lunes, 3 de agosto de 2015

Cuatro libros y un comic para el verano


En verano hay más tiempo para leer, así que les recomiendo cuatro buenos libros para entender mejor algunos temas claves de nuestro tiempo. Uno sobre la desigualdad en el mundo, que preocupa  incluso a los economistas más ortodoxos, porque hace peligrar un futuro estable del capitalismo. El segundo, sobre los paraísos fiscales, donde los más ricos esconden su dinero y evaden impuestos, perjudicando a todos. El tercero, sobre el hambre en el mundo, tan dramático que ya ni nos conmueve, fruto de la desigualdad y no de la falta de comida. Y el cuarto, sobre el cambio climático: nos estamos cargando el Planeta y queda poco tiempo para salvarlo, una crisis más grave que la última recesión porque nos lleva a un desastre sin retorno. Y como colofón, un cómic extraño como la vida misma, un diario ilustrado de un joven sobre nuestro delirante mundo. Que los disfruten.
 

enrique ortega

 
El primer libro ha sido un superventas en todo el mundo aunque sea un libro de economía: El capital en el siglo XXI, del joven economista francés Thomas Piketty. Se trata de un detallado análisis (663 páginas) de la distribución  del ingreso y la riqueza en el mundo (sobre todo en Francia, Gran Bretaña y EEUU) en los siglos XVIII, XIX y XX, además de una previsión sobre cómo será la desigualdad  mundial en este siglo XXI. En resumen, la desigualdad creció mucho hasta 1.910, se redujo después por efecto de las dos Guerras Mundiales y volvió a crecer a partir de 1.980, por efecto de las políticas liberalizadoras (Thatcher y Reagan), la globalización y la desregulación financiera. Y Piketty augura que si no se hace nada, la desigualdad aumentará aún más en el mundo para el año 2050. 

El libro detalla los factores que han ido creando y agravando la desigualdad en Occidente, desde la Revolución Francesa hasta hoy, con numerosos cuadros muy explícitos y un lenguaje denso pero entendible. Sobre la desigualdad en el mundo, me ha impactado este dato: los 900 millones de personas que viven en el África subsahariana ingresan menos (1,8 billones euros) que los 66 millones de franceses (2 billones euros). Y el ingreso medio de un europeo, japonés o norteamericano es de 2.500-3.000 euros/mes frente a 150-250 euros de un indio o un africano. Sólo en Occidente, hace este resumen de la desigualdad hoy: el 10% más rico se lleva el 35% de los ingresos totales en Europa (el 50% en EEUU) mientras el 50% más pobre se lleva el 25% (el 20% en USA) y el 40% de clase media se lleva el 40% restante (el 30% en USA). Y augura que en EEUU, el 10% más rico se llevará el 60% de la riqueza en 2030.

Piketty explica que el mayor factor de desigualdad es el desempleo y que las herencias y los impuestos han ayudado a los ricos a ser cada vez más ricos, sobre todo desde los años 80, cuando los impuestos al capital han bajado porcentualmente en todos los países. Analiza la explosión de los salarios de los altos ejecutivos: hay 260.000 súperejecutivos norteamericanos que ganan más de 1,5 millones de dólares anuales. Y resume que el 1% más rico, la clase dominante en Occidente (9 millones de personas) controla ya el 20% de la riqueza total en EEUU (y el 10% en Europa) mientras el 99% restante (890 millones de personas) tiene el 80%. Y que para 2030, si no se remedia, ese 1% de superricos tendrán en 25% del pastel.

¿Remedios? Piketty propone establecer un impuesto mundial sobre el capital, con una tasa variable (del 1 al 10%) a aplicar a los patrimonios de más de un millón de euros. La función principal de este impuesto no sería tanto recaudar (podrían ingresarse unos 300.000 millones de euros en Europa) como regular el capital y conseguir una información y transparencia sobre la riqueza mundial que hoy no existe. Y frenar el crecimiento de la desigualdad, que aparece para muchos como uno de los mayores problemas del capitalismo actual.

El segundo libro es complementario del anterior: “La riqueza oculta de las naciones, del también economista francés Gabriel Zucman. Porque explica de forma sencilla y muy divulgativa (150 páginas) cómo los superricos evaden impuestos colocando su dinero en paraísos fiscales: un 8% del total, nada menos que 5,8 billones de euros. El libro detalla el surgimiento de Suiza como primer paraíso fiscal, tras la I Guerra Mundial (como refugio de los capitales europeos) y el salto que da la banca suiza tras la segunda Guerra Mundial, con sus tretas y falsificaciones para evitar el control de los Gobiernos. Y cómo, a partir de los años 80, son los grandes bancos suizos los que diversifican su estrategia, creando paraísos fiscales y empresas opacas en terceros países, desde Hong-Kong, Singapur, Bahamas, Jersey o Luxemburgo, el segundo mayor paraíso fiscal, en el seno de la Unión Europea.

El mayor mérito de este libro es describir claramente cómo han operado la banca suiza y los paraísos fiscales para ocultar durante décadas a los Gobiernos las cuentas de sus clientes, recurriendo cuando ha hecho falta a la mentira y al engaño. Y cómo, a pesar de las últimas normativas de EEUU (ley FATCA) y de Europa (Directiva de Ahorros), el dinero sigue oculto: son 5,8 billones de euros opacos,  un tercio en Suiza (1,8 billones, 1 billón de europeos, 80.000 millones de españoles). Un dinero que no paga impuestos: se pierden 130.000 millones de euros anuales, 50.000 millones que pierde Europa (y 6.000 España).

