jueves, 26 de enero de 2023

EPA 2022: el empleo se debilita

A finales de 2022, España perdió 81.900 empleos, a pesar del Black Friday y las Navidades, porque se retrajo el consumo y el crecimiento ante la elevada inflación. A pesar de este “pinchazo”, el año 2022 se cerró con un buen balance del empleo: se crearon 278.900  empleos y trabajan 20.46 millones de personas, la cifra más alta desde 2007. Y lo más importante: los contratos fijos se han cuadruplicado, tras la reforma laboral. El paro bajó el año pasado, aunque poco (-79.900), rondando los 3 millones de desempleados, la tasa de paro (12,8%)  más baja desde 2008. Pero todavía tenemos el doble de paro que Europa y el 41% de los parados no cobran nada, cayendo en la pobreza. Cara a 2023, un año donde se espera crecer la cuarta parte, urge un Plan de choque para reanimar las contrataciones y volver a ganar empleo decente, aunque sea poco (+100.000). Y en paralelo, subir los salarios para reanimar el consumo, las ventas y el empleo. Hay que dar un empujón al empleo en un año difícil.

Enrique Ortega

El cuarto trimestre del año suele ser bueno para el empleo, por las Navidades. El de 2022 ha sido malo, porque el empleo cayó en -81.900 personas, según la EPA conocida hoy. Una caída del empleo que no sucedía desde finales de 2016 (-19.400) y 2017 (-50.900) y que rompe la racha de últimos trimestres con fuertes aumentos del empleo, como en 2020 (+167.400) y 2021 (+153.900). La causa de la pérdida de empleos está en los servicios, por una menor ocupación de lo previsto en la hostelería, el turismo y el comercio (por la inflación y el menor consumo), aunque el empleo también cayó en la construcción (-28.000) y la industria (-70.100), mejorando sólo en el campo (+24.200 empleos). La pérdida de empleo en el 4º trimestre se concentró en Baleares (-83.300), Cataluña (-40.900) y Andalucía (-19.400), lo que corrobora que este “pinchazo” del empleo se debe al turismo. Y un dato llamativo: las mujeres ganaron empleo (+55.500) mientras lo perdían solo los hombres (-137.400 en el 4º trimestre), en especial los jóvenes menores de 25 años (-79.100 empleos), según la EPA

Esta caída del empleo en el 4º trimestre frena la buena marcha que llevaba el empleo en 2022, un año que cerró con la creación de +278.900 nuevos empleos, lejos del año récord de 2021 (+840.700 empleos) pero superando el año negro de la pandemia (se perdieron -622.600 empleos en 2020), aunque no mejora la creación de empleo de 2019 (+402.300 empleos). A cambio, casi no hay ya trabajadores “aparcados” en ERTE, con empleo pero sin trabajo: son 20.000 de media desde el verano, frente a 520.000 en diciembre 2020. Con ello, en España trabajan 20.463.900 personas, el mejor dato desde 2007 (20,72 millones). Y son 3,7 millones de ocupados más que al final de la crisis anterior (16.758.200 en diciembre 2013).

En todo 2022 se creó sobre todo empleo privado (+ 228.200 empleos), cuatro veces más que empleo público (+50.700 ocupados). Y se crearon más empleos entre los hombres (+146.800)         que entre las mujeres (+132.100 ocupadas), siguiendo la tónica de que el nuevo empleo no fue a los jóvenes sino a los más mayores: +30.500 empleos entre 16 y 24 años, +69.900 empleos entre 25 y 34 años y +158.000 empleos entre mayores de 55 años. Y llama la atención que, en 2022, los únicos que perdieron empleo fueron los trabajadores de edad media, entre 30 y 39 años (-140.600 empleos), según la EPA. Por sectores, la mayor creación de empleo en 2022 se dio en los servicios (+314.300 empleos), seguidos de lejos por la industria (+36.600), y la construcción (+14.900), perdiéndolo el campo (-86.900 empleos). Y por autonomías, el empleo creció más el año pasado en la Comunidad Valenciana (+102.700) Andalucía (+58.800) y Baleares (+33.800), las tres por el turismo, mientras perdieron empleo Asturias (-15.100), País Vasco (-7.700) y Aragón (-5.000 empleos).

Esta mejora del empleo en 2022 (+ 278.900 ocupados) ha servido también para reducir el paro, aunque menos (-79.900 parados en 2022), porque en paralelo han aumentado los españoles “activos, las personas que buscan trabajo ahora, tras lo peor de la pandemia: los “activos” aumentaron en 199.000 personas en 2022, impidiendo bajar más las cifras de paro. Es un proceso que se ha ido viendo trimestre a trimestre (salvo en el 4º de 2022): aumentan las personas que buscan trabajo. Y ya hay más adultos “activos” (buscando trabajo o trabajando) que antes de la pandemia: 23.487.800 personas frente a 23.064.100 a finales de 2019. Todo apunta a que seguiremos así, con lo que en los próximos meses sucederá lo que ahora: el paro bajará menos de lo que sube el empleo. 

Volviendo al paro, ha aumentado en +43.800 personas en el 4º trimestre (el paro no subía en Navidad desde 2017) y  ha bajado en -79.900 parados en todo el año 2022, según la EPA de hoy, lo que supone la menor bajada del paro desde 2013 (-69.000 parados ese año). El paro ha bajado en todo 2022  más entre los hombres (-79.900 parados) que entre las mujeres (-32.600). Y por edades, ha bajado más entre los mayores (-50.300 entre 25 y 54 años y -41.200 entre los mayores de 55 años), subiendo entre los jóvenes (+15.900 parados entre 20 y 24 años. El  paro subió el año pasado en los servicios (+101.100), la industria (+7.100) y la construcción (+800), bajando sólo por el menor paro en el campo (-15.500) y entre los parados que perdieron su empleo hace un año (-180.800 ahora). Por autonomías, la mayor rebaja del paro en 2022 se dio en Andalucía (-56.800 parados), Canarias (-50.100) y Baleares (-24.100), las tres por la recuperación del turismo, mientras aumentaban su lista de parados Madrid (+57.700), Asturias (+20.000) y Castilla la Mancha (+13.000), según la EPA de hoy.

La cifra de desempleados baja a 3.024.000 parados en 2022, la más baja en España desde 2007 (1.942.000 parados entonces). Y la tasa de paro española baja al 12,89%, la menor desde el verano de 2008 (11,23% de paro), aunque sigue duplicando la tasa de paro europea (6 % en noviembre) y la de los principales paises de la UE, como Francia (7% de paro), Italia (7,8%) y sobre todo Alemania (3% de paro, cinco veces menos que España).Y mejora la tasa de paro juvenil (menores de 25 años): el 29,26% de los más jóvenes están en paro, el doble que en Europa (15,1% de paro juvenil) y más que en Francia (18,3%), Italia (23%) y sobre todo Alemania (5,8% de paro juvenil, menos de la cuarta parte que España), según Eurostat.

