jueves, 19 de junio de 2014

La crisis nos enferma


Esta crisis va a cumplir 6 años y sus secuelas se notan no sólo en nuestros ingresos, nuestro trabajo (o paro) y nuestra forma de vida sino también en nuestra salud: hay más españoles que van al médico cada día con ansiedad, estrés o depresión. Y aumentan los ancianos, niños y padres de familia con problemas de salud, fruto de problemas económicos o de vivienda, estrés en el trabajo, abandono escolar, paro o dificultades familiares. Al final, como la sanidad pública no está preparada para esta avalancha de enfermedades provocadas por la crisis (tenemos un tercio de psicólogos y psiquiatras que Europa), la gente se busca atajos para evadirse y sobrevivir: pastillas (se ha duplicado el consumo de antidepresivos), alcohol y drogas, donde somos líderes europeos en consumo. Es urgente valorar el problema y poner en marcha un Plan sanitario contra la crisis, para que no salgamos de ella enfermos.
enrique ortega

En Europa, el impacto sanitario de la crisis es evidente, según un estudio publicado en la revista Lancet. Han aumentado los suicidios en la mayoría de países, con repuntes destacables en Grecia, Irlanda y Letonia. Una tendencia que es la punta del iceberg de los trastornos psiquiátricos subyacentes, con una mayor incidencia de la depresión, estrés y ansiedad en Inglaterra, Eslovenia, Grecia y España. Otros estudios alertan sobre una mayor incidencia de enfermedades transmisibles, desde nuevos brotes de malaria en Grecia a mayores infecciones de VIH (entre usuarios de droga) en Lituania y Rumanía. Y se detecta un mayor consumo de alcohol y drogas, junto a una peor alimentación, según el informe SEPAS 2014.

En España, la crisis ha aumentado casi un 20% los problemas de depresión, presentes en casi la mitad (47,5%) de los pacientes que acuden a los centros de salud, según el Consejo de Psicólogos. En Andalucía, la región con más paro (36%) y más pobreza (4 de cada 10 andaluces), la depresión es la tercera causa de consulta en atención primaria, según un informe de la Junta de Andalucía. En toda España, los médicos de familia están desbordados y un 20% de todo lo que recetan son ansiolíticos, los segundos medicamentos más vendidos.

Los síntomas de la depresión de  muchos españoles son cansancio, ansiedad, estrés y apatía. Muchos son parados y padres de familia con problemas y mujeres agobiadas por sacar adelante su casa. No siempre presentan un cuadro de depresión: muchas veces han somatizado sus problemas y acuden al médico con hipertensión, desnutrición y obesidad, diarreas, dolores de estómago, mareos, palpitaciones o anemias. Pero el origen está en la ansiedad, el estrés o la depresión que tienen detrás. Y que es difícil de curar.

El colectivo más vulnerable son los casi 6 millones de parados, sobre todo la mitad larga que ya no cobra ningún subsidio (3.262.215 desempleados, la mayoría llevan más de 2 años sin trabajo). El 40% tiene dificultad para dormir, muchos tienen relaciones tensas con la familia y problemas sexuales. Y un riesgo de padecer una enfermedad mental cinco veces mayor que un ocupado, según el Congreso de Psiquiatría. Otro factor de riesgo es tener un familiar en paro (mujer o hijo) y el tercero, no poder pagar la hipoteca. Así, los padres de familia en paro, con hijos o mujer sin trabajo y con riesgo de desahucio son los más proclives a enfermar.

Y al suicidio. En España hay 10 suicidios al día, 3.539 casos en 2012 (último dato), habiendo crecido desde 2010, probablemente por la crisis. El 90% de los suicidas tienen trastornos mentales y el problema es especialmente grave entre los hombres de 25 a 34 años, donde el suicidio es la primera causa de muerte en España, por delante de los tumores. En algunos países europeos tienen planes de prevención, pero en España sólo lo tiene Cataluña.

