El salto de la Formación Profesional (FP) en España durante los últimos 15 años ha sido espectacular, con más del doble de alumnos estudiando. Así, en el curso 2010-11 había 582.576 alumnos estudiando FP (el 7,5% de todos los estudiantes no universitarios) y en la década siguiente, en el curso 2021-2022, ya superaban el millón (1.027,367 estudiantes, el 12,4% de todos los alumnos no universitarios). Y han seguido creciendo, hasta alcanzar en este curso 2025-26 la cifra de 1.218.347 alumnos en Formación Profesional (el 14,69% de todos los estudiantes no universitarios), la enseñanza que más crece.
jueves, 19 de febrero de 2026
La Formación Profesional se privatiza
El salto de la Formación Profesional (FP) en España durante los últimos 15 años ha sido espectacular, con más del doble de alumnos estudiando. Así, en el curso 2010-11 había 582.576 alumnos estudiando FP (el 7,5% de todos los estudiantes no universitarios) y en la década siguiente, en el curso 2021-2022, ya superaban el millón (1.027,367 estudiantes, el 12,4% de todos los alumnos no universitarios). Y han seguido creciendo, hasta alcanzar en este curso 2025-26 la cifra de 1.218.347 alumnos en Formación Profesional (el 14,69% de todos los estudiantes no universitarios), la enseñanza que más crece.
jueves, 18 de septiembre de 2025
Curso 2025-26: menos alumnos y más diversos
Este Curso escolar 2025-26 va a ser el segundo en este siglo en que bajará un poco el número de alumnos en colegios e institutos. Ya pasó el Curso pasado (2024-25), cuando hubo 13.245 alumnos menos en las enseñanzas no universitarias (desde infantil a Bachillerato y FP), concretamente 8.319.029 alumnos, según el Ministerio de Educación. Este nuevo Curso escolar se espera una bajada de alumnos mayor, sobre todo en los primeros cursos, por la caída de la natalidad sufrida en España desde 2009: -29.939 alumnos en enseñanzas no universitarias, un total de 8.289.090 alumnos, según el avance publicado por Educación. Eso sí, la mayor caída de alumnos se espera en los Centros públicos (donde estudian el 66,9% de los alumnos): el curso pasado, se perdieron 15.806 alumnos en los Centros públicos y se ganaron 2.561 en los concertados (donde estudian el 24,5% de los alumnos no universitarios) y privados (donde estudian el 8,6% del total de niños y adolescentes).
lunes, 16 de septiembre de 2024
Curso 2024-25: desigual tensión educativa
Este Curso escolar 2024-25 se espera recibir a 8.348.030 alumnos en las enseñanzas no universitarias, desde la educación infantil al Bachillerato y la Formación Profesional(FP), según estima el Ministerio de Educación. Serán 10.493 alumnos más que el Curso 2023-24 (8.337.537), un aumento inferior al del curso pasado (+28.057 alumnos) y al anterior (+60.999 alumnos en 2021-22, tras el bache de la pandemia), porque cada año se nota más la caída de la natalidad en España (los nacimientos se han desplomado un -40% entre 2008 y 2023). Y por eso, los niños y jóvenes que estudiarán este Curso serán menos de los que lo hicieron el Curso récord de 1990-91 (8.378.935 alumnos).
lunes, 12 de septiembre de 2022
Curso escolar 2022-23: nueva Ley y más gasto
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| Enrique Ortega |
Este nuevo curso escolar 2022-23, crecerá poco (un +1%) el número de alumnos que estudian enseñanzas no universitarias, que rondarán los 8.250.000 estudiantes, frente a 8.216.171 el curso pasado, según Educación. Se espera que sigan bajando los niños en Educación infantil (-282.000 niños matriculados que en 2011-2012) y en Primaria (-50.000 alumnos estudiando que en 2012), por el desplome de la natalidad en la última década, aunque seguirán creciendo los alumnos en ESO, Bachillerato y FP (se han duplicado los alumnos de 2010, superando ya el millón los matriculados el curso pasado), nacidos antes. Y siguen cayendo también los alumnos matriculados en los centros públicos (concentran el 67,4% de los estudiantes no universitarios, frente al 69% que había en 2010-11, bajando al 51% en el País Vasco y el 54,1% en Madrid), a costa de un fuerte aumento de la enseñanza concertada (enseña al 25,2% de alumnos, el 29,8% en Madrid) y la enseñanza privada (7,4% alumnos no universitarios, el 16,1% en Madrid).
