemos más. De hecho, gastamos bastante menos: en España, el gasto público es del 43,8% del PIB, frente al 48,5% en la zona euro y el 47,3% en la UE-28, según Eurostat. Así que también gastamos 51.000 millones de euros menos al año que la media de los europeos.

O sea, que nuestro problema de fondo es que España recauda poco con los impuestos, menos que Europa. Y la estadística europea (Eurostat) nos ha dicho hace dos semanas en qué impuestos fallamos. Donde más, en la Renta (IRPF): si recaudáramos como la UE-28 (9,4% del PIB) o como Alemania (9,1%) en vez de como lo hacemos (7,4% del PIB), ingresaríamos 20.500 millones más al año. Para eso, tendríamos que quitar, dicen los expertos fiscales, muchas deducciones y exenciones (que benefician sobre todo a las rentas media y altas) y suprimir el sistema de módulos a los autónomos. El otro impuesto con “agujeros” es el IVA, donde somos el tercer país que menos recauda en Europa, tras Irlanda e Italia: un 6,5% del PIB frente al 7% de media en la UE-28 o en Alemania. Son otros 5.500 millones más que se podrían ingresar, haciendo que más artículos y servicios paguen el 21% general. El tercer impuesto donde también recaudamos menos es Sociedades: un 2,4% del PIB frente al 2,5% en Europa o Reino Unido aunque Suecia recauda más (3% PIB). Son otros 1.100 millones más que podríamos recaudar si nos homologáramos con Europa. Y lo mismo en los impuestos especiales (recaudamos 2.200 millones menos, porque tenemos unos impuestos al alcohol, al tabaco y a los carburantes de los más bajos de Europa) y en Sucesiones y Donaciones (las herencias, por las que España recauda 3.250 millones menos que Europa).

Así que Rajoy y los políticos ya saben lo que habría que hacer: pactar una reforma fiscal en profundidad, para que los españoles paguemos impuestos como los demás europeos. Y eso nos permitiría ingresar casi 50.000 millones más, sin que la mayoría paguemos más, sólo reduciendo el fraude (con más inspectores : Hacienda tiene un funcionario por 1.928 personas frente a 1 por 712 en Alemania) y haciendo que paguen más los que pagan poco, las grandes empresas, las multinacionales y los más ricos, además de subir los impuestos medioambientales y financieros (Tasa Tobin) Así, podrían salir las cuentas del Presupuesto. Por un lado, gastar 30.000 millones más en lo que nos hace falta para crear empleo, reanimar la economía y salvar el Estado del Bienestar: 4.000 millones en luchar contra el paro, 10.000 para las pensiones, 6.000 millones para paliar  la pobreza, 2.000 para la sanidad, otros 2.000 para la educación, 1.000 para la Dependencia y 5.000 para inversiones urgentes, desde tecnología e infraestructuras a industrialización y digitalización de la economía. Y destinar otros 10.000 millones a reducir el déficit. Son 40.000 millones en total, mucho dinero extra, pero puede ingresarse con una reforma fiscal a fondo.

Si no se hace y se sigue con los parches, antes o después se verá que la recaudación no alcanza y habrá que hacer nuevos recortes, forzados por Bruselas. Así que la única esperanza de verdad contra futuros ajustes es mejorar la recaudación, reformar los impuestos para recaudar como europeos, que haya menos fraude y que paguen más los que hoy pagan poco (grandes empresas, multinacionales y los más ricos). Pero hacer esto supone enfrentarse a grupos poderosos, que van a intentar que no les toquen el bolsillo. Aunque eso lleve a que nos lo toquen a la mayoría, con más impuestos indirectos y más recortes, que sólo pueden hacerse en los grandes gastos (sanidad, educación, pensiones, Dependencia, paro e inversiones públicas), a costa de frenar el crecimiento. Y con ello, la recaudación. Así que si hay más recortes, será imposible bajar más el déficit. Es el círculo vicioso de la austeridad, lo que ha pasado en España (y en la Europa del sur) desde 2010.

