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jueves, 7 de mayo de 2026

Demasiadas horas extras gratis

En el primer trimestre de 2026, los trabajadores hicieron 5,9 millones de horas extraordinarias a la semana y casi la mitad las han hecho “gratis” (2,5 millones semanales). Este “abuso” de muchas empresas supone una pérdida anual de 3.243 millones para los trabajadores que no las cobran (2.468 millones) y para la Seguridad Social (775 millones perdidos en cotizaciones). Además, sin estas horas extras, podrían crearse 160.000 empleos. El exceso de horas extras viene de lejos y aumentan las no pagadas, aunque las empresas están obligadas al control horario desde 2019. Ahora, Trabajo quiere imponer con un Reglamento (para evitar convalidar un Decreto en el Congreso) el registro horario digital, al que tengan acceso la inspección de trabajo y los sindicatos, pero la patronal se opone. Y hay un dictamen desfavorable del Consejo de Estado, porque cree que debe hacerse por Ley y dar más tiempo a las pymes para adaptarse. El vicepresidente económico también quiere flexibilizar este control horario digital y dar 1 año para aplicarlo (no 20 días). La batalla está en el seno del Gobierno.

    

                            Enrique Ortega

En España hay una larga tradición de “hacer horas extras”, como en toda la Europa del sur. Es una fórmula para que los trabajadores “redondeen” sus ingresos (como el pluriempleo) y las empresas se ahorren “costes” (sobre todo cotizaciones sociales), con lo que ambas partes “colaboran” muchas veces en promoverlas. Eso aumenta, de hecho, la jornada laboral efectiva. Así, la jornada media pactada en 2025 (4º trimestre) era de 151,7 horas al mes (37,92 horas semanales), según el INE, pero casi la mitad de los ocupados trabajan más de 40 horas semanales efectivas: 9,33 millones (el 41,8% de los ocupados) trabajan de 40 a 49 horas semanales y otros 1,20 millones (el 5,4% del total) trabajan incluso más de 50 horas a la semana, según la EPA de marzo. Los que trabajan jornadas más largas son los jóvenes (el 55% tienen entre 25 y 34 años) y los empleados en hostelería, comercio, construcción y algunas industrias, sobre todo en Madrid, Baleares, Canarias, Cantabria y Galicia.

La jornada real de trabajo supera en muchos casos las 40 horas  porque, tras los drásticos recortes de plantillas entre 2009 y 2014, las empresas impusieron jornadas más largas a los trabajadores (gracias a la reforma laboral de 2012), sobre todo por el aumento de las ventas y el consumo tras la pandemia, obligando a hacer más horas extras. En los años de bonanza económica se llegó al récord de horas extras: 10,2 millones a la semana en el primer trimestre de 2008, según el INE. Pero luego estalló la crisis financiera y las empresas recortaron horas extras, bajándolas a la mitad, hasta un mínimo de 4,5 millones de horas extras semanales en el verano de 2012. A partir de ahí, la reforma laboral aprobada por Rajoy dio “amplios poderes” a los empresarios para fijar la jornada y las horas extras, que empezaron a subir: 6,5 millones de horas extras semanales en la primavera de 2015, 6,8 millones en el verano de 2018 y un récord de 7 millones de horas extras semanales a finales de 2024. Eso sí, en 2025 bajaron a 6,67 millones en el 4º trimestre y han vuelto a bajar a 5,89 millones en marzo de 2026, según la última EPA. Pero son casi tantas como en 2019 (6 millones semanales).

Lo llamativo no es sólo el elevado número de horas extras a la semana, sino que casi la mitad de las horas extras no se pagan. Y que este porcentaje de horas “gratis” crece año tras año. A finales de 2019 no se pagaban el 41,9% de las horas extras, concretamente 2.500.700 horas semanales que se hicieron gratis, según la EPA. Un porcentaje de horas impagadas mayor que el de antes de la crisis, ya que en 2008 no se pagaban el 40% de las horas. Y su peso se ha mantenido después de la pandemia, suponiendo las horas gratis el 41,4% de las horas extras a finales de 2025 (2.767.300), aumentando su peso en el primer trimestre de 2026: 2.508.200 horas extras semanales gratis, el 42,5% del total de horas extras.

En 2025, casi un millón de trabajadores (945.000, el 5% de todos los asalariados) hicieron horas extras, según este informe de CCOO. Y de ellos, casi la mitad, 441.000 trabajadores hicieron horas extras semanales gratis, cada uno una media de 5,6 horas semanales sin cobrarlas. Esto supone un coste laboral no abonado por las empresas de 141 euros semanales por trabajador, un “ahorro” de 7.355 euros anuales por trabajador entre salarios y cotizaciones. Eso supone, según el estudio de CCOO, que las horas extras hechas y no pagadas supusieron una pérdida de 3.243 millones para los trabajadores (2.468 millones, por las horas no cobradas) y para la Seguridad Social (775 millones en cotizaciones no cobradas). Pero lo más grave es que estas horas extras hechas impidieron que las empresas contrataran más trabajadores: se estima que si no se hicieran esas 2,5 millones de horas extras semanales, las empresas necesitarían contratar a 160.000 trabajadores a jornada completa (62.000 de ellos serían los empleos que podrían crearse si no se hicieran horas extras gratis).

En el primer trimestre de 2026, de las 2,5 millones de horas extras semanales gratis, más de la mitad las hicieron hombres (1.451.100), siendo menos las hechas por mujeres (1.057.000). Por sectores, el mayor número de horas extras se da en la sanidad (858.600 horas extras semanales), la industria manufacturera (825.500), la educación (634.500), el comercio (590.300), la hostelería (527.500), el transporte y almacenamiento (403.300), las actividades profesionales, científicas y técnicas (359.900), la Administración Pública (323.600), la construcción (295.900), las actividades administrativas y auxiliares (270.600), finanzas y seguros (265.300) y telecomunicaciones, informática y consultoría (107.600 horas extras semanales).Pero si miramos los sectores que hacen más horas extras gratis, el ranking cambia: lo lidera la educación (504.800 horas extras semanales gratis, 4 veces las horas pagadas), seguida por las actividades profesionales (296.100 horas extras gratis, 5 veces las horas pagadas), la industria (283.500), el comercio (240.100), finanzas y seguros (189.000) , hostelería (171.000), transportes (154.800) y Administración Pública (151.400).

Si analizamos los sectores con mayor porcentaje de trabajadores que hicieron horas extras gratis en 2025, destacan el suministro de electricidad y gas (el 5,6% de sus trabajadores hicieron horas extras no pagadas, frente al 2,3% en el conjunto de España), finanzas y seguros (también el 5,6% de sus plantillas), educación y actividades profesionales, científicas y técnicas (el 4,6% de los trabajadores en ambos) e información y comunicaciones (el 4% de las plantillas). Si observamos por autonomías, destacan las horas extras gratis en Madrid (el 3,4% de trabajadores hacen 582.000 horas extras no pagadas a la semana), Asturias (3%), País Vasco (2,8%), Cataluña (2,7% trabajadores hacen 495.000 horas extras gratis a la semana) y la Comunidad Valenciana (2,6% de las plantillas hacen 290.000 horas extras gratis).

