lunes, 9 de junio de 2014

Reactivación, no: vienen más ajustes


El Gobierno, tras perder 2,5 millones de votos en las europeas, quiere dar un mensaje positivo con un Plan de reactivación que es un bluff : poco dinero y sólo 175 millones nuevos, para comprar coches. Pura propaganda. Y mientras, nos esconden dos hechos. Uno, que han exigido un Plan de ajuste para este año a 6 autonomías que incumplieron el déficit en 2013: Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha, Murcia, Aragón y Navarra. Y otro ajuste a 361 grandes Ayuntamientos donde viven 1,5 millones de españoles. Y por si fuera poco, Bruselas acaba de recordarnos que sin más ajustes no cumpliremos el déficit de 2015, con lo que exige a Rajoy que suba el IVA y otros impuestos y recorte más gastos. O sea, que en vez de reanimar la economía, nos esperan más recortes, este año y el próximo. Más de lo mismo, mientras el BCE aprueba medidas largamente esperadas para reanimar el crédito. Y cuando el 86,5% de españoles ven la situación económica “mala” o “muy mala”.
 
enrique ortega

Frente a la propaganda de la reactivación, empecemos por los ajustes que vienen. Primer hecho: Hacienda envió el 13 de mayo una carta a 6 autonomías que habían incumplido el déficit en 2013 para que en el plazo de un mes (esta semana) enviaran al Gobierno un Plan de ajuste de sus cuentas para este año 2014 y para 2015, detallando los gastos que iban a recortar y los ingresos extras que iban a conseguir. Los mayores ajustes los tendrá que hacer Murcia (1,58% de su PIB, 421 millones), seguida de Castilla la Mancha (0,83% PIB, 300 millones), Aragón (0,76% PIB, 247,3 millones), Comunidad Valenciana (0,73% PIB, 712,6 millones), Cataluña (0,38% PIB, 731,6 millones) y Navarra (0,35% PIB, 62,1 millones). En total, un ajuste extra de 2.474,7 millones de euros para hacer este año y que afecta a 18 millones de españoles y casi al 40% de nuestra economía.

Pero además de este ajuste extra para 6 autonomías, las 17 tendrán que hacer otro ajuste este año, para reducir su déficit del 1,53% del PIB en 2013 al 1% que tienen de tope en 2014. Son otros 5.300 millones de ajuste, que ya están en marcha en sus Presupuestos 2014. En total, casi 8.800 millones de ajuste autonómico en 2014, que sólo pueden salir por dos vías: recortando gastos y subiendo impuestos. De hecho, todas las autonomías se han visto obligadas a recortar sus gastos corrientes, a seguir reduciendo plantillas de interinos, a no invertir en instalaciones y a recortar más en educación, sanidad y gastos sociales, que son el 60% de sus Presupuestos. Y han subido los impuestos de sucesiones (herencias) y donaciones, el patrimonio, los del juego, tasas y vendido edificios.

El ajuste no se queda en las autonomías. Segundo hecho: Hacienda ha ofrecido a 361 grandes Ayuntamientos que están asfixiados y no pueden devolver los 4.574 millones que les prestaron, un balón de oxígeno: 2 años más para empezar a pagar  y 10 años más para devolverlos (ahora, en 20 años). A cambio, tendrán que enviar un Plan de ajuste, donde detallen los recortes y la subida de tasas para sostener los servicios municipales. Y la mayoría tendrá que pasar por el aro. Son grandes Ayuntamientos, como Alicante, Jaén, Marbella, Fuenlabrada, Torrevieja, Sanlúcar, Vélez-Málaga, Tortosa, Almendralejo, Villarreal Crevillent, Loja, Porriño o Xixona, más algunas Diputaciones, como Granada, Cáceres o La Gomera. En total, casi 1,5 millones de habitantes a sumar a los de otros 373 Ayuntamientos que ya se han acogido a Planes de ayuda a cambio de ajustes duros que pagan sus vecinos.

