Queda hasta finales de junio para presentar la
declaración de la Renta, por los ingresos de 2025. Este año, aumentan
los contribuyentes que les sale a pagar (+1,64 millones que en 2025)
y además pagarán más (+5.535 millones), porque hay más gente trabajando
y han subido los sueldos, dividendos y plusvalías de Bolsa y de la venta de
viviendas. También porque Hacienda no descuenta la inflación en tramos y tipos.
La Renta se consolida como el principal impuesto (43,78%
de la recaudación) y la pagan sobre
todo los que viven de un trabajo o pensión, principalmente las clases
medias y medias altas. Con todo, no es verdad que “vivamos en un infierno
fiscal”, como reitera Feijóo: el porcentaje del salario bruto que se
llevan impuestos y cotizaciones es mayor que en la OCDE pero menor que en
Alemania, Francia e Italia. Y España sigue recaudando porcentualmente menos
que Europa. Por eso, si queremos mejorar los servicios públicos, algunos
(los más ricos, inversores y empresas) tendrán que pagar más. 
Enrique Ortega
Esta primavera de 2026, Hacienda espera recibir 25.251.000 declaraciones
de la Renta (IRPF) por los ingresos que tuvimos en 2025, un +2,1%
que en 2025. La novedad es que bajan las declaraciones negativas,
con derecho a devolución (serán 15.706.000 declaraciones, 1,36 millones
menos que el año pasado, -1,8%) y suben mucho las declaraciones
positivas, en las que sale a pagar: se esperan 7.709.000 declaraciones,
1,64 millones más que en 2025 (+10,3%). Las
razones son varias: hay más gente viviendo y trabajando en España y a
muchos de estos declarantes les han subido los sueldos y en algunos
casos, los dividendos que perciben (+12,7% en 2025) y las
plusvalías por la subida de la Bolsa (+49,27% en 2025) y por la venta
de viviendas (que subieron el 12,7%). Ahora lo que se paga con la
declaración no es todo el IRPF, sino la parte que “queda pendiente”
tras las retenciones mensuales en 2025, con lo que el pago neto de los
contribuyentes (pago positivas menos ingreso negativas) será un saldo
positivo para Hacienda de 11.357 millones (19.093 el año pasado).
La declaración del IRPF de este año tiene pocas
novedades fiscales, salvo las deducciones por obras en viviendas
para reducir el consumo energético, así como por la compra de vehículos
eléctricos o por instalación de postes de recarga, más la deducción (hasta 340
euros) para los que ganen menos de 18.276 euros y los ajustes a los que ganan
el salario mínimo (SMI). Eso sí, hay que destacar que Hacienda
enviará este año 3,5 millones de “avisos”
preventivos para alertar de sus obligaciones fiscales a los que tienen
criptomonedas (1,2 millones de avisos), a los que obtienen rentas en el
extranjero, a los que venden cantidades destacadas en plataformas
digitales (como Wallapop o Vinted: 437.000 avisos más) o los que tienen un
piso en alquiler no declarado (avisos a 867.000 propietarios…).
Las mayores novedades de la Renta siguen estando en la
mitad que gestionan las autonomías. Sigue habiendo una
gran diferencia regional en el tipo mínimo (9,5%), que
sólo mantienen Andalucía, Aragón, Castilla la Mancha, Cataluña y Murcia) y que
han rebajado el resto, mientras el tipo máximo autonómico (24,5%) lo
mantiene sólo Cantabria, subiéndolo 8 autonomías (Aragón, Asturias, Baleares,
Canarias, Cataluña, Extremadura, la Rioja y Comunidad Valenciana, con el tipo
más alto, 29,5%) y bajándolo otras 6 (Castilla y León, Galicia, Castilla la
Mancha, Murcia, Andalucía y Madrid, con el tipo máximo más bajo, 20,5%). Tipos
que se suman al tipo mínimo (9,5%) y máximo (24,5%) estatal.
Además de que las autonomías compiten entre ellas
con unos tipos del IRPF al alza o a la baja, también difieren en las
deducciones que aplican, muy diferentes entre ellas. En esta
declaración a presentar en 2026, hay
deducciones autonómicas muy llamativas: un 15% de la cuota del
gimnasio, con 100 euros máximo (Andalucía y Murcia), un porcentaje del
gasto veterinario en mascotas (Andalucía y Murcia), a los celíacos
(Asturias), por gastos en dentistas (hasta 150 euros de deducción) y oculistas,
así como por estudios musicales, hasta 150 euros (las 3 deducciones en
la Comunidad Valenciana), ayuda para material escolar (Galicia),para
gastos de guardería o mudanza entre islas (Canarias), por ahorro
para previsión social (País Vasco) o para compra de vivienda (Castilla la
Mancha), para compensar los gastos de una ocupación de vivienda (en
Baleares), para bonificar los trabajos en el campo de nuevos residentes
(La Rioja) o para incentivar a los que vengan de otras regiones (una
deducción nueva este año en Extremadura y Cantabria).
