miércoles, 7 de septiembre de 2011

Pequeño empujón al coche eléctrico

Los coches son para el verano, pero no los eléctricos: no se vende ni un coche eléctrico al día, mientras las ciudades y carreteras están repletas de los coches tradicionales, que gastan una energía cara, que no tenemos y que contamina mucho. El Gobierno aprobó en julio nuevas ayudas para los que compren coches eléctricos, aunque todavía son muy caros y con poca autonomía. Pero las marcas, que reciben grandes ayudas públicas, empiezan a apostar por ellos y habrá muchos lanzamientos en 2012. El avance es lento, pero todo apunta a un gran salto del coche eléctrico en una década, como coche urbano. Está recargando baterías.
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El transporte, y sobre todo los coches, gastan más de un tercio (39%) de la energía total que consumimos y que nos cuesta unos 50.000 millones de euros al año, más de lo que ingresamos por el turismo. Y funcionan en un 98% con derivados del petróleo, una energía cara, escasa y que no tenemos. Además, el transporte es responsable de la cuarta parte de las emisiones de CO2 y está creando graves problemas de contaminación en nuestras ciudades. Son razones poderosas para apoyar al coche eléctrico.
El Gobierno lanzó en septiembre de 2009 un primer Plan Movele de apoyo al coche eléctrico, con ayudas de hasta el 20% del precio y el objetivo de financiar 2.000 vehículos. Al final del Plan (1 abril 2011), se habían financiado 1.530 vehículos eléctricos, la mitad motos (una cuarta parte en Barcelona), 300 vehículos comerciales y sólo 200 turismos a particulares. Ahora, el Gobierno ha aprobado un Plan más ambicioso, que pretende incentivar la venta de 250.000 vehículos eléctricos en España hasta 2014, de ellos 20.000 en 2011 y otros 50.000 en 2012.Un objetivo imposible a la vista de que en los siete primeros meses de 2011 se han matriculado 181 vehículos eléctricos, menos de uno al día (y 220 en todo 2010).
El Plan del Gobierno para dar un empujón al coche eléctrico tiene tres patas. La primera, ayudas directas al comprador, de hasta un 25% del precio: de 2.000 a 6.000 euros para motos y coches y de 15.000 a 30.000 euros para vehículos pesados, autobuses y camiones. Son 72 millones de euros, para subvencionar la compra de 12.000 vehículos. Eso sí, las mayores ayudas son para vehículos eléctricos puros (motor eléctrico) y menores para  híbridos enchufables y con autonomía extendida (dos motores) La segunda medida es promover la figura del gestor de carga: empresas (aparcamientos, grandes almacenes, empresas de servicios), instituciones (Ayuntamientos) y comunidades que instalen, con ayudas públicas, postes de carga y electrolineras. Y la tercera, vender luz más barata de 1 de la madrugada a 7 de la mañana, para recargar los coches eléctricos, aprovechando la energía eólica sobrante.
El sector del automóvil dice que mejor hubiera sido dedicar este dinero a renovar el parque automovilístico (40% tiene más de 10 años) y relanzar las ventas, que están hundidas. Pero la industria está entrando por el aro del coche eléctrico, animada por cuantiosas ayudas públicas, 580 millones de euros sólo en 2010. De hecho, la mayoría de las fábricas españolas han lanzado o van a lanzar en 2012 un modelo eléctrico y lo que piden es un Plan a 5 años, ya que estas ayudas se acaban el 1 de diciembre de 2011 y tienen la incertidumbre de qué hará con el coche eléctrico el próximo Gobierno.
El mayor problema del coche eléctrico es su elevado precio: unos 36.000 euros, el triple que un coche tradicional, y ahora con ayudas se queda entre 28.400 y 33.000 euros. La segunda pega es su escasa autonomía: entre 90 y 130 kilómetros (y entre 20 y 40 kilómetros con baterías los híbridos). Y la tercera, que necesitan recargarse cada día, entre 6 y 8 horas, y sólo hay 427 postes, cuando harían falta unos 30.000 (2,5 por coche). La gestión de las recargas se ha dejado a las autonomías y algunas ya están haciendo Planes de puntos de carga, por si funciona el Plan de ayudas.
La evolución va a ser lenta, pero el coche eléctrico va a despuntar, primero de la mano de las empresas: las ayudas a la compra de flotas llegan al 50% del precio y eso debe animar a compañías que operan en determinados negocios, como aeropuertos (AENA ya ha comprado), recogida de basuras (FCC tiene ya 100 camiones eléctricos en Barcelona), reparto, alquiler (ya se ofrecen en rent a car), transporte colectivo (microbuses) o taxis. Y lo mismo en Ayuntamientos, instituciones (policía o bomberos) o en la Administración autonómica y central. Y finalmente, como coche de ciudad para una familia, con un gasto de 1,5 euros por 100 kilómetros y un motor sencillo que aguanta perfectamente 20 años.
Hace falta tiempo, pero el futuro es del coche eléctrico. Por tres razones. La primera, que los carburantes van a ser cada vez más caros, no sólo porque el petróleo sea caro y escaso sino porque la demanda crece exponencialmente en el mundo, por los países emergentes, y los 800 millones de coches de hoy serán más de 2000 en 2050. La segunda, porque la tecnología evoluciona a toda velocidad y las baterías cada vez tendrán más autonomía y se cargarán antes (ya es posible hacerlo en menos de 1 hora, en algunos modelos). Y la tercera y definitiva, porque antes o después nos van a castigar (Londres) o prohibir ir al centro de las ciudades en coche, algo que quiere implantar la Comisión Europea para 2050.
La crisis, como en todo, frenará al coche eléctrico, pero se espera que suponga un 10% del parque automovilístico europeo para 2020. Hará falta tiempo, inversiones, ayudas y nuevos sustos del petróleo. Pero se impondrá, sobre todo en las ciudades. Y algún día, todos los coches serán así. Nuestros hijos lo verán.

