La inflación se come los salarios
El verano ha dejado una inflación récord, el 4,3%
en agosto, la mayor subida anual desde hace tres años y medio. La culpa la
tiene la guerra en Oriente Medio, que ha disparado el petróleo y los
carburantes, subiendo también el gas, lo que ha encarecido la luz. Y
todo apunta a que los precios seguirán altos hasta fin de año,
salvo que se resuelva el conflicto con Irán, lo que provocó el jueves una 2ª
subida de tipos del BCE, al 2,5%, que podría aprobar otras 2 subidas más
este año, encareciendo las hipotecas. Mientras, los salarios
de convenio suben sólo un 3,04%, con lo que los trabajadores
pierden poder adquisitivo, como ha pasado en los últimos 6 años. Ahora,
la patronal tiene paralizadas las conversaciones para negociar los
salarios de 2026 a 2028, mientras los sindicatos piden subidas
del 4% anual, argumentando el estancamiento de los salarios
mientras suben los márgenes empresariales. Con los salarios bajos
y la inflación subiendo, peligra el consumo y el crecimiento.
La subida de carburantes ha provocado un tercio de la subida del IPC
El verano ha disparado la inflación,
del 3,2% que estaba en abril, mayo y junio al 3,6% en julio y el 4,3% en agosto, la
inflación anual más alta en España desde febrero de 2023 (6%), un año
después de la invasión de Ucrania. Ahora, la guerra en Oriente Medio
(iniciada el 28 de febrero de 2026) ha disparado los precios de la
energía y la inflación en todo el mundo y en Europa, aunque ha
subido más en España: del 2,3% en febrero al 4,3% en agosto, mientras en la
zona
euro subió la inflación al 3,3% en agosto,
con subidas menores en Francia (+2,4%) y Alemania (2,9%), equiparándose
en Italia (+3,3% inflación en agosto).
Un tercio de la actual subida de precios lo
explica la subida de los carburantes, sobre todo el gasóleo,
por la subida del petróleo: pasó de costar 70,75 dólares
barril el 26 de febrero a un máximo de 118,35 dólares el 31 de marzo (+67,22%),
para volver a bajar por debajo de los 100 dólares en la mayor parte de abril,
mayo, junio, julio y agosto (entre 85 y 95 dólares en verano), para volver a
superar los 100 dólares en septiembre (ver
evolución), ante la reanudación de los ataques (costaba 104,65 dólares/barril
el viernes). Esta subida del crudo ha disparado el precio de los carburantes,
más
el gasóleo (ha subido un +24% desde el inicio del verano) que la
gasolina (+20% de subida este verano), debido a la falta de refino de gasóleo
en las refinerías europeas (salvo en España), que han disparado las
importaciones, en unos meses donde se han frenado las exportaciones de gasóleo
de Rusia y China, los dos grandes refinadores mundiales.
En España, el gasóleo ha llegado a superar los 2
euros/litro y la gasolina los 1,85 euros/litro, a
pesar de las ayudas aprobadas por el Gobierno en marzo, que
rebajó el IVA del 21 al 10% hasta el 30 de junio. En julio, el IVA volvió al 21%,
pero se aprobó un descuento de 15 céntimos por litro, que se redujo a 10
céntimos por litro en agosto y volvió a bajar a 5 céntimos para la gasolina en
septiembre pero subió
de 10 a 20 céntimos para el gasóleo. A pesar de estas ayudas, la
subida de los carburantes este verano explica al menos un tercio de la actual
inflación, según un estudio de CCOO, y ha permitido a las petroleras
españolas aumentar un 28% su margen sobre ventas, disparando
sus beneficios (2.221 millones en el primer semestre Repsol y 641
millones Moeve, mucho más que en todo 2025).
Otro culpable de la subida de precios de este verano es la
factura de la luz. Hasta junio, tuvimos un cierto alivio en el recibo,
gracias al efecto de las medidas
tomadas por el Gobierno en marzo: rebaja del IVA del 21 al 10%, bajada del
impuesto especial a la electricidad del 5,11% al 0,5% y suspensión temporal del
impuesto sobre la producción eléctrica (7%). Pero desde el 1 de junio, los
impuestos volvieron a su porcentaje anterior, aunque un real decreto
aprobado a finales de junio introdujo una eliminación progresiva del impuesto
sobre la producción eléctrica (desde 2026 a 2028). Sin ayudas, el coste
de la electricidad en el mercado mayorista subió de 69,59 euros/MWh en
junio a 104,75 en julio y 118,25 euros/MWh en
agosto. Y aunque se produjo mucha electricidad con energía renovable (el
55,36% entre junio y agosto), hubo que echar mano de las centrales de gas
natural, para atender los picos de demanda y el enorme consumo de aire
acondicionado. Y el gas natural ha disparado también su precio con la
guerra en Oriente Medio: de costar 44,50 euros en marzo a 59 euros a finales de
julio, 69,80 euros en agosto y 81,50 euros el viernes (ver
evolución precios).