Zucman cree que se puede luchar contra los paraísos fiscales, pero que hay que hacerlo con voluntad política y a nivel europeo y mundial, utilizando dos importantes bazas: las sanciones financieras y comerciales, sobre todo en el caso de Suiza: el 35% de sus exportaciones van a Alemania, Francia e Italia y si tomaran medidas, imponiendo aranceles o sanciones mientras mantengan el secreto bancario o la opacidad fiscal, las autoridades suizas se verían obligadas a ser transparentes. Y en paralelo, apoya la creación de un impuesto mundial sobre el capital que propone Piketty, también como él no sólo por recaudar más sino para crear un registro mundial de capitales, un “catastro” mundial, que debería gestionar el FMI. Y defiende además una regulación mundial del impuesto de sociedades, para evitar que las multinacionales aprovechen los paraísos fiscales para evadir impuestos.

El tercer libro tiene mucho que ver con la desigualdad: El Hambre, del periodista argentino Martín Caparrós, un extenso análisis (624 páginas) que intenta ahondar sobre la mayor vergüenza de nuestro tiempo: 1.000 millones de personas, 1 de cada 7 humanos, que no comen lo que necesitan, lo que provoca que 25.000 personas mueran cada día, un tercio niños.

El libro habla no tanto del hambre como de las personas que lo sufren, con testimonios que Martín Caparrós ha recogido en tres continentes, desde Níger (1 de cada 7 niños muere por el hambre antes de cumplir 5 años), India (el país con más desnutridos del Planeta, con 50 agricultores que se suicidan al día por no poder dar de comer a sus familias), Bangladesh (165 millones de habitantes, un 46% desnutridos y miles de familias que no llevan a sus niños famélicos a las ONGs porque no quieren aceptar que enferman por hambre), Argentina (con pobres viviendo de recoger basura, la contrapartida del hambre: entre un 30% y un 50% de la comida se tira o no se aprovecha, en los países ricos y en los pobres), Sudán del sur (el último país independiente, 10 millones de habitantes, la mitad pasan hambre), Madagascar (la isla del índico donde un 35% pasa hambre) al mismo Chicago (EEUU), muestra del hambre (800.000 personas malnutridas, un 15% de la población) en el país más rico del mundo.

El libro repasa las grandes cifras del hambre, tan brutales que nos han insensibilizado: 2.000 millones de malnutridos, 805 millones de hambrientos “oficiales” (FAO) y 3 millones de niños que mueren cada año por causa del hambre. Y profundiza en las causas, que no son la falta de comida, sino la globalización y la desigualdad. Hasta 1990 y en el último siglo, África exportaba alimentos. Pero a raíz de las políticas de ajuste y globalización impulsadas por el FMI y el Banco Mundial, se defendió un cambio de modelo, en el que África, Asia y Latinoamérica iban a desmantelar su agricultura tradicional y centrarse en cultivos extensivo (soja, maíz, algodón) para el mercado mundial, pagando así los intereses de su deuda. Y suprimiendo sus políticas de reservas estratégicas y alimentos subsidiados, que “iban contra el mercado”. La consecuencia es que estos países se ven forzados a importar alimentos de los países ricos, a precios que no pueden pagar.

En paralelo, se han producido otros hechos que han agravado el hambre. Por un lado, los países ricos han multiplicado sus cosechas, subsidiadas por sus Gobiernos (en Europa y USA), con un exceso de grano que ha ido a alimentar animales (el 70% del maíz USA), porque cada vez se consume más carne. Y ese grano (maíz, trigo, sorgo), que en los países pobres consumirían las personas, va a alimentar vacas, cerdos o gallinas. Y así, quien come carne ”se apropia” de la comida de 5 a 10 personas en el Tercer Mundo. Además, la crisis del petróleo desvió alimentos para biocarburantes, sobre todo maíz. Llenar un depósito de un coche de etanol consume 170 kilos de maíz, la comida de un niño africano durante un año…Y por si fuera poco, en los años 90, los bancos de inversión empezaron a especular con alimentos, que cotizan en la Bolsa de Chicago, y en 2008 había 317.000 millones invertidos en comida, que dispararan los precios de los granos, agravando el hambre en el mundo.

Las perspectivas son preocupantes, porque el crecimiento demográfico, la mayor demanda (los pobres comerán más cada año...) y el cambio climático van a hacer que la comida sea más valiosa que el petróleo. Y eso aumentará más la especulación y los precios de los alimentos. De hecho, desde hace varios años asistimos a un “nuevo imperialismo”, un proceso de “apropiación de tierras” para el cultivo en África, Asia y Latinoamérica por parte de inversores de China, India, Corea y multinacionales o fondos de inversión de Europa y Norteamérica, que ya han comprado 56 millones de hectáreas, más que la extensión de España. Y que lo hacen para expulsar a los agricultores nativos (como ha pasado en Brasil) y producir alimentos masivamente para la exportación, no para arreglar el hambre de esos países.

El libro de Martín Caparrós  deja bien claro que el problema del hambre no es falta de comida: hay suficiente para alimentar a 12.000 millones de personas y somos 7.000. El problema es que la comida  está mal repartida y unos comen mucho (un tercio de los americanos son obesos) y mucha carne (se destina el grano a engordar los animales, no a los hambrientos) mientras otros no comen ni pueden producir alimentos, que han pasado a ser un gran mercado mundial, controlado por las multinacionales, a precios cada vez más elevados, que los pobres no pueden pagar. Y arreglarlo exige no más ayuda humanitaria (parches) sino cambios drásticos en el sistema.

