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lunes, 9 de julio de 2018

Pacto salarial: hay que ir más lejos


El pasado jueves, patronal y sindicatos firmaron un acuerdo salarial a 3 años, con una subida del 2 al 3% y un compromiso para que los salarios mínimos lleguen a 1.000 euros en 2020. Es un avance, pero insuficiente: la subida, mayor que los últimos años, se la come la inflación (2,3% en junio). Y todavía no se resarce a los trabajadores del recorte salarial y la pérdida de poder adquisitivo desde 2008: -10,8%. Pero, sobre todo, el acuerdo debería ir más allá y avanzar en algo más importante que los salarios: conseguir un empleo decente, reducir los contratos temporales y a tiempo parcial sin justificación, las claves de unos salarios “de pobres”, un 32% más bajos que en Europa. Y patronal y sindicatos deberían negociar mejoras no salariales, ahora que los beneficios empresariales llevan 5 años subiendo: más formación, cotizaciones a la SS más altas, ayudas a la conciliación familiar, organización interna y contratos estables. Así tendríamos empresas más justas y más competitivas.

enrique ortega

La economía lleva ya 5 años creciendo, pero los salarios de los españoles no se recuperan. Hasta el 31 de mayo, la subida pactada en los convenios firmados (2.385, que incluyen 5,7 millones de trabajadores, sólo un tercio de todos los asalariados) es del 1,59%, similar a la subida de convenio de todo 2017 (+1,45%), aunque mayor a la de años anteriores (del 0,53% en 2013 al 0,99% en 2016). Pero estos datos no son representativos de lo que están subiendo de verdad los salarios porque muchos trabajadores aún no han firmado la subida de 2018 y otros no tienen convenio (muchas pymes y microempresas) y muchos trabajadores (temporales, por horas, eventuales (están “fuera de convenio”.

Por eso, es más representativa la subida salarial que refleja el INE, en su Encuesta trimestral de coste laboral, para los 16 millones de asalariados. El último dato es que los salarios crecieron un +0,8% en el primer trimestre 2018 (el IPC subió un 2%), tras subir un 0,7% en 2017 y bajado un -0,8% en 2016. Y la última estadística, del 28 de junio, es peor: los salarios cayeron un -1,4% entre 2008 y 2016, según el índice de precios del trabajo (IPT), tras subir en 2009 (+1,5%), 2010 (+0,5%), 2014 (+0,8%) y 2015 (+0,7%) y bajar en 2011 (-1,5%), 2012(-1,6%), 2013 (-0,3%) y 2016 (-1,3%). Por autonomías, la caída de salarios fue peor en Madrid (-4%), Asturias y Aragón (-3,8%) y Murcia (-3,7%), mientras sólo crecían los sueldos estos años en el País Vasco (+4,1%), Galicia (+1,2%), Baleares (+1,1%) y Navarra (+0,4%). Si tenemos en cuenta la subida de precios en estos ocho años (+9,4%), el resultado es que los salarios españoles perdieron un 10,8% de poder adquisitivo entre 2008 y 2016.

De hecho, la OCDE acaba de alertar  la semana pasada que, a pesar de la recuperación, España es uno de los 3 únicos países de los 35 de la organización donde cayeron los salarios reales (descontando la inflación) entre 2007 y 2017: un -0,45%, sólo por detrás de Italia (-1,1%) y Australia (-0,6%), mientras crecían una media del +0,6% en toda la OCDE, un 0,5% en Alemania y casi un 1% en Francia. La OCDE lo atribuye al elevado paro en España, la débil productividad y el elevado "subempleo" (empleados que trabajan a tiempo parcial de manera obligada), el 10,5% de los asalariados en España, el subempleo más elevado de Occidente tras Italia (13% asalariados).  

Con esta caída de sueldos en la última década, España se ha alejado aún más de los sueldos europeos. En salario hora, el dato mejor para comparar entre países, los trabajadores españoles cobraban 15,9 euros/hora en 2017, frente a 20,3 euros/hora los trabajadores de la UE-28 y los 23,60 euros/hora que cobran en los países euro, según los últimos datos de Eurostat. Con ello, España es el país nº 16 con los salarios más bajos de Europa, sólo más altos que en Chipre, Grecia, Portugal, Malta y 11 países del Este. Y nuestros sueldos (15,9 euros/hora) quedan muy lejos de los países europeos con los que competimos: 26,4 euros/hora en Alemania (+39,8%), 24,2 euros/hora en Francia (+34,3%), 21,3 euros/hora en Reino Unido (+25,3%) y los 20,4 euros/hora en Italia. Y lo peor es que esta brecha salarial con Europa se ha agravado con la crisis: si en 2008 era del -14,3% con la UE-28, en 2017 era ya del -21,66%. Y del -32,6% con los países euro, según los datos de Eurostat.