En resumen, lo que está en juego no es aprobar contra reloj los Presupuestos 2017, sino ver qué Presupuestos necesita nuestra economía. Y con el Brexit, el triunfo de Trump, la crisis en Italia  y el estancamiento de Europa, el año 2017 se presenta problemático. Y España necesita seguir creciendo más, porque tenemos el doble de paro que Europa. Para conseguirlo hay que reanimar la economía, gastar más en lo que hace falta, no más recortes. Pero eso sólo se consigue si recaudamos más. Europa nos ha dicho cómo hacerlo. Tomen nota y actúen en consecuencia, aunque eso suponga tocar el bolsillo de los poderosos. Ellos o la mayoría, ese es el dilema de estos Presupuestos. No lo olviden

lunes, 2 de mayo de 2016

Los salarios tienen que subir más


Los sueldos han empezado a subir, tras estar tres años congelados o bajando. Pero suben muy poco: un 0,74% en 2015. Y para 2016, se espera que suban poco más del 1%. Además, aumentan las diferencias entre el sueldo de la mayoría y los directivos, que ya ganan 104 veces más, lo que ha reducido la parte de los trabajadores en el reparto de la renta nacional. Y sobre todo, los sueldos españoles se alejan más de Europa: ganamos un 28% menos que un europeo y un 36% menos que un alemán. Y uno de cada tres trabajadores españoles son mileuristas. Un panorama injusto que además supone un obstáculo muy serio para la recuperación de la economía y el empleo: si no suben más los salarios, no crecerá lo suficiente el consumo y habrá menos crecimiento y empleo. No se puede competir tirando salarios, siendo la China de Europa. Las empresas que puedan, deben pagar mejor. Para así salir antes de la crisis.
 
enrique ortega


Los sueldos de los españoles subieron entre 2007 y 2009, como si no hubiera crisis y las empresas reaccionaron con despidos (3  millones). En 2010, los sindicatos pactaron moderación salarial y los sueldos apenas crecieron ese año y en 2011. En 2012 hubo otro pacto salarial y el Gobierno Rajoy aprobó unilateralmente una reforma laboral que forzó la caída y congelación de salarios, al menos hasta 2014, con una rebaja media de sueldos del 15%. Y en 2015, los sueldos empezaron a subir, aunque tímidamente: la subida media pactada en los convenios fue del  0,74%, según datos del Ministerio de Empleo. Un aumento que está por debajo del tope de subida del 1%, pactado en junio por sindicatos y patronal. Ahora, para 2016, el pacto fija una subida máxima del 1,5%, pero la propia patronal cree que la subida salarial de este año estará más cerca del 1% que del 1,5%. Y más con la economía creciendo menos.

Con todo, estas son las subidas en convenio, la mayoría para trabajadores con antigüedad y contratos estables. Pero una gran parte de los empleos creados en 2014, 2015 y 2016 son empleos precarios, temporales y por horas, con sueldos de entrada mucho más bajos y la mayoría al margen de los grandes convenios. Por eso, los expertos creen que el salario medio ha seguido cayendo en 2015 y seguirá cayendo hasta 2017.

No es sólo que los sueldos suban poco sino que suben menos que en Europa, con lo que aumenta la brecha con los salarios europeos. De hecho, España es el 7º país europeo donde menos subieron los salarios en 2015 (+0,3%), muy por debajo de la media europea (+2%) y de los países euro (+1,5%) y sólo por delante de Noruega (-5,1%), Chipre (-1%), Italia (-0,5%), Bélgica, Luxemburgo y Suecia (los tres, +0,1%), según los últimos datos de Eurostat. Con ello, los trabajadores españoles ganan una cuarta parte o menos que la mayoría de europeos. Así, el pago por hora trabajada fue de 15,8 euros en España (2015), frente a 19 euros en Europa (UE-28), 21,8 euros en la zona euro (UE-19), 20 en Italia, 22 en Reino Unido, 24 en Francia, 25 en Alemania y 35,6 euros por hora en Dinamarca. O sea, que ganamos un 28% menos que un trabajador de la zona euro, un 36% menos que un alemán y menos de la mitad que un danés. Y esa distancia salarial es hoy mayor que en 2008, que antes de la crisis.

Y no sólo eso. Las empresas españolas también tienen una mano de obra más barata que las demás empresas europeas, si a los sueldos anteriores sumamos el coste de cotizaciones e impuestos más otros cargos no salariales. Así, el coste por hora trabajada en España fue de 21,2 euros en 2015, por debajo de los 25 euros en Europa (UE-28), de los 29,5 euros en la zona euro (UE-19) o de los 32,2 euros por hora de costes laborales en Alemania, los 35,9 euros en Francia, los 28,1 de Italia, los 25,7 de Reino Unido o los 51,2 euros de Noruega. Así que nuestras empresas tienen “un colchón” de menos costes laborales para competir.