sábado, 3 de septiembre de 2011

Nuevo curso: más crisis y viejas recetas inútiles

Ha sido un agosto de locos, el peor mes desde que estalló la crisis. Europa y Estados Unidos han estado a los pies de los mercados, con pérdidas históricas en las Bolsas y la deuda, mientras los políticos confirmaban su incapacidad, insistiendo en duros ajustes. En España, Gobierno y oposición, incapaces de hacer un pacto contra el paro, se han puesto de acuerdo en horas para reformar la Constitución y liquidar el déficit público para 2020. Una aberración ideológica en el país con más paro de Europa y con grandes necesidades de modernización. Al final, la crisis se ha agravado y las recetas conservadoras, la obsesión por la austeridad, han llevado a Europa, desde Alemania a España, a no crecer casi nada. Ahora, el temor a la recesión preocupa más que los déficits  y la deuda.
                                                                                Ilustración: Enrique Ortega
Con los políticos de vacaciones y la típica volatilidad de agosto, los mercados redoblaron su apuesta contra la deuda europea, subiendo el tiro hasta Italia (cuya prima de riesgo subió por encima de España) e incluso hasta Francia, con rumores de bajada de rating. Y a ellos se sumó la pelea política de Obama por el déficit, que puso a Estados Unidos contra las cuerdas, angustiando al mundo. Merkel y Sarkozy interrumpieron sus vacaciones para lanzar un nuevo mensaje de reforzar el Gobierno europeo, vacío de medidas concretas. Sólo otra receta ideológica: hay que seguir con los ajustes, apoyando los nuevos recortes anunciados por Italia, Francia y España. Y liquidar el déficit en la Constitución de cada país.  
Justo una semana después, Zapatero sorprende llevando al  Congreso un pacto con Rajoy para acabar con el déficit público. Tras 7 años de no pactar nada ni luchar juntos contra el paro, PSOE y PP se ponían de acuerdo en horas para reformar la Constitución y que España sólo pudiera tener un 0,40% de déficit en 2020 (ahora es un 7%). Todo para “calmar a los mercados”. Y como siempre, Zapatero quiere ser el primero de la clase: sólo Alemania prohíbe el déficit en su Constitución, pero el pacto PSOE-PP va más allá: fijará que la deuda no puede superar el tope europeo (60% del PIB, desde el 64% actual de España) y que pagar los intereses de la deuda será prioritario, por encima de otros gastos como el paro o las pensiones. Ni Alemania ni ningún país del mundo han incluido estos compromisos en su Constitución.
El polémico pacto es un intento más de dar confianza a los mercados (donde no ha surtido apenas efecto), pero sobre todo una hipoteca ideológica para el futuro, gobierne quien gobierne: se pierde un instrumento clave para la política económica, el poder utilizar el presupuesto como palanca contra la crisis. Es la típica receta conservadora, de Merkel, el BCE y la Comisión, pero en el caso de España es un error doblemente grave. Un error coyuntural, porque tenemos más del doble de paro que Europa y el Presupuesto debería ayudar a crear empleo. Y un error estructural, porque España tiene menos peso del gasto público y una gran necesidad de invertir en modernizarse, en educación, tecnología e infraestructuras. Tener el mismo déficit que Alemania, con el triple de paro y veinte años de retraso, es un lujo que no deberíamos permitirnos. Y menos imponerlo en la Constitución a las generaciones futuras.