Con tipos autonómicos distintos y diferentes deducciones, los
españoles pagan un IRPF diferente según donde vivan, según
demuestra este estudio de los economistas asesores fiscales (REAF). Un soltero
sin hijos que ingrese 20.000 euros pagará de Renta 1.772 euros al
año en todas las regiones, salvo en Navarra (1.200 euros) y País Vasco (0
euros).Si gana 30.000 euros, la horquilla varía entre 4.958 euros que
paga en Cataluña (4.926 en Castilla la Mancha) y 4.495 en el País Vasco, 4.582
en Navarra y 4.598 en Madrid. Para 45.000 euros, vuelve a ser Cataluña
donde más de paga (9.684 euros), seguida por Extremadura (9.653) y menos en el
País Vasco (8.626) y Madrid (8.881). Para 70.000 euros de ingresos, el
mayor pago hay que hacerlo en Extremadura (19.365 euros) y Cataluña (19.097),
siendo el menor en el País Vasco (34.724) y Madrid (35.000 euros). Y a
partir de 110.000 euros de ingresos anuales, el reparto se repite: pagan
más los contribuyentes (ricos) que viven en la Comunidad Valenciana
y los
que menos quienes viven en Madrid (ahí, “los más ricos”
pagan de Renta entre 7.000 y 46.000 euros menos que en la Comunidad Valenciana:
ver
cuadro).
El IRPF se consolida en España como el primer
impuesto, la mayor fuente de ingresos tributarios: en
2025, Hacienda recaudó con la Renta 142.466 millones de euros,
casi la mitad (el 43,78%) de toda la recaudación fiscal en España (325.356
millones), un peso que ha ido en aumento tras la pandemia (el IRPF suponía el
40,83% de toda la recaudación en 2019). Y la recaudación por Renta ha
crecido un +64% desde 2019 (cuando ingresó 86.892 millones), el 2º
mayor aumento de ingresos de todos los impuestos, sólo por detrás del impuesto
de Sociedades (cuya recaudación ha crecido un +78% desde 2019 porque entonces
las empresas pagaban muchos menos impuestos y ahora ganan más). Muy
lejos del IRPF quedan la recaudación del IVA (99.532 millones en
2025), la de Sociedades (42.266 millones) y los impuestos especiales
(23.083 millones por carburantes, tabaco y alcohol), los 4 principales
impuestos que pagamos cada día y cada año.
Este fuerte
tirón de la recaudación por el IRPF
tras la pandemia se debe a varios factores: más población residente y trabajando
(+2.496.400 ocupados que en 2019), con mayores sueldos (han subido
+16,66% en estos 6 años) y con unos ingresos extras para muchos
declarantes que ahorran e invierten (generando plusvalías), desde los que
cobran dividendos (42.671
millones cobrados en 2025, la cifra máxima en once años) a los que invierten
en Bolsa (2,4 millones de familias, el
12% de los hogares) o los que compraron una vivienda y la han venido
(+62%
ha subido desde 2019) o alquilado (+47% subieron los alquileres).
Todo ello explica que la recaudación por IRPF se haya disparado tras la
pandemia y especialmente en 2025 (+10,1%), lo que ha aumentado las
declaraciones positivas este año.
Hacienda rechaza deflactar la tarifa, argumentando
que esa medida “favorece más a los más ricos” y que las medidas fiscales
adoptadas en los últimos años por el Gobierno han rebajado más a las rentas
bajas que deflactarles la tarifa. En cualquier caso, los expertos de AIReF estiman
que Hacienda
recauda 10.000 millones “extras” al año por no deflactar la tarifa de la
Renta, algo que pagamos todos, pero unos más que otros. Así, un
declarante que ingresa 25.000 euros paga un extra por no deflactar la
tarifa de 250 euros (Extremadura) a 263 euros el año (Comunidad
Valenciana). Uno que declara 30.000, paga de más entre 337 euros
(Madrid) y 352 (Extremadura). Uno que ingresa 45.000 paga un
extra de 522 euros (Madrid) a 533 (Extremadura). Quien ingrese 75.000
euros, paga entre 750 euros de más (Baleares) y 769
(Comunidad Valenciana). Y los contribuyentes de 400.000 euros pagan extra
entre 2.134 euros (Madrid) y 2.163 euros (Comunidad Valenciana). Como
se ve, hay grandes diferencias.
Un problema que tiene el IRPF, frente a otros
impuestos, es que la mayoría lo pagan los que viven de un sueldo a de una
pensión, (el
90,8 % de todas las declaraciones son de rendimientos del trabajo). que
además son los más fáciles de controlar por Hacienda que los ingresos que
declaran los que tienen ahorros o inversiones (lo incorporan el 40% de las
declaraciones), los que obtienen ingresos de inmuebles (otro 38% declaraciones)
y los que declaran actividades económicas (empresarios y autónomos, 12,5%
declaraciones). Y muchas de las personas con grandes patrimonios no
declaran en el IRPF, porque utilizan sociedades e intermediarias
(SICAV) para canalizar sus pagos fiscales (reducidos).
