jueves, 21 de septiembre de 2023

Retrocesos frente a la Crisis Climática

Las olas de calor del verano y las inundaciones han dejado claro que estamos ante una grave Crisis Climática (no un “Cambio Climático”: demasiado suave). Pero no hacemos nada para atajarla. Es más, las emisiones de CO2 aumentan este año, tras subir en 2021 y 2022. Y eso, porque los paises han subvencionado las energías fósiles para reducir la inflación, con ayudas a los carburantes, la luz  y el gas, alimentando emisiones. Y encima, en Europa avanzan las posiciones negacionistas, con el Partido Popular Europeo (incluido el PP español) votando en contra (en julio y septiembre) de 2 Leyes para proteger la naturaleza y reducir la contaminación. Y en España, con el PP (y Vox) gobernando 11 autonomías y 44 grandes ciudades, se está dado marcha atrás en las zonas de bajas emisiones o suprimiendo carriles bici. Ojo: la defensa del medio ambiente es de sentido común y no debe tener un sesgo político. Nos jugamos la salud, la economía y el Planeta. Es pura supervivencia.

                 Enrique Ortega

La ONU acaba de dar otra alerta ("hemos abierto las puestas del infierno") sobre la Crisis Climática, la enésima en los últimos años: las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero, culpables del “Cambio Climático”, siguen aumentando en 2023, un +0,3% en el primer semestre, por un mayor consumo de los combustibles fósiles (petróleo, gas, carbón) en la industria y el transporte, aunque han bajado las emisiones de los hogares y la producción de electricidad. Y esto es grave porque ya subieron las emisiones de CO2 en 2022 (+1%) y en 2021 (+6%), tras la bajada (por la recesión derivada del COVID) en 2020 (-5,4%), por primera vez desde 2015. Con ello, se ha vuelto a batir el récord de CO2 en la atmósfera: en mayo de 2023, en Hawái, se alcanzaron las 424 partes por millón (ppm), el doble que al inicio de la Revolución Industrial (280 ppm en 1850) y la mayor concentración en los últimos 3 millones de años… 

El último informe de la ONU advierte que este récord de emisiones de CO2 ya han provocado una subida de la temperatura mundial de 1,15 grados sobre el año 1850, muy cerca del tope marcado en la Cumbre del Clima de París (2015): no superar en 1,5 grados para el año 2100. A este ritmo de emisiones, la temperatura subiría hasta 2,8 grados a finales del siglo, lo que provocaría un caos climático, con graves efectos para la salud, la agricultura y la alimentación y el Planeta, afectando más a algunas zonas y paises. Y recuerdan que la Crisis Climática ya ha provocado graves daños el mundo: más de 2 millones de muertes y 4,3 billones de dólares de pérdidas, sólo entre 1970 y 2021, afectado más a los paises en desarrollo (que se han llevado el 90% de las muertes y el 60% de las pérdidas). 

En definitiva, que aunque los desastres naturales (olas de calor, sequías, inundaciones, tornados, malas cosechas y hambre) son cada día más patentes, el mundo no aprende y sigue aumentando sus emisiones y alimentando la Crisis Climática. Unos más que otros. Así, entre enero y finales de julio de 2023, las emisiones mundiales de CO2 y otros gases de efecto invernadero han crecido un +0,5%, según los últimos datos de Carbon Monitor, aumentando las emisiones en el transporte terrestre (+0,8%), vuelos internacionales (+0,3%), industria (+0,2%) y vuelos nacionales (+0,1%), bajando sólo en la generación de electricidad (-0,1%). 

Las emisiones bajan este año en Europa (-4,3%), más en Alemania (-5,5%) e Italia (-5,4%) que en España (-2,6%) o Reino Unido (-1,3%), en EEUU (-3,6%), en Japón (-5,2%) y en Brasil (-2,6%), pero suben en China (+3,7%), India (+6,7%) y Rusia (+3,2%), tres paises claves porque emiten casi la mitad del total de CO2 mundial (30,3% China, 7,62% India y 5,1% Rusia). Los tres defienden que no pueden poner en peligro su crecimiento futuro y que los paises desarrollados llevan siglo y medio contaminando, además de que emiten más CO2 por habitante. De hecho, EEUU emite 14,24 Tm de CO2 por habitante y la UE 8,39 Tm frente a 8,73 Tm China y 1,90 India, aunque Rusia produce 13,52 Tm per cápita. 

Visto el panorama actual, la ONU se queja de que los paises no toman medidas para reducir  sus emisiones y las que toman son para aumentarlas. Así, denuncian que en los últimos dos años, casi todos los paises (sobre todo los desarrollados) han aprobado más ayudas y subvenciones a los combustibles fósiles (petróleo, gas y carbón, los grandes responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero), dentro de Planes para atajar la inflación. Sólo en 2022, las ayudas públicas mundiales a la utilización de combustibles fósiles fueron de 7 billones de dólares (6,5 billones de euros), 1 billón más que en 2020, según un informe del FMI. La mitad de estas ayudas públicas las han dado Asia oriental (China) y EEUU, el resto India, Rusia y la Unión Europea, precisamente los grandes emisores de CO2. España concedió en 2022 unos 10.500 millones de euros en ayudas públicas a los combustibles fósiles, desde la subvención a los carburantes (20 céntimos), al gas (industrias y particulares) y a la generación de electricidad (subvención al gas), lo que ha beneficiado a consumidores, eléctricas, gasistas y petroleras pero a la vez ha “alimentado” las emisiones. Por eso, la ONU pide suprimir estas ayudas y destinar esos billones a promover  energías limpias. 

Otro tema preocupante en la lucha contra la Crisis Climática es el avance de las posturas negacionistas en Europa, el continente que más ha apostado por el medio ambiente. El auge de la extrema derecha en la mayoría de paises europeos ha llevado a la derecha europea a asumir parte de sus postulados “negacionistas”, para no perder votos. Y así, en los últimos meses, hemos asistido a dos votaciones en el Parlamento Europeo donde el Partido Popular Europeo (y también el PP español) han votado en contra de dos Leyes promovidas por la Comisión Europea dentro del llamado Pacto Verde europeo. 

La primera Ley, la Ley de Restauración de la Naturaleza (LRN) procede de un Reglamento aprobado en junio de 2023 por la Comisión Europea para restaurar los ecosistemas europeos, el 80% dañados. La Ley, que pretende restaurar al menos el 20% de las zonas terrestres y marítimas europeas para 2030, salió adelante en el Parlamento europeo el pasado 12 de julio, con 336 votos a favor, 12 abstenciones y 300 votos en contra del PP europeo (y del PP español), junto a la extrema derecha europea (y Vox). Dos meses después, el 13 de septiembre, esos mismos partidos votaron en contra de la nueva Directiva de la Calidad del Aire, promovida también por la Comisión Europea para establecer límites más severos a los indicadores de contaminación, para 2035, en línea con los límites que recomienda la OMS. Y eso porque la contaminación atmosférica provoca más de 300.000 muertes al año en la UE (24.000 en España). A pesar de ello, la propuesta de Directiva tuvo 226 votos en contra (PP europeo y español, más la ultraderecha europea y Vox), 46 abstenciones y 363 votos a favor. 