Los datos de paro, aunque mejores que antes de la pandemia y al nivel de 2008, revelan dos cuestiones preocupantes. La primera, que todavía hay 1.047.500 hogares con todos sus miembros en paro (+ 34.300 que antes de la pandemia). La segunda, que España sigue con 5 regiones que tienen una tasa de paro “escandalosa: Ceuta (30,55% de paro), Melilla (21,20%), Andalucía (19% de paro), Extremadura (17,62% de paro) y Canarias (14,57%), según la EPA de hoy. Y hay 5 regiones que mantienen un paro “europeo”, inferior al 10%: La Rioja (8,60% de paro), País Vasco (8,66%), Castilla y León (8,83%), Aragón (9,41%) y Cataluña (9,91% de paro en 2022). Y un dato muy positivo: se reducen  los parados de larga duración, los que llevan más de 1 año sin trabajo: son ahora 1.282.800 parados, el 42,42 % de todos los parados (eran 1.387.000, el 43,5% del total  a finales de 2019).

A pesar de que mejoren los parados “crónicos”, todavía son demasiados y eso provoca que a muchos parados se les acabe el desempleo y no cobren ya ningún subsidio, pasando a una situación de pobreza extrema. En noviembre de 2022, último dato de Trabajo, cobraban alguna ayuda 1.799.838 desempleados: menos de la mitad (el 45%) cobraban un subsidio contributivo (según lo cotizado), de 916 euros de media, y el resto (un 55%) cobraban un subsidio asistencial, de 463 euros mensuales. Pero en esta cifra de parados que cobran desempleo estaban incluidos  los 20.000 trabajadores en ERTE, que cobran el 70% de su sueldo (y el 50% a partir del 7º mes). Así que, en realidad, solo 1.779.838 parados registrados como tales cobra algún subsidio, el 58,85 % de los parados que refleja la EPA de hoy. Eso significa que casi la mitad de los parados (el 41,15% no cobran ninguna ayuda pública, cuando antes de la pandemia, en 2019, eran un 38,5% los parados que no cobraban nada. De hecho, CCOO denuncia que un 40% de los parados  inscritos en el SEPE con experiencia laboral (han trabajado antes) no cobran ninguna ayuda pública por desempleo.

Vistos los datos del empleo y el paro en 2022, queda patente que España ha superado las dos recientes crisis, la pandemia (2020-2022) y la alta inflación (2021 y 2022), aunque el empleo haya “pinchado” a finales de 20220: ahora tenemos más ocupados y menos parados que en 2019. Con todo, el balance es desigual, tanto por sexo y edad como por sectores y regiones. En conjunto, en España trabajan ahora 497.000 personas más que a finales de 2019. Llama la atención que las mujeres se han llevado el doble de estos nuevos empleos (+327.900) que los hombres (+169.100). Y por edades, trabajan ahora más jóvenes (+12.900) y sobre todo más mayores de 55 años  (+560.300 ocupados), pero sorprende que haya menos empleados entre 30 y 45 años que en 2019 (-455.300).La mejora del empleo se ha repartido casi por igual entre el sector público (+272.900) y el sector privado (+224.100), mientras el grueso de los nuevos empleos se han creado en los servicios (+482.600), mejorando poco en la industria (+38.100) y la construcción (+16.900), cayendo sólo el empleo sobre 2019 en el campo (-40.700 ocupados). Y por autonomías, hay más personas trabajando en todas que antes de la pandemia, salvo en Asturias (-10.600 empleos perdidos) y Aragón (-6.800 ocupados). Los que han salido mejor parados en estos tres años son la Comunidad Valenciana (trabajan 112.200 personas más), Canarias (+50.500) y Castilla la Mancha (+48.700 ocupados), según la EPA.

Con todo, la mejor noticia de 2022 es el excepcional balance de la reforma laboral, aprobada a finales de 2021 y que entró totalmente en vigor el 31 de marzo de 2022. Los datos de Trabajo son espectaculares: en todo 2022 se firmaron 18.310.300 contratos, de los que más de 7 millones (el 38,37%) fueron indefinidos, casi 4 veces el porcentaje de contratos fijos firmados en todo 2021 (el 10,9%) y muchos más que en años anteriores (los fijos eran entre el 7 y el 9% de los nuevos contratos desde la reforma laboral de Rajoy en 2012). Y además, más de la mitad  de los contratos firmados en 2022 fueron a tiempo completo (10,5 millones, el 57%) y solo un 29% fueron contratos a tiempo parcial (5,4 millones), mientras se dispararon los contratos fijos discontinuos (2.319.500, frente a sólo 262.900 en 2021), contratos que se hacen por temporada, año tras año, sobre todo en turismo, hostelería, comercio y el campo. Son contratos fijos y el trabajador se considera ocupado, según establecen las estadísticas europeas (desde 1985), aunque los meses que no trabaja cobra el paro.

Con esta reforma laboral, el mercado de trabajo ha sufrido un cambio histórico en sólo unos meses: si a finales de 2021, el 25,4% de todos los trabajadores asalariados tenían un contrato temporal (4.308.500 trabajadores), un año después, en diciembre de 2022, el porcentaje de asalariados temporales ha bajado al 17,91% (3.114.700 personas), según la EPA publicada hoy, con lo que estamos más cerca ya del 14% de media de temporalidad en Europa. Y todo apunta a que en 2023, seguirá aumentando el porcentaje de asalariados con un contrato fijo (ahora son el 82%).

Ahora, la previsión de la mayoría de expertos es que aumente menos el empleo en 2023, básicamente porque España va a crecer este año la cuarta parte que en 2022, aunque parece que se aleja el fantasma de que Europa entre en recesión. En principio, las estimaciones internacionales apuestan por un crecimiento del +1,1% (FMI) al +1,3% (OCDE), mucho menos del +5,2% de crecimiento con que habrá cerrado 2022. Eso debería traducirse en que España creará menos empleo en 2023, entre 100.000 y 150.000 nuevos empleos según distintas previsiones (frente a 278.900 empleos creados en 2022). Todo va a depender de la marcha de la guerra en Ucrania, de que siga moderándose la inflación y del daño que hagan las subidas de tipos del BCE, que ya aprobó 4 subidas en 2022 y que anuncia dos más en 2023 (dejando los tipos en el 3,5%). Si la economía internacional no se hunde y tampoco Europa, el empleo podría crecer otra vez este año, empujado por el turismo (que volverá a los récords de 2019) y el tirón de los Fondos europeos.

La preocupación sobre el futuro del empleo debía ser ayudar a tres colectivos que han sufrido duramente la pandemia y que tienen más difícil trabajar: los jóvenes (3 de cada 10 están en paro y 8 de cada 10 jóvenes ocupados tienen contrato temporal), las mujeres (su tasa de empleo, 60,56 %, es inferior a la europea, 64,3%, y a la de los hombres españoles, 68,5%) y los mayores de 50 años (son casi la mitad de todos los parados y las empresas no quieren contratarlos). El Gobierno aprobó el 10 de enero un Decreto Ley que establece ayudas a la contratación de trabajadores, especialmente a los grupos que tienen más problemas para colocarse: personas en exclusión social, mujeres y mayores de 45 años que llevan más de 1 año en paro (se bonifica su cotización 128/euros al mes durante 3 años) y jóvenes (contratar a menores de 30 años con baja cualificación se bonifica con 275 euros al me durante 3 años), además de ayudas para transformar en indefinidos contratos de formación y relevo. El problema es que estos nuevos incentivos para facilitar que empresas y autónomos hagan más contratos indefinidos no entran en vigor hasta septiembre… Y que siguen sin modernizarse las oficinas de empleo (SEPE), que apenas ayudan a los parados a recolocarse.