Los que tienen un trabajo tampoco se libran de los problemas de salud (casi uno de cada cinco trabajadores enfermó en 2013, según el INE), por el temor a perder su empleo, el endurecimiento de las condiciones laborales o la precariedad en el empleo. El estrés laboral afecta al 40% de los asalariados, según el INE. Y aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, según la Fundación Española del Corazón. Además, el estrés aumenta las bajas laborales (un tercio son por depresiones), deteriora la productividad (se pierden unos 5.000 millones al año) y aumenta los accidentes laborales.

Los problemas de la vivienda son otro factor de riesgo para la salud (depresión, insalubridad, enfermedades contagiosas), sobre todo el pago de la hipoteca (el 77% de familias en riesgo de desahucio sufren ansiedad, según la PAH), o el alquiler, el hacinamiento (hijos que vuelven a la casa de sus padres) y la pobreza energética (dificultad para pagar luz, agua y calefacción), que afecta ya 7 millones de españoles, provocando 7.000 muertes al año (sobre todo entre ancianos), según el estudio ACA. Un 70% de las personas atendidas por problemas de infravivienda o alquiler presentan problemas de salud mental, según un informe de Cáritas.

Otros problemas sanitarios derivan de la mala alimentación, agravada con la crisis: más comida basura y grasas o bollería industrial, menos consumo de frutas, verduras, pescados y carnes y un mayor riesgo de obesidad ligada a la pobreza, según el informe SEPAS 2014. Sin olvidar que 2 millones de españoles comen cada día gracias a los Bancos de Alimentos y ONGs. Y que muchos niños escolarizados están malnutridos. La crisis también afecta a la sexualidad de las personas y a su descendencia: en 2013 hubo 80.000 nacimientos menos que en 2008 y las mujeres tienen menos hijos (1,38) y más tarde (32 años).

Al final, los colectivos más vulnerables en su salud, tras los padres de familia, son los ancianos, jóvenes y niños. La mortalidad aumentó en España en 2012 (último dato INE), por segundo año consecutivo (402.950 muertes, frente a 371.478 en 2006), básicamente porque el país ha envejecido, aunque la crisis aumenta la mortalidad de los ancianos por varias vías: recorte ayudas a la dependencia, congelación de pensiones, copago de medicamentos (menos medicación enfermos crónicos), pobreza energética y angustia por ayudar a los hijos. En niños y adolescentes, la crisis familiar, el abandono escolar y la alta tasa de paro juvenil (56%) son el caldo de cultivo de problemas: 1 de cada 8 niños y adolescentes, más de un millón de jóvenes, presentan trastornos mentales, según el Libro Blanco de la Psiquiatría infantil.

Este cúmulo de problemas superan a una sanidad pública ahogada por los recortes (-9.148 millones entre 2010 y 2014, un 14,3% menos de recursos) y donde la salud mental ya era el pariente pobre antes de la crisis: se la dedica 5 de cada 100 euros de gasto sanitario, frente al 10% en Europa. Y sólo tenemos 6 profesionales especializados (psicólogos o psiquiatras) por cada 100.000 habitantes, frente a 18 en Europa (53 en Alemania). Con ello, el problema les cae encima a los médicos de familia (sin una formación específica), que echan mano de lo más sencillo: recetar pastillas.

El consumo de antidepresivos se ha duplicado en España con la crisis, pasando de 30 dosis por 1.000 habitantes (2000) a 64 (2012), frente a 50 en Francia o Alemania y 56 en la OCDE. En 2013 ya se vendieron 39,2 millones de envases, a los que hay que sumar otros 55 millones de envases de tranquilizantes, 14 millones de antipsicóticos y 22 millones de sedantes. Un consumo que crea dependencia, ya desde la juventud (11,6% entre menores 18 años).

