Enrique Ortega
En menos de 7 años, la economía mundial ha pasado por varias
crisis: pandemia, atascos en la cadena mundial de suministros, guerra
de Ucrania y escalada de precios, aranceles y guerras comerciales, conflicto en
Irán y nueva escalada de precios de la energía…Lo más llamativo, según
el último informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) es que los
hogares, las empresas, los mercados financieros y los paises han
resistido bien, no ha habido una debacle mundial (como en 2008)
y la economía mundial sigue creciendo, un +3,1% en 2026, gracias
a tres factores: las ayudas públicas contra las crisis (100.000 millones de euros gastados sólo en Europa, 12.000 de ellos en España), la reconversión
de los suministros de energía (más diversificados y con más peso de las energías
renovables) y el tirón de las inversiones tecnológicas, sobre todo en
Inteligencia Artificial (IA).
Pero ahora, el mundo tiene un problema, según
el FMI: los paises tienen demasiada deuda pública y
como los inversores exigen más intereses (ante la mayor inflación y la
incertidumbre geopolítica), les ha subido el coste de esa deuda, con
lo que también les sube el déficit público. Un ejemplo: EEUU pasará de
pagar el 2,8% de su PIB en intereses por su deuda en 2019 (603.120 millones de
dólares) al 5,7% de su PIB en 2031 (1,93 billones de dólares). Y lo mismo el
resto de paises desarrollados: pagarán
el doble o el triple de intereses por su deuda. Y como Occidente
crecerá poco los próximos años, esta “hipoteca” de la deuda les obligará
a gastar menos en otras cosas, sobre todo en servicios públicos y
gastos sociales. Y además, si viene otra crisis (que vendrá), tienen
menos “colchón” presupuestario para aprobar ayudas para salir de ella.
Por eso, el
mensaje del último informe del FMI es claro: hay que
reducir la abultada deuda pública del mundo, que ha crecido en las
últimas décadas, empujada por tipos bajos e incluso al 0% (entre 2008 y 2016). Sus
datos son inapelables: en el año 2.000, la deuda mundial suponía el 62% del
PIB mundial, saltó al 80% entre 2026 y 2019 y tras el repunte de 2021 (el
98% de deuda por la pandemia), se mantiene en el 95% del PIB en 2026. Y esperan que en 2030, la deuda mundial alcance el 100% del PIB, un umbral nunca visto desde la postguerra de la II Guerra Mundial.
Pero la deuda pública es aun más abultada en muchos
paises, sobre todo los más desarrollados, según el
ranking de EBC Finantial Group. El líder en endeudamiento es EEUU
(debe 40.739.000 millones de dólares en 2026), seguido de China
(22.290.000 millones de dólares), Japón (8.951.000 millones $), Reino
Unido (4.418.000 millones $), Francia (4.258.000 millones $), Italia
(3.790.000 millones $), Alemania (3.523.000 millones $), India
(3.464.000 millones $), Canadá (2.776.000 millones $) y en el 10º puesto
Brasil (2.544.000 billones $ de deuda pública). Pero lo más revelador es
el peso de esa deuda en relación a cada economía, el
porcentaje de deuda sobre el PIB, el dato que mejor revela la gravedad
del problema. Y aquí, el ranking lo lidera Japón (204,4% deuda sobre su
PIB), seguido de Singapur (179,1%), Sudán (169,1%), Bahréin (152,4%), Italia
(138,4%), Grecia (136,9%), Senegal (132,3%), Maldivas (129,4%), EEUU (125,8%),
Ucrania (122,6%) y Francia (118,4% deuda/PIB).
Europa está menos endeudada que EEUU (125,8%
PIB), Japón (204,4%) y China (106,9% PIB): tenía una deuda del 82,9%
del PIB en junio de 2026 (3,62 millones de euros), según
Eurostat, algo menos que antes de la pandemia (84,6% deuda en
2017-2021). Los paises europeos más endeudados en junio 2026 (en relación a su
tamaño económico) eran Grecia (140,8% del PIB), Italia (139,9%
del PIB), Francia (119,1%), Bélgica (110,2%) y España
(101,4%), seguidos de lejos por Portugal (96,9% PIB deuda), Finlandia (90,2%),
Austria (83,6%) y Hungría (75,6%), siendo baja la deuda en Eslovenia (64,7%),
Polonia (64,5%), Alemania (63,4%), Paises Bajos (43,7%), Suecia e Irlanda
(35,3%) y Dinamarca (27,1% del PIB de deuda). En el caso de España, en
julio ha bajado su deuda al 99,9% del PIB (1.744.000 millones), según
el Banco de España, bajando por primera vez del 100% de deuda, tras haber
llegado a un máximo del 124% del PIB en 2021 (por la pandemia). Y la Comisión
Europea estima que nuestra deuda siga bajando, al 98,9% en 2027 y
al
89% en 2031 (según FMI),
mientras auguran que crezca la deuda de Italia, Francia, Bélgica y Alemania.