En resumen, que el empleo aguanta en España, a pesar del “bache” de las Navidades. Y seguirá creciendo en 2023, aunque menos. El reto ahora es seguir mejorando su calidad, que sea menos precario y esté mejor pagado. Y no dejar atrás a los que tienen más problemas para colocarse, los jóvenes, las mujeres y los mayores de 50 años, volcándose en reciclar a trabajadores y parados, para que tengan más oportunidades de conseguir un empleo futuro, que exigirá una formación diferente. Hay que ser optimista, pero sin olvidar que tenemos el doble de paro que Europa. Y que en España trabaja también menos gente (unos 2 millones menos que la media UE). Por eso, si queremos vivir mejor, hay que crear más empleo y de más calidad.

lunes, 23 de enero de 2023

Los salarios no alimentan la inflación

Este año 2023 debería ser el año en que subieran los salarios, tras haber perdido poder adquisitivo en 2021 y 2022 (-7,5%), al subir mucho menos que la inflación. España es el 2º país europeo donde los trabajadores han perdido más poder adquisitivo, mientras los beneficios empresariales siguen creciendo (+30% las empresas del IBEX). Y además, los salarios bajos han evitado una mayor subida de precios, que en un 80% se debe a la subida de los márgenes empresariales. “Si no hay negociación salarial, habrá conflictos”, amenazan los sindicatos, que piden un 8% de aumento en tres años (2022, 2023 y 2024), mientras la patronal propone subir el 3,5% este año, sin clausulas de revisión. La novedad es que ha caído otro mito económico: que si suben los salarios, se disparará la inflación. Economistas del FMI concluyen que se pueden subir los salarios sin alimentar la inflación. Es hora de subir los salarios, por justicia y para reanimar el consumo de las familias y evitar una recesión. Negocien.

Enrique Ortega

“Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los salarios altos en el aumento del precio (…).Nada dicen de los efectos perjudiciales de los beneficios elevados. Guardan silencio sobre los efectos perniciosos de sus propias ganancias”. Adam Smith, 1776

Los salarios han vuelto a perder poder adquisitivo en 2022, por 2º año consecutivo. Los 9 millones de trabajadores que firmaron o renovaron su convenio (en 911.187 empresas) pactaron una subida salarial media del +2,78% en 2022, según Trabajo, frente a una subida media de la inflación en España del +8,4%. Eso significa que perdieron un -5,62% de poder adquisitivo. Más los trabajadores que pactaron subidas menores (un 5% pactaron subidas menores al 1%, otro 18% entre 1 y 1,5% y el 25% han tenido subidas entre 1,5 y 2%) y menos los trabajadores que tenían clausula de revisión (total o parcial) para compensar una subida extra de la inflación (ojo: solo la tienen el 21% de los trabajadores con convenio). Y el resto de trabajadores (hay 17,4 millones de asalariados), sin convenio o en pymes que no negocian salarios, han tenido subidas mínimas o se les han congelado los sueldos.

Esta pérdida de poder adquisitivo en 2022 se suma a la de 2021, donde los sueldos en convenio subieron un +1,53% frente a una inflación media del +3,1%. Otra pérdida de poder adquisitivo del -1,6%, que sumada a la de 2023, da una devaluación real de los salarios del  -7,22% en los dos últimos años. En los años anteriores, entre 2012 y 2020, los salarios crecieron más que la inflación (baja o incluso negativa), pero sólo ganaron un +2,97% de poder adquisitivo, que no compensa lo perdido ahora. Y si contemplamos la última década, entre 2012 y 2022, los trabajadores españoles con convenio perdieron un -4,25% de poder adquisitivo, según las estadísticas oficiales. Hay un dato que refleja con claridad esta  “devaluación salarial”, según CCOO: el salario ganado en 2022 está un 12,6% por debajo del de 2008 si descontamos la inflación de estos años. Ganamos menos en términos reales.

Además, España, con salarios más bajos que la Europa rica, es el 2º país de la UE donde los trabajadores han perdido más poder adquisitivo en 2022, tras Eslovaquia, según los datos de Eurostat: un -5,9% en España frente al -4,7% de pérdida en la UE-27, el -4,3% en la eurozona, el -5,7% en Italia, el -4,2% en Alemania, el -3,4% en Portugal y el -1,1% en Francia. Y esto viene pasando desde 2019, porque los salarios españoles crecen menos que la eurozona (6,5% frente al 8% en estos tres años) mientras la inflación se mantiene en línea e incluso es menor (en 2022). Para 2023, la previsión de la Comisión Europea es que los salarios españoles apenas ganen poder adquisitivo (+0,1%: subirán un 4,9% frente al 4,8% la inflación), y que en 2024 ganen otro poco (+0,4: salarios subirán un 2,7% frente a un 2,3% la inflación). Pero no será suficiente para recuperar lo perdido y así, el balance 2019-2024 para España será una pérdida de poder adquisitivo del -5,9%, la tercera mayor de la UE (tras el -6,6% de Italia y el -6,3% de la República Checa, más del doble que la zona euro (-2,4%) y mayor que la pérdida de poder adquisitivo de Alemania (-5,1%) y Francia (-1,3%). En resumen, en 15 de los 27 paises europeos, los trabajadores perderán poder adquisitivo entre 2019 y 2024, con la pandemia y la alta inflación. Y España será el 3º que más pierda.

Este deterioro de los salarios reales ha ayudado a que los precios no subieran más en 2021 y 2022, al contener los costes laborales de la mayoría de empresas. Y por eso, sindicatos y expertos critican que las empresas no hayan sido responsables y que hayan aprovechado esta crisis y el aumento de costes para subir precios y márgenes. Lo ha reconocido la consejera alemana del BCE, Isabel Schnabel, quien en una charla en Galicia constató que “las empresas europeas han subido sus precios por encima de los salarios y del coste de la energía, aumentando sus beneficios”. Y añadió que en algunos sectores, como la hostelería o los transportes, los beneficios empresariales han crecido casi un 20%, más del doble de lo que han subido los salarios nominales  y la factura energética. Lo mismo se denuncia en EEUU, donde algunos expertos destacan que el aumento del margen de las empresas (aumentaron un +42% entre el 1º trimestre de 2020 y el 2º de 2022), muy superior al aumento de sus costes (+16%) es uno de los factores claves que explican la inflación. Y dan un dato llamativo: los márgenes empresariales no habían sido tan altos en EEUU desde 1950.  