Otros atajos contra los problemas, además de las pastillas, son el alcohol y las drogas, donde España lidera las estadísticas europeas. El alcohol  crece incluso entre los más jóvenes: más de la mitad de los menores (14-18 años) han hecho botellón en el último mes y se han emborrachado en el último año, según el último estudio de Sanidad. Y somos el segundo consumidor europeo de cocaína y el tercero de cannabis, que ha consumido 1 de cada 4 menores el último año. El abuso del alcohol y las drogas se revela en este dato estremecedor: la mitad de los muertos en accidentes de tráfico (2012) habían consumido alcohol o drogas.

Son datos suficientes como para urgir a tomar medidas. Primero, hay que evaluar el alcance del problema, como han hecho Andalucía y Cataluña, creando un Observatorio en la sanidad pública. Y luego, poniendo en marcha un Plan especial de salud contra la crisis, con múltiples medidas: unidades de detección en los centros de salud (con atención prioritaria a parados padres de familia, ancianos, niños y adolescentes), formación específica a los médicos de familia, creación de más unidades especializadas (psicólogos y psiquiatras) en la sanidad pública, formación en empresas y colegios y refuerzo de la medicina de empresa. Y una campaña decidida contra el consumo de pastillas, drogas y alcohol, con medidas eficaces para reducir su consumo entre los jóvenes.

La crisis y la errónea política de austeridad han atacado nuestro bienestar y nuestra forma de vida, en un proceso del que tardaremos años en salir. Pero hay que procurar salir sanos, sin secuelas y sin caer en los atajos de pastillas, drogas o alcohol, que nos hunden como personas y como país. Hay que salir de la crisis, pero lo más sanos posible. Es lo mínimo.

lunes, 16 de junio de 2014

Renta 2014 : los impuestos que se notan


Quedan dos semanas para confesarnos con Hacienda. Y mientras pagamos más, por segundo año consecutivo (también en la declaración del año que viene), el Gobierno promete que nos bajaran los impuestos en 2015 (año electoral), ya para la declaración que haremos en 2016. La rebaja será pequeña en el IRPF, que supone sólo el 40% de los impuestos que pagamos, los que más se notan. Pero como han prometido bajar el déficit, tendrán que subir los impuestos que no se notan, los indirectos, desde el IVA a algunos productos a los carburantes, el IBI, tasas e impuestos medioambientales, quitando deducciones. Algo injusto, porque son impuestos que pagan igual los pobres que los ricos. Mientras el fraude fiscal supera los 70.000 millones, los que viven de una nómina están supercontrolados por Hacienda y pagan el 79% del IRPF. Si empresas, bancos, multinacionales y grandes fortunas pagaran lo que deben, el IRPF podría bajar de verdad. Es la reforma que hace falta.
 
enrique ortega

La Renta, el IRPF, sigue siendo el primer impuesto en España, con el que el Estado ingresará 73.196 millones este año. Pero ha perdido importancia, porque sólo representa ya el 40% de la recaudación total, cuando en  2010 era el 45%. Han ganado importancia los impuestos indirectos (desde el IVA a los impuestos sobre carburantes, tabaco o alcohol, el IBI o las tasas), que ya suponen el 60% de los ingresos, algo profundamente injusto porque son impuestos que pagan igual los pobres que los ricos. Pero sirven para que los Gobiernos de turno recauden sin que se note tanto, al consumir en el día a día.

El IRPF es un impuesto que se nota, aunque tampoco mucho porque la mayoría (93%) lo pagamos cada mes, en las retenciones que nos hacen en la nómina o pensión. Y ahora, al presentar la declaración, sólo ajustamos cuentas y a la mayoría le sale negativa: de 19,3 millones de declaraciones esperadas, 14,6 millones saldrán a devolver, lo que significa que nos han retenido de más, que hemos financiado a Hacienda durante el año (10.275 millones). Así que si nos sale negativa, es sólo un espejismo: ya hemos pagado antes y de más. De media, pagamos un 14% de los ingresos, un máximo histórico.