Y queda el tercer hecho, que de momento es una exigencia: la Comisión Europea acaba de reiterar, por enésima vez, que España no va a poder cumplir el objetivo de déficit en 2015: será del 6,1% del PIB, en vez del 4,2% que dice el Gobierno. Y por ello, exige al Gobierno que tome medidas para corregirlo. O sea, otro ajuste más, de 20.000 millones extras para el Presupuesto 2015, que se presenta en septiembre. Bruselas le dice a Rajoy que no puede bajar impuestos, como promete, sino subirlos: recomienda subir el IVA (cobrando el 21% a productos que hoy pagan el 10%, como alimentos y el turismo), subir los impuestos a los carburantes (son de los más bajos de Europa), al alcohol y al tabaco, crear impuestos medioambientales, subir los impuestos a la vivienda (el IBI) y reducir las deducciones a empresas (sociedades) y ciudadanos (quitar la deducción por vivienda en el IRPF, con efecto retroactivo). Además, proponen seguir con los recortes en sanidad (gasto farmacéutico en hospitales), pensiones y desempleo, exigiendo a Rajoy “realizar antes de febrero de 2015 una reducción sistemática del gasto en todos los niveles de la Administración”.

Los deseos de Bruselas son órdenes, aunque Rajoy dice que no subirá el IVA. Pero algo tendrá que hacer, porque ya le han dicho varias veces que no puede bajar impuestos y que tiene que seguir con los recortes y la subida de impuestos, no sólo en 2015 (año electoral) sino en 2016: Bruselas exige otro ajuste de 14.000 millones más, para bajar el déficit al 2,8%.

Así que hay tres ajustes en el horizonte inmediato, a nivel autonómico, municipal y estatal, para lo que queda de 2014 y en 2015 y 2016. Más recortes de gastos, que pondrán al límite el Estado del Bienestar, y más subidas de impuestos, aunque se quieran camuflar con algunas bajadas. Y estos nuevos ajustes van a frenar de nuevo la recuperación, reduciendo el consumo, las ventas y la inversión, debilitando el crecimiento y el empleo, como ha pasado desde 2010. Un suicidio económico que no se puede enmascarar con un Plan de reactivación para la galería que es un bluff: el Gobierno sólo aporta 3.630 millones para reindustrialización e inversiones (más 4.400 millones en créditos), pero no es dinero nuevo, sino fondos europeos y Planes que estaban ahí y se presentan juntos de otra manera, para que haga bonito. Sólo hay 175 millones nuevos, del Plan PIVE 6, para subvencionar la compra de coches. Demasiado poco para reanimar una economía estancada (crecemos el 0,4%) y amenazada por próximos recortes.
Bruselas y los políticos europeos, que también perdieron votos el 25-M, han presionado al BCE para que les saque las castañas del fuego y apruebe medidas para reactivar la economía europea, que apenas crece. Y Draghi ha sacado toda su artillería, con tres medidas que llevaba 8 meses retrasando: rebaja del precio oficial del dinero al 0,15% (más testimonial que efectiva), penalizar el dinero que los bancos depositan  en el BCE y no mueven (cobrándoles el 0,1%) y, sobre todo, prestar 400.000 millones a los bancos europeos para que den créditos a empresas y particulares (no para hipotecas), a partir de septiembre. Esta futura liquidez debería bajarle los humos al euro (todavía por encima de 1,36 euros/dólar), lo que ayudaría mucho a las exportaciones y al turismo español. Y debería aumentar los precios en Europa, alejando el problema de la baja inflación, más grave para España y la Europa del sur, porque desalienta el consumo, la inversión y el empleo, además de encarecer el pago de la deuda.