En España, se ha repetido esta situación de Europa y USA: a finales de 2022, los márgenes de las empresas eran un +60% superiores a los de finales de 2019 mientras los salarios sólo crecieron en ese periodo un +4%, según este informe de Intermón Oxfam, que toma los datos de ventas y costes de la Agencia Tributaria, que señalan un margen del 10,4% sobre ventas en el verano de 2022, frente al 8,6% de margen a finales de 2019 y el 8,4% en 2014. Las mayores subidas de márgenes, en 2022, se han dado en la construcción, los servicios, el comercio minorista, la hostelería y el transporte.

Esta fuerte subida de márgenes (superior a la de los costes) y los consiguientes beneficios empresariales son los principales responsables de la inflación en España, según este informe de Oxfam y otros de UGT y CCOO, que cuantifica esa responsabilidad: los beneficios empresariales (las empresas del IBEX aumentaron sus beneficios un +30% en el tercer trimestre de 2022) son responsables del 80% de la inflación de 2022, mientras los salarios lo son del 13,5% y el resto es por los impuestos. Y tanto Oxfam como CCOO sostienen que las alzas de precios se deben a la falta de competencia en muchos sectores (hay oligopolios) y al fuerte aumento de la demanda tras la pandemia, dos factores que han aprovechado sobre todo las grandes empresas y las multinacionales para subir sus precios, más que las pymes. Y añaden que las empresas españolas tienen mayores márgenes que el resto de las europeas desde 2019, sobre todo en el sector energético, finanzas e industrias. Si la inflación es más baja en España (5,5% en España frente a 10,4% en la UE-27), se debe a que los salarios hacen de contrapeso, al ser también más bajos y haber subido menos en estos años.

Ahora, tras dos años de moderación salarial y pérdida de poder adquisitivo, ha llegado la hora de subir más los salarios. “Si no hay negociación, habrá conflictos”, amenaza el líder de UGT, molesto con la actitud de la patronal CEOE, que no tiene prisa por pactar convenios tras haber negociado en 2022 la mitad que un año normal (1.024 convenios, con 2,7 millones de trabajadores, frente a 1.907 convenios y 4,6 millones de trabajadores en 2018). El ambiente negociador no parece propicio, después que la CEOE se levantara en mayo de la mesa negociadora con los sindicatos, argumentando que querían “saltarse una línea roja” al querer incluir en los futuros convenios una clausula de revisión salarial para defenderse ante posibles desviaciones de la inflación. Los sindicatos denuncian que las empresas aprovecharon la reforma laboral de Rajoy (2012) para suprimir esta cláusula en los convenios: si en 2008 la tenían el 70% de los trabajadores con convenio, en 2022 sólo la tenían el 21% (1,9 millones).  O sea, sólo 1 de cada 10 asalariados tienen cláusula de revisión salarial.

La patronal argumenta que les están subiendo todos los costes (energía, transporte, créditos, cotizaciones e impuestos) y que no es momento de subir mucho los salarios, porque además, eso alimentaría la inflación. Y los sindicatos les replican que la inflación sube porque están disparando márgenes y beneficios y que los trabajadores no pueden ser los paganos de la inflación, perdiendo año tras año poder adquisitivo. Las posturas de partida están encontradas: la patronal no acepta subidas superiores al +3,5% en 2023 y los sindicatos pretenden pactar subidas a varios años, que compensen lo poco subido en 2022 y aseguren un mínimo para los años siguientes. No piden “un mundo”, en la mayoría de sectores defienden una subida del 8% a tres años (3,5% en 2022, 2,5% en 2023 y 2% en 2024), pero, eso sí, acompañada de una clausula de revisión que garantice subidas extras si la inflación se dispara. Hay sectores que ya están negociando o han pactado subidas mayores, como construcción (4+3+3=10% en 3 años), sector químico (1+2+2) o banca (+4,5% para 2023). Y CCOO ya ha dicho que están dispuestos a negociar “teniendo en cuenta la situación de cada sector o empresa”.

Un elemento clave es la subida del salario mínimo interprofesional, que debe aprobar el Gobierno pero que influirá en la futura negociación salarial. Ocho paises europeos ya han subido su salario mínimo para 2023, entre un 5 y un 19% de media, desde el 15% que lo ha subido Alemania (a 1.913 euros), el 10% Paises Bajos (a 1.897 euros) o el 5,6% de Francia (hasta 1.692 euros). En España, la propuesta del Comité de Expertos es subir el salario mínimo actual (1.000 euros mensuales en 14 pagas) entre un 4,6% (1.046 euros) y un 8,2% (1.082 euros). Los sindicatos quieren subirlo hasta 1.100 y la patronal no quiere que suba más del 4% (1.040), con lo que se espera una subida “salomónica” del Gobierno, hasta los 1.070 euros (+7%), que beneficiará a un 20% de los asalariados (unos 3,5 millones de trabajadores).

Este aumento del salario mínimo tendrá un “efecto arrastre” sobre todos los salarios, en especial sobre los más bajos. Algo importante porque en España, los salarios son muy bajos, un 21,3% por debajo de la media europea (se cobra 22,9 euros por hora trabajada, frente a 29,10 euros en la UE-27 y 37,2 euros por hora en Alemania). Y el salario mediano es de 1.430 euros netos, según el INE, con un 30% de los trabajadores (5 millones) ganando menos de 1.111 euros netos al mes. Un dato que contrasta con los sueldos de los altos directivos de muchas empresas españolas: acaba de publicarse que hay 211 directivos españoles de banca que ganan más de 1 millón de euros al año. Y que el directivo bancario europeo que más gana trabaja en el Banco Santander: ganó 14,6 millones en 2021… 

Cara a esta próxima negociación salarial de 2023, hay un elemento nuevo que puede ser decisivo: los economistas del FMI acaban de señalar que “se pueden subir los salarios sin que eso alimente la inflación”, lo que desmonta el viejo “mito económico” de que hay que contener las subidas salariales para frenar la inflación. Estos economistas han estudiado 79 periodos históricos, en 38 paises (incluida España) para analizar la relación salarios/precios en un contexto de inflación de costes (no de demanda) como el actual. Y concluyen que la subida de los salarios no provocó una espiral de inflación y que si hay subidas la inflación termina bajando. En definitiva, que “las espirales sostenidas de precios y salarios son poco comunes”. Y que se puede subir salarios sin alimentar la inflación. Y que la clave son las expectativas: que los agentes económicos no apuesten por más inflación, que no se preparen ante ella disparando márgenes o salarios.

Ahora, parece que “hemos tocado techo con la inflación”, según anunció en la Cumbre de Davos la economista jefe del FMI. Y la expectativa es que la inflación baje en 2023 (al 4,8% en España) y en 2024 (al 2,3%). Por eso, empresas y trabajadores deberían pactar subidas que compensaran esta inflación prevista y parte del poder adquisitivo perdido. Las empresas venden más y han recuperado sus beneficios de 2019 en muchos sectores, por lo que pueden hacerlo (las que siguen con problemas, evidentemente no). Y subir más los salarios no es sólo un deber de justicia (repartir el pastel entre empresas y trabajadores, además de reducir la tremenda desigualdad salarial) sino también una necesidad económica: hay que reanimar el consumo de las familias, uno de los motores del crecimiento, y eso exige mejorar sus ingresos, subir más los salarios. Es la mejor vacuna para evitar una recesión en 2023 y mantener las ventas y el empleo. Los empresarios deberían verlo claro: si los trabajadores no ganan más, no podrán gastar más y ellos ganarán menos.