El problema no es el déficit sino en qué se gasta. Si es para mantener TV autonómicas sectarias, AVE sin viajeros o aeropuertos sin aviones, hay que recortarlo. Pero si es para hacer frente a la crisis, para ayudar a las empresas a crear empleo, a modernizar el país, a preparar el futuro, entonces es obligatorio gastar. Y buscar nuevos ingresos, como han hecho ya Francia, Gran Bretaña, Italia (con marcha atrás) o Portugal, con subidas de impuestos de Gobiernos conservadores. Pero en España, Rajoy ya ha dicho que no subirá impuestos.
Llevamos año y medio de crisis de la deuda y la receta sigue siendo más recortes. Un camino equivocado que está dando sus frutos(indeseables): Europa está estancada, crece menos que antes. Las cifras de crecimiento del 2º trimestre son espeluznantes: +0,1% Alemania, +0% Francia, +0,3% Italia, +0,2% España, +0,2 % Reino Unido, +0 % Portugal, -6,9% Grecia… Un +0,2 % de media los 17 países  de la zona euro. Y un 0,2 % los 34 países de la OCDE, EEUU incluido (+0,3%).
Este es el problema que cada día preocupa a más expertos y que empieza a calar en los mercados: existe el riesgo de recesión, de que en vez de salir de la crisis, vayamos para atrás. Y cada nuevo ajuste, cada nuevo recorte, frena más el crecimiento. Por eso ha sido la pelea de Obama, que anuncia para septiembre un plan para reanimar la economía, con tipos al 0,25% dos años más. Enfrente, Europa ha subido dos veces el dinero, hasta el 1,50%, y sigue predicando recortes, incluso para países como España, con el 21,2% de paro. Y si no se crece, difícil será cumplir con los ajustes y pagar la deuda. Ahí está el fondo de la reciente desconfianza de los mercados.
Cara al nuevo curso, volverán las tensiones a los mercados, porque Europa no ha hecho los deberes: no se han puesto en marcha las medidas para defender la deuda de los países periféricos, no se lanzan los eurobonos (un solo continente, una sola deuda, apoyando los fuertes a los débiles) ni el Tesoro europeo, con una reforma del papel del BCE. Y sobre todo, se sigue por el camino equivocado, el de los recortes, en vez de tratar de reanimar las economías para salir de la crisis y crear empleo. Merkel, Sarkozy y los conservadores de Bruselas, obsesionados con la austeridad,  seguirán sin tomar medidas de fondo hasta que los mercados o la recesión nos pongan  al borde del abismo.
Mientras, en España, nos esperan cuatro meses muy difíciles hasta que haya nuevo Gobierno, con nuevos recortes autonómicos (el tijeretazo de Cospedal  y antes el de Mas) y otros posibles ajustes “de fin de año” (¿pactados también entre PSOE y PP?), derivados del mayor coste de la deuda (3.500 millones) y los menores ingresos fiscales. Sigue sin haber consumo y las empresas ni venden ni logran financiarse. Y no se crea empleo, salvo precario (más ahora que el Gobierno ha abierto la mano a ampliar los contratos temporales y de formación). Todo apunta a un otoño caliente, con mucho descontento. Y a que 2012 nos traerá un nuevo Gobierno, pero que no será tampoco el año de la recuperación.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Dos libros sobre la crisis para este verano

