La economía española lleva 4 años creciendo con fuerza, tras la pandemia, pero los bajos salarios, el alto paro y la inflación hacen que muchas familias no lo noten. Por un lado, casi la mitad (el 46,4%) tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE. Y uno de cada cinco españoles (el 20,28%, 9.715.577 personas) están en situación de “pobreza”, según las estadísticas europeas, porque ingresan menos del 60% de la media (menos de 916 euros al mes los solteros o menos de 1.932 euros al mes las familias con dos hijos), según la Red Europea EAPN. Un porcentaje de “pobres” (20,28%) casi igual que antes de la pandemia (20,7%) y mayor que antes de la crisis financiera (19,8% en 2008), lo que nos coloca como el 6º país europeo con más pobreza (tras Estonia, Letonia, Rumanía, Bulgaria y Lituania), según Eurostat. Y somos líderes europeos en pobreza infantil, según Unicef: hay 2 millones de niños y adolescentes “pobres”, el 28% de los menores.
jueves, 16 de enero de 2025
13 autonomías "hacen caja" con los pobres
Se confirma el escándalo: 13 autonomías
(9 gobernadas por el PP) han aprovechado que el Gobierno central implantaba
el Ingreso Mínimo Vital (IMV) para “ahorrarse” parte del gasto que destinan
a sus Rentas Mínimas (RMI): gastaron 448 millones menos entre 2020 y
2023 y ayudaron a 224.129 personas vulnerables menos. Ahora, apenas
atienden al 5,9% de los pobres y 5 autonomías ayudan a menos del
2% de sus ciudadanos vulnerables (Madrid, al 0,8% de sus
886.475 “pobres). Mientras, el IMV avanza y ya beneficia a 2 millones de
españoles (casi la mitad, niños pobres). Cáritas propone que las
familias vulnerables puedan cobrar las dos ayudas (hay regiones donde son
incompatibles), mientras la Comisión Europea alertó en
diciembre sobre la pobreza en España, criticando el sistema de ayudas,
por escaso y mal diseñado. Urge unificar criterios, reducir burocracia y
aumentar las ayudas por hijo, porque la pobreza sigue ahí y se
concentra en las familias con niños. No miren para otro lado. Enrique Ortega
La economía española lleva 4 años creciendo con fuerza, tras la pandemia, pero los bajos salarios, el alto paro y la inflación hacen que muchas familias no lo noten. Por un lado, casi la mitad (el 46,4%) tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE. Y uno de cada cinco españoles (el 20,28%, 9.715.577 personas) están en situación de “pobreza”, según las estadísticas europeas, porque ingresan menos del 60% de la media (menos de 916 euros al mes los solteros o menos de 1.932 euros al mes las familias con dos hijos), según la Red Europea EAPN. Un porcentaje de “pobres” (20,28%) casi igual que antes de la pandemia (20,7%) y mayor que antes de la crisis financiera (19,8% en 2008), lo que nos coloca como el 6º país europeo con más pobreza (tras Estonia, Letonia, Rumanía, Bulgaria y Lituania), según Eurostat. Y somos líderes europeos en pobreza infantil, según Unicef: hay 2 millones de niños y adolescentes “pobres”, el 28% de los menores.
Frente a este grave problema de la pobreza, del que apenas
se habla, las autonomías pusieron en marcha hace 35 años un
sistema de ayudas (el País Vasco fue pionero, en 1989, y la última en sumarse
fue Aragón, en 1993), las
Rentas mínimas de inserción (RMI), que recibe distintos nombres
según regiones. Eran poco más que “un parche” contra la pobreza,
porque las ayudas eran bajas y muy dispares (entre 434 en Galicia
y 800 euros mensuales en el País Vasco) y llegaban a menos de 800.000
beneficiarios (año 2.000), sólo al 9% de los “pobres” señalados por las
estadísticas (9.713.242 en 2023). Pero algo ayudaba.
En junio de 2020, tras la grave crisis por la COVID-19,
el Gobierno Sánchez puso en marcha otra ayuda, el
Ingreso Mínimo Vital (IMV), como complemento a las rentas mínimas
autonómicas, para paliar la pobreza más inmediata. Su objetivo
era ayudar a 800.000 familias y que llegara a 2.300.000 beneficiarios.
Pero el
IMV avanzó muy lentamente y a los dos años apenas había cubierto a
la mitad de los pobres previstos. Tras varias reformas, recorte de burocracia y
la inclusión de las ONGs como colaboradoras, el
IMV ha cerrado 2024 con un buen balance: la reciben 673.729
hogares y beneficia a 2.047.755 personas, en su mayoría mujeres (el 53%),
menores (44%) y personas de nacionalidad española (el 82,4% de los
beneficiarios). La cuantía media del IMV era en diciembre de 470
euros al mes por hogar, con un
complemento de 115 euros por niño.
Ya en 2020, al ponerse en marcha el IMV, muchas
autonomías (sobre todo las gobernadas por el PP, como Castilla y León,
Andalucía, Galicia y Madrid) pensaron que podían aprovechar
para recortar sus ayudas a la pobreza, su gasto en Rentas
Mínimas de Inserción (RMI). En
unos casos, obligaban a pedir a los solicitantes de estas ayudas (RMI) que
solicitaran antes el IMV y si se lo concedían, no tenían derecho a la ayuda
autonómica (caso de Andalucía, Castilla y León, Galicia, Baleares, Cantabria y
Cataluña). Y en
otras autonomías (como Madrid), se permitía cobrar las dos ayudas, pero lo
percibido como IMV computaba como ingreso y eso reducía el importe de la ayuda
autonómica. Todo por “ahorrar” a costa del IMV.
Al cabo de estos 3 años y medio, el balance es
escandaloso, según
denuncian los Directores y Gerentes de Servicios Sociales: hay 13
autonomías que gastaron en 2023 un total de 447,89 millones menos en rentas de
inserción autonómicas que en 2020. Son Madrid (-121,89 millones, una
bajada del -91,11%), Andalucía (-88,79 millones, -65,41%), Asturias
(-48,23 millones,-41,23%), Aragón (-45,89 millones, -96,24%), Castilla
y León (-36,73 millones, -69,72%), Extremadura (-19 millones, -45,11%),
Galicia (-18,96 millones, -35,76%), Cantabria (-17,47 millones, -55,14%), Cataluña
(-11,36 millones, -2,66%), Navarra (-10,5 millones, -9,9%), Castilla la Mancha
(-10,42 millones, -82,24%), Murcia (-10,10 millones ,-58,82%) y La Rioja (-8,6
millones, -64,47%). Solo gastan más en Rentas de Inserción (RMI) la Comunidad
Valenciana (+47,28 millones en 2023 sobre 2020, +18,62%), Canarias
(+44,10 millones, +103 %), Baleares (+18,04 millones, +74,68%) y País
Vasco (+17,81 millones, +39,6%).
Al gastar ahora menos que en 2020, las
autonomías atienden a menos “pobres”: en conjunto, las Rentas de
Inserción autonómicas han pasado de beneficiar a 795.861 personas en
2020 a ayudar a 574.732 en 2023, una caída del 28,6% (-224.129
beneficiarios en tres años). La pérdida de beneficiarios se ha dado en
14 autonomías (incluyendo el País Vasco), pero se concentra en Madrid
(-71.315 beneficiarios, -90,37%), Andalucía (-93.197 beneficiarios,
-84,42%), Cataluña (-41.406 beneficiarios, -27,56%) y Asturias
(-39.427 beneficiarios, -73,06%). Y son
especialmente llamativos los casos de Madrid (ayudaba a 78.605 “pobres”
en 2020 y sólo a 7.290 en 2023) o
Andalucía, la región con más pobreza de España (el 30,5% de
su población en 2023, frente al 20,2% de media), donde los beneficiarios de la
ayuda regional han caído de 110.397 en 2020 a 17.200 en 2023. También hay una
fuerte caída de beneficiarios en Murcia (de 19.783 a 4.614), la 6ª región
con más pobreza (24,20%). Y también caen en Castilla la Mancha (de
7.159 a 2.765), la 4ª con más pobreza (25,50%), mientras aumentan los
beneficiarios en las otras dos más pobres, Canarias (de 20.181 a 37.975) y la
Comunidad Valenciana (de 77.825 a 163.101).
Con este recorte autonómico, de gasto y beneficiarios, las
Rentas Mínimas autonómicas (RMI) cubren ahora al 5,9% de españoles considerados
“pobres”, frente al 9% cubierto en 2020. Pero lo más llamativo es que hay
5 autonomías donde estas ayudas apenas llegan al 2% de las personas
vulnerables: Castilla la Mancha (atiende al 0,3% de sus “pobres”, que
son 531.441), Andalucía (atiende al 0,7% de sus pobres, un
total de 2.618.164 personas) Madrid (ayuda sólo al 0,8% de sus pobres,
un total de 886.475 personas, según
datos del INE), Murcia (ayuda al 1,2% de sus 375.509 pobres) y Castilla
y León (ayuda al 1,7% de sus 433.833 pobres), según
el informe de los Directores de Servicios Sociales. No parece casualidad
que 4 de estas 5 autonomías con menos ayudas las gobierne
el PP.