Esta abultada cifra de horas extras, pagadas y gratis, se mantiene elevada en los últimos años (aunque bajó en 2025 y 2026), a pesar de que el Gobierno aprobó la obligación a las empresas, desde el 12 de mayo de 2019, de llevar un registro horario de la entrada y salida de sus trabajadores, medida aprobada con el apoyo legal del Tribunal de Justicia europeo. Esa normativa, pactada sólo con los sindicatos (la patronal se opuso) fue aprobada en el Congreso con el apoyo del PSOE y Podemos, la abstención de Ciudadanos y el voto en contra del PP. Obligaba a las empresas a llevar un registro diario de cada jornada (que debe guardarse 4 años), a disposición del trabajador, los sindicatos y la inspección de Trabajo, con sanciones a las empresas incumplidoras de 626 hasta 6.250 euros.

Pasados 7 años, el exceso de horas extras (pagadas y no pagadas) indica claramente que este control horario no ha funcionado, como denuncian los sindicatos. De hecho, el 35% de las pymes siguen haciendo el fichaje de cada jornada “a mano” (sin control digital). Y 1 de cada 5 trabajadores afirma que en su empresa no se ha implantado ningún control horario, según el informe IRSOS. Por todo esto, el Gobierno quiso “endurecer el control horario”, incluyéndolo primero en su proyecto de Ley de reducción de la jornada a 37,5 horas, aprobado en mayo de 2025, tras pactarlo con los sindicatos y el rechazo de la patronal. Pero este proyecto chocó con una enmienda a la totalidad de Junts, en junio de 2025, que triunfó en el Parlamento en septiembre, apoyada por PP y Vox.

Cerrado el paso al control horario al decaer la Ley que promovía las 37,5 horas, Trabajo puso en marcha un “Plan B”: aprobar un Reglamento en febrero de 2026 (que no necesita ser convalidado por el Congreso) para endurecer el control horario en las empresas, obligando a que sea digital y con acceso inmediato a los sindicatos y la inspección de trabajo, además de exigir que se detalle cómo se compensan las horas extras. Eso sí, al no tratarse de una Ley, Trabajo retiró de este Reglamento el aumento previsto de las sanciones a las empresas.

El problema con el que se ha encontrado Trabajo con este Reglamento es que ha recibido críticas de los organismos a los que se ha enviado, preceptivamente, antes de que se apruebe en Consejo de Ministros. Por un lado, el Consejo de Estado ha emitido el 23 de marzo un informe desfavorable, en el que señala que la reforma debería hacerse por Ley y donde critica la carga que supone para las pymes y la falta de instrumentos para ayudarlas a implantarlo. También son críticos los informes recibidos de los Ministerios de Economía y Transformación Digital, así como de la Agencia de Protección de Datos. Y aunque los sindicatos apoyan el refuerzo digital de la jornada (para frenar el exceso de horas extras), la patronal CEOE está en contra y amenaza con recurrirlo a los Tribunales, apoyada por el informe del Consejo de Estado (que no es vinculante para el Gobierno).

Ante este nuevo revés, Trabajo señaló que seguirá adelante con el Reglamento de control horario y que lo enviará “pronto” al Consejo de Ministros para su aprobación. “Aunque sea lo último que haga, el registro horario se va a hacer”, señaló Yolanda Díaz en el Congreso el pasado 25 de marzo, recordando que forma parte de los acuerdos del Gobierno de coalición firmado por el PSOE y Sumar en 2023. Pero hay otro problema ahora: la ministra de Trabajo tiene por encima ahora al vicepresidente económico, Carlos Cuerpo, que ha sido contrario tanto al recorte de jornada a 37,5 horas como al control horario que defiende Trabajo. Y él tiene la llave de la Comisión Delegada que decide los temas que van al Consejo de Ministros. Cuerpo está de acuerdo en mejorar el control horario, pero cree que hay que dar más tiempo a las empresas para implantarlo (propone 1 año, frente a los 20 días de Trabajo, que ahora parece dispuesta a ampliar a 6 meses) y además defiende medidas para ayudar a las pymes a incorporar herramientas técnicas para adaptarse al control digital.

Mientras esta “pelea” por el registro horario se aclara en el seno del Gobierno, las empresas afrontan el aumento de la demanda y las ventas con muchas horas extras, que los trabajadores hacen voluntariamente (las pagadas) o forzados (las no pagadas). Pero estamos ante un gran “fraude”, a los trabajadores y a la Seguridad Social, que además reduce la creación de empleo. Por eso, es urgente aprobar un control horario eficaz, que deje claro lo que son horas extras necesarias y lo que son horas extras estructurales, que se hacen para no contratar más. Es un reto de todo el país, porque aunque tenemos un récord de ocupados (hemos superado en abril los 22 millones de afiliados), todavía trabajan en España menos gente que en la mayoría de Europa: tenemos un 72,4% de adultos trabajando, frente al 76,1% en la UE-27 y el 81,8% en Alemania, según Eurostat. A lo claro: tenemos 700.000 personas menos trabajando que la media en Europa y 1.600.000 menos que Alemania. Con este hándicap, es una tremenda injusticia que se hagan tantas horas extras.

lunes, 15 de septiembre de 2025

Otoño incierto: tenemos más problemas

Tras la vuelta de vacaciones, este otoño se presenta muy incierto, con más problemas económicos que antes del verano. Por un lado, Europa ha cerrado con Trump un acuerdo comercial muy negativo, que va a agravar el estancamiento de la economía europea, que apenas creció un 0,1% en el 2º trimestre, con una crisis en Alemania y problemas en Francia e Italia. Además, la incertidumbre ha impedido que baje el Euribor en agosto (y los tipos del BCE en septiembre). Y las locuras de Trump y su abultada deuda debilitan el dólar, fortaleciendo al euro (+13% este año), lo que nos resta competitividad y encarece los productos europeos y el turismo. En España, los problemas de Alemania y Francia más los altos precios y el euro fuerte han frenado en julio el impulso del turismo, el motor de nuestro “milagro económico”, junto a los inmigrantes (atacados dentro y fuera). Así que la polémica coyuntura política, internacional y nacional (extrema polarización) , pone en peligro los logros de la economía española tras la pandemia. Pintan bastos.

                                                                                          Enrique Ortega

El verano nos trajo, además de las olas de calor y los incendios, un pésimo acuerdo comercial entre la Unión Europea y EEEU, presentado en un club de golf de Trump en Escocia el 27 de julio. La Comisión Europea se ha afanado en defender la bondad del acuerdo, porque es mejor aceptar un arancel del 15% que el 30% que nos iba a imponer Trump si no pactábamos. Y añaden que hemos salido “mejor parados” que la mayoría de paises (salvo Reino Unido, que tendrá un arancel del 10%), igual que Japón (15%) y mucho menor que el 35% de Canadá, el 25% de México o el 50% de Brasil e India (ver mapa aranceles), mientras China negocia todavía bajarlo del 30%.

Pero en realidad, el acuerdo arancelario aceptado por Europa es una humillación en toda regla. Básicamente, porque Trump impone un arancel del 15% a la mayor parte de los productos europeos (que ahora pagaban el 1,43% de media) mientras EEUU paga un 0% por vender sus productos en Europa. Eso, traducido en cifras, es escandaloso: de los 850.000 millones de productos europeos exportados a USA en 2024, ahora (desde el 7 de agosto), la mayoría (780.000 millones exportados) pagan aranceles del 15%, lo que tendrá un coste para los europeos de 117.000 millones de euros, un “impuesto” que nos pone Trump para reducir su abultada deuda y bajar impuestos a los norteamericanos (ricos).