Una novedad de este curso es que despega la educación infantil pública gratuita (de 0 a 3 años), gracias a que el Gobierno Sánchez aprobó en noviembre de 2021 una partida de 670 millones de euros para que las autonomías creen 65.000 plazas públicas de educación infantil (0-3 años) hasta 2024, la mayoría en Andalucía, Cataluña, Comunidad Valenciana y Madrid, para favorecer la conciliación familiar y el trabajo de las madres. Gracias a este empuje y el propio de algunas autonomías, este curso habrá más guarderías públicas gratuitas en Galicia (guarderías públicas y concertadas), Castilla y León (gratis 2-3 años en centros públicos y concertados), Madrid (centros públicos), Andalucía y Cataluña (públicos y concertados).
Otra novedad de este curso es que entra en vigor la nueva Ley de Formación Profesional (aprobada en marzo de 2022, con la única oposición del PP y la abstención de Vox y ERC), que reformula las enseñanzas de FP, con una formación “dual” que obliga a incluir una parte del aprendizaje (del 25 al 35%) en las empresas, con una importante financiación pública (5.474 millones entre 2022 y 2025) para que las autonomías creen 80.000 nuevas plazas públicas de FP, que faciliten el empleo de los jóvenes. Con ello, las peticiones de matrícula en centros de FP se ha disparado aún más este año, aunque faltan plazas públicas (33.000, según CCOO, sobre todo en Madrid y Cataluña), lo que obliga a los alumnos y a sus familias a matricularse en costosos centros privados de FP, un nuevo negocio que ya ha atraído a Fondos de inversión extranjeros y nacionales.
Con todo, la mayor novedad de este curso escolar 2022-23 es que entra en vigor (parcialmente) la nueva Ley de Educación, la LOMLOE (Ley Orgánica que modifica la Ley Orgánica de Educación de 2006). Es la 8ª Ley de Educación de la democracia y se aprobó en el Senado en diciembre de 2020, con 142 votos a favor, 9 abstenciones y 112 votos en contra de Ciudadanos, Vox, regionalistas y el PP, que amenaza con derogarla si llega a la Moncloa. El cambio más importante de la LOMLOE es que pretende modificar el sistema de enseñanza, para que se base menos en la memoria y más en aprender competencias y habilidades, donde los alumnos españoles están a la cola de la OCDE, según el informe PISA. Para ello, se van a cambiar los contenidos de las asignaturas, para que los centros cambien lo que hay que enseñar y cómo evaluarlo. De momento, este año se empieza con los cursos impares (1º,3º y 5º de Primaria, 1º y 3º de la ESO, 1º de Bachillerato y 1º de FP básica. Y el próximo curso, se ampliará el cambio de contenidos a los cursos pares (2º, 4º y 6ª).
Si ya es complicado cambiar los contenidos de la enseñanza de un año para otro, lo va a ser más este curso 2022-23 porque los cambios de contenidos se han retrasado, con lo que al principio de curso (entre el 5 y 12 de septiembre, según las regiones) no todos los centros tenían los nuevos libros de texto. Así, a primeros de septiembre, hay 7 autonomías, que representan el 57,5% del alumnado (4,5 millones de escolares), que no han aprobado y publicado los nuevos currículum, la programación y contenidos de los cursos impares que cambian: Galicia, Castilla y León, Andalucía, Murcia, País Vasco, Cataluña y Canarias (4 gobernadas por el PP y “resistentes” a la LOMLE). Culpan del retraso al Gobierno central, que publicó el decreto de enseñanzas mínimas entre febrero y abril de 2022, pero Educación se defiende diciendo que han tenido tiempo suficiente, como demuestran las 10 autonomías “cumplidoras” (que publicaron los temarios entre julio y agosto).