Al final, se trata de pactar la salida de esta nueva crisis, repartiendo el crecimiento entre salarios y beneficios empresariales. Es lo que se llama “un pacto de rentas”. Algo tan viejo como la economía, como refleja este párrafo de Adam Smith, el padre del liberalismo económico, que lo escribió en 1776, en su libro “La riqueza de las naciones”: “Nuestros comerciantes e industriales se quejan mucho de los efectos perjudiciales de los salarios altos en el aumento del precio (…).Nada dicen de los efectos perjudiciales de los beneficios elevados. Guardan silencio sobre los efectos perniciosos de sus propias ganancias. Sólo se quejan de los efectos de las ganancias de otros”… Empresarios: ¡aplíquense el cuento!  

jueves, 19 de enero de 2023

FITUR 2023: el turismo roza el récord

Esta semana se celebra FITUR, la Feria del turismo, en medio de un generalizado optimismo por los datos de 2022: el sector ha recuperado la facturación y el empleo de 2019, antes de la pandemia. Y el turismo, tanto el nacional como el extranjero, “ha salvado la economía”, al aportar dos tercios de todo el crecimiento de España en 2022. Ahora, se espera que el turismo siga creciendo en 2023 y se superen el récord de turistas (83,7 millones) y de ingresos (92.278 millones de euros) de 2019, siendo otra vez el motor de la economía española. Todo ello apoyado en una recuperación del turismo español, europeo y, sobre todo, asiático y americano, aunque con el riesgo de unos precios altos y un euro más caro. Se trata de salir del bache de la pandemia y apuntalar el futuro de la primera industria española con los Fondos europeos (3.400 millones), consiguiendo un turismo sostenible de más calidad, que no solo busque sol y playa.

Enrique Ortega a partir de la publicidad institucional

El turismo se ha recuperado de la pandemia y la inflación en 2022. Lo reconoce con claridad la patronal turística Exceltur: “2022 marca la total recuperación de la actividad turística en España”. Y lo apoyan en unos datos contundentes. El PIB turístico, el valor de la actividad turística, alcanzó los 159.000 millones de euros en 2022, un 1,4% superior a 2019. Y eso ha permitido aumentar el empleo turístico (2,5 millones a finales de 2022), un +1,4% sobre el de 2019, un empleo que ahora es de más calidad, tras la reforma laboral (la tasa de temporalidad bajó del 30,4 % en febrero de 2022 al 8,8% de media anual, por la adopción generalizada de los contratos fijos discontinuos, de temporada). Y las empresas turísticas también han mejorado facturación y beneficios, a pesar del fuerte aumento de costes.

Esta importante mejoría del turismo le permitió ser el motor del crecimiento económico de España en 2022, aportando el 61% de todo el crecimiento del país, según Exceltur, aportando 1 de cada 8 euros producidos en España (el 12,2% del PIB). Y eso ha sido posible por los dos motores que tiran (a medias) del turismo: el turismo nacional y el extranjero. Los españoles se lanzaron a viajar, a partir de abril, aumentando de forma considerable el gasto y las pernoctaciones sobre las de 2019 (sobre todo en apartamentos, campings y turismo rural, aunque también en hoteles). Y también se recuperó en gran parte la llegada de extranjeros, sobre todo de Holanda (+13% pernoctaciones hoteleras que en 2019), Luxemburgo (+5,6%), Irlanda (+7,2%), Portugal (+5,9%), Francia (+0,6%) y México (+17,6%), mientras han caído las pernoctaciones de turistas del Reino Unido (-6,8% sobre las de 2019), Alemania (-12,4%), Italia (-12,9%), paises nórdicos (-24,9%) y EEUU (-8,5%).

Centrándonos en este mercado, el turismo extranjero, España recuperó en 2022 un 85% de los turistas récord que llegaron en 2019, según la estimación de la ministra Reyes Maroto: espera cerrar el año con 71,5 millones de turistas internacionales, el doble que en 2021 (31.129.393 turistas extranjeros) y cuatro veces los que llegaron en 2020, cuando estábamos medio cerrados por la pandemia (18.957.856), aunque todavía falta recuperar un 15% de turistas internacionales para llegar a los 83.701.011 turistas extranjeros que vinieron en 2019. De momento, con las estadísticas disponibles (enero-noviembre), han llegado 67,4 millones de visitantes extranjeros, el 85,14% de los que llegaron en los 11 primeros meses de 2019, según los datos de Frontur. Baja sobre 2019 el peso de los turistas británicos (21,3% del total), nórdicos (5,92%) y norteamericanos (3,88%), pero sube el porcentaje que representan ahora los turistas de Francia (13,98%), Alemania (13,80%), Italia (5,55%) y Holanda (5,54%). Y aumentan los que se dirigen a Baleares (19,38% frente al 16,34% que llegaban en 2019: es la única región que ha recuperado los extranjeros de antes de la pandemia), Canarias (16,47%), y la Comunidad Valenciana (12%), mientras pierden mercado Cataluña (20,74% de turistas ahora frente al 23,12% del total en 2019), Andalucía (14,05%) y Madrid (8,30%).

Otro dato importante es que ha aumentado el gasto turístico de los extranjeros en 2022: se espera cerrar el año con 87.100 millones de ingresos (van 81.821 millones hasta noviembre), según la ministra, lo que supondría acabar con un 94% del gasto turístico récord alcanzado en 2019 (92.278 millones de euros). Esta mejoría del gasto, mayor que la de los turistas, se debe a que está aumentando la estancia media de los turistas extranjeros (7,5 días de media en 2022 frente a 6,8 días en 2019) y se gastan más, cada día de estancia (165 euros frente a 161) y en el total de su viaje (1.241 euros frente a 1.086), lo que indica una mayor calidad del turismo que llega, además de la subida de los precios turísticos.

En 2022, con la mejora del turismo nacional y extranjero, el sector turístico ha aumentado ventas y beneficios, pero de una forma dispar, según Exceltur: los más beneficiados han sido los hoteles de sol y playa (aumentan su facturación un 7,2% sobre 2019) y los que menos los hoteles urbanos (+3,5%), empeorando todavía sus ventas (sobre 2019) las agencias de viajes (facturan un -15,5%), las compañías de transportes (-5,4%) y las empresas de alquiler de coches (-3,1% ventas sobre 2019). Las regiones que más se han beneficiado de la recuperación del turismo, en 2021 y 2022, son las zonas costeras y algunas de interior: las empresas turísticas ya facturan más que en 2019 en Baleares, Canarias, Andalucía, la España verde (Galicia, Asturias y Cantabria), Extremadura, Aragón y Castilla la Mancha. En resumen, que el negocio turístico se ha recuperado ya en toda España salvo en Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana, Murcia, País Vasco, Navarra y Castilla y León.

