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domingo, 4 de noviembre de 2012

Elecciones USA: nos jugamos mucho todos


No votamos, pero en las elecciones norteamericanas del 6 de noviembre nos jugamos mucho todos, sobre todo España: si ganara Romney y aplicara recortes del gasto, provocaría una mayor recesión en el mundo, ya preocupado por la crisis del euro. Y afectaría a las inversiones allí de nuestras empresas y a las exportaciones a EEUU, nuestro sexto cliente mundial. Por no hablar del mayor riesgo de una guerra militar (otra) con Irán y una guerra comercial con China si ganan los republicanos. Victoria que envalentonaría a Merkel y a los fundamentalistas de Bruselas en sus recortes. Si gana Obama, podría reanimar la economía USA y ayudar a un mayor crecimiento mundial. Con todo, Estados Unidos tiene un problema grave de creciente desigualdad, que hace peligrar su futuro y el de todos.

Estados Unidos sale de la recesión aunque lentamente. La economía crece ahora el +2%, frente al -6,2% que caía en las elecciones de 2008. Y el FMI augura este año un crecimiento del 2,2%, el tercer año en positivo tras las caídas de 2008(-0,3%) y 2009(-3,1%, el peor dato desde 1946). Un crecimiento similar al de Japón (+2,2%), superior al de una Europa en recesión (-0,4% en 2012) pero muy por debajo del +5,3% que crecerán los países emergentes (+7,8% China, +4,9% India, +3,7% Rusia, +1,5% Brasil). Con todo, es un crecimiento todavía bajo y EEUU no crecerá por encima del 3%, como antes de la crisis, hasta 2016. Por eso, el paro seguirá alto (para ellos), por encima del 7,5%, aunque Obama lo ha bajado al 7,9% desde el 10,2 % que llegó a subir en 2009. El problema es que no se crea suficiente empleo (5,5 millones en los últimos dos años y medio). Y que sólo cobra el paro un 38% de los 14 millones de desempleados (y sólo 6 meses).

El paro es el primer problema para los norteamericanos, pero hay otro del que no son tan conscientes: la enorme desigualdad, que ha crecido con la crisis. EEUU es el país con más desigualdad de la OCDE (0,47 de coeficiente Gini, frente a 0,32 España, 0,30 la UE o 0,29 Alemania). Si hace treinta años, el 1% más rico se llevaba el 12% de las rentas, ahora se lleva el 20%. Y con la recesión, los ricos se han hecho más ricos: se llevaron el 93% de los ingresos adicionales conseguidos por el país en 2010. Los 6 herederos de Wal-Mart (supermercados) han recibido un patrimonio equivalente al del 30% de la población más pobre (93 millones de personas). El patrimonio de los hispanos ha caído un 66%, el de los negros un 53% y el de los blancos un 16%. La clase media está desapareciendo y el salario real de un trabajador es menor que hace 30 años. Los negros y las mujeres ganan el 80% que los blancos. Uno de cada seis norteamericanos está en la pobreza y uno de cada cuatro niños (el 40% de los niños negros). Y uno de cada 7 norteamericanos depende del Gobierno para alimentarse.

Esta tremenda desigualdad económica aboca a una gran fractura social: 50 millones de norteamericanos no tienen seguro médico, la esperanza de vida es menor que en España (78 años frente a 82), la mortalidad infantil (8%) es mayor que la de Cuba o Malasia(6%) y 1 de cada 100 adultos está en la cárcel (1 de cada 3 negros es condenado alguna vez).Ocho millones de familias han perdido su casa y otros 11 millones deben más al banco de lo  que vale su vivienda. Crece el abandono escolar (30% en secundaria) y los que viven con sus padres (19% entre 25 y 34 años). Sólo se  licencian a tiempo un 22 % de los universitarios y dos tercios salen con deudas de más de 25.000 dólares.

Todos son datos aportados por Joseph E. Stiglitz, premio Nobel 2001, en su reciente libro “El precio de la desigualdad”, una impresionante radiografía de EEUU hoy. Su tesis es que el 1% de los ricos se ha hecho más rico con la recesión a costa del 99% restante, gracias a una serie de factores que analiza con rigor: la desregulación financiera de Reagan, Bush y Clinton, la bajada de impuestos a los ricos y grandes empresas, el poder de los monopolios y grandes empresas para fijar precios y cobrar más al Estado, el clasismo en el acceso a la educación, la financiación de lospolíticos y sus campañas y la Justicia a favor del 1% más rico. Destaca el capítulo donde explica cómo ese 1% convence al 99% de sus tesis, defendiendo sus privilegios en debates sobre el déficit y los recortes, las hipotecas, la sanidad o las ayudas a la banca. Y lanza tres duros mensajes: la desigualdad está destruyendo la democracia ("un dólar, un voto"), la desigualdad está destruyendo el mito americano de la igualdad de oportunidades (ahora, si naces pobre, negro o hispano, no tienes futuro) y la desigualdad lastra el crecimiento y la salida de la crisis.