Al final, los 8,3 millones de consumidores que tienen
la tarifa regulada (vinculada a la evolución diaria de los precios
mayoristas) han visto subir su recibo este verano: de 66,63
euros de media en junio a 85,68 euros en julio y 88,81
euros en el recibo de agosto. Y
los 22,2 millones de consumidores que tienen contratada la luz en el mercado
“libre” sufrirán esta subida cuando les toque revisar su tarifa
(semestral o anualmente). Y todo apunta a que unos y otros verán
subir más los recibos en otoño e invierno (cuando aumentará la
demanda, por las calefacciones), dado que el conflicto de Irán mantiene unos altos
precios del gas natural para las centrales térmicas, está subiendo el impuesto al
CO2 (que las eléctricas repercuten) y seguimos pagando más “costes del
sistema” para evitar apagones.
Ahora, el temor es que las subidas del
petróleo y el gas, trasladadas a los carburantes y la electricidad, acaben
contagiando al resto de la economía, sobre todo al transporte y a los
alimentos, lo que mantendría una alta inflación en lo que queda de año. Además,
la mala climatología de esta primavera (lluvias y granizos) y
el calor desmesurado del verano van a repercutir en las cosechas
y antes o después en los alimentos, sobre todo en la subida
de frutas, verduras, huevos, carnes y pescados, en
el precio de los alimentos frescos, que ya se dispararon en
agosto (+4,5%), por el mayor consumo del turismo. El temor es que
ahora, en otoño e invierno, los supermercados
y comercios suban sus precios y sea difícil bajar la
inflación del 4%. De momento, el Banco de España estima una inflación del 3,6%
para todo el año 2026, tras cerrase 2025 con una inflación del
2,9%.
El Banco Central Europeo (BCE) también teme que la
inflación europea (3,3% en la zona euro, muy por encima del objetivo del 2%) no
amaine en lo que queda de año y contempla
tres escenarios. Uno muy malo, con el petróleo y el
gas en 130 dólares, que llevaría la inflación al 5,8% a fin de año y a la
economía europea a la recesión. Otro muy optimista, con el
petróleo en torno a los 70 dólares y el gas en menos de 50 euros, que dejaría
la inflación europea en el 3,4%. Y uno intermedio, con el petróleo
en 99,2 dólares/barril y el gas en 77,1 euros, que dejaría la inflación europea
en el 4% y permitiría sólo un bajo crecimiento europeo (+0,2%). Para intentar
frenar la inflación, el
BCE subió por 2ª vez los tipos el jueves (la 1ª fue en junio, por
primera vez en 3 años), un +0,25%, hasta el 2,50%.
La subida
del BCE es otro error de los fundamentalistas de Frankfort y
difícilmente bajará la inflación, que sube por la energía y la guerra en Irán.
Pero lo que sí hará es encarecer las hipotecas: el Euribor ya supera el 3%,
lo que sufrirán los 4 millones de españoles hipotecados, que pagarán más en su
próxima revisión. Y frenará el crecimiento europeo, ya débil.
Pero lo peor es que la inflación ha subido mucho
y seguirá alta mientras los sueldos de los trabajadores apenas suben:
hasta agosto, la subida de los convenios con vigencia para este año ha
sido del +3,04%, según
Trabajo, por debajo de la inflación anual en agosto, el +4,3%.
Incluso los salarios crecen por debajo de la inflación media de enero a
agosto,+3,19%. Y esta es la subida para los 8,8
millones de trabajadores que tienen un convenio firmado, ya que la
mayoría de los asalariados (hay 19,58 millones) no tienen convenio
firmado y muchos han tenido subidas de sueldo inferiores a ese 3,04%.
Así que todos los trabajadores están perdiendo este año poder
adquisitivo (un -1,2% de momento), situación que se ha repetido en
España en los últimos 6 años. Los datos son claros. La subida salarial
de los convenios ha sido de +16,65% entre el año 2.020 y el 2025, según
Trabajo, mientras la inflación
ha subido un +23,5% entre 2020 y 2025, según el INE. Eso supone una pérdida de poder
adquisitivo del -6,85% en estos últimos 6 años. Y muchos trabajadores sin
convenio (sólo lo firman unos 11 millones de media de los 19,5 millones de
asalariados) han tenido incluso subidas salariales menores, con lo que han
perdido todavía más. La pérdida de poder adquisitivo se concentró sobre
todo en 2021 (+3,1% de inflación media y +1,45% de subida salarial) y
2022 (+8,4% de inflación y +3,02 de subida salarial), mientras los
salarios crecieron ligeramente más que los precios en 2023 (+3,61% frente a
3,5%), 2024 (3,32% frente a 2,8%) y 2025 (los convenios subieron
el año pasado un 3,53%, frente a una inflación media del 2,70%).