Las medidas del BCE deben ayudar a un mayor crecimiento de Europa y España, pero aún son insuficientes. Porque  para que el sur de Europa se reanime y sus empresas pidan créditos y creen empleo hace falta reanimar el consumo y la economía, además de ayudar a los países y empresas a pagar sus deudas (con eurobonos y quitas). Pero ni Bruselas ni Merkel (que defienden a los bancos acreedores) quieren mutualizar y reducir la deuda ni aprobar un Plan Marshall europeo para reactivar las economías, con inversiones de 250.000 millones anuales durante 10 años, como proponen los sindicatos.

Las elecciones europeas han sido un aviso, pero la derecha y los fundamentalistas del déficit  siguen en el poder en Bruselas y en Madrid y no parece que nada vaya a cambiar, salvo Planes y medidas de reactivación para la galería, mientras siguen dictando planes de ajuste para la Europa del sur, dificultando su recuperación. Hace falta un cambio real de política económica, en Europa y más en España, porque tenemos más del doble de paro. Hay que hacer un Plan de reactivación de verdad, con recursos suficientes que han de salir de una mayor recaudación, haciendo que paguen impuestos las grandes empresas (sólo pagan un 4% de sus beneficios), las multinacionales y los más ricos. Un Plan que ha de centrarse en fomentar la inversión en la industria, la tecnología y la formación de empleados y parados, a la vez que suben los salarios en los sectores con beneficios, para aumentar el consumo (no es de recibo, por ejemplo, que los hoteleros de Baleares, con récord de turistas, ofrezcan a sus trabajadores salarios congelados para los próximos 4 años: así no hay recuperación posible). Y un Plan con ayudas de urgencia para los que más sufren la crisis: pobres, parados y familias.

La economía sigue con un pulso débil y un 86,5% de españoles ven la situación económica como “mala” o “muy mala”, según el Barómetro del CIS (mayo), por mucho que hagan propaganda de la recuperación y del empleo (escaso y precario). España necesita crecer mucho más y crear mucho más empleo estable. Así no se consigue, incluso con la gran ayuda de las últimas medidas del BCE. Y menos con los ajustes que vienen. El problema es que siguen mandando los mismos, aunque con menos votos. Y se empecinan en su política de ajustes, con pequeños retoques de cara a la galería, esperando ganar tiempo y que la economía mejore para las elecciones de 2015, aprovechando que la oposición está hundida y dividida. Así, con estas políticas, nos costará el doble salir de la crisis. Y muchos se quedarán por el camino.   

jueves, 5 de junio de 2014

La mitad de los parados, sin salida


En mayo ha vuelto a crearse empleo, como en abril. Y la EPA del segundo trimestre puede ser  la primera en crear empleo neto. Pero se crea empleo muy precario (91,4 %temporal y por horas), inestable (el 85%, camareros, autónomos y profesores) y escaso: hay 110 parados por cada oferta de trabajo, cinco veces más que en Europa. Y casi dos tercios de los parados llevan más de un año desempleados (1 de cada 5 llevan más de 3 años), con lo que tienen muy difícil conseguir  trabajo. Además, la mitad de estos parados de larga duración tienen poca formación y así tienen doblemente difícil trabajar. Por eso, muchos parados, sobre todo mujeres y  mayores de 50 años (el 20% de los parados, 1,2 millones) ya ni buscan empleo: son los desanimados, casi medio millón de parados ni-ni-ni: ni trabajan, ni buscan trabajo ni se pueden jubilar. Y la mayoría no cobra el paro. Hace falta un Plan de empleo urgente, con formación y políticas de recolocación, para darles una salida.
 
enrique ortega

Esta primavera, podría estarse creando empleo neto en España, como el año pasado. Tras las mejoras del empleo en abril (Semana Santa) y mayo, la EPA del segundo trimestre podría traer una creación de empleo neto de 200.000 personas, según Asempleo, tras haberse perdido 184.600 en el primer trimestre. Y luego mejorar algo más en el verano, para enfriarse el empleo en el último trimestre y cerrar el año con más ocupados que empezó, por primera vez desde 2007. Con todo, el propio Gobierno prevé en su cuadro macroeconómico crear sólo 102.800 empleos netos este año y otros 206.800 empleos en 2015, frente a los 1.017.800 empleos ya perdidos entre 2012 y 2013. Un saldo negativo de -708.200 empleos para Rajoy.