Este alto endeudamiento, sobre todo de Italia
y Francia,
ya ha provocado que los inversores reclamen ahora más intereses
para seguir comprándoles deuda pública, máximo con la incertidumbre
geopolítica, las guerras y las próximas elecciones en varios paises. Así, la
deuda pública de Francia pagaba el
viernes el 5,05% (llegó al 5,082 el jueves), frente al 3,21% que
pagaba el 27 de febrero, antes del ataque a Irán (+1,84%). Italia paga el 4,58%, frente al 3,27% que
pagaba a finales de febrero (+1,31%). La deuda
española paga menos
que la francesa o la italiana, 4,04% (+0,98% que en febrero) y
también ha subido el interés de la deuda de Alemania, al 3,33%
(+0,68% que en febrero). Y se han encarecido mucho la abultada deuda USA,
que cuesta el 4,98% y llegó a cotizar al 5,14 el miércoles (+1,18% que a finales de febrero) y la deuda de Reino Unido, al 5,34% el viernes (+1,04% que
en febrero).
Este encarecimiento de la deuda pública en
todo el mundo, además de crear incertidumbre y bajadas en las Bolsas, dispara
el gasto de intereses de los paises y aumenta su déficit público
a niveles preocupantes. En EEUU,
el déficit fiscal rozaba en septiembre los 2 billones de dólares, un 6%
del PIB. Y en Reino Unido roza el 5,3%. En Europa, los
27 tenían un déficit público del 3,5% del PIB en junio, según
Eurostat, con déficits públicos mucho mayores y preocupantes en
Francia (5,1% del PIB, por eso se dispara el coste de su deuda), Bélgica
(5,3%), Alemania (4,1%), Austria (3,4%), Italia (3,2% del PIB de
déficit), Hungría (7,2%), Polonia (5,9%) o Rumanía (9,2% del PIB de déficit). España
es el
5º país europeo con menos déficit
público (2,2% del PIB en junio), como Grecia (2,2%) y Portugal
(0,8%), ahora con las cuentas más saneadas que Francia, Alemania, Austria o
Bélgica, los paises que en la crisis de deuda de 2010 les llamaban “derrochadores”
(y “PIGS”)…
España es un
modelo en Europa de cuentas públicas saneadas: el déficit público,
que saltó del superávit en 2005, 2006 y 2007 (+1,9% del PIB) al -4,56% en
2008, se disparó con la crisis financiera al -11,6% del PIB en 2012 para
bajar, con los ajustes al -3,1% del PIB en 2017 y mantenerse en el -3,06% en
2019. La pandemia disparó el déficit al -11,1% del PIB en 2021, pero
a partir de ahí ha bajado año tras año, al -4,7% en 2022 y al -2,20%
que cerró en 2025, gracias a que el fuerte crecimiento de la economía y
el aumento extra de la población y del empleo han aumentado mucho la
recaudación: de 213.000 millones ingresados en 2019 a 325.356 millones en
2025 (+51%), según
la Agencia Tributaria. Eso ha permitido distintos Planes de ayudas contra
la crisis (“escudo social) y aumentar pensiones y gasto social, a la vez que
se recortaba el déficit
público: hoy es la mitad del de Alemania y
Francia.
Al margen del bajo
déficit de España (que también reduce su deuda), la mayoría
de los paises desarrollados han visto subir su deuda pública y los intereses
que pagan, así como sus déficits públicos, según alerta el
FMI, que plantea dos tipos de medidas: por un lado frenar
o reducir el gasto público y por otro, intentar aumentar los ingresos
públicos, para lo que sugiere varias medidas: poner una tasa a las empresas
que facturen más de 100 millones de dólares, crear un impuesto digital (como ha
propuesto el Parlamento Europeo) o aprobar otro impuesto nuevo sobre las
apuestas deportivas digitales. Lo importante, según el FMI, es que los
paises saneen sus cuentas públicas, para tener “un colchón” ante futuras crisis.