Otro problema de estas Rentas Mínimas autonómicas (RMI) es
que son muy desiguales, desde los requisitos que se exigen (varía
el tiempo exigido de empadronamiento) a las obligaciones que conllevan
(no todas exigen inscribirse en el paro o participar en programas de inserción
sociolaboral) , su plazo de duración (en 13 autonomías no hay límite y
en el resto son por un año o dos prorrogables) y, sobre todo, su importe: la cuantía media era de 559,36
euros en 2023 (el 51,79% del SMI), pero hay 8 regiones donde esta ayuda
está por debajo de 500 euros mensuales: Melilla (328 euros), Galicia (469,2),
Madrid (469,93), Asturias (473,27), Castilla y León, Cantabria, Murcia y la
Rioja (480 euros). En Andalucía cobran 533 euros, en Extremadura y Ceuta 600, en
Navarra 716,31, en Cataluña 717 y en el País Vasco 840,68 euros de
media, según
los datos del IMSERSO (2023).
Los Directores de Servicios Sociales creen que estas ayudas
autonómicas (RMI) deberían
ser “diferentes y compatibles” con el Ingreso Mínimo Vital (IMV),
destinándose esta ayuda estatal a cubrir las necesidades más básicas de las
familias vulnerables (comida, ropa, alojamiento, recibos) y las ayudas autonómicas a financiar proyectos
de inserción social, desde cursos a empleabilidad. Por su parte, Cáritas
lleva años proponiendo “armonizar”
las rentas mínimas autonómicas y el IMV, para que puedan cobrar ambas
ayudas las familias más vulnerables, sobre todo esos 4
millones de españoles en situación de “pobreza severa” (quienes ingresan
menos del 40% de la renta media: menos de 560 euros al mes un soltero y menos
de 1.176 euros una familia con dos niños).
Ahora, esta denuncia de que 13 autonomías han
aprovechado la mejoría del ingreso Mínimo Vital para “hacer caja” y dedicar la
mayor parte del dinero que gastaban en ayudar a los pobres a otras cosas (¿a qué?, porque no
parece que sea en Sanidad, Educación, Vivienda o Dependencia, donde hay
tantas necesidades sin atender…) reactiva el debate sobre la política
contra la pobreza en España, que es escasa y poco eficiente,
según diversos análisis hechos en los últimos años por la OCDE y la Comisión
Europea.
Por un lado, las ayudas públicas a las familias
(claves para luchar contra la pobreza) tienen en España la mitad de peso que en otros paises:
suponen
el 1,6% del PIB (2021), frente al 2,5% de media en la UE-27, el
3,7% en Alemania, el 3,4% en Dinamarca o el 2,5% en Francia. Por otro, además
de ser escasas, estas ayudas públicas en España benefician más a las
familias de rentas medias y altas que a las familias con rentas bajas,
porque el grueso de las ayudas son desgravaciones
fiscales en el IRPF, que benefician a 8 millones de contribuyentes, la
mayoría con rentas medias y altas, porque las
rentas bajas y los más pobres no declaran (los ingresos de menos de
22.000 euros al año, todos los que están en pobreza severa y la mayoría de los
considerados “pobres”).
La propia Comisión Europea alertó, en su informe de diciembre, sobre
“el aumento de la pobreza en España” y sobre el hecho de que las
ayudas contra la pobreza “tienen menos impacto que en otros
paises”, debido en parte a “los problemas de adecuación y cobertura del
sistema de protección social, las disparidades regionales de acceso a los
servicios públicos y la persistente pobreza en el trabajo". Sobre este último
punto, recordar que en 2023 eran “pobres” 2,5 millones de
trabajadores (2.499.654), según la Red EAPN. Y que España es el tercer
país europeo con más porcentaje de “trabajadores pobres” (11,9%),
sólo por detrás de Rumanía (15%) y Bulgaria (11,7%), peor que Portugal (10%) o
Grecia (9,85) y por encima de la media de la UE-27 (8,9% de
trabajadores “pobres”), así como de Italia (9,9%), Francia (7,8%) o
Alemania (6,5%), según
Eurostat.
Por todo ello, expertos y ONGs piden modificar
el esquema de protección social a las familias más vulnerables, reformar
la política contra la pobreza en España. Por un lado, es urgente coordinar
las ayudas públicas, creando
“una ventanilla única” donde se soliciten y se gestionen, con
menos burocracia, más colaboración entre administraciones (incluyendo los
Ayuntamientos, que son claves en las ayudas contra la pobreza) y dando entrada
a las ONGs más destacadas, que son las que tienen experiencia y más
conocimiento del problema. Y por otro, hay que destinar
más recursos públicos a la
lucha contra la pobreza, gastando el doble (como hace la UE)
en ayudas a la familia. Además, urge avanzar en aprobar una ayuda universal
por hijos, clave para reducir la pobreza infantil.
De hecho, en 20 paises europeos existe una
ayuda universal por hijo, que la OCDE ha propuesto a España (y que sólo
aplica el País Vasco, desde marzo der 2023, cuando entró en vigor una
ayuda universal por hijo de 200 euros que cobrarán las familias durante 3
años). Con esta ayuda, “se matarían dos pájaros de un tiro”: se
reduciría la pobreza infantil y la pobreza de las familias (más
concentrada en las que tienen hijos) y se fomentaría la
baja natalidad, un grave problema estructural de España, que pone en
peligro el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar. El Gobierno
Sánchez ha dicho que estudia
una ayuda universal por hijo hasta los 6 años, pero tiene difícil
contar con apoyos políticos y recursos, máxime cuando la política del PP
(apoyada por Junts y PNV) es “bajar impuestos” indiscriminadamente.
Pero además de tener más recursos, la clave
para que las políticas contra la pobreza funcionen es la colaboración entre
el Estado, autonomías y Ayuntamientos. Y no se da, máxime si 13 autonomías aprovechan el IMV para
“hacer caja” y gastar menos con los pobres. No es casualidad, porque hay
una vieja idea en la derecha de que la ayuda contra la pobreza es una
cuestión de “caridad y beneficencia”, no un derecho. Es
más: hay dirigentes del PP, como Isabel Díaz Ayuso (presidenta de la
autonomía que sólo ayuda al 0,8% de sus pobres "oficiales") que declara que “la
justicia social es un invento de la izquierda” y respalda
a su portavoz cuando dice que “no ve pobres en Madrid”…
Cuando España tiene 1 de cada 5 ciudadanos “en la
pobreza” (datos oficiales) y es líder europeo en pobreza infantil,
resulta escandaloso que 13 autonomías recorten su gasto en ayudas y reduzcan
drásticamente los beneficiarios. Porque la lucha contra la pobreza no es sólo “una
prioridad moral” y de “justicia social” (no dejar a casi 10 millones de
españoles atrás, mientras una minoría se hace cada año más rica). Es también una
prioridad económica y política, porque la economía no puede
aprovechar su potencial ni la democracia cuenta con apoyo suficiente (sí
el populismo y la extrema derecha) cuando hay tantos millones de personas vulnerables
y malviviendo Así que la pobreza,
lejos de ser “un invento de la izquierda”, es un cáncer social,
que preocupa
cada vez más a la OCDE, FMI y Comisión Europea, como nos alertó en
diciembre. Por eso, urge que el PP y sus autonomías (y Ayuntamientos) dejen de “racanear” y alcancen un Pacto de Estado contra la pobreza, para dejar de ser un país líder. Debería
avergonzarnos.
La economía española lleva 4 años creciendo con fuerza, tras la pandemia, pero los bajos salarios, el alto paro y la inflación hacen que muchas familias no lo noten. Por un lado, casi la mitad (el 46,4%) tienen problemas para llegar a fin de mes, según el INE. Y uno de cada cinco españoles (el 20,28%, 9.715.577 personas) están en situación de “pobreza”, según las estadísticas europeas, porque ingresan menos del 60% de la media (menos de 916 euros al mes los solteros o menos de 1.932 euros al mes las familias con dos hijos), según la Red Europea EAPN. Un porcentaje de “pobres” (20,28%) casi igual que antes de la pandemia (20,7%) y mayor que antes de la crisis financiera (19,8% en 2008), lo que nos coloca como el 6º país europeo con más pobreza (tras Estonia, Letonia, Rumanía, Bulgaria y Lituania), según Eurostat. Y somos líderes europeos en pobreza infantil, según Unicef: hay 2 millones de niños y adolescentes “pobres”, el 28% de los menores.