Ahora, en 2023, el sector confía en que “se consolide la recuperación turística”, en un año que “irá de menos a más”, según vaticina la patronal Exceltur, que espera que el turismo tome impulso a partir de primavera (la Semana Santa cae del 3 al 9 de abril). Y apuestan a que el PIB turístico vuelva a crecer, otro +5,9%, con lo que el turismo aportaría a la economía 11.649 millones más que antes de la pandemia (2019), siendo otro año más uno de los motores del crecimiento económico español, junto a las exportaciones, el consumo y los Fondos europeos. La patronal cree que este año, la mejoría turística se apreciará sobre todo en los hoteles urbanos, las empresas de transportes y los hoteles de vacaciones, mejorando sobre todo los destinos turísticos ligados al turismo extranjero, en especial Madrid y Barcelona (que superarán sus ventas de 2019), aunque esperan que sigan creciendo las ventas turísticas en las zonas de sol y playa, el turismo interior y la España verde.

Otros expertos coinciden en señalar a 2023 como el año de la recuperación definitiva del turismo en España, a pesar de las incertidumbres económicas. Un informe de CaixaBank apuesta también por un crecimiento del PIB turístico (+4%), situándolo por encima del de 2019, gracias a 2 factores positivos: la recuperación de la movilidad aérea en Europa (lastrada en 2022 por la saturación de los aeropuertos y la alta inflación) y la recuperación del turismo “de larga distancia”, tanto de EEU y Latinoamérica como de Asia (en especial China, Japón y Corea, los tres paises con mayor potencial, dado que sus viajes están un 70% por debajo a los de 2019). Eso sí, plantean 2 temores sobre 2023: que Europa crezca poco (sobre todo Reino Unido y Alemania, dos mercados claves) y el negativo efecto de la subida anual de los precios turísticos: +13,7% han subido los hoteles, +17,5% los vuelos internacionales y +12,2% los paquetes turísticos internacionales, según el INE.

Hay otro factor importante que afectará a la llegada del turismo extranjero en 2023: la cotización del euro. En 2022, la depreciación de la moneda europea (-6%) ayudó a la llegada de turistas de fuera de la zona euro, porque viajar les costaba un 6% menos. Ahora, con la subida de tipos, el euro se está recuperando (hoy cotiza a 1,0808 dólares y sube un +1% sobre el cierre de 2022) y los expertos creen que podría subir a 1,135 dólares en marzo y a 1,10 euros en agosto, lo que supondría un encarecimiento adicional de los hoteles y paquetes turísticos para visitantes de fuera de la Europa del euro. Y eso es más preocupante porque dos paises competidores, Turquía y Egipto, están devaluando sus monedas, lo que hace aún más baratas sus tarifas turísticas.

Aunque el sector turístico ve con optimismo 2023, insiste en pedir al Gobiernoque no baje la guardia” con las ayudas al sector implantadas en 2020, por la pandemia, en especial que mantenga el periodo de carencia para devolver los créditos ICO y el ERE que aún disfrutan las agencias de viaje y algunas empresas turísticas que no se han recuperado.  Además, Exceltur reitera su petición de que el Gobierno intervenga ante el imparable crecimiento de los pisos turísticos, que suponen una competencia desleal (muchos no están legalizados), encarecen los alquileres y agravan un sentimiento “anti turismo” en ciudades donde colapsan los centros urbanos. Según sus datos, en 2022, las plazas en apartamentos turísticos crecieron en 73.894 (un +35%), con un elevado incumplimiento de las normativas autonómicas y locales. Y ya hay, sólo en las 20 principales ciudades españolas, más de 862.000 plazas en apartamentos turísticos, 2,5 veces más de las que había en 2010 (346.921 plazas).

Pero la principal petición de los empresarios turísticos al Gobierno es que gaste de otra manera los Fondos europeos. Dentro del Plan de Recuperación se contempla un capítulo (el Componente 14) para el turismo, con el objetivo de “transformar y modernizar el sector turístico, aumentando su competitividad y resiliencia”. Son 3.400 millones a invertir entre 2021 y 2023 (el gasto puede hacerse hasta 2026), para intervenir en 4 ámbitos: conseguir una mayor sostenibilidad (medio ambiental, socioeconómica y territorial), la transformación digital de los destinos y empresas turísticas (para reducir su dependencia de los tour operadores extranjeros), conseguir una mayor resiliencia en regiones muy dependientes del turismo (en Baleares y Canarias, supone un 35% de la economía y hasta el 40% del empleo) y mejorar la competitividad del sector y su eficiencia energética. En conjunto, se espera que estos programas e inversiones creen 100.000 nuevos empleos turísticos.

El problema está a la hora de concretar el destino de estos Fondos europeos para el turismo. La opción que ha elegido el Gobierno, apoyado por la mayoría de autonomías y Ayuntamientos, es diversificar estas ayudas, que lleguen al mayor número de proyectos y localidades posibles. De hecho, ya se han repartido 860 millones en Planes de sostenibilidad turística, adjudicados a 1.489 Ayuntamientos, con una ayuda media de 600.000 euros. La patronal Exceltur defiende que lo mejor hubiera sido concentrar el grueso de los Fondos en los grandes municipios turísticos y se quejan de que, de los 20 grandes destinos, sólo han recibido Fondos 17 localidades, con una ayuda media de 7,2 millones, que consideran insuficientes para reconvertir  a fondo su vieja oferta de sol y playa. Y también se quejan de que el 97,4% de los empresarios turísticos no han accedido a ninguna financiación UE.

Realmente, los Fondos europeos son una gran oportunidad para reconvertir el turismo español, desde las instalaciones (algunas viejas) a la oferta turística, incluida una digitalización a fondo y un esfuerzo por la sostenibilidad territorial (ojo: hay 12 localidades españolas que reciben más de 1 millón de turistas al año) y medioambiental (el turismo es responsable del 9% de las emisiones de CO2), sin olvidar la falta de servicios, infraestructuras y agua. Además, ahora que el turismo se recupera, es hora de corregir el exceso de concentración del sector, tanto en verano (el 45% de los turistas llegan entre junio y septiembre), como en origen (el 87% de los turistas extranjeros proceden de Europa) como en destino (el 91% de los turistas extranjeros van a 6 autonomías: Cataluña, Baleares, Canarias, Andalucía, Comunidad Valenciana y Madrid, que se benefician en exclusiva del 93% del gasto que hacen los extranjeros en España).