Ahora, ambas Leyes medioambientales, aprobadas con fuerte oposición en el Parlamento Europeo, deben concretarse en una negociación entre la Comisión, el Parlamento y los distintos Gobiernos europeos. Pero el ambiente político es complicado, porque la derecha europea (PP europeo) está virando hacia posiciones negacionistas, preocupada por el ascenso de la extrema derecha ante las elecciones europeas de junio de 2024. Y además, crecen las posturas negacionistas, para “suavizar” las medidas medioambientales en muchos paises, no sólo en Polonia y Hungría. Así, el gobierno italiano de la ultraderechista Meloni bloquea los nuevos límites que estudia la Comisión Europea para las emisiones de coches a partir de 2030. Y Alemania ha tenido problemas internos  para aprobar la “Ley de calefacción”, para promover bombas de calor frente a las calefacciones de gas. En general, avanzan las posturas contrarias a medidas de defensa del medio ambiente, con la excusa de que atacan la economía, los agricultores y el nivel de vida. Ayer mismo, el Gobierno británico anunció que revisará a la baja sus objetivos medioambientales "para no dañar a la economía y a los británicos" . 

En España, con el avance de la derecha y la extrema derecha en las elecciones autonómicas y municipales de mayo, también han avanzado las posiciones negacionistas del Cambio Climático y las medidas medioambientales, con cada vez más políticos, medios y ciudadanos que critican lo que denominan “la religión climática de Occidente”. Y eso está suponiendo un retroceso en la lucha contra el Cambio Climático promovida por la Ley de 2020. 

Primero, en las 11 autonomías donde gobierna el PP (en 5, con la ultraderecha de Vox), ya se han dado muestras de una “menor sensibilidad medioambiental”: reducción normas medioambientales, ampliación de regadíos, reducción espacios protegidos, fomento de la caza,  reversión políticas europeas (como en el uso de pesticidas), freno limitaciones pesqueras… Por un lado, los políticos de Vox se han hecho con varias consejerías de Agricultura (Castilla y León, Extremadura, Comunidad Valenciana, Aragón) y en otros casos se ha suprimido la consejería de Medio Ambiente (Baleares) o se le ha dado a Vox el control de parte de las inversiones medioambientales (Murcia y el Mar Menor). 

Después, en las 44 capitales y grandes ciudades que ahora gobierna el PP (en muchas, con Vox), también se están dando retrocesos en las políticas medioambientales. Por un lado, varios Ayuntamientos han suprimido los carriles bici, algunos ya construidos (con Fondos europeos): es el caso de Valladolid, Elche, Palma de Mallorca, Gijón o Logroño (donde se ha eliminado un carril bici subvencionado ya con 2 millones de Fondos del programa UE Next Generation para luchar contra el Cambio Climático, como también Valladolid, Elche o Gijón). Y por otro, la mayoría de Ayuntamientos, en especial los gobernados por el PP y Vox, han paralizado la entrada en vigor de las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE), para limitar el tráfico en el centro de las ciudades, proyectos que habían recibido también dinero de la UE. 

Veamos el negacionismo de estos Ayuntamientos para reducir la contaminación, cuando los expertos denuncian que cada año mueren por la contaminación 24.200 españoles y que es la causa principal de que aumenten los enfermos de cáncer en España. La Ley contra el Cambio Climático, aprobada por el Gobierno Sánchez en 2020, establecía que las 149 ciudades con más de 50.000 habitantes (donde viven la mitad de los españoles) tenían que poner en marcha, el 1 de enero de 2023, unas Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) para restringir el tráfico en los centros urbanos y así reducir la contaminación. La realidad fue que sólo aprobaron estas restricciones 20 ciudades, con la excusa de que no les había dado tiempo a implantar los sistemas de acceso, aunque la realidad es que no querían hacerlo por la cercanía de las elecciones municipales (28-M). Pero, pasadas las elecciones, la realidad es que, a primeros de agosto, sólo están activas las ZBE en 14 ciudades: Madrid, Barcelona, Sevilla, Zaragoza, Pontevedra, Hospitalet, Badalona, Pamplona, Sant Cugat del Vallés, Rivas Vaciamadrid, Cornellá, A Coruña, Córdoba, la Línea de la Concepción y Badalona. Y en otras 120 siguen en trámite, mientras no se sabe nada del resto.   

Ahora, al menos 6 ciudades gobernadas por el PP (y Vox) han indicado que buscan retrasar o reducir las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE): Gijón (ahora permite aparcar en el centro coches sin etiqueta), Valladolid (quiere reducir la zona ZBE y retrasarla a finales de 2024), Castellón y Lorca, Majadahonda (el Ayuntamiento ya votó en febrero que no pondrá en marcha la ZBE) y Elche. El último Ayuntamiento “rebelde” ha sido Badalona, cuyo alcalde (por mayoría absoluta) es el exlíder del PP catalán García Albiol: este 25 de septiembre van a aprobar paralizar la ZBE aprobada por el anterior consistorio (y por la que recibieron 2 millones de euros de Fondos UE) y fijar una moratoria de 3 años para aplicarla. 

El Gobierno ya ha reaccionado ante esta “rebeldía negacionista” de la derecha, que incumple la Ley vigente contra el Cambio Climático. Por un lado, la ministra de Transición Ecológica amenazó el martes con llevar al Ayuntamiento de Badalona y a los demás a los Tribunales. Y por otra, el Ministerio de Transportes ha recordado a los Ayuntamientos que el Gobierno transfirió 1.500 millones de euros de Fondos europeos para que los municipios implantaran carriles bicis o Zonas de Bajas emisiones. Y que si no lo hacen, tendrán que devolverlos. 

En resumen, que la crisis Climática avanza, en el mundo y en España, y los Gobiernos siguen financiando las energías fósiles (para intentar rebajar la inflación) y avanzan las posturas negacionistas (promovidas por la ultraderecha y “asumidas” por una gran parte de la derecha), en Europa y en España. Malas noticias, porque  la realidad es que los síntomas de la Crisis Climática se agravan y causan cada día muertes y daños. Sólo en 2021, los daños por el Clima en Europa fueron de 15.154 millones de euros, según Eurostat. Y rondan los 500.000 millones las pérdidas por causas climáticas en Europa desde 1.980, sin olvidar los miles de muertos por las olas de calor (6.000 en España en 2022), incendios, desastres naturales, contaminación y enfermedades asociadas). Y a eso hay que sumar los daños en la agricultura y las cosechas (que disparan el precio de los alimentos), en el turismo y las infraestructuras y en la economía, sobre todo en la Europa del sur y el este y sur de España. 

Urge una reflexión: la lucha contra la Crisis Climática debería ser una cuestión “de sentido común”, al margen de la política: hay que preservar el medio ambiente para evitar una crisis climática que acabe con vidas, cultivos, la economía y el Planeta. Los científicos llevan años diciéndonos qué hay que hacer: dejar de utilizar los combustibles fósiles y cambiar el modelo de vida y crecimiento, para que sea sostenible. Aprobar medidas concretas  para reducir más drásticamente las emisiones de CO2 (un -43% en 2030 y 0 emisiones netas para 2050, según la ONU) y reducir la contaminación que mata. Salvar el medio ambiente no debe ser de izquierdas ni de derechas. Es algo obvio, una cuestión de supervivencia.

lunes, 18 de septiembre de 2023

Curso escolar 2023-24: más alumnos y costes

Unos 8,3 millones de niños y adolescentes han vuelto a clase en 28.500 colegios e institutos, en un Curso escolar con novedades. La primera, que estudiarán 20.000 alumnos más, a pesar de la caída de la natalidad, por el aumento de la educación infantil (0-3 años), los alumnos hijos de inmigrantes y el récord en Formación Profesional (que supera por tercer año el millón de alumnos). Además, este curso se aplica totalmente la nueva Ley de Educación (Lomloe), con cambios en los contenidos de todos los cursos y la obligación de que todos los alumnos de FP hagan prácticas en empresas (algo complicado). Pero siguen faltando profesores y recursos para la enseñanza no universitaria, lo que obliga a que las familias españolas sean las que más gastan de Europa (aportan el 12% del gasto educativo), en un año donde sube la factura de libros, uniformes, transporte y comedor. Este menor gasto repercute negativamente en la calidad de la enseñanza, manifiestamente mejorable. Nos jugamos el futuro.

