España "low cost": crece con baja productividad
Se ha puesto de moda hablar de España como una economía
de bajo coste (“low cost”), que compite y crece gracias a sus
bajos salarios y energía barata más que por su innovación y productividad,
de las más bajas de Europa. Este modelo de crecimiento, junto a
la inmigración, ha permitido que España crezca los últimos 5 años más
que Europa, pero esto esconde una realidad: en el PIB por
habitante, lo que marca la competitividad de un país y su renta, ocupamos
el puesto 15 en el ranking de la UE-27. A lo claro: hay 14 paises
europeos más productivos y más ricos, algo que lleva pasando décadas. La
culpable es esa baja productividad española, que impide mejorar salarios
y rentas. Para converger con la mayoría de Europa, el Consejo
de Productividad propone aumentar el tamaño de las empresas, gastar más en
tecnología, aumentar la inversión privada, mejorar la formación y la
organización de las empresas. Crecer sí, pero siendo más productivos
para vivir mejor. Enrique Ortega
La OCDE ha sido la última organización en
pronosticar, este
mes de junio, que España crecerá este año un +2,2%, casi el
triple que la eurozona (+0,8%) y más incluso que Estados Unidos
(+2%). De confirmarse, será el
6ª año consecutivo (de 2021 a 2026) en que España crece más que el
resto de Europa, empujados por el turismo, el consumo privado, los inmigrantes
y las exportaciones, sin olvidar los Fondos europeos. Pero lo importante
para un país no es sólo lo que crezca su PIB (somos el 4º país con el PIB más
alto, tras Alemania, Francia e Italia) sino lo que aumente su PIB
por habitante, el indicativo de la productividad de un país y, en
consecuencia, de su nivel de vida. Producimos mucho más cada año, pero con 3.326.100
trabajadores más que en 2019. Ahí está “el truco”.
Y aquí, en el PIB
por habitante, España ha vuelto a “pinchar” en 2025, según los datos de Eurostat:
somos el país nº 15 en el ranking europeo de producción por habitante real (descontando
la inflación), con 38.272 euros por habitante, el
92% del PIB por habitante real de la UE-27 (41.600 euros). Y
estamos por detrás de la producción por habitante de Luxemburgo (239%
del PIB per cápita europeo), Irlanda (238%), Paises Bajos (133%),
Dinamarca (127%) o Austria (118% del PIB habitante europeo),
paises mucho más pequeños que España pero más productivos y que por eso tienen
más renta y mejores salarios. También estamos por detrás del PIB por habitante
real de Alemania (115% de la media UE-27), Bélgica (114%), Suecia (111%), Malta
(110%) o Finlandia (101%), que cierran la lista de los 10 paises europeos
con un PIB por habitante superior a la media UE-27. Les siguen Francia y
Chipre (98% del PIB por habitante europeo), Italia (96%) y Chequia (92%). Y a
continuación, en
el puesto 15º se encuentra España, con el 92% del PIB por
habitante europeo. Un nivel y un puesto similar a los de 2023 (91%) y 2024 (92%),
que cayó del 90% entre 2020 y 2022 por la pandemia y que está por debajo de la media desde 2010
(96%).
¿Por qué somos menos productivos y por tanto menos ricos
que 14 paises europeos? Básicamente, hay
2 causas “de fondo” que lo explican: en España trabaja menos
gente que en la mayoría de Europa y trabajan peor, con menos
eficacia y productividad. Veámoslo.
Primero, trabaja menos gente, hay un porcentaje menor
de personas en edad de trabajar que están ocupadas y creando riqueza (PIB). La tasa
de empleo en España (porcentaje de personas de 20 a 64 años ocupadas) era, en
marzo de 2026, del 72,7%, frente al 76,3% en la UE-27, el 81,5%
en Alemania y el 75,2% en Francia, según
Eurostat. Y sube al 83,3% en Paises Bajos, al 79,4% en Irlanda, al 82,2% en
Suecia o al 83,4% en Malta, paises con más PIB por habitante que España
(mientras es más baja en Italia, el 68%). Este bajo nivel de empleo tiene mucho
que ver con nuestro modelo de crecimiento, basado en los
servicios y el turismo, en empresas más pequeñas, con poca tecnología y
exportación, que crean menos valor añadido y menos empleo. Ojo: si España
tuviera la tasa de empleo de la UE-27, tendríamos 1.026.000 personas más
trabajando (y aumentando nuestro PIB y nuestra renta, también el PIB por
habitante). Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, en España trabajarían
2,5 millones más. Y con ello, aumentaría el numerador del PIB por
habitante (PIB producido /habitante) y seríamos más productivos y más
ricos.