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lunes, 13 de enero de 2025
Telecos: subida de tarifas y muchos cambios
Hoy 13 de enero, Movistar sube sus tarifas, después
de subirlas Vodafone el día 1 y antes de que suba MasOrange el 27
de enero. Es el 11º año consecutivo en que las telecos nos suben las tarifas
de móvil, Internet y TV de pago, +41,2% de media, casi el doble que la
inflación y los salarios. A la vez, las telecos siguen enzarzadas en su “guerra
de tarifas”, con ofertas hasta de 15 euros mensuales para los que
cambien de compañía. Con ello, sus ingresos se han estancado y
les resulta difícil afrontar nuevas inversiones en redes y telefonía,
obligándoles a reducir plantillas (5.600 despidos en 2024), buscar
nuevos ingresos (alarmas, energía, seguros, banca) y fusionarse: en
2024, MásMóvil absorbió a Orange y creó la 1ª teleco de España,
adelantando a Movistar. Además, los saudíes entraron como tercer
accionista de Telefónica y Vodafone cambió de dueño. Las
“movidas” empresariales seguirán, como las subidas y la “guerra de tarifas”,
ahora por el fútbol y la TV, que es donde ingresan más. Enrique Ortega
Otro año más, las telecos suben las tarifas de móviles, internet y TV de pago. Empezó Vodafone, subiéndolas el 1 de enero un +3% (menos que el +4,38% de 2024), justificándolo por la subida de la inflación. Es el tercer año que Vodafone aplica su cláusula de “revisión automática anual” de tarifas conforme al IPC, introducida en sus contratos en 2022.Ahora, la subida media es de 1,5 euros al mes por cliente, aunque será mayor en los contratos de fibra y móvil (+2,5 euros mensuales) y menor en contratos de sólo móvil (+0,6 euros). Y como contrapartida, ofrecen regalos y rebajas en suscripciones de antivirus y plataformas.
Movistar
sube este 13 de enero sus
tarifas, desde 0,10 céntimos (Mi Movistar base) a 3,10 euros (Mi Movistar Max)
y hasta 4 euros el paquete de TV. Además, Movistar también sube sus
tarifas de fútbol a los bares y locales de ocio. Y justifica
estas subidas (algo mayores que en 2024, cuando subió de 1 a 3 euros mensuales)
en “el aumento generalizado de costes” que ha tenido, especialmente de los
proveedores de TV (Netflix subió sus tarifas en octubre y también han subido el
resto de plataformas). Eso sí, Movistar da opción a sus clientes de darse de
baja sin penalización, mientras Vodafone establece que los clientes con permanencia
deben pagar una penalización si se dan de baja por estas subidas.
Los clientes de MasOrange, la compañía líder tras la
fusión de MásMóvil y Orange (operativa desde abril), también tendrán una subida
de tarifas, a partir del 27 de enero. Los paquetes convergentes Love,
de fibra, móvil y TV, suben entre 2 euros mensuales (los más básicos) y
6 euros (los que incluyen TV y fútbol), mientras su marca Simyo sube entre
2 y 3 euros sus paquetes convergentes. En contrapartida, MasOrange duplicará la
velocidad de la fibra más baja (de 300 a 600 Mbps) e incorporará en todos los
contratos el servicio de ciberseguridad que ofrece el grupo. Las restantes
telecos, como Digi, Avatel, Finetwork o Adamo no se suman a esta subida
anual de las grandes telecos y seguirán con sus ofertas “low cost”.
2025 será el
11º año consecutivo en que las telecos suben las tarifas de
móvil, Internet y TV. Empezaron en 2015, tras las fuertes bajadas hechas
entre 2009 y 2014, tras la liberalización de las telecomunicaciones. En estos
11 años (contando la subida de 2025), las telecos han subido sus tarifas
mensuales entre 30 y 44 euros de media, con lo que ahora pagamos entre
360 y 528 euros más al año por estar conectados, aunque no nos demos cuenta
porque han sido muchas pequeñas subidas consecutivas (hasta hace poco, dos al
año). En conjunto, las tarifas de móviles, Internet y TV han subido una media
del +41,2% en estos 11 años, casi el doble de lo que han subido los
precios (+26,3%Y y los salarios (+20%).
Lo peor no es que llevemos 11 años pagando más por
utilizar los móviles e Internet, sino que los usuarios sufrimos una
política de tarifas “de locos”,
que perjudica a los clientes antiguos
“fieles” en beneficio de los clientes nuevos, que consiguen mejores tarifas
de entrada al cambiarse de compañía. Lo que sucede desde 2015 es que los clientes antiguos sufren subidas
anuales (+41,2% en 11 años), mientras las mismas telecos se dedican a lanzar
“ofertas low cost” a través de
segundas marcas, con las que “tiran precios” para conseguir nuevos clientes y sustituir a los
cientos de miles que les roban cada año las nuevas telecos. Y así pagamos 85 euros al mes por un paquete
de móvil, Internet y TV (más de 100 euros con fútbol), mientras esa misma
teleco (a través de sus marcas low cost: O2, Lowi, Simyo) ofrece por 38 euros (y menos) un servicio básico de móvil e
internet. Y mientras, hay compañías que “rompen el mercado”, como la rumana Digi,
que sacó en octubre un
Plan de fibra y móvil a 15 euros mensuales (y luego un Plan TV, con
100 canales) a 7 euros más al mes…
Esta “locura de tarifas” y las “ofertas”
habituales en Navidad o verano (que complican aún más el mercado) son
fruto de la tremenda competencia entre las telecos, tanto entre las tres
grandes (MasOrange, Movistar y Vodafone) como entre
ellas y las nuevas operadoras (Digi, Avatel, Finetwork o Adamo), que no
tienen casi red y alquilan las redes de las grandes telecos para competir con
ellas, aprovechando que tienen menos inversiones, costes y personal. Eso
provoca cada año una
espectacular “fuga” de clientes, de las grandes telecos a las pequeñas,
las llamadas “operadoras móviles virtuales”.
En 2023,
Vodafone perdió 598.000 clientes, Movistar otros 273.000 y Orange 176.000 más,
ganándolos MásMóvil (+57.000) y sobre todo Digi (+598.000 clientes). En
2024, las cifras provisionales señalan que “la fuga” se ha
intensificado: Vodafone cedió 518.000 líneas (414.000 contratos de
móvil y 104.000 de banda ancha, Internet), MasOrange perdió 490.000 clientes
(439.000 líneas de móvil y 51.000 contratos de Internet) y Movistar sólo
perdió 82.000 clientes (-122.000 en Internet pero +40.000 contratos de
móviles). Y la gran ganadora fue la teleco rumana Digi: ganó
cerca de 1 millón de clientes (+737.000 contratos de móvil, donde opera
a través de la red de Movistar, con quien renovó contrato por otros 16 años, y +183.000
contratos de banda ancha fija, donde tiene una red propia).
Además de perder clientes, la otra consecuencia negativa
de la “guerra de tarifas” para las grandes telecos es que sus ingresos se
estancan. Los datos son muy explícitos: los ingresos totales se han “estancado”
entre 2017 (34.097 millones de euros) y 2023 (34.631 millones, según la Comisión de
Competencia (CNMC). Y si vemos sólo los ingresos minoristas (de los
clientes particulares), los ingresos percibidos por las telecos han caído, de
25.122 millones en 2017 a 24.336 millones en 2023. Y en 2024, los
ingresos minoristas de las telecos volvieron a caer en el segundo trimestre
(5.509 millones, -2,4%) y en el 3º (5.525 millones, 0,6% sobre 2023), según
los datos de la CNMC.
Y las telecos, con esta caída de ingresos (tremenda en el
negocio minorista), han tenido que afrontar enormes inversiones en redes
de telefonía (5G) y fibra, que han soportado endeudándose. Pero el
estancamiento de la facturación (y su caída “real”, contando la inflación) les
ha obligado a buscar otras vías de salida:
reducir plantillas, vender activos,
buscar nuevos negocios y, al final, fusionarse o vender la empresa para
sobrevivir.
Las telecos son y han sido una fuente de despidos:
sólo en
2024, redujeron sus plantillas en 5.600
empleados: 3.420 salieron de Telefónica, 900 en Vodafone (que hizo el
5º ERE en 11 años, tras la venta a Zegona), 650 personas en MasOrange (tras la
fusión) y otros 674 trabajadores despedidos en Avatel, la 5ª teleco. Pero estos
5.600 empleos suprimidos en 2024 se inscriben en los despidos hechos en la última década, unos
15.000. Y en total, desde la liberalización de 1997, se estima que las
telecos han perdido 60.000 empleos.
La 2ª vía de “escape” a la caída de ingresos es vender
lo que pueden, desde torres de telefonía a redes, además de firmar acuerdos
con telecos competidoras para compartir redes o fibra. La tercera vía ha sido diversificar,
meterse
en nuevos negocios para “sacarles más partido” a sus 54 millones
de clientes: venderles alarmas, energía (luz y gas), seguros de
salud, banca y créditos.
Y la cuarta vía son las ventas y fusiones, con importantes
operaciones cerradas en 2024. La más importante, la
fusión de Orange y MásMóvil (que la absorbió), dando lugar a MasOrange.
La operación se anunció en julio de 2022, pero se ha retrasado mucho por el
permiso de Bruselas, que no
llegó (condicionado) hasta el 20 de febrero de 2024. Y tras la autorización
del Gobierno español (12 de marzo), las dos compañías empezaron a operar
como una sola, MasOrange, el
1 de abril de 2024, consolidándose como la 1ª teleco española, adelantando
a Movistar, con más de 30 millones de clientes (30 millones de líneas móviles,
más de 7 millones de clientes de Internet y más de 2 millones de clientes de TV
de pago. Y un 43% del mercado, frente al 28% de Movistar y el 22%
de Vodafone.