Les propongo dos libros para leer estas vacaciones. Tratan sobre la crisis, con una óptica diferente, original y entretenida. Uno es la historia de Goldman Sachs, el banco de inversión más importante del mundo, que tiene mucho que ver en la gestación de las crisis, desde la de 1929 a la actual, pasando por la burbuja de Internet, la subida del petróleo o los alimentos y la crisis de Grecia. El otro libro analiza las crisis de los últimos 8 siglos, desde la Edad Media a las hipotecas basura, para concluir que el hombre nunca aprende: repite los errores, la codicia, la especulación, y siempre cree que “esta vez es distinto”.  
               

El Banco. Cómo Goldman Sachs dirige el mundo”, es un entretenido libro del periodista francés Marc Roche, que se adentra en los entresijos de una entidad con un inmenso poder en la economía mundial: Goldman Sachs, un banco de inversión creado en 1869 por dos judíos alemanes emigrados a EEUU, que se dedica a asesorar Gobiernos y empresas y a operar con todo lo que se compra y venda, desde petróleo a trigo pasando por hipotecas basura.
Goldman Sachs (GS) ha estado ligado a todas las crisis económicas, desde la crisis de 1929 hasta la de las hipotecas subprime (septiembre 2008), donde se dedicó a lanzar los productos basura y a especular a la vez contra ellos, favoreciendo la caída de Bearn Stearns y la aseguradora AIG, así como la quiebra de Lehman Brothers, su gran competidor. A su vez, GS asesoró al Gobierno británico para salvar bancos a los que previamente había vendido bonos basura. Y no sólo salva la cara, sino que GS recibe 10.000 millones $ de ayuda del Gobierno de EEUU, concedidos por un Secretario del Tesoro, H. Paulson, que trabajó 32 años en GS. Y aunque su primer directivo, Lloyd Blankfein, acabó declarando ante el Senado (abril 2010), salió sin cargos. Y sin que la Administración Obama, en cuya campaña Goldman Sachs fue el primer contribuyente, le haya cortado poder real.
Poder y dinero es el cocktail que mejor conoce GS. Tras la crisis del 29, asesoró al demócrata Rooselvet (1932) y después al republicano Eisenhower (1952 y 1956), para tener a directivos en puestos clave de los Gobiernos Bush (padre e hijo), Clinton y Obama. En Europa, han trabajado en  GS el ex presidente italiano Romano Prodi, el comisario europeo Peter Sutherland o Mario Draghi, que en noviembre será presidente del BCE, a pesar que trabajaba en GS cuando el banco asesoró a Grecia para engañar sobre su deuda a Bruselas y poder entrar en el euro. En España, Goldman Sachs, a través de Juan Antonio del Rivero (recién jubilado y ahora asesor de Esther Koplovitz), ha intervenido en las grandes privatizaciones del PSOE y el PP (desde Telefónica a Endesa), aunque ahora especulen con nuestra deuda.
Goldman Sachs está también detrás de la burbuja de Internet (2001), de la crisis del petróleo en 2008 (147 dólares/barril), del vertido tóxico del Golfo de México (asesoraba a BP), de la especulación con el  precio de los alimentos o los metales (tienen una demanda de Coca-Cola, que les acusa de subir artificialmente los precios del aluminio). GS es una gran máquina de especular con todo, hasta con... el aire: es uno de los grandes operadores en CO2, un mercado que mueve un billón de dólares al año.
Este libro cuenta esas operaciones y se aproxima a la forma de organizarse y trabajar de GS, a quien llama “los monjes banqueros”, por su opacidad. “Hago el trabajo de Dios”, dijo ante el Senado USA su primer ejecutivo, jugando a hacer una broma con el nombre.  Es la secta de los especuladores mundiales, que han vuelto a salir fortalecidos con la última crisis, con menos competidores y un aumento del 132% de beneficios este año, con bonus de escándalo. Son como la red de una novela de espionaje, pero real, que impresiona, no tanto por lo que cuenta como por lo que se intuye.
El otro libro” Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera”, es una reflexión de dos economistas sobre un hecho: las crisis económicas se repiten. Y los Gobiernos, las empresas y particulares caemos en ellas pensando “esta vez es distinto”. Para demostrarlo, analizan las crisis de los últimos ocho siglos, en 66 países, desde la Edad Media hasta las hipotecas basura. Se pasan revista a los impagos de deuda de los países (Grecia, por ejemplo, ha impagado su deuda en múltiples ocasiones desde 1800 hasta después de la II Guerra Mundial), a las crisis bancarias de los últimos siglos, a las crisis de los tipos de cambio y a las grandes subidas de precios. Y se  concluye que en todas hay dos elementos en común: el elevado endeudamiento y la fuerte subida de los activos (vivienda y acciones).
Los autores del libro concluyen que los detonantes de la última crisis estaban ahí y que los Gobiernos, empresas y particulares no la quisieron ver (“Esta vez es distinto”). Y que sus secuelas, como en las crisis anteriores, van a ser una década de bajo crecimiento y tres años de fuerte caída del desempleo, así como un colapso de la deuda pública y una crisis bancaria. Cara al futuro, estos economistas piden tres cosas: una información más transparente de la deuda de Gobiernos y empresas, un sistema de alertas para detectar las crisis y un organismo internacional independiente (no vale el FMI) que desarrolle y hagan cumplir regulaciones financieras a nivel mundial. Pero, tras analizar 8 siglos de crisis, concluyen que siempre existirá la tentación de sobrepasar los límites, que la codicia lleve al ser humano a auto engañarse. Aunque, al final, la euforia termine en lágrimas.
Espero que estos dos libros les interesen. ¡Buen verano y hasta septiembre¡