Segundo, los españoles que trabajan lo hacen “peor”, son
menos eficientes. Un dato lo resume bien: en la eurozona, cada hora
trabajada aporta 61 dólares al PIB, frente a 53 dólares en España
(-13,11%), según
la OCDE. Y esa menor productividad en España acumula una caída del -7,3%
del año 2.000 al 2022, mientras en Estados Unidos creció un +15,5%, en Alemania
un +11,8% y en Francia un +0,8%, bajando también en Italia (-5,1%), según
un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. De hecho, nuestra baja
productividad es un problema que arrastramos hace décadas y que nos sitúa en el
puesto 39º del ranking mundial
de competitividad 2025 publicado por el Foro Económico Mundial, por
detrás de la competitividad de 19 paises europeos: Suiza (1º del
ranking mundial), Dinamarca (4º), Irlanda (7º), Suecia (8º), Paises Bajos
(10º), Noruega (12º),Finlandia (14º), Islandia (15º), Alemania (19º),
Luxemburgo (20º), Lituania (21º), Bélgica (24º), Chequia (25º), Austria (26º),
Reino Unido (29º), Francia (32º), Estonia (33º), Portugal (37º) y Letonia
(38º).
Recientemente, el nuevo Consejo
de Productividad de España ha elaborado su primer informe, donde
destaca que la baja productividad de España es un problema endémico,
que arrastramos desde finales del siglo XIX. Así, entre 1890 y 1994,
el PIB per cápita creció en España un +1,8% anual, frente al +2% que
creció en Europa y el +2,2% en EEUU. Y entre 1995 y 2022, el PIB
per cápita creció en España el +0,8% anual, también por debajo del +0,9%
que aumentó en la UE-27 y el +1,3% que creció anualmente en EEUU. Eso sí, entre
2022 y 2025, la productividad por hora trabajada en España crece el
doble (aunque poco: el +1% anual) que entre 2014 y 2019 (+0,5%), aunque los
datos de Eurostat señalan que la productividad española crece entre un
10% y un 15% por debajo UE-27.
El informe
del Consejo de Productividad señala
dos problemas. Uno, la baja productividad española. Y el otro, que las
mejoras de productividad están mal repartidas y los trabajadores se
llevan (en sus sueldos) la menor parte. Entre 1999 y 2017, la productividad
por hora trabajada creció un 95% acumulado, pero la remuneración por hora
(sueldo) sólo creció un 3%. Y entre 1999 y 2024, la productividad por hora
trabajada ha crecido un 13%, mientras la remuneración por hora trabajada
(sueldos) ha crecido un 11%. Resultado: el trozo de pastel de los salarios
en el reparto de la productividad es hoy inferior al de 2019. Y lo más
preocupante: los
salarios reales (descontando la inflación) apenas
han crecido en España en los últimos 25 años. Así que crecemos,
pero la mayoría de los trabajadores no lo notan.
¿Por qué España sigue teniendo una baja productividad? El
Consejo
señala los dos factores que lo explican: la baja inversión en tecnología
e innovación y una estructura productiva centrada en sectores
poco productivos, como los servicios, el turismo, el comercio o la agricultura.
Y señala otra debilidad de la economía española: la baja inversión,
sobre todo privada, que ha crecido menos que en Europa (que a su vez invierte
también menos que EEUU, lo que explica su menor productividad). Y también
destacan otros factores que bajan la productividad : la escasez
de mano de obra, la falta de competencia, el exceso de burocracia y las 17
normativas autonómicas, los impuestos y la normativa laboral.
Otros expertos señalan tres factores claves que
explican nuestra baja productividad. El primero, el
menor tamaño de nuestras empresas, el exceso de pymes. En 2025, las
estadísticas oficiales registraban casi 3 millones de empresas, de las que sólo
6.019 eran grandes (0,2% con más de 250 trabajadores), 27.673
eran medianas (0,8%) y el resto (99%) eran pequeñas:
175.597 tenían entre 10 y 49 trabajadores y 1.140.107 tenían de 1 a 9
trabajadores (la gran mayoría, el 84,5% de las pequeñas), siendo el resto
(1.614.187) empresas registradas por autónomos sin asalariados. La
estructura es
similar a la del resto de Europa, donde hay también un 0,2% de grandes
empresas (salvo
en Francia, centro Europa y Alemania, donde hay un 0,7% de empresas
grandes, 25.000 en Alemania), aunque tienen más empresas medianas (el
0,93%) y casi idéntico porcentaje de pequeñas (98,87%).