Y vayamos al cuarto libro, el que más me ha impactado: “Eso lo cambia todo. El capitalismo contra el clima”, de la periodista canadiense Naomi Klein. Y me ha impresionado (acongojado incluso) porque aunque creía que conocía el problema del cambio climático, es mucho más grave y acuciante de lo que pensaba: estamos muy al borde del precipicio (las emisiones en 2013 son un 61% más altas que en 1990, a pesar de llevarse 20 años negociando recortes y haberse celebrado 90 Cumbres del Clima) y nos queda poco tiempo (los expertos más serios creen que o tomamos medidas drásticas antes de 2017 o después ya será tarde).

El libro, riguroso y muy documentado (703 páginas), parte de una premisa novedosa: no se puede luchar de verdad contra el cambio climático sin poner en cuestión el sistema, porque es el propio capitalismo el que ha llevado a destruir el clima. Por eso, analiza con detalle Klein, los conservadores de todo el mundo (desde los republicanos en EEUU a Rajoy en España ) tratan de “negar” el cambio climático: porque saben que si los científicos tienen razón, la única manera de luchar contra las emisiones es poner en cuestión el sistema y los valores que la derecha lleva más de tres décadas defendiendo, apostando por medidas que no les gustan: más intervencionismo del Estado, más control sobre las empresas y el mercado, menos petróleo, carbón y gas y más apoyo público a las renovables, menos consumismo y otro estilo de vida, más sostenible.

Y sobre todo, el fin de las extracciones de petróleo, carbón y gas: si no dejamos en el subsuelo,  las reservas probadas en todo el mundo (27 billones de dólares) y las extraemos y quemamos, son 5 veces los gases que la atmósfera puede absorber, poniendo en peligro nuestra subsistencia.  En paralelo, habría que obtener nuevos recursos (“quien contamine, pague”) para financiar el cambio de sistema, apoyando las energías renovables y promoviendo un nuevo esquema de vida, menos contaminante, desde las viviendas al transporte, la industria o la agricultura. Y con menos consumismo, porque producir sin freno es la mayor fuente de emisiones.  Y sobre todo, es importante, repartir el esfuerzo. El 70% de las emisiones que ya están en la atmósfera son culpa de los países ricos, que llevamos dos siglos contaminando. Pero ahora, la mayor contaminación procede de los países pobres, sobre todo de China, que al ser la fábrica del mundo es también su “chimenea”. Y los países emergentes dicen que no pueden frenar su desarrollo para no contaminar. Pero sin frenar estas emisiones, las que ahora más crecen, nos pasamos todos los límites y el cambio climático será imparable. Por eso, hace falta que los países ricos les ayuden a financiar los cambios y les transfieran nuevas tecnologías a bajo coste.

El libro de Klein alerta sobre el riesgo de que, como las medidas contra el cambio climático han  de ser muy drásticas, aparezcan falsas alternativas bajo la esperanza de “tecnologías milagro, como bombardear la estratosfera con azufre (para crear millones de espejos de SO2 que reduzcan los rayos del sol), máquinas para captar CO2, la siembra de nubes o  la fertilización de los  océanos. Las analiza, explica sus contras (peligrosos) y reitera que antes de buscar un Plan B hay que centrarse en el Plan A: huir de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas), desarrollar las energías alternativas y cambiar el sistema, buscando un crecimiento sostenible.

Al final, Naomi Klein se muestra pesimista de que los Gobiernos tomen medidas efectivas, porque han de ser muy drásticas y atentan contra empresas y sectores muy poderosos, que no querrán hacerse el harakiri. Y lo compara a la lucha contra la esclavitud. Su esperanza está no en los movimientos ecologistas (critica muy duramente a los convencionales) sino en  los movimientos de base, en los miles de personas que cada día se movilizan en defensa de la naturaleza, desde Ecuador o Canadá y de Nueva York a Grecia o Gran Bretaña, contra los oleoductos, el fracking, las minas de carbón o las arenas bituminosas. Un movimiento cada vez más masivo, que defiende no destruir la tierra de todos. Sólo la gente puede salvarnos.

Y para desengrasar, un comic: “Lo que me está pasando. Diarios de un joven emperdedor”, de Miguel Brieva. Un libro ilustrado, con un papel que huele a papel (¡huélalo¡), donde desfilan los delirios de un joven que se mezclan con la realidad (más tremenda que sus sueños).  Un relato gráfico de calidad, que pretende hacernos reflexionar sobre lo cotidiano en clave diferente. Extraño pero interesante, como la vida misma. Y diferente a los comic habituales.

Espero que alguno de estos libros le interese y le ayude a entender mejor nuestro mundo. ¡Felices vacaciones¡ … y hasta septiembre.

jueves, 30 de julio de 2015

Menos impuestos y un Presupuesto electoral


Rajoy no se ha cortado al utilizar la economía para ganar las próximas elecciones. Primero, adelantó al 1 de julio la bajada de impuestos prevista para 2016 (rebaja mínima: 16 euros para la mitad de los contribuyentes). Segundo, bajará la luz un 2,2% el 1 de agosto (con trampa, y aun así, el recibo subirá en 2015). Tercero, un Fondo de ayudas sociales y contra la pobreza (tras haberlas recortado a la tercera parte).Y lo más inaudito: mañana aprobará un Presupuesto para 2016, que impondrá al Gobierno que se elija en diciembre. Con él, intenta ofrecer algunos “regalos” más a los electores: subidas a pensionistas y funcionarios y unas cuentas “más alegres” tras cuatro años de recortes. Son medidas de una gran “desvergüenza política” pero con algo positivo: reanimarán la economía y crearán más empleo, las bazas de Rajoy para ganar las elecciones. Eso sí, incumplirán el déficit que impone Bruselas. Pero cuando se sepa, será ya 2016. Y si nos imponen más recortes, ya habremos votado.
 

