Hoy 1 de octubre entra en vigor el tercer paquete de ayudas
para compensar las subidas de carburantes, gas y electricidad provocadas
por el conflicto en Oriente Medio: otro descuento de 20 céntimos a los
carburantes, bajada impuestos a la luz y topes al gas y al butano. El Gobierno
gastará 12.000 millones entre estas ayudas y las aprobadas en marzo y
junio, asegurando que han evitado que la inflación suba el doble. Pero el IPC sube ya +4,9% anual, la mayor
inflación desde hace 3 años y medio. El problema es que el conflicto
desatado por Trump se ha estancado y no se espera que los precios energéticos mejoren.
Y se teme que acaben contagiando a toda la economía, incluidos los
alimentos, que suben un +5,8%. Por eso, aunque la economía española sigue
creciendo y creando empleo, el riesgo es que el conflicto dañe más a Europa
y al mundo. De momento, las familias, con sueldos estancados, tienen mucho
más difícil llegar a fin de mes. 
Los carburantes, culpables de casi la mitad de la subida del IPC (+4,9%)
La guerra contra Irán, desatada por Trump e
Israel el 28 de febrero y que ha contagiado a todo Oriente Medio y a las
rutas del petróleo y el gas, la estamos pagando los consumidores de todo
el mundo, desde Europa y Asia a los propios ciudadanos de EEUU, que
pagan mucho más por los carburantes, el gas, la electricidad y muchas materias
primas y alimentos. Y el problema es que el conflicto se ha enquistado
y no se ve salida, por lo que seguiremos con la energía cara y la inflación
disparada. De momento, también en España, donde el IPC anual subió
un +4,9% en septiembre, según el INE, la mayor
subida anual desde febrero de 2023 (+6% de inflación, un año después de la
invasión de Ucrania). De esos 4,9% de subida, casi la mitad (+2%) ha sido sólo
por la subida de los carburantes, que se han encarecido incluso más que
el petróleo en estos 7 meses de guerra en Oriente Medio.
El petróleo ha disparado su cotización, por los
ataques a pozos, refinerías y barcos, más el bloqueo del estrecho de Ormuz
(por donde pasaba el 20% del crudo y gas): costaba 76,06
dólares/barril el 23 de febrero, antes del ataque a Irán, y saltó a
112,53 el 16 de marzo y a 109,58 dólares el 11 de mayo, para bajar en junio a
71,47 dólares (cuando se esperaba un acuerdo) y rondar los 100 dólares en julio,
agosto y septiembre, costando hoy 99,94 dólares/barril, una subida del +31,4%
sobre antes de esta guerra. Pero los carburantes han subido mucho más,
en especial el gasóleo: su cotización internacional ha subido +120%,
cuatro veces más que el crudo, pasando de 690 dólares/Tm a finales de
febrero a 1.046 dólares/Tm en mayo, 1.176 dólares/Tm en julio y 1.520
dólares/Tm a finales de septiembre.
¿Por qué sube 4 veces más el gasoil que el petróleo?
Hay varias
razones. Unas estructurales: Europa, Latinoamérica y muchos paises
han reducido en los últimos años su capacidad de refino, optando por importar
carburantes (sobre todo gasóleo) de Rusia, Oriente Medio, China y Asia. Pero además, la guerra
en Irán ha dañado muchas refinerías en Oriente Medio, reduciendo la oferta y
subiendo su precio. Y por si fuera poco, Rusia ha cortado sus exportaciones de gasóleo,
para no tener que restringir las ventas internas tras los ataques ucranianos a
sus refinerías, mientras China también ha frenado sus exportaciones ante
los recortes en la oferta mundial. Y para dar la puntilla, Trump
anunció hace unos días que cortaba
sus exportaciones de gasóleo, para intentar frenar su precio en USA,
que marca un máximo histórico en vísperas de las elecciones de noviembre: 6,5
dólares por galón, 1,02 euros/litro… menos de la mitad de lo que
cuesta el gasóleo en Europa, unos 2,24 euros/litro.
Además de caro, el gasóleo empieza a faltar en
el mercado internacional, sobre todo en algunos paises europeos, como Francia,
que importan mucho. Globalmente, Europa
refina el 75% del gasóleo que consume, pero importa el 25% (la mitad de
EEUU en agosto). Pero hay diferencias entre paises: Francia importa el
50% del gasóleo que consume (por eso hay gasolineras sin suministro), Reino
Unido importa el 55%, Alemania
importa entre el 20 y el 25%, mientras Italia y España refinan prácticamente
el 100% del gasóleo que consumen (apenas importamos e incluso exportamos
algo, gracias a que tenemos 8 refinerías volcadas en producir gasóleo). Y lo
mismo con las gasolinas y el keroseno de aviación.