domingo, 31 de julio de 2011

Vacaciones más cortas y gastando menos

Más de la mitad del país está de vacaciones, bien merecidas a pesar de lo que diga la canciller Merkel: los españoles tenemos parecidas vacaciones al resto de Europa, aunque durante el año trabajamos más horas y cobramos menos. Y como la crisis sigue ahí, también afecta a nuestras vacaciones. Los datos hablan de que este verano, el tercero de la crisis, vamos a gastarnos un 15% menos que el pasado y que saldremos menos de España. Eso sí, como dos de cada tres españoles no renuncia a las vacaciones, serán más cortas y gastaremos menos. ¡A disfrutarlas ¡
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En mayo, la canciller Merkel quiso ganar votos alemanes atacando a la Europa del sur (España, Portugal y Grecia), porque tenían más vacaciones, trabajaban menos y se jubilaban antes que el resto de los europeos. Pero no es cierto. Empezando por la jubilación: la edad efectiva de retiro en Alemania son los 62,2 años mientras en España nos jubilamos a los 62,3 años y en Portugal a los 62,6 años. Y en las vacaciones, si bien Alemania tiene menos vacaciones sobre el papel (20 + 10 festivos= 30 días) que España (22+14 festivos= 36 días), Portugal (35 días) o Grecia (37 días), la realidad es que en.net la negociación colectiva, los trabajadores alemanes pactan  una media de 30 días de vacaciones, que con 10 festivos suman 40 días, más que la mayoría de los trabajadores de la Europa del sur.
En cuanto a los horarios, la última estadística de Eurostat (2010) habla de que los alemanes trabajan 40,6 horas a la semana, sólo 12 minutos más que España (40,4 horas) y casi lo mismo que Portugal (40,2 horas) o Grecia (40,5 horas). Pero si cogemos los datos de la OCDE (2009), los españoles trabajamos 1.653,8 horas al año frente a 1.389 horas los alemanes (y 2.119,3 los griegos). Y si tomamos la jornada realmente pactada en los convenios (Eurofound 2009), en España se trabajan 1.720,4 horas al año frente a 1.655 horas en Alemania (y 1.719 en Portugal o  1.816 en Grecia). En definitiva, que tampoco es verdad que trabajemos menos. Baste un ejemplo: los trabajadores españoles que hacen en Zaragoza el Opel Corsa trabajan 223 días al año (38,5 horas a la semana) y sus compañeros alemanes de Einsenach, que montan el mismo coche, trabajan 3 horas menos, 220 horas al año (38 horas/semana).
Eso sí, los sueldos españoles son la mitad: el sueldo bruto anual en Alemania es de 40.914 euros, frente a 21.500 € en España o 17.500 € en Portugal (Eurostat 2008). Eso se debe a que Alemania tiene una industria más competitiva, con más peso tecnológico y exportador, y con más productividad. Por eso, para intentar compensarlo, trabajamos más horas.
Con la crisis, los salarios de los que mantienen su empleo se han moderado  y el hecho es que más de 6 millones de trabajadores (un 35,4%) cobran menos de 1.000 euros al mes, o sea que no llegan ni a mileuristas, según la Agencia Tributaria. Si a ellos les sumamos los 11 millones de españoles que tienen sus ingresos congelados (3 millones de funcionarios y 8 millones de pensionistas) y los casi 5 millones de parados, entenderemos que 22 millones de españoles “tengan crudo” tomarse vacaciones este año, en el tercer verano de la crisis.
Al final, la mayoría opta por escaparse unos días, tirando de la hucha (sigue bajando el ahorro), aunque con menos presupuesto, porque también  las subidas de precios (luz, gas, butano, carburantes, autobuses interurbanos…) les han comido parte de los ingresos. Este verano, los españoles destinarán entre un 15 y un 20% menos de dinero a viajar, según estimación de las agencias de viajes. Unos 1.789 euros de media por familia, según el barómetro Ipsos-Europ Assistance, frente a 2.145 euros de media de los turistas europeos. Y por eso, haremos unas vacaciones más cortas: una semana los que antes estaban 10 días y diez días los que antes veraneaban dos semanas.
Menos gasto, menos días y más vacaciones dentro de España para el 85-90 % de los españoles. La mayoría vamos de vacaciones en coche (76%, frente a un 7% en tren y un 10% en avión), a la costa andaluza y mediterránea, a Baleares o a Galicia, y más a apartamento que a hoteles, donde ha caído la demanda de españoles, que aprovechan la bajada este verano en los alquileres de casas y apartamentos (entre un 3 y un 5%). Eso sí, está aumentando el turismo interior, más barato, y “la vuelta al pueblo” para los que tienen menos presupuesto.
Este verano, los españoles y los británicos son los únicos europeos que van a gastar menos en sus vacaciones, mientras gastarán más los alemanes, belgas e italianos. Pero dos de cada tres españoles no las perdonamos (un 65% saldremos de vacaciones, 6 % más que en 2010), casi  como el resto de europeos (66% toman vacaciones, un 2% más este año). Aunque vayamos más cerca, estemos menos días y gastemos menos. El caso es salir, cambiar de aires y olvidarnos por unos días de la crisis. Con permiso de la canciller Merkel.
¡Felices vacaciones¡