Con todo, los que declaramos en el IRPF pagamos más cada
año, por esos mayores ingresos que no notamos por la inflación. Así, el
tipo medio de las declaraciones ha saltado del 12,7% de media
sobre ingresos que pagábamos en 2019 al 14,4% en 2024 y al 16,2% de 2025,
según
la Agencia Tributaria. Un pago de la Renta que recae sobre todo sobre
las personas de ingresos medios y medios altos, según
los últimos datos de Hacienda, de la Declaración de 2023: los que
declaran ingresos entre 30.000 y 60.000 euros (22,02% declarantes) pagan
el 37,54% del IRPF, una media de 8.370 euros por declarante. Y los
contribuyentes que ganan entre 60.000 y 150.000 euros (el 4,88% del total)
pagan el 24,19% del IRPF, 24.317 euros de media. Así que entre ambos grupos (de
30.000 a 150.000 euros, el 26,9% de declarantes) pagan casi dos tercios del
IRPF. Y la mayoría de contribuyentes, los que ingresan menos
de 30.000 euros (el 67% de declarantes) pagan sólo el 20,31% del IRPF,
una media de 190 a 3.761 euros. Y la
minoría que gana más de 150.000 euros (175.665 contribuyentes, el 0,73%
del total) pagan el 17,97% del IRPF, entre 81.586 y 543.472 euros…
Visto así, queda claro que en el IRPF pagan más los que
más tienen. Pero estos datos esconden un grave problema, nuestros
impuestos en general no son “progresivos” ni “justos”, algo que ya
piensan la mayoría de los españoles (españoles (el 78,9% no se creen que en
España pague más impuestos quien más tiene, según
la última Encuesta del CIS). Una experta
recordaba los datos de Fedea: el 1% más rico paga de impuestos el
25% de sus ingresos mientras los hogares más pobres pagan el 30% y las clases
medias destinan el 40% de sus ingresos a pagar impuestos. Eso pasa porque
el actual sistema fiscal penaliza más los ingresos del trabajo
(pagan un 30% los salarios hasta 25.000 euros) que los ingresos del
capital (hasta el 28% pagan dividendos y plusvalías).Y a que los más
ricos utilizan empresas e “ingeniería fiscal” para pagar
menos “legalmente”…
Otro mito que circula en el imaginario popular
es que “en España pagamos más impuestos que en otros paises”, una idea
agravada con la última consigna de Núñez Feijóo: “España
es un infierno fiscal”. Algo que es
sencillamente mentira: la presión fiscal en España en 2024 (ingresos
tributarios más cotizaciones sociales) es del 37,3% del PIB, lejos de la
media de la UE-27, que es el 40,4%, según Eurostat. Y si
miramos “la
cuña fiscal”, el porcentaje del salario bruto que pierden los
trabajadores tras el pago de impuestos y cotizaciones, es en España el
41,4%, más que la media de la OCDE (35,1%), pero menos de lo que pierden los
trabajadores de Alemania (49,3%), Francia (47,2%), Italia (45,8%) o Bélgica
(52,5%).
Lo que sí es preocupante para España, aunque nunca
lo diga Núñez Feijóo, es que recaudemos muchos menos ingresos que
otros paises en relación a nuestro PIB, algo que pasaba hace una década
(40% del PIB entre 2017 y 2021, frente al 46,3% que recaudaba la UE-21) y
que pasa ahora: España recaudó en 2025 una cifra récord, pero suponía el
42,8% del PIB, otro año por debajo de la UE-27
(recaudó el 46,3% del PIB), de Alemania (47,5% del PIB), Francia (52%
del PIB) e Italia (47,6% del PIB). Eso significa, a lo claro, que en
2025 recaudamos 59.000 millones menos que la media europea, un dinero que
nos hubiera venido muy bien para mejorar la sanidad, educación, Dependencia o
los servicios públicos.
Estas fechas en que nos toca el mal trago de presentar la
declaración de la renta (pagar impuestos lo hacemos todo el año), es buen
momento para hacer una reflexión: necesitamos
recaudar más, homologarnos con Europa, para reforzar el Estado del
Bienestar, desde la sanidad (un trasplante de corazón cuesta 90.000 euros) a la
educación pasando por la Dependencia, las ayudas sociales, la vivienda, las
infraestructuras (desde vías de tren a carreteras), los servicios públicos y emergencias…,
tantas y tantas cosas que necesitan recursos y personal.
Ojo, no se trata de
pagar más impuestos la mayoría que ya los pagamos, sino que paguen más
los que pagan poco: grandes empresas (un
tercio de nuestras multinacionales pagan un tipo efectivo inferior al 15%,
menos que un trabajador en el IRPF), multinacionales y grandes patrimonios
(los más ricos). Y reducir las vías de fraude fiscal, “legales” o
ilegales (economía sumergida). Además, Bruselas
nos recomienda aprobar una reforma fiscal (imposible hace décadas) que reduzca los tipos reducidos del IVA, suprima
deducciones en Renta y Sociedades y aumente los “impuestos verdes”
(llevamos años sin cumplir la exigencia de subir impuestos al gasóleo). Sólo
así recaudaremos más, de una forma más justa, y podremos mejorar
los servicios públicos. No bajando impuestos.