                 Enrique Ortega

Este nuevo Curso escolar  2023-24 marcará un récord de alumnos en las aulas de colegios e institutos, donde estudiarán unos 8.330.000 niños y adolescentes, 20.000 más que el curso pasado y una cifra récord desde el curso 1990-91 (cuando estudiaron 8.378.935 alumnos en las enseñanzas no universitarias, de infantil a Bachillerato). Se rompe así una tendencia de recorte de alumnos en los últimos cursos, por la caída de la natalidad en este siglo, lo que ha supuesto la pérdida de 450.000 alumnos de 0 a 15 años (en infantil, primaria y la ESO) en la última década, entre 2013 y 2023. Ahora, este curso se interrumpe la caída por tres causas: el aumento de la educación infantil (de 0 a 3 años), la presencia creciente de hijos de inmigrantes en los centros (sobre todo públicos) y el boom de la Formación Profesional (FP). 

El primer factor que aumenta los alumnos este curso es la mayor asistencia a los centros de enseñanza regulados de niños de 0 a 3 años, para cursar educación infantil: se esperan unos 475.000 niños escolarizados, lo que supone un empujón, dado que con la pandemia cayeron de 472.625 en 2019 a 388.974 en 2021. En los últimos 3 años, el Gobierno Sánchez ha distribuido 670 millones de euros entre las autonomías para que crearan 65.000 plazas de educación infantil gratuita (de 0 a 3 años, una franja en la que la educación no es obligatoria), en centros públicos y concertados. La consecuencia es que, ya en el curso anterior, España alcanzó un récord histórico de escolarización infantil (0 a 3 años) en centros autorizados, al margen de las guarderías: un 45,6% de los niños de 0 a 3 años. Con ello, somos uno de los paises con más tasa de escolarización infantil (23% en la UE y 27% en la OCDE), lo que resulta clave para el futuro: cuanto antes empiece la escolarización de los niños, mejores resultados educativos, según los expertos. 

El segundo factor que aumenta los alumnos este curso es que siguen creciendo los alumnos hijos de inmigrantes, con una mayor natalidad que las familias españolas. El curso pasado, los alumnos extranjeros en colegios e institutos ya rondaron el millón (944.992 en el curso 2022-23), cerca del 12% del total de alumnos, cuando sólo 5 años antes (curso 2017-2018) eran 687.774, el 8,5% del total (y sólo había 100.000 alumnos extranjeros en enseñanzas no universitarias, el 2% del total, en el curso 2000-2001). Sólo en Primaria, se han incorporado en los últimos 6 años casi 116.000 niños extranjeros. Esta mayor afluencia de alumnos extranjeros aporta una gran riqueza a la educación, al incorporar otras experiencias y culturas, pero también crea problemas por el idioma y la segregación. Sobre todo, porque estos alumnos extranjeros están concentrados en centros públicos  (el 76% del total: los centros concertados y privados acaban “segregándoles” por distintas vías) y en unas pocas autonomías (Levante, Cataluña, Madrid, Aragón, la Rioja Baleares y Canarias concentran un porcentaje de alumnos extranjeros superior al 15% del total de alumnos). 

Y el tercer factor de aumento de alumnos este curso es que sigue creciendo la matrícula de jóvenes en Formación Profesional, unos porque la prefieren al Bachillerato (son ya 7 años consecutivos en que se matriculan más jóvenes en FP que en Bachillerato) y otros porque habían dejado de estudiar y vuelven a hacerlo para estudiar FP, porque ofrece más garantías de empleo futuro. La realidad es que este será el tercer curso escolar en que la FP superará el millón de alumnos matriculados, con 1.132.364 alumnos matriculados, un 35% más que hace 4 años (se matricularon 838.764 en 2018-19). Dos tercios de estos alumnos de FP se han matriculado en centros públicos (unos 775.000), pero lo que más crece es la matrícula de FP en centros privados (más de 300.000 alumnos ya), ante la falta de plazas en los centros públicos. De hecho, los centros concertados se están volcando en ofrecer nuevas titulaciones de FP, con un alto coste, ante la escasez de plazas públicas. E incluso hay Fondos de inversión que apuestan por crear centros de FP, como un gran negocio educativo, mientras los sindicatos denuncian que hacen falta 300.000 nuevas plazas públicas de FP. 

Además de tener más alumnos, otra novedad de este Curso escolar 2023-24 es que se completa la aplicación de la nueva Ley de Educación (la Lomloe, Ley orgánica que modifica la Ley Orgánica de Educación de 2006, la LOE), la 8ª Ley de Educación de la democracia, aprobada en diciembre de 2020, con los votos en contra de Ciudadanos, Vox, regionalistas y el PP, que amenaza con derogarla si llega a la Moncloa. A pesar de las reticencias de las autonomías gobernadas por la derecha, la Lomloe avanza y se aplica: el curso pasado se revisaron los contenidos de los cursos impares de Primaria, ESO y FP básica y este curso 2023-24 se aplicará a los contenidos de los cursos pares (2º,4º y 6º).

El cambio que pretende la nueva Ley (Lomloe) es modificar el anterior sistema de enseñanza, para que ahora se base menos en la memoria y más en aprender competencias y habilidades, donde los alumnos españoles están a la cola de la OCDE, según el informe PISA. Por ello, se han cambiado los contenidos de las asignaturas, para que los centros cambien lo que hay que enseñar y cómo evaluarlo (reglas para suspensos y repeticiones de curso). El problema ahora es que los contenidos serán diferentes entre regiones, porque los distintos Gobiernos autonómicos aprueban ahora entre el 40 y el 50% de los temarios, siendo el resto de contenidos (comunes) elaborados por el Ministerio de Educación. Ahora, con la derecha (y Vox) gestionando los gobiernos de 11 autonomías, ya se han planteado polémicas por los contenidos de algunas asignaturas (Historia, Valores Cívicos, Sostenibilidad…). 

Otro cambio importante en este curso 2023-24 se va a dar en Formación Profesional, al aplicarse ya totalmente la nueva Ley de FP, que se aprobó en septiembre de 2021, con el voto en contra del PP y Vox y la abstención de ERC. Además de reformularse los cursos de FP, este año se hace obligatoria la formación “dual” para todos los alumnos de FP. Eso significa que el millón largo de alumnos de todos los cursos tendrán que cursar entre el 25 y el 35% de sus estudios (unas 500 horas anuales) haciendo prácticas en empresas, algunas remuneradas. Eso puede crear este curso “un tapón”, ya que hace falta que los Centros firmen acuerdos con cientos de miles de empresas para que colaboren con las enseñanzas de FP. Pero a la vez es la gran esperanza de reducir el paro juvenil (casi un 30% en España).

Además de estos cambios, preocupa otra vez este Curso escolar  2023-24 la falta de profesores y la tremenda precariedad de un tercio de sus contratos. En julio de 2023 fueron despedidos 110.000 profesores interinos, para no pagarles las vacaciones. Y ahora en septiembre, ha habido retrasos para recontratarlos y configurar las plantillas, lo que ha provocado que muchos centros iniciaran este curso sin toda la plantilla, sobre todo en Madrid, Comunidad Valenciana, Cataluña y Castilla la Mancha. Y los sindicatos reiteran que faltan profesores, que se han perdido parte de los docentes de refuerzo contratados por la pandemia: CCOO pide un aumento del 15% de las plantillas, 100.000 docentes más. Y sobre todo, piden reducir la enorme precariedad: un tercio de los 760.000 profesores de colegios e institutos son interinos o tienen un contrato temporal (además de estar mal pagados). 