miércoles, 27 de julio de 2011

Ley de Residuos: reciclar tiene su precio

El Congreso aprobó el 14 de julio la nueva Ley de Residuos, para cumplir con las exigencias europeas. El futuro Gobierno tendrá que elaborar un Plan Nacional de Residuos para evitar que España sea el país de Europa con más basura y menos reciclaje. Ello supondrá un gran esfuerzo para las empresas y los Ayuntamientos, en plena crisis, y también para los consumidores, que tendremos que pagar más por las basuras. Y habrá que olvidarse de las bolsas de plástico para 2018.También volverá la antigua costumbre de devolver los cascos y cobrar por ellos. Al final, se trata de utilizar menos envases, más reutilizables y más fácilmente reciclables. Y acostumbrarnos todos a reciclar, desde pequeños. Basura no, gracias.
España es uno de los países que produce más basura y que menos recicla. Cada español genera al año 556 kilos de basura, más de kilo y medio diario, frente a 508 kilos de media europea. Y sólo reciclamos el 15,5%, unos 86 kilos al año por habitante, frente a 119 kilos (un 23,4%) que reciclan los europeos. La mayoría de la basura acaba en el vertedero (287 kg en España, frente a 202 en Europa) y poca se incinera (48 kg aquí y 100 kg en la UE).
Con todo, la  anterior Ley de Residuos, de 1998, supuso un gran salto, ya que se pusieron en marcha dos sociedades sin ánimo de lucro  para recoger y reciclar residuos (Ecoembes y Ecovidrio) y se ha conseguido reciclar un 66% de los envases ligeros (plásticos, latas y briks) y el 83% del cartón y papel, así como el 60% de los envases de cristal, aunque los ecologistas rebajan esos porcentajes y acaban de presentar una queja ante el comisario europeo de Medio Ambiente para que investigue las “graves irregularidades” en los datos que presenta España.
Polémicas aparte, el caso es que queda mucho por hacer en el reciclaje de basuras en general y en los envases en particular: cada día se utilizan 51 millones de envases y sólo se reciclan entre un tercio y dos tercios, según materiales y fuentes. El objetivo de la nueva Ley de Residuos, aprobada sin votos en contra, es triple: que haya menos envases, que sean menos contaminantes (menos peso y más fácilmente degradables) y que se reciclen y reutilicen más. La Ley tiene tres grandes retos. Uno, que para 2015 toda la basura se recoja en España separada (papel, plástico, vidrio, metales y biorresiduos). Dos, que para 2020 se reduzcan los residuos generados un 10%. Y tres, que también para 2020, se reutilicen y reciclen el 50% de los residuos domésticos (hoy es un 15%).
En paralelo, el proyecto estrella es la supresión de las bolsas de plástico no biodegradables: habrá que suprimir el 60% en 2013, el 70% en 2015 y el 100% para 2018. España es el mayor fabricante de bolsas de plástico de Europa (350 empresas y 50.000 empleos, que tendrán que reciclarse) y su tercer consumidor, con 238 bolsas por español al año, que en un 85% se reutilizan para tirar la basura y que tardan hasta 20 años en degradarse. La cruzada contra las bolsas de plástico ya ha empezado en las grandes superficies, que las cobran (eso ha bajado su uso 5 veces menos), pero la nueva normativa va más allá: en 2015 llevarán mensajes negativos, como el tabaco (“esta bolsa mata el medio ambiente”) y en 2016, el Gobierno les pondrá un impuesto, para desanimarnos más a usarlas.
Estos ambiciosos objetivos van a suponer un gran esfuerzo a las empresas, sobre todo de alimentación, y a los Ayuntamientos, que gestionan la mayoría de las basuras y que nos subirán más la recogida. Harán falta más inversiones, en plena crisis, para mejorar los envases (mucha innovación para que contaminen menos), aumentar la reutilización y el reciclado. Y sobre todo, hará falta un esfuerzo de educación al consumidor, para que colaboremos más en separar y reciclar. Para animarnos, la nueva Ley abre la vía a la recogida de envases, a volver a guardar y llevar “los casos”, como hacíamos cuando éramos pequeños. El sistema SDDR (Sistema de Depósito, Devolución y Retorno) consiste en poner máquinas en tiendas y supermercados donde el consumidor deposita los cascos a cambio de cobrar 25 céntimos por envase, como ejemplo.
El sistema, que tiene mucho éxito en Alemania (se recuperan así el 98% de los envases) y otros 35 países, permite que el consumidor le dé un valor a los residuos y no los tire, reutilizándolos con menos coste que el reciclado actual. La industria y los comerciantes han iniciado una batalla contra el sistema SDDR, porque dicen que les supondrá muchos costes (600 millones de euros), entre las máquinas y la logística. Y los ecologistas responden que ahorraría costes y que el consumidor ayudaría más a reciclar. En cualquier caso, sería un buen sistema complementario a la gestión de residuos, ya que sólo se puede utilizar para los envases de plástico (PET), briks, latas y botellines de cervezas, bebidas y refrescos, un 5% de los residuos totales generados en España. Y tardará unos años en ponerse en marcha.
Con la nueva Ley y muchas inversiones, España puede convertirse en un país más limpio, que genere menos basura y la recicle más. Es un tema de dinero, de ayudas, de gestión, de colaboración entre empresas e instituciones y, sobre todo, de educación. Hoy por hoy, sólo 6 de cada 10 españoles separa las basuras en su casa y son muchos los que todavía no la llevan al contenedor, a pesar de que España es el país con más contenedores por habitante de Europa. Vivimos en la cultura del desperdicio, del usar y tirar. Y eso es también la cultura del despilfarro. No podemos seguir tirando dinero a la basura. A reciclar tocan.