El problema ya no es sólo que el empleo que se está creando es muy precario (la mayoría 91,4%, temporal, a tiempo parcial, 33%, y muy mal pagado) sino que resulta muy escaso para la enorme bolsa de parados: 5.933.300 en la EPA de marzo), el 26% de los españoles en edad de trabajar, más del doble que en Europa (10,5%). Y así resulta que por cada oferta de trabajo hay 110 parados en España, mientras en Europa son 12,3 parados por vacante (2 en Alemania y 4 en Reino Unido), según datos de Asempleo. Antes de la crisis había 17,5 parados por cada empleo disponible. Además, es un empleo muy inestable: más de la mitad del empleo creado en 2014 (270.733 nuevos afiliados a la SS) ha sido en la hostelería (154.122 contratos, la mayoría de temporada), un 18% (49.891) son autónomos (muchos, parados que han montado un negocio difícil de mantener) y otro 10% (26.992) son profesores que pueden quedarse sin trabajo al acabar el curso. Y sólo se han creado 10.008 contratos en el transporte, 10.500 en la construcción y 5.740 en la industria.

Hay poco empleo (temporal e inestable) y muchos parados buscando, con lo que cada día muchos desempleados tiran la toalla y dejan de buscar trabajo. Así, los españoles activos (que trabajan o buscan trabajo) han bajado del 60% (59,46%) y hay medio millón de personas menos buscando trabajo que a principios de 2011. La caída de activos se explica porque hay muchos extranjeros y españoles que han emigrado (750.000 en los últimos tres años), porque han aumentado las jubilaciones, debido al envejecimiento de la población (de 288.172 en 2010 a 314.204 en 2013 y se esperan 340.000 en 2014), porque hay muchos jóvenes que vuelven a estudiar (45.000 más en el último año, aunque ha disminuido la población menor de 25 años) y, sobre todo, porque hay parados que dejan de buscar, los “desanimados”: 483.600 en 2014.

Los parados “desanimados”, que ya ni buscan trabajo, han crecido un 21% desde 2011 (eran 398.800). El 70% son mujeres y la mayoría tienen más de 55 años (195.700, el 40% del total), precisamente los parados que tienen más difícil encontrar trabajo. De hecho, tener más de 45 años ya es un hándicap para optar a un empleo, según reconocen los expertos en recursos humanos. Y en España, uno de cada tres parados tiene más de 45 años (1.905.900, el 32,12% del total). Si subimos el listón a los 50 años y más, todavía quedan un 20% de los parados (1.179.800). Muchos de ellos son ni-ni-ni: ni trabajan, ni buscan trabajo ni se pueden jubilar. El Gobierno Rajoy les ha penalizado la jubilación anticipada, desde el 1 de abril de 2013: tienen que tener 35 años cotizados (antes 30) y pierden hasta un 8% por año que adelanten su jubilación, que han de esperar hasta los 63 (y más si han cotizado menos de 40 años). Y también desde abril de 2013, los parados mayores de 55 años (602.600) no pueden cobrar el paro asistencial (426 euros al mes) si tienen ingresos (aunque sean mínimos: +967 euros al mes) su mujer o un hijo menor de 26 años.

Los desanimados rebajan la cifra de paro real, que rondaría los 6,5 millones si no hubieran tirado la toalla, algunos para siempre. Otro colectivo que tiene difícil optar a un empleo de los que ahora se creen son los parados de larga duración, los que llevan más de un año sin trabajar: 3.657.600 parados, casi dos de cada tres parados (el 61,6% del total), más del triple que en 2012 (1.041.500). De ellos, 2.419.400 llevan parados más de 2 años y 1.275.700 más de 3 años (1 de cada 5 parados), según el INE. Estos parados tienen muy difícil optar ahora a un empleo, ya que, según la OIT, cuanto más tiempo lleven en desempleo menos posibilidades tienen de encontrar trabajo: sólo un 11,7% después de dos años.