A pesar de este autoabastecimiento, España y las
refinerías españolas no pueden sustraerse a la situación internacional de desabastecimiento,
por lo que también aquí se
ha disparado el precio de los carburantes muy por encima de la subida del
petróleo. La gasolina súper costaba este martes una media de 1,939
euros/litro, según el Boletín Petrolero Europeo, una subida del +31,8%
sobre el precio anterior al ataque a Irán (1.4712 euros/litro el 23-F). Y la
subida es mucho mayor para el gasóleo, porque hay mucha más demanda
(se vende 4 veces más que gasolina) y menos oferta: costaba 1,4232 en
febrero (menos que la gasolina) y ha subido hasta una media de 1,934
euros/litro este martes (+36%). Eso sí, gracias a las ayudas del
Gobierno y a que pagamos menos impuestos, los carburantes son más baratos que en Europa: las gasolinas cuestan allí de media 2,103 euros por litro
(+16 céntimos que en España) y el gasóleo 2,237 euros (+30 céntimos).
Además de los carburantes, el conflicto en Oriente Medio ha disparado
el precio de la luz, porque necesitamos producir una parte de la
electricidad (casi el 20% del total este verano, por el calor) con centrales
térmicas de gas
natural, cuyo precio se ha disparado más que el del petróleo:
costaba 31,62 euros/MWh antes del ataque a Irán y llegó a cotizar a
79,35 euros el 7 de septiembre (+151%), costando hoy 72,35 euros, más del doble
que en febrero. Por culpa del gas y la gran demanda de energía (por el turismo
y el aire acondicionado), el coste de la electricidad en el mercado
mayorista se ha disparado: de 16,41 euros/MWh en febrero a 69,59 euros/MWh
en junio, 104.75 euros en julio, 118,25 euros en agosto y 143,72
euros/MWh en septiembre, más del doble que el año pasado (61,04 en
septiembre 2025). Este elevado precio en origen se traslada a los consumidores,
tanto a los que tienen contratada la luz en el mercado libre (22,2 millones con
contratos de revisión semestral o anual) como a los que tienen la tarifa regulada
(8,3 millones), cuya tarifa se revisa cada mes: de 66,63 euros
que pagaron de media en el recibo de junio a 88,81 euros que pagaron en
agosto y los 107,8
euros que pagarán en septiembre.
El tercer culpable de la elevada inflación actual
(+4,9% anual) es la subida de los precios turísticos (paquetes,
hoteles, bares y restaurantes), algo que no tiene que ver con la guerra en
Oriente Medio (salvo porque han venido más turistas). Y el resto de los servicios
ha subido menos (+3,9%). Eso sí, preocupa que los altos precios de la energía
han provocado ya una fuerte
subida de los alimentos no elaborados: +5,8% en septiembre, subida que tiene
que ver con el aumento de costes al campo (energía y fertilizantes) pero
también con el cambio climático y los daños a muchas cosechas por las lluvias
(primavera), granizo y sequía.
Frente a estas subidas por la crisis de Oriente Medio, que
ya llevamos 7 meses sufriendo, el Gobierno
ha aprobado este martes el tercer paquete de ayudas (por
5.200 millones de euros), que se suman a los que aprobó el 20 de
marzo (antes que la mayoría de Gobiernos europeos, por una cuantía de 5.000
millones) y el 29 de junio (sólo por 1.825 millones, porque se esperaba
un acuerdo). Ahora, el paquete durará hasta el 31 de diciembre y es
mayor que los anteriores, porque todos los expertos creen que la crisis va para
largo.
El primer grupo de ayudas aprobadas se dirigen a subvencionar
de nuevo los carburantes, desde hoy: una subvención de 20
céntimos en septiembre por litro de gasolina y gasóleo, que se
reducirá a 13 céntimos en noviembre y 6 céntimos en diciembre, salvo que
los carburantes suban más del 15% en septiembre (en cuyo caso volverá la ayuda
de 20 céntimos). Esta ayuda se extiende a agricultores, ganaderos, pescadores
y transportistas, y se amplía al transporte de mercancías por tren
(15.000 euros de ayuda por locomotora) y al transporte marítimo, mientras se
mantienen las ayudas a la compra de fertilizantes (600 millones) y la prohibición
de despedir por esta crisis a las empresas que reciben ayudas.
Un segundo bloque de ayudas son para
rebajar la factura de la luz: en lo que queda de año (si el IPC de la
electricidad sube un 15% en septiembre respecto a un año antes), se rebaja del
21 al 10% el IVA de la electricidad y del 5,1 al 0,5% el impuesto
especial de la electricidad, que ya se rebajaron desde el 22 de marzo al 31
de mayo (primer paquete de ayudas), así como el IVA del gas natural y de la
madera para leña. Además, se mantienen los descuentos extras vigentes desde
marzo en el bono social eléctrico y el bono social térmico (50
euros), así como la prohibición de cortar el agua, la luz y el gas
a los hogares vulnerables.