enrique ortega


El Gobierno Rajoy impuso en 2012 la mayor subida de impuestos de la democracia, aumentando el IRPF, el IVA, Sociedades y los demás impuestos, lo que restó ingresos a los españoles y empresas, recortando el déficit pero agudizando la recesión. Y en 2014, anunció una mini reforma fiscal, que bajaba los impuestos en 2015 y 2016, aunque menos de lo que los había subido. Este 1 de enero empezó la primera rebaja, en el IRPF y Sociedades, y el 10 de julio, el Consejo de ministros Gobierno decidió “adelantar” al 1 de julio una segunda rebaja en la Renta (IRPF), intermedia a la prevista para 2016. Si para el año que viene los tipos del IRPF bajan al 19%-45% (según ingresos), ahora en julio los han puesto en una franja del 19,5%-46%, inferior a la que regía desde enero (20%-47%). Y lo mismo en los tipos que se aplican al ahorro (cobro intereses y dividendos), que quedan en el 19,5-23,5%.

Con este “regalo sorpresa”, el Gobierno Rajoy dice que los contribuyentes van a pagar 1.500 millones de euros menos este año en el IRPF, una media de 75 euros por persona, que se notará en las nóminas desde julio (al bajar las retenciones). Pero lo que no dice es que la rebaja no es igual para todos: es mayor para los que más ganan. Así, el tipo del IRPF baja un 0,5% para los que ganan hasta 35.000 euros y un 1% para los que ganan más. Con lo que los contribuyentes con ingresos inferiores a 12.450 euros se ahorran 3,8 euros en estos 6 meses de 2015, los que ganan entre 12.450 y 20.200 se ahorran 35,4 euros y los que ganan más de 60.000 euros se ahorran 861,9 euros, según el cálculo de la asociación de inspectores de Hacienda Gestha, para quienes esta rebaja del Gobierno supone un ahorro medio de 16 euros para la mitad de los contribuyentes. Vamos, que no es para tirar cohetes.

Vayamos al segundo “regalo”, la bajada de la luz un 2,2% desde el 1 de agosto. Primero, hay que decir que tiene “truco”. Dicen que la hacen porque han saneado las cuentas del sector eléctrico, pero la realidad es otra: la hacen porque nos habían cargado en el recibo un extra de 200 millones de euros para ayudar a las centrales térmicas a quemar carbón nacional y ante la demora del Gobierno para dotar de un marco legal a esas ayudas, han decidido devolverlas, ya que no se usarán en 2015. O sea que nos devuelven vía rebaja algo que ya nos cobraron y que no se ha gastado por negligencia del Gobierno. Eso sí, a cambio, y para evitar más broncas con los mineros y la industria del carbón (que estuvieron a punto de hacerles perder las elecciones en Castilla y León), el mismo Consejo de ministros del 10 de julio aprobó adelantar las prejubilaciones de los mineros, así que lo que nos ahorramos con el recibo de la luz lo pagaremos todos vía Presupuestos. Y además, esta rebaja del 2,2% será insuficiente para compensar el 7,25% que ya ha subido la luz en el primer semestre de  2015.

Tercer “detalle” del Gobierno Rajoy: aprobar 59,9 millones de ayudas para un Fondo contra la pobreza (32 millones), para el Plan concertado (27,2 millones) que financia las ayudas sociales que prestan los Ayuntamientos (comedores, albergues, ayudas y servicios) y para el Plan de desarrollo gitano (412.500 euros). Suena “muy social”, pero lo que no dice el Gobierno es que este dinero es la tercera parte del que se daba en 2011, antes de llegar ellos al Gobierno, cuando recortaron drásticamente estas ayudas, a pesar de que España es el noveno país de Europa con más pobreza: un 27,3% de los españoles están en riesgo de pobreza o exclusión social (2013), según los criterios europeos (indicador AROPE).Son 12,6 millones de españoles, a los que ahora Rajoy ofrece una limosna de 59,9 millones de euros, cuando haría falta un Plan de choque contra la pobreza con 12.000 millones de euros.

Y vayamos a la cuarta baza electoral, los Presupuestos para 2016, que el Gobierno aprueba mañana, algo inaudito en democracia: el Parlamento trabajará en agosto, para aprobarlos en octubre, antes de disolver las Cortes por las elecciones de diciembre. Por un lado, es una imposición de Rajoy al futuro Gobierno: nacerá con este Presupuesto, que deberá cambiar a golpe de decretos leyes o con otro Presupuesto (si consigue mayoría para cambiarlo). Y sobre todo, es un intento de aprovechar el Presupuesto como “baza electoral”, presentando unas cuentas “más alegres” tras cuatro años de duros recortes. Así, se espera que suban las pensiones (tras años de congelación y una mínima subida del 0,25% en 2015) y los sueldos de los funcionarios (que podrían recuperar la extra). Que aumente el gasto en algunas infraestructuras (AVE), en personal público (tras los recortes de plantillas en sanidad y educación) y en algunas partidas sociales, como Dependencia y ayudas a la familia. Incluso que Educación suba las becas y recupere las ayudas para libros (suprimidas en 2012).

