Mostrando entradas con la etiqueta TV autonómicas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TV autonómicas. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de junio de 2018

La TV de pago gana a la tradicional


Por primera vez en España, la TV de pago (con menos de una década de vida) facturó en 2017 más dinero que la TV tradicional (TVE lleva 62 años y las privadas 28). Y 1 de cada 3 hogares (6,6 millones de familias) están abonados a la TV de pago, la mayoría con paquetes donde las telecos se la ofrecen junto al teléfono e Internet. Pero también hay 2,5 millones abonados a TV de pago extranjeras, como Netflix, Amazon o HBO. El  “pagar para ver lo que uno quiere” en televisión es imparable y la TV de pago llega ya al 60% de hogares europeos. Un cambio que está  revolucionando el sector audiovisual, a golpe de fútbol y series, y que afecta mucho a las TV en abierto (menos publicidad y menos calidad) y a las TV públicas, que necesitarán más recursos para competir. Telecos y plataformas extranjeras nos han creado esta necesidad, la TV a la carta, que será cada vez más cara.

enrique ortega
La televisión tradicional cumplirá 62 años en España este otoño, con TVE emitiendo desde octubre de 1956, aunque las privadas, Telecinco y Antena3, llevan emitiendo sólo desde principios del año 2000. La televisión de pago es mucho más reciente: Movistar inició una prueba piloto en Alicante en enero de 2001, que extendió en 2005 a todas las provincias, pero el lanzamiento de Movistar TV se hizo en 2013, año en que las empresas de telefonía se lanzaron a vender “paquetes múltiples”, donde ofrecían a sus clientes de teléfono un paquete con telefonía fija, móvil, Internet fijo y móvil más TV de pago. Y así hemos llegado a 2017, con 6.590.000 hogares clientes de la TV de pago, un 35% del total de familias españolas y  2,3 millones de abonados más que en 2013, según los últimos datos de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC). Del total de abonados a la TV de pago, la gran mayoría (5,8 millones) lo son a través de su empresa de telefonía, de las telecos, que les han vendido un paquete quíntuple (5,5 millones de contratos).

Pero también hay españoles que han contratado la TV de pago con plataformas extranjeras, multinacionales norteamericanas que ofrecen sus canales por Internet a cambio de un pago mensual. La líder es Netflix, que llegó a España en octubre de 2016 y que ya tenía 1,46 millones de abonados a finales de 2017 (el 9,1% de los hogares), según datos de la CNMC. Le sigue Amazon, con su servicio Prime Video, que funciona desde diciembre de 2016 y tiene ya 566.000 españoles abonados (el 3,5% de hogares). Y HBO, disponible desde noviembre de 2016, que cuenta con 450.000 abonados en España (2,3% de hogares).

Al final, la TV de pago ha ganado ya un 22,3% del consumo total de TV en España, frente al 77,1% de consumo de la TV en abierto, según los datos de la CNMC para 2017, aunque en abril de 2018 batía otro récord, con el 24,1% del consumo de TV (y 75,9% la TV en abierto), según la consultora Barlovento TV.  De este pastel de la TV de pago (ese 22,3% del consumo total de TV, 241 minutos diarios en abril 2018), la mayor tajada se la lleva la TV por cable (10,2% del consumo total de TV), seguida de la TV por Internet (9,2%)  y la TV por satélite (2,9%). En las tres modalidades, la empresa líder es Movistar TV (que ronda el 60% de todos los abonados a la TV de pago), Vodafone (21%), Orange (6%), Euskaltel (4,4%) y Telecable (2,1%), más las plataformas de TV por Internet, donde Netflix ocupa el 2º lugar, tras Movistar, Amazon el 4º (tras Vodafone) y HBO el 6º (tras Orange).

El principal motivo por el que los españoles contratan una TV de pago es porque su operador de telefonía se lo ofrece (un 47%), normalmente como una oferta de fútbol o series (con un precio inicial más bajo que luego sube). El segundo motivo, según el Panel de Hogares 2016 de la CNMC, es por la series (el 35%) y los deportes (el 31%), también por los documentales (25%) y “por ver menos publicidad” (24% encuestados). Y a la hora de darse de baja de una plataforma de TV de pago, los motivos más importantes son perder las series de referencia (el 23%), el fútbol (20%) o las películas (19%), así como perder servicios o aplicaciones. Y un dato resaltable es que los jóvenes “millenials” (nacidos entre 1980 y 1995) son más asiduos que los mayores a los canales de pago, según un estudio de Deloitte. Lo que más se consume en la TV de pago es deportes, series, películas y documentales, mientras en la TV en abierto ganan los concursos, los programas del corazón, noticias y magazines.