La otra gran operación de 2024 ha sido la venta de
Vodafone a Zegona, un fondo de inversión británico, que compró
en octubre de 2023 el 100% de Vodafone España por 5.000 millones de euros. Otra
operación que se ha retrasado por la autorización de Bruselas, la CNMC y el
Gobierno español, que la
autorizó el 14 de mayo de 2024. Desde el 1 de junio, los ejecutivos
de Zegona gestionan formalmente Vodafone España, imponiendo nuevos despidos (un
ERE a 900 empleados, el 27% de la plantilla) y poniendo en marcha una
agresiva política de tarifas y promociones, que ha frenado pero no impedido
la fuga de clientes.
En 2024 se ha cerrado también la entrada en Telefónica de
la operadora saudí STC (controlada por el Fondo soberano PIF) , anunciada
en septiembre de 2023. Antes de autorizar esta entrada extranjera en
una empresa estratégica, el Gobierno aprobó (diciembre 2023) la
compra del 10% de Telefónica por la SEPI (la empresa pública que
controla las participaciones estatales en empresas privadas), que ha
costado unos 2.000 millones de euros. En paralelo, el 2º accionista de Telefónica,
Criteria CaixaBank, ha
aumentado su participación, del 6,03 al 9,99%, al que se suma el
4,83% del BBVA para asegurar mayoría española (24,82%). Y así, el 28 de
noviembre pasado, el
Gobierno autorizó a la saudí STC a tomar el 9,97% del capital de
Telefónica (ampliando el 4,4% que tiene ahora), lo que la convertirá en el
tercer mayor accionista de Telefónica, con un
puesto en el Consejo.
Con todas estas “movidas”, el sector ha sufrido en 2024 un
gran cambio empresarial, con un
nuevo liderazgo, de MasOrange (MásMóvil, el 4º operador de 2023 es ahora
el 1º), otro intento de “salvar Vodafone España” (tras varios cambios de
gestión y tentativas de venta) y un nuevo rumbo para Telefónica, que ya
no lidera en España y tiene que buscar su hueco en Europa y el mundo, evitando
que su bajísimo precio en Bolsa (cotiza a 3,90
euros por acción, frente a los 30 euros de principios de siglo) le haga presa
fácil de otra OPA (su valor total es bajo: 22.600 millones de euros). Y
luego está la carrera imparable de la
rumana Digi, que opera desde 2008 y que cerró 2024 con 8 millones de
clientes (la tercera parte que Movistar) y una gestión muy agresiva, aunque le
cueste bajos beneficios y un alto endeudamiento.
Y detrás le siguen otros operadores virtuales, con
cuentas complicadas pero que crecen a costa de arriesgadas ofertas “low
cost”. Avatel, la 5ª mayor operadora,
fundada hace 13 años por un pequeño
operador de la Costa del Sol y que ha crecido absorbiendo 155 pequeñas
operadoras regionales, con 1,43 millones de clientes (760.000 de Internet
y 670.000 de móviles). O Finetwork,
la 6ª mayor, propiedad en un 50% de un empresario de Elda (Alicante), que cerró
2024 con 1,3 millones de clientes (1 millón de móviles y 330.000 de Internet), coincidiendo
con el
cese de su consejero delegado. Y Adamo (200.000 clientes), controlada
por el fondo francés Ardian, especializada en instalar fibra en zonas rurales.
Un mercado, las telecos, que sobrevuelan los
fondos de inversión, buscando entrar y salir a corto plazo y conseguir
plusvalías. Y un mercado donde van
a seguir las fusiones, en España y a nivel europeo, porque no salen
las cuentas si las telecos no ganan tamaño y clientes. De hecho, las empresas
se quejan de que hay
98 empresas de telecomunicaciones en Europa, mientras en EEUU, China
y Japón sólo hay 3 grandes, por lo que Deutsche Telecom, líder europea,
tiene 40 millones de clientes, frente a 114 millones Verizon en USA y 900
millones China Mobile. Por eso, piden a la Comisión que facilite las
fusiones europeas y a los Gobiernos que no favorezcan la entrada de nuevos
operadores y limiten la competencia “desleal”.
Pero la “guerra de tarifas” va a seguir.
Incluso las grandes telecos hacen polémicas ofertas “low cost”: en diciembre, Movistar quiso “robar clientes” a Vodafone
ofreciéndoles (sólo a ellos) una tarifa de “todo fútbol” por 44,90 euros, 90
euros menos de lo que costaba al resto (incluidos sus clientes). Ahora,
con ofertas de Internet y móvil a 15 euros, la
gran batalla comercial está en la TV de pago y el fútbol: los
operadores han visto que los usuarios cada vez gastan menos en móvil e Internet,
por lo que los paquetes cuádruples (fijo, móvil internet fijo y móvil) cuestan una
media de 42,10 euros al mes, el precio más bajo desde 2015. Pero con TV de pago
(series, cine y fútbol), el precio medio de los paquetes “quíntuples” es ahora
de 80,3 euros, la tarifa más alta por estos servicios desde 2022, según
la CNMC. Porque dos de cada tres
internautas utilizan plataformas de TV de pago Ahí está el negocio.
Otro año más, las telecos suben las tarifas de móviles, internet y TV de pago. Empezó Vodafone, subiéndolas el 1 de enero un +3% (menos que el +4,38% de 2024), justificándolo por la subida de la inflación. Es el tercer año que Vodafone aplica su cláusula de “revisión automática anual” de tarifas conforme al IPC, introducida en sus contratos en 2022.Ahora, la subida media es de 1,5 euros al mes por cliente, aunque será mayor en los contratos de fibra y móvil (+2,5 euros mensuales) y menor en contratos de sólo móvil (+0,6 euros). Y como contrapartida, ofrecen regalos y rebajas en suscripciones de antivirus y plataformas.
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jueves, 9 de enero de 2025
Transferencias en 10 segundos casi gratis
Desde hoy 9 de enero, ya podemos enviar o recibir una
transferencia bancaria instantánea sin pagar tanta comisión (entre 1 y 12 euros). Entra en
vigor un Reglamento aprobado por el Parlamento Europeo que obliga a 8.000
bancos de la zona única de pagos en euros (36 paises) a implantar "casi gratis" (de 0 a 6 euros) estas transferencias inmediatas entre cuentas, que se usan
bastante en España y poco en Europa. Una medida clave para avanzar en la
unión bancaria en un continente con demasiadas barreras a la
circulación del dinero y las fusiones bancarias. En paralelo, bancos franceses,
alemanes y belgas han creado una plataforma de pagos europea, Wero,
que busca competir con Bizum, la 2ª mayor plataforma de pagos en
Europa (tras la polaca). Así que cada vez será más fácil y barato hacer
pagos, no sólo entre particulares, también entre empresas. En
contrapartida, la banca busca compensar esta pérdida de comisiones
por transferencias cobrándonos más por otros servicios (desde cuentas a tarjetas o Bolsa), ahora que bajan
los tipos: 2025 será el año de las comisiones bancarias. ksltp.com
Este nuevo Reglamento sobre las transferencias rápidas entre
los 36 paises SEPA, publicado en el
DOUE del 19 de marzo, fija unas condiciones comunes para los 8.000
bancos implicados, a partir del 9 de enero de 2025 (con un
periodo transitorio para los bancos de fuera de la zona euro): todos los bancos
deben ofrecer transferencias instantáneas, en un máximo de 10 segundos
(ahora, un tercio de los bancos europeos no las hacen, aunque parezca increíble),
no pueden aplicar comisiones mayores que las que tienen las
transferencias ordinarias, han de convertir las transferencias en otras monedas
a euros, deben aplicar mecanismos sólidos y actualizados de detección de
fraudes y evitar transferencias delictivas relacionadas con el
terrorismo y el blanqueo de capitales.
En España, la entrada en vigor hoy de este Reglamento
implica que cualquier cliente de banca podrá enviar o recibir en
sus cuentas (hay 80 millones de cuentas bancarias) una
transferencia rápida (de hasta 100.000 euros), que será efectiva en
un máximo de 10 segundos, con un coste que deberá ser el
mismo que tiene una transferencia ordinaria (que tarda normalmente 24 horas y
más). Eso supone en la práctica que estas transferencias inmediatas serán "casi gratis" en España, porque lo son normalmente las transferencias
ordinarias. Será un cambio para los clientes, porque hasta ahora,
enviar dinero con una transferencia rápida (en el día) entre cuentas tenía
un coste que oscilaba entre 1 y 12 euros: 0,95 euros cobraba el Sabadell,
1,25 el BBVA, 3,95 CaixaBank, 4 euros Openbank, 5 euros Unicaja, 6 euros
Santander y 12 euros Bankinter, según
HelpMyCash.