El problema de tener demasiadas
pymes es que suelen ser menos competitivas que las medianas y
grandes empresas, exportan, invierten e innovan menos, tienen más dificultades
para financiarse y, sobre todo, crean menos empleo. El dato
aportado por Funcas es muy llamativo: de los 2.496.400 nuevos empleos
creados tras la pandemia (2020-2025), más de dos tercios (el 68,7%)
lo han creado las grandes empresas (con más de 250 trabajadores), mientras las
microempresas (1 a 9 trabajadores), que son la mayoría (84,5%) sólo han
creado el 1,5% de los nuevos empleos. También
pasa en Europa, donde las grandes empresas (el 0,2% del total)
mantienen el 37% del empleo total, mientras las medianas mantienen el
15% y el resto de pymes acapara el 48% del empleo total.
La 2ª causa que explica nuestra menor productividad es la
falta de tecnología e innovación en las empresas. En España,
el gasto en I+D+i fue del 1,50%
del PIB en 2024, frente al 2,25% en la UE-27. Pero la
mayor “brecha” con Europa se da en la inversión tecnológica de las empresas:
en España invierten el 0,7% del PIB mientras en Europa invierten una proporción
doble, el 1,48% del PIB. Además, esta imprescindible inversión empresarial en
I+D+i se concentra en las grandes empresas, que suponen dos
tercios de la inversión tecnológica privada. En definitiva, las pymes
invierten poco en tecnología e innovación y eso frena su productividad,
lo mismo que su menor internacionalización (pocas pymes exportan) y la mayor
dificultad que tienen para financiarse.
El tercer factor clave que reduce nuestra productividad es la
menor inversión en España. En
los últimos años, la inversión total se ha estancado (14,8% del PIB en 2025,
casi igual al 14,7% que invertíamos en 2019) y sigue por debajo de la inversión
en Europa (16,1% del PIB) y en Estados
Unidos (17,4% del PIB), según
Funcas, aunque debería haber repuntado mucho más por el aluvión de
Fondos europeos. Esta baja inversión, en España y en Europa, explica en
buena medida la menor competitividad frente a EEUU y China, según
el informe Draghi, y “limita la capacidad del país para aumentar
su productividad y cerrar la brecha de renta per cápita con los países más
avanzados de la eurozona”, según
BBVA Research.
Hay un 4º factor que explica también nuestra baja
productividad: la
menor formación de los trabajadores españoles y sus jefes. Hay pocos
trabajadores con formación tecnológica y capacidades digitales. En paralelo,
muchas empresas adolecen de capacidades gerenciales y hay
empresarios que gestionan sin la suficiente formación y sin capacidad de
organizar equipos, apoyados en el “ordeno y mando”. Otras causas
se atribuyen a factores
institucionales: demasiada economía sumergida (¿20%?), excesiva
dependencia de las empresas del crédito bancario (más que en el resto de
Europa ), mucha burocracia (sólo
en 2024, el Estado y las autonomías aprobaron
más de 1.000 nuevas normas), barreras de entrada sectoriales y
territoriales que reducen la competencia, dispersión normativa en 17
autonomías y dificultades regulatorias y fiscales para que las pymes aumenten
de tamaño y superen los 50 trabajadores…
En definitiva, que hay muchos cambios estructurales
que hacer para conseguir que no sólo crezcamos mucho sino que produzcamos
más por trabajador, que seamos más eficientes y productivos, la
verdadera clave para mejorar los salarios y nivel de vida, para acercarnos
más a la Europa rica del centro y norte del continente. El
Consejo de la Productividad propone maximizar los incentivos a la
innovación tecnológica, apoyar la transformación digital y energética, mejorar
la formación de los trabajadores y la inversión en educación, aumentar el
tamaño de las empresas, aumentar la inversión y reducir barreras a las nuevas
empresas. Y recuerdan: la mejora de la productividad es la base de
un crecimiento que permite aumentar la renta per cápita y mejorar los
salarios reales, estancados desde hace 30 años.
Ya sabemos lo que pasa, por qué España tiene los salarios
más bajos de Europa y un nivel de vida inferior a 14 paises europeos,
muchos de ellos más pequeños. Y tenemos una hoja de ruta para mejorar esta
situación, con el gran objetivo de mejorar la productividad. No podemos
seguir con una
economía “low cost”, que compita en Europa y el mundo con bajos
salarios y costes de la energía, con pequeñas empresas con poco capital y poca
inversión. No podemos seguir compitiendo por precio, como la
China de Europa: necesitamos dar un salto cualitativo y competir con
productos de mayor valor añadido, con más tecnología e innovación, con empresas
más grandes, más internacionalizadas y que inviertan más en el futuro. Hay que
mirar no sólo que crezcamos más sino que crezcamos siendo más
productivos. Sólo así mejorarán nuestros bajos salarios y aumentará
nuestro nivel de vida. Ser más productivos debería ser el gran
objetivo nacional a medio plazo. Para todos.
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