jueves, 22 de octubre de 2026

Exportaciones: más mercancías y más talento

Los aranceles de Trump y las guerras en Irán y Ucrania no han frenado las exportaciones españolas, que crecen este año 10 veces más que el pasado, sobre todo a Europa y EEUU. Pero como seguimos creciendo, también aumentan las importaciones (más), sobre todo de petróleo, gas y coches, con lo que el déficit comercial sube un 30%, lo que provoca que el sector exterior nos reste crecimiento (-0,4%), aunque menos que en 2025. Lo llamativo es el fuerte crecimiento de las exportaciones de servicios, las que no van en contenedor o barco, los servicios profesionales, financieros, de ingeniería, informática o  telecomunicaciones que venden empresas españolas a otras de Europa y USA, sobre todo. “Exportación de talento”, uno de los pilares del crecimiento español, muy importante porque está creando empleo de calidad y mejor pagado. Ahora, la clave es seguir “exportando” estos servicios, para lo que España necesita contener precios y mejorar tecnologías, aunque la clave es que Europa avance en el mercado interior, quitando barreras y regulación.

                 España exporta cada vez más servicios profesionales a Europa y EEUU

Este martes se publicó el último dato de las exportaciones españolas, en agosto: subieron un +13,3%, con lo que alcanzan los 264.182 millones de euros en los primeros 8 meses del año, un récord histórico y +3,2% que en ese periodo de 2025 (cuando crecieron +0,3%, la décima parte que ahora) y más que en todo 2025 (+0,7%) y que en 2024 (+0,2%). Los aranceles de Trump y las guerras han provocado que España concentre más sus exportaciones en Europa (+3,7%), aunque también aumentan nuestras ventas a USA (+6% estos ocho meses) y China (+0,7%), aunque bajan las exportaciones a Latinoamérica  (-7,1%), Oriente Medio (-13%) y Asia (-5,6%). Las exportaciones que más han crecido hasta agosto son las energéticas (+34,2%), materias primas (+23%), maquinaria y bienes de equipo (+4,8%), automóvil (+1,1%) y manufacturas de consumo (+2,5%), aunque han caído las exportaciones de alimentos (-1,9%), productos químicos (-6,4%), medicamentos (-11%) y bienes de consumo (-1,8%).

En paralelo, también han crecido las importaciones (el doble, +6,5%), para “alimentar” el crecimiento español, mucho mayor que el del resto de Europa, por el aumento del consumo y la inversión. Destacan sobre todo las compras de energía (petróleo y gas), que han aumentado un +25,2% hasta agosto por el salto en los precios energéticos, y las importaciones de automóviles (+17,9%), por la mayor entrada de coches chinos (las importaciones chinas han crecido este año un +11,1%, aunque han caído un -0,1% las importaciones de EEUU).

Al final, aunque las exportaciones aguantan bien, como las importaciones crecen el doble, se ha agravado el déficit comercial de España con el exterior: el “agujero” era hasta agosto de -45.818 millones de euros, +30,5% que un año antes. Eso sí, seguimos teniendo un importante superávit comercial con Europa (+23.224 millones de euros, -11% que en 2025), manteniendo el superávit (les vendemos más de lo que les compramos) con 12 paises UE, entre ellos Francia (+11.792 millones), Italia (+1.858), Portugal (+12.921) y Polonia (+1.044 millones), más Reino Unido (+9.263 millones de superávit). Y tenemos déficit comercial con otros 14 paises UE, en especial con Alemania (-6.571 millones), Paises Bajos (-6.307), Hungría (-1723) y República Checa (-1.012), más Turquía (-1.394) y Rusia (-1.037 millones). Y fuera de Europa, tenemos déficit comercial sobre todo con China (-30.496 millones, dos tercios del déficit total, +13,4% que el año pasado), EEUU (-8.808 millones, -7,3% que en 2025, a pesar de los aranceles), Latinoamérica (-5.365 millones, casi el doble que el año pasado), Vietnam (-3.499 millones), Japón (-2.731 millones), India (-2.708 millones) y Corea del Sur (-1.695), así como con Nigeria (-3.700 millones) y Argelia (-2.868), por las compras de petróleo y gas.