Pero si el salto de la TV de pago ha sido grande en abonados (de la nada a casi 6,6 millones), el gran salto lo han dado en facturación, en volumen de negocio: la TV de pago ingresó 2.133 millones de euros en 2017, un 14,6% más que en 2016 y el 43% más que hace 5 años. Y con ello, superó por primera vez el negocio de la TV en abierto, que facturó 1.913 millones de euros en 2017, un 1,08% más que en 2016, según los últimos datos de la CNMC. Este “adelantamiento” de la TV de pago, en menos de una década de existencia, se debe a tres factores. Uno, el gran aumento de abonados (de 3,9 millones en 2013 a 6,59 millones en 2017). Dos, el aumento de ingresos por cuotas (de 1.380 millones en 2014 a 1.968 millones en 2017). Y tres, a la mejora de la publicidad, en general y también para la TV de pago (que ingresó 65 millones en 2017, el 5% de todos sus ingresos, mientras para la TV en abierto, la publicidad ingresada en 2017, 1.780 millones, supone el 93% de sus ingresos).

Cara al futuro, la TV de pago tiene todavía mucho recorrido en España, si tenemos en cuenta que está menos avanzada que en otros países. Así, la TV de pago ha penetrado en el 35% de los hogares españoles, frente al 60% de media en Europa, según un informe de Deloitte, que estima que podría crecer hasta el 80%.Y esa penetración es aún mayor en países como Portugal (90% de hogares abonados a la TV de pago), Francia (75%) o Reino Unido (63% abonados), aunque es menor en Italia (25%).

Lo que está claro es que las telecos han apostado fuerte por la TV de pago, sobre todo porque se les agota el crecimiento con la telefonía (fija y móvil) y tienen que jugarse los ingresos futuros con los datos y la TV de pago. Por eso están apostando fuerte con los contenidos, con la compra y producción propia de series y el pago de los derechos de fútbol: protestan porque la Liga les cobra cada vez más, pero saben que el fútbol es la clave para crecer en abonados e ingresos. Y también las series. Por eso, Vodafone se alió en mayo de 2016 con la plataforma HBO, para ofrecer sus contenidos. Y en mayo de 2018, Movistar ha firmado un acuerdo con su competidor Netflix para incorporar sus contenidos, a finales de 2018, a sus clientes de la TV de pago de España y Latinoamérica.

Este crecimiento de la TV de pago y su apuesta de futuro preocupan y mucho a las TV privadas en abierto, sobre todo a Mediaset (Telecinco, Cuatro) y Atresmedia (Antena 3 y la Sexta), que hasta ahora estaban muy cómodos, tras el “regalo” de Zapatero de quitar la publicidad a TVE en 2009. De hecho, ambos grupos de TV en abierto son hoy un auténtico “duopolio televisivo”, que controlan el 84,7% de la publicidad total en televisión (927 millones Telecinco y 887 millones Atresmedia) cuando sólo tienen el 55,4% de la audiencia, según Infoadex. Un control sobre el mercado publicitario, a través de acuerdos y tejemanejes de sus empresas vendedoras de publicidad, que no se conoce en ningún otro país de Europa, donde los dos mayores grupos audiovisuales sólo controlan del 60 al 77% del mercado publicitario. Un “duopolio” que es duramente criticado por las demás TV privadas y autonómicas.

Las TV privadas en abierto, en especial los grupos Mediaset y Atresmedia, tratan de defenderse del boom de la TV de pago por dos vías. Una, mejorando su plataforma de contenidos en Internet, para lo que se han unido a RTVE, con objeto de unificar la oferta online de los tres operadores. Además, exigen al Gobierno desde hace meses que haga cumplir a las TV de pago las obligaciones de la normativa audiovisual que ellos cumplen: que los contenidos emitidos por las televisiones sean un 51% europeos (de ellos, la mitad españoles), que contribuyan a financiar obras audiovisuales europeas (con el 5/6% de sus ingresos) y que tengan limitada su publicidad (12 minutos por hora de emisión).

Las TV de pago, sobre todo las telecos que hay detrás, argumentan que su negocio “es diferente”, está más ligado a Internet que al mundo audiovisual, y piden que no se les apliquen esas normas de las TV en abierto, mientras se quejan del “duopolio” publicitario de Mediaset y Atresmedia. Y además, piden al Gobierno que cree una Fiscalía especial contra la piratería, porque en España se accede más a contenidos online ilegales (lo hace el 16% de la población, frente al 10% en Europa) y eso les supone unas tremendas pérdidas a las TV de pago: 533 millones al año en películas y otros 171 millones en series.