Este Reglamento europeo va
a agilizar enormemente estas transferencias
instantáneas, más en otros paises que en España,
donde ya suponen el 53,6% de todas las transferencias, según
los datos de Iberpay: en 2023 se hicieron en España 1.011 millones de
transferencias instantáneas (+22,8% que en 2022), por importe de 119.400
millones de euros (+21,6%). Y su uso, a pesar de tener que pagar comisiones, se
ha disparado: de 31,8 millones de transferencias hechas en 2018 a 103 millones
en 2019, 569,6 en 2021 y los 1.011 millones de transferencias instantáneas
hechas en 2023. Este enorme volumen contrasta con el menor
uso de estas transferencias inmediatas en Europa: suponían el 15,46% de
todas las transferencias en la UE, casi la cuarta parte que en España (53,62%
del total).
La razón básica de
que España sea líder europeo en transferencias rápidas es el éxito de Bizum, la plataforma de
envío instantáneo y gratuito de dinero a través del móvil (con un
límite de 1000 euros, frente a los 100.000 de una transferencia rápida entre
cuentas). La plataforma Bizum fue creada en España en 2015, por 20
bancos y tres infraestructuras de pagos, y su uso se ha popularizado: ha pasado
de 6,25 millones de usuarios en 2019 a 28 millones en 2024, que han
hecho 3.400 millones de transacciones, con 80.000 comercios donde se puede
pagar y 11.600 organizaciones a las que donar.
Su éxito es tal que Bizum es la
2ª mayor plataforma de pagos rápidos en Europa, solo por detrás de
Polonia (Blick tiene más de 30 millones de usuarios) y por delante de Francia
(Paylib tiene más de 25 millones), paises nórdicos (Vipps tiene
más de 12 millones de usuarios en Noruega, Dinamarca y Finlandia), Suecia (Swich
tiene más de 9 millones) y Suiza (Twint tiene más de 5 millones). Con
todo, son plataformas de pagos rápidos restringidas a cada país. Por
eso, un grupo importante de bancos franceses, alemanes y belgas lanzaron en
junio de 2024 la primera plataforma de pagos rápidos europea: Wero
(“We Euro”), a la que se
han sumado bancos de Luxemburgo y Paises Bajos, que pretende hacerse con el
mercado europeo de pagos rápidos. Por eso, Bizum ha reaccionado y en
2025 ampliará sus pagos a Italia y Portugal, tras acuerdos con entidades
de esos paises.
El Reglamento de pagos instantáneos va a
acelerar las transferencias inmediatas entre paises, al margen de los
pagos rápidos por móvil. El
objetivo es que estas transferencias instantáneas se impongan en el resto
de Europa (donde, recordemos, ahora se usan poco), sobre todo en los paises
donde sean gratuitas (que ahora son pocos).
El objetivo de la Comisión Europea es que estas transferencias instantáneas
se generalicen no sólo entre particulares sino sobre todo entre empresas,
que ahora apenas las usan por su coste. Esto podría facilitar y agilizar los
pagos a proveedores y clientes, los pagos entre comercios y también los pagos a
las administraciones públicas (desde impuestos a servicios).
En todos los casos, servirá para agilizar la tesorería
y los flujos de dinero, mejorando la eficiencia de empresas e
instituciones, aunque todo va a depender de la comisión que realmente se cobre. Porque hasta ahora, el retraso en las transferencias nacionales
e internacionales (entre 1 y 2 días, incluso más si no son en euros) ha
bloqueado enormes cantidades de fondos: la
Comisión Europea estima que cada día hay 200.000 millones de euros “en
el camino”, en el “limbo” de las transferencias, un dinero que no está
disponible de inmediato para particulares y empresas. Y que ahora, con las
transferencias instantáneas puede “liberarse” y generar
un beneficio de 1.800 millones al año…
Para los bancos españoles (y europeos), este
Reglamento que facilita y abarata las transferencias instantáneas es dinero que
dejan de tener uno o dos días (a coste cero) y comisiones
que pierden (aunque al final, intentarán seguir cobrándolas, más bajas). Pero no están demasiado preocupados, porque intentarán
“cobrárnoslo por otro lado”: aumentarán el resto de comisiones, desde
las que pagamos por las cuentas a las tarjetas o por administración de acciones
y Fondos.
De hecho, los ingresos por comisiones llevan
años disparados y siendo un componente fundamental de los abultados beneficios de
la banca : los 6 grandes han ganado 23.656 millones de euros de enero a
septiembre de 2024 (+19,7%) y han
ingresado 20.048 millones de comisiones netas (+8,6% sobre 2023). Y
en 2025, con la bajada de tipos, los bancos van a reducir sus márgenes, con lo
que tendrán que compensarlo subiendo comisiones. Algo que ya han
anunciado en las últimas semanas a muchos clientes, sobre todo a los que
no tienen “vinculación” (nómina, pensión o tarjetas), que son los que pagarán
más comisiones. Ahora, el coste medio de las comisiones por mantener
una cuenta es 150,91 euros anuales, según el Barómetro
de Asufín. Y hay entidades, como Santander o CaixaBank que cobran 240
euros, mientras BBVA cobra 160 euros. Y también han subido las comisiones
bancarias por tarjetas, operativa o Fondos y valores.
En resumen, que la Comisión Europea ha dado un paso más
para avanzar en la unión bancaria europea, agilizando y abaratando
las transferencias instantáneas entre cuentas, que ahora serán "casi gratis" en
España, como un Bizum pero permitiendo mayores importes. Un servicio que muy
útil para particulares y más para las empresas, comercios e instituciones, que podrán
gestionar mejor su tesorería. Pero a cambio, la banca lo compensará
con nuevas
subidas de comisiones, la mayoría sin que nos demos cuenta de que
las pagamos. Así que 2025, aunque tengamos tipos más bajos y
transferencias instantáneas "casi gratis", será un año en el que pagaremos más comisiones.
Estamos “pillados” .
Europa es un continente que todavía mantiene fronteras
bancarias, donde los bancos de cada país tienen sus propias reglas y
comisiones en la operativa diaria y no promueven fusiones con bancos de
otros paises, sólo entre bancos nacionales (como BBVA
y Sabadell, mientras el italiano UniCredit ha
visto bloqueado su intento de absorción de Deutsche Bank). Y así sucede que
realizar una transferencia entre cuentas es
una operación compleja, donde cada país tiene unos tiempos
(24 horas o más si no es en euros) y cobra comisiones diferentes,
dificultando pagos y la circulación de dinero en el continente. Por eso, dentro
del proceso de agilizar la unión bancaria, la
Comisión Europea decidió, en octubre de 2022, aprobar un Reglamento para
agilizar la transferencias inmediatas en el continente, para que tuvieran
más peso (eran sólo el 11% de las transferencias) y fueran más baratas
(que fueran gratis o costaran como el resto de transferencias) y seguras.
Se inicia así un proceso de negociación entre
la Comisión Europea, el Parlamento y los 8.000 bancos europeos (con 800
millones de cuentas bancarias) que componen la
zona única de pagos en euros (SEPA, por sus siglas en inglés),
integrada por 36 paises, los 27
paises de la UE más otros 9 paises europeos (Islandia, Liechtenstein, Noruega,
Andorra, Mónaco, San Marino, Suiza, Ciudad de Vaticano y Reino Unido, que sigue
ahí después del Brexit). El 7 de abril de 2023 hay ya un primer acuerdo, que se
transforma en un Reglamento sobre las futuras transferencias rápidas en la
zona SEPA, que se
aprueba el 7 de febrero de 2024 en el Parlamento Europeo (599 votos
a favor, 7 en contra y 35 abstenciones) y que aprueban los líderes europeos en
el Consejo
del 26 de febrero de 2024.
Ahora, las entidades anuncian que no cobrarán estas transferencias instantáneas a los clientes vinculados, pero sí al resto, aunque la mayoría cobrarán una comisión baja: 0,40% sobre el importe enviado, con un mínimo de 6 euros la mayoría (CaixaBank, Santander o Sabadell). Y BBVA o Bankinter anuncian que serán gratis. Habrá que esperar unos días para comprobar las tarifas de estas transferencias rápidas, que serán otro motivo de "negociación" entre los bancos y sus clientes.
