lunes, 2 de noviembre de 2026

Emergencia climática sin control

La ONU ha lanzado otra alerta sobre el aumento de emisiones de gases de efecto invernadero, en vísperas de otra Cumbre del Clima (COP 31), la próxima semana en Turquía. Y confirma que la temperatura ya ha subido +1,5º sobre la era preindustrial, lo que explica el aumento de los fenómenos climáticos extremos: sequías y las olas de calor, inundaciones y huracanes, que causan miles de muertos (50.391 sólo en Europa este verano). El calentamiento global se acelera y se retroalimenta, advierten, mientras piden mayores recortes de emisiones: con los recortes propuestos por 146 paises, la temperatura aumentará +2,6º para 2.100, anticipando una emergencia climática imparable. No se espera que esta nueva Cumbre tome medidas eficaces, como recortar las emisiones un 35% para 2035 y electrificar el transporte, los hogares y las industrias. Por eso, la Comisión Europea ha aprobado que los paises elaboren Planes de resiliencia para afrontar los graves daños de un calentamiento extra  de 2 a 3 grados. España y el sur de Europa seremos los más afectados.

                 Dos DANAs en Levante en dos años, un fenómeno agravado por la emergencia climática

Otro año más, la ONU alerta sobre el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero en la atmósfera, producidos por el consumo de energías fósiles (petróleo, gas y carbón) y que son una especie de cúpula que atrapa el calor del sol y aumenta la temperatura de la tierra y los océanos, provocando fenómenos climáticos extremos: sequías y olas de calor, lluvias torrenciales e inundaciones, sequías, incendios, tormentas, tornados y huracanes.

Según el último informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMT), publicado el 27 de octubre, el gas más presente en la atmósfera es el CO2 (responsable del 80,6% del calentamiento global), que ya ha alcanzado las 426,8 partes por millón en 2025, casi el doble que en la era preindustrial (1750). Es un gas cuya presencia en la atmósfera se ha disparado desde 1960 (316,9 ppm) y sobre todo desde 2010 (389,9 ppm), por el mayor consumo de energías fósiles en el suministro de energía (responsable del 27,4% de las emisiones en Europa), el transporte (23,8%), la industria (20,3%), los hogares y comercios (11,9%), la agricultura (10,8%) y los residuos (3,2%). Un gas que queda la mitad en la atmósfera y el resto en el mar (29%) y en la vegetación terrestre (21%) y cuyo efecto se mantiene siglos.

El 2º gas más presente en la atmósfera es el metano (responsable del 12,1% del calentamiento global), generado en un 60% por actividades humanas (agricultura, ganadería, combustibles fósiles y vertederos), un gas que se mantiene pocos años (12) pero cuyo potencial de calentamiento es 80 veces el del CO2. El 3º es el N2O (óxido de nitrógeno), responsable del 5,3% del calentamiento global, un gas generado por la quema de biomasa (incendios), fertilizantes y algunas industrias, que permanece 100 años y tiene un potencial de calentamiento 270 veces mayor al del CO2. Y quedan los gases fluorados, responsables del 2% restante del calentamiento global: el último informe de la ONU llama la atención sobre la presencia creciente del SF6 (hexafluoruro de azufre), un gas que se mantiene más de 1.000 años y que tiene un extraordinario poder de calentamiento de la atmósfera: 24.300 veces más que el CO2. Es un gas sintético, producido por el hombre al instalar redes eléctricas, fabricar semiconductores y electrónica y en la metalurgia.

La consecuencia inmediata del aumento de estos gases en la atmósfera es el aumento del calentamiento global: los últimos 11 años han sido los 11 años más calurosos del Planeta, según el reciente informe de la OMM. Otro estudio, publicado en la revista BioScience, señala que de 16 indicadores sobre “los signos vitales del Planeta” (analizados desde 2019), 7 están en niveles récord: niveles de CO2 en la atmósfera (los más altos en los últimos 2 millones de años), temperatura de la atmósfera, la tierra y los océanos, subida del nivel del mar, pérdida de hielo en Groenlandia o deshielo de los glaciares. Y sobre todo, el aumento de la temperatura global: aumentó +0,05 grados por década entre 1.880-1970, +0,19 grados entre 1970 y 2010 y +0,36 grados por década entre 2010 y 2024. Eso muestra que el calentamiento global no sólo se ha acelerado sino que se “retroalimenta” y se amplifica en los fenómenos climáticos extremos. Y el riesgo, alertan, es que el clima sea incontrolable (como la IA).