España es el país de la OCDE donde más ha crecido el paro de larga duración con la crisis: se ha multiplicado por 10 desde 2007, mientras en Irlanda se multiplicaba por 4,5, en Grecia por 3,5 y en EEUU por 3,2. El paro de larga duración se concentra entre padres de familia de 30 a 44 años (40% del total), seguidos de los mayores de 45 años (35%) y jóvenes (25%). Y lo más preocupante es que casi la mitad de estos “parados con antigüedad” tienen poca formación (muchos proceden de la construcción y los servicios): 1,7 millones de los parados que llevan más de un año sin trabajar no tienen la secundaria acabada.

Los parados de larga duración tienen otro problema, además de su baja formación y la dificultar para emplearse: la mayoría ya no cobra el desempleo. De hecho, la cobertura del subsidio ha bajado a mínimos históricos con Rajoy: en abril de 2014, sólo 2.561.238 parados, el 43% de los parados EPA, cobraban algún subsidio: menos de la mitad (1.056.223) el subsidio contributivo (815 euros al mes) y la mayoría restante el asistencial (426 euros para 1.121.658 parados) o la renta de inserción (400 euros para 259.139 parados). El drama es pues que el 57% de los parados EPA (3.372.062 desempleados) no cobra ninguna ayuda. Y sobreviven en la pobreza (1 de cada 5 hogares españoles), gracias a la familia o a chapuzas en la economía sumergida.

En definitiva, que más de la mitad de los parados tienen pocas posibilidades de aspirar a uno de los pocos empleos que se creen, por su edad, su baja formación o lo mucho que llevan sin trabajar. No tienen salida y muchos tiran la toalla una vez que ni cobran el paro. Es urgente poner en marcha un Plan de recolocación de los parados, asentado en dos patas: la formación y políticas activas de recolocación, para que aprovechen el poco empleo que se cree. Y a los parados mayores de 55 años, facilitarles un subsidio de desempleo ligado a una jubilación anticipada más accesible.

Lo primero es mejorar su formación, sobre todo en los parados de más de 45 años: casi dos de cada tres (el 60,79%) no llegó a terminar la secundaria (y entre los mayores de 55 años, un 72,5%). Hace falta poner en marcha cursos de reciclaje para todos, ligados a la formación que piden las empresas. Y para eso, en vez de los recortes en la formación aplicados por el Gobierno Rajoy (-25% sobre 2009), hay que gastar más y mejor (sin corruptelas). Lo segundo es poner en marcha políticas de recolocación de los parados con más problemas: mujeres, mayores de 45 años y jóvenes sin experiencia. Eso requiere incentivos a su contratación (como acaba de pedir el FMI al Gobierno) y reformar el SEPE de una vez, como piden Bruselas y el FMI, porque sólo consigue empleo a un 2% de los parados. Hay que poner en marcha la participación de las ETT privadas y poner más personal a ayudar a los parados a recolocarse: hay un funcionario por cada 190 parados en España, frente a 1 por 59 en Europa.

Si se crea empleo, bienvenido sea siempre que no se deje fuera a más de la mitad de los parados. Hay que darles una salida, poner los medios y ayudarles para que salgan del agujero, para que puedan aprovechar la incipiente recuperación. Si no, la crisis nos dejará una generación perdida y sin futuro. Un drama para millones de españoles.

lunes, 2 de junio de 2014

Ahora quieren reindustrializar España


El ministro Soria acaba de decir que “necesitamos reindustrializar España”. A buenas horas, después de dos años y medio de recortes del Gobierno en la política industrial y en las ayudas a la investigación (I+D+i), a la educación y formación, a la internacionalización de las empresas, tres elementos claves para apoyar la industria. Pero más vale tarde que nunca, aunque hay que pasar de las palabras a los hechos: pactar con empresas y sindicatos un Plan para reindustrializar España, que recorte los costes energéticos y financieros, apoye la formación, consiga empresas más grandes y más volcadas en la exportación y fomente la investigación, para crear productos “made in Spain” competitivos no sólo en precio (a costa de hundir los salarios) sino en innovación y calidad. Recuperar la industria, perdida con el boom del ladrillo y los servicios, es esencial para asegurar más empleo de calidad. Sin industria no hay futuro.
 