Pero además, hay gastos básicos de las familias que
han subido mucho más que los sueldos (+16,65%) en estos últimos 6 años
(2020-2025). Es el caso de los alimentos (han subido jun 37,7%, según
el INE), la vivienda (+24,5%), el vestido y calzado (+25,3%), los
hoteles y restaurantes (+28,3%) y, sobre todo, los alquileres: han
subido de media un 41,34% (de 10,4 euros/m2 a 14,7 euros/m2), según Idealista,
y algo más en el caso de Barcelona (+48,75% entre 2020 y 2025) y Madrid
(+48,75%).
Mientras, los márgenes
y beneficios empresariales han subido mucho más que los salarios en
estos años y en lo que va de siglo. Así, entre 2020 y 2025, los beneficios
brutos de las empresas han crecido un +58%, mientras la masa
salarial que han pagado a sus trabajadores (incluye cotizaciones y otros
costes no salariales) crecía un +37,9%. Una tendencia que se viene dando
desde el año 2.000: los beneficios brutos de las empresas se han multiplicado
por 2,9 y los beneficios netos por 2,7 (de 113.000 a 306.000 millones), un
aumento del +170%, según
este estudio de Funcas. Y desde 2019, el beneficio de las empresas del
IBEX ha aumentado un +139%, mientras cuadruplicaban los dividendos que
repartían a sus accionistas. También es clarificador lo que ha pasado en 2025:
el margen de las empresas aumentó un 13% y los sueldos en convenio un 3,53%.
En 2026, mientras los sueldos suben menos que la inflación, los
márgenes empresariales siguen subiendo más: en el 2º trimestre, el
margen medio sobre ventas de las empresas españolas fue del 12,5%, frente al
10,5% de media entre 2009 y 2021, según
el Observatorio de Márgenes Empresariales. Pero hay muchos sectores que
tienen unos márgenes mucho más altos, como el refino (28,4%, un máximo
histórico), el sector energético (24,5% eléctricas y petroleras), el sector
inmobiliario (31,1%), la banca (29%) y las industrias extractivas (22,3%).
Además, en los últimos años (desde 2018), la productividad por empleado
ha aumentado un +44% mientras sus salarios han crecido un +33% y los
márgenes empresariales brutos por cada asalariado han aumentado un +55%, según un
estudio de CCOO.
Por esto, los sindicatos creen que es hora de “repartir
mejor el crecimiento de la economía”, que crezcan más los
salarios dado lo que están creciendo los márgenes y beneficios empresariales.
Y para recuperar poder adquisitivo ahora que tenemos una alta inflación.
El problema ya no es que la inflación se esté comiendo
el sueldo de muchos trabajadores, otro año más, sino que la patronal
no tiene ninguna prisa en sentarse a negociar las subidas salariales
que deberían hacerse este año y los siguientes. El último acuerdo salarial
entre empresas y sindicatos (el V Acuerdo para
el Empleo y la Negociación Colectiva, el AENC) terminó su vigencia en
diciembre de 2025 y todavía no han conseguido sentarse para alcanzar el VI
AENC, que debería
haberse firmado en mayo (como el V AENC). La patronal CEOE no tiene
ninguna prisa, preocupada sólo por sus elecciones
internas del 1 de octubre, aunque sólo hay un candidato, el actual
presidente, Antonio Garamendi. Así que se retrasa un nuevo acuerdo de salarios
para 2026 a 2028, por lo que los sindicatos anuncian movilizaciones.
En definitiva, los trabajadores y sus familias sufren una
alta inflación pero las empresas no tienen prisa por subirles los sueldos,
que en su mayoría son
bajos (dos tercios de los trabajadores, 12,45 millones de
asalariados ganan menos de 1.711 euros netos al mes en 14 pagas).
Y además, no quieren subirles más del 3%, con lo que volverían a perder
poder adquisitivo, mientras crecen los beneficios empresariales. Ojo: los
bajos salarios son un problema, no sólo para los trabajadores que
los cobran sino para
el conjunto de la economía: si los salarios no suben algo más que
la inflación, será difícil sostener el aumento del consumo, uno
de los motores del crecimiento y el empleo.
Así que mejorar los salarios españoles, para que sean más
“europeos” (26,2 euros/hora se paga en la UE-27 y 19,5 euros/hora
en España) no sólo es una cuestión de justicia (el 64% de los
trabajadores están por debajo del salario medio, según
los sindicatos) sino también de economía: necesitamos mejorar
los salarios para mantener el consumo y seguir creciendo y creando empleo. Hay
que conseguir que más españoles noten la mejoría de la economía, repartir
mejor el crecimiento. Y para eso tienen que subir más los salarios
en los próximos años, sobre todo los más bajos. Se puede y se debe.
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