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lunes, 6 de enero de 2025
La luz sube otra vez
Cuando llegue el recibo de la luz de diciembre,
veremos que ha subido otra vez, hasta 11 euros sobre el de noviembre, que
ya fue el más caro del año. La luz cerró 2024 con precios altos, por la mayor
demanda (el frío) y el clima (menos eólica, solar e hidráulica y más gas, muy caro). Pero como el clima ayudó
entre primavera y otoño, el precio medio en el mercado eléctrico fue el más
bajo desde 2021, aunque la subida de impuestos hizo que nuestro
recibo mensual fuera 1,54 euros más caro que en 2023, pero mucho más
bajo que en 2022 y 2021. Y el auge de las renovables (generan el 56% de
la electricidad) mantiene la luz más barata que en Europa. Este 2025 se espera una
luz cara hasta primavera y luego bajará en el mercado, aunque nos
subirá por el IVA y los peajes: será entre 106 y 118 euros más cara. Y
luego bajará y será “más limpia” entre 2026 y 2030. Enrique Ortega
La luz cerró el año 2024 con fuertes subidas en el mercado mayorista de origen, mayores incluso que las de noviembre. En diciembre, el precio medio diario del mercado mayorista (donde las eléctricas venden la electricidad que generan) fue de 111,23 euros/MWh (con picos de 177/179 euros entre el 10 y 12 de diciembre y 172 euros/ MWh el 30 de diciembre). Ha sido, junto a noviembre (104,43 euros/MWh de media) el mes más caro de todo 2024, un año donde la luz fue muy barata en origen (mercado mayorista) en primavera (20,31 euros en marzo, 13,67 en abril y 30,4 euros/MWh en mayo), así como en verano y otoño, gracias a la mayor aportación de las renovables (más baratas). Pero en noviembre y diciembre, los precios en origen se dispararon por la mayor demanda (frío) y una menor aportación de las renovables (poco aire y lluvia y menos horas de sol) y de las nucleares (por recarga y fallos en Ascó I y II), obligando a utilizar más las centrales de gas (con un gas más caro). Y además, han subido los derechos por generar CO2.
A pesar de las fuertes subidas de noviembre y diciembre, el
mercado eléctrico español ha cerrado 2024 con un precio
medio de 63,19 euros/MWh, más bajo que el de 2023 (88,27 euros)
y muy inferior a los de 2022 (167,52 euros/MWh, por la guerra de Ucrania
y el gas disparado, que llevó a un máximo histórico de 544,98 euros/MWh
el 8 de marzo de 2022) y 2021 (119,93 euros), aunque esté
todavía por encima del precio habitual antes de esta crisis energética (33,96
euros/MWh en 2020 y 47,41 euros en 2019). Otro año más, nos han salvado las
energías renovables, que han generado el 56% de la electricidad, según
REE, gracias a la aportación de la eólica (23%), la solar fotovoltaica
(17%) y la hidráulica 13%).
En Europa, las renovables han generado sólo el 48%
de la electricidad en 2024, lo que explica que el precio medio de la
electricidad en el
mercado europeo haya cerrado en 82 euros/MWh, más cara que en España
(63,10 euros), aunque más barata que en 2023 (97 euros/MWh en el mercado
europeo) y el precio más bajo desde 2021, según Eurelectric. Una electricidad,
en Europa y en España, más barata y “más limpia” : las emisiones de CO2
por la producción de electricidad bajaron
un 13% en 2024 sobre 2023 (y un -59% sobre 1990). En España, las emisiones
del sector eléctrico (27 millones TM CO2) bajaron
un -16,4% sobre 2023.
Estos fueron los precios de la electricidad en origen en
2024. Pero a nosotros, los consumidores, nos influyen otros factores
en el recibo, además de este precio mayorista. Una parte, el 40% del
recibo, depende de nuestro contrato. Si tenemos una tarifa “libre” (como
21,8
millones de consumidores), que han pactado con una comercializadora
(generalmente por un año), estos vaivenes del mercado mayorista y la rebaja
media de 2024 no la notarán hasta que
revisen la tarifa (como las hipotecas). Pero si tenemos una tarifa “regulada”
(llamada PVPC), como 8,6
millones de consumidores, un 40% del recibo varía con los precios
diarios (y por horas) del mercado mayorista de la electricidad. Así que en
2024, tendríamos que haber pagado menos por la luz, ya que el precio
medio en origen ha sido un 28,4% más bajo (63,19
euros/MWh frente a 88,27 euros). Y encima, una reforma implantada el 1 de enero, obligaba a las eléctricas a vendernos un 30% de la luz
comprada en el mercado a plazo (no en el mercado diario), que es más barato.
Pero la realidad es que el recibo medio de la luz ha subido
algo en 2024, 1,54 euros mensuales para la tarifa regulada, según la OCU.
Y también la contrataron más cara los usuarios que están en el mercado “libre”,
porque una parte importante de la factura (un 15%) son impuestos. Y el
40% restante son costes de transporte y distribución más pagos regulados por la
Administración para financiar el parón nuclear, las renovables, la electricidad
en las islas o la deuda eléctrica acumulada, que también subieron (poco) en
2024.
Por todo ello, aunque la electricidad en origen fue más
barata en 2024, la pagamos algo más cara, sobre todo por la
subida de 3 impuestos. Entre febrero y mayo de 2024, el IVA
de la electricidad subió del 10 al 21%
(al estar por debajo de 45 euros los precios en origen), aunque el resto hemos
pagado el 10%. También subió el
impuesto especial a la electricidad (del 0,5% al 2,5% en el primer
trimestre, el 2,8% en el segundo y el 5,11% desde julio) y el impuesto
a la generación de electricidad, que pagan las eléctricas pero nos lo
repercuten en el recibo (se suprimió en 2021 y volvió al 3,5% en el primer
trimestre de 2024, al 5,25% en el segundo y el 7% desde julio). Se estima que habremos
pagado 7,50 euros extras cada mes en el recibo en 2024 por estas
subidas de impuestos. Todos, tengamos la tarifa que tengamos.
Al final, entre la bajada del precio en origen y la subida
de impuestos y peajes, el recibo medio de los que tienen una tarifa regulada
(8,6 millones de consumidores) habrá subido 1,54 euros de media al mes durante 2024, según
los cálculos de la OCU, que estima un recibo medio de 61,88 euros en
2024 (aunque sea de 85,57 euros en diciembre frente a 74,60 euros en noviembre, después de empezar el año en 63,10 euros y bajar hasta 48,85 euros en el recibo de abril), frente a 60,34 euros pagados de media en 2023.
En el caso de los recibos contratados en el mercado “libre” (tarifas “planas”),
también habrán notado la subida de los 3 impuestos (esos 7,50 euros de media).
Ahora, en 2025, todo apunta a que la
luz seguirá subiendo en origen hasta primavera, aunque quizás menos que
en noviembre y diciembre, porque quizás mejore algo la aportación de la energía
hidráulica (lluvia) y eólica (viento). Y luego, en primavera y verano, se
espera que las energías renovables (mucho más baratas) sigan creciendo y no
haya que tirar del gas natural (más que en horas y días puntuales), lo que
permitirá volver a bajar el precio medio de la electricidad en el mercado
mayorista en 2025. De hecho, la
electricidad en el mercado de futuros apunta a un precio de 50 euros/MWh
entre abril y junio de 2025 (cuando estaba a 122,34 euros/MWh el viernes 3 de
enero). Y eso beneficia a los que clientes del mercado “regulado”,
porque las comercializadoras
están obligadas en 2025 a que un 40% de la electricidad
que les vendan la compren en el mercado de futuros (y un 55% en 2026).
Pero eso no indica que el recibo baje en 2025, sino
que se espera que la luz suba más que en 2024 (subió 1,54 euros), otra vez por la subida de impuestos y también por una
mayor subida de los costes regulados, dos factores que afectan a todos los
contratos. Veámoslos con detalle.
Por un lado, sube
uno de los tres impuestos de la luz,
el IVA, que es el clave. Pasa del 10 al 21% definitivamente, lo
que puede suponer una subida del recibo, por esta sola causa de +7,50 euros
al mes. Se mantiene en el 5,11% (de finales de 2024) el 2º impuesto,
el impuesto especial sobre la electricidad (IEE), que este año no nos
subirá el recibo. Y el tercer impuesto, sobre el valor de la producción de la
energía eléctrica (IVPEE) electricidad (el 7%) está
pendiente de la pelea política en el Parlamento: el Gobierno quiere
mantenerlo, pero PP y Junts (con apoyo de Vox, ERC y PNV) quieren anular este
impuesto, creado por Rajoy en 2013 y con el que se recaudan 1.500 millones
al año. El debate sigue abierto y el
Gobierno reitera que quiere mantenerlo, aunque no tiene mayoría para
hacerlo.
Además de la subida del IVA (y la recuperación o no del
IVPEE), el recibo de 2025 incluye también la
subida de los costes regulados por la Administración,
que aumentan un 33% este año. Estos costes que también suben son los peajes
eléctricos (el coste del transporte y la distribución de electricidad, una
parte fija y otra según el consumo), los cargos varios del sistema
eléctrico (primas a las renovables, ayudas al pago electricidad en las islas,
costes de la CNMC, coste parón nuclear y déficit eléctrico acumulado) y la
financiación del bono social eléctrico: un descuento del 25 al 40% en la
factura, del
que se benefician 1.627.000 familias
pero cuyo coste (que crece) pagamos el resto de consumidores (3,8 euros por
cliente).
En conjunto, entre la subida del IVA y los costes regulados,
el recibo de 2025 podría subir 106 euros al año (+8,83 euros al mes)
para los consumidores con tarifa “regulada” y 118 euros
anuales (+9,83 euros al mes) para los que tienen una tarifa “libre”, según
la OCU. Y eso, al margen de que el precio de la electricidad en origen suba
o baje (debería bajar algo) o de la evolución del petróleo y el gas
natural. Si una guerra o cualquier otro problema (frío intenso o
fuerte demanda) vuelven a disparar la energía, el recibo subiría
mucho más.