Un mayor gasto para 2016 que dicen es compatible con reducir el déficit público porque habrá ahorros en dos partidas clave: el pago de intereses de la deuda (podrían reducirse en más de 2.000 millones) y en el pago a los parados (otros 2.000 millones menos, a pesar de que la mitad de los más de 5 millones de parados EPA no cobran nada). Y además, dicen, se recaudará más porque España crecerá más. No será fácil que las cuentas salgan. Primero en este año 2015. Porque el objetivo prometido a Bruselas es bajar el déficit público del 5,7% en que cerró 2014 al 4,2% del PIB fijado para este año, lo que supone un recorte de 15.000 millones, bastante difícil de conseguir si el Gobierno hace dos bajadas de impuestos (enero y julio) y si además las nuevas autonomías (que tienen que recortar 10.000 millones) gastan más, como así han prometido los nuevos gobernantes. Pero es que además, para 2016, el objetivo fijado con Bruselas es un déficit del 2,8% del PIB, lo que significa que España tiene que recortar otros 14.000 millones en 2016. Algo aún más imposible, con nuevas bajadas de impuestos y más gasto (en autonomías y con el Presupuesto 2016), por mucho que se crezca.

En definitiva, que Rajoy aprueba más rebajas de impuestos y un Presupuesto electoral, más alegre en el gasto, sabiendo que no va a cumplir con las exigencias de déficit de Bruselas. Pero no le preocupa. Primero, porque sabe que ni Merkel ni los conservadores de la Comisión se lo van a echar en cara ahora, porque no quieren restarle votos y que gane la izquierda o Podemos (con Grecia tienen bastante). Y segundo, porque cuando se sepa el déficit real de 2015 será en febrero de 2016 y si hay que hacer más recortes, impuestos por Bruselas, ya no será un problema para el Gobierno que esté: ya habremos votado.

Y mientras, Rajoy intenta ganar las elecciones con la economía. Sus últimas medidas, bajar impuestos y gastar más en el Presupuesto 2016, son una desvergüenza electoral”, pero realmente van a servir para reanimar la economía, algo que debería haber hecho hace dos años, no ahora. Por un lado, los españoles tendrán algo más dinero para gastar y el gasto público también va a tirar. Con ello, la economía crecerá el doble, un 3,3 % en 2015 y un 3,1% en 2016 (frente al 1,4% en  2014). Y ello permitirá crear empleo, más que antes de la crisis porque ahora se “reparte” más: es un empleo a tiempo parcial y temporal, además de mal pagado. Así, la previsión del Gobierno es crear 602.000 nuevos empleos este año, que se sumarían  a los 433.900 creados en 2014. Más de un millón de españoles que vuelven a trabajar, que consumen y que pagan impuestos, ayudando a crecer más.

Si estas cuentas le salen a Rajoy (y le pueden salir con los regalos electorales aprobados), podrá  presentarse a las elecciones de diciembre con dos datos definitivos, con los que nos van a machacar estos meses. Uno, que en esta Legislatura han creado 18.400 empleos netos. Y el otro, que en España hay 420.700 parados EPA menos que cuando llegaron al poder en 2011. Es su baza electoral, que puede ser un espejismo para mucha gente, que no verá otros elementos del balance: la economía sigue sin ser competitiva, no tenemos un modelo de crecimiento y hay media España que ha salido muy mal parada de esta crisis (parados, pobres, jóvenes sin futuro, mujeres, mayores de 45 años), donde el Gobierno ha pisado muchos callos a demasiada gente, sin olvidar los recortes a las libertades.

Deberíamos ser un país de ciudadanos formados, a los que no engañaran con trucos electorales de última hora y que fuéramos al fondo de las cuestiones. Y el fondo es que, aunque la economía va mejor, España es el segundo país de Europa con más paro y el que tiene más deuda, dos losas sobre nuestro futuro. Un futuro que pasa por buscar un nuevo modelo de crecimiento estable y competitivo, que no se base en el turismo y la construcción, sino en la industria, las nuevas tecnologías  y la exportación. Y un futuro que sanee de una vez las cuentas públicas, con más ingresos (somos el segundo país del euro que menos recauda, un 38,3% del PIB frente al 46,7% en la zona euro, por culpa del elevado fraude fiscal), que permitan más gastos (el gasto público en España es uno de los más bajos de Europa, un 43,9% del PIB frente al 49,3% en la zona euro,), para consolidar el Estado del bienestar (educación, sanidad, gastos sociales y Dependencia), desmantelado por Rajoy. En definitiva, si fuéramos como los demás europeos, deberíamos recaudar 84.000 millones más, que nos permitirían reducir el déficit y gastar 54.000 millones más, sobre todo en educación, formación, tecnología, industria y exportaciones, las asignaturas pendientes de este país.

Pero quizás este esquema es demasiado complejo para unas elecciones, donde todo se juega en simples mensajes. Y aquí, Rajoy, tiene las de ganar, insistiendo en que ha creado empleo (precario y mal pagado) y ha bajado el paro (aunque haya más de 5 millones). Sobre todo si enfrente no hay alternativas de cambio real, políticas que exploren otros caminos para dinamizar la economía, recaudar más y gastar más para modernizar el país y mejorar el nivel de vida de los que más han perdido con la crisis. Yo no las veo.

lunes, 27 de julio de 2015

Vacaciones: España a tope (de turismo barato)


La mitad de los españoles salen estos días de vacaciones, mientras otro 45% no pueden cogerse ni una semana por la crisis, según el INE. Los que salgan se van a encontrar el cartel de “completo en muchos lugares, sobre todo de la costa mediterránea y andaluza, porque este año hay más españoles que viajan y porque será otro verano récord de extranjeros, principalmente británicos, franceses y alemanes. Eso sí, mucho es turismo barato, de extranjeros que vienen sin viaje organizado, a apartamentos ilegales. De hecho, el gasto por turista lleva 25 meses cayendo y ronda los 116 euros diarios. Y se concentra en 6 autonomías, mientras las 11 restantes sólo captan un 10% de turistas e ingresos. España es la tercera potencia turística mundial, tras Francia y USA, pero nuestra primera industria precisa una reconversión a fondo, para conseguir más turismo fuera del verano y de la costa, un turismo de más calidad, que gaste más y cree más empleo.
 

