En los últimos 15 años, España y el mundo hemos asistido a 2 grandes crisis, que los políticos y economistas han afrontado de dos maneras diferentes. Ante la crisis financiera y de deuda (2008-2013), los principales Gobiernos y en especial Europa, se acogieron a la receta de recortar el gasto público en todo y abandonar la inversión del Estado, mientras en paralelo ayudaban a los bancos y entidades causantes de la crisis. Estos recortes “drásticos”, auspiciados en Europa por la alemana Merkel y los paises ricos del centro y norte, recayeron sobre todo en la Europa del sur, provocando una profunda recesión, que se cobró millones de empleos (en España se perdieron -3.572.700 empleos entre 2007 y 2013). Y la recuperación posterior (entre 2014 y 2019) fue lenta y débil.
Y tenemos menos gasto público que la mayoría de Europa
porque también ingresamos
menos que la mayoría de paises: en 2023, España recaudó el 42,8% del
PIB, frente al 45,9% del PIB la UE-27, el 46,1% de Alemania y el 51,9% de
Francia. A lo claro: recaudamos 46.500 millones menos al año
que la media de paises europeos, 49.500 millones menos que si fuéramos alemanes
y 136.000 millones menos que si fuéramos franceses. Por eso, estamos
condenados a gastar menos que la mayoría de europeos mientras no recaudemos más.
La Comisión Europea ha exigido
a España que apruebe una reforma fiscal
este año (dentro de las reformas vinculadas a la entrega de Fondos
europeos), porque no tiene sentido que pidamos dinero europeo y
recaudemos menos. Los expertos fiscales elaboraron
en 2022 un Informe donde proponían cambios en el impuesto de sociedades
(grandes empresas y multinacionales), el IVA , el IRPF, los impuestos al capital
y los impuestos verdes. Pero el Gobierno
es incapaz de pactar una mínima reforma fiscal con sus socios de
Gobierno y tanto PP como Vox no se salen de la cantinela de que “hay que bajar
impuestos”.