Además de la falta de profesores, urge atajar la deficiente calidad de la enseñanza no universitaria en España, sobre todo en los centros públicos. Los indicadores revelan que tenemos un serio problema educativo: alto porcentaje de repetidores, un 7,6% en ESO (la tasa más alta en Europa donde sólo repiten el 2,2%), que es del 9,2% en los centros públicos y del 4,3% en los concertados y privados, un alto porcentaje de fracaso escolar temprano (17,8% de jóvenes de 18 a 24 años que no han terminado la ESO obligatoria, frente al 9,3% en la UE-25) y un altísimo porcentaje de “ni-nis”, jóvenes de 18 a 24 años que ni estudian ni trabajan (17% en España frente al 13,7% en la UE-25). Y unos peores resultados educativos en matemáticas, ciencias y comprensión lectora, según todos los informes PISA.

Unos mediocres resultados educativos, muy dispares por autonomías, que contrastan con el hecho de que los estudiantes españoles den más horas de clase que sus compañeros europeos, según el último informe de la OCDE 2022: +7,3% de horas en Primaria y un +30% en Secundaria. Los expertos critican que este exceso de horas de clase, para cumplir temarios demasiado extensos, quita recursos (profesores y horas lectivas) para dedicarlos a refuerzos y desdobles, a reducir los alumnos por clase y ampliar las extraescolares. En general, los recursos se concentran en los alumnos sin problemas y no hay posibilidad de atender mejor a ese porcentaje creciente de alumnos que necesitan más seguimiento y atención y que son el núcleo que genera repetidores y abandono escolar. Sobre todo en los centros públicos, dotados de menos recursos y de más alumnos problemáticos. 

Y entramos en el meollo del problema, la falta de recursos y Presupuesto. En líneas generales, España gasta menos en educación que la mayoría de Europa y la OCDE, también en la enseñanza no universitaria: gastamos un 3% del PIB (1,3% en Primaria y 1,7% en Secundaria) frente al 3,2% de media en la UE-22. El gasto total por estudiante de Primaria es de 8.580 euros en España, frente a 10.141 euros en la UE-22 (10.622 en Alemania y 9.312 en Francia). Y en Secundaria el gasto educativo por alumno es de 10.706 euros, frente a 11.673 de media en la UE-22 (14.930 euros en Alemania y 13.475 en Francia), según el Informe 2022 de la OCDE. Y encima de gastar menos en colegios e Institutos, el gasto es muy desigual por autonomías: sólo gastan 899 euros por alumno no universitario en Asturias y 938 en Madrid, frente a 1.489 en Euskadi y 1.294 en Navarra, según la AIREF. 

Además, hay varias autonomías que apuestan por financiar y apoyar la enseñanza concertada, en perjuicio de la enseñanza pública, que está perdiendo alumnos en colegios e institutos. Así, en el último curso con datos oficiales (2020-21), el 67,3% de los alumnos no universitarios (de infantil a Bachillerato) estudiaban en centros públicos (frente al 71,5% en 2008), un 25,2% en concertados y un 7,6% en centros privados. Pero hay autonomías donde los alumnos en centros concertados y privados casi llegan a la mitad: País Vasco (48% en concertados y 1% en privados), Madrid (29,6% en concertados y 15,8% en privados), Navarra (32,8% en concertados y 1,5% en privados) o Cataluña (25,9% en concertados y 9,1% en privados). Y otras autonomías donde los alumnos en centros públicos rondan o superan el 80%, como Castilla la Mancha (83,2%), Extremadura (80%) o Canarias (76,4%). 

Este menor gasto en educación en España, sobre todo gasto público en los centros públicos, se compensa con un mayor gasto de las familias: España es el país europeo donde aportan más, un 12% del gasto educativo total (de Primaria a Bachillerato), frente a sólo el 5% en la UE y el 7% en la OCDE, según el informe Education at a Glance 2022. Además, en los últimos años, estos pagos educativos de las familias se han disparado con la inflación. Y este curso, el gasto por niño de la vuelta al cole ha rondado los 500 euros, según la OCU, por la subida de libros, material escolar y uniformes, a los que sumar las subidas en el transporte escolar, extraescolares y comedor escolar. Aquí tenemos un grave problema, según Save the Children: sólo el 11,2% de los colegiales reciben ayudas para el comedor escolar cuando hay un 27,4% de niños en situación de pobreza. Eso sí, el Presupuesto para becas (2.520 millones), que reciben un millón de estudiantes, creció en 1.000 millones desde 2018.

Hasta aquí el panorama educativo y los problemas de fondo con los que ha empezado este nuevo Curso escolar 2023-2024: cambios educativos, falta de medios y profesores, escasez de Presupuesto y muchas desigualdades por autonomías, con un resultado educativo manifiestamente mejorable. ¿Cómo mejorarlo? El Gobierno le pidió a la OCDE que analizara nuestro sistema educativo y propusiera soluciones, que se presentaron en junio: identificar los centros educativos con más peso de familias desfavorecidas y con bajas rentas y concentrar en ellos más recursos (dinero y profesores), premiando a los docentes que los elijan, mejorar la formación y reducir la precariedad del profesorado, reforzar horarios y atención del alumnado más vulnerable y potenciar al máximo la Formación Profesional. Acciones concretas que habrá de aplicar el próximo Gobierno, aunque ya será el curso que viene. Mientras, la urgente mejora de nuestra deficiente educación está en manos de las autonomías, que han de gastar más y mejor en educación, apostando por la enseñanza pública. Nos jugamos el futuro.

jueves, 14 de septiembre de 2023

El dilema de la 10ª subida de tipos

Hoy 14 de septiembre, el Banco Central Europeo (BCE) decide si vuelve a subir los tipos de interés (un +0,25%, hasta el 4,50%) o pospone la subida a octubre. La mayoría de expertos apuestan porque el BCE hará una “pausa”, tras 9 subidas de tipos en los últimos 14 meses, aunque también hay miembros del BCE que apuestan por una última subida, para atajar la inflación (5,3%). Pero preocupa que otra subida sea la puntilla para la economía europea, que no crece nada, con Alemania y 9 paises más decreciendo. Dilema: ser “ortodoxos” y subir tipos aunque la receta apenas baje la inflación (que sube por la energía y los alimentos) o ser “flexibles” y no agravar el estancamiento económico en Europa, sobre todo en Alemania, la que “manda” en el BCE. Suban o no, el problema es que no habrá bajadas de tipos hasta 2024. Y eso daña a familias, empresas y Presupuestos. Urge cambiar la política monetaria y reanimar la economía europea.

14.30 h. Confirmado el temor: el BCE ha subido tipos +0,25%, al 4,50%, el tipo más alto desde 2001

                Enrique Ortega

El mundo económico y financiero tiene la vista puesta hoy en el Banco Central Europeo (BCE), que debe decidir si aprueba o no la 10ª subida de tipos en los últimos 14 meses. El BCE empezó a aplicar su “receta” de subir tipos contra la inflación el 21 de julio de 2022, con un retraso de cuatro meses sobre la Reserva Federal USA, que empezó a subir los tipos el 17 de marzo. Desde entonces, hace 14 meses, el BCE ha subido los tipos de interés oficiales del 0% en que estaban al 4,25%, tras la última subida del 27 de julio, el precio más caro del dinero en Europa desde el año 2008. Y en estos 14 meses, tras “el ricino monetario”,  la inflación en la zona euro ha bajado, pero poco: estaba en el 8,6% en junio de 2022, subió hasta un máximo del 11,1% en noviembre de 2022 y luego ha bajado hasta el 5,3% en agosto de 2023, todavía muy lejos del 2% que es el objetivo del BCE. Y la bajada se debe a la rebaja en los precios del petróleo, el gas y la electricidad, no a la subida de tipos. 