Las 7 autonomías “retrasadas” han repartido a los centros borradores de los currículos y contenidos, para que puedan empezar a trabajar con los alumnos desde el primer día de clase. Pero las editoriales no pueden ultimar y editar los libros hasta que estas autonomías no publiquen los contenidos definitivos. Contenidos diferentes entre regiones, porque los gobiernos autonómicos aprueban entre el 40 y el 50% de los temarios, siendo el resto de contenidos (comunes) elaborados por el Ministerio de Educación. Así se amplía las diferencias de contenidos entre autonomías, como se ha visto ya en Geografía e Historia, donde los alumnos de la ESO tienen 17 contenidos diferentes, según donde estudien…
Además del cambio en el sistema de enseñanza (“menos aprender de memoria y más entender y razonar”) y en los contenidos y libros de texto, este curso 2022-23 hay más cambios. Habrá una asignatura nueva, Educación en Valores Cívicos (similar a la Educación para la Ciudadanía de hace 15 años), y la asignatura de Religión dejará de tener valor en la nota media del expediente (importante para solicitar una beca o solicitar carrera). Y se introduce un nuevo Bachillerato General (poco a poco, en algunos centros), que se sumará a dos Bachilleratos artísticos (Música y Artes Escénica y Artes Plásticas, Diseño e Imagen), el Bachillerato de Letras y el de Ciencias (habrá 5 en total). Además, se crea un modelo transitorio de pruebas de Selectividad (con menos exámenes y más pruebas de competencias), en vigor hasta 2027, cuando se apruebe otro modelo “definitivo” .Y otro cambio destacable: los centros deben crear la figura de Coordinador de Bienestar y Protección, un profesor responsable de vigilar y evitar el acoso escolar, ciberataques, maltrato, autolesiones y suicidios.
Otra novedad importante de este curso escolar es que desaparecen las restricciones frente al COVID-19 (ni mascarillas ni distancia de seguridad ni grupos burbuja), aunque la pandemia sigue ahí (1 millón de españoles más contagiados entre junio y septiembre, con 6.300 muertos con COVID los últimos tres meses) y más de la mitad de los niños de 5 a 12 años (3.815.164 en total) no están inmunizados: sólo tienen las dos dosis de la vacuna 1.741.903 niños, el 45,7% del total, según Sanidad. Un dato que revela un fracaso de la vacunación pediátrica y la falta de colaboración de las familias, que ahora se pueden ver afectadas (padres y abuelos) si la pandemia repunta este otoño-invierno en los centros escolares.
Una de las cuestiones que más preocupa este curso es la falta de profesores de apoyo, porque la mayoría de las autonomías han vuelto a despedir a profesores contratados en 2020 por la COVID. De hecho, de los 33.323 profesores de refuerzo contratados en 2020, sólo la mitad (17.297) siguen en activo, según denuncia CCOO de la Enseñanza: 12.000 fueron despedidos el curso pasado (2021-2022) y otros 4.000 se han perdido para este curso, a pasar de los fondos transferidos por el Gobierno a las autonomías en 2020, 2021 y 2022. Y a pesar de que en 2023, las autonomías recibirán del Estado los mayores recursos de su historia: 134.333 millones, un 24% más que en 2022 (+26.130 millones más).
Este menor gasto autonómico en profesores de refuerzo para 2022-23 agravará los problemas de la enseñanza: aumentará los ratios de alumnos por clase a los niveles de 2019, lo que impedirá reforzar la docencia para recuperarse de la pandemia y afrontar los cambios que exige la nueva Ley de Educación. Y además, dificultará reducir el abandono escolar y los repetidores, donde España es líder europeo. Precisamente, tener malos resultados educativos tiene más coste que el gasto en reforzar profesores: España podría contratar 44.700 profesores más (y reforzar a 2,2 millones de alumnos) con lo que le cuesta al sistema la repetición de curso del 29% de los estudiantes de 15 años (costó 1.441 millones en el curso 2019-2020), según un informe de Save the Children, Así que recortar en profesores sale mucho más caro en repetidores, abandono escolar y mala calidad de la enseñanza.
