El curso escolar acaba con protestas
Este viernes acaba el curso escolar en colegios e
institutos, tras multiplicarse en los últimos meses las protestas de profesores
en media España, desde Cataluña y la Comunidad Valenciana a Aragón
y Madrid. Los docentes piden cosas para ellos (menos
precariedad laboral, menos horas y más sueldos), pero sobre todo piden más
medios y recursos para enseñar mejor: menos alumnos por clase), más
clases y profesores de refuerzo para alumnos con problemas, menos horas lectivas
y menos tareas burocráticas para mejorar su salud mental. Y reducir el
desvío de fondos públicos a la enseñanza concertada, que controla casi la mitad de los alumnos en el País Vasco y
Madrid. Además, piden más financiación para la enseñanza pública, que
gasta menos por alumno que en Europa y donde hay grandes diferencias de
gasto por autonomías: 1.608 euros/alumno en País Vasco frente a 910 euros
en Madrid. Son problemas que se traducen en una peor calidad de la
enseñanza y que podrían llevar a una huelga de profesores en
septiembre en toda España.
Protestas de profesores en media España y amenaza huelga en septiembre
En los últimos meses han estallado múltiples
protestas de profesores en media España, tras años de problemas
educativos enquistados y que ahora afloran. En
Cataluña hubo una primera huelga de docentes el 11 de febrero, a la
que han seguido 23 jornadas de protestas, que se cerraron el 14 de junio con
una masiva manifestación de profesores, alumnos y familias, mientras la mayoría
de docentes rechazaba un acuerdo firmado por varios sindicatos y la Generalitat
para subir los sueldos 400 euros al mes en 4 años e incorporar 6.400 docentes,
mejoras consideradas “insuficientes”. También han sido masivas las protestas de
docentes en
la Comunidad Valenciana, desde el 11 de mayo, con casi un mes de
huelga y múltiples manifestaciones, con otro desacuerdo ante las mejoras que
propone la Generalitat. También en Aragón se produjeron 2 huelgas de profesores
(enero y mayo) más múltiples concentraciones y protestas, que se han producido
también en
Madrid, el epicentro de una huelga estatal de educadoras de educación
infantil (0-3 años) que continúa desde abril.
¿Qué piden los profesores con estas huelgas y protestas? Básicamente,
tienen dos
grupos de reivindicaciones. Unas, relacionadas con ellos, con mejoras
laborales y profesionales: contratos menos precarios, mejores sueldos y
menos horas de trabajo efectivo, que en muchos casos les suponen problemas de
ansiedad y mentales. Y otras, relacionadas con mejorar su trabajo en
colegios e institutos: menos alumnos por clase (ratios), mejora de
infraestructuras y aulas, más clases de refuerzo, más profesores de apoyo,
menos burocracia y trabajo administrativo (exceso de informes y registros
digitales). Y como telón de fondo, una mayor financiación para la
enseñanza pública y dejar de desviar recursos públicos a la enseñanza
concertada, que no deja de crecer a costa de la pública. Veámoslo.
Los profesores que trabajan en colegios e institutos eran
850.880 el curso 2024-25 (últimos
datos de Educación), casi las tres cuartas partes en centros públicos
(624.368 docentes), los que tienen más problemas laborales, aunque también
empeora la situación de los casi 200.000 docentes que trabajan en la enseñanza
concertada. El principal problema de los docentes públicos es su
precariedad: el
31% tienen un contrato temporal y muchos ven como les despiden
ahora en junio para volver a contratarlos en septiembre. Junto a esta inestabilidad
laboral, que se une a muchos cambios de centros, están sus bajos
salarios: el sueldo neto de un profesor de Primaria oscila
entre 1.700 y 2.200 euros, según antigüedad. Y el sueldo neto en Secundaria
oscila entre 2.000 y 2.700 euros. Y en la reciente huelga, las cuidadoras
de educación infantil denuncian sueldos de 1.100 euros…
Al margen de sus problemas laborales, la principal queja
de los profesores es el exceso de alumnos por clase, que les impide
hacer bien su trabajo y les crea problemas de ansiedad y mentales. Actualmente,
la
ratio en Primaria es de 25 alumnos, en Secundaria de 30 y en
Bachillerato y FP de más de 35 alumnos por clase, una ratio superior a las
que tienen los docentes europeos y que además varía por autonomías. El 21
de abril, el Consejo de Ministros aprobó
un proyecto de Ley para bajar las ratios, de 25 a 22 en
Primaria y de 30 a 25 en Secundaria. Pero el proyecto está parado en el
Congreso, básicamente porque Junts y el PNV presentaron una enmienda a
la totalidad y no es seguro que apoye la bajada el PP. El objetivo de la medida
es ir aplicando progresivamente las nuevas ratios, curso a curso, para alcanzar
el objetivo en el curso 2031-32. Una medida que está en el aire y que tiene
un coste de 28.180 millones en 10 años, para contratar más profesores y
construir más aulas.