Ahora, el BCE debe decidir hoy si sigue con su racha de subidas y eleva los tipos otro +0,25% (hasta el 4,50%) o si se toma una tregua y deja la 10ª subida para la próxima reunión, el 22 de octubre próximo. Es lo que hizo la Reserva Federal USA en junio: no subió los tipos y esperó a hacerlo al 26 de julio, cuando sí aprobó la 11ª subida de tipos en 16 meses, un +0,25%, hasta el 5,50%, el tipo de interés más alto en EEUU desde el año 2001. Eso sí, la subida de tipos norteamericana ha sido más eficaz para reducir la inflación allí: ha caído de un máximo del 9,2% en junio de 2022 al 3,7% en agosto de 2023. Y eso porque allí la inflación estaba más motivada por el recalentamiento de la economía (inflación de demanda), que la subida de tipos ha “enfriado”, mientras en Europa se debe más a la energía, los alimentos y la guerra en Ucrania (inflación de oferta), costes sobre los que poco puede hacer que el BCE suba más o menos los tipos de interés. 

En el BCE hay dos posturas sobre qué hacer hoy con los tipos de interés. Los representantes de los paises llamados “halcones” (Alemania, Holanda, Austria, Estonia y Finlandia), defensores de la “ortodoxia monetaria”, creen que no hay que bajar la guardia y que debe seguir la subida de tipos “lo que haga falta”, hasta doblegar la inflación, aunque tenga un alto coste para familias (hipotecas), empresas (crédito e inversión) y paises (subida del coste de la deuda pública). Estos miembros del BCE se agarran a que la inflación en la zona euro es todavía demasiado alta (5,3% en agosto) y que no se redujo el mes pasado, por primera vez desde abril. Y que la inflación de fondo (subyacente), sin energía y alimentos no elaborados, sigue muy alta (6,2% en agosto), lo que indica que la inflación está “instalada” en las economías, sobre todo en el norte de Europa (la inflación es del 6,4% en Alemania o del 7,6% en Austria frente al 2,4% en España). Y que hay que seguir “dando leña al mono”… 

Pero algunos de esos mismos miembros “duros” del BCE (de Alemania) y los llamados “palomas” (Italia, Francia, Portugal o España) están más preocupados por el estancamiento de la economía europea que por la inflación. Y han frenado su afán de “subir tipos hasta doblegar la inflación” tras dos noticias recientes. Una, que la economía de la zona euro (20 paises UE) no creció nada en el 2º trimestre de 2023, según Eurostat, que rebajó del 0,3 al 0% su previsión anterior. Y lo peor: que Alemania no crece nada (+0%) y que hay 9  paises europeos que han decrecido, cuyo PIB cayó en el 2º trimestre de 2023: Italia (-0,4%), Paises Bajos (-0,3%), Suecia (-0,8%), Austria (-0,7%), Chipre (-0,4%), Estonia (-0,2%), Letonia (-0,3%), Hungría (-0,3%) y Polonia (-2,2%). La otra noticia, de este lunes, son las nuevas previsiones económicas  de la Comisión Europea para 2023: prevén que Europa crezca sólo un +0,8% este años (tres décimas menos de lo que esperaban en mayo y la cuarta parte del crecimiento de 2022: +3,4%). Y que Alemania, “la locomotora europea”, decrezca un -0,4% (tras la recesión a finales de 2022 y principios de 2023), con la mayoría de paises estancados, salvo España (crecerá un 2,2% este año) y Francia (+1%). 

Ante este panorama, algunos “halcones” (con Alemania a la cabeza, la que más “manda” en el BCE) y todas las “palomas” del Banco Central Europeo temen que si suben hoy los tipos agraven esta recesión y la economía europea, con el nuevo “ricino monetario” entre más en coma. Por eso, apuestan por retrasar el tratamiento, esperar a la próxima reunión del 22 de octubre, para ver cómo evolucionan la inflación y la economía. Pero sigue habiendo miembros del BCE (y “expertos”) que defienden el rigor (“rigor mortis”) y enviar el mensaje de que “están dispuestos a todo” para atajar la inflación. Aún a costa de la recesión. 

Hoy, hacia las 14,30 horas, sabremos la decisión que toma el BCE. Pero decidan la 10ª subida o una tregua, lo que está claro es que no valoran bajar los tipos para reanimar la débil economía europea. Ya lo han dicho claramente: los tipos seguirán altos en 2024 y sólo contemplan bajarlos dentro de un año, si la inflación amaina. Pero con mucha prudencia, porque ahora les preocupa que los salarios hagan repuntar la inflación. De hecho, en Alemania, los salarios han subido un +6,6% en el 2º trimestre. Y en España, los convenios firmados hasta agosto han aprobado una subida salarial del +3,38%. Es más que el año pasado, pero todavía no recuperan el poder adquisitivo perdido. Y sorprende que el BCE se preocupe ahora de que los salarios “realimenten la inflación” cuando no se han preocupado de los beneficios empresariales (márgenes), culpables (según el propio BCE) de dos tercios de la subida de la inflación en el último año… 

La inflación va a seguir alta en Europa, sobre todo este otoño e invierno, debido no a que la economía crezca demasiado y este “recalentada”, sino por culpa de la energía (el petróleo supera ya los 90 dólares, frente a los 72 en mayo, y el gas está subiendo, como la electricidad) y los alimentos (fruto de la sequía y el clima, en España y en medio mundo), además de los problemas en las cadenas de suministro y en el comercio mundial, además de las subidas de los márgenes empresariales (para recuperar las pérdidas del COVID). Por eso, la previsión del propio BCE es que la inflación en Europa no baje al 2% hasta mediados de 2025. Y por eso reiteran que seguirán con los tipos altos, sin bajarlos, hasta finales de 2024. 

Una política suicida e ineficaz, porque no baja la inflación (los precios suben por otras causas, no por un exceso de demanda, inexistente) y sin embargo daña la economía, a las familias, empresas y paises, agravando la recesión, en un momento en que la economía internacional se ha desinflado (según la OCDE) y China crece mucho menos. 

Las familias llevan ya 14 meses sufriendo las consecuencias de las subidas de tipos del BCE: el Euribor, por el que se revisa la mayoría de las hipotecas (4 millones), lleva subiendo desde que se puso en positivo (en abril de 2022) y eso ha provocado ya que algunas familias hayan tenido que revisar al alza dos veces ya su pago mensual de la hipoteca. En agosto, el Euribor mensual cerró en el 4,073% (bajando ligeramente del 4,149 de julio, por primer mes), pero como estaba en el 1,249% en agosto de 2022, los que revisen su hipoteca en septiembre tendrán que pagar unos 305 euros más al mes (+3.660 euros al año), después de que en la revisión de hace un año ya pagaron hasta 120 euros mensuales más. Un coste extra que, unido a la inflación y a los bajos salarios, va a recortar aún más el consuno de las familias este otoño e invierno, frenando el crecimiento y el empleo. Y que dificulta la concesión de hipotecas (ha caído de febrero a junio) y la venta de pisos (cae ya 5 meses, hasta junio, agravando la crisis en la construcción). Además, suben los tipos en las tarjetas y créditos al consumo (al 8,05% de interés en julio, frente al 6,82% hace un año, según el Banco de España). 

Las empresas también sufren los altos tipos del BCE, sobre todo las pymes, que tienen ahora más difícil endeudarse (los bancos miran “con lupa” los préstamos que dan) y más caro: los créditos hasta 250.000 euros han casi triplicado su coste (del 1,7% en 2022 al 4,84% en julio de 2023), los créditos de 250.000 euros a 1 millón han más que triplicado su tipo (del 1,35% al 4,75%) y los créditos a empresas superiores al millón de euros han cuadruplicado con creces su coste (del 0,83 al 4,87%), según los datos del Banco de España, que reconoce que la subida de tipos ha reducido el crédito a empresas y familias. 