enrique ortega



Siempre creemos que toda España se va a vacaciones en verano, pero casi la mitad no las cogen nunca: el 45% de los hogares españoles (8,3 millones de familias) no puede salir de vacaciones ni una semana al año, según la Encuesta de condiciones de vida del INE (2014). Un porcentaje que ha aumentado con la crisis (en 2010 eran el 40,8% de los hogares) y que sube en el sur de España, sobre todo en Murcia (61,5% de hogares sin vacaciones), Andalucía (59,5%) y Canarias (57,9%), mientras se reduce en Navarra (sólo 21,4% de hogares sin vacaciones), País Vasco (24,6%) y Madrid (28,9%), según el INE.

En Europa, sólo el 60% de las familias saldrá de vacaciones este verano, más que el 54% de 2014, según el Barómetro IPSOS Europ Assistance. Un 43% saldrá una sola vez en Europa (y el 17% varias veces), frente al 42% en España, el 48% en Italia, el 46% en Francia, Alemania o Austria, el 40% en Bélgica t el 33% en Reino Unido. El presupuesto medio para vacaciones de los europeos será este año de 2.390 euros (180 euros más que el año pasado), siendo el mayor gasto el de británicos (3.081 euros), alemanes (2.457 euros) y franceses (2.181 euros) y el más bajo el de españoles (1.719 euros) e italianos (1.708 euros). Cuatro de cada diez europeos prefieren pasar las vacaciones en su país, siendo los que menos salen los españoles (66% veranean aquí), italianos (62%) y franceses (56%) y los que más viajan al extranjero los británicos (59%), alemanes (61%), austriacos (67%) y belgas (71%).

Este año se recupera el turismo de los españoles, la mitad del negocio turístico, por primera vez desde 2010. Los hoteleros han visto un aumento de la ocupación en Semana Santa y primavera y esperan un verano con muchos más españoles en hoteles y apartamentos, sobre todo en la costa mediterránea y andaluza, en la cornisa cantábrica, en Madrid y algunas zonas de Castilla y León. Eso sí, los que viajen comprobarán que han subido los precios este año, entre un 5 y un 10%, tanto en los hoteles y apartamentos como en los servicios (restaurantes y ocio), tras años de caídas. El sector espera un aumento del 10% en la ocupación hotelera de los españoles, con estancias de pocos días, una semana de media.

Los españoles que salgan de vacaciones se van a encontrar este verano con otro récord de turistas extranjeros, la otra mitad del negocio turístico: se espera que nos visiten más de los 24 millones de extranjeros que vinieron el verano pasado. Quizás haya una ralentización del turismo británico (15 millones en 2014, el 23% de todos los turistas), pero se espera un aumento de los turistas franceses (10,6 millones, el 16% del total), alemanes (10,4 millones en 2014, el 16% del total), belgas, italianos y suizos (su moneda se ha fortalecido mucho), mientras bajarán los turistas portugueses y, sobre todo rusos (por la devaluación del rublo y las sanciones europeas), que se desvían a Turquía. Y se espera que crezcan los turistas procedentes de Norteamérica, Latinoamérica y Asia (China, Japón y Corea del sur).

Este verano habrá otro récord de turistas por varias razones. Primera, porque seguiremos recogiendo turistas que antes iban al norte de África (Túnez y Egipto), a Grecia y Turquía y que ahora optan por la seguridad de España, sobre todo en Canarias y Andalucía. También ayuda y mucho la debilidad del euro, que se ha depreciado un 17% en el último año, lo que atrae a turistas con monedas más fuertes, como británicos, nórdicos, suizos y norteamericanos. En tercer lugar, ayuda también el petróleo barato, que ha rebajado los billetes de avión (y el 82% de los turistas que vienen a España lo hacen por vía aérea). Por último, también ha mejorado este año la economía de los principales turistas europeos, sobre todo británicos, alemanes y franceses, aunque no la de italianos y portugueses.

El problema de fondo es que se baten récord de turistas pero gastan menos, porque aumenta el turismo barato. De hecho, el ingreso medio por turista lleva 25 meses cayendo, según la patronal turística Exceltur: los ingresos turísticos totales han crecido un 2,6% hasta abril, según el Banco de España, pero como los turistas han crecido un 4,4%, en realidad el gasto medio ha caído un 1,9%. El gasto medio por turista es de 968 euros (enero-mayo), según Egatur,  y como la estancia media es de 8,34 días, el gasto medio diario es de 116 euros. Un gasto bajo, que es menor entre los turistas que más nos visitan: británicos (102 euros diarios), franceses (94 euros) y alemanes (103 euros), mientras gastan más norteamericanos (158 euros diarios), nórdicos (123 euros) y sobre todo chinos (785 euros diarios).