Este año, la declaración de la renta viene otra vez con subida, la aprobada por Rajoy para 2012, 2013 y 2014 (que pagaremos en la declaración del año que viene): los tipos del IRPF suben entre el 0,75 y el 7%, según los ingresos. Eso supone pagar entre 82 euros más (para ingresos de 20.000 euros) y 600 euros extras (para ingresos de 45.000 euros). También pagarán más los ingresos por ahorros e inversiones (pasan de pagar del 19% al 21%). Pero la mayor subida se debe a que Hacienda no descuenta (desde 2008) el efecto de la inflación, al no revisar los tramos de renta ni actualizar el mínimo personal y familiar ni la deducción por rendimientos del trabajo. Una penalización que supone pagar 33,24 euros más de media por contribuyente, según GESTHA (entre 18 y 1.321 euros más, según ingresos).

Algo muy importante es que el IRPF se paga distinto según donde se viva. Primero, porque varias autonomías han cambiado los tramos de ingresos y los tipos máximos, siendo Cataluña, Andalucía y Asturias donde los más ricos pagan más (56%) y Madrid, Galicia y la Rioja donde pagan menos (52%). Curiosamente, en Aragón, Castilla la Mancha, Castilla y León y Baleares, los que ganan menos de 80.000 euros pagan más que la media de España y los que ganan más, menos. Y en Asturias y Andalucía, todos pagan más.

La otra diferencia entre autonomías es por las deducciones del IRPF: hay 164 diferentes. La mayoría tienen deducciones por compra o alquiler de vivienda (y para jóvenes), la  mitad tienen deducciones por nacimientos o adopciones, algunas por gastos de guardería (Comunidad Valenciana, Murcia y Canarias), otras deducen uniformes (Madrid) y libros de texto (Comunidad Valenciana, Baleares y Aragón), la enseñanza de idiomas (Castilla la Mancha), los gastos de salud y seguro médico privado (Baleares, Aragón y Cantabria), los abogados laboralistas (Andalucía) y gastos tan estrambóticos como tener asistenta (Andalucía), hombres que ayudan en casa (Comunidad Valenciana) o quedarse viudo/a (Cataluña).Un galimatías de deducciones que llevan a que una familia pague hasta 3.448 euros más o menos, según donde viva.

Al final, ¿quién paga el IRPF? Básicamente, las clases medias y medias altas: el 68,3% lo pagan quienes ganan más de 30.000 euros, según la Memoria Tributaria (2011). Por debajo, los mileuristas, los que ganan menos de 15.000€ brutos (12.000€ de base imponible), un 38,8% de contribuyentes, sólo pagan el 1,4% de la recaudación, unos 132 euros de media anual. Entre 12.000 y 21.000 euros de base imponible hay otro 26,8% de contribuyentes, que pagan un 12,6% de la recaudación, unos 1.760 euros anuales de impuestos. Y entre 21.000 y 30.000 euros, hay otro 15,5% de declaraciones, que pagan un 17,7% de la recaudación, 3.894 euros de media. Entre estos tres grupos, que ganan menos de 30.000 euros, son el 81,2% de los contribuyentes y pagan el 31,7% de la recaudación. Otro tercio (35% recaudación) lo pagan los que ganan entre 30.000 y 60.000 euros (15% contribuyentes) y el tercio restante (33,3%) lo pagan los que ganan más de 60.000 euros, sólo el 3,8% de los contribuyentes.

Estos contribuyentes (19,3 millones) son los que viven de un salario (79% de la recaudación del IRPF) o de un ahorro o inversión, y están perfectamente controlados por Hacienda, mientras quedan fuera personas con grandes fortunas, que tributan como empresas (con muchas deducciones y vías “legales” de fraude)  o a través de SICAV (hay 3.050, que gestionan 29.012 millones de casi medio millón de grandes patrimonios), que sólo tributan al 1%. Y si sumamos todos los impuestos, resulta que el 90% de los ingresos fiscales se recaudan con las familias y sólo un 10% con empresas, bancos y grandes fortunas, según Intermon Oxfam. De hecho, las grandes empresas pagan en España el 4% de sus beneficios (por las cuantiosas deducciones del impuesto de Sociedades), los bancos sólo han pagado el 5% de sus beneficios en 2013 y las multinacionales apenas pagan.