Este menor gasto en educación del necesario es más preocupante porque hay autonomías que siguen “ahorrando” en educación, gastando menos que la mayoría, o bien porque “gastan en otras cosas” o porque ingresan menos con la “bandera” de bajar impuestos (más a los más ricos). En 2020, último año con datos homogéneos, España gastó 905 euros por habitante en educación, pero Madrid gastó mucho menos (725 euros), al igual que Asturias (826 euros), Canarias (838), Castilla y León (842), Baleares (858), Cataluña (866), Castilla la Mancha (870) y Aragón (889 euros), mientras el País Vasco gastaba casi el doble (1.329 euros por habitante), seguida de Navarra (1.146), Extremadura (1030) y Comunidad Valenciana (1.005 euros), según un estudio de los Gerentes de Servicios Sociales.
Mientras España gasta menos en educación (55.625 millones en 2020, el 4,93% del PIB) que la mayoría de Europa (5,1%) y la OCDE (5,3%), las familias gastan más cada año en educar a sus hijos, tanto en los centros concertados (pago de cuotas “voluntarias”, libros, uniformes, transporte y comedor, extraescolares) como en los públicos (libros, uniformes y múltiples gastos obligados). De hecho, España es el país europeo donde las familias gastan más en educación, según el último informe de la OCDE: aportan un 13% del gasto total (86% el gasto público y 1% otros), frente al 8% de media que pagan en la OCDE y el 5% en Europa (1% en Finlandia, 6% en Irlanda, 8% en Italia y Francia, 9% en Reino Unido, 11% en Portugal y 12% en Alemania).
El problema se agrava este curso 2022-23, porque se ha disparado la inflación. Y eso está encareciendo el gasto escolar de las familias: 400 euros de media por hijo. Suben los libros de texto (+12%), el material escolar (se ha disparado el precio del papel), los uniformes, las actividades extraescolares, el transporte escolar (+10%) y los comedores escolares (+6%), uno de los gastos más preocupantes, porque 1 de cada 3 niños españoles vive en familias con problemas económicos y sólo el 11% recibe ayuda para pagar el comedor escolar, con lo que hay 500.000 niños que no van a poder pagar este curso el comedor escolar, según la ONG Educo. Por eso, las asociaciones de padres y los centros piden ayudas de choque para este curso, que complementen el aumento de becas que ya ha hecho el Gobierno: el gasto en becas educativas (para todas las enseñanzas, incluida la Universidad) ha aumentado un 45% entre 2017-18 (1.472 millones en becas) y 2022-23 (2.134 millones), adelantando 4 meses la convocatoria este año (desde marzo).
Estamos pues al inicio de un curso complejo, donde los centros, profesores y alumnos tendrán que hacer un esfuerzo extra para poner en marcha la nueva Ley educativa, para ir cambiando poco a poco un sistema educativo menos basado en estudiar de memoria y más en aprender cuestiones útiles para el futuro. Esto exige un rodaje y tiempo, pero sobre todo medios personales y refuerzo a los alumnos con problemas. Y si apostamos por la Formación Profesional, por una enseñanza dual centro-empresa, hay que crear las plazas necesarias y colaborar con las empresas para que apuesten por la FP y luego no se quejen de que no encuentran trabajadores formados. Y sobre todo, hay que gastar más y de una forma uniforme en la enseñanza, para mejorar su calidad, porque hay demasiados repetidores, demasiado abandono escolar y demasiadas diferencias entre autonomías. Este curso 2022-23 debe ser el inicio de un salto educativo en España. Nos jugamos el futuro.
jueves, 26 de mayo de 2022
La apuesta por la Formación Profesional (FP)
Este lunes, la Comisión Europea alertó a España sobre 2 problemas graves de nuestra economía: la elevada deuda y el paro, que duplica la media europea. Un paro muy relacionado con la baja formación de los españoles, incluidos los jóvenes, que apenas estudian Formación Profesional (FP), a pesar de que con una profesión encuentran más fácil trabajo que con Bachillerato o una carrera. Por eso, en la última década, con la crisis, ya estudian FP el doble de jóvenes. Pero aún son pocos. La nueva Ley de Formación Profesional, que entró en vigor en abril, quiere multiplicar las plazas y cambiar la enseñanza de FP, haciendo que los alumnos estudien y hagan prácticas a la vez. Y acreditará una competencia profesional a 4 millones de trabajadores formados pero sin un certificado. El objetivo es aumentar la formación de jóvenes y trabajadores, para que consigan mejor empleo y bajar el paro a niveles europeos. Hará falta medios y tiempo.