El tercer bloque de ayudas son nuevas,
para los usuarios de gas natural y butano. Por un lado, se
limita la subida del gas natural un 15% en octubre (si no se hiciera, se
encarecería un 45%), lo mismo que en enero y después, medida que beneficiará a
3 millones de hogares que tienen tarifa de último recurso (TUR), muchos de ellos
pertenecientes a comunidades de propietarios que tienen calefacción con
caldera de gas y cuya factura les subirá un máximo del 15% este
invierno, aunque el precio del gas se dispare. Y los 7 millones que utilizan la
bombona de butano pagarán un máximo de 19,55 euros hasta
junio de 2027 (desde los 18,84 euros que cuesta ahora).
Estas ayudas y las aplicadas desde marzo cuestan
12.000 millones de euros, lo que sitúa a España como el país europeo que
más ha gastado en medidas contra la inflación energética. El Gobierno pide
a Bruselas que no tenga en cuenta este gasto
(por culpa de Trump) para el tope del déficit público como ya se
hace con el gasto extra en Defensa aprobado en toda Europa. Y también propone
España que si la crisis sigue y se mantienen altos los precios del
petróleo, el gas y la electricidad, la Comisión Europea apruebe otro Plan
de ayudas y medidas extraordinarias (incluido el tope al gas) como aprobó
tras la invasión de Ucrania.
Mientras, el
vicepresidente económico indicó el martes, tras el Consejo de Ministros,
que los dos paquetes anteriores de ayudas (marzo y junio) han
evitado una inflación mayor, que han reducido a la mitad la subida de los
precios (o sea que el IPC habría subido al 10%, como lo tuvimos entre junio y agosto
de 2022). Y que, a pesar de esta crisis energética, España sigue
creciendo y creando empleo, más que el resto de Europa: la
OCDE acaba de subir un 0,4% la previsión de crecimiento de España para 2026,
hasta
el +2,6%, muy por encima del crecimiento esperado para Europa (+1%), Alemania
(+1,1%), Italia (+0,9%) o Francia (+0,4%).
La contrapartida a crecer más es que tendremos
también más
inflación: +3,7% en 2026, por delante de la inflación en la
eurozona, Francia o Italia (+3%) y Alemania (+2,9%). La preocupación
del Gobierno y de muchos expertos es que la subida de precios energéticos (petróleo,
carburantes, gas y electricidad) se acabe trasladando a los precios de
los alimentos, dañando aún más los presupuestos de las familias. De
momento, los precios de los alimentos no elaborados (“frescos”)
suben un +5,8%, pero lo preocupante es que llueve sobre mojado,
porque los alimentos se han encarecido un +35% en los últimos 5 años
(agosto 2021-agosto 2026), según el INE (y un +84% los huevos, 60% el vacuno, +53,7%
el cordero, +53% la leche, +46% el café, +40% las patatas…), mientras los sueldos
subieron un +16,43%. Y el temor es que, si la guerra de Oriente Medio
sigue, suban más los precios de los alimentos, sobre todo los elaborados, porque
un
estudio de CaixaBank (citado por el vicepresidente Cuerpo) demuestra que,
en la anterior crisis tras la invasión de Ucrania, la subida de los alimentos
tardó en aparecer de 6 a 9 meses…O sea, este 4º trimestre.
El Gobierno Sánchez ha aprobado este tercer paquete de ayudas
contra la inflación porque sabe que los aumentos de precios es lo que más
daña políticamente a un Gobierno, a cualquier Gobierno. Por eso deberían
hacer lo mismo en Europa, aprobar un paquete de ayudas y medidas
de choque, como hicieron tras la pandemia y la invasión de Ucrania, porque crece
el descontento social ante las
subidas energéticas (en
Francia vuelven a la calle los chalecos amarillos…), la subida de la
vivienda y la dificultad para llegar a fin de mes, que alimentan el crecimiento
de la ultraderecha, en vísperas de elecciones
(en 2027) en Francia, Italia,
España, Polonia, Finlandia, Grecia, Estonia y Eslovaquia…
Mientras, en España, urge tomar más medidas
frente a la inflación, vigilando que algunos sectores y empresas no
disparen márgenes y beneficios (como las petroleras y las eléctricas), que
las ayudas públicas se trasladan a los consumidores (carburantes, gas y electricidad)
y que los intermediarios, las industrias alimentarias y los supermercados no
aprovechan las subidas de la energía para subir sus precios y márgenes. Lo que
no puede hacer el Gobierno ni Bruselas es impedir que Trump y Netanyahu mantengan
el conflicto en Oriente Medio, que estamos pagando el resto del mundo.
Pero sí podrían presionarles para que se imponga la paz. Y, sobre
todo, seguir tomando medidas para que los precios (alquileres
y vivienda incluidos) no alimenten la desesperación de muchas familias y a
la extrema derecha. Está bien crecer más que nadie, pero hay
que repartir mejor el crecimiento y conseguir que muchas más familias
lleguen sin tantos problemas a fin de mes.