domingo, 24 de julio de 2011

Europa salva el euro a medias

La Cumbre del euro de este jueves ha sido más efectiva de lo esperado. Europa ha visto las orejas al lobo y los pasajeros de primera clase (Francia y Alemania) han visto tan cerca el hundimiento del euro (el Titanic) que han aceptado medidas que llevaban año y medio rechazando, la última vez en la Cumbre de junio. De entrada, se le da un respiro a Grecia (también a Portugal e Irlanda) para que paguen su deuda, con algún coste para los bancos. Y se utiliza al Fondo de rescate como fuerza de choque para defender a la Europa del sur de la especulación de los mercados, que de momento han plegado velas. Pero los líderes europeos se han quedado a medio camino y no han avanzado en crear la deuda y el Tesoro europeos. Y no reaniman la economía de la UE, que apenas crece. Y así no se sale de la crisis.
Europa sólo parece reaccionar cuando se encuentra el borde del precipicio. Y las últimas dos semanas, el euro ha estado al borde de la ruptura. A las tensiones sobre la deuda de Grecia, Portugal e Irlanda, habituales en el último año, se sumó un grave encarecimiento de la deuda española y algo inédito: los ataques a Italia, uno de los cinco fundadores de Europa. Y para colmo, los seguros de la deuda francesa llegaron a duplicar a los de la deuda alemana. Era la luz roja definitiva. Merkel y Sarkozy, acompañados del presidente del BCE, estuvieron hasta la madrugada para acordar las medidas de urgencia que llevaban año y medio sin aceptar. Y el jueves, a los demás sólo les quedó hacer el paripé y firmar.
La primera decisión ha sido dar un respiro a Grecia, para evitar que suspenda pagos. Para ello, la UE y el FMI le van a prestar otros 109.000 millones de euros, a devolver en más plazo (un mínimo 15 años y hasta 30, frente a los 7,5 años del Plan de ayudas 2010) y con menos interés (3,5% en vez del 5). Además, Merkel salva la cara ante sus contribuyentes y logra que Francia y el BCE acepten que la banca privada acreedora de Grecia también ayude, aportando otros 50.000 millones, de una de estas tres formas: canje de la deuda actual por otra con otras condiciones (menos tipo), ampliación del plazo de devolución de la deuda actual y recompra por Grecia de la deuda que tienen las entidades. Al final, les supondrá una pérdida media (quita) del 21%, pero los principales bancos europeos (BBVA entre ellos) ya lo han aceptado. Mejor eso, dar un respiro a Grecia, a que suspenda pagos y no cobrar.
Bruselas acuerda también bajar los tipos y ampliar los plazos para que Irlanda y Portugal devuelvan mejor los créditos de la UE y del FMI. Pero Sarkozy dice que implicar a la banca privada ha sido una excepción sólo para Grecia, aunque Merkel no ha sido tan radical. La realidad es que si ambos países siguen estancados, sin crecer, no podrán pagar y habrá que repetir el esquema griego: más facilidades de la banca privada si quieren cobrar.
Otra decisión importante ha sido dotar a Europa de armas para defender la deuda de los países atacados por los mercados. Para ello, se permite que el Fondo europeo de rescate (dotado con 440.000 millones de euros) pueda hacer tres cosas básicas: comprar deuda en el mercado secundario (para que no caiga), dar créditos a los países atacados para defenderse (sin tener que pasar por la humillación de pedir un rescate) y dar ayudas para recapitalizar los bancos con problemas por tener deuda de países atacados (caso de los bancos griegos si las agencias bajan el rating de Grecia por este acuerdo). Tres medidas que son una respuesta eficaz al pulso a los mercados, ahora más calmados.
En resumen, se trata de dar oxígeno a Grecia, Irlanda y Portugal (con algún coste para la banca, que les prestó sin tino) y defender la deuda de los países atacados por los mercados, lo que beneficiará a España. Si estas dos decisiones se hubieran tomado en mayo de 2010, Europa se hubiera ahorrado muchos disgustos y los ciudadanos de Grecia, Irlanda, Portugal y España no habrían sufrido en sus carnes ajustes tan duros. Además, no habríamos estado año y medio pagando un coste extra por la deuda, más de 15.000 millones, que se han llevado los especuladores. Y los bancos y las empresas no tendrían tantos problemas para financiarse, invertir y crear empleo. Es el coste de año y medio de parches, nacionalismos egoístas e indecisiones de los dirigentes europeos, con Merkel y Sarkozy a la cabeza.
Ahora, han avanzado, pero se quedan a medio camino. No han decidido la creación de una Agencia europea de rating, que se enfrente al chantaje de las tres hermanas (Mody´s, Standard &Poors y Finch). No han hablado de emitir deuda europea, la solución definitiva para evitar las tensiones (como en EEUU, con estados, como California, en quiebra), algo que no quiere Alemania, porque pagaría más con la deuda común. Y no quieren ni hablar de un Tesoro único europeo, el único instrumento de intervención rápida que tienen 15 países para defenderse juntos sin toda la burocracia y lentitud actual.
Y sobre todo, los dirigentes europeos (casi todos conservadores) no han hablado de reanimar la economía europea, de un Plan Marshall no para Grecia, sino para Europa. De acabar con la política de recortes y reactivar selectivamente la economía (lean este artículo del Nobel Krugman). Media Europa, sobre todo la del sur (incluso Francia), está estancada. Y en lugar de reanimar la actividad, como ha hecho EEUU, promoviendo la inversión y el empleo, se deja que el BCE suba los tipos (y lo volverá a hacer). Habría que lanzar un mensaje no sólo a los mercados, sino a los ciudadanos: vamos a tomar medidas para salir de la crisis, para crear empleo. Pero no. Esperarán otro año más, a que la Europa del sur no vea una salida, a que los ciudadanos se indignen más, a que los mercados vuelvan a la carga. Y quizás entonces hagan algo. Otra vez tarde.

