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lunes, 21 de septiembre de 2026

Menos envases y más reciclables

El 12 de agosto echó a andar el nuevo Reglamento europeo de envases y residuos, norma que pretende reducir para 2030 los envases que utilizamos, que sean más reciclables y muchos puedan reutilizarse. Europa tiene un exceso de envases, que generan el 36% de toda la basura que tiramos. Y muchos no se reciclan, sobre todo los envases de plástico (sólo el 46% en España), lo que contamina tierras y aguas. Ahora, se obliga a las empresas a fabricar nuevos envases, más fácilmente reciclables y con etiquetas para los contenedores. Y se fuerza a supermercados y tiendas a que nos vendan a granel (con nuestros envases) y a que instalen máquinas para recoger botellas y envases, pagándonos por devolverlos. También las cajas de nuestras compras por Internet o en el transporte serán más pequeñas. Un gran esfuerzo para los fabricantes de envases, empresas de alimentación, tiendas y supermercados, que tendrán que innovar e invertir, aunque amenazan con subirnos precios por ello. Pero los consumidores saldremos ganando, aunque paguemos algo más.

                     Los envases suponen el 36% de la basura generada en Europa

Los envases dominan nuestra vida, desde las compras en el supermercado a los pequeños electrodomésticos o los pedidos por Internet. Sólo en Europa, los fabricantes de envases facturan cada año 160.000 millones de euros. Es una invasión de cajas, plásticos, cartones, vidrios y maderas que ya suponen el 36% de toda la basura que tiramos los europeos, según la Comisión Europea. Un consumo de envases que supera los 80 millones de toneladas al año en la UE-27 (79,7 millones Tm en 2023, según Eurostat) y que supone un consumo medio de 177,8 kilogramos por europeo al año (último dato, de 2023), siendo España el 7º país que más envases genera por habitante (179,2 kg), por detrás de Irlanda (223,1 kg/habitante), Alemania (215,2), Luxemburgo (204,5), Dinamarca (192,4) y Portugal (183,8 kg/habitante).

En Europa, sólo dos tercios de todos los envases (67,5) se reciclan, según Eurostat (dato 2023), aunque hay 7 paises que reciclan más del 70% de sus envases: Bélgica (79,7%), Paises Bajos (75,8%), Italia (75,6%), Chequia (74,8%), Eslovenia (71%), Eslovaquia (71%) y España (recicla el 70,5% de todos los envases). La mayor parte de todos los envases son cartón y papel (el 40,4% del total), los embalajes que más se reciclan, pero los segundos envases más utilizados son los plásticos (19,88% del total  en Europa, el 21% en España), que son los embalajes que menos se reciclan, según Eurostat: sólo un 42,1% en la UE-27 y un 46,15% en España, por detrás de Alemania (52,2%) e Italia (49%) y por delante de Suecia (28,6% envases de plástico se reciclan), Dinamarca (27,8%) y Francia (25,7%). Este bajo reciclaje de los envases de plástico es lo que más preocupa a la Comisión Europea, porque mucho plástico acaba en vertederos y exportado a terceros paises, contaminando tierras y aguas.

Ahora, la Comisión Europea quiere elevar al 70% para 2030 el reciclaje de todos los envases, un objetivo accesible en los de papel y cartón (ya se alcanza en 7 paises), pero difícil en vidrio, metal, madera y sobre todo en envases de plástico. Por eso, la Comisión y el Parlamento Europeo aprobaron el 19 de diciembre de 2024 el Reglamento 2025/40 de Envases y Residuos (PPWR), publicado en enero de 2025 y que ha entrado en vigor en toda la UE-27 el pasado 12 de agosto. Esta nueva norma sustituye a la Directiva 94/62 y el gran cambio es que ya no se permiten normativas nacionales sobre envases y reciclaje: los 27 paises tendrán que cumplir las mismas normas, sin excepciones, de aquí a 2030.

El nuevo Reglamento pretende un cambio de modelo en la política de envases y reciclaje: no se trata ahora de aumentar el porcentaje de envases que se reciclan sino de modificar el proceso desde el principio, reduciendo los envases que se utilizan (“el mejor residuo es el que no se crea”, insisten) y renovando esta industria, para que innoven y fabriquen envases más pequeños y más fácilmente reciclables, así como envases reutilizables. Todo ello, con 3 objetivos claros: evitar envases innecesarios y promover la reutilización, el rellenado y el reciclado, armonizar las medidas nacionales para evitar obstáculos comerciales y distorsión de la competencia en Europa y contribuir a “la economía circular (extender la vida de los productos) y ayudar a conseguir cero emisiones netas en 2050.

Lo que ha arrancado el 12 de agosto, con el nuevo Reglamento de Envases y residuos (PPWR), es un proceso, con una serie de medidas y cambios que se introducirán obligatoriamente entre 2026 y 2030, el año final. Lo primero que ya está en vigor, desde el 12 de agosto, es que cualquier empresa fabricante de envases o envasadora tiene la obligación legal de estar inscrita en un registro oficial para poder seguir funcionando, a la vez que los distribuidores y supermercados adquieren la responsabilidad de vigilar que sus proveedores cumplan las nuevas normas. Además, se amplía “el marco de responsabilidad ampliada del productor, un mecanismo que obliga a las empresas a asumir el coste total de la recogida y tratamiento de “sus” residuos, mediante tasas variables según el coste de tratamiento.

Otra novedad que ya está en marcha, desde el 12 de agosto, es que se prohíbe la fabricación y comercialización de envases con sustancias PFAS (perfluoroalquilados y polifluroalquilados), sustancias químicas que se utilizan para que los recipientes resistan a la grasa o al agua y que son habituales en envases de comida rápida y alimentos preparados (cajas de pizzas) y que se acumulan en el medio ambiente.