En medio de esta pelea entre TV de pago y TV en abierto se encuentran las TV públicas, afectadas por esta mayor competencia (por la audiencia y la publicidad) y los recortes del Gobierno y autonomías en los últimos años. El gran problema es TVE, que tras perder 475 millones de euros entre 2010 y2015 (al quitarle la publicidad), parece que ha reajustado sus cuentas y cerró con beneficios 2016 (+0,8 millones) y 2017 (+25 millones), si bien es un intolerable ejemplo de manipulación política que no puede mantenerse más. En cuanto a las televisiones autonómicas, también han mejorado algo sus cuentas (aún reciben 942,7 millones de subvención), no su “independencia” política, pero pierden publicidad (-10% en 2017) y audiencia. El reto de las TV públicas es doble. Por un lado, conseguir un sistema de financiación estable y suficiente, máxime cuando las TV públicas nos cuestan menos que las de otros países: 38,9 euros por habitante frente a 67 euros de media en la UE, 120 en Alemania, 113 en Reino Unido, 66,4 en Francia o 42,7 euros/habitante en Italia, según un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela. Y por otro, adaptarse a la competencia creciente de la TV por Internet, deportes y series.

Cara al futuro, lo que está claro es que ha cambiado el modo de ver televisión: estamos pasando del “qué ponen esta noche en la tele” al “qué quieres ver en la tele”. Y de ver lo que nos echan a buscar los programas que nos interesan y verlos cuando queramos, en la tele, el móvil, el ordenador o la tablet. Y ver la tele con el móvil al lado, para comentar al momento algo en redes y WhatsApp o para consultar algo en Google. Y sobre todo los jóvenes, los que han nacido con muchas cadenas disponibles y mucha oferta donde elegir. Una oferta que se va a hacer cada día más compleja, al modo de una TV a la carta, donde las telecos y los operadores internacionales tratan de competir en calidad de contenidos e imagen.

De hecho, la penúltima batalla de las telecos en la TV de pago es emitir contenidos en 4K, una mayor calidad de imagen para la que sólo están preparados los televisores del 9,8% de hogares españoles, según datos de Astra (y los que tengan el TV, necesitan además un descodificador). Pero la carrera está lanzada: Orange emitirá Roland Garros en 4K y pondrá en marcha un canal de series en calidad UHD, Movistar ha lanzado también un descodificador 4K y estudia emitir en ese formato carreras de F-1 y Moto GP, mientras Vodafone ya ofrece 7 canales en 4K y ofrece el descodificador desde marzo de 2016. El “gancho” para que las familias se cambien a televisores 4K y busquen canales de pago que emitan con esta alta calidad será este Mundial de Fútbol de Rusia, que se inicia hoy y donde todas las imágenes que se sirvan serán en 4K (aunque en España los emita Mediaset en TDT “normal). Ya en la pasada temporada, la Liga emitía 2 partidos en 4K y su objetivo es emitir todos los partidos en este formato a medio plazo, otro “gancho” más para la TV de pago.

La TV de pago ha irrumpido con fuerza en nuestras vidas y crecerá más en pocos años. El “truco comercial” de las telecos y las plataformas de Internet es que probemos, que “nos enganchemos” a la TV de pago, a elegir lo que queremos ver, sin casi anuncios, en lugar de soportar los anuncios y programas de baja calidad de las TV en abierto. Y luego, una vez que estemos “pillados” por el deporte, las series, películas, documentales o programas de cocina, subirnos poco a poco las tarifas, como ha pasado con los datos e Internet. Ya lo saben: “la otra TV” está muy bien pero hay que pagarla. Y cada año más.

lunes, 21 de marzo de 2016

Medios: la TV se forra, la prensa languidece


En plena era de Internet, vemos más televisión que nunca: 251 minutos diarios. Y a pesar de la crisis publicitaria, la TV privada se forra: sus beneficios se han casi  triplicado en 2015. “Hacemos televisión para vender publicidad”, decían en Tele 5 en los noventa. Mediaset y Atresmedia son un “duopolio” que se reparte el 86% del pastel publicitario, gracias a que ZP quitó la publicidad a TVE, que ha perdido 500 millones desde 2008. Y ahora tendrán más poder, porque Rajoy les ha dado 2 de los 6 nuevos canales. Mientras, la prensa languidece, aún con pérdidas, por la caída de la publicidad y ventas (las noticias se leen en Internet). Y está en manos de los bancos, tras 12.200 despidos y el cierre de 375 medios. Entre una millonaria “telebasura” y una prensa quebrada, sufrimos unos medios de poca calidad  e  independencia, que no ayudan a una recuperación más justa. Sin medios fuertes y libres, no hay esperanza.
 