Por desgracia, estos temas no centran el debate electoral norteamericano, enfocado en el paro y el déficit público. La receta de Obama es seguir reanimando la economía (lo ha hecho en 2009, 2011 y en septiembre 2012, aportando liquidez y tipos al 0% hasta 2015), pero la política monetaria es insuficiente y tendrá que subir impuestos y aumentar las inversiones públicas. La receta de Romney es recortar el déficit público (8,9% PIB) y el Estado (privatizando la sanidad y las pensiones, cuya gestión privada sería más cara, según Stiglitz), y bajando impuestos (a los ricos). Precisamente, el déficit actual se debe en buena parte a la bajada de impuestos de Bush (20%), a la guerra de Irak (15%), a la prestación pública de medicamentos (1%) y a la recesión (16% por las medidas de estímulo y 48% por la menor recaudación).Por eso, Stiglitz defiende, para recortar el déficit, subir impuestos a los ricos, recortar el gasto en armamento, reestructurar las hipotecas, recortar subvenciones y ayudas injustificadas a  bancos y grandes empresas y estimular la economía con más decisión, con inversiones públicas en educación, tecnología, energía e infraestructuras.

En estas elecciones se juegan dos modelos de política económica: Obama, que apuesta por reanimar la economía desde el Estado y Romney que apuesta por recortar el Estado y apoyarse en los mercados (que nos trajeron esta crisis). Si gana Romney y recorta gastos, se resentirá el crecimiento y frenará la economía mundial, con Europa en recesión. Además, la política de recortes de Merkel y los fundamentalistas de Bruselas tomaría más aire. Y si hay recortes en EEUU, harían mucho daño a España: son nuestro sexto país cliente y nuestras empresas tienen una fuerte presencia allí en energías renovables, infraestructuras, telecomunicaciones, alta velocidad (AVE), tecnología médica, gestión del agua y alimentación.

En definitiva, que votan los norteamericanos (pocos, el 57%) pero se la juega el resto del mundo. No sólo la economía, sino el mundo que defienden: si gana Romney puede meternos en otra guerra cruenta (su mayor preocupación es” un Irán nuclear”) o comercial (con China) y en conflictos con Rusia (“el enemigo geopolítico nº 1”). Y crecería la desigualdad  y la fractura social en EEUU, algo que se ha contagiado al resto del mundo con la recesión. Crucemos los dedos y a ver si gana Obama. Por nuestro bien.

miércoles, 11 de abril de 2012

Estados Unidos despega, pero despacio


La esperanza de la recuperación mundial está puesta ahora en Estados Unidos, que crece y crea empleo (poco) frente a una Europa en recesión, un Japón que languidece a un año del tsunami y una China y países emergentes que crecen menos, aunque mucho. EEUU ha creado 3,9 millones de empleos en dos años, gracias a las políticas de estímulo de Obama, que se juega la relección en noviembre con la carta del empleo. La crisis del euro, la fortaleza del dólar y el temor a un repunte del petróleo son los grandes riesgos de la recuperación norteamericana, débil hasta 2014. España se juega mucho en el despegue de EEUU: es nuestro sexto país comprador, sus turistas son los que más gastan  y es el segundo destino inversor de nuestras empresas fuera de Europa. ¡Good luck ¡
enrique ortega

En agosto de 2011, Estados Unidos parecía al borde del precipicio, en medio de  la batalla política por la elevación del límite de la deuda que llevó a S&P a quitarle su histórica triple A. Pero ahora, ocho meses después, los ojos  están puestos en la primera economía del mundo, que crece más (en torno al 2%) y ha creado 3,9 millones de empleos en los últimos dos años, 734.000 en los últimos tres meses (el mejor dato desde principios de 2006), bajando el paro al 8,3%, el nivel más bajo en tres años.