Otra queja de los profesores es que, con las ratios
actuales, no
pueden atender como necesitan a los alumnos retrasados o que tienen
necesidades especiales, lo que obliga a “dejarles a su ritmo” y
acabar perdiéndolos o a bajar el ritmo de toda la clase. Estos alumnos con
más necesidades han crecido sobre todo en los colegios públicos,
que son los que tienen más alumnos de familias vulnerables y más alumnos
inmigrantes, dos tipos de alumnos que la enseñanza concertada “evita”. El
problema es que estos alumnos (sobre todo los extranjeros) se concentran
más en determinadas provincias de España y en los colegios públicos.
Así, el
mayor porcentaje de alumnos extranjeros (1.066.875 en toda España en
colegios e institutos, el 12,2% del alumnado) se concentran en los centros
públicos (17,3% en Primaria, frente al 11,7% en centros concertados
y privados, 15,1% en la ESO) y sobre todo en 7 provincias: Alicante
(29% de alumnos extranjeros de Primaria en la pública y 16,2% en los
concertados), Lleida (27%), la Rioja (26,4%), Castellón
(26,1%), Murcia (24,8% en los centros públicos y 8,3% en los privados), Girona
(24,7%) y Teruel (24,6%).
Los docentes reiteran que estos alumnos “con más
necesidades educativas” (unos porque proceden de familias desestructuradas
o vulnerables, otros porque son inmigrantes y en muchos casos tienen la barrera
del idioma) necesitan
una atención especial, con “aulas de acogida” al principio y clases
y profesores de refuerzo, que la mayoría de los centros no pueden
ofrecer, lo que agrava “la impotencia” de los profesores. Y aún con pocos
alumnos con necesidades especiales, el número de alumnos en cualquier clase es
excesivo y dificulta seguir los programas y cumplir objetivos. Y además, obliga
a los profesores a ampliar su jornada lectiva (ahora 23 horas lectivas en
colegios y 18 horas en institutos), en la que dedican muchas horas a tareas
burocráticas y no docentes.
Al final, todas las protestas de profesores inciden en el
meollo del problema educativo: faltan medios, recursos y profesores
porque hay poca financiación, menos que en la mayoría de los paises
occidentales. En 2024, el
gasto público en Educación fue de 71.348 millones de euros, el 4,48% del
PIB, de los que 50.920 millones se destinaron a la enseñanza no
universitaria (infantil, primaria, secundaria, Bachillerato y FP), el 3,19%
del PIB español. Un porcentaje del gasto que es algo inferior al gasto en
enseñanza universitaria en
la OCDE (3,3% del PIB) y algo superior a la media UE-15 (gastan
3% PIB), aunque es inferior al gasto en Francia (3,7%), Reino Unido (4%) o
EEUU (3,5% PIB ) y algo superior a Alemania (3,1% PIB). Al concretar este gasto
no universitario por alumno, España gastó 10.924 dólares, frente
a 11.905 dólares la UE-15, 12.438 dólares la OCDE, 14.503 dólares Alemania,
12.321 dólares Francia y 12.666 dólares por alumno en Italia, según
los últimos datos de la OCDE.
Otro problema, junto al menor gasto, es que la gran
mayoría del gasto educativo en colegios e institutos lo gestionan
las autonomías (les correspondió el 84,3% del gasto en 2024)
y hay una enorme disparidad de gasto educativo por regiones.
Si la media de este gasto no universitario fue de 1.126 euros por alumno
en 2024, hay 10 regiones que gastaron más, encabezadas por País Vasco
(1.608 euros/alumno), Navarra (1.492), Extremadura y Murcia (1.264), según
el ranking de los Directores de Servicios Sociales. Y otras 7 autonomías
gastan mucho menos en educación: Madrid, el farolillo rojo (gasta
910 euros/alumno no universitario), Asturias (1.034), Cataluña (1.042),
Galicia (1.055), Canarias (1.069), Castilla la Mancha (1.076) y Baleares (1.109
euros/alumno).
Además de la falta de financiación, otro problema del que se
quejan los profesores es que muchas autonomías (básicamente las
gestionadas por el PP) llevan años desviando recursos públicos (no sólo
dinero, también solares) a la educación concertada, en
perjuicio de la pública. Son los famosos “conciertos”, el dinero público
que se transfiere cada año a los centros privados, básicamente los concertados,
para que acojan alumnos que no tienen ya hueco en la escuela pública (donde
apenas se ha invertido las últimas décadas). El gasto en conciertos ha pasado
de 5.768 millones en 2014 a 8.342
millones en 2024, el 11,7% del gasto público total. Y eso
provoca que los centros concertados ganen en alumnos, sobre todo en algunas
autonomías que los apoyan más. Así, los 8.348.000 alumnos matriculados en
infantil, primaria, ESO, Bachillerato y FP, el
66,9% acuden a centros públicos, pero un 24,4% acuden ya a centros
concertados y un 8,8% a centros privados. Y hay autonomías con mucho más
peso de la enseñanza concertada y privada, como el País Vasco (48,6%) o Madrid
(46%), también Cataluña (35,3%) y Baleares (35,1%).