Pero la mayoría de los paises europeos se quedan sólo con
una parte del consejo, el de recortar costes. Así, el canciller
alemán Metz ha
impulsado 3 paquetes de recortes sociales desde que llegó en 2025,
poniendo en peligro su alianza de Gobierno con los socialdemócratas: un ajuste
de 40.000 millones en sanidad y prestaciones sociales, un endurecimiento
del acceso a los subsidios y a la renta básica y una reducción de ayudas
familiares y sociales, mientras estudia una reforma de las pensiones (para
recortarlas). En paralelo, el gobierno de Francia hace frente a su
crisis de la deuda anunciando
recortes de 54.000 millones de euros en su proyecto de Presupuestos
para 2027, mientras Marine Le Pen (que podría llegar al Elíseo en 2027) propone recortes de hasta 140.000 millones en
6 años y Melenchón (Francia Insumisa) propone gastar 80.000 millones más. Y en el
tercer país con problemas de deuda y déficit, Italia, Meloni
anticipa para 2027 recortes de gasto y no hacer las bajadas de
impuestos prometidas, mientras gastará más en Defensa y energía.
Lo más grave es que Alemania
y los otros paises “frugales” (Austria, Paises Bajos, Finlandia,
Dinamarca y Suecia) exigen recortar el próximo Presupuesto de la UE para
2028-2034, para tener que aportar ellos menos al fondo común y reducir
así sus abultados déficit y deuda. De momento, su presión ha conseguido que Irlanda
(que preside ahora la UE) recorte
un 8% el Presupuesto europeo previsto para los próximos 8 años (de
los 1.760.000 millones de euros iniciales a 1.620.000 ahora), lo que supone recortar
sobre todo los Fondos agrícolas y las ayudas regionales, también algunos
Fondos para competitividad e investigación, mientras aumentan el gasto en
Defensa, propuestas
que no aceptan los paises del sur, con más peso del campo, encabezados por
Italia, Francia, España y Portugal.
En la Cumbre europea del 15 y 16 de octubre no
se alcanzó un acuerdo, pero Alemania y los “frugales” quieren un
recorte mayor del 8%, lo que perjudicaría más a la Europa del sur.
Y además, en un momento en que las
protestas se generalizan en media Europa, mientras crece la
ultraderecha cara a las próximas elecciones en España, Francia, Italia o
Polonia. Parece mentira que cuando la mayoría de europeos sufren cada mes la
crisis energética y las subidas de los carburantes y la luz (ojo: provocadas por las guerras de Putin y Trump), el encarecimiento de la vivienda y unos sueldos que no
permiten llegar a fin de mes, los
líderes europeos vuelvan a hablar de recortes, en lugar
de aprobar nuevas ayudas, como tras la pandemia, y medidas
para relanzar la economía europea, estancada y poco competitiva. Los
europeos, sobre todo los españoles, griegos y portugueses, ya sabemos el
alto coste económico y social de los recortes, porque los
sufrimos entre 2010 y 2014, provocando una recesión, una
enorme pérdida de empleos y deteriorando los servicios públicos.
En España, el hecho cierto de que tengamos unas
cuentas públicas saneadas y una
deuda pública a la baja no debería justificar ningún recorte
del gasto público, sino que debería aprovecharse el mayor crecimiento y la
fuerte creación de empleo para modernizar la economía, con más tecnología y
digitalización, sacando recursos para impulsar inversiones y reforzar
los servicios públicos, en especial la sanidad, la educación y los
servicios sociales, faltos de personal y de recursos. Pero todo va a
depender de las elecciones del 29-N. Porque si el resultado permite
gobernar al PP y Vox, nadie duda que harán recortes (como
han hecho en las autonomías donde gobiernan), aunque no se atrevan ahora
a decirlo. Parece claro que su prioridad no será
reforzar los servicios públicos, sino recortar su gasto y promover la
privatización de la sanidad y la educación, como ya hacen en sus autonomías. Y “reformarán” las pensiones, para frenar el gasto,
mientras aumentarán el gasto en Defensa y Seguridad. Así que mire
bien a quién vota.
lunes, 26 de octubre de 2026
Un mundo muy endeudado: vienen recortes
El FMI acaba de lanzar la alerta: el mundo ha
soportado bien las crisis sufridas desde la pandemia, pero los paises
han gastado mucho dinero en ayudas y no tienen “colchón”
para afrontar problemas futuros. Urge reducir los déficits y la deuda
pública, disparada en la última década: supera el 125% del PIB en USA,
el 204% en Japón, el 84% en la UE y el 119% en Francia. Un grave problema
porque los inversores exigen ahora más intereses y eso aumenta
el gasto de los paises. Por eso, Alemania, Francia o Italia ya han
aprobado recortes y exigen también recortes al Presupuesto
europeo 2028-2034. España está mucho mejor (tenemos la mitad del
déficit público que Alemania o Francia y la deuda baja desde 2021), porque crecemos
y recaudamos más, así que no necesitamos recortes. Pero si
PP y Vox ganan las elecciones, podrían recortar el gasto social,
como toda la derecha europea. Y por nuestra experiencia de 2010 a 2014, ya
sabemos el coste económico y social de los recortes.
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