enrique ortega


La dura y larga recesión ha afectado a todos los sectores y muy especialmente a la publicidad, de la que viven los medios de comunicación. Entre 2007 y 2013, en España se perdieron un tercio de los ingresos publicitarios totales (de 16.121 a 10.461 millones de euros), pero los medios convencionales perdieron mucho más: los ingresos cayeron casi a la mitad, de 7.985 millones (2007) a 4.261 millones (2013), según los datos de Infoadex. Y aunque la publicidad se ha recuperado ligeramente en 2014 y 2015, aún está muy por debajo de antes de la crisis. Sobre todo en los diarios (ingresaron 658,9 millones en 2015, un 65% menos que en 2007), los dominicales (37,8 millones, un -71%) y las revistas (255,2 millones, el  -64%). La radio ha sufrido menos la caída (ingresó 454,4 millones, un -33%) y también la televisión (ingresó 2.011 millones en 2015, un 42% menos que en 2007).

La caída de ingresos publicitarios ha sido para todos, pero la televisión se está recuperando antes y es el medio que más aumentó sus ingresos en 2015 (+6,4%). Sobre todo porque sigue creciendo el consumo de TV: en febrero era de 251 minutos diarios (más de 4 horas), lo que convierte a España en el quinto país más “teleadicto”, sólo por detrás de EEUU (282 minutos), Australia (264), Italia (262) y Polonia (260). Pero además, las televisiones privadas llevan cinco años aprovechando el “vacío” dejado por TVE, que en enero de 2010 dejó de facturar anuncios, por decisión del Gobierno ZP. Así que el 20% del pastel publicitario que antes iba a RTVE (500 millones en 2009) ahora se lo llevan las privadas. Y con eso y las compras y fusiones de canales, las dos grandes televisiones privadas, el grupo Mediaset (Tele5, Cuatro, FDF, Divinity, Energy y Boing) y el grupo Atresmedia (Antena 3, la Sexta, Neox, Nova y Mega) configuran un “duopolio”televisivo que se reparte la audiencia (56% en 2015) y, sobre todo, el pastel publicitario: acapararon  el 85,5%del mercado (43,4% Mediaset y 42,1% Atresmedia) en 2015 (y el 85,7% en 2014). Sólo queda un 4,5% para las otras privadas (Disney, 13TV y Discovery), un 6,8% de publicidad para las TV autonómicas, un 0,1% para las locales y el 3,1% para la TV de pago.

Gracias a este gran control de la publicidad, Mediaset y Atresmedia, que cotizan en Bolsa, son un gran negocio empresarial: en 2015, Mediaset ganó 166,2 millones de euros, casi el triple que en 2014 (59,5 millones). Y Atresmedia otros 99,2 millones, casi el doble que el año anterior (52,5 millones. “Hacemos televisión para vender publicidad”, decía a finales de los años 90 el presidente de Tele 5, sin ningún pudor. Y esta es la máxima que rige hoy el “duopolio” televisivo, que marca tarifas, formatos y programas, con un poder que no se conoce en ningún otro país europeo: en Francia, Alemania o Reino Unido, los dos grandes grupos de TV controlan del 60 al 77% de la publicidad, mientras aquí es el 85% y subiendo. Por eso, la Comisión Nacional de la Competencia (CNMC) ha reiterado que considera “inquietante” el duopolio de Mediaset y Atresmedia y que “preferiría que no existiera”. Mientras, vigila su operativa y ya les ha impuesto dos multas (una de 3 millones a Mediaset y otra de 2,8 millones a Atresmedia) por abusos de posición dominante en el mercado publicitario.

El problema es que este “duopolio” televisivo va a ganar aún más poder tras la decisión del Gobierno Rajoy de concederles dos canales más de televisión, en la adjudicación de 6 nuevos canales que aprobó en octubre pasado, dos meses antes de las elecciones. Los otros cuatro nuevos canales serán para 13TV (la cadena de la Iglesia que emitía por un canal alquilado a VeoTV-El Mundo), el Real Madrid TV, Secuoya (una productora próxima al PP que gestiona la TV de Murcia) y Radio Blanca (Kiss FM, del empresario Blas Herrero, también próximo al PP, a quien Esperanza Aguirre concedió dos canales de TV en Madrid). Y quedaron fuera del reparto El Corte Inglés, el Grupo Vocento (ABC) y el Grupo Prisa (el País, la SER), que ha recurrido la adjudicación ante los Tribunales y la UE, lo mismo que la Asociación de Anunciantes (ADE), que ha recurrido al Supremo porque cree que este reparto potencia el “duopolio” y atenta contra la libre competencia, “perjudicando al consumidor”, ya que restringe la pluralidad de contenidos y deteriora la calidad en la programación televisiva.