Los turistas extranjeros gastan menos porque está creciendo el turismo low cost, según los hoteleros de Exceltur. Por un lado, aumentan los turistas que llegan en vuelos de bajo coste, que gastan bastante menos (77 euros diarios) que los que llegan en vuelo normal (108 euros diarios). Y por otro, la mayoría de turistas viene sin viaje organizado, por su cuenta (66,5%), y muchos vienen a apartamentos de alquiler no regulados (apartamentos “piratas”), donde gastan mucho menos (68 euros diarios) que los que vienen a hoteles o apartamentos regulados (108 euros diarios). Así que el perfil del turista medio sería un europeo que llega en vuelo low cost y se aloja en un apartamento ilegal, gastando poco. Y además, la mayoría de lo que gasta no se queda en España: el pago del billete y del hotel lo hacen a agencias y tour operadores extranjeros (británicos y alemanes), que controlan el turismo español.

España es la tercera potencia turística del mundo, tras Francia y EEUU, y este año volverá a batir todos los récords, con 68 millones de turistas extranjeros, 3 millones más que en 2014. Pero no basta con la cantidad: hay que conseguir que vengan más turistas, pero sobre todo  que gasten más, lo que implica buscar más turistas de fuera de Europa, sobre todo de América (Norteamérica y Latinoamérica), Asia y oriente Medio, que gastan más. Precisamente, un problema del turismo español es que está muy concentrado en Europa, de donde proceden el 89% de los turistas. Y otro problema es que más del 80% del turismo está dirigido al turismo de sol y playa, concentrado sólo en 6 autonomías (Canarias, Andalucía, Cataluña, Baleares, Madrid y la Comunidad Valenciana), que se llevan el 90,7% del turismo extranjero. Y los nuevos turistas que habría que captar, desde chinos a árabes o norteamericanos, no buscan sol y playa, sino cultura, compras, deporte o gastronomía.

Se impone pues dejar de hacer triunfalismo con los récord de turistas y buscar consolidar el futuro del turismo, la primera industria del país, para conseguir más ingresos y más empleo: se crea poco (1.560 nuevos empleos en 2014), muy precario (75% temporal y la mitad a tiempo parcial) y muy mal pagado (13.851 euros anuales, 8.846 euros menos que la media salarial española), según un informe de CCOO.


El sector turístico propone trabajar en dos frentes, con ayudas fiscales y financiación (créditos baratos de España y la UE, aprovechando las inversiones del futuro Plan Juncker). Por un lado, con una profunda reconversión del turismo de sol y playa, renovando instalaciones (muchas de los años 80 y 90) y mejorando la oferta, como se  ha iniciado en Baleares. Y por otro, configurar una oferta de turismo alternativo, atractivo y de calidad, asentado en la cultura, la gastronomía, los negocios, el deporte o la salud, para atraer turistas todo el año, a toda España. Y para ello, además de ayudas y créditos, hace falta mejorar las herramientas de venta, potenciando al máximo  las posibilidades de Internet (reservas, aplicaciones, ofertas), un camino para que el turismo español no dependa tanto de los tour operadores extranjeros (traen a 4 de cada 5 turistas). Y como colofón, dedicar más recursos a la promoción turística fuera de Europa.

Además, los hoteleros están muy preocupados con la competencia desleal que les hacen los apartamentos no regulados, particulares que alquilan sus casas a extranjeros, un fenómeno que se ha disparado gracias a Internet: de hecho, hasta mayo, la demanda en apartamentos no reglados ha crecido un 24,5% mientras que la demanda en hoteles y apartamentos reglados crece un 3,3%. Y los hoteleros estiman que hay 2,7 millones de plazas en apartamentos no regulados frente a 2,4 millones de plazas reguladas (hoteles, apartamentos, casas rurales y campings). Piden medidas urgentes al Gobierno y a las autonomías, para regular estos alojamientos irregulares o cerrarlos. Y aseguran que si no se hace, se perderán 2.250 millones de ingresos turísticos, 39.800 empleos y 742 millones en impuestos entre 2015 y 2018.

La vaca del turismo sigue dando leche y contribuyendo más que nadie a la recuperación de la economía (+3,6% de aumento del PIB turístico en 2015) y del empleo. Pero si no se toman medidas, antes o después “se secará”. Ya hay un dato preocupante: está cayendo el gasto medio por turista desde hace más de dos años, porque lo que más crece es el turismo barato. Así que hace falta hacer un alto en el camino, entre tanto record año tras año, y plantear con el sector un Plan de futuro para el turismo, a 10 o 20 años, para consolidarlo y asegurar su porvenir. Necesitamos el turismo de sol y playa, pero hay que complementarlo con un turismo de calidad que nos visite durante todo el año. Debe ser el reto de los próximos años. No sólo presumir de récords de turistas.

jueves, 23 de julio de 2015

EPA: menos empleo del esperado y mucho paro


El Gobierno ha vuelto a echar las campanas al vuelo: en primavera se ha creado más empleo que nunca en los últimos 10 años. Es verdad. Pero también lo es que se han creado 100.000 empleos menos de los que esperaban los expertos: 411.800 empleos, casi igual que los creados en la primavera de 2014, a pesar de que ahora crecemos el doble. Y siguen siendo empleos precarios, temporales y por horas, muy mal pagados.  Además, el paro ha bajado menos que el año pasado, porque aumentan los españoles que buscan trabajo. Con ello, todavía hay 5.149.000 parados, un 22,39% de españoles, el doble que en Europa. Y lo más grave: más de la mitad (el 58,16%), casi 3 millones de parados, no cobran nada. Y dos tercios de los parados llevan más de 1 año sin trabajo (y 2,3 millones, más de 2 años), la mayoría con poca formación, lo que les impide encontrar empleo. Así que no estamos para tirar cohetes.
 

enrique ortega


La primavera suele ser un buen trimestre para el empleo, por el turismo (Semana Santa y puente de mayo), las tareas agrícolas y la contratación previa al verano y las rebajas. Y como ahora la economía crece el doble que el año pasado, se esperaba superar los 500.000 nuevos empleos (516.000 esperaban Asempleo y AFI). Pero no ha sido así: se han creado 411.800 empleos en el segundo trimestre, según la EPA, el mayor aumento en un trimestre desde 2005 pero poco más que en el segundo trimestre de 2014 (+402.400 empleos). Los datos de afiliación a la Seguridad Social ya anticiparon que en junio se ralentizaron las contrataciones, por el final del curso escolar y  las tareas agrícolas.