Así que España debe apostar por un turismo más diversificado, tanto en fechas como en origen y destino, un turismo que no destroce los territorios y respete mejor el medio ambiente, que actualice y modernice su oferta y sea capaz de vender por Internet sin intermediarios, buscando no tanto la cantidad (los millones de turistas) como la calidad y el gasto. Todo esto debe incluirse en la Hoja Estratégica del Turismo para 2030, que está elaborando el Gobierno con el sector. Hay que remozar y modernizar nuestra primera industria, para que sea más competitiva y consolide su crecimiento y empleo, básicos para España. Y en paralelo, urge modernizar el resto de la economía, fomentando la industria, la agricultura, la tecnología y la innovación, los sectores con futuro, para que España sea “más que sol y playa”, para que no dependamos tanto del turismo para crecer y crear empleo. Diversificar.

lunes, 16 de enero de 2023

La brecha entre las 3 Españas no mejora

En plenas Navidades, Estadística (el INE) publicó unos datos que pasaron desapercibidos: el crecimiento por autonomías, que revela que unas siguen siendo más productivas (y más ricas) que otras, con lo que sigue la desigualdad regional. Y se mantienen las 3 Españas económicas: una España rica (País Vasco, Madrid , Navarra, Cataluña, Aragón y la Rioja), una España pobre (Andalucía, Canarias, Extremadura, Melilla, Castilla la Mancha, Murcia y Ceuta) y una España intermedia entre ambas. El problema es que esa brecha sigue igual desde 2008 y se ha agravado en 2021 y 2022, por la pandemia y la inflación. Pero lo peor es que las 3 Españas siguen ahí desde hace siglo y medio, según los estudios. Hay que aprovechar el Plan de recuperación y los Fondos UE, más los impuestos y un nuevo sistema de financiación autonómica, para corregir estos graves desequilibrios regionales. Conseguir que no haya españoles de 1ª, de 2ª y de 3ª clase, según donde vivan. Un reto histórico.

Enrique Ortega

España volvió a crecer en 2022, algo más del 5%, casi como en 2021 (+5,5%), aunque todavía no se ha superado el bache de la pandemia (la economía cayó un -11,3% en 2020), que podría lograrse a finales de 2023, siempre que no haya recesión y se crezca al menos el 1%. Pero esta recuperación va a ser desigual por regiones, ya que también lo fue la recesión por la pandemia: en 2020, la economía se desplomó especialmente en Baleares (-23,2% cayó su PIB ) y Canarias (-19,1%), por la drástica caída del turismo, y en Cataluña (-12,3%), Madrid (-11%), Comunidad Valenciana (-10,9%) y el País Vasco (-10,7%), por la caída de los servicios, el turismo y parte de la industria. En 2021, según los últimos datos publicados, las autonomías que más crecieron fueron las que más habían caído (+10,7% creció Baleares y +7% Canarias), pero no es suficiente y todo apunta a que, aunque han crecido en 2022 (aún sin datos), tardarán un año más en recuperarse de la pandemia, hasta 2024, como quizás también Cataluña, Madrid, Asturias, Extremadura, Andalucía, Ceuta y Melilla.

La pandemia y la inflación han agravado un problema que ya teníamos, el desigual crecimiento económico por regiones. El último dato publicado por el INE en diciembre, sobre el crecimiento del PIB por autonomías en 2021 lo refleja ya. Hay 6 regiones más productivas, la España rica, porque producen más por habitante (PIB por habitante) que la media española (25.498 euros por habitante en 2021): Madrid (34.821 euros por habitante, un 36,6% por encima de la media), País Vasco (32.926 euros), Navarra (31.024 euros), Cataluña (29.942 euros), Aragón (28.912 euros) y La Rioja (27.279 euros). Lo preocupante es que son las mismas que antes de la pandemia, salvo Baleares, que se ha caído en 2021 de esta lista de regiones más productivas. Y lo peor es que son casi las mismas que a principios de siglo, en 2000, donde también estaba Baleares (era la 3ª más productiva, tras Navarra y Madrid, y pasó a la 6ª en 2019 y a la 9ª en 2019).

En el otro extremo están las 7 regiones menos productivas, y por tanto la España pobre,  según su PIB por habitante en 2021: Andalucía (18.906 euros por habitante, casi la mitad que Madrid y un 25,9% por debajo de la media española), Canarias (18.99º euros), Melilla (19.266 euros), Castilla la Mancha (20.655 euros), Murcia (21.236) y Ceuta (21.244 euros). Son las mismas que antes de la pandemia (2019), aunque cambia el orden: Andalucía es ahora la peor cuando entonces producían menos que ella Melilla y Ceuta. Y lo peor es que estas regiones menos productivas y más pobres son casi las mismas que en el año 2.000, con algunos cambios: entonces estaban en el pelotón de cola Galicia y Asturias (que hoy están en la España intermedia) y no estaban entre las pobres Canarias, Ceuta y Melilla, que entraron en este grupo menos productivo en 2008.

Entre medias, hay 6 regiones que forman la España intermedia, porque su PIB por habitante (2021) está a caballo entre la productividad de la España rica y la pobre, pudiendo subir o bajar en el futuro: Baleares (24.866 euros por habitante, ligeramente por debajo de los 25.498 euros de la media nacional), Castilla y León (24.428), Cantabria (23.730), Galicia (23.349), Asturias (23.235) y la Comunidad Valenciana (22.289 euros). Son prácticamente las mismas regiones intermedias que en 2008 y en el año 2.000, con la excepción ya señalada de Baleares, que entonces estaba entre las más ricas y ahora ha bajado al escalón intermedio, y la mejoría clara de Galicia y Asturias, que pasan de las más pobres al grupo medio.

De hecho, Galicia es la región  española donde más ha crecido el PIB per cápita real entre 2000 y 2021 (un +26%, descontando la inflación), según el INE. Y le siguen en la mejoría Extremadura (+25% de aumento PIB real), Asturias (+16), Aragón (+15%), Castilla y León (+13%), País Vasco (+12%), Castilla la Mancha y Madrid (+9%), las únicas 8 regiones que han crecido en este siglo por encima de la media española (+6% entre 2000 y 2021). Las demás han crecido menos y hay 3 regiones cuya productividad (PIB por habitante) ha caído respecto al año 2000: Canarias (-19%), Baleares (-17%) y la Comunidad Valenciana (-2%), lo que habla mucho de los riesgos de vivir del turismo.

Un dato preocupante es que la brecha entre las regiones más productivas (más ricas) y las menos eficientes (más pobres) se ha mantenido elevada todo este siglo, al margen del boom inmobiliario, la crisis financiera, la recuperación posterior y las crisis de la pandemia y la inflación. Así, en el año 2000, Madrid producía más del doble que Extremadura por habitante (21.333 frente a 10.145, 2,10 veces más). En 2008, la brecha bajó a 1,93 veces, pero en 2013 (el peor año de la crisis) subió a 1,97 veces. Y en 2019 a pesar de los 6 años de recuperación, la brecha seguía alta, en 1,84 veces (35.913 euros que producía cada madrileño por 19.454 cada extremeño). Y en 2021, la brecha con Extremadura baja algo  (1,82 veces), pero se mantiene con el último de la lista ahora, Andalucía: 1,84 veces.

Pero hay algo más llamativo: esta brecha entre regiones más o menos productivas se arrastra desde hace siglo y medio, según el libro “La desigualdad regional en España 1860-2015”, escrito por tres catedráticos universitarios (Díez Minguela, Martínez-Galarraga y Tirado). Ahí documentan que la desigualdad regional aumentó entre 1860 y 1910, se redujo después entre 1910 y 1950, volvió a bajar entre 1960 y 1985 y lleva siendo elevada desde 1986, a raíz de la entrada de España en Europa, debido a que una economía más abierta ha agravado las diferencias regionales, al competir mejor unas autonomías que otras.