Junto a los dos grandes grupos de TV privada, el “duopolio” de Mediaset y Atresmedia, ahora buscan un trozo del pastel dos grupos de comunicación conservadores, apoyados por el PP. Uno, 13TV, el canal de la Iglesia, donde la Conferencia Episcopal ha enterrado ya 50,6 millones de euros para enjugar las continuas pérdidas y que ahora emitirá por el nuevo canal adjudicado por Rajoy, ahorrándose los 2,3 millones que pagaba de alquiler por emitir en uno de los dos canales de VeoTV-el Mundo. Con la COPE y el ABC, 13TV busca configurar un gran grupo mediático conservador, que competiría con Secuoya TV, otro proyecto mediático de la derecha, que pretende emitir desde el 28 de abril "Ten", un “canal familiar” sin noticias, películas ni deportes. Pero al “duopolio” le interesa controlar la publicidad de los nuevos canales y por eso Mediaset se está moviendo para gestionar (a través de su filial Publiespaña) la publicidad de 13TV (y quizás de El Real Madrid TV)  y Atresmedia (a través de Atres Advertising) intentará hacer lo mismo con Secuoya. De momento, Mediaset gestiona ya  la publicidad de Canal8TV, el canal catalán del grupo Godó (donde Tele5 tiene el 40%), intentando “robar publicidad” a TV3.

Mientras las TV privadas hacen el agosto con su “duopolio”, TVE sigue agonizando, con una pérdida de audiencia (TVE-1 bajó del 10% de audiencia en 2015, por primera vez en sus 60 años de historia) y unas pérdidas que suman 500 millones de euros desde 2008 (RTVE ha perdido 33,5 millones en 2015). En medio de cambios y dimisiones constantes (el director de TVE, en febrero) y de una escandalosa manipulación informativa, TVE se desangra con programas millonarios que se subcontratan a productoras privadas (el caso más sangrante “Ochéntame otra vez”: 19 programas de recuerdo de los 80 que hace una productora privada, cobrando 881.196 euros, con material de TVE…) mientras mantiene una plantilla de 6.000 personas que sólo hacen el 31% de la programación. Y siguiendo en las TV públicas, hay 6 TV autonómicas que reciben 637,7 millones de subvenciones de todos (2015), sin que consigan audiencias, beneficios ni independencia informativa.

Mientras las TV privadas se forran y las públicas siguen en el pozo,  los demás medios de comunicación no salen de la crisis, sobre todo la prensa escrita, que ha sufrido con dureza la caída de la publicidad y la tremenda competencia de Internet, desplomando las ventas en los quioscos. De hecho, la prensa ha perdido 5,4 millones de lectores en papel desde 2008 (1 de cada 3 lectores), según la Asociación de Editores (AEDE). Y eso ha provocado el cierre de 375 medios, el despido de 12.200 trabajadores de la prensa y unas pérdidas reiteradas, que en 2014 (último dato de AEDE) fueron de 30,3 millones de euros.

En los últimos años, los principales periódicos han recortado al máximo sus costes, despidiendo personal, reduciendo ediciones y cambiando sedes, lo que les ha permitido reducir sus pérdidas, aunque siguen perdiendo lectores. Así, el grupo Prisa (El País, la Ser, Cinco Días, As) ha vuelto a tener beneficios en 2015, 5,3 millones de euros (tras perder más de 2.000 en 2014), pero todavía El País pierde dinero (unos 6 millones). El grupo Vocento (ABC) logró en 2015 su primer beneficio desde 2009, sólo 4 millones, pero ABC tiene ligeras pérdidas netas y sus ventas no tiran, mientras los accionistas ya han perdido 173 millones desde el inicio de la crisis. Unidad Editorial (El Mundo, Expansión, Marca) podría haber perdido hasta 10 millones en 2015 (perdió 7,1 millones en 2014), tras haberle inyectado 73 millones el grupo italiano mayoritario (RCS), que ha reconocido que España es el país donde ha perdido más ventas de periódicos. Y La Razón (Planeta- Atresmedia) parece el único periódico que gana dinero (861 euros, casi nada, en 2014), aunque acumula 27 millones de pérdidas desde 2008.