Con el empleo, ha mejorado algo el consumo, se venden más coches, mejoran los beneficios empresariales y las Bolsas están por encima de antes de la crisis. Y hay dos problemas que originaron la actual recesión que están corrigiéndose: los precios de la vivienda han vuelto a niveles de 2003 (aunque no hay demanda) y se ha reducido mucho la deuda privada. De hecho, los norteamericanos están desendeudándose desde 2008, lo que no han hecho los europeos, según un informe de McKinsey.

Este crecimiento USA no es casual: es fruto de las políticas de estímulo de la Administración Obama, que inyectó 825.000 millones de dólares  a poco de tomar posesión y que en septiembre 2011 aprobó otro Plan de estímulos de 447.000 millones, con inversiones en infraestructuras, ayudas a los Gobiernos estatales y locales (muchos quebrados) y la extensión a 2012 de las ayudas a parados y rebajas fiscales sobre las nóminas, que había heredado y mantenido de Bush. Además, la Reserva Federal (el banco central USA) ha hecho dos grandes inyecciones de liquidez (2,32 billones de dólares), con el dinero gratis (al tipo 0-0,25 % desde 2008 hasta 2014), mientras el BCE  subía los tipos europeos al 1,5 % en 2011. Gasto público, rebajas fiscales y dinero barato y abundante son la gasolina que ha reanimado la economía USA, frente a los duros recortes europeos que nos han llevado a la recesión.

El crecimiento norteamericano es “insuficiente, débil y vulnerable”, según el equipo Obama, que apuesta por crecer este año un 2,2-2,7%, frente al 1,8-2,5% que vaticinan el FMI, la OCDE y el BM. Haría falta crecer por encima del 3% para crear empleo suficiente y eso no se espera hasta 2014, siempre que no pinche la recuperación. La mayor preocupación de la Administración Obama es el contagio de la crisis europea, por lo que exigen a Bruselas que duplique el cortafuegos  del Fondo europeo de rescate y suavice los ajustes, ya que la recesión europea (y el menor crecimiento de China) reduce las exportaciones y el crecimiento norteamericano. La otra gran preocupación es el petróleo, ya que si dispara su precio por la crisis de Irán, abortaría la recuperación USA (y del mundo).

A nivel interno, la clave es la pelea política entre demócratas y republicanos por el Presupuesto 2012-2013, que Obama presentó en febrero. Su prioridad es seguir creciendo y a la vez recortar el déficit (9,6% PIB en 2011) en 4 billones de dólares los próximos diez años. Para conseguir ambos objetivos, la receta Obama es subir impuestos a los más ricos (pagan menos que sus secretarias), más inversiones en infraestructuras y educación y recortes en gastos militares y en el costoso modelo de asistencia sanitaria y social. Al final, todo va a depender de las elecciones de noviembre, donde se juegan dos modelos: seguir reanimando la economía bajando el déficit o recortar gastos más drásticamente, como en Europa, lo que frenaría la recuperación y el empleo.

Nosotros no votamos, pero España se juega mucho en que EEUU despegue. Es el 6º país al que más exportamos (7.889 millones € en 2011) y donde más crecen nuestras ventas, salvo China, Rusia o el norte de Europa. Recibimos 1.148.186 turistas norteamericanos, que gastan más del doble que los europeos (2.064 € por persona). Y EEUU es el segundo destino inversor de nuestras empresas fuera de Europa, con 32.700 millones de euros invertidos, siendo España el país europeo con mayor crecimiento inversor en USA. En los últimos años, las empresas españolas han ganado un centenar de concursos en EEUU (10.000 millones €) y tenemos fuerte presencia en energías renovables, infraestructuras, telecomunicaciones, alta velocidad, tecnología médica, gestión del agua y alimentación. Y si gana Obama y se aumentan las inversiones en infraestructuras, se beneficiarán nuestras empresas.

La clave de la recuperación norteamericana está en mantener los estímulos al crecimiento y recuperar la competitividad de su industria, frente a China y los emergentes. Con todo, Obama se juega la reelección en el empleo: a los norteamericanos les preocupa más el paro que el déficit (y a la Reserva Federal, al contrario que al BCE). Hay 13 millones de desempleados, un 45% que llevan más de 6 meses en paro. Y le va a resultar difícil bajarlo del 8 % en noviembre, más alto que se lo encontró (7,8% enero 2009). Pero muchos norteamericanos saben que con los recortes que defienden los republicanos (y que han aplicado muchos Gobiernos federales y locales), habría más paro. Por eso puede volver a ganar Obama. Si la economía no le falla. Por nuestro bien, esperemos que no.