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| Enrique Ortega |
La Comisión Europea, en su último “examen” de primavera nos ha recordado que tenemos un grave problema estructural de paro, al margen de la coyuntura económica de cada momento: duplicamos siempre la tasa de paro media de la UE-27. En 2013, en lo peor de la anterior crisis, el paro en España llegó al 26,1% de la población activa, más del doble que la media europea (11,6%) y cinco veces el paro alemán, según Eurostat. Luego, en 2019, en plena recuperación, el paro español bajó casi a la mitad (14,1%), pero seguía siendo más del doble del europeo (6,8%) y cinco veces el paro alemán (3%). Y ahora, en marzo de 2022, tras el COVID y la guerra, ha seguido bajando, al 13,5%, pero sigue duplicando con creces el paro europeo (6,2% en la UE-27) y cuadruplicando el paro alemán (2,9%). Y si miramos el paro juvenil (menores de 25 años), el problema es aún mayor: 29,6% de paro juvenil en España, frente al 13,9% en la UE-27 y el 5,5% en Alemania.
¿Por qué España tiene el doble de paro que Europa? Hay varias razones, desde nuestro modelo económico (demasiado peso de los servicios y poca industria: muchos bares y hoteles y pocas manufacturas), el bajo desarrollo tecnológico, el exceso de pymes y la falta de grandes empresas, el menor ahorro e inversión y un menor peso de las exportaciones, pero, sobre todo, la baja formación de los españoles, que dificulta su empleo. Los últimos datos de la OCDE (2021) son muy elocuentes: el 37,1% de los adultos españoles (25-64 años) tienen “baja formación” (ESO o menos), el doble que la media europea (17,1% de los adultos) y casi el triple que Alemania (sólo el 13,9% están poco formados).Y si nos fijamos sólo en los jóvenes (25 a 34 años), el problema persiste, aunque algo menos: un 28,3% tienen “poca formación” (ESO o menos) frente a sólo el 12,3% en Europa.
En el caso de los jóvenes, España tiene 2 problemas serios que explican que tengamos el doble de personas poco formadas. Por un lado, la baja calidad de la enseñanza, demasiado “memorística”, que alimenta los alumnos repetidores y rebaja el nivel de comprensión de los adolescentes, según indican los malos resultados en los informes PISA. Y por otro, tenemos mucho más abandono escolar temprano: un 13,3% de los jóvenes de 18 a 24 años han dejado sus estudios sin acabar la FP o el Bachillerato (y no hacen ninguna formación), frente al 9,7% de media en Europa, según los datos de Eurostat (2021). Además, este abandono escolar temprano es mayor entre los hombres jóvenes (16,7%) que entre las mujeres (9,7%).
En cuanto a los adultos, el problema de la baja formación es que muchos se pusieron a trabajar jóvenes, sin estudios o habiéndolos dejado, con lo que casi la mitad no pueden acreditar una formación, aunque tengan experiencia. Los datos indican que hay 12.382.300 adultos en edad de trabajar que tienen una profesión acreditada pero también hay 10.478.400 activos que no tienen una profesión acreditada, aunque vivan de ella. Y además, los trabajadores españoles se forman poco en el trabajo, bien porque las empresas no les ofrecen cursos de reciclaje o porque ellos no los hacen. El caso es que en España se dedica una media de 17 horas anuales a la recualificación permanente, frente a 50 horas en Alemania y entre 80 y 85 horas en las empresas líderes mundiales. Y además, en España se da el contrasentido que los fondos de formación, que se pagan con cuotas de empresas y trabajadores, no se usan (el 82% de las empresas no los utilizan) y no se gastan.