Estos bajos salarios en España han provocado además un fenómeno nuevo: la aparición de trabajadores pobres, que se pueda tener un trabajo y “ser pobre”. De hecho, hay más de 2,36 millones de trabajadores (2.368.830 asalariados), el 14,8% del total, que son pobres, porque ganan menos del 60% de la media del país. Con ello, España es el séptimo país del mundo en porcentaje de trabajadores pobres y el primero en Europa, según la OCDE, cuya tasa media (35 países) de trabajadores pobres (8,2%) casi duplicamos.

Pero quizás, el dato más llamativo y preocupante es que los salarios han perdido peso en la economía, en el “reparto del pastel” de la riqueza (PIB). Así, si en 1978, los salarios se llevaban el 52,2% de la riqueza (el máximo histórico) y en 2008, al inicio de la crisis, todavía recibían la mitad del pastel (50,1% del PIB), luego han perdido peso año tras año, con la rebaja de salarios y el elevado paro, hasta cerrar 2017 recogiendo sólo el 47,3% de la riqueza del país. Y en paralelo, los beneficios empresariales han pasado de llevarse el 41,7% del pastel en 2008 al 42,45% en 2017, según la Contabilidad Nacional del INE. El resto, hasta el 100% del PIB se lo llevan los impuestos, el 10,3% de la renta en 2017.

Dicho a lo claro: la crisis ha servido para que los trabajadores españoles pierdan un trozo del pastel de la riqueza (PIB) en beneficio de las empresas. Hay otro dato muy explícito: los beneficios empresariales aumentaron en +98.680 millones de euros entre 2008 y 2017 (82.811 millones se han quedado en las empresas y 15.663 millones han ido a sus accionistas, en forma de dividendos) mientras los salarios totales han caído -10.214 millones desde 2008, según la Contabilidad Nacional (INE), a pesar de la recuperación. Y otro dato llamativo: las empresas españolas consiguieron en 2017 un beneficio empresarial bruto del 42,8% de su producción, frente al 40% de beneficio de las empresas europeas, el 41,2% de las alemanas y el 31,8% de las francesas, según Eurostat. O sea, ganan más que las europeas.

En este contexto, se entiende que los sindicatos lleven meses protestando por las mínimas subidas de salarios de estos años y hayan amenazado con movilizaciones para recuperar lo perdido. Al final, consiguieron firmar con la patronal, el jueves 6 de julio, un pacto salarial por 3 años, que contempla una subida anual del 2% más un 1% más si hay mejoras de productividad. Y lo más importante: la patronal se compromete con los sindicatos a recomendar a las empresas que suban los salarios mínimos en los convenios, para que en 2020 estén en los 14.000 euros anuales, 1.000 euros mensuales en 14 pagas. Un acuerdo que, si se cumple (es una “recomendación”) va más allá del acuerdo firmado en diciembre de 2017 por el Gobierno Rajoy, sindicatos y patronal para subir el salario mínimo (SMI) de 707 euros a 850 euros en 2020.

Este pacto salarial es un importante avance, porque asegura una cierta paz laboral a 3 años y mejora las subidas de sueldos en convenio de los últimos años (del +0,5 en 2013 al 0,09 en 2015 y el 1,49% en 2017), aunque no concreta el sistema de revisión salarial, que puede ser motivo de conflictos, máxime cuando la inflación anual está en el 2,3% en junio y puede subir más con el petróleo y el alza de tipos en 2019. Pero el mayor avance está en la recomendación de subir a 1.000 euros el salario mínimo., una medida que va a beneficiar a 2,2 millones de trabajadores que cobran menos, además de a muchos trabajadores a tiempo parcial, que también verán mejorado su salario. Los más beneficiados serán los asalariados que menos cobran hoy: los de la enseñanza privada no concertada  (les subirá el sueldo un 55% para 2020) y concertada (+13,9%), los de productos cocinados para venta a domicilio (+47,5%), el personal que atiende a discapacitados (+38,2 subirá su sueldo) y a dependientes (+12%), personal de peluquería y gimnasios (+31,2%), trabajadores de ocio y animación socio-cultural (+29,6%) y de la industria audiovisual (+32,1%).