Hay un factor clave para ser relativamente optimistas
con el recibo en los próximos años, sobre todo a partir de 2026, cuando
ya no suba el IVA ( culpable de +7,50 euros de subida mensual
del recibo en 2025) : la creciente importancia de las energías renovables,
donde España
es líder en Europa. El gran objetivo del Plan
nacional de energía y Clima 2023-2030 (PNIEC) es que las energías renovables
generen el 81% de la electricidad en 2030 (frente al 39,2% que aportaron en
2019 y el 56% en 2024). Eso permitirá tener una electricidad más limpia y más barata. De hecho, el
Banco de España estima que las energías renovables pueden reducir los
precios de la luz un 50% para 2030. Y con ello, España tendría una
tarifas entre un 20 y un 30% más baratas que Europa.
Para conseguirlo, la clave es seguir promoviendo
la energía solar, la eólica (que va
algo retrasada, por una cierta rigidez normativa, una creciente “judicialización”
de proyecto y un retraso en las adjudicaciones en algunas autonomías) y
otras renovables, mejorando su eficiencia y desarrollando
más el almacenamiento, porque una parte de la energía renovable no
se puede guardar (almacenar en baterías gigantes) y se pierde. En paralelo,
urge
modernizar la red de distribución, para afrontar los picos de
demanda y evitar cortes: el 11 y 12 de diciembre, Red Eléctrica (REE) tuvo
que cortar la luz a las industrias (desde las 18,30 a las 21 horas), para
asegurar el servicio al resto del país, con lo que hubo 5 días de
corte parcial a la industria en 2024. Algo que podría repetirse en 2025, si la
demanda de electricidad sigue creciendo (+1,4%
en 2024, tras caer en 2022 y 2023).
Entre tanto, las eléctricas aprovechan los altos precios
de la luz en noviembre y diciembre (y los que todavía tendremos hasta la
primavera) para abrir
una “guerra de tarifas” y bombardear con anuncios a los usuarios
para que se pasen a tarifas “libres”, con el señuelo de que ahora están
más bajas. De hecho, 1 de cada 4 hogares han cambiado su contrato de luz,
de la tarifa regulada al mercado libre, en los dos últimos años, según
la Comisión de la Competencia (CNMC). Son 4,8 millones de hogares que
las eléctricas han captado para sus tarifas “planas”. Durante los años 2021
y 2022, con el mercado eléctrico en precios máximos, han podido acertar. Pero no
tanto en 2023 y 2024, donde el recibo regulado ha bajado. Y lo mismo pasará
en los próximos años: la
electricidad subirá en 2025, pero bajará a partir de 2026. Así que
ojo a las “ofertas”, que ofrecen hoy luz más barata por un año, pero que pueden
subir al revisarla anualmente.
Con todo, sea tarifa regulada o “libre”, no se deje
influir por los titulares de lo cara a barata que esté la electricidad tal día
o a tal hora. Es importante que sepamos que la
clave está en el clima, en que si llueve o no, si hace sol y viento o
no, eso resulta clave para nuestro recibo. Y que hay mucha diferencia entre los
precios según la hora del día o el día de la semana (la luz es más
barata los fines de semana y cuando no hay industrias trabajando). Y que en
los próximos años, gracias a las renovables, la luz costará mucho menos, sin
contar los impuestos. Así que el recibo de la luz nos dará menos “sustos”
en el futuro.
La luz cerró el año 2024 con fuertes subidas en el mercado mayorista de origen, mayores incluso que las de noviembre. En diciembre, el precio medio diario del mercado mayorista (donde las eléctricas venden la electricidad que generan) fue de 111,23 euros/MWh (con picos de 177/179 euros entre el 10 y 12 de diciembre y 172 euros/ MWh el 30 de diciembre). Ha sido, junto a noviembre (104,43 euros/MWh de media) el mes más caro de todo 2024, un año donde la luz fue muy barata en origen (mercado mayorista) en primavera (20,31 euros en marzo, 13,67 en abril y 30,4 euros/MWh en mayo), así como en verano y otoño, gracias a la mayor aportación de las renovables (más baratas). Pero en noviembre y diciembre, los precios en origen se dispararon por la mayor demanda (frío) y una menor aportación de las renovables (poco aire y lluvia y menos horas de sol) y de las nucleares (por recarga y fallos en Ascó I y II), obligando a utilizar más las centrales de gas (con un gas más caro). Y además, han subido los derechos por generar CO2.
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jueves, 2 de enero de 2025
Año 2025: cierta normalidad y muchos riesgos
El año 2024 ha sido mejor de lo esperado (con más
crecimiento y menos inflación). Y 2025 podría ser otro año de “recuperación”,
tras cuatro años de crisis (2020-2023) por la pandemia y la inflación disparada.
Pero hay demasiadas incertidumbres, que pueden convertirlo
en un año “gris” o “negro”: las guerras abiertas en Ucrania y
Oriente Medio, la llegada de Trump y su amenaza de aranceles, el temido repunte
de la inflación y la energía, la enorme deuda mundial, el freno a la necesaria
inmigración y, sobre todo, el avance imparable de la Crisis Climática.
En Europa, la crisis política en Alemania y Francia dificulta el avance
de una economía estancada y poco competitiva. Y en España, la
economía “va bien” (aunque muchos no lo notan), pero la parálisis
política impide aprobar los necesarios Presupuestos y las
reformas que nos exige Europa, poniendo en peligro la recuperación.
Y mejorar los servicios públicos o afrontar el grave problema de la
vivienda, los grandes retos de 2025. Los que hacen previsiones económicas coinciden:
2024 ha sido un año mejor de lo esperado. El mundo ha crecido,
el empleo sigue fuerte, la inflación ha bajado y ha permitido reducir
los tipos de interés, sosteniendo el consumo y la inversión,
consolidando una “recuperación suave” de las economías tras
cuatro años muy difíciles (2020 a 2023), por la pandemia y sus secuelas, la
guerra de Ucrania y la inflación disparada. Ahora, esos mismos expertos creen
que 2025
puede ser otro año de “cierta normalidad”, donde se mantenga
el crecimiento y el empleo, siga bajando la inflación y se recuperen más el
consumo y la inversión, apoyados por una energía a precios estables. El problema
es que hay “demasiadas incertidumbres” en el horizonte,
desde los conflictos geopolíticos a la llegada de Trump, el
exceso de deuda, el freno a la inmigración o el avance de la Crisis
Climática. Y en Europa, desde Alemania y Francia a España, la
crisis política que dificulta la recuperación económica.
Empezando por el crecimiento, la
última previsión del FMI apuesta porque la economía mundial va a crecer
en 2025 lo mismo que en 2024, un +3,2%. Sin embargo, las economías “avanzadas”
tendrán un crecimiento bajo (+1,8%, lo mismo que en 2024), debido al estancamiento
de Europa, que crecerá sólo +1,5% (casi el doble que en 2024: +0,9%),
menos que EEUU (+2,2%, algo menos del +2,8% que creció en
2024). Este bajo crecimiento de los paises “desarrollados” vendrá compensado
por un fuerte crecimiento de los paises “emergentes y en desarrollo”,
que crecerán un +4,2% en 2025 (como en 2024), gracias al mayor crecimiento de los
principales paises de Asia, Latinoamérica, África y Oriente Medio, aunque este
año crecerán algo menos China (+4,5% frente al +4,8% en 2024), India
(+6,5% frente al +7%) y sobre todo Rusia (+1,3% frente al +3,6% en
2024).
Así que se espera un crecimiento mundial similar,
que permitirá mantener altos niveles de empleo y tasas de paro a la
baja en la mayoría de paises. Y con una
inflación mundial controlada, que puede subir al 3,5% a
finales de 2025, tras cerrar el año 2024 en el 3,2%, muy lejos ambos de la
inflación récord de 2022 (+9,4% en el verano de 2022). En EEUU
también bajará la inflación (del 2,4% al 2,1% en 2025), lo
mismo que en Europa (del 3,1 al 2,4%, para acercarse al ansiado 2% en 2026).
Y con un crecimiento sostenido y menos inflación, se espera continuar
las bajadas de tipos de interés (más en Europa, al 2% en 2025, y menos
en EEUU, al 3% a finales de año, porque la demanda crece más).
En esta “bola de cristal” sobre 2025, Europa
aparece como el continente que menos crecerá, un +1,5%, aún menos
la zona euro (+1,2%), según
el FMI. Y eso porque Alemania, la tradicional “locomotora” europea, apenas
crecerá (+0,8%, aunque saldrá de 2 años en recesión) y Francia
también crecerá muy poco (+1,1%, lo mismo que en 2024), como Italia
(+0,8%, frente a +0,7% en 2024), siendo España el
país occidental al que se vaticina un mayor crecimiento en 2025: +2,1%,
tras cerrarse 2024 con un crecimiento del 3% (también superior al del resto de paises
desarrollados, incluido EEUU). Esta “ligera recuperación europea” en 2025
se puede acompañar de una cierta creación de empleo y una baja tasa de
paro (el 6,1 bajará al 5,9%), una menor inflación (el
BCE augura una inflación del 2,4% en la zona euro a finales de 2024
y el 2,1% en diciembre de 2025, para bajar del 2% en 2026) y tipos de interés más bajos (del 3% actual al 2% en 2025).