Un panorama muy gris aunque las cuentas sean menos malas tras  la dura reconversión y la ayuda financiera de la banca, que asegura el pago de las nóminas y el papel y en algunos casos se ha convertido en un importante accionista, como en El País: 5,3% del capital es del Banco Santander, 4,9% de la Caixa, 4,8% de Morgan Stanley y 3,002 de UBS, más otro 13,05% de Telefónica. Ahora, los medios anuncian nuevas medidas para mejorar sus cuentas: más recortes de plantillas, sedes y gastos (en ABC y El Mundo), ventas de inmuebles (ABC vende su sede), subidas de precio (los domingos, el ABC cuesta ya 3 euros) y, sobre todo, ventas de los canales de TV que les quedan. Prisa vendió en 2015 Digital+ a Telefónica (724 millones) y este año intentarán vender o alquilar sus canales ABC (Veo TV, alquilado ahora a Disney Channel) y El Mundo (Net TV tiene dos canales, uno alquilado a Discovery y el otro, que tenía 13TV, acaba de ser alquilado a Mediapro por 3,5 millones, para lanzar un canal deportivo en abierto). Otra vía de ingresos son las promociones, seguir ofreciendo ofertas con los periódicos que no se venden. Y queda la última, una fusión in extremis, a la que se resisten ABC y El Mundo (en Italia acaban de fusionarse las  editoras de La Stampa y La Repubblica).

El mayor reto de la prensa escrita es sobrevivir en un mundo donde ya nadie quiere pagar por las noticias y donde la publicidad se va del papel a las ediciones online. Los medios más prestigiosos del mundo tratan de cobrar por sus noticias, pero en España nadie se atreve a dar el primer paso y las ventas en papel siguen cayendo estrepitosamente (un 15% El País, un 10% el Mundo, un 8% el ABC). Y así, con unas cuentas medio quebradas y dependiendo de los bancos y del Gobierno (publicidad institucional), es difícil ofrecer periódicos de calidad e independientes. Mientras, el “duopolio televisivo”  tiene un poder creciente, para imponer cada vez más anuncios y una “programación basura”, que sólo busca audiencia fácil y barata. Y donde la información es sólo “una moneda de cambio” y un espectáculo.

Así las cosas, tenemos un problema como ciudadanos: los medios de comunicación son demasiado débiles (o demasiado fuertes, las TV) como para ofrecernos una información de calidad e independiente. Y así, es difícil formarse opinión y consolidar una sociedad más justa y más libre. Sólo hay un camino: pagar por una información mejor. Pero la mayoría no está por la labor. Sabemos que la comida, la gasolina, la luz o el teléfono hay que pagarlos, pero ya nos hemos acostumbrado que la información no. Y el resultado está a la vista: la prensa y la TV son penosos, desinforman y deforman. La información es muy importante y hay que pagarla. Hay que promover y apoyar medios de pago, independientes y de calidad. De lo contrario, leeremos, oiremos y veremos gratis, pero serán información y ocio lamentables. Lo barato es caro.

lunes, 17 de marzo de 2014

El Gobierno tiene "cogidos" a los medios


Los medios de comunicación siguen en crisis y muy revueltos, mientras la información es cada vez más favorable al Gobierno. El problema es que siguen medio quebrados y el Gobierno les tiene “cogidos” por tres vías. Una, el futuro de los 9 canales de TV privada que el Supremo obligó a cerrar hace 16 meses: el Gobierno les prometió que se lo arreglaría, lo que les ha tenido “sumisos”, aunque la patronal de TV privadas ha hecho un plante de protesta, dimitiendo en bloque. Dos, las inspecciones que les ha abierto Hacienda (más de 77 millones). Y tres, las inspecciones y multas a las TV privadas por publicidad excesiva y contenidos. Entre tanto, Prisa (El País, la SER) agrava sus pérdidas, mientras entran como socios bancos y Telefónica, que quiere comprar Canal+. Y cambian los directores en El Mundo y El País. Una movida que traduce en medios menos críticos. Lean aquí lo que no nos cuentan.
 
enrique ortega

La gran batalla de la comunicación ahora es qué va a pasar con los 9 canales de la TDT que explotan las TV privadas y que el Supremo obligó a cerrar en 2012. La historia se remonta a julio 2010 cuando el Gobierno Zapatero decide conceder esos nuevos canales a las cuatro TV privadas autorizadas por Aznar en noviembre 2000. Un recurso de una productora consigue que el Supremo decida, en noviembre 2012, que esa concesión  es ilegal, porque se hizo sin concurso, y obliga a cerrarlos. El Gobierno Rajoy, en marzo de 2013, acata la sentencia pero autoriza a que sigan funcionando hasta que se resuelva el tema del dividendo digital (dejar libres estos canales para que las telecos los utilicen para ofrecer telefonía móvil 4G, algo que debería haberse hecho el 1 de enero 2014). Mientras, la vicepresidenta Sáez de Santamaría promete a las privadas que “les solucionará el problema”, sugiriendo que sacarán a subasta nuevos canales. Y las TV privadas se lo agradecen con una política informativa más pro-gubernamental. Pero el 18 de diciembre 2013, otro auto del Supremo confirma la primera sentencia y concreta el cierre de los 9 canales: 3 de Mediaset (Tele5), 2 de Atresmedia (Antena 3), 2 de Net TV (Vocento-ABC) y 2 de Veo TV (Unedisa-El Mundo). Y el 22 de febrero 2014, desestima los últimos recursos de las TV privadas: hay que cerrar esos canales ya.