Precisamente, un grave problema de España, reiterado por la Comisión Europea y el FMI es el elevado fraude fiscal, que supera los 70.000 millones de euros. Una parte es fraude” ilegal”, de economía sumergida que no tribuya (hay 253.000 millones de dinero negro), pero el 72% del fraude, según Gestha, procede de empresas, multinacionales y grandes fortunas, que defraudan “legalmente”, aprovechando deducciones, desgravaciones y agujeros legales. De hecho, España es el segundo país de la zona euro que menos recauda, tras Irlanda (un paraíso fiscal): un 37,8% del PIB, frente al 46,8% de la zona euro. O sea, que recaudamos 90.000 millones menos de lo que nos toca, porque algunos defraudan y pagan menos. Y no son precisamente los que declaran el IRPF, donde el fraude es relativamente bajo.

Ahora, el Gobierno promete bajar impuestos, pero en realidad apenas va a tocar el IRPF: subirá el mínimo exento de declarar a 12.000 euros (ahora está en 11.121, con lo que beneficiará sólo a 400.000 contribuyentes), mejorará algunas deducciones familiares y bajará el tipo máximo (del 52% al 50% o al 45%), lo que beneficiará a los más ricos. Pero para cumplir con el recorte del déficit que le exige Bruselas, tendrá que ingresar más por otro lado, con los impuestos que no se notan: subirá el IVA de algunos productos (del 10 al 21%), los impuestos a los carburantes, el tabaco y el alcohol, el IBI, las tasas y los impuestos medioambientales. Y bajará sociedades (del 30 al 25%, aunque las empresas pagan el 4% por las deducciones). Y la mayor parte de la rebaja anunciada será para 2016 y 2017, no a corto plazo.

La única manera de bajar los impuestos a la mayoría de españoles que pagan es cobrando más a los que apenas pagan: grandes fortunas, empresas, bancos y multinacionales. Pero estos son colectivos “intocables” para el Gobierno Rajoy. Por eso, harán propaganda con que bajan impuestos, los que se notan, pero acabaremos pagando más impuestos de los que menos se notan, los de cada día. Y seguiremos pagando los de siempre, los asalariados y familias, la mayoría, que dedicamos 130 días al año (hasta el 10 de mayo) a trabajar para pagar impuestos y cotizaciones, según Civismo (ofrecen esta calculadora para que calcule los días que trabaja para pagar impuestos). Que no le engañen con bajadas que tienen trampa.

jueves, 12 de junio de 2014

La sequía y el turismo subirán los alimentos


La sequía ha vuelto a asolar media España, en abril y mayo, dañando los cereales y otros cultivos. Y el cambio climático ha provocado subidas de alimentos en medio mundo. Aquí, subirán los alimentos en junio y más en julio y agosto, cuando haya 16 millones de bocas más que alimentar (turistas). Las subidas se notarán sobre todo en el pan, las pastas, carnes, legumbres, frutas y, en la próxima campaña, en el vino, el aceite y los turrones. Mientras, los españoles empezamos a consumir más alimentos, gracias a la guerra de precios entre supermercados, que se está agotando, porque las marcas blancas se han hecho con el mercado e imponen sus condiciones. Eso sí, pagamos por los alimentos cuatro veces lo que cobran agricultores y ganaderos: la mayoría del precio se queda por el camino. Sigue sin ponerse orden en la alimentación, a costa del consumidor y del campo. Y si sube el IVA reducido, como proponen Bruselas y el FMI, será la puntilla para nuestros bolsillos.
 