Una vez disipada en el mundo “la niebla de la
inflación” , aparecerán en 2025 los
viejos problemas de la
economía internacional y europea: el bajo crecimiento
(menos al que había antes de la pandemia), los reajustes en las
relaciones comerciales mundiales (menos globalización y más peso de los
bloques y regiones) y el auge del proteccionismo, el alto
endeudamiento mundial (la deuda global supera los 100 billones
de dólares) y el aumento de los déficits fiscales de los paises, tras
años de aumentar las ayudas por la pandemia y la inflación. Y los viejos retos: nuevas tecnologías, Inteligencia Artificial, digitalización, baja productividad en la mayoría de Occidente y, sobre todo, el creciente
impacto de la
Crisis Climática, con un aumento de la temperatura, emisiones y desastres naturales.
Pero además de estas “asignaturas pendientes”,
la economía internacional tiene en 2025 importantes “incertidumbres”
y “riesgos”, que pueden acabar con la “recuperación” de 2024 y
sumergirnos en otra crisis en cualquier momento. La más inmediata, la
llegada a la Casa Blanca de Donald Trump, el 20 de enero. Un
político “extremista” e “impulsivo”, cuya gestión puede trastocar
la política y economía mundial. Su programa es tremendamente
contradictorio y habrá que ver si sus amenazas y bravuconadas se transforman en
hechos o no. Por un lado, su política de “bajar impuestos” (a los
más ricos) y “desregulación” (dar más poder a los gigantes de
Internet, las finanzas y las grandes empresas) podrían reanimar la económica
USA y la del resto del mundo, aunque subiría la inflación y no bajarían más
los tipos de interés. Pero, sus amenazas de aranceles al resto
del mundo y las restricciones a la inmigración frenarían el
crecimiento (sobre todo en Europa y China) y aumentarían la inflación.
Lo que más teme el mundo de Trump es que
imponga aranceles, un impuesto a las importaciones que lleguen a
USA de México y Canadá (+25%), de China y de Europa (+10% sobre los aranceles
actuales), aunque en su anterior mandato amenazó con hacerlo y no lo hizo. En
el caso de Europa, un 20% de sus exportaciones mundiales van
a EEUU y ahora pagan un arancel medio del 2%. Subirlo al 10%
dañaría especialmente a la industria química europea, aparatos ópticos,
muebles, bienes de equipo y material de transporte. Y los paises más afectados
serían Irlanda, Alemania e Italia, siendo España el 4º país europeo
menos afectado (tras Rumanía, Eslovaquia y Croacia), según
CaixaBank Research. Pero nos afectaría: el coste sería de 1.388 millones
de euros, el 0,1% del PIB.
Otra incertidumbre en 2025 es que aumente el
enfrentamiento comercial USA-China y ver si el gigante asiático puede
reordenar su economía, que crece menos porque ha reducido sus exportaciones (a
EEUU y a Europa) y no recupera su consumo interno, con un aumento de la deuda.
Si Trump y China entran en “guerras comerciales”, lo pagará Europa (y España).
Otro enorme riesgo de 2025 son los conflictos
geopolíticos, las guerras en Ucrania y Oriente Medio, que no terminan y
obligarán a Europa a gastar más en armamento, tras la retirada de Trump de parte
de sus compromisos con la OTAN. Y las guerras siempre complican los precios
de la energía y las materias primas, lo que podría reavivar la
inflación. De momento, el petróleo y el gas cotizan a precios razonables
(salvo rachas de subidas del gas en Europa, por el frío o problemas de
aprovisionamiento). Y los
expertos apuntan a un petróleo más barato en 2025 (73 dólares barril
frente a 82 en 2024), por la esperada caída de la demanda (más en China) y el
exceso de oferta (a pesar de los recortes de la OPEP y Rusia). Y el gas natural,
clave para el precio de la electricidad, está en 48,79 dólares y cotiza
a la baja en las compras para primavera y verano, pudiendo
cerrar 2025 a 46,72 dólares.
Con todo, el principal riesgo que sigue ahí,
aunque apenas se cite, es la
Crisis Climática: 2024 ha sido el año más cálido en milenios,
con una temperatura media 1,5 grados más alta que en el periodo preindustrial
(1.850-1900). Y las
emisiones de CO2 vuelven a crecer, lo que provoca una
concentración de gases de efecto invernadero de 422 partes por millón, un 50%
más que en 1750, antes de utilizarse los combustibles fósiles. Y todo ello ha
multiplicado estos años la proliferación de “desastres climáticos”
(sequías, inundaciones,
olas de calor, huracanes, incendios, hambrunas…), que provocan cuantiosos daños
humanos y materiales, especialmente en los paises pobres y en el sur de
Europa. Y frente a este gravísimo problema, los paises apenas recortan
su consumo de combustibles fósiles y crecen
los políticos “negacionistas”, especialmente en EEUU (Trump podría
salirse otra vez del Acuerdo del Clima) y Europa (con el auge de la extrema
derecha y la derecha negacionista).
Centrándonos en las “incertidumbres” en Europa, el
principal problema es que cuando EEUU vira a la extrema derecha y se concentra
en sí mismo, Europa no tiene la fortaleza política para ser una
referencia mundial, porque el continente está también muy polarizado,
con un auge de la extrema derecha y la derecha tradicional, que dominan
la Comisión Europea. Y por si fuera poco, los dos motores políticos y
económicos de la UE, Alemania y Francia, están “gripados”. En Alemania, la
derecha democristiana podría volver al poder en las elecciones del 23 de
febrero. Y en Francia, el nuevo Gobierno impuesto por Macron no consigue
avanzar y resolver los graves problemas económicos pendientes (como la falta de
reformas y el déficit disparado, que hacen que Francia tenga que pagar la misma prima de riesgo
que Grecia: 0,84% más que Alemania y mucho más que el +0,68% de España o el +0,47% de Portugal). Con esta
debilidad política, resulta difícil que Europa pueda tomar las medidas que
urgen (Plan
Draghi) para mejorar su competitividad y peso político mundial.
Y queda hablar de España en 2025. Las previsiones de todos
los organismos internacionales (FMI, OCDE, Comisión Europea) apuestan porque seguiremos
siendo el
país occidental con más crecimiento, un +2,1%, aunque será inferior
al de 2024 (+3%). Pero será suficiente, según
la previsión del Gobierno, para crear otros 548.000 nuevos empleos
en 2025 (tras los 556.132 que se habrán creado en 2024), lo que supondría
crear tanto empleo como Francia y Alemania juntos.
Pero también en España hay muchas “incertidumbres”
para 2025. La primera, si el Gobierno será capaz de pactar unos Presupuestos
para 2025, que serían claves para poder recaudar más y así gastar
más en los servicios públicos (Sanidad, Educación y Dependencia) y
en la política de vivienda, la primera preocupación de los españoles (CIS diciembre), que
exige un Pacto político entre el Gobierno central, las autonomías y los
Ayuntamientos para conseguir suelo y financiación para promover
250.000 viviendas al año (frente a las 90.000 de 2024). El grave problema de la
vivienda sólo
se puede resolver promoviendo más viviendas (VPO y “libres”), la mayoría
para alquiler, no empecinándose en imponer una Ley de Vivienda
que ahuyenta a los propietarios y no consigue más suelo y más financiación para
construir.
Pero quizás la mayor incertidumbre de 2025 es la
política: la actual polarización y estancamiento político, que frenan
cualquier reforma e impiden cualquier acuerdo (como el de la vivienda). La
economía va bien, aunque muchas familias no lo noten, porque sus sueldos
son bajos y la inflación y el deterioro de los servicios públicos se han comido
parte de sus ingresos y tienen problemas para llegar a fin de mes. Pero la
macroeconomía funciona, se crece y se crea empleo, se exporta y llegan
inversiones extranjeras. El problema es que la
incertidumbre política es tal que no ayuda a la economía, la lastra e
impide reformas urgentes, desde la mejora de la sanidad o la educación
a la construcción de viviendas o la atención a la Dependencia. El bloqueo
político no ayuda a resolver los problemas de la gente. Y esta crispación política acabará dañando a la economía. Ese es el mayor riesgo para España en 2025, junto a Trump y al desconcierto en
Europa.
Ojalá que estos riesgos se disipen y todo vaya bien. ¡Feliz
2025¡
Este aumento del
empleo, junto a otra
rebaja de la inflación (1,9% de media anual en 2025, frente al 2,8% de subida
media en 2024), podrían servir para reanimar el consumo de las familias,
uno
de los 4 motores del crecimiento este año, junto al turismo, la
llegada de inmigrantes y la mejora de la inversión (empujada por los 48.000
millones de Fondos europeos, a los que se sumarían otros 20.000 más en 2025,
entre el 5ª pago de subvenciones y los primeros créditos del Plan de
Recuperación). Y eso contando que no se podrá aumentar el gasto público
y que las exportaciones ayudarán menos en 2025.
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