Pero hay más concesiones. Una, que a cambio de ponernos sólo un 15% de arancel (no el 30% con que amenazaba), Europa se compromete a comprar a EEUU petróleo, gas y equipamiento nuclear por valor de 700.000 millones de dólares, además de comprarles 40.000 millones en chips y compras millonarias de material militar. Y si Europa no lo hiciera, amenaza Trump, nos subiría los aranceles. Además, EEUU acepta rebajar los aranceles de los coches y piezas del automóvil europeas al 15% (del 35% inicial, ahora en el 27,5%) si Europa abre su mercado a productos norteamericanos agrícolas y pesqueros (alimentos, frutos secos, soja…), que ahora podrán vendernos sin restricciones, una medida que ya ha legislado Bruselas para que los coches europeos sólo paguen un 15% de arancel en USA. Y por si acaso nos sentimos ya “tranquilos”, Trump ha amenazado con incluir también en el futuro una rebaja de la vigilancia sobre los servicios digitales, para forzar a Bruselas a que no controle tanto a las tecnológicas ni les cobre (tasa Google) si no queremos problemas...

Así que Europa ha cedido en casi todo, mientras Trump lanza cada día una nueva amenaza, que alimenta la incertidumbre en las empresas, inversores y paises. Y además, el Tribunal de apelaciones de EEUU acaba de decir que los aranceles de Trump no son legales, aunque permite que sigan en vigor hasta el 14 de octubre. Pero Trump lo va a recurrir ante el Tribunal Supremo USA, donde tiene mayoría conservadora. Así que los aranceles seguirán adelante, dañando la economía internacional y sin que por el momento dañen a los estadounidenses, que los acabarán pagando con más inflación y menos crecimiento a medio plazo. Pero mientras, Trump pretende recaudar millones de dólares del resto del mundo y presentar unos logros que le permitan ganar las elecciones de medio mandato (noviembre 2026).

En consecuencia, desde principios de agosto, los aranceles de Trump dificultan las exportaciones a EEUU del resto del mundo, que pagan una media cercana al 20% (el 50% de aranceles al aluminio y al acero). Eso va a tener una consecuencia inmediata: menos ventas en EEUU y menos comercio mundial, encareciendo la mayoría de los productos y recortando el crecimiento y el empleo. Y también en Europa. En el primer trimestre, tras el anuncio de aranceles el 2 de abril, muchos paises aceleraron las ventas a EEUU, antes de que entraran en vigor. Y eso aumentó las exportaciones europeas y el crecimiento. Pero ahora, cuando los aranceles ya están en vigor, el frenazo económico en la UE será inevitable. De hecho, ya se ha producido: la economía de la UE-27 creció un +0,5% en el primer trimestre de 2025 y después se ha estancado, creciendo sólo un +0,1% en el 2º trimestre, según Eurostat.

Sobre todo lo ha notado Alemania, el país europeo que sale peor parado por los aranceles de Trump, dado que allí van el 10,4% de sus exportaciones: en el 2º trimestre, según Eurostat, la economía alemana ha caído un -0,1% (tras crecer un 0,3% en el primer trimestre), sufriendo sobre todo sus multinacionales del automóvil y numerosas industrias. También ha caído en el 2º trimestre la economía de Italia (-0,1%), otro país que depende mucho de las ventas a USA (el 10,4% de sus exportaciones totales). Y ha tenido menos efecto en Francia, que crece un +0,3% en el 2º trimestre, porque vende menos a EEUU (el 8% de sus exportaciones), aunque es un porcentaje alto, como el de Finlandia (9,7%), Suecia (8,9%) y Austria (8,2%), si bien el país más afectado es Irlanda (el 32% de sus exportaciones van a EEUU). España, de momento, sigue siendo el país que más crece (+0,7% en el 2º trimestre), por una menor dependencia comercial de EEUU (4,6% de nuestras exportaciones), pero nos acabará afectando, sobre todo si el resto de Europa entra en recesión este otoño/invierno.

De momento, la crisis en Alemania y Francia  ya ha retraído el turismo hacia España en los últimos meses, según los datos de pernoctaciones hoteleras del INE. Y en julio, aunque España tuvo un récord histórico de turistas (más de 11 millones), sólo aumentaron un 1,6% sobre 2024 y cayeron los turistas alemanes (-4,8%) y franceses (-3,1%), estancándose los turistas británicos (+0,7%), una tendencia que ha podido repetirse en agosto y que supondría un cierto “freno” del boom turístico, el motor de nuestro crecimiento récord. De hecho, el empleo en España ha cerrado su peor verano en 6 años, con casi 200.000 afiliados menos en agosto.

Otro factor que juega a la contra de Europa (y de España) es la debilidad del dólar, motivada por la errática política de Trump y su abultada deuda (36,2 billones de dólares, el 124% de su PIB), que provoca una revalorización del euro frente al dólar: +13,2% en lo que va de año (el euro cuesta hoy 1,1728 dólares frente a 1,036 a principios de año). Eso significa que todos los productos europeos cuestan en dólares un 13% más, lo que resta competitividad a los productos de la UE y encarece Europa (y España) a los turistas no europeos. Y encima, los expertos apuestan porque Trump siga dejando caer al dólar (para reforzar sus exportaciones), hasta el nivel de 1,20 euros por dólar (casi +16% revalorización), lo que dañaría más a Europa.

Así que lo que antes era una amenaza, la subida de aranceles, es ya una realidad desde el 7 de agosto, y está dañando a las grandes empresas exportadoras europeas, sobre todo al automóvil, los bienes de equipo y maquinaria, el vino, la industria del lujo, la aeronaves, la siderurgia y la industria química y farmacéutica. En el caso de España, el sector más afectado es la industria alimentaria (USA es su 2º gran mercado, tras Europa), el vino (España es el 4º exportador europeo), el aceite (somos el primer exportador europeo a USA), la industria de componentes de automóvil (no exportamos coches a EEUU, pero los coches que exporta el resto de Europa llevan piezas fabricadas en España) y la industria farmacéutica.

Lo más preocupante es que “el bombazo” de los aranceles de Trump pillan a Europa en medio de una profunda crisis política, agravada por los problemas económicos en Alemania y la crisis política en Francia, donde ha caído el primer ministro). La Unión Europea se tiene que plantear a la vez cómo afronta una serie de problemas de futuro: configurar una Defensa europea (con más gasto militar, que pone en peligro otros gastos económicos y sociales), cobrar un mayor protagonismo geoestratégico (los conflictos de Ucrania y Gaza revelan el escaso peso internacional de la UE), configurar una política de inmigración (Europa necesita mano de obra extranjera, pero el auge de la extrema derecha europea fuerza a los paises a posturas xenófobas), una postura más decidida ante la crisis climática (crece el negacionismo en muchos paises y en la Comisión Europea, lo que fuerza a suavizar políticas medioambientales) y, sobre todo, la urgencia de dar un salto adelante en la mejora de la competitividad europea, impulsando la tecnología, la digitalización y la industrialización para competir con USA y China. Cuestiones claves en la que la actual Comisión Europea no avanza, mientras la humilla Trump.

Y en el caso de España, las consecuencias de los aranceles y el menor crecimiento de Europa y el resto del mundo nos van a acabar de hacer daño, rebajando el consumo, las exportaciones y las inversiones (por la incertidumbre), lo que se traducirá, antes o después, en menor crecimiento y menos empleo, después de varios años de “milagro económico” tras la pandemia. La incertidumbre por los aranceles, incluso, ha frenado la bajada del precio del dinero: el Euribor, en agosto, ha subido (al 2,114%), tras 6 meses a la baja. Y el BCE frenó la semana pasada sus rebajas de tipos (siguen en el 2%), por temor a un repunte de la inflación, lo que sigue aumentando el Euribor (2,17% en septiembre), dificultando la rebaja de las futuras hipotecas  (aunque bajará la cuota de las antiguas cuando se revisen).

