Europa es un continente con un alto nivel de vida pero también tiene muchas personas en situación vulnerable: en 2024, 93,3 millones de personas en la UE estaban en riesgo de pobreza o exclusión social, el 21,0% de la población (tasa AROPE), según Eurostat. Un dato que incluye los europeos que sufren una de estos tres situaciones: pobreza monetaria (ingresar menos del 60% de la renta media de cada país UE), carencia material severa (problemas para comer adecuadamente, afrontar gastos o mantener la vivienda a una temperatura adecuada) o bajo nivel de empleo (trabajar menos del 20% potencial). De 2025 no hay todavía datos europeos, pero sí de España: el porcentaje de españoles en riesgo de pobreza o exclusión social fue del 25,7%, según el INE, bajando sólo una décima respecto a 2024 (25,8%, cuando éramos el 4º país UE con más riesgo de pobreza, tras Bulgaria, Rumanía y Grecia). Pero como ha crecido la población española en 2025 (+ 442.428 habitantes), ahora hay más españoles en riesgo de pobreza (12.739.676 personas) que en 2024 (12.675.100).
Y sobre todo el Ingreso Mínimo Vital (IMV), que puso
en marcha el Gobierno Sánchez en
junio de 2020. Inicialmente avanzó muy lentamente, por un exceso de
requisitos y burocracia, pero en diciembre de 2025 llegaba
ya a 799.553 hogares (+125.824 que en 2024), donde viven 2.441.647
beneficiarios, que reciben una ayuda mensual de 483 euros (mayor si hay
menores), que subirá +11,4% este año. Pero la introducción de este IMV ha
provocado que 13 autonomías hayan reducido sus ayudas, las rentas mínimas,
según
un estudio de los Directores y Gerentes de Servicios Sociales: en 2024 las
recibían 532.070 beneficiarios, 263.791 menos que en 2020, debido a que
13 autonomías gastan ahora 398 millones menos en esas ayudas, sobre todo Madrid
(-95%), Aragón (-92,6%), Castilla la Mancha (-88,2%), Castilla y León (-80,7%)
y Andalucía (-79,8%).