En resumen, un balance comercial con claroscuros, ya que aumentan las exportaciones en un contexto internacional difícil, pero crecen el doble las importaciones (para alimentar nuestro mayor crecimiento), que suponen crear riqueza y empleo fuera de España, no dentro. Por eso, se prevé que el sector exterior reste crecimiento este año (-0,4% del +2,6% que se espera crezcamos), aunque restará menos que en 2025 (-0,7%), después de que las exportaciones hayan sido decisivas, aportando una parte del crecimiento entre 2021 y 2024.

Pero lo más llamativo es que hay “otras exportaciones” que siguen creciendo con fuerza y apoyando en positivo al crecimiento: por un lado las “exportaciones turísticas” (que aportan un 0,23% del crecimiento del PIB entre 2020 y 2026) y, sobre todo, las “exportaciones de servicios”, uno de los pilares del actual crecimiento español (aportan un 0,55% del crecimiento anual entre 2020 y 2026), según un estudio de CaixaBank. Esto significa que estamos asistiendo a un cambio estructural en el sector exterior de España: se mantienen las exportaciones de mercancías, pero lo que más crecen son “exportaciones” de alto valor añadido, las de los turistas que nos visitan (y gastan) y, sobre todo, las exportaciones de servicios que prestan las empresas españolas a otras empresas y paises en el extranjero.

Las “exportaciones de servicios” son variadas: exportaciones de servicios profesionales empresariales, desde consultorías a ingenierías (ojo: cerca del 70% de la facturación de las ingenierías españolas procede de proyectos en el extranjero, cuando la media en Europa de “ingeniería en remoto" es del 20%), las exportaciones de servicios informáticos (datos y ciberseguridad) y telecomunicaciones, servicios de transporte, ingresos por exportación de propiedad intelectual, los servicios financieros y de aseguradoras, los servicios culturales y a Gobiernos y administraciones públicas extranjeras. Todos ellos han pasado de aportar el 4,3% del crecimiento español (PIB) en 2007 al 7% en 2026, según CaixaBank Research. Y a aportaron el 0,55% del crecimiento anual del PIB entre 2020 y 2026, más otro 0,23% aportado por los “servicios turísticos”, compensando que las mercancías no aporten ahora nada al crecimiento. A lo claro: uno de los motores del crecimiento es la exportación de servicios.

Los servicios que más crecen y ayudan a la economía son los servicios tecnológicos y profesionales (consultoría profesional y de gestión, servicios técnicos y profesionales, informática e información y servicios de telecomunicaciones), que explican ellos solos el 30% del crecimiento español en el último año, según Funcas. Y además, su valor se ha duplicado en el último lustro, creciendo mucho más que las importaciones de servicios, con lo que España, que tiene un elevado déficit comercial (-45.818 millones hasta agosto) lo compensa con creces con el elevado superávit en estos servicios no turísticos (+46.500 millones de superávit en el último año) y con otro superávit aún mayor en los servicios turísticos (+73.500 millones en el último año). Así que gracias al turismo y los servicios no turísticos a otros paises, España tiene superávit con el exterior desde 2013, cuando llevábamos siglos teniendo un tradicional déficit exterior (y tras la guerra Civil, hasta 2013).

Lo importante es que España “exporta” estos servicios profesionales (no por contenedor, sino por Internet o in situ) a los paises más desarrollados: el 51% a los paises europeos y el resto a EEUU y otros paises avanzados, muchas veces de la mano de filiales en España de grandes multinacionales. Y son servicios “de alto valor añadido” (caros), intensivos en conocimiento (“talento”), por lo que generan empleo muy cualificado y mejor pagado, gracias a que genera altos márgenes y beneficios en España. De hecho, el empleo “tecnológico” (impulsado por estos crecientes contratos con otros paises) creció en España el doble (+45,8%) que el empleo en otros sectores entre 2015 y 2025, según la Fundación COTEC. Y sus sueldos oscilan entre los 45.000 y los 52.000 euros brutos, frente a la media salarial de 29.540 euros (INE).