Por ello, Europa y España deberían aprobar un Plan de choque, como hicieron con la pandemia o la hiperinflación tras la invasión de Ucrania, para afrontar este menor crecimiento y mantener las empresas y el empleo. En Europa, tal medida no parece fácil y ya hay paises como Alemania que hablan de “reducir el Estado del Bienestar” para salir adelante de esta crisis. En España, un acuerdo para reanimar la economía en los próximos meses parece aún más difícil, a la vista de la tremenda polarización política, que impide hasta afrontar juntos los incendios forestales.

Pero si alguna vez hace falta acordar algo es ahora, para afrontar el posible estancamiento económico en Europa y la desaceleración económica en España. Urge aprobar unos Presupuestos que reanimen la economía, con un pacto fiscal que consiga aumentar la recaudación para afrontar el necesario mayor gasto en protección civil ante el cambio climático (incendios, inundaciones, malas cosechas…). La enseñanza de los incendios de este verano es que el Estado (desde la Administración central a las autonomías y Ayuntamientos) sólo puede afrontar las catástrofes con más medios y para eso hace falta gastar más. Y eso pasa por recaudar más, por ingresar más de los que más tienen, lo que exige una reforma fiscal que Europa nos lleva pidiendo décadas. Pero con el actual panorama político, ni Presupuestos ni reforma fiscal ni acuerdos contra la crisis climática.

Las otras dos prioridades económicas de este otoño deberían ser la vivienda y la ejecución de los Fondos Europeos, porque queda menos de un año (hasta agosto de 2026) para comprometer los proyectos pendientes (sólo se han comprometido 53.600 millones de 163.014 que recibiremos, entre subvenciones y créditos), dado que si no se ejecutan se perderán los Fondos UE. Y eso exige también pactar las reformas pendientes, requisito obligado para que llegue el dinero que falta (hemos perdido ya Fondos UE por el rechazo de la derecha y los nacionalistas en el Parlamento a la subida de impuestos al gasóleo exigida por Bruselas). Urgen pactos para terminar las reformas pendientes y para promover la construcción de viviendas, pero ambos parecen imposibles.

Ya lo saben: tenemos problemas, tendremos más en los próximos meses y la solución pasa por acuerdos políticos y económicos para afrontarlos. Pero como esto es imposible, iremos a peor. Y serán los políticos, al menos una parte de ellos, los responsables de que España ponga fin al mejor balance económico de las últimas décadas. Pintan bastos.

lunes, 9 de septiembre de 2024

La economía bien, la política mal

Tras las vacaciones, España afronta un otoño muy complicado, más en los temas políticos que en la economía. Los datos oficiales revelan que hemos superado la triple crisis de la pandemia, la guerra der Ucrania y la hiperinflación, con mejor nota que la mayoría de Europa: crecemos el triple, creamos más empleo (1,7 millones desde 2019) y la inflación ha bajado al 2,2%. Pero mucha gente no nota esta mejora de la economía, porque sus salarios apenas crecen y todo es más caro. Y les agobia pagar un alquiler, el colegio o la universidad y una sanidad privada o una residencia. Y las autonomías piden más recursos, mientras se enquista una reforma de su financiación. Además, persiste el problema de la inmigración ilegal (manipulada por la ultraderecha) y parece imposible que el Gobierno apruebe un Presupuesto para 2025. Al final, la polarización y el enfrentamiento político impiden mejorar la economía y los problemas que preocupan a los españoles. Estamos ante el riesgo de una “Legislatura fallida”. 
  
                            Enrique Ortega

Tras cuatro años y medio de continuas crisis, desde la pandemia a la guerra de Ucrania y la hiperinflación, la economía española parece asentar su recuperación, a juzgar por los datos oficiales. Por un lado, somos el país europeo grande que más crece: +0,8% en el 1º y 2º trimestre de 2024, casi el triple que la zona euro y que la UE-27 (+0,3% de crecimiento los dos primeros trimestres) y también por encima de Francia (+0,3%) o Italia (+0,3% en el primer trimestre y +0,2% en el 2º) y mucho mejor que Alemania (su PIB creció un +0,2% en el primer trimestre y cayó un -0,1% en el 2º), según Eurostat. Y lo mismo pasó en 2021 (España creció un 6,4% y la UE-27 un 6%), en 2022 (+5,8% frente al 3,4%) y en 2023 (un +2,4%, cuatro veces más que el +0,6% UE-27), compensando con creces la mayor caída que sufrimos en 2020 con la pandemia (-11,2% frente a -5,6% de caída en la UE-27). 

Así que ahora (2º trimestre 2024), España crece a una media anual del 2,9%, cuando Europa está estancada y Alemania roza la recesión. La clave del “éxito” económico español está en un fuerte tirón del turismo (que superará este año los 90 millones de visitantes, con un gasto récord de 128.000 millones de euros), en el mantenimiento del consumo de las familias (por la fuerte creación de empleo: +1,7 millones desde 2019, más estable y mejor pagado), en el pulso de las exportaciones, que se mantienen fuertes en los últimos años, a pesar de la caída en 2024 (-2,4%, en España, menos del -3,2% que caen en UE-27) y por el empuje de los Fondos europeos: España ha adjudicado ya el 55% del total asignado (38.604 millones de euros) y puede adjudicar el resto hasta finales 2026.

Además de crecer más que la mayoría, España ha superado también, como el resto de Europa, el grave problema de la hiperinflación: la inflación anual ha bajado al 2,2% en agosto de 2024, según el INE, como la eurozona (2,2%) y muy lejos del 10,5% que subían los precios en agosto de 2022 (tras la guerra de Ucrania y el tirón de los precios de la energía, las materias primas y los alimentos).Y eso, a pesar de unos tipos de interés récord impuestos por el BCE (en el 4,50%, aunque los bajó en junio al 4,25%, todavía el tipo más alto desde 2008), que han encarecido hipotecas y préstamos, debilitando la recuperación más que la inflación.

A pesar de que “la economía va bien”, la mayoría de los españoles “no lo notan”, según las encuestas del CIS. La razón es evidente: tras dos años de fuerte subida de precios (2022 y 2023), todo es mucho más caro ahora. Y a muchas familias les cuesta más llegar a fin de mes, porque sus sueldos han subido menos que la inflación. Es lo que pasa incluso este año: la inflación anual media sube un +3,2% hasta agosto y la subida salarial en los convenios firmados (hasta julio) es del +2,9%. Así que los trabajadores con convenio pierden poder adquisitivo (-0,3%) y los que no tienen convenio más. Y eso ha pasado también en 2022 y en 2021. De hecho, los trabajadores españoles han perdido un -5,16% de poder adquisitivo entre 2020 y agosto de 2024, según los datos del INE y Trabajo.

Eso explica que muchas familias no noten en sus bolsillos “la mejora de la economía”. Eso contrasta con la situación de las empresas, que han mejorado sensiblemente su facturación, márgenes y beneficios en estos últimos cuatro años y medio. El margen bruto sobre ventas se ha disparado: es el 13,5% entre abril y junio, según el Observatorio de Márgenes Empresariales, lo que augura un tercer año récord de márgenes, tras un +12,9% en 2023 y 12,1% en 2021, por encima del 10% de 2020 y 11% de margen en 2019. Así que mientras las familias pierden poder adquisitivo, las empresas suben márgenes (a pesar del aumento de costes), subiendo precios. Y eso les ha permitido aumentar sus beneficios estos años. En 2024, de enero a junio, las empresas cotizadas ganaron 32.099 millones, un +15,22% de aumento, sobre todo las energéticas, eléctricas, bancos y distribución.