Si se cumple esta parte del pacto salarial, tendremos salarios mínimos más decentes en 2020. Hay dos pegas. Una, que muchas pequeñas empresas y microempresas no tienen convenio ni sindicatos y será difícil que sus trabajadores consigan este salario mínimo (sí el SMI acordado en diciembre, que es obligatorio). Y la otra, que el nuevo salario mínimo queda aún muy lejos del que se paga hoy en la mayoría de Europa: hay 7 países con el SMI más alto que España (859 euros en 12 pagas este año): Luxemburgo (1.999 euros), Irlanda (1.619), Holanda (1.578), Bélgica (1.563), Alemania (1.498), Francia (1.498) y Reino Unido (1.401 euros), según Eurostat. Italia, Dinamarca, Austria, Finlandia, Suecia y Chipre no tienen salario mínimo y en los países del Este oscila entre 503 euros (Polonia) y 261 euros (Bulgaria).

El pacto salarial entre la patronal CEOE y CEPYME y los sindicatos UGT y CCOO incluye también otros acuerdos no salariales. Unos sobre temas laborales, como la intención de reformar con el Gobierno las subcontratas, para evitar tanta precariedad, o la intención de reducir la jornada temporalmente antes que pensar en nuevos despidos (no se habla del exceso de horas extras, la mitad sin pagarlas, que habría que recortar). Y otro sobre la intención conjunta de mejorar la formación de los trabajadores, reformando el sistema actual (el Gobierno Rajoy hizo una reforma que dejó fuera a sindicatos y patronal) y reasignando automáticamente a otro ejercicio el dinero remanente (ahora no se gastaba). También se plantea un apartado sobre la igualdad laboral y salarial de hombres y mujeres, donde plantean la necesidad de equiparar los permisos de paternidad y maternidad y la reducción de jornada o el estudio del sistema de pluses y complementos salariales, pero sin compromisos concretos sobre informar en las empresas de la brecha salarial de género. Otro apartado del acuerdo hace referencia al relevo generacional, al rejuvenecimiento de plantillas, pero también sin acordar medidas concretas. Y hay dos puntos más incluidos por presión de la patronal: el estudio del absentismo laboral (habrá un informe en 6 meses) y la lucha contra la economía sumergida (se habla de un Plan para reducir la “competencia desleal”).

Todo esto está muy bien, pero sindicatos y patronal tienen que seguir avanzando en estos temas, sabiendo que la mayoría exigen Leyes y normas que han de pactar con el nuevo Gobierno y que son difíciles de aprobar en esta Legislatura, con un Parlamento tan dividido. Pero su obligación es hacer propuestas, porque son cuestiones clave para consolidar la recuperación. En especial, la lucha contra la precariedad, la temporalidad y el trabajo esclavo, que son un cáncer para las empresas y su productividad. Urge un Pacto por el empleo decente y bien pagado, tras esta década de sacrificios de los trabajadores españoles.

Otra cuestión clave son las cotizaciones sociales: sindicatos, patronal y Gobierno deberían pactar una subida escalonada, porque en España son más bajas que en Europa. En 2017, las cuotas a la SS que pagaban empresarios y trabajadores suponían el 12,2% del PIB en España, por debajo del 13,3% de media en la UE-28 y el 13,2% en Italia, el 16,7% del PIB que pagan en Alemania y el 18,8% en Francia, según Eurostat. Eso significa que hay un margen para cotizar como los europeos e ingresar 12.500 millones más por cotizaciones. Y a corto plazo, si se obliga a cotizar por todo el sueldo (quitando el tope actual a los 3,4 millones de trabajadores que ganan más de  45.000 euros anuales), la Seguridad Social ingresaría 4.500 millones más al año. Serían dos medidas claves para asegurar las pensiones a medio plazo.

Hay otra serie de temas claves que no tienen que ver con salarios, cotizaciones o contratos, en los que deberían volcarse patronal y sindicatos, con el apoyo de los políticos. Uno de ellos es la formación de los trabajadores y de los parados, muy deficiente hoy: un 41,7% de los españoles adultos (25-64 años) tienen un nivel educativo bajo (sólo con la ESO acabada o ni siquiera), frente al 20,3% en Europa o el 22,4% en la OCDE, el peor dato de toda Europa salvo Portugal (53,1% poco formados), muy lejos del 13,1% de poco formados de Alemania, el 20,2% de Irlanda, el 21,9% de Francia, el 35,7% de Reino Unido o el 39,9% de Italia, según los últimos datos de la OCDE (“Panorama de la educación 2017”). En el medio, tenemos menos adultos con formación media: el 22,5% de españoles tienen Bachillerato o FP, frente al 46,4% de media en Europa y el 44,2% en la OCDE. Y eso sí, por arriba, tenemos más universitarios que la mayoría: un 35,7% de los adultos en España, frente al 33,4% en Europa y el 36,7% en la OCDE, el 28,3% en Alemania o el 34,6% en Francia.