Otro informe de un organismo de la ONU (el Programa de la ONU para el Medio Ambiente, el PNUMA), publicado el 21 de octubre, es aún más preocupante: alerta de que el mundo ha perdido la oportunidad de evitar que la temperatura global suba más de 1,5 grados para 2100, que se planteó como objetivo deseable en la Cumbre del Clima de París de 2015. Ese aumento de temperatura ya se superó en 2024 (+1,52 grados entre febrero de 2023 y enero de 2024, por el fenómeno del Niño) y se espera que se alcancen esos 1,5 grados extras de temperatura (sobre los niveles de 1850 a 1900) de forma sostenida “antes de 2030”, no para 2100, lo que se traducirá, según el PNUMA, en más olas de calor, sequías, inundaciones, incendios forestales, huracanes y tifones (“los fenómenos extremos serán más frecuentes y más intensos”), que tendrán un alto coste en vidas humanas y daños económicos en infraestructuras, industrias y hogares.

Ante este panorama, la imposibilidad de conseguir el objetivo clave de la Cumbre de París (no superar el aumento de temperatura de 1.5 grados), la ONU (PNUMA) se plantea un “Plan B”: fijarse un nuevo objetivo, que la temperatura no suba más de +1,7 o +1,8 grados en las próximas décadas, fijando nuevos recortes de emisiones a los paises hasta 2040. Y después, si se consigue este nuevo objetivo, intentar rebajar la temperatura al tope de los +1,5 grados iniciales con técnicas de captura de CO2, una tecnología que califican de “incierta, arriesgada y costosa”, aunque se confía en que esta tecnología mejore en las próximas décadas.

Para que este “Plan B” funcione (que la temperatura no suba + de 1,7/1,8 grados), la ONU plantea a los paises unos nuevos recortes de emisiones: -18% para 2030 (sobre las emisiones de 2025), -45% para 2035 y -69% para 2040, lo que implica unos recortes anuales de las emisiones del -5,7% en la próxima década. Pero esta propuesta choca con los recortes que proponen hoy los paises, mucho menores: entre un -5% y un /10% para 2030 y entre un -11% y un -15% para 2035, recortes que son la tercera parte de lo que se pide, porque la mayoría de los paises están dispuestos a recortar emisiones, pero no de aquí a 2035, sino después, sobre todo entre 2040 y 2050 (cuando la mayoría promete “0 emisiones netas”).

Los expertos de la ONU son tajantes: si los paises mantienen estos recortes hasta 2040 (la tercera parte de los “necesarios”), la temperatura global subirá 2,6 grados para finales de siglo, lo que acarrearía fenómenos climáticos mucho más graves, además de más muertes y daños económicos y sociales irreparables. Otro informe del Secretariado de la Convención marco del Cambio Climático (ONU) insiste en que los recortes anunciados son insuficientes. Tras analizar los últimos Planes climáticos presentados a la ONU por 146 paises (de los 193 que firmaron el Acuerdo de París), los expertos concluyen que estos paises proponen un recorte de emisiones del -6% al -9% para 2035, cuando son necesarios recortes del -37% de las emisiones para 2035 (sobre las de 2019) para que la temperatura no suba 2 grados. Y con esos Planes, estiman que la temperatura subiría entre 1,7 y 2,3 grados para 2100.

Avisados estamos. Las consecuencias de este calentamiento global (+1,5 grados ahora) ya las estamos sufriendo, especialmente este verano en Europa: sucesión de olas de calor, sequías y grandes ríos sin agua, incendios descontrolados  y DANAs e inundaciones, con un alto coste económico y de vidas humanas. Se estima que entre junio y agosto han muerto en Europa 50.391 personas por las altas temperaturas (6.824 muertes en España). Y además, este calentamiento global y el clima descontrolado causan enormes pérdidas: sólo en Europa, las pérdidas directas por fenómenos meteorológicos extremos ascendieron a 200.000 millones de euros entre 2022 y 2025, frente a sólo 8.600 millones de pérdidas anuales en la década de los años 80 del siglo XX. Y un estudio británico estima que se han producido 710.000 muertes en el mundo por altas temperaturas desde 2023, mientras los daños a la economía mundial por la emergencia climática cuestan entre el 1,7 y el 8% del PIB. Y llegarán al 10-19% del PIB mundial en 2050 si no se toman medidas eficaces.

La emergencia climática ha llegado a tal punto que los expertos acaban de pedir a la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la revista médica The Lancet, que aborde el problema como “una emergencia de salud mundial”, que cree un instrumento para abordar los impactos sanitarios del Cambio Climático, coordinando las actuaciones a nivel mundial como se hace con las pandemias. Porque, añaden, las muertes climáticas son sólo la punta del iceberg, ya que la emergencia climática está provocando también un aumento de enfermedades (enfermedades infecciosas transmitidas por vectores, dolencias cardiovasculares y respiratorias, trastornos de salud mental y malnutrición, además de . exacerbar problemas alérgicos), con gran impacto sobre los sistemas sanitarios.

