Enrique Ortega
El 14 de diciembre de 2006 se aprobaba en el Congreso, con el apoyo del PSOE y el PP, la Ley de Dependencia, el 4º pilar del Estado del Bienestar, junto a la Sanidad, la Educación y las Pensiones públicas. Era el principal legado del primer Gobierno Zapatero, que pretendía incorporar a España a la pequeña lista de paises europeos que tenían una Ley para garantizar a los ciudadanos una atención o una ayuda cuando no pueden valerse por sí mismos: Austria aprobó una Ley en 1993, Alemania en 1995 y Francia en 1997, mientras los paises nórdicos y Holanda lo tienen incluido en sus Leyes de servicios sociales. Y en el resto de Europa, se atiende a los dependientes, pero dentro de la asistencia sanitaria o social, sin una Ley específica que reconozca este derecho a los ciudadanos.
En cambio, el
servicio más demandado, la ayuda para una residencia, sólo la
reciben el 12,2% de los dependientes, básicamente porque es la asistencia
más cara (supone el 42,2% del gasto total). Y eso que no sale barata para
el dependiente: si la financia totalmente, paga el 86% de sus ingresos
(pensión). Y si tiene ayuda, el pago se reparte entre la autonomía y el
Dependiente (mínimo 950 euros/mes y máximo 1.911 euros). Aunque el mayor
problema es que no
hay plazas concertadas en
muchos lugares y han de esperar y recibir otra ayuda.