enrique ortega

Recuperar la industria es una asignatura pendiente en toda Europa, donde ha perdido fuelle en las dos últimas décadas frente a Norteamérica y Asia. En concreto, sólo tres países europeos están en el ranking de los diez países más industrializados (2012): Alemania (4º, tras China, EEUU y Japón), Italia (6º, tras Corea) y Francia (10º, tras Rusia, Brasil e India). El siguiente es Reino Unido (ya en el puesto 11º) y España está relegado al puesto 15º (estábamos en el 9º en 1980).El objetivo de la cesante Comisión Europea es poner en marcha un Plan para reindustrializar el continente y que la industria aporte el 20% del PIB en 2020 (16% en 2013). Pero la última Cumbre europea de marzo no aprobó este Plan, porque Ucrania trastocó la agenda, y ahora queda ver cómo se concreta y de dónde sale el dinero.

España está aún peor que la media europea, ya que la industria sólo aportó el 12,22% del PIB en 2013 (15,92% con la energía), según el INE. Con la crisis (2008-2012), han desaparecido 1 de cada 5 industrias (31,292 empresas industriales han caído, un 14% del total de empresas cerradas), se han perdido 1 de cada 4 empleos industriales (-895.500 ocupados) y ha caído casi una cuarta parte (-23%) la producción industrial. Pero la última gran recesión  ha sido sólo la puntilla a una crisis industrial que viene de mucho antes, que se gestó a partir de la reconversión industrial de los ochenta y el boom del ladrillo de los noventa. Así, la industria (con la energía) pasó de representar más de un tercio de la economía (38,87% del PIB en 1972) a la quinta parte en 1997 (20,3%) y caer a un mínimo del 14,36% en 2009, para recuperarse muy ligeramente hasta ese 15,92% de 2013.

El Gobierno Rajoy dice ahora que “necesitamos reindustrializar España”, pero lleva dos años y medio aprobando recortes que han hundido más a la industria, mientras aplicaba la máxima liberal de que “la mejor política industrial es la que no existe”. Por un lado, han recortado drásticamente el Presupuesto de la política industrial (-26,5% entre 2012 y 2014). Por otro, han aplicado la tijera en tres frentes que afectan mucho a la industria. El primero, los fondos públicos para investigación (I+D+i), que han bajado de 9.773 millones en 2009 a 6.146 en 2014 (-37,1%) y encima casi la mitad del Presupuesto no se ha gastado cada año. El segundo, los recortes en educación (-4.901 millones entre 2012 y 2014) y en formación a empleados y parados (1.815 millones en 2014,-25% sobre 2009). Y el tercero, el recorte a las ayudas para internacionalización de empresas (100 millones) y al ICEX (han reducido un tercio su Presupuesto).

A pesar de estos recortes, nunca es tarde si de verdad quieren ahora apoyar a la industria. Pero su objetivo es bastante modesto: subir el peso de la industria un 1,4% en tres años, para que aporte el 17,4% del PIB en 2016 (frente al 15,92% de 2013), aún muy lejos del 20% que busca Europa para 2020. En cualquier caso, es un principio y ahora falta lo más importante: pasar de las palabras a los hechos. De momento, el Gobierno ha empezado a discutir su Plan (elaborado por la consultora privada Boston Consulting Group) con los sindicatos y la patronal, pero no ha puesto dinero sobre la mesa, sólo propuestas genéricas contrarias a lo que ha hecho estos dos años y medio: potenciar el gasto en I+D+i, fomentar la formación y el emprendimiento, mejorar la financiación no bancaria, incentivar la apertura de nuevas empresas, estimular la internacionalización y las exportaciones fuera de Europa y  reducir los costes logísticos, energéticos y laborales de las empresas.