Entre tanta cifra, ¿qué sueldos tenemos en España? Pues la radiografía salarial del INE, con datos de la EPA 2015, es muy reveladora: el salario medio bruto (2014) era de 1.881,30 euros al mes. Y el sueldo más habitual, el que cobran más trabajadores, es de 1.602,5 euros el mes brutos (“limpios”, descontando cotizaciones y quitando efecto extras, se quedaría en unos 1.280 euros netos mensuales). Pero son sueldos medios. Las mujeres y los jóvenes ganan un 24% menos. Y lo mismo los que tienen contratos temporales (15.433 euros de sueldo frente a 24.333 euros los fijos)  o por horas. Y hay muchísimas desigualdades según el sector donde se trabaje (52.827 euros brutos anuales en las eléctricas frente a 13.851 euros en la hostelería), el puesto (51.594 los directivos frente a 15.240 una cuidadora), la nacionalidad (23.181 euros los españoles frente a 13.727 euros los emigrantes) o la zona donde se trabaje (26.915 euros de sueldo medio en el País Vasco frente a 19.129 en Extremadura).

Al final, el resultado es que un 30% de los trabajadores ganan menos de 1.221 euros brutos al mes, según las estadísticas del INE. Eso significa que casi un tercio de todos los trabajadores, unos 4,5 millones, son mileuristas: ganan menos de 1.000 euros netos al mes. Y hay otro 30% que gana más de 2.173,5 euros brutos al mes, casi el doble. Además, una buena parte de estos mileuristas son considerados “trabajadores pobres”, porque no llegan a ganar el 60% de la media de los españoles (961 euros brutos). Por ello, España tiene un 22,2% de trabajadores pobres, según datos de la OIT: serían 3.215.226 españoles que tienen trabajo pero a los que se considera “pobres”. Y tenemos el mayor porcentaje de trabajadores pobres de Europa, sólo detrás de Rumanía y Grecia.

No es solo que los salarios españoles sean bajos y en buena parte mileuristas. Es que además, con la crisis se han agravado las desigualdades de sueldos, porque han caído más o se han congelado los sueldos bajos, mientras crecían los altos. Así, entre 2009 y 2015, los sueldos de los empleados normales cayeron un 1,1% mientras los de los directivos subían un 6,8%, según un estudio de ICSA. Y siguen ganando 3,5 veces más. Pero la brecha salarial con los grandes ejecutivos de las empresas del IBEX se ha agravado mucho más: su sueldo creció un 80% en 2014 (último dato disponible) y su sueldo es ya 104 veces mayor que el de sus empleados, según un estudio de El País. Y en 2014 hubo 119 banqueros españoles que ganaron más de 1 millón de euros, según la autoridad bancaria europea (EBA). Eso sí, esa misma banca con sueldos millonarios acaba de  pactar con los sindicatos un contrato para los nuevos empleados de 18.000 euros brutos el primer año (1.000 euros netos al mes).

Este panorama de salarios muy bajos, estancados y desiguales choca con una realidad: la mayoría de las empresas españolas están mejor, venden más y tienen beneficios. Las empresas tocaron fondo en 2012, recuperaron ventas y beneficios en 2013 (aumentaron un 63,9%, según el Banco de España), en 2014 (las empresas cotizadas aumentaron sus beneficios un 64%) y también en 2015 la mayoría, aunque las pérdidas de algunas grandes (Repsol, FCC, Arcelor o Indra) hayan bajado los beneficios de las empresas del Ibex (-23,4%). Y la banca ha ganado un 5,6% más en 2015, mientras los 6 grandes bancos aumentaron sus beneficios un 7,3%. Todo ello se traduce en que los beneficios empresariales han aumentado su trozo de pastel en el reparto de la renta nacional, a costa de los salarios: si en 2008 se llevaban el 41,3%, en 2015 era ya el 42,2%, según el INE. Y los salarios han perdido: del 49,9% de la renta al 47,2% (el resto del pastel se lo llevan los impuestos, que también han aumentado su "ración" con la crisis, del 8,8 al 10,6%).