Veamos otras novedades futuras. A partir del 12 de febrero de 2027, las tiendas y super deberán permitir a los consumidores llevar su propio recipiente para comprar comida o bebida. Y los establecimientos der comida rápida deberán ofrecer también envases reutilizables, que deberán devolverse al establecimiento. En esa fecha, deberán ser “compostables” (descomponerse de forma biológica) las bolsitas de te y las etiquetas que llevan las frutas y hortalizas. El 1 de enero de 2030, los envases no deben incluir más del 50% de vacío (aire), lo que modificará algunas bolsas de aperitivos, los estuches de perfumes o los paquetes que nos llegan de las compras por Internet. En esa fecha, los supermercados no podrán vender frutas y verduras de menos de 1,5 kilos envasadas en plásticos ni agrupar con plásticos “pack” de productos (cervezas o Coca-Colas). Y desaparecerán los sobres individuales para condimentos (sal, aceite, kétchup…) en bares y restaurantes (deberán ofrecerse en envases rellenables), los pequeños botes de champú o los geles y cremas en dosis de los hoteles…

Una novedad destacada es que las tiendas y super tendrán que instalar un sistema de depósito para recoger botellas de plástico de un solo uso y latas de hasta 3 litros: el comprador pagará algo por estos envases (se habla de 10 céntimos) y si lo devuelve, la máquina o el establecimiento le devolverá lo pagado (lo que se llamaba “llevar los cascos” cuando yo era niño). Es el SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno), que el Reglamento europeo introduce para enero de 2029 pero que en España podría implantarse este año, en noviembre de 2026, dado que está previsto en un real Decreto de envases que el Gobierno español aprobó a finales de 2022, con acuerdo previo de Bruselas. El sistema preocupa a muchas tiendas y súper, que se quejan de que “no tienen sitio”, aunque ha tenido ya mucho éxito en 50 paises, donde se recuperan el 90% de los envases de bebidas.

Las tiendas y supermercados también van a tener que “hacer hueco” para otra exigencia de este Reglamento de envases: a partir de 2030, tendrán que destinar el 10% de su espacio de venta a “estaciones de rellenado” de productos, donde los compradores irán con sus propios envases y allí echarán parte de los alimentos y bebidas que compren. Un cambio de costumbre pero que ya se ha generalizado en las botellas rellenables de agua que muchos llevan hoy.

Otra novedad importante del Reglamento europeo es que obliga también a un cambio en el etiquetado de los envases, a partir del 12 de agosto de 2028: los futuros envases deberán llevar una “etiqueta europea armonizada”, que informe de los materiales que contiene y facilite su separación y reciclaje al incluir una etiqueta de colores, que facilite al consumidor una información precisa del contenedor donde debe arrojarse (se modificará también la información externa de los contenedores para facilitar “el emparejamiento”…

El objetivo de todos estos cambios es revolucionar el actual sistema de envases y reciclado, desde el inicio (innovado los envases, con nuevos materiales y diseños) a la distribución y venta (asumiendo nuevas tareas en la cadena de suministro, desde envases reutilizables a venta directa), los bares, restaurantes y hoteles, también el transporte (el 40% de determinados embalajes que transporten deberán ser reutilizables y el resto, más pequeños y más reciclables), las industrias (entre ellas y con sus proveedores). Va a ser una revolución, que supondrá cambios a todos y una fuerte inversión a algunos. En España se estima que hay unas 28.000 empresas afectadas por este nueva normativa, un 80% pymes, que tendrán que invertir y ser más competitivas para afrontar estas nuevas exigencias.

Por todo ello, muchas empresas de alimentación, distribuidores y supermercados se quejan de este Reglamento, asegurando que las distintas obligaciones aumentarán sus costes, en un mal momento (encarecimiento de la energía, el transporte y los alimentos). Pero algunos expertos creen que las empresas que inviertan en menos envases y más reciclables lo acabarán recuperando, al tener que pagar menos tasas por reciclar. Con todo, podría haber un aumento de precios generalizado, por efecto de los nuevos costes, por lo que las asociaciones de consumidores piden al Gobierno que vigilen la aplicación concreta de las normas, para que su coste no recaiga solamente en los consumidores. Con todo, la OCU cree que los consumidores “saldremos ganando: menos envases innecesarios, más envases reciclables, menos sustancias “problemáticas” en los envases, más posibilidades de reutilización y de uso de envases propios y unas etiquetas con información más clara.

Por su parte, Greenpeace valora positivamente que se prohíban ciertos plásticos y que se implante el sistema de recogida de envases SDDR, pero denuncia que la normativa europea ha sucumbido a las presiones del lobby del plástico, dado que fija reducciones de uso insuficientes (-5% para 2030 y -15% para 2040). Y reitera que la tasa real de reciclaje de los plásticos no es el 80% que dice Ecoembes, sino realmente por debajo del 30%, con lo que la mayoría de los residuos plásticos acaban en vertederos, incineradoras, en paises pobres o vertidos a tierras,  ríos y océanos. De hecho, WWF denuncia que  España es el 2º país que más plástico vierte al Mediterráneo después de Turquía y el cuarto país de la UE que más plástico consume.

En resumen, tenemos unos años por delante en que vamos a ver muchos cambios en los envases que vemos todos los días, desde los alimentos a las compras por Internet, y estaremos obligados a algunos cambios de hábitos, tanto al encargar comida como al comprar botellas o ir a comprar al súper con nuestros envases. Actitudes novedosas, que chocan hoy pero que pueden generalizarse mañana. Y las empresas, sobre todo, tendrán que estrujarse la cabeza y el bolsillo para inventar envases nuevos y más reciclables. Todo sea por reducir la basura que nos come y mejorar el medio ambiente. Poca broma.