Otro tema clave es mejorar el clima laboral y la organización de las empresas, porque el estilo del “ordeno y mando” y “exijo a golpe de despido” no son los mejores caminos para mejorarla productividad en una empresa, que exige participación y colaboración. Y además, las empresas deberían apostar por la innovación, la tecnología y la digitalización, implicando en ello a sus trabajadores. Y forzar con ellos al Gobierno en el recorte de otros costes empresariales, para que haya más recursos para el empleo, la formación y los salarios: recorte de los costes energéticos (las empresas españolas pagan la luz un 20% más cada que las europeas, según Eurostat), de los costes financieros y logísticos.

El pacto salarial recién firmado es un buen principio, pero empresas y sindicatos deberían ir más allá, apoyados y acuciados por el Gobierno y los políticos. Deberían conseguir un empleo más estable y menos precario, mejorar las condiciones laborales y el clima de trabajo, cotizar más y de forma más justa para salvar las pensiones, apostar por la formación y la innovación y tratando de recortar los costes no laborales y los dividendos desorbitados, para dejar más margen a la inversión, el crecimiento y el empleo. Demostrar que se puede competir y tener beneficios razonables con salarios y empleos decentes, con trabajadores más formados y más implicados en las empresas. No es mucho pedir, aunque ahora parezca imposible.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Salarios: perderán poder adquisitivo en 2017


Sindicatos y empresarios tienen que acordar en diciembre las subidas salariales para 2017.UGT y CCOO piden aumentos del 1,8 al 3% y la patronal no quiere subir del 1,5%. Mientras, la inflación repunta y Bruselas prevé que España sea uno de los tres países europeos donde los trabajadores pierdan poder adquisitivo, en 2017 y 2018. Eso cuando la crisis ha estancado los salarios: bajaron un 0,7% entre 2008 y 2014 y sólo subieron 84 céntimos entre 2010 y 2014. El sueldo más habitual no llega a 1.000 euros netos y cobramos un 28% menos por hora que en Europa, con enormes diferencias según sexo, edad, contrato, sector y autonomía. Y con un salario mínimo de miseria (655 euros), la mitad que en Francia. Llegó la hora de que suban los salarios, cuando los beneficios empresariales llevan tres años creciendo. Y no sólo por justicia, también por economía: unos sueldos decentes reanimarán el crecimiento y el empleo y salvarán las pensiones. No podemos ser la China de Europa.

enrique ortega

Los salarios han sido, después del empleo, los grandes perdedores de esta crisis. Entre 2008 y 2014, el sueldo medio bruto de los españoles ha crecido sólo en 81 euros al mes (de 21.883 euros a 22.858, según el INE), un 4,4%. Pero este aumento se lo ha comido con creces la inflación (+10,7 % de subida del IPC entre 2008 y 2014), con lo que los salarios reales medios cayeron un 6,3% durante la crisis. Y si miramos el precio del trabajo, una nueva estadística que acaba de sacar el INE  (el IPT) para medir el coste salarial (al margen de tipos de contratos y horas trabajadas), bajó un 0,7% acumulado entre 2008 y 2014. Como  los precios (el IPC) subieron esos 7 años un 10,7%, al final los españoles perdieron un 11,4%  de poder adquisitivo entre 2008 y 2014.


Al analizar más de cerca qué ha pasado con los salarios en esta crisishay dos periodos muy diferentes. Entre 2007 y 2011 (con Zapatero), los sindicatosno se dieron por enterados” de la crisis y los salarios medios subieron un 12,3% en esos cinco años (de 20.390 a 22.899 euros brutos), con fuertes subidas en 2007 (+4,21%), 2008 (+3,60%), 2009 (+ 2,24%), 2010 (+2,16%) y 2011 (+2,29%). La contrapartida fue que los empresarios se “defendieron” con despidos: 2.565.000 empleos perdidos entre 2007 y 2011. A partir de 2012, con Rajoy y la reforma laboral, la situación cambia totalmente  y los salarios se estancan e incluso bajan un 0,1% (de 22.899 euros en 2011 a 22.858 euros en 2014, último dato del INE).