En el caso de los jóvenes, se da otro problema peculiar en España: apenas estudian Formación Profesional (FP), quizás por la mala imagen que ha tenido la FP, vinculada a “obreros” y “malos estudiantes. El resultado es que, durante décadas, todos los padres querían que sus hijos fueran universitarios (o al menos “bachilleres”). El fruto de esta percepción es que España, el país de Europa con más paro juvenil, es también uno de los paises con menos jóvenes que estudian FP: sólo un 12% se matricula en Formación Profesional, frente a un 25% de media en la UE-27 y el 40% en Alemania (el país con menos paro juvenil). Y después, a la hora de elegir en la ESO si hacen Bachillerato o FP, sólo un 36% de jóvenes españoles han elegido FP, frente a un 43% de media en Europa, que sube en el caso de Alemania (45%), Italia (55%) y Reino Unido (65%), según la OCDE.
Con la crisis de 2008-2010, esta situación empezó a cambiar, porque muchos jóvenes veían que no encontraban trabajo con Bachillerato e incluso con una carrera universitaria, mientras las empresas buscaban jóvenes con FP, más preparados para un trabajo concreto. Además, en septiembre de 2018, el Gobierno Sánchez empezó su apuesta por la FP, acompañada después en julio de 2020 con un Plan de Modernización de la Formación Profesional, un proyecto “estrella” del presidente Sánchez y su ministra Celáa, que ya había apostado por la FP como consejera del País Vasco (una autonomía “pionera”, con excelentes resultados en FP).
La crisis, el aumento de ofertas de empleo para la FP y los nuevos Planes dieron un vuelco a la Formación Profesional, que empezó a despegar desde 2012 y sobre todo desde 2019, duplicando el número de alumnos en la última década: de 582.576 matriculados en 2010-2011 se saltó a 861.906 en 2019-2020 y 1.013.912 alumnos matriculados en FP en el actual curso 2021-2022, según los datos de Educación. Y además, este es el 7º curso consecutivo en que los matriculados en FP superan a los que estudian Bachillerato (700.810).
Es un salto importante, pero aún estamos lejos de los jóvenes que estudian FP en Europa. Por eso, el Gobierno Sánchez prometió a la Comisión Europea, dentro de las reformas estructurales vinculadas a recibir los Fondos Europeos, una nueva Ley de Formación Profesional, que aprobó el 7 de septiembre de 2021 y que ha estado debatiéndose medio año en el Congreso y el Senado, donde se aprobó el pasado 23 de marzo, con el voto en contra del PP y la abstención de Vox y ERC. Ahora, la Ley ya está en vigor, desde el 20 de abril, y tiene 2 objetivos: vincular más la FP a las empresas y reducir el paro juvenil. Y, en paralelo, reconocer en los próximos 4 años un certificado profesional a 4 millones de trabajadores que no tienen acreditadas sus competencias, adquiridas por la experiencia, no por el estudio.
La primera novedad de la nueva Ley de Formación Profesional es que reformula el sistema en 5 niveles o módulos. Los tres primeros (A, B y C) son cualificaciones para adultos (mayores de 16 años), con una acreditación parcial de competencias(A), un certificado medio de competencias (B) y un certificado profesional de competencias (C), a los que podrán optar los trabajadores que conozcan los oficios pero no tengan una titulación. Serán títulos sin validez académica, pero que les facilitará su trabajo futuro. Los dos niveles siguientes (D y E) tendrán validez académica: el nivel D incluye el grado básico, medio y superior de FP y el nivel E supone un grado mayor de especialización, con cursos de especialista (en grado medio o superior), que incluyen la realización de un tipo de Máster. Los distintos niveles, del A al D, se podrán ir acumulando y acreditando en un Registro estatal de FP.
El segundo
gran cambio de la Ley se refiere a la enseñanza de FP en los niveles
educativos, el D y el E (especialista). La novedad es que toda la enseñanza
será ahora mixta, con teoría en los
centros de FP y prácticas en empresas
siempre. Así, toda la FP será
ahora “dual”, con dos niveles: el “general”
(entre el 25 y el 35% de la formación se dará en empresas) y el “intensivo” (con más del 35% de la
formación en las empresas, que se comprometen además a hacerles un “contrato de formación”).