enrique ortega

Tras un invierno lluvioso, hemos tenido una de las primaveras más secas de los últimos años, con una fuerte sequía en abril y mitad de mayo, que se remonta a septiembre en el sureste. La sequía ha sido “dramática” en Murcia, Comunidad Valenciana, Aragón y zona centro, según los datos de las organizaciones agrarias, que también hablan de problemas en las dos Castillas y parte de Cataluña, con hasta 500 millones de euros en pérdidas. Los cultivos más afectados son los cereales (trigo, cebada, centeno), las legumbres, la almendra, el olivar y el viñedo y los pastos, que afectarán sobre todo a la ganadería. Agricultura dará ayudas fiscales y avales para créditos.

Esta sequía en España, como la de 2012, se suma a la fuerte sequía y los problemas climáticos en EEUU, Brasil, Australia y Sudeste asiático, que ha afectado a los cereales (más, con la crisis de Ucrania), la carne, el café y los aceites vegetales, cuyos precios llevan meses subiendo y batiendo récords desde mayo de 2013, según datos de la FAO, también por un aumento en la demanda mundial de alimentos.

Si añadimos a la sequía y a la subida internacional de los alimentos el fuerte aumento de la demanda en verano, por la llegada de turistas a España (16 millones de bocas más que alimentar sólo entre julio y agosto), todo apunta a una nueva subida de los alimentos, a partir de junio, tras un primer cuatrimestre con subidas moderadas, salvo las frutas (+6,3% de subida en el último año), carnes (+2,3% el cordero y 1% el pollo) y leche (+4,2%). Ahora, las mayores subidas se esperan en los derivados de los cereales (pan, pastas y cereales), las legumbres, algunas carnes, por la falta de pastos que obliga a utilizar piensos (cordero, cabrito, vacuno), algunas frutas y, para la próxima campaña, en el vino, el aceite y los turrones (la sequía ha diezmado la cosecha de almendra mediterránea). Y seguirá subiendo la leche, afectada por la falta de pastos y la escasez de la producción en España.

Estas próximas subidas podrían frenar la incipiente recuperación del consumo de alimentos este año, tras estabilizarse en 2013: el gasto medio en la cesta de la compra fue de 4.553 euros por hogar, un 0,4% más que en 2012, según Kantar, siendo dos tercios del gasto en alimentos envasados, cuyo consumo crece más que el de alimentos frescos. Pero 7 de cada 10 consumidores sigue restringiendo su consumo y sólo compra productos básicos. Está bajando el consumo de frutas (-2,2%) y carnes (-0,4%) y sube el consumo de leche (+1,1%) y lácteos (+1,9%), azúcar, legumbres, pan, huevos y aceites, según Agricultura.

La tendencia de compra apunta cada vez más hacia los supermercados baratos, que ya lideran las ventas (con un 34% del mercado), encabezados por Mercadona (22,3% ventas totales), Día (7,8%), Carrefour (7,7%), Eroski Súper (3,3%), Lidl (3%) y Alcampo (2,9%), según Worldpanel Distribución 2014. Les siguen las tiendas tradicionales (30,7% de las ventas), resto de supermercados (21%) y los híper (14% ventas), los que más pierden junto a las tiendas de siempre. Ahora la pelea se ha trasladado de los productos envasados a los frescos, frutas y verduras y carnes, donde los supermercados compiten con el mercado tradicional.