Mientras falta financiación para mejorar la enseñanza
pública, las familias gastan más en la educación de sus hijos cada año, aunque
sea oficialmente “gratuita” de los 6 a los 16 años (Primaria y ESO). El
gasto familiar en educación se
ha duplicado en los últimos 12 años, pasando de 13.217 millones en el
cursos 2011-2012 a 27.806 millones en el curso 2023-24, según
los últimos datos del INE. Y la cuarta parte de este gasto familiar, 6.115
millones anuales, se gasta en los hijos que estudian Primaria y Eso, los ciclos
“gratuitos”. La estimación es que entre 5 y 9 años, las familias
gastan 1.964 euros anuales por estudiante, que suben a 2.414 euros
anuales entre 15 y 19 años. Un gasto que se va en actividades
extraescolares, servicios complementarios (comedores, transporte y
residencia), libros y uniformes y actos extraescolares fuera del centro.
Eso sin contar el
gasto creciente en academias y profesores particulares, que se ha disparado
y alcanza otros 4.052 millones anuales.
Todos estos problemas
estructurales de la educación (profesores con contratos precarios,
bajos sueldos y “superados” por el trabajo, falta de medios y profesores para
el refuerzo de alumnos, infraestructuras obsoletas con calor, frío y cortes de
luz, falta de financiación y enorme disparidad de gasto por autonomías más un creciente
gasto de las familias en la educación de sus hijos…) conducen a unos resultados
educativos preocupantes, que les “duelen” especialmente a los
profesores. Lo dejan claro los
estudios PISA, que relegan a los alumnos españoles en matemáticas y
comprensión lectora. Y varios datos incontestables. Uno, el alto porcentaje de repetidores:
el 2,1% en primaria (1,2% en la UE-25) y el 7,8% en secundaria 1ª etapa (2,2%
en la UE-25) y un 6,5% en la 2ª etapa. Otro, el
abandono escolar temprano, el
alto porcentaje de jóvenes que dejan sus estudios sin acabar el Bachillerato o
la FP: 12,8% en 2025 frente al 9,4% en la UE-25. Y el tercero, el elevado
porcentaje de jóvenes “ni-nis”
(ni estudian ni trabajan): 11,5% en España y 11% en Europa.
Y hay otro problema de nuestra educación más preocupante:
cada vez hay más distancia educativa entre los alumnos de bajo nivel
social y los de clase media y alta. Así, los 120.000 adolescentes de 15
años que viven en hogares más acomodados llevan hasta 4 años de ventaja en
matemáticas a los 120.000 adolescentes de esa edad que viven en familias
desfavorecidas, según
refleja el último informe PISA. Eso confirma lo que señalan muchos
expertos: cada vez hay más distancia entre la formación de los alumnos de
familias medias y altas, que les ayudan y exigen más, gastan lo que haga falta
en clases particulares y tienen más recursos para orientar su futuro. Eso viene
a decir que la
educación deja de ser “el ascensor social” y que los hijos de
las familias más vulnerables salen peor formados y tendrán un peor futuro,
básicamente porque la escuela actual no corrige las desigualdades.
¿Qué se puede hacer? Parece evidente que hay que gastar
más en educación, desde infantil a Bachillerato y FP, sobre todo en centros
públicos. Pero no se trata sólo de gastar más sino de gastar
“de otra manera”, concentrando el gasto en los centros y
ciudades donde hay más problemas (barrios con más familias vulnerables y
más inmigrantes), reforzando la enseñanza de quienes lo más lo necesitan,
con clases de refuerzo, desdobles y profesores de apoyo. Y en paralelo, reforzar
las plantillas docentes, estabilizando sus contratos y mejorando sus sueldos y
su formación (con esa buena idea del MIR
educativo, para los profesores que empiezan). Y reforzando
los centros públicos, desde las infraestructuras a los equipos, con
personal técnico y gestor que quite tareas no docentes a los profesores. Y con
una mayor autonomía de los equipos docentes, a cambio de cumplir
objetivos auditables.
Pero sobre todo, lo que piden a gritos nuestros colegios e
institutos es que se abra un debate público sobre sus problemas y
necesidades, que las autoridades educativas autonómicas colaboren con
el Ministerio, los profesores y las asociaciones de padres para alcanzar un
verdadero Pacto educativo, donde se acuerde una financiación
suficiente y medidas para mejorar la calidad de nuestra enseñanza, hoy con
grandes necesidades sin cubrir. Pero no parece que estemos en ese camino
de acuerdo y negociación, como demuestran el rosario de huelgas,
manifestaciones y huelgas de estos meses. Tenemos la educación, sobre todo
la pública, a punto de estallar, con una amenaza
de huelga en toda España en septiembre. Hay que tomárselo en serio,
sentarse y acordar soluciones para mejorar y homogeneizar la calidad de la
enseñanza en España, para conseguir que la educación de nuestros hijos y
nietos no dependa de dónde vivan y de los ingresos de sus padres. Nos
jugamos el futuro.
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