Y queda el efecto negativo de los altos tipos de interés sobre los paises, sobre sus cuentas públicas, al encarecer los intereses que han de pagar ahora por su deuda pública. En el caso de España, con una deuda de 1.569.000 millones de euros en junio (el 113% del PIB), ahora tenemos que dedicar más recursos públicos a pagar intereses: el bono a 10 años, por el que se pagaba el 0,76% en febrero de 2022, salto a un tipo del 3,657% en diciembre de 2022 y ayer estaba al 3,738%. Sin estas subidas, ya estaba previsto destinar 31.275 millones del Presupuesto 2023 a pagar los intereses de la deuda, la 2ª partida de gasto tras las pensiones. 

En definitiva, que la receta de subida de tipos del BCE, aunque sirve de poco para bajar la inflación (lo que ha bajado es por la bajada de la energía y las medidas de los Gobiernos), es muy dañina para las familias, empresas y paises más endeudados, por lo que recorta la actividad y el crecimiento, agravando el riesgo de recesión en Europa y poniendo en peligro el empleo. Y más en la Europa del sur, donde familias, empresas y paises son más vulnerables a la subida de tipos, porque tienen menos ingresos (sueldos más bajos y menos recaudación fiscal), menos competitividad y más deuda pública y privada. Además, el BCE comete una tremenda desigualdad: sube los tipos igual a todos, aunque España (2,4%) o Grecia (3,4%) tengan la mitad de inflación que Alemania (6,4%) o Austria (7,6%). 

No lo van a hacer, pero dado el estancamiento económico en Europa (provocado en parte por sus 9 subidas de tipos), lo que debería hacer el BCE es empezar a bajar los tipos, progresivamente, para ayudar a reanimar las economías. Y en paralelo, la Comisión Europea debería poner en marcha Planes de reactivación, como ha aprobado Alemania (aprobando un Plan de ayudas de 32.000 millones en 4 años). Todo ello, sin olvidar la inflación, pero avanzando en medidas para frenar las subidas de la energía (con una reforma del mercado eléctrico, que sigue pendiente) y ayudas a agricultores y ganaderos, para contener la inflación de los alimentos provocada por la sequía y el clima. Nos espera un otoño difícil en Europa, pero lo será más si el BCE persiste en su “extremismo monetario” y no baja tipos (o incluso los sube, hoy o en octubre). Y si Bruselas no reanima la economía, mientras España tampoco hace nada, por un parón político que va para largo. Triste panorama.

lunes, 11 de septiembre de 2023

Parón político... y económico

España vuelve a la rutina y se encuentra con un parón político, sin Gobierno hasta finales de noviembre (como pronto) y el riesgo de nuevas elecciones en enero: entre 4 y 7 meses de “paralización política”. Y esta incertidumbre política coincide con un “parón económico”: una economía mundial que enfría su crecimiento, con Europa estancada y el riesgo de un bajo crecimiento en China. Por todo ello, este otoño se presenta complicado, también para España: coincide un Gobierno en funciones con un esperado frenazo del consumo, tras el gasto turístico del verano (las tarjetas y el curso escolar provocarán una “cuesta de septiembre”), el pinchazo de las exportaciones, la nueva subida de los precios (y más este invierno, por la energía y la sequía), los altos tipos de interés y el freno de la industria y la construcción. Al final, sufrirán la inversión y el empleo. Por todo ello, urge tener un Gobierno, que (como ha hecho Alemania) apueste por reanimar la economía y el empleo.

                                  Enrique Ortega

A la vuelta de vacaciones, el mundo comprueba que la economía internacional ha ralentizado su crecimiento, que la ansiada recuperación no despega. La OCDE, que integra a los 38 paises occidentales más desarrollados, confirmó a finales de agosto que la economía internacional crece al ralentí: sólo un +0,4% en el 2º trimestre de 2023, una décima menos que en el primer trimestre, continuando una senda de crecimiento moderado desde principios de 2022. Estados Unidos crece sólo un +0,6% y Europa está estancada (crece un 0%), con Alemania sin pulso (+0% de crecimiento en el 2º trimestre) e Italia cayendo (-0,4%), el Reino Unido casi estancado (+0,2% creció en el 2º trimestre) y sólo se salvan Francia (+0,5%) y España (+0,4%). 

Lo más preocupante para España son los malos datos de la economía europea, confirmados recientemente por Eurostat: un nulo crecimiento de la UE-27 en el 2º trimestre, tras un mínimo aumento del PIB del +0,2% en el primer trimestre y una caída del -0,1% en el 4º trimestre. A lo claro, que Europa lleva un año ya estancada, sin apenas crecer. Y lo peor es que no tira Alemania, la locomotora europea: no creció nada en el 2º trimestre (+0%), tras una recesión anterior, en el primer trimestre (-0,1%) y en el 4º trimestre de 2022 (-0,4%), lo que afecta a todos los paises y también al turismo y la exportación españoles. Italia sigue cayendo (-0,4% en el 2º trimestre, tras crecer un 0,6% al inicio del año y caer otro -0,1% en el 4º trimestre de 2022), lo mismo que Paises Bajos (-0,3% en el 2º trimestre y -0,4% en el 1º), Austria (-0,7%), Suecia (-0,8%), Polonia (-2,25), Hungría (-0,3%), Chipre (-0.4%), Letonia (-0,3%) y Estonia (-0,2%). 

Junto a la debilidad de la OCDE y el estancamiento de Europa, preocupa el “pinchazo” de China: su economía creció un +0,8% en el 2º trimestre de 2023, frente al 2,2% del primer trimestre y el 5% que esperaba crecer este año, ya muy por debajo de los crecimientos superiores al +10% que ha tenido en los últimos 30 años. Sus exportaciones caen (-14,5%) y también sus importaciones (-12,4%), por una caída del consumo interno, un alto endeudamiento y el pinchazo de su burbuja inmobiliaria, factores que están frenando el comercio mundial y que preocupa contagien a Occidente, agravando más su estancamiento. 

Y mientras, la inflación mundial sigue elevada y también en Europa (6,1% en julio), lo que rebaja el consumo y el crecimiento, forzando a subidas de los tipos de interés, que pueden debilitar aún más el crecimiento y abocar a Europa (e incluso a EEUU) a una recesión a finales de este año 2023, como ya sucedió con anteriores subidas de tipos. En definitiva, un panorama económico internacional preocupante, que se nubla más con el enquistamiento de la guerra en Ucrania (que ha cumplido año y medio sin vislumbrarse una salida) y el temor a un repunte de la inflación este invierno, por el repunte de los precios de la energía (el petróleo y el gas ya están subiendo) y los alimentos, por el calor y la sequía. 

En España, este otoño vamos a notar el final del tirón turístico, que ha empujado el consumo y el empleo, augurándose una caída del consumo de los hogares a partir de septiembre, cuando haya que afrontar el pago de los colegios y las tarjetas por el gasto de este verano. Hasta ahora, las familias han tirado del ahorro y de los créditos para viajar e irse de vacaciones, pero este “colchón” se está agotando y en los próximos meses se espera una caída del consumo de los hogares, que repercutirá negativamente en la actividad y el empleo. 

Además, preocupa el cambio en el gasto de los españoles: cada vez más, el consumo se dirige al gasto en servicios (viajes, hoteles y restaurantes) y en alimentación, no a la compra de bienes (desde electrodomésticos a coches o ropa). Y eso se traduce en una caída de la demanda de la industria, que lleva meses sin dar salida a sus stocks y preocupada por el estancamiento de ventas (que llevó a perder empleo en la industria en el 2º trimestre: -64.500 empleos, cuando en el conjunto de la economía se crearon +603.900, por los servicios). Y también se teme por la construcción, ahora que los tipos altos están frenando la demanda de  hipotecas y la  compra de viviendas. 