miércoles, 20 de julio de 2011

Aeropuertos más privados

Este mes de julio, millones de españoles y extranjeros utilizarán nuestros aeropuertos para sus vacaciones. Y también este mes se pone en marcha una auténtica revolución en la gestión del tráfico aéreo en España, con la privatización de la gestión de 13 torres de control y de los aeropuertos de Barajas y el Prat, que culminará con la privatización del 49% de AENA, el primer operador aeroportuario del mundo. Unos cambios que van a revolucionar la gestión de los cielos españoles, para hacerlos más competitivos y atractivos para viajeros y compañías. El problema es que la mayoría de los aeropuertos españoles son ruinosos, sin  viajeros (y algunos sin aviones). Por ello, si hay que modernizar unos, habría que cerrar otros.
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España es el cuarto país del mundo con más tráfico aéreo, sólo por detrás de Estados Unidos, China y Reino Unido. En la última década, se ha hecho un gran esfuerzo en modernizar los aeropuertos, con 17.211 millones invertidos (más de la mitad, en Barajas y el Prat). Pero España chocaba con un grave problema para competir con otros países: tenía las tasas de navegación aérea más caras de Europa, por culpa de un sistema de control asentado en los controladores aéreos más caros y menos productivos del continente.
Después de varios reales decretos, una Ley, una huelga salvaje y un laudo, AENA ha cambiado drásticamente el sistema de control aéreo, buscando  que las tasas de ruta se sitúen en 2013 en la media de los cinco grandes proveedores europeos. De momento, la tarifa se ha reducido un 7,8% en 2011 y bajará otro 7,2% en 2012, con lo que las aerolíneas se ahorrarán 150 millones estos dos años. Además, AENA ha sacado a concurso la gestión privada de las torres de control de 13 de los 47 aeropuertos, para mejorar y abaratar la gestión del tráfico aéreo. Y es que en Heathrow, con gestión privada (Ferrovial), 60 controladores gestionaron en 2010 más movimientos de aviones que los 110 controladores de Barajas.
AENA sacó a concurso  en junio el primer lote de las 13 torres de control (Alicante, Valencia, Ibiza y Sabadell), al que se han presentado ocho empresas (constructoras y multinacionales extranjeras). El segundo lote (Sevilla, Jerez, Vigo, la Coruña, Melilla y Cuatro Vientos) y el tercero (Lanzarote, Fuerteventura y La Palma) se adjudicarán también en septiembre. Y en una segunda fase está previsto licitar las torres de otros  20 aeropuertos (con sus controladores), salvo las 8 torres gestionadas por Defensa y el control de 6 aeropuertos pequeños, que se va casi a automatizar (sistema AFIS). Además, se privatiza también el servicio de plataforma.
Otro gran cambio será privatizar la gestión de los aeropuertos, empezando por Barajas y el Prat. El pasado viernes, el Gobierno aprobó los concursos, a los que se presentan Ferrovial, Abertis y varias multinacionales. Tendrán un 90% de la empresa que gestiona cada aeropuerto, manteniendo AENA el resto. La concesión se decidirá en noviembre, será por 20 años (ampliables a 25) y pagarán un canon, poniendo ellos las tarifas. Tarifas que han subido en 2011 y van a seguir subiendo en los grandes aeropuertos, donde son 65% más bajas que la media europea. Eso sí, en 31 de los 47 aeropuertos, los de menos tráfico, las tarifas han bajado, para aumentar su competitividad.
En una segunda fase se privatizará la gestión de otros cinco aeropuertos con mucho tráfico: Alicante, Gran Canaria, Tenerife-Sur, Málaga y Palma de Mallorca. Y así siguiendo con los que se pueda. Porque, de los 47 aeropuertos gestionados por AENA, sólo 14 tienen entidad, porque son rentables (11) o porque tienen tráfico (Barajas, el Prat y Málaga pierden dinero porque están amortizando grandes inversiones). El resto, dos de cada tres, son ruinosos, con pocos pasajeros y muchas pérdidas. Sobre todo algunos : Huesca (en mayo sólo tuvo 3 pasajeros), Sabadell (0 pasajeros), Cuatro Vientos (295 pasajeros año), Córdoba (7.852), Albacete (11.293), Logroño (24.527), Burgos (33.595),Vitoria (42.073), Salamanca (43.179), Badajoz (61.179) o León (94.000).Y entre los aeropuertos privados, destaca Castellón, el aeropuerto sin aviones “inaugurado” en marzo (150 millones de inversión), el autonómico de Alguaire-Lleida (95 millones de inversión y 2 vuelos semanales, algunos con 3 pasajeros), el aeropuerto fantasma de Ciudad Real (1.100 millones, ahora en concurso de acreedores) y dos aún sin inaugurar, el de Teruel (31 millones) y Murcia-Corvera (250 millones).
En total, 52 aeropuertos, casi uno por capital, una locura que no se justifica ni siquiera con las subvenciones autonómicas y locales, contra las que va a actuar la Comisión Europea. Una sangría de pérdidas (275 millones en 2010) para AENA, el mayor operador aeroportuario del mundo, valorado en 30.000 millones de euros y que se va a privatizar parcialmente (49%) antes de fin de año, si los mercados lo permiten.
España se juega mucho con sus aeropuertos, ya que son la puerta de entrada de 3 de cada 4 turistas, la primera industria nacional. Y la competencia es brutal, con las compañías low cost y los grandes operadores moviendo millones de viajeros, atentos a las tasas, los retrasos y la calidad de los aeropuertos para decidir dónde aterrizan en Europa. Habrá que volcar mucho esfuerzo inversor y de gestión en los grandes aeropuertos, para seguir siendo una potencia en el tráfico aéreo, que se va a duplicar en los próximos 20 años. Pero eso exigirá seleccionar esfuerzos y no dedicarlos a aeropuertos sin pasajeros. No tiene sentido tener 3 aeropuertos en Galicia, 4 en Cataluña o 5 en Euskadi -Navarra-La Rioja, a cien kilómetros de distancia. Habrá que cerrar algunos locales y centrarse en  los internacionales y regionales. Hay que estallar la burbuja aeroportuaria y olvidarse de tener un aeropuerto al lado de casa.