La patronal de las TV privadas se siente “engañada” por el Gobierno (no les ha arreglado su problema, a pesar de sus cantos a la “recuperación” económica) y decide, el 6 de marzo, una medida insólita: dimitir en bloque la directiva de UTECA, presidida por el editor Lara (Antena 3, la Sexta y La Razón). Argumentan que tienen paralizadas inversiones y contenidos y que cerrar esos canales “atenta a la libertad de expresión”. Sobre todo atenta a su audiencia y a su publicidad: menos canales, menos ingresos. Y con la caída de la publicidad en TV     (-6,2% en 2013), no se pueden perder canales. Aunque las dos grandes TV privadas controlan el mercado, tras la decisión de ZP de quitar la publicidad a TVE en 2010: Mediaset (Tele5, Cuatro, más otros 6 canales) y Atresmedia (Antena 3, la Sexta, más 5 canales) controlaron el 86,3% de toda la publicidad en TV en 2013 (y el 95,56% de las TV privadas), según Infoadex. Un duopolio televisivo que no se da en ningún otro país: en Francia, Alemania o Gran Bretaña, las dos primeras TV controlan del 60 al 77% de la publicidad televisiva.

Los 9 canales de TDT amenazados de cierre no son sólo importantes para Mediaset y Atresmedia. Quizás son más decisivos para las otras dos TV privadas, que tienen cuatro canales cada una: Veo TV (propiedad de Unedisa, grupo dueño de El Mundo, Expansión y Marca) y Net TV (Grupo Vocento, editor de ABC y muchos periódicos regionales). Veo TV fracasó como empresa televisiva (tuvo que cerrar VeoTV/El Mundo y Marca TV) y se ha dedicado a alquilar sus cuatro canales (20 millones anuales de ingresos), ahora a AXN, Discovery Max, La Tienda en Casa (El Corte Inglés)  y 13 TV, el canal de la Conferencia Episcopal que ha acumulado 25 millones de pérdidas entre 2011 y 2012 (y donde la Iglesia ha metido ya 16 millones de euros en capital y 8 millones en créditos). La otra, Net TV, también tuvo que cerrar su televisión (la 10) y alquilar sus cuatro canales a Disney Channel, Paramount Channel, Ehs y la Tienda en Casa, tras cortar la señal a Intereconomía (“El gato al agua”), un socio de este canal que les ha dejado un agujero de 4,7 millones de euros (su lugar podría ocuparlo el Real Madrid, para emitir en abierto a través de Net TV.

Mientras las TV privadas (más Vocento-ABC y Unedisa-el Mundo) están pendientes de que el Gobierno cumpla la ley y les cierre 9 canales, presionan para conseguir alguna contrapartida. Se habla de un concurso para conceder nuevos canales en abierto, un negocio por el que pujan (no siendo críticos con el Gobierno) todos los medios más la Iglesia, que ha pedido públicamente un canal propio. Entre tanto, Telefónica quiere monopolizar el negocio de la TV de pago (vía Movistar), con la próxima compra a Prisa (El País, la Ser) del 56% de Canal+, donde también Mediaset tiene un 22% (como Telefónica).

Entre tanto, TVE languidece, perdiendo audiencia y millones, tras dos años de recortes de Rajoy (-50% de aportación del Estado): en 2013 habrá perdido 80 millones de euros, tras los  -112,98 perdidos en 2012 (y -50 en 2011). Para 2014 se esperan nuevas pérdidas, mientras busca algunos ingresos por patrocinios (denunciados por las TV privadas) y retrasa recortar más su plantilla (6.500 personas) hasta 2015. Y las TV autonómicas, están en franca retirada, tras el cierre de la TV valenciana y el drástico ERE de Telemadrid (80% de la plantilla): han reducido un 50% su presupuesto en 2013 (de 1.500 millones a 1.000).