Las familias españolas tampoco notan que “la economía va bien” porque siguen con problemas económicos preocupantes en su día a día. Por un lado, los servicios públicos esenciales se han deteriorado y les siguen costando dinero. Es el caso de la Sanidad, donde crecen las listas de espera, no sólo para el especialista, sino para ver al médico de familia, lo que se traduce en que contratan cada vez más un seguro médico privado: 12,4 millones de españoles lo pagan cada mes, 1 de cada 4 personas (un 38,7% en Madrid y un  32,4% en Barcelona). Y también es costosa (y complicada) la educación de los hijos, desde la guardería y el colegio (con gastos crecientes en los concertados) a la Universidad y la FP (cada vez más privada). Y lo mismo el atender a los dependientes (mayores), muchos en espera de ayuda (331 días de media y 130.643 con derecho reconocido y en “lista de espera”)  y otros sin atención y obligados a pagar caras residencias (la mayoría privadas).

Así que tres servicios claves, Sanidad, Educación y Dependencia funcionan “tensionados”, faltos de recursos y personal, lo que obliga a las familias a gastarse dinero en cubrir sus necesidades sanitarias, educativas y dependencia. Y estos servicios los gestionan las autonomías, que se quejan de falta de recursos de la Administración Central. Pero el Gobierno asegura que les anticipará 147.412 millones de euros en 2025, a cuenta de los ingresos que les corresponden por impuestos, un +9,5% sobre 2024 y la mayor aportación de la historia. Y recuerdan que han transferido a las autonomías 178.750 millones más (+40%) durante los Gobiernos de Sánchez (entre 2019 y 2023) que los recibidos con los Gobiernos de Rajoy (2013-2017).

Este otoño volverá con fuerza el tema de la reforma de la financiación autonómica, la petición urgente de todos los Gobiernos regionales para contar con más recursos para atender a los servicios públicos que gestionan (sanidad, educación, dependencia, ayudas y servicios sociales, vivienda…). Una petición justificada porque el actual sistema de financiación se aprobó en 2009 y debía haber sido reformado en 2014. El Gobierno Sánchez promete presentar una reforma a las autonomías este año, pero el problema es la falta de acuerdo político entre el PP (que gobierna en 11 autonomías, más Ceuta y Melilla, aunque no tienen todas una postura común) y el Gobierno. Y eso, porque lo que está en juego son los criterios de reparto de los ingresos que corresponden a cada autonomía.

En el sistema de financiación actual, lo que prima es la población de cada comunidad: las más pobladas reciben más ingresos en el reparto de la recaudación total (también las autonomías más ricas contribuyen con más ingresos). Y eso perjudica a autonomías con menos población, que piden ahora un nuevo sistema de reparto de la financiación que prime más el porcentaje de población mayor o la diseminación de la población y el peso de la España vaciada. Según los criterios que ser fijen, habrá autonomías que reciban comparativamente más dinero que ahora y otras menos (aunque todas ingresarán más).

Con la financiación autonómica actual, hay 5 autonomías “infra financiadas”, que reciben menos recursos por habitante que la media en España (3.365 euros), según el último estudio de FEDEA: Murcia (3.056 euros por habitante), Comunidad Valenciana (3.089), Andalucía (3.182) y Castilla la Mancha (3.193), más Madrid (que recibe 3.364 euros, 1€ menos que la media). Estas autonomías son las que más se quejan de falta de recursos, porque llevan 10 años ya recibiendo menos de lo que les correspondería con un sistema “más justo”. Las 10 autonomías restantes están “sobre financiadas”, reciben más que la media (3.365 euros por habitante). Las 4 regiones que se benefician más del actual sistema son La Rioja (recibe 3.954 euros por habitante, 898 euros más que Murcia), Cantabria (3.944 euros), Baleares (3.877 euros) y Extremadura (3.809 euros por habitante), seguidas de lejos por Canarias (3.696 euros), Castilla y León (3.573 euros), Aragón (3.529 euros), Asturias (3.584), Galicia (3.448) y Cataluña (3.396 euros).

Otro problema clave de este otoño, que afectará a las autonomías y a todos nosotros, será la aprobación de los Presupuestos para 2025. El Gobierno promete presentar un proyecto este mes de septiembre, pero no cuenta con mayoría para sacarlo adelante, a la vista de que Junts (el partido de Puigdemont) ya votó en contra del techo de gasto que aprobó el Gobierno en julio (y amenaza con sumarse al PP y Vox en el veto a los Presupuestos de 2025). Si el Gobierno no consigue el apoyo de Junts (y de ERC, el PNV, Bildu o Podemos), tendrá que prorrogar los Presupuestos actuales de 2024 (que ya prorrogaron los de 2023) para 2025, al igual que se prorrogaron los de 2018 (en 2019 y 2020). El problema es que la prórroga obligaría a gastar menos (-22.288 millones), porque el techo de gasto sería el de 2023 (173.065 millones) y no el propuesto para 2025 (195.353 millones). Así que no aprobar el Presupuesto para 2025 supone gastar 22.288 millones menos, que se traduce en menos recursos públicos para sanidad, educación, Dependencia o inversiones que tanta falta hacen…

Con todo, la pelea más “sonora” de este otoño será la inmigración, no porque sea lo que más preocupa a los españoles sino porque la derecha y la ultraderecha creen que es la bandera que les da más votos. Hay un dato preocupante: la inmigración ilegal hacia España se ha disparado: 56.852 inmigrantes ilegales entraron en España en 2023 (39.910 por Canarias), un 82% más que en 2022. Y en la primera mitad del año 2024 han llegado 26.585 inmigrantes ilegales, un 90% más que en 2023. Está claro que hay que frenar este ritmo de llegadas, sobre todo con acuerdos con los paises de salida (ahora Mauritania, Senegal, Mali y Gambia, muchos con conflictos bélicos) y con medidas internas (el Gobierno expulsó a 2.515 inmigrantes irregulares en el primer trimestre).

Pero no se puede hacer demagogia, porque la mayoría de la inmigración se hace por cauces controlados: en 2023, España recibió 639.000 inmigrantes netos, lo que permitió aumentar la población y proveer de mano de obra a muchos sectores (el 40% del nuevo empleo lo consiguen extranjeros). Y en España viven (censados) 4.394.900 extranjeros de fuera de la UE, el 6,4% de la población total (en Europa, los extranjeros no comunitarios son el 9,1%).

Está claro que hay que regular la inmigración, facilitando la llegada de extranjeros de forma legal y limitando la vía de la inmigración ilegal (que no parará). De hecho, España necesita la llegada de  200.000 extranjeros cada año para cubrir trabajos claves, en el campo, el turismo,  la construcción y muchas industrias y servicios. Y para pagar impuestos, cotizar y financiar las pensiones y los servicios públicos, algo de lo que no se habla cuando se identifica a la inmigración con inseguridad y costes. Un debate que debería no ser político y sectario, para  primar la humanidad, los derechos humanos y la economía.