España está destacando en la “exportación” de servicios profesionales porque tenemos algunas “ventajas competitivas”: menores costes laborales y de la energía, estratégica posición geográfica (entre Europa, América, África y Oriente Medio), una excelente conexión exterior (gracias al acceso a 30 cables submarinos) y una generalización de la conectividad (95% del país conectado por fibra óptica, frente al 69% en la UE), factores que facilitan el trabajo exterior de nuestras empresas. Y cara al futuro, la Inteligencia Artificial abre nuevos caminos para estas “exportaciones de servicios”, un sector que ha resistido mejor que la mayoría las distintas crisis desatadas tras la pandemia.

Cara al futuro, estas exportaciones españolas de servicios todavía tienen un alto margen para crecer, dado que los servicios para desarrollar la IA van a ser los protagonistas del comercio mundial en los próximos años, según la OMC. Y también porque España tiene una gran competitividad y especialización en servicios profesionales, técnicos y de tecnologías de la información (TIC), aunque tiene menos presencia en la exportación de servicios de I+D y propiedad intelectual, algo que tiene que ver con el menor gasto de España en investigación e innovación (el 1,4% del PIB frente al 2,1% de media en la UE).

Para seguir creciendo en estas exportaciones de servicios, España tiene que avanzar en varios retos propios. Uno, mantener los costes más bajos, sobre todo ahora que sube la inflación, para compensar el retraso tecnológico en algunos campos, mejorando la competitividad y la innovación. Segundo, hay que ampliar el espectro de los “exportadores de servicios”, porque ahora está concentrado en grandes empresas y multinacionales (hay pocas pymes, pocas “empresas gacela”: el 0,1% frente al 0,5% en la UE). Y además, hay que facilitar financiación a las empresas especializadas en prestar servicios al extranjero, que no consiguen acceder a fondos españoles ni europeos como sí lo hacen en EEUU.

Pero no todas las tareas son para España. La clave para que las empresas de servicios españolas crezcan más fuera es que Europa profundice el mercado único, porque actualmente hay demasiadas barreras regulatorias que dificultan su trabajo. Según los expertos, persisten en la UE-27 el 60% de los obstáculos detectados hace 20 años para la prestación de servicios transfronterizos y la movilidad laboral. Y en paralelo, falta la armonización fiscal y de los mercados de capitales para facilitar la inversión en estos servicios intereuropeos.

Ya el informe Draghi, presentado en septiembre de 2024, denunciaba que el exceso de regulación desincentivaba las inversiones en Europa, también las de los servicios profesionales. Su objetivo era reducir la burocracia UE al menos un 25% para 2027. El problema es que hoy, más de 2 años después, los expertos señalan que sólo se ha cumplido un 16% del Plan Draghi… Menos de 30 de las 176 propuestas que planteaba. Y lo peor es que este incumplimiento no es sólo por falta de inversión, sino que la mayoría de tareas pendientes son “por falta de consenso para acordar cambios normativos” sobre reducción de trabas administrativas y simplificación regulatoria…

En resumen, España está consiguiendo que crezcan las exportaciones de mercancías, a pesar de los aranceles y guerras, pero lo que nos está salvando el crecimiento son las “exportaciones de servicios turísticos” (quizás 100 millones de turistas este año, que se gastarán 121.000 millones de euros) y, sobre todo, las “exportaciones de servicios profesionales y tecnológicos”, que explican casi un tercio del crecimiento en el último año y crean cada vez más empleo, de calidad y bien pagado. Así que nos están salvando las “exportaciones de talento”, las que no viajan por contenedor sino por Internet, apoyadas en la excelente conectividad digital de España. Hay que apoyar más a estas empresas y ampliar estos servicios exteriores a las pymes, para seguir compitiendo en el mundo, sobre todo en Europa. Para conseguirlo, urge que Bruselas avance rápido en el mercado único, reduciendo trabas y regulaciones, para que nuestras empresas vendan mejor sus servicios. De ello dependerá buena parte del crecimiento y el empleo futuros.

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