Otro punto negro en nuestra economía es el pinchazo de las exportaciones, que llevan años ayudando a mantener el crecimiento y el empleo. El estancamiento en Europa (sobre todo en Alemania) y la crisis del comercio mundial (agravada por la guerra comercial entre EEUU y China) han provocado ya una caída de las exportaciones españolas en el 2º trimestre: -4% sobre el mismo periodo del año anterior (frente al +14,6% que crecieron en el primer trimestre de 2023), según Comercio. Y todo apunta a que las exportaciones españolas seguirán “flojas” el resto del año, por el estancamiento en Europa y la revalorización del euro (+7,25% en lo que va de año, con lo que los productos europeos son un 7,25% más caros para los que no pagan en euros), frenando más el débil crecimiento. 

Y en medio de este panorama, no ayudan los altos tipos de interés y la posible nueva subida de tipos que podría hacer el BCE este jueves, 14 de septiembre (la 10ª en 14 meses), hasta el 4,50%, el tipo más alto desde 2008. Una subida que sería “la puntilla” para una Europa estancada y frenaría aún más el consumo y la inversión, acercándonos a la recesión. Y lo más preocupante: se frenará la creación de empleo, el principal motor del crecimiento y el consumo. Ya el año pasado, en el tercer trimestre se creó mucho menos empleo (77.000 frente a 383.300 en el 2º trimestre) y ahora puede pasar lo mismo, mientras en el 4º trimestre de 2022 se perdió empleo (-81.900), algo que podría repetirse este año. Ya en agosto, con el final de las vacaciones, se perdieron -185.385 empleos, según los últimos datos de afiliación de la Seguridad Social. 

Junto a este preocupante panorama económico cara al otoño, España tiene un problema adicional: la incertidumbre política, tras unas elecciones el 23.J que han frenado un gobierno del PP y Vox pero que nos han abocado a un parón político. De momento, la obstinación de Núñez Feijóo  a presentarse a una investidura imposible a finales de agosto nos hace perder un mes largo más sin Gobierno. Y no habrá un segundo intento hasta finales de noviembre, cuando lo intente Sánchez, que lo tiene muy difícil. Si lo consigue, no tendremos Gobierno hasta diciembre. Y si no, habrá elecciones el 14 de enero y veríamos si podría conseguirse un Gobierno en febrero. En resumen, entre 5 y 7 meses sin Gobierno, una incertidumbre política que agrava la incertidumbre económica. Y con un cierto “parón político” en Europa, dado que en junio de 2024 habrá elecciones europeas. 

La principal consecuencia de estar sin Gobierno es que se frenan muchas decisiones de inversión y de empleo, así como nuevos proyectos ligados a los Fondos europeos y que ahora no puede aprobar un Gobierno en funciones, que tampoco va a aprovechar las ventajas (políticas, pero también económicas) de la presidencia de turno de la Unión Europea. Pero la principal consecuencia de no tener Gobierno es que no se podrán aprobar los Presupuestos para 2024 y habrá que prorrogar los de 2023. La ausencia de nuevos Presupuestos frenará muchos proyectos, aunque estén asegurados las subidas de las pensiones, los sueldos de los funcionarios y las partidas para sanidad, educación y gasto social. Pero no posibles mejoras sociales y de impulso económico, como la subida del salario mínimo o nuevas ayudas e inversiones. 

Por todo ello, necesitamos tener un Gobierno cuanto antes, que afronte el debilitamiento de la economía este otoño, como ha hecho el Gobierno alemán: han aprobado un Plan de ayudas de 32.000 millones para impulsar su débil economía. Aquí, en España, haría falta también reanimar la economía, acelerando al máximo las inversiones de los Fondos europeos y aprobado medidas para apoyar a la industria y la construcción de viviendas, que pueden ayudar si el consumo de las familias cae. Además, urge un Plan de empleo, para que haya más trabajo para los jóvenes, las mujeres y los mayores de 45 años. Y todo ello, con un nuevo Presupuesto para 2024, que asegure un mayor crecimiento y permita reducir el déficit al 3% del PIB (como exige la Comisión Europea y ha prometido el gobierno Sánchez), con mayor recaudación y sin recortar gastos sociales. Todo ello, sin olvidar avanzar en las reformas de fondo, sobre todo para afrontar problemas como el cambio climático, la sequía y el reparto del agua, la digitalización de la economía, la reindustrialización y la tecnología, la mayor internacionalización de las empresas y  la mejora de nuestra competitividad.

Muchas tareas pendientes como para perder el tiempo en “teatrillos” políticos que no aportan nada a los españoles y dilatan las soluciones a nuestros problemas más urgentes, agravados por una coyuntura internacional y europea preocupante. No pierdan más tiempo, por favor.

 


jueves, 3 de agosto de 2023

Cinco libros sobre desigualdad y geopolítica

El verano es un buen momento para leer libros, no sólo novelas e historia, también libros para entender mejor la economía de cada día. Aquí propongo cinco. Uno sobre la desigualdad en España, cómo le afectan las crisis a los distintos grupos sociales y sus efectos sobre la política y la polarización. Otro sobre el exceso de inflación, sobre cómo pagamos de más por productos dominados por grandes empresas sin competencia (como el iPad o la cerveza), que provocan también bajos salarios y menos empleos. Y como ejemplo, un libro sobre las pocas (y desconocidas) multinacionales que controlan los mercados del petróleo, alimentos y materias primas, con beneficios disparados. El cuarto libro aborda el enfrentamiento comercial entre EEUU y China, explicando los intereses que hay detrás en ambos paises. Y un libro más sobre China, que explica las causas de sus éxitos y las características de un gigante desconocido que dominará el mundo en una década. Echen un vistazo y espero que alguno les interese. Buena lectura.

Enrique Ortega

El primer libro, “Edificio España. El peligro de la desigualdad”, está escrito por el periodista Javier Ruíz (jefe de Economía de la cadena SER) y ganó el Premio de Ensayo Espasa 2022. Se trata de un retrato y una denuncia de la creciente desigualdad que se da en España (como en el resto del mundo), tratando de explicarlo como si España fuera un edificio de 5 plantas y se analizara cómo han vivido las distintas crisis y cómo están ahora los que viven en el bajo, en las tres plantas intermedias  y en el ático. Todo ello, escrito de una forma asequible (es un periodista que divulga la economía cada día) y con los datos necesarios para que todos entendamos la brecha entre las 5 Españas, entre los desiguales habitantes del edificio España.

 El libro se remonta a la crisis de 2008, analiza sus causas y sus consecuencias para los distintos grupos de la sociedad española, y continúa con la incidencia de la pandemia, la alta inflación y la guerra en Ucrania, concretando cómo ha evolucionado la desigualdad y la brecha entre ricos y pobres, con un recorte de la clase media. Y analiza como esta brecha entre españoles alimenta la desconfianza ante los políticos y la polarización, argumentando que “la desigualdad económica provoca también una desigualdad política”. Y revela como el “ascensor social está roto”, porque “el 55% de los españoles que nacen pobres mueren pobres”. Y analiza también el aumento de la desigualdad en otros paises, un problema global. A la hora de plantear propuestas, Javier Ruiz propone 3 reformas para reducir la desigualdad: fiscal, laboral y educativa. Y una mejora los medios de comunicación, a los que acusa de alimentar los intereses de los que viven en el ático y desmovilizar a los de la planta baja.