Otro debate clave, más prioritario, es la grave situación de la vivienda en España, que no sólo afecta a los que buscan un techo (jóvenes y nuevas familias) sino a toda la economía, porque hay muchas actividades muy afectadas por la falta de vivienda para sus trabajadores (turismo, industrias, sanidad, colegios y Universidades, servicios…). El problema de fondo está claro: faltan viviendas para vender y alquilar y eso está disparando los precios. Sobre todo del alquiler. Su precio se ha disparado un 30% desde 2019 y cuesta 1.206 euros de media (13,4 euros/m2 en junio), según Idealista, llegando a 1.800 euros en Barcelona y 1.782 euros en Madrid. Cantidades imposibles de pagar para muchos sueldos y que revelan el problema de fondo: la falta de oferta (se ha reducido un 41% desde 2019, por el trasvase a pisos turísticos y de temporada, más ventas) y el tirón de la demanda (se ha duplicado con creces estos años).

La solución pasa por aumentar la oferta de viviendas, aumentando la promoción de viviendas nuevas (se terminaron 80.473 viviendas “libres” en 2023, frente a 356.000 en 2009) y facilitando a los propietarios que pongan su vivienda en alquiler (no “asustándoles” con controles). Y sobre todo, alcanzar un gran Pacto entre Gobierno, Ayuntamientos, autonomías, promotores y bancos para promover 150.000 nuevas viviendas al año, la mayoría para alquilar.

En resumen, “la economía va bien”, pero las familias españolas lo podrían notar más si la política se preocupara de resolver sus problemas cotidianos, desde la mejora de los salarios y el empleo de los jóvenes a la sanidad, la educación a la vivienda y la lucha contra el cambio climático. Pero estamos metidos en una política de “polarización” y enfrentamientos constantes que perjudican a la economía, como la  peligrosa deslegitimación del Gobierno y las instituciones democráticas. Y así resulta imposible sentarse y tratar de buscar una solución a la sanidad, la vivienda, la financiación autonómica o la inmigración, aprobar medidas entre todos que mejoren la vida de la gente. Todo apunta a que, si no hay Presupuestos 2025 ni acuerdos en los problemas básicos, estamos ante “una Legislatura fallida”. Y ante un “parón” político que acabará dañando la economía.

sábado, 4 de noviembre de 2023

Este Blog cumple 13 años

Hoy se cumplen 13 años desde que empecé a publicar este Blog, el 4 de noviembre de 2010, en lo peor de la crisis financiera en España y en Europa. Son ya 1.270 artículos y dibujos (mil gracias, Enrique Ortega, por tu ilustrada ayuda…), dos por semana (lunes y jueves), sin fallar una (salvo en agosto). Al final, se ha convertido en una crónica de nuestra historia reciente, desde la tremenda crisis económica de 2008 hasta 2014 a la débil recuperación posterior, la impactante pandemia, la nueva crisis y la inflación disparada tras la invasión de Ucrania en 2022 y ahora, el estancamiento económico europeo y los riesgos geopolíticos en el mundo, con Ucrania y Palestina junto a los enfrentamientos entre EEUU y China. En realidad, nos hemos acostumbrado a las crisis como norma y a que la estabilidad sea la excepción. Y en medio de tanta incertidumbre, este Blog pretende cada semana, desde hace 676 ya, informar y explicar la economía nuestra de cada día.   A lo claro y con rigor.

                           Enrique Ortega

Este Blog nació hace 13 años porque la economía se había convertido en la principal noticia pero yo pensaba que no se explicaban bien los problemas y la mayoría de la gente no entendía lo que pasaba. Y traté de aportar un granito de arena, intentando explicar la economía “a lo claro”, para que la entendiera cualquiera. Y además, hacerlo con rigor, aportando datos e información, no soltando comentarios de tertulia y “opiniones de barra de bar”. La realidad es compleja y las soluciones no son simples (salvo para los populistas). Por eso, mi intención estos años ha sido averiguar lo que hay detrás de las noticias que nos preocupan, conseguir datos y estadísticas fiables, leer informes y opiniones contrapuestas, para al final ofrecer un resumen que sea útil para los lectores del Blog. Y como creo en los lectores inteligentes, aportarles información y material para que ellos saquen  conclusiones.

La otra idea clave de este Blog, además del rigor y la claridad es que “todo es economía”, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, y que no sólo debo escribir sobre el PIB, el paro o la inflación, sino sobre la economía que está detrás de nuestra vida diaria: la vivienda, el trabajo, los jóvenes y los mayores, las pensiones, la sanidad, la educación y la Dependencia, el recibo de la luz, las hipotecas, el ocio y la cultura, los impuestos, la crisis climática, la industria, las exportaciones, el envejecimiento, la digitalización, el fútbol y hasta el negocio de la muerte (Blog de anteayer). Porque detrás de todos estos temas cotidianos hay intereses, empresas, precios y costes, beneficios, tensiones y en muchos casos, poca transparencia. Y debemos conocerlo, porque nos importa mucho.

Al final, escribir un  Blog con rigor y que se entienda exige muchas horas de trabajo, leer mucho e investigar para luego sintetizar y traducir. Pero no se puede hacer todo esto en 140 palabras, en un tuit o un “meme”. Por eso mis artículos tienen unas 2.000 palabras. Exige al lector un interés y un tiempo, en un mundo donde la gente no lee. Y por eso, este Blog tiene pocos lectores. Pero no busca seguidores, sino informar con seriedad y claridad. Así seguiré, empujado por esos lectores fijos que me animan. Cada día me planteo si acabar, si dejar de escribir este Blog, dado que el esfuerzo es grande y los lectores pocos. Pero luego, oigo o leo una noticia y soy incapaz de evitar investigar sobre ella, buscar documentación e intentar explicarla. Y sigo escribiendo cada semana. Porque no se puede dejar de ser periodista. Y para estar vivo.

Gracias por leer y seguir el Blog. Y si os gusta, difundirlo.

domingo, 6 de noviembre de 2022

Este Blog cumple 12 años

Se acaban de cumplir 12 años desde que empezamos a publicar este Blog, el 4 de noviembre de 2010, en lo peor de la crisis financiera en España y en Europa. Son ya 1.175 artículos y dibujos (mil gracias, Enrique Ortega, por tu ilustrada ayuda…), dos por semana (lunes y jueves), sin fallar ni una sola (salvo en agosto). Un intento de afrontar las 3 crisis que nos han caído encima (financiera, pandemia, inflación) y analizar lo que está pasando con datos, informes, expertos y un análisis crítico, pero sobre todo “a lo claro”: a la gente le interesa cada vez más la economía, pero “le da “pereza” leer sobre ella, tiene miedo a no entenderla. Este Blog ha pretendido, estos 12 años, analizar los temas de actualidad, lo que nos preocupa (desde el paro, la hipoteca, el recibo de la luz y la subida de precios a las cuentas del fútbol, los impuestos o los problemas de Europa y el Cambio Climático), con la intención de informar y ayudar a entender. Y aquí seguiremos, aunque sea un duro trabajo con pocos lectores.

Enrique Ortega

Escribo este Blog para contribuir a que se comprenda lo que pasa, en un momento donde se echa de menos el periodismo de calidad y donde sobran los “expertos” y tertulianos que simplifican los problemas y las soluciones. En un país donde la gente no lee y pasa horas siguiendo “memes” y “tuits”, es fundamental acercarse a lo que hay detrás de las noticias, explicar por qué sube la luz, qué pasa con los alquileres, si hay que subir o bajar impuestos y qué pasa con el empleo, con las hipotecas o la energía. Son cuestiones complejas, que no se explican con un tuit ni con un meme: mi objetivo es situar los temas, dar los datos básicos, reflejar los distintos ángulos del problema, analizar las posturas de forma crítica y aportar posibles soluciones de instituciones y expertos serios, pasadas por el tamiz de 45 años escribiendo de economía. Por eso, este Blog tiene más de 2.000 palabras: los temas son complejos y no se analizan con 140 caracteres.