Mientras las TV privadas son un negocio redondo (167 millones de beneficio operativo en 2013, un 60% más, de los que 27,5 millones se los han llevado consejeros y ejecutivos, un 29,68 % más que en 2012), la prensa sigue de capa caída: si en 2012, los grandes periódicos perdieron 52 millones (ocho veces más que en 2011), en 2013 habrá sido peor, porque el grupo líder, PRISA, triplicó sus pérdidas: pasó de perder -255 millones (2012) a -648,7 (2013), por culpa sobre todo del agujero de Canal+. El País, diario líder, perdió -2 millones y la Ser otros -7,7 millones. El enorme peso de la deuda de Prisa (3.227 millones) le ha obligado a pactar con Santander, La Caixa y Telefónica (la Santísima Trinidad del poder económico) la entrada en el accionariado, lo que ya se nota en la línea editorial (temas económicos) y ha propiciado un giro al centro de Prisa, con cambio del director de El País.

También El Mundo ha cambiado su director, jubilando a Pedro J, tras perder ventas y cerrar 2013 con una pérdidas de -59 millones, mucho menores a las de 2012 (-526 millones). En el Grupo Vocento, también han rebajado pérdidas, a -15,13 millones en 2013, aunque necesitó  en febrero un préstamo de los socios de 175 millones para resolver graves problemas de tesorería. Ahora, ABC (que alcanzó beneficio operativo, con ligeras pérdidas netas) busca superar en ventas al Mundo (en diciembre estaba a 1.483 ejemplares de diferencia, frente a 97.949 en 2007) y ser el segundo periódico del país, lo que aumentaría sus ingresos publicitarios. Eso hundiría la recuperación de El Mundo y le forzaría a salvarse mediante una fusión con La Razón (que también pierde, unos 2 millones), para ser el gran periódico de la derecha, controlado por Lara (que tiene La Razón, Antena 3 y La Sexta, más Onda Cero).

En medio de estas movidas, el Gobierno tiene otras dos vías de presionar a los medios. Una, las inspecciones de Hacienda, que ha sugerido en ocasiones el propio Montoro. Según las cuentas enviadas a la CNMV, los principales grupos de comunicación tienen levantadas actas por Hacienda: Mediaset (9,02 millones de euros), Atresmedia (6,9 millones), Prisa (48 millones y 10 litigios hasta finales 2012) y Vocento (5,06 millones). Y la otra, las sanciones por contenidos impropios en determinados horarios y, sobre todo, por abusos en la publicidad: aquí, el líder en multas es Mediaset, que se llevó el 82% de los 3,3 millones de multas impuestas en 2012. Ahora, esta vigilancia ha pasado de Industria a Economía (de Guindos) y la nueva Comisión de la Competencia (CNMC) ya ha creado incluso una subdirección para vigilar a las televisiones privadas (contenidos, publicidad y abusos fusionadas).

En contrapartida, el Gobierno, ha querido tener “un detalle” con los medios, en la reciente Ley de Propiedad Intelectual: ha  implantado una tasa Google por los contenidos que incluye en su agregador, que les ha llenado de alegría. Pero no parece que vaya a suponerles muchos ingresos: ningún país de Europa, incluso con leyes ad hoc, ha conseguido que Google pague una tasa a los editores, sólo que les aporte cantidades puntuales, como ayudas y publicidad.

Al final, el balance de la crisis de los medios en España, por la caída de la publicidad  (a la mitad desde 2007) y de las ventas (un -25%), es aterrador: han cerrado 284 medios y se han perdido 11.151 empleos entre 2008 y 2013, según la Asociación de la Prensa (APM). Han caído 182 revistas, 31 diarios (3 en 2013), 29 TV, 9 radios (Punto Radio en 2013), 20 medios digitales, 11 publicaciones gratuitas y 2 agencias de noticias. Y lo que ha quedado, tras ERES sin fin y pérdida de calidad, está endeudado, con pocos recursos y una política informativa centrada en los resultados, la Bolsa y las buenas relaciones con el poder (económico y político). Así nos va: cada vez nos informan menos y nos informan peor, con una sospechosa unanimidad mediática para que nos creamos la tísica recuperación económica.

Los medios de comunicación siguen mal económicamente : sin independencia económica no hay independencia informativa. Y no acaban de afrontar el reto de Internet. Al final, el poder (económico y político) se aprovecha de esta debilidad, para condicionar sus ayudas a cambio de apoyar Gobiernos e ideologías. Los medios al servicio de los intereses del 1%. Y los lectores, oyentes y telespectadores lo notamos. Pero no hay casi alternativa. Porque Internet parece libre, pero le faltan medios, rigor, calidad e influencia. Así que estamos más desinformados que nunca. Y eso perjudica seriamente a nuestra democracia.