Así que el ajuste de los salarios se ha centrado en los últimos cuatro años, con subidas mínimas de los convenios en 2012 (+1,16%), 2013 (0,53%), 2014 (+0,57%), 2015 (+0,48%) y 2016 (+1,06% hasta octubre, según Empleo). Baste un ejemplo. El salario más habitual, el que cobran más españoles, ha subido 84 céntimos de euro entre 2010 (16.498 euros brutos) y 2014 (16.490 euros), según la última Encuesta de estructura salarial del INE 2014. Y si analizamos el periodo 2007-2014, la subida nominal de salarios del 4,4% esconde grandes diferencias entre trabajadores. Así, el 40% de asalariados peor pagados (unos 6 millones de trabajadores) han visto bajar sus salarios (entre el -3 y el -15%), mientras el 30% de trabajadores mejor pagados veían subir sus sueldos (entre el +3 y el +10,4%), sobre todo ese 10% de trabajadores (1,5 millones) que ganan más de 4.784 euros brutos al mes (sus sueldos han subido un 33,8% entre 2006 y 2015).

Así que el ajuste salarial “ha ido por barrios, atacando más a los trabajadores peor pagados que han salvado su empleo. Pero en conjunto, nos hemos quedado con unos sueldos bastante bajos: el sueldo más habitual de los españoles es de 16.490 euros brutos al año (2014, último año con datos oficiales del INE), que se traduce en unos 950 euros netos en 14 pagas. O sea, que el español medio es mileurista. Y según los últimos datos de la EPA 2015, un 30% de los asalariados (4,42 millones) cobra menos de 1.215,7 euros brutos al mes (996 netos), un 40% (5,9 millones) gana entre 1.215,7 y 2.136 euros brutos y sólo un 30% (otros 4,42 millones de asalariados) ganan más de 2.136 euros brutos. Y entre los que menos ganan hay que recordar a trabajadores y autónomos que cobran el salario mínimo (655 euros) o menos, unos 6.580.000 españoles, 1 de cada 3 ocupados, según el estudio realizado por el profesor Florentino Felgueroso con datos de 2015 del INE.

Pero estos salarios son medios y los hay mucho más bajos (y más altos), con 8 grandes diferencias entre trabajadores, según las estadísticas del INE. La primera, por sexo: las mujeres ganan un 23,2% menos que los hombres (19.744 euros brutos frente a 25.727). La segunda, por tipo de contrato: los trabajadores temporales cobran un 36,6% menos que los indefinidos (15.680 euros frente a 24.746) y los que trabajan a tiempo parcial ganan un 63,7% menos que los que trabajan a jornada completa (9.794 euros brutos anuales frente a 26.965). La tercera, por la edad: los jóvenes de 20 a 24 años ganan el 44,2% menos que el resto (11.835 euros brutos frente a 22.858). La cuarta, por su nacionalidad: los extranjeros no comunitarios ganan un 35,6% menos que los españoles (14.720 euros brutos frente a 22.858).La quinta, por la autonomía donde trabajen: en Extremadura se gana un 31% menos que en el País Vasco (19.180 euros brutos frente a 27.786). La sexta, por el sector donde trabajen: en la hostelería se gana la cuarta parte que en las eléctricas (13.636 euros brutos frente a 51.034) y en el comercio menos de la mitad que en la banca (19.771 euros frente a 40.696 euros). La séptima, por el puesto de trabajo que se ocupe: un operario de base gana la cuarta parte que un director general (13.338 euros frente a 52.512 euros). Y la octava, según trabaje en el sector público o privado: la Administración pública paga un 37% más (29.456 euros frente a 21.450 la empresa privada).