El  gran objetivo de este Blog es que los lectores tengan información, datos y análisis para crearse una opinión sobre los problemas nuestros de cada día: todo el mundo es suficientemente inteligente para entender lo que pasa si se le cuenta con datos, independencia y sentido crítico. Eso sí, hay que hacer el esfuerzo de leer, de seguir los temas, para entenderlos y que no nos engañen. Es lo que echo de menos en el periodismo hoy y por eso le dedico muchas horas a rastrear los temas, buscar datos y opiniones, encontrar posibles alternativas, trasladar críticas y sugerencias, informar y formar. Con poco éxito, ya que tenemos pocos lectores cada semana, mientras muchos se quejan de que el Blog tiene “demasiado texto y demasiados datos”… Lo siento, pero la realidad es compleja y tratamos de ser un Blog serio, que aporte información útil y un análisis interesante de la realidad.

Aquí seguimos, tras estos 12 años, con la inestimable ayuda de Enrique Ortega y sus dibujos, que valen más que mil palabras. Y aunque a veces nos desanimamos, sabemos que tenemos seguidores habituales que nos leen cada semana, que agradecen nuestro esfuerzo. Por ellos y porque tenemos el periodismo en la sangre, vamos a seguir aquí. Gracias y leer el Blog cada semana. Y si os gusta, divulgarlo entre amigos y familiares. Aquí estaremos. 

lunes, 3 de enero de 2022

2002, el año de la recuperación (esperemos)

2021 iba a ser el año de la recuperación, tras la tremenda recesión por el COVID-19 en 2020. Crecimos, pero menos de lo esperado, por los repuntes de contagios: la 3ª ola  (Navidad y enero 2021), la 4ª ola (Semana Santa), la 5ª (verano 2021) y la tremenda 6ª ola actual,  con más de 1 millón de contagios diarios en Europa (161.000 en España). Encima, se ha disparado el precio de la energía, subiendo la inflación al  6,7%, con atascos en el comercio mundial que complican la actividad de muchas empresas. Ahora, se espera que la recuperación se afiance en 2022, gracias a las vacunas, los Fondos europeos, el ahorro acumulado y una reforma laboral que creará empleo más estable. España será el país occidental que más crezca en 2022 (también fue el que más cayó con la pandemia), con la incertidumbre de nuevas variantes del COVID y la alta inflación. Esperemos que 2022 sea mejor que 2021 como 2021 fue mejor que 2020. ¡Feliz año!

Enrique Ortega

La clave de 2022 va a seguir estando en la pandemia, con lo que tendremos que estar más atentos a los epidemiólogos que a los economistas. Porque ya hemos comprobado en 2021 que el virus sigue ahí y cuando parece que le hemos derrotado, resurge con fuerza. Un ejemplo reciente. El 25 de octubre, escribía un Blog titulado: “La pandemia, casi bajo control”, reflejando una incidencia de 44 contagios por 100.000 habitantes. Un mes después, a finales de noviembre, se detectó en Sudáfrica la variante ómicron y los contagios por COVID-19 se dispararon en todo el mundo y en España: 217 contagios por 100.000 habitantes el 1 de diciembre, 511 el día 17 y 1.775 el 30 de diciembre (se han multiplicado por 40), con 161.000 contagios diarios frente a sólo 10.000 diarios un mes antes. Y esta es la 6ª ola: antes sufrimos en 2021 otras tres olas más (Navidad-enero, Semana Santa y verano), que frenaron el consumo, el turismo y la recuperación en 2021, un año que se esperaba mejor de lo que ha sido.

Este mismo repunte de contagios por COVID-19 se ha dado en todo el mundo y sobre todo en Europa, que ha sufrido más la variante Delta y la ómicron (con más de 1 millón de contagios diarios, el 87% de los detectados en el mundo). Por eso, el FMI prevé que el crecimiento mundial se ralentice en 2022, con un crecimiento del +4,9%, inferior al 5,9% estimado para 2021 (tras una caída del -3,1% en 2020). Vaticinan que EEUU crecerá algo menos  este nuevo año (+5,2% frente al 6% en 2021), lo mismo que China (+5,6% frente al +8%), Reino Unido (+5% frente al 6,8% en 2021) y la eurozona (+4,3% frente al 5% en 2021), donde estiman que Alemania crezca algo más (+4,6% frente al 3,1% en 2021) pero menos Francia (+3,8% frente al 6% en 2021) e Italia (+4,2% frente a 5,8%). Sobre España, el FMI ha rebajado sus previsiones de crecimiento en diciembre, pero aún así, prevé que sea el país occidental que más crezca en 2022: +5,8%, tras un crecimiento estimado del 4,6% en 2021. De cumplirse, España sería el 2º país del mundo que más crecerá este año, tras la India (+8,5%), aunque también fue el país que más cayó con la pandemia (-10,8% en 2020).

Estas previsiones se basan en que la pandemia remita en 2022, gracias al aumento de la vacunación en los paises desarrollados (61 % de la población inmunizada en EEUU y 70% de media en Europa, con el 88,2% en Portugal, 80% en España, 75% en Italia, 73% en Francia y 71% en Alemania). Pero persiste el riesgo de que aparezcan nuevas variantes, dada la baja tasa de inmunización en el mundo (46,5% de la población), algo más en América (59,6%) y el Pacífico (72%), pero mucho menos en el Mediterráneo oriental (30%), Sudeste asiático (40%) y sobre todo África (6,7% de la población vacunada, el 2,1% en Nigeria o el 1,3% en Etiopía), según los últimos datos de la OMS.

A nivel mundial, otra incertidumbre de la economía en 2022 será el comportamiento de la inflación, que está disparada en la mayoría de los paises (6,8% en EEUU, una tasa que no se veía desde 1982, un 5,2% en la UE-27 y un 6,7% en España), por la fuerte subida de los precios de la energía (petróleo y gas), que ha encarecido los carburantes y la luz, sobre todo en Europa. La previsión de los expertos es que la inflación se desinfle en la primavera de 2022, al reducirse la demanda de energía y corregirse los “atascos” que se han producido en el comercio mundial (falta de contenedores y retrasos en la llegada de suministros y “chips”), suavizándose también la subida de alimentos y materias primas.

Los bancos centrales de todo el mundo estarán pendientes de que la inflación baje y si no, intentarán corregirla reduciendo la liquidez que dispararon en 2020 y 2021 para evitar una crisis financiera global. Pero, de momento, ante el riesgo de que la inflación no baje, la Reserva Federal norteamericana decidió en diciembre reducir a la mitad sus compras de deuda desde marzo de 2022, anunciando además tres subidas (suaves) de los tipos de interés (la 1ª, en el primer trimestre de 2022). El Banco Central Europeo (BCE) va a actuar más suavemente, reduciendo las compras de deuda pero manteniendo las ayudas y descartando subidas de tipos de interés en 2022, lo que es un alivio para paises muy endeudados como España.