Y no es sólo que los trabajadores tengan ahora un sueldo bajo y menos pastel de la renta, es que además, los impuestos se llevan ahora una parte mayor de sus ingresos, tras la fuerte subida hecha en 2012 por el Gobierno Rajoy (y que no han compensado las bajadas electorales de impuestos de 2015 y 2016). Con ello, España no sólo tiene los sueldos más bajos de Europa sino que es el país nº 13 entre los 34 países dela OCDE que paga más impuestos por el trabajo. Un asalariado sin hijos paga entre impuestos y cotizaciones un 39,6% de su salario bruto, frente a un 35,9% de media en la OCDE. Y un trabajador casado y con dos hijos paga el 33,8% de su salario bruto, frente al 26,7% de media en la OCDE.

El resultado de todo esto es que los trabajadores españoles tienen menos dinero para gastar, entre la congelación o moderación salarial y los impuestos. Y eso no es sólo injusto sino que es además una enorme hipoteca para la economía, frena la recuperación. Básicamente porque los trabajadores son la base del consumo y el consumo supone el 60% del crecimiento de la economía: si no se puede gastar más, las empresas no suben ventas, tienen que tirar precios, ganan y crecen poco y no crean apenas empleo (o trabajos muy precarios). Así que los salarios de penuria y las subidas salariales mínimas son un mal negocio, para las empresas y para la economía en su conjunto, sobre todo para el empleo. Como decía Henry Ford: “tengo que subir los sueldos para que mis trabajadores compren coches”. Fácil de entender.

Pero empresarios y muchos expertos reiteran que la moderación salarial es clave para competir y exportar. Primero, recordemos que los costes laborales en España son ya mucho más bajos que en Europa, que hay “un colchón” para poder subir más los salarios sin que por ello se resienta la competitividad. Y sobre todo, hay que insistir en que la competitividad no depende sólo de los salarios. Por un lado, hay otros costes que son tan importantes o más, como la energía (en España, la luz industrial es un 25% más cara que en Europa), el transporte o los impuestos. Y por otro, hay factores que pesan más que los salarios, como la cotización del euro: la moneda europea ha subido ya este año un 3,75% frente al dólar, lo que ha encarecido en ese porcentaje los productos españoles (aunque se hayan moderado los salarios). Además, hay que denunciar que muchas empresas, sobre todo las que operan en sectores monopolísticos (energía, petróleo, comunicaciones) han aprovechado la rebaja y moderación de salarios no para bajar precios sino para subir sus márgenes, sus beneficios. Y la mayoría, no ha creado más empleo a cambio de salarios más bajos.

En definitiva, no es verdad que la moderación salarial mejore la competitividad y cree empleo. Hay que crecer más y competir con empresas más eficientes, de mayor tamaño, volcadas a la exportación, más innovadoras y mejor organizadas, no competir a costa de “tirar los salarios”, de pagar unos sueldos miserables, de querer ser “la China de Europa”.

Y por eso, ha llegado la hora de subir más los salarios, por encima del 2% en los sectores y empresas con beneficios. Mal ejemplo acaba de dar la banca española , uno de los sectores con más beneficios (10.389 millones en 2015), pactando con los sindicatos una subida salarial del 1,25% para 2016 y el 1,5% para 2017. Ahora, el próximo Gobierno tendría que marcar un cambio salarial , con dos medidas: una mayor subida a los funcionarios (más del 1% fijado, a cambio de aumento de horarios efectivos y mejoras de productividad) y una fuerte subida del salario mínimo, que es una vergüenza en España: está en 655,20 euros (por 14 pagas), el más bajo de toda Europa salvo Grecia, Portugal, Malta y 10 países del Este. Baste decir que el salario mínimo en España (757 euros en 12 pagas) es menos de la mitad que el de Reino Unido (1.510 euros), Alemania (1.473) o Francia (1.923) y la tercera parte que en Luxemburgo (1.923 euros). Y además, el próximo Gobierno debería propiciar un nuevo acuerdo patronal-sindicatos para subir más los salarios donde se pueda. Y vigilar con los inspectores de trabajo para suprimir las horas extras gratis: 3,5 millones a la semana, equivalentes a 89.150 empleos que se dejan de crear.

Ya basta de moderación salarial, un eufemismo que esconde abusos empresariales y mucha precariedad, demasiados trabajadores pobres. Es hora de sentar las bases de una “economía decente”, con sueldos dignos a cambio de un trabajo eficiente. No sólo por justicia, sino también por razones económicas, para reanimar el consumo, la economía y el empleo. Hay que salir del “círculo vicioso de la austeridad”, también en los salarios. Solo acarrea desigualdad, penurias y una economía que no acaba de despegar. Cambien ya.