Y ya no es sólo que los sueldos sean desiguales y bajos, sino que están muy por debajo de los sueldos europeos. El salario medio por hora (sin cotizaciones) era en España de 15,8 euros en 2015, frente a 19 euros en la UE-28 y 22 euros en la zona euro, según Eurostat. Eso significa que los trabajadores españoles cobran por hora trabajada un 28,2% menos que en la zona euro, un 36,8% menos que los alemanes (25 euros por hora), un 32,6% menos que los franceses (23,44 euros), un 26,1% menos que los británicos (21,38 euros)  y un 22,02% menos que los italianos (20,26 euros por hora trabajada). Y si comparamos salarios medios, también hay una diferencia sustancial: el salario bruto ordinario es de 1.640 euros en España frente a 1.995 euros en la Europa de los 28, un 17,8% menos, según el IV Monitor anual de salarios de Addeco, con datos de 2015. Y si nos fijamos en el salario mínimo, la diferencia es abismal: 757 euros en 12 pagas (655 en 14) en España, frente a 1.458 euros mensuales en Francia, 1.473 en Alemania o 1.510 en Reino Unido. Además, los trabajadores españoles peor pagados son, tras los portugueses, los occidentales que más han visto caer sus salarios entre 2010 y 2014 (un -14%), según un reciente informe de la OCDE sobre los 34 paises más desarrollados (+1,6%). 

Con este panorama, y tras el sacrificio salarial de 2012 a 2016, los sindicatos afrontan ahora la negociación salarial para 2017, donde exigen subidas del 1,8 al 3%, para recuperar parte de lo perdido ahora que las empresas tienen ya beneficios. Pero la patronal no parece que acepte subidas por encima del 1,5%, tras el 1,08% que están subiendo los convenios en 2016. El problema es que la inflación está “despertando” y se espera que los precios suban en 2017 y 2018, lo que no han hecho estos años, con lo que los salarios podrían perder poder adquisitivo. De hecho, las últimas previsiones de otoño de la Comisión Europea, difundidas en noviembre, señalan que España será uno de los tres paises europeos (junto a Italia y Austria) donde los trabajadores perderán poder adquisitivo en 2017: un -0,4%, porque los precios subirán un 1,4% y los salarios un 1%. Y también lo perderán en 2018, otro -0,1%.

No es sólo que los sueldos tienen que subir más en 2017 porque subirá la inflación (un 1,4% de media, frente a la bajada del -0,1% en 2016). Es que además, los sueldos tendrían que empezar a recuperar su trozo de pastel en el reparto de la riqueza nacional (PIB): si en 2008, antes de la crisis, los salarios se llevaban el 51,6% de la renta, en 2015 se han llevado sólo el 47,8%, un 4% menos del pastel. Y mientras, los beneficios empresariales han pasado del 42,82% de la renta en 2008 al 43,09% del PIB en 2015, según la Contabilidad Nacional del INE, siendo el tercer trozo, los impuestos, quien también ganan pastel (del 8,8% al 9,23%). Así que los trabajadores ya se llevan menos de la mitad de la tarta (que crece) y las empresas llevan tres años cogiendo más trozo de pastel con sus beneficios. Es hora de repartir mejor.

Pero subir ahora más los salarios no es sólo una cuestión de justicia. Es también una necesidad de la economía, para consolidar la recuperación. Porque si los salarios son bajos, si el sueldo más habitual ronda los 1.000 euros y muchos ganan menos, será difícil que los trabajadores y sus familias gasten y consuman. Y así, las empresas venderán menos y crearán menos empleo, porque creceremos menos de lo que podríamos si los sueldos fueran más altos. Es fácil de entender. Y más si vemos los datos que da el INE, de cómo viven las familias con los bajos sueldos españoles: un 13,7% llega con mucha dificultad a fin de mes, un 39,45% de las familias no pueden afrontar gastos imprevistos, el 40,6% de los hogares no se puede ir ni una semana de vacaciones y un 9,4% de las familias se ven obligadas a retrasar el pago de la hipoteca, el alquiler, la luz o el gas. Así, con esta penuria de salarios, resulta más difícil que España crezca más y cree más empleo estable y no precario.

Pero hay más. Los salarios precarios son un torpedo en la línea de flotación de las pensiones, porque el 92% de los empleos creados desde 2014 son temporales y a tiempo parcial, con sueldos entre un tercio y dos tercios más bajos que los normales (ya bajos). Y así, cotizan muy poco a la Seguridad Social. Baste este dato: la mayoría de los trabajadores por cuenta ajena (un 52%, casi 7 millones de asalariados) cotizan por trabajos temporales o a tiempo parcial, según datos de Empleo. Y de los 3,2 millones de autónomos, un 40% cotizan por bases más bajas que las de los asalariados. Así se explica el mínimo crecimiento de ingresos de la Seguridad Social, a pesar de que se crea empleo, y que el “agujero” (déficit) de las pensiones llegará a 18.950 millones de euros a finales de 2016. Con salarios más altos, subirían las cotizaciones y las pensiones tendrían más ingresos y menos déficit.