La patronal y los sindicatos ya tenían sus propuestas para reindustrializar España y en buena parte las medidas propuestas coinciden. La patronal hace especial hincapié en el exceso de burocracia y de impuestos, exigiendo un recorte de los precios de la energía y mayores ayudas para la internacionalización de las empresas, al igual que los sindicatos, que piden también más esfuerzos en formación, en investigación (I+D+i), en una financiación más accesible y más barata y en ayudas para la fusión de empresas.

Probablemente, las cinco medidas claves para reindustrializar España sean facilitar el crédito (escaso y a un interés que duplica el de la Europa del norte), recortar los costes energéticos (la luz industrial es en España un 20% más cara que en Alemania, un 30% más que en Francia y un 50% más que en USA), mejorar la formación y la educación (el 46% de los españoles tiene un nivel educativo básico),  incentivar la investigación y la innovación (las empresas españolas gastan en tecnología la mitad que las europeas) y fomentar la internacionalización de nuestras empresas (sólo 5.000 empresas españolas concentran el 86% de las exportaciones).

Además, España ha de resolver dos problemas propios que lastran nuestra industria. Uno, el pequeño tamaño de nuestras empresas: hay demasiadas pymes (95,7% empresas con menos de 9 empleados, frente al 92,1% en la UE) y pocas grandes empresas (sólo el 0,2% tienen más de 200 empleados). Sólo tenemos 3.305 empresas con más de 250 trabajadores (0,1%), cuando en Alemania hay 8.995 (0,5%). Y este raquitismo empresarial tiene consecuencias negativas, porque las grandes empresas son más productivas, más innovadoras, más propensas a exportar y crean un empleo más estable. Por eso, es urgente fomentar la fusión de empresas, sobre todo en la industria, con ayudas e incentivos fiscales.

El otro problema es la falta de capital español en la industria. Los bancos se retiraron en los años ochenta y en muchas empresas, los hijos y nietos de los fundadores las vendieron al capital extranjero. El resultado es que un número reducido de filiales extranjeras (1,7% del total de empresas) controlan un tercio del negocio industrial (37,2% de las ventas) y 1 de cada 5 españoles empleados en la industria trabaja para una multinacional. La mayoría son multinacionales europeas (67%, sobre todo de Alemania y Francia) y americanas (15%), concentradas en los sectores punteros: automóvil, industria química y farmacéutica, energía, equipos y maquinaria, caucho y plásticos. El problema es que las decisiones industriales se toman fuera de España y tenemos así más riesgo de deslocalización, de fugas a otros países. Habría que fomentar (sobre todo fiscalmente) que el capital español se dirigiera a la industria y no a la especulación inmobiliaria o bursátil a través de SICAV.

Al final, se trata de apostar de verdad por la industria, poniendo dinero encima de la mesa (sin obsesionarse por el déficit y los recortes) y creando un caldo de cultivo para que las empresas crezcan y vendan productos “made in Spain” con innovación y calidad, no compitiendo sólo en precio (gracias a salarios de miseria). Apostar por la industria porque crea más riqueza que el resto (68.000 € por empleado frente a 50.000 los servicios), un empleo más estable (83% son contratos fijos), exporta más (aporta el 88% de las exportaciones españolas)  y tiene un efecto arrastre sobre el resto de la economía. La industria es clave para salir de la crisis.

No podemos resignarnos a ser un país de turismo y servicios. Hay que apoyar de verdad a la industria, la tradicional  y los nuevos sectores: aeroespacial, agroalimentación, TIC y contenidos digitales, biotecnología, agua y medioambiente, energías renovables, nuevos materiales, material de transporte (AVE), industria de la salud… Buscar nuestro hueco en el mundo, con productos “made in Spain” competitivos. Es la hora de la industria.