La España rica, pobre e intermedia tiene mucho que ver con la estructura económica de cada región (más o menos industria, más o menos servicios y el tipo de agricultura), su población (poca o mucha y nivel de envejecimiento), la educación y formación de sus trabajadores, el nivel tecnológico, la mayor o menor inversión pública o privada, las infraestructuras disponibles o el peso de la exportación. Y en el caso de Madrid, el factor “capitalidad”, que aporta un “crecimiento extra” porque las instituciones públicas y ser la capital del país atrae empresas, inversiones, población y talento, según este estudio del IVIE. Por todo ello hay regiones más o menos productivas, aunque el factor que más ha jugado en este siglo para explicar la brecha regional es la desigual creación de empleo.

Hasta aquí el primer concepto, las 3 Españas según la mayor o menor productividad de las regiones, que produzcan más o menos por habitante. Pero luego entran en juego “los contrapesos”, mecanismos que intervienen para que esas regiones tengan más o menos renta. En principio, las regiones más productivas son también las más ricas, pero hay factores de corrección de esa brecha económica: las transferencias públicas (pensiones, desempleo, ayudas a la Dependencia), subvenciones y prestaciones sociales, el gasto público en sanidad y educación, las inversiones públicas, impuestos y la financiación autonómica. Y dentro de estas “medidas correctoras” destacan las ayudas europeas, que buscan corregir los desequilibrios regionales y que han sido ingentes (España ha recibido 176.000 millones de Fondos estructurales europeos entre 1989 y 2020, muchos para las regiones).

Todas estas medidas públicas, españolas y europeas, deberían haber servido para corregir la brecha económica entre las regiones, sumando más ingresos a las autonomías más pobres. Pero no ha sido así, como se ve en el último dato de la renta por habitante, los ingresos por persona visto lo que produce y sumando lo que le aporta la acción pública, vía transferencias, ayudas, subvenciones, inversiones, impuestos y financiación. Con los datos de  2020, recién publicados por el INE, seguimos teniendo 3 Españas por nivel de renta.

La España rica son las 9 regiones que tienen una renta disponible de los hogares (per cápita) superior a la media de España (15.817 euros en 2020): País Vasco (20.479 euros, un 22,77% más que el conjunto de españoles), Madrid (19.470 euros), Navarra (17.895 euros), Cataluña (17.723 euros), Aragón (17.160 euros), Asturias (16.712 euros), la Rioja, Castilla y León (16.277 euros) y Cantabria (15.919). Si recuerdan, son las mismas 6 regiones más productivas (con más PIB por habitante), donde el País Vasco supera a Madrid (por los mayores ingresos fiscales derivados del cupo vasco), a los que se suman, como autonomías “más ricas”, Asturias, Castilla y León y Cantabria, gracias a que son tres regiones muy envejecidas y les ayuda mucho los ingresos que reciben por pensiones, ayudas y subvenciones. Aquí, en estas tres regiones, las políticas públicas sí les han ayudado a reducir la brecha.

En el otro extremo, la España pobre, vemos a las mismas 7 regiones que son las menos productivas y tienen también menos renta por habitante: Canarias (12.410 euros de renta disponible per cápita, el 40% menos que en Euskadi), Melilla (12.793 euros), Andalucía (12.844 euros), Extremadura (12.908 euros), Murcia (13.391), Castilla la Mancha (13.647 euros) y Ceuta (13.914 euros), según el INE. Las más pobres vuelven a ser las menos productivas, sin ajustes ni “correcciones” de las políticas públicas, que sólo sirven para “salvar relativamente” a Andalucía (que de ser la región menos productiva pasa a ser la 3ª más pobre) y Extremadura (que es la 4ª más pobre aunque fuera la 3ª menos productiva).

Y en el tercer bloque, la España intermedia por renta, se queda Galicia (15.157 euros por habitante), Baleares (14.913 euros) y la Comunidad Valenciana (14.336 euros), que podrían pasar al grupo de regiones más ricas si les funcionaran mejor las políticas públicas (y un nuevo sistema de financiación autonómica), como les ha pasado a Asturias, Castilla y León Y Cantabria. Quien peor lo tiene es Baleares, cuya renta por habitante se ha desplomado con la pandemia y la crisis del turismo, lo mismo que la Comunidad Valenciana.

También aquí, en la renta por habitante, la brecha entre regiones viene de lejos y ha mejorado poco en 50 años. En 1977, la renta de un habitante de Baleares (la región más rica de España) era 1,81 veces la de un extremeño, según un informe de la Fundación Alternativas. En el 2000, tras el fuerte crecimiento español,  la renta de Aragón (líder ese año) era 1,53 veces la de un andaluz. En 2008, al inicio de la crisis financiera, la renta de un vasco era 1,65 veces la de un extremeño y esa brecha llegó a 1,69 veces en 2013 (el peor año de la crisis). En 2018, a pesar de la recuperación, la renta de un vasco era 1,78 veces la de un extremeño, la mayor brecha en este siglo. Mejoró algo en 2019 (baja a 1,64 veces), pero ha vuelto a subir en 2020, donde la renta de un vaso es 1,65 veces la de un canario, la misma brecha de renta que teníamos en 2008… Y todo apunta a que cuando se publiquen los datos de renta regional de 2021 y 2022, con la pandemia y la inflación, la brecha de renta aumentará.

¿Qué se puede hacer? Lo primero, gastar e invertir pensando en corregir estos desequilibrios regionales, tanto los Presupuestos como los Fondos europeos, esos 140.000 millones de euros que van a llegar hasta 2026. El objetivo es regionalizar la mitad de estos Fondos UE, pero la otra mitad, la que gestione el Estado, debería  invertirse con el objetivo de reconducir el crecimiento y el empleo de las regiones más pobres. Una segunda medida es planificar las inversiones públicas e infraestructuras para fomentar la inversión e instalación de empresas en la España más atrasada, que no debe vivir sólo del turismo, la agricultura o las pensiones. Y aquí resulta eficaz descentralizar los organismos públicos, como se ha hecho eligiendo a Sevilla sede de la Agencia Espacial Europea. Un tercer frente de actuación es la fiscalidad, homogeneizando impuestos y evitando “paraísos fiscales” (Madrid). Y urge aprobar un nuevo sistema de financiación autonómica (pendiente desde 2014), porque el actual beneficia claramente al País Vasco y Navarra (reciben un 80% más por habitante que el resto, según la Fundación Alternativas), así como a Cantabria, la Rioja, Extremadura, Asturias, Aragón y Castilla y León, curiosamente a 6 de las 9 regiones españolas con más renta…

Al final, se trata de afrontar de una vez un problema que arrastramos desde hace siglo y medio, conseguir crecer de una forma menos desigual y repartir mejor la actividad económica, la inversión y el empleo entre regiones. Tardaremos décadas en lograrlo, pero hay que preparar las inversiones, la educación y las infraestructuras para conseguirlo. Que no haya españoles de 1ª, de 2ª y de 3ª clase, según donde vivan. Es uno de nuestros grandes retos.