En resumen, que los sueldos deben subir más en los próximos años, empezando por el salario mínimo : de momento, el Congreso ha aprobado tramitar una Ley para subirlo a 800 euros en 2018 y a 950 euros para 2020, con el voto en contra del PP y la abstención de C´s. Hay que subir los sueldos no sólo para mejorar el nivel de vida de las familias sino para que se consolide la recuperación, aumente el empleo y se salven las pensiones. Por justicia y por economía. No vale decir que necesitamos sueldos bajos para competir en Europa y en el mundo. Ya los tenemos más bajos. Y además, no sólo hay que mirar los costes salariales, sino también hay que rebajar otros costes (energía, crédito, transportes, impuestos y tasas…) y mejorar la organización de las empresas y sus productos (calidad e innovación) para competir mejor. No podemos jugar a ser la China de Europa en salarios para crecer, a costa de contratos y sueldos precarios. Tenemos que poner en marcha una economía y unas empresas con futuro, que puedan pagar sueldos decentes. Es lo mínimo.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Presupuestos 2013: más recesión y más paro


Más de lo mismo. Los Presupuestos 2013 siguen con los recortes y la subida de impuestos: dos medidas que ahogan el consumo y las ventas, no hay inversión, no se crece y sube el paro. Y este sacrificio apenas recorta el déficit público, porque cae la recaudación más que los gastos. Y los mercados siguen temiendo cobrar su deuda. Los Presupuestos 2013 son increíbles, suicidas e inútiles. Increíbles porque la recesión será más profunda en 2013 y harán falta más ajustes para cumplir con el déficit prometido a Bruselas. Suicidas, porque agravarán la recesión y el paro (doble que en Europa) cuando lo urgente es reanimar la economía y crecer. E inútiles, porque mantienen la desconfianza en España, una economía que no ve salida mientras la mayoría sufre con desaliento los recortes. Pero Rajoy se fuma un puro.

Los Presupuestos 2013 parten de unas previsiones increíbles: la economía va a caer más del -0,5% previsto por el Gobierno para el próximo año. Por dos razones. Primera, la subida de impuestos, la moderación de salarios, los altos precios (el IPC está ya en el 3,5%), el creciente paro (y los esperados despidos públicos), más los recortes, van a retraer más el consumo, la demanda y la inversión en 2013. Sin embargo, el Gobierno espera que la economía interna reste menos al crecimiento que en 2012 (-2,9% frente a -4%). Y la otra, que la recesión en Europa (donde van un 74% de nuestras exportaciones) y el menor crecimiento mundial (como augura el FMI) van a frenar el motor exterior, quizás con el problema adicional de un petróleo y un euro altos. Pero el Gobierno cree que el tirón exterior será casi igual (+2,3% frente a +2,5% este año).

Con ello, el “optimismo” del Gobierno apuesta porque la economía caerá -0,5% en 2013 (-1,5% en 2012), algo que no comparte casi nadie, salvo la Comisión Europea (-0,3%): el FMI estimó en julio una caída del -1,2% (va a rebajarla en unos días), la OCDE apuesta por -0,8%, los expertos privados esperan un -1,1% y la patronal CEOE habla de una caída del -1,6% en 2013 (la misma que augura para 2012). Si tienen razón, el Estado (y las autonomías y Ayuntamientos) recaudarían menos de lo previsto, habría menos ingresos públicos. Y para recortar el déficit lo previsto, habría que hacer más recortes de los anunciados o subir más los impuestos. Es lo que está pasando en 2012: la recaudación está cayendo y en agosto ya alcanzamos el déficit previsto para todo el año. Por eso, en julio, el Gobierno subió el IVA y metió más tijera. Y lo tendrá que repetir el verano que viene.

De momento, el Presupuesto 2013 recorta el déficit del Estado en 13.400 millones, algo más de la mitad (58%) recortando gastos y el resto subiendo impuestos, sobre todo el IVA (+6.966 millones), el IRPF (+1.109), la prórroga del impuesto sobre patrimonio (700 millones), haciendo pagar impuestos (20%, 824 millones) a los premios de la Lotería de más de 2.500 € (un 40%), y quitando deducciones a la compra de viviendas nuevas (90 millones) y en sociedades (2.371 millones, aunque las empresas, por la crisis, pagarán 2,9% menos de impuestos.