Otro riesgo que ronda sobre 2022 es la evolución de los conflictos geopolíticos latentes en el mundo, en especial los enfrentamientos de EEUU y China, que podrían provocar nuevos problemas comerciales (aranceles) o de suministros, deteriorando la recuperación del comercio mundial, clave para el crecimiento. Y se mantiene el riesgo geopolítico con Rusia, tanto de la Unión Europea como de EEUU, con Ucrania y el suministro de gas en el epicentro de los problemas. Y todo ello, sin olvidar los riesgos climáticos: en 2022 podemos sufrir nuevos problemas de sequías, inundaciones, tornados, incendios y otras catástrofes climáticas que afecten a los alimentos, la energía y otras materias primas, afectado mucho a las economías (recordemos las nevadas con Filomena hace un año).

En Europa, las últimas previsiones de otoño de la Comisión Europea (11 noviembre) hablaban de que la economía de la UE “se recupera más rápidamente de lo previsto” y que ya en el tercer trimestre de 2021, “la Unión Europea ha recuperado su nivel de producción previo a la pandemia” (España no se recuperará hasta la primavera de 2023). Eso sí, Europa crecerá este año 2022 (+4,2%) algo menos que en 2021 (+5%) y menos que Estados Unidos (+5,2%) y China (+5,6%), debido al mayor efecto de las dos últimas olas de la pandemia (variantes delta y ómicron) y también a que las ayudas de los paises europeos y la Comisión (Plan Next Generation EU) han sido más tardías y cicateras que las aprobadas en USA y China.

La Comisión Europea cree que la recuperación europea se va a consolidar en 2022, pero advierte que está “supeditada a dos factores”: la evolución de la pandemia y “el ritmo al que la oferta se ajuste al rápido cambio de la demanda”. A lo claro: que las empresas puedan rehacer sus suministros y producción para afrontar el aumento del consumo esperado, dado el ahorro embolsado durante la pandemia. Y les preocupa también los “cuellos de botella” en el comercio mundial (que afectan a muchas empresa, como las del automóvil) y los precios de la energía, sobre todo el petróleo y el gas natural. Las autoridades comunitarias confían en que estos precios y la inflación caigan a partir de la primavera de 2022 y prevén que la inflación anual sea del 2,5% este año (el 2,1% en España).

España será el país europeo que más crezca en 2022 (+5,5% frente a 4,8% la UE-27), salvo Malta (+6,2%) y en 2023 (+4,4% frente a 2,5% la UE-27), salvo Malta (+4,8%) y Rumanía (+5,2%), muy por encima de Francia (+3,8%), Italia (+4,3%) y Alemania (+4,6%) pero también que Reino Unido (+4,3%), Japón (+2,3%) y Estados Unidos (+4,5%), según las previsiones de otoño de la Comisión Europea. Y también creen que será el país europeo que cree más empleo en 2022: un +1,7% (+340.000 empleos) frente al +1% en la UE-27.

La mayor incertidumbre que tenemos para asegurar este fuerte crecimiento es la pandemia, como el resto del mundo, para lo que resulta imprescindible seguir con la vacunación (el 80% de la población está ya inmunizada) y terminar de poner la 3ª dosis a los mayores de 60 años (la tienen ya el 80%) y vacunar a los niños de 5 a 11 años (26,8% tienen ya una primera dosis). La verdad es que estamos mejor preparados ante la pandemia que hace un año (0% vacunados) y eso nos hace menos vulnerables ante próximas olas, que vendrán.

Otras claves de la recuperación económica en 2022 serán el turismo (recuperar turistas extranjeros este verano es clave para crecer más), el consumo de las familias (si se reduce la incertidumbre, aprovecharán el ahorro de la pandemia para gastar más) y, sobre todo, el impacto de los Fondos europeos y el Presupuesto 2022, que incluye un gasto extra de 26.900 millones con cargo a las ayudas europeas ya recibidas (19.000 millones) y a las esperadas en julio (otros 12.000 millones más). En 2021, los programas ya aprobados con Fondos europeos apenas echaron a andar, pero en 2022 ya se van a notar estas inversiones, que aportarán un 2% del crecimiento total del PIB en 2022 (en torno al 6%), según el Gobierno, y mucho empleo (se esperan crear 800.000 puestos de trabajo entre 2021 y 2026). Y además, este año se aplicará la reforma laboral pactada, que puede conseguir hacer fijos la mitad de los actuales contratos temporales. Y que el empleo que se cree sea “más decente”.

Junto a estas palancas para crecer más, hay otras incertidumbres que pueden frenar la recuperación, además de la pandemia. La principal, la inflación, porque la subida de precios estimada en diciembre, 6,7% anual, la mayor en España desde 1992, es muy preocupante, porque “se come” los ahorros e ingresos de las familias: 24 millones de españoles, entre pensionistas y trabajadores, han perdido poder adquisitivo en 2021. Y también frena las ventas de las empresas, encareciendo además sus costes. La clave va a estar en la energía, un factor sobre el que el Gobierno puede actuar poco: los precios del petróleo y del gas los fijan los grandes productores (Rusia, EEUU y la OPEP) y los precios de la luz, donde  los cambios se han de aprobar a nivel europeo y los 27 están divididos sobre esta reforma. Así que el Gobierno español sólo ha podido bajar  los impuestos a la luz otra vez, en 2022, reduciendo la recaudación (4.000 millones menos en 2021 y otros 2.000 millones en 2022).

Esta preocupante inflación, en España y el mundo, va a abrir un debate este 2022: qué hacer con los salarios. Las empresas y muchos expertos defienden que no suban como los precios, porque alimentarían una espiral de inflación. Pero si los salarios no suben, será imposible relanzar el consumo de las familias. Así que habrá que buscar un punto medio: que suban pero moderadamente, menos que los precios, a cambio de mejoras para los trabajadores por otras vías (horarios, condiciones de trabajo, mejoras sociales) y un aumento de la productividad. Y debe volver a subir el salario mínimo (está en 965 euros y los sindicatos quieren subirlo a 1.000 euros en enero), para ayudar a los más vulnerables (el 18% de los asalariados cobran el SMI), a los trabajadores pobres. Todo ello debería pactarse entre sindicatos y patronal, renovando el acuerdo salarial a 3 años firmado en 2018, porque lo que menos necesitamos es un rosario de conflictos laborales.

Para consolidar la recuperación en 2022, sería bueno alcanzar un cierto consenso político, al menos entre el Gobierno central y las autonomías, que son las que tienen que gestionar el 60% de los Fondos europeos. Hoy por hoy, España es “el alumno modelo” del Plan de recuperación europeo (el primer país al que se le aprobó el Plan, en junio, y el primero que recibió el dinero, el 27 de diciembre). Pero debemos seguir así, avanzando en los proyectos y reformas en 2022. Y se avanza más con pactos y consensos, difíciles de alcanzar con un PP radicalizado (para competir con Vox) y en un año con dos elecciones autonómicas. Pero habría que intentarlo, porque el Plan de recuperación y los Fondos europeos son una oportunidad histórica para modernizar el país, algo positivo para todos.

Bueno, estamos comenzando un año, 2022, que debería ser mejor pero que está rodeado de incertidumbres, a nivel internacional, europeo y español, que podrían poner en peligro la ansiada recuperación, salir del túnel de dos años negros. Hay que tener confianza y poner los medios para salir adelante, desde la sanidad a las inversiones, las reformas y los pactos. “El año 2022, seguro, seguro, seguro, que va a ser mejor que el 2021, como 2021 ha sido mejor que 2020”, dijo el presidente Sánchez al despedirse de los periodistas en La Moncloa. Ojalá acierte, por el bien de todos. ¡Feliz año 2022!