Pero la pelea básica sigue centrada en los alimentos envasados, bebidas, productos de limpieza y perfumería, donde siguen creciendo las marcas blancas, aunque menos que en años anteriores: suponen un 38% de las ventas (37% en 2012), según Nielsen, por encima de la media europea (35,8%), siendo el 4º país europeo con más penetración. Y en alimentación, las marcas blancas llegan ya al 45% de ventas, mientras hay tres supermercados donde las marcas blancas suponen más de la mitad de sus ventas: Mercadona (56,4%), Día (52,5%) y Lidl (78,3%). Sin embargo, en 2013 se han recuperado algo las marcas de fabricante, con un aumento del 0,5% en las ventas de los Top 100. Pero todavía, la mayoría de marcas bajan sus ventas, según la consultora IRI: Coca- Cola (-4,1%), Nestlé (-0,6%), Panrico (-12,6%), Perfumería Puig (-10,3%), Danone (-10,1%), Mahou (-2%), Colón /Calgonit (-7,9%), Puleva (-7,7%), Pascual (-2,4%), Nutrexpa (-1,8%)…

Las marcas blancas se han consolidado (acaparan el 72% de las ventas de aceite, por ejemplo), pero su tremenda fuerza preocupa por tres razones. Una, porque están hundiendo a muchas industrias y marcas de fabricante, expulsando competidores. Y con ello, han podido subir los precios de algunas de sus marcas, como demostró el estudio de The Battle Group. Y la tercera, que su política de compras y “ventas a pérdida” (precios “escaparate”, por debajo de coste, de aceite, leche o pollo) está hundiendo el campo, según denuncian las organizaciones agrarias, mientras la CNMC ha abierto varios expedientes por concertar precios.

A pesar de que continúa la guerra de precios en la cesta de la compra, los consumidores seguimos pagando los alimentos hasta cuatro veces más caros de lo que se les paga a agricultores y ganaderos: la diferencia media es de 4,72 veces en los productos agrícolas (+ 623% en la lechuga, +535% en la naranja o +783% en el calabacín)) y 3,06 veces en los ganaderos (+315% en la ternera, +260% en el cordero, +147% en el pollo, + 110% en la leche o +75% en los huevos). Eso se debe al extraordinario poder de la distribución: entre cinco controlan el 64% de las compras (Mercadona el 27%, Carrefour el 12,2 y Eroski y  Día 9,5% y Alcampo 5,8%). Un oligopolio que impone su poder frente a 30.000 industrias alimentarias (la mayoría pymes) y 330.000 productores agrarios, que apenas comercializan directamente sus productos (sólo 0,1% de venta directa frente al 15% en Europa). Y las 4.000 cooperativas agrarias españolas venden lo mismo que las cuatro mayores cooperativas de Holanda.

Nuestra cesta de la compra está en manos de unos pocos distribuidores, que marcan sus reglas y nos imponen sus marcas con el señuelo de los bajos precios. Y esto tardará en cambiar, a pesar de dos leyes recién aprobadas que pretenden hacer más transparente el mercado alimentario y fomentar las cooperativas. Pero al final, con la crisis, todos acabamos comprando lo más barato y fortaleciendo el oligopolio.

Ahora, el riesgo es que el Gobierno acepte las presiones de Bruselas, el FMI y el dictamen de la Comisión de expertos, que defienden subir el IVA de los alimentos, del 10 al 21 % para enero. Eso encarecería dos tercios de la cesta de la compra, que tiene ahora IVA reducido: carnes, pescados, aceite y azúcar, café, chocolate, pastas,  confitería y bollería, comida preparada de bebé, helados, yogures, frutas preparadas, zumos, agua y refrescos. Y casi todo lo demás, al subir también el IVA de los costes de producción del campo, desde semillas o fertilizantes al agua de riego, herbicidas o plásticos. En conjunto, la patronal de alimentación estima una subida de 600 euros por familia. El Gobierno dice que no subirá el IVA de los alimentos, pero la tentación está ahí: recaudaría 14.000 millones más.

Suba o no el IVA, los alimentos subirán este verano, a pesar de marcas blancas y ofertas. Es una buena razón para que el Gobierno y las asociaciones de consumidores refuercen los controles para asegurar la transparencia y la competencia, para que la distribución no haga su agosto a costa de nuestro carro de la compra. Con la comida no se juega.