De los recortes sólo se salvan dos partidas: el pago de los intereses de la deuda (a los bancos alemanes, franceses y españoles, sobre todo), que se lleva 38.590 millones (+9.742)  y las pensiones, que subirán un 1% (la inflación prevista, otro dato increíble). Rajoy no ha querido congelarlas, aunque retrasa hasta después de las elecciones vascas y gallegas la decisión de revalorizarlas con la desviación de inflación de este año, como marca la Ley (lo que costaría entre 4.000 y 5.000 millones). A cambio, ha tomado dos decisiones polémicas: echar mano de la hucha de las pensiones para 2013 (se cogerán 3.603 millones) y dar marcha atrás en su promesa de bajar las cotizaciones (1.115 millones), una medida que podría reanimar las escasas contrataciones. Con todo, las pensiones tienen un problema de fondo y el Gobierno anuncia medidas antes de fin de año, como penalizar la jubilación anticipada y revisar el futuro del sistema.

En el resto del gasto, la tijera se mete a fondo, sobre todo en Sanidad (-22,6%), en la inversión en infraestructuras (-15%), tanto en ferrocarriles (- 26%) como en aeropuertos    (-16%) y carreteras (-6%), en Turismo e Industria (-21,3% el Ministerio), en subvenciones a la Ciencia (-341 millones), en Agricultura           (-13,2 %, destacando los recortes del -20% en obras hidráulicas - ¡luego hay inundaciones¡-  y el -43% en medio ambiente),en  Cultura (- 16%, sumando ya un -70% de recorte en cuatro años) y Deporte, en Educación (-17%) y becas (-47,8 millones)  , en Dependencia (-200 millones en un sector clave para los ancianos y para crear empleo), en transferencias a los Ayuntamientos para servicios sociales (-40%) , en ayudas a la Cooperación al Desarrollo (-23%) y en ayudas a los parados (-6,3%) Y en funcionarios, sus salarios se congelan por tercer año, bajan complementos y no se cubren jubilaciones : se recortan unos 10.000 funcionarios (serán de 480.000)  pero se mantiene el número de altos cargos.

Y faltan los recortes de las autonomías (que deben reducir su déficit otros 8.000 millones en 2013) y los Ayuntamientos (otros 300 millones). En conjunto, menos gasto, más impuestos y eso llevará a menos consumo, menos ventas, menos inversión y más paro. El Gobierno estima que volverá a perderse empleo en 2013, un -0,2% (unas 35.000 personas más), pero cree que el paro bajará algo (del 24,6% al 24,3%), porque habrá más “desanimados” (ya no buscan trabajo). Pero muchos expertos creen que subirá el paro y la patronal CEOE estima que alcanzaremos el 26,5% en 2013, superando así los 6 millones de parados.

Más recortes, más recesión, más paro, el resultado de unos Presupuestos suicidas para el país de Europa con más paro y menos crecimiento. Eso lo ven los mercados (Standard&Poors ha bajado su previsión para España del  -0,6% al -1,4% para 2013) y por eso vuelve la tensión en la deuda. Y más con Rajoy diciendo que supedita el rescate a la evolución de la prima de riesgo: es como enseñarle la sangre a los lobos. La realidad es que estos Presupuestos acrecientan el temor de los mercados a que España profundice su recesión y les sea más difícil cobrar. Y por eso, acelerarán la necesidad del rescate, que Rajoy retrasará (otra vez) por razones electorales, enturbiando aún más la confianza en España. Y con ello, podría verse obligado a ofrecer a Bruselas contrapartidas más duras, a aprobar más ajustes antes de fin de año. Y más al reconocer el Gobierno que no cumplirá el déficit pactado con Bruselas este año (será del 7,4% en vez del 6,3%), al tener que incluir las ayudas a la banca (16.600 millones), la mayoría pérdidas que pagaremos todos los contribuyentes. A ver qué dicen.

Al final, llevamos dos años y medio de recortes, casi 1.000 días, y seguimos en recesión, perdiendo empleo, viviendo peor y sin vislumbrar una salida. Y con los mercados más inquietos, sin haber generado confianza como país. Es el balance del fundamentalismo de los recortes, en Bruselas y en España, que ha llevado también a media Europa a la recesión. Y el Gobierno persevera por ese camino, en lugar de buscar otra vía, como defiende ya hasta el FMI: ajustar por un lado pero reanimar la economía por otro, para salir del agujero. Así no salimos de la crisis, como dice el Gobierno: nos hundimos más. Su ideología les ciega.