Ante este preocupante panorama, 197 paises volverán a reunirse en otra Cumbre Climática, la COP31, que se celebrará del 9 al 20 de noviembre en Antalya (Turquía). Con EEUU fuera de la lucha contra la emergencia climática, el aumento de gobiernos de ultraderecha (negacionistas) y China, India y otros paises en desarrollo esperando a 2040 para recortar sus emisiones (cuando hayan crecido más), no hay muchas esperanzas de que los paises hagan el triple de recortes de emisiones de los anunciados, como pide la ONU. Además, los expertos señalan que las guerras de Irán y Ucrania han empeorado la situación, al disparar el precio del petróleo, el gas, los carburantes y la luz, lo que ha llevado a muchos paises (como España) a subvencionar el precio de los carburantes y bajar impuestos a la luz, lo que supone en la práctica subvencionar los combustibles fósiles, “alimentar la emergencia climática”. De hecho, las subvenciones de los paises a los combustibles fósiles se han duplicado desde la Cumbre de París (2015) y han sido 6,20 billones de dólares estos años.

El país anfitrión, Turquía, propondrá en esta Cumbre que los paises “electrifiquen” sus economías, que sustituyan petróleo, gas y carburantes por electricidad generada con renovables (o incluso gas y nucleares): del 23% actual de energía que aporta la electricidad al 35% que se plantea como objetivo para 2035. Sería un paso importante, siempre que esa electricidad fuera mayoritariamente renovable: en España es ahora el 58%. Eso supone un cambio drástico en los comportamientos del transporte, las industrias y los hogares. En España, por ejemplo, sólo el 0,8% del parque automovilísticos son coches eléctricos, sólo el 35% del consumo industrial lo aporta la electricidad y sólo el 24% de la calefacción de los hogares se cubre con electricidad, según la Fundación Renovables.

Así que uno de los caminos para reducir emisiones y frenar la emergencia climática es seguir aportando por las renovables y que el transporte, las industrias y los hogares consuman más electricidad y menos fuel, carburantes, gas y carbón. Todo ello exige fuertes inversiones en energías renovables y en descarbonizar las economías, incluyendo ayudas de los paises más ricos a los paises en desarrollo para que reestructuren su crecimiento. Algo difícil de conseguir mientras las autocracias (USA, Rusia, China o India) vayan a su aire y en Europa avance la ultraderecha y los partidos conservadores sean cada vez más negacionistas.

El panorama climático es tan preocupante que la Comisión Europea aprobó el pasado martes, 27 de octubre, el nuevo Marco de Resiliencia Climática, con dos objetivos: que los paises europeos incorporen los riesgos climáticos a sus políticas económicas y, sobre todo, que aprueben Planes para adaptar a Europa a una realidad climática más extrema. “Europa no está suficientemente preparada y es nuestra responsabilidad minimizar los costes y el sufrimiento que supone”, señaló la vicepresidenta Teresa Ribera. La Comisión marca dos escenarios: que la temperatura suba +2 grados para 2050 y +3 grados para 2100 (incluso estudian que pueda subir hasta +5 grados). Y evalúan los riesgos que ello conlleva y proponen medidas para anticiparse a los daños.

 Al final, ellos dan las directrices pero será cada país el que tendrá que aprobar un Plan de resiliencia frente a la emergencia climática, antes de diciembre de 2030. La crítica es que se plantean reaccionar y prepararse para lo que viene, pero no se aprueban nuevos fondos europeos para adaptarse, cuando se estima que adaptar la economía europea a la emergencia climática exigirá invertir 70.000 millones al año. Eso sí, si no se hace, el coste será mayor: sólo entre abril y septiembre de 2026, las olas de calor han provocado en Europa 32.300 millones de euros de pérdidas , el 0,17% del PIB UE. Y estas pérdidas irán a más. Por otro lado, la Comisión señala que cada euro invertido en descarbonización aporta entre 2 y 10 euros costes evitados y en empleo y empresas que se crean.

En resumen, la ONU y los expertos nos vuelven a alertar que no estamos ante un “Cambio Climático” sino ante una “emergencia climática”, algo que hemos vivido de cerca los europeos este verano y con más gravedad (dos danas) en Levante y Cataluña. Y que los paises siguen sin reaccionar, mientras el calentamiento supera los 1,5 grados y provoca numerosas muertes y pérdidas. Y a pasar de los cálculos de los científicos, los Gobiernos apenas piensan en reducir las emisiones, que aumentan en 2026 tras hacerlo en 2025. Así que caminamos sin mirar hacia el precipicio medioambiental, incluso con Gobiernos y partidos que niegan la evidencia y rechazan tomar medidas eficaces. En España, el riesgo de un Gobierno PP-Vox amenaza con retrocesos medioambientales, que ya han aprobado en las 4 autonomías donde gobiernan juntos. Ojo: tenemos un problema climático muy serio, que nos está afectando seriamente y que se agravará los próximos años. Téngalo muy presente al votar el 29-N.