Otra novedad de la Ley es que se facilita “el puente” de las FP con las Universidades. Hasta ahora, al final de la ESO, se abrían dos caminos disociados: Bachillerato y Universidad o FP de Grado medio y luego Superior. Ahora, se facilita que haya conexión entre las dos vías educativas, con la convalidación de asignaturas y el tránsito de la FP a la Universidad y viceversa. Ya en los últimos años se ha visto a licenciados en una carrera que luego hacen FP de grado Superior, porque ven que así se colocan mejor. Ahora lo tendrán más fácil. De hecho, la Universidad de Málaga será la primera Universidad en ofrecer ciclos formativos de FP en el próximo curso 2022-2023…
Un cuarto cambio de la nueva Ley es que se acercarán las futuras titulaciones a lo que demanden las empresas, que tratarán así de que la FP forme en lo que ellas necesitan (el 55% de las empresas se quejan de que tienen problemas para encontrar trabajadores en muchas áreas). Ya se han aprobado 25 nuevas titulaciones y estudios de FP en los últimos 2 años y ahora, las empresas tendrán más posibilidades de influir en los programas y colaborar en la formación de los alumnos, al ser obligatorias las prácticas en empresas.
El quinto punto clave de la nueva Ley de FP es la importancia que se da a la orientación profesional, tanto en colegios e institutos (para que profesores y centros fomenten la FP como una salida con futuro), como entre los alumnos y sus familias. Es clave promover “un cambio de mentalidad”, que estudiar FP no es una enseñanza de 2ª ni para ser “fontanero o mecánico”, sino que incluye temas de futuro (como inteligencia artificial o tratamiento de datos). Que es una vía formativa que facilita el empleo futuro.
Precisamente, el problema del empleo futuro es que no habrá hueco para los que estén poco formados y se va a concentrar más en la formación media, la que promueve la FP. Así, un estudio de Cedefop revela que para 2025, sólo el 16% del empleo disponible será para los que tienen baja formación (hoy acceden al 35% de los trabajos) y que el 50% de los trabajos serán para los que tienen una formación media y el otro 34% para los que tengan alta formación. Por eso, el objetivo de la Ley es que, dentro de 4 años, el porcentaje de españoles con baja formación (y pocas posibilidades de trabajo) baje del 37,1% actual al 15% (la UE-22 tiene un 17,1% hoy y Alemania el 13,9%). Y eso gracias a que haya más jóvenes estudiando FP y a que se certifique su profesión a 4 millones de adultos.
La nueva Ley de FP nace con una financiación de 5.474 millones en cuatro años (2022-2025), de los que 2.075 millones serán Fondos europeos. De momento, el Gobierno acaba de aprobar, el 17 de mayo, 1.239 millones para la Formación Profesional, un dinero que transfiere a las autonomías (ver el reparto), que gestionan la enseñanza. El objetivo es crear 88.000 nuevas plazas de FP en el próximo curso 2022-2023, que se sumarán a las 120.000 nuevas plazas creadas en los dos últimos años. Y además, acreditar a 785.000 trabajadores sin título, de los 4 millones que se pretende acreditar en estos cuatro próximos años (un objetivo ambicioso, porque sólo se acreditaron 300.000 en la última década). Y una parte del dinero aprobado (680 millones) irá también a ofrecer más cursos de reciclaje profesional a parados y trabajadores en activo.
Formación, formación y formación, en cursos de reciclaje y sobre todo en cursos de FP para jóvenes, que tengan que ver con lo que las empresas y el futuro van a demandar. Se trata de mejorar la formación de los españoles, para que tengamos una tasa de paro “europea”. Eso pasa por dedicar más dinero a la formación y a la FP, a crear centros de enseñanza suficientes (faltan en las grandes ciudades), con más autonomía y flexibilidad en los programas educativos, en estrecha relación con empresas y Universidades. Y un cambio de mentalidad en los centros educativos, en los alumnos y sus familias, para que nadie se avergüence de decir que estudia FP, sino que sea un sinónimo de formación y empleo. Es un proceso que requiere fondos, dedicación y tiempo. Pero si funciona, bajará el paro.