El segundo libro, “La paradoja del beneficio. Cómo las empresas exitosas amenazan la economía” (Editorial Taurus) está escrito por Jan Eeckhout, un economista belga, formado en EEUU y ahora profesor en Barcelona de la Universidad Pompeu Fabra. Se trata de un estudio muy documentado sobre las grandes empresas multinacionales que dominan distintos mercados, suprimiendo en la práctica a los competidores e imponiendo sus reglas. Analiza los casos de Apple y IPhone, el grupo cervecero AB InBev (controla el 25% del mercado mundial) Inditex, Amazon, la cadena USA Wal-Mart o las 4 grandes aerolíneas norteamericanas, y  demuestra como su enorme poder de mercado les lleva a disparar el precio de sus productos (un iPad cuesta 400 dólares y lo venden por 1.200), a bajar salarios (sobre todo de proveedores, mientras ellos tienen sueldos estratosféricos), a crear poco empleo (no quieren producir más, para mantener precios altos y beneficios). En definitiva, el éxito de estas pocas empresas que dominan los mercados va en contra de los consumidores, de los trabajadores y del conjunto de la economía, reduciendo el crecimiento y el empleo.

El autor analiza los mecanismos por los que estas empresas (la cervecera, Apple o Amazon) se hacen con el control de los mercados, gracias a la tecnología y las plataformas de ventas, que dificultan la entrada de competidores. Y como en todos los sectores, estas empresas sin competencia han ganado peso en las últimas décadas, disparando sus beneficios y su capitalización, en perjuicio de los consumidores, los trabajadores (los salarios reales caen, no aumentan), el resto de las empresas y la economía, que crece menos que antes de los 80. Eeckhout propone vigilar y prohibir las fusiones que aumentan el tamaño de estos gigantes (como la compra por Facebook de WhatsApp e Instagram), aprobar la disgregación de grandes compañías (como se obligó en su día a las petroleras, bancos o ferrocarriles), aumentarles los impuestos sobre los beneficios, mejorar los organismos de vigilancia de la Competencia a nivel internacional y forzar a una mayor transparencia en los precios que imponen, para bajarlos. El autor concluye que “para salvaguardar la democracia y promover un reparto más justo de lo que produce la sociedad, necesitamos una regulación y unas instituciones que fomenten un capitalismo que favorezca la competencia”… Y ¡con urgencia!”.  

El tercer libro, “El mundo en venta: la cara oculta del negocio de las materias primas” (Editorial Península) está escrito por dos periodistas que han trabajado en Finantial Times y Bloomberg, Javier Blas y Jack Farchy, que han dedicado dos décadas a seguir el rastro de un reducido número de empresas que controlan y dominan el mercado mundial de la energía y las materias primas. Son un pequeño número de empresas, que la mayoría de personas no ha oído nombrar (Glencore, Trafigura, Vitol, Gunvor, Cargill o Mercuria), radicadas la mayoría en Suiza (Ginebra) y Estados Unidos, que se han hecho de oro en este siglo comprando y vendiendo petróleo, carbón, gas, cereales, minerales y materias primas. Y que en los últimos dos años han disparado sus beneficios, superando los 100.000 millones de dólares.

El libro es como una novela policiaca, donde analiza el origen y la evolución de estas desconocidas  empresas, y las claves de su éxito en la compra y venta (especulativa) de energía, alimentos y materias primas, a costa de disparar el precio final a paises y consumidores. Cuentan historias increíbles de personajes increíbles (uno de los más conocidos, el belga March Rich), que se mueven a nivel mundial, comprando y vendiendo materias primas a golpe de comisiones y corrupción, que en algunos casos (pocos) han acabado en los tribunales. Y en paralelo a estos intermediarios, el libro cuenta la irrupción en estos mercados de los grandes Fondos y bancos de inversión, que disparan aún más la especulación y los precios. Al final, los autores piden a los gobiernos y a la Comisión Europea que tomen conciencia del enorme poder de estos intermediarios y controlen más su operativa y su dominio de los mercados, en perjuicio de la inflación y los consumidores.

El cuarto libro, “Las guerras comerciales son guerras de clase”  (Editorial Capitán Swing) analiza las disputas comerciales entre Estados Unidos, Europa y China desde una perspectiva nueva y original: no se tratan de conflictos entre paises sino que son el resultado de decisiones políticas y económicas de las élites de esos paises, que utilizan el comercio y el nacionalismo para defender sus intereses frente a las élites de otros paises. El libro analiza los Estados y sectores que estaban detrás del proteccionismo de Trump (ganó en 89 de los 100 condados de Michigan, Pensilvania y Wisconsin más afectados por la competencia de productos chinos), pero también que las élites chinas están detrás de la política industrial que favorece la industria y la exportación de China, en perjuicio del consumo de sus ciudadanos.

Uno de los autores, Michael Pettis, vive y da clases en la Universidad de Pekín, y el otro Matthew Klein, es un periodista económico USA. El gran merito de este libro es que explica el modelo económico de China en los últimos 40 años y cómo las élites (y el Partido Comunista, que controla la economía) han impuesto un sistema que ha optado por el superávit comercial y el ahorro forzoso para fomentar un crecimiento que ha provocado el déficit comercial y el endeudamiento del resto del mundo, agudizando los conflictos comerciales con EEUU y Europa. Y plantean que la única solución pasaría por un menor superávit y ahorro de China, en beneficio de un mayor consumo de su población, algo que el Gobierno chino no quiere, para seguir financiando inversiones y el gran salto tecnológico chino. Por eso, los autores concluyen que mientras los chinos de a pié gasten menos de lo que producen, sus élites buscarán exportar al resto del mundo sus productos y su ahorro, creando tensiones comerciales que podrían reducirse con una menor desigualdad dentro de los paises.

Y siguiendo con China, el último libro que recomiendo, “Observar el arroz crecer. Cómo habitar un mundo liderado por China” (Editorial Ariel), un libro escrito por un consultor español, Julio Ceballos, que lleva 17 años trabajando y viviendo en China. Su tesis es clara: los chinos van camino de ser la primera potencia mundial, en menos de una década, y entender a los chinos es decisivo para todos nosotros. Y trata de ayudarnos con 88 pequeños capítulos, donde aborda el gran peso histórico de China (es el único gran imperio de la antigüedad, creado 3.200 años antes de JC, que pervive hoy y que ha dominado el mundo durante 3.000 años, hasta la revolución industrial del siglo XIX), su historia reciente, el gran salto dado en los últimos 40 años de capitalismo de estado  (China es la fábrica del mundo y el primer socio comercial de 128 de los 197 países del mundo) y su tremendo potencial, que le llevará sin duda a superar a EEUU en este siglo.

Lo más interesante de este libro es que el autor nos habla de los chinos de a pié, de su carácter y pensamiento, de sus costumbres, creencias y principios, de su organización social y política, de su forma de trabajo con Occidente, de sus logros y proyectos y de cómo trabajan a medio plazo, buscando su liderazgo en este siglo con dos programas: el Plan Made in China 2025 (para ser líderes en 10 sectores claves: tecnología comunicación, robótica y herramientas de control, equipos aeroespaciales, ferroviarios y navales, maquinaria agrícola, instalaciones energéticas, equipos médicos, nuevos materiales, supercomputadores, biotecnología e inteligencia artificial) y la Nueva Ruta de la Seda, infraestructuras por tierra y mar para crear un gran espacio económico y comercial en Eurasia. En general, el autor es muy “pro-chino”, apuesta por sus virtudes y potencial como próximos líderes mundiales. Y aunque reconoce que el país es un régimen no democrático controlado por el Partido Comunista (90 millones afiliados), estima que los chinos de a pié lo aceptan y “apoyan a su Gobierno a cambio de prosperidad y orden”. Algo discutible para muchos. Pero el libro realmente nos ayuda a conocer China y los chinos, algo que es obligado en este siglo.

Espero que alguno de estos 5 libros les parezca interesante y lo lean. ¡Feliz verano!