El empleo se ha creado sobre todo en los servicios (+291.700), por el turismo, la hostelería y el comercio, aunque también creció en la industria (+64.800), la construcción (+32.300) y la agricultura (+23.000). Dos de cada tres nuevos empleos se han creado en Andalucía (+124.700), Baleares (69.900) y Cataluña (+51.800), mientras el empleo bajaba en el País Vasco (-5.700) y Asturias (-3.300). La mayoría de los nuevos empleos se los llevan los hombres (58,6%) y sobre todo los mayores de 40 años (+264.000 empleos), mientras los más jóvenes, los menores de 30 años sólo consiguen 15 de cada 100 nuevos empleos. Y un 83% de los nuevos contratos son temporales.

Se crea empleo, sí, pero muy precario. En lo que va de 2015, un tercio de todos los nuevos contratos son temporales a tiempo parcial. Los contratos temporales son ya el 92,65% de los nuevos contratos y su duración es cada vez menor: en 2014, la duración media de los nuevos contratos fue de 53,3 días, según un informe del CES. Y en 2015, el 24,4% de los nuevos contratos duran 7 días o menos. Y crecen los contratos a tiempo parcial, inferiores a la jornada de 8 horas: ya suponen el 15,7% de todos los contratos, un porcentaje superior al de Italia (14,8%) o Grecia (11,2%), aunque inferior a la media OCDE (16,7%). El mayor problema no es sólo que haya muchos contratos por media jornada (o menos), sino que se hacen porque los parados no encuentran empleos a jornada completa: el 64,6% de los que tienen contratos a tiempo parcial querrían trabajar más horas. Son 2,2 millones de españoles subempleados, el 9,1% de los trabajadores, una tasa que duplica la de la Unión Europea (4,5%), donde somos el país con más subempleo tras Chipre, según Eurostat.

Un empleo precario y, claro, peor pagado. Los españoles que tienen un empleo temporal (25,2% de los asalariados) ganan un tercio menos que los trabajadores fijos, según las estadísticas del INE. Y los que tienen un trabajo a tiempo parcial, por horas, ganan un 38,2% de lo que ganan los que trabajan a tiempo completo. No sólo porque trabajen menos horas sino porque también ganan menos por hora: 10,70 euros frente a 16,11 euros, según el INE. Así se explica que aumenten los trabajadores pobres, aquellos que tienen un empleo pero que apenas consiguen subsistir: son ya 1.815.762 trabajadores pobres, 1 de cada 8 asalariados, el 12,3%, el mayor porcentaje en Europa tras Rumanía 19,1) y Grecia (15,1%).

Y vayamos a las cifras de paro de la EPA, que ha bajado sólo en 295.600 personas en el segundo trimestre, menos que los empleos creados (+411.800) porque en paralelo han aumentado las personas que buscan trabajo, tanto los jóvenes como los mayores que antes no buscaban y ahora buscan (mujeres). Es un indicador de lo que va a pasar en el futuro: puede crecer el empleo pero como también habrá más gente que ahora “se anime” a buscar trabajo, la cifra de paro puede bajar más lentamente. De momento, tenemos 5.149.000 parados, el 22,39% de los españoles, el doble de paro que Europa (11,3% en la zona euro). Y esa tasa sube al 32,3% entre los menores de 35 años y al 50% entre los más jóvenes.

Los datos del paro revelan tres hechos preocupantes de los que apenas se habla. Uno, que hay cuatro autonomías donde el paro supera o roza el 30%: Melilla (36,35%), Andalucía (30,98%), Canarias (30,3%) y Extremadura (29,56%), seguidas de cerca por Castilla la Mancha (27%), Murcia (24,77%) y Ceuta (24,59%), mientras tienen un paro “casi europeo” Navarra (12,55%), el País Vasco (15,98%), la Rioja (16,39%) y Madrid (17,66%). El segundo, que todavía hay 1.657.500 hogares donde todos están parados. Y el tercero y más grave, que más de la mitad de los parados siguen sin cobrar el desempleo: en mayo, sólo cobraban algún subsidio público 2.154.701 parados, el 41,84% de los parados EPA. Y de ellos, sólo un tercio (757.435 parados) cobraba un subsidio contributivo, de 801,50 euros mensuales (63,20 euros menos al mes de lo que estos parados cobraban cuando Rajoy llegó al Gobierno). Y los dos tercios restantes cobran un subsidio de 426 euros. Así que hay casi 3 millones de parados, la mayoría (el 58,16%), que no cobran nada. Y hay cinco autonomías donde casi dos tercios de los parados no cobran nada: Melilla (73,9% parados no cobran), Murcia (66,1% no cobran), Castilla la Mancha (62,6%), Madrid (62,5%) y Canarias (61,8%). Curiosamente, cuatro de las cinco regiones eran gobernadas hasta mayo por el PP.

Con todo, el mayor problema de fondo del paro es que la mayoría de los parados llevan más de un año sin trabajo y eso les resta posibilidades de encontrarlo: tienen un 6,7% frente al 26,5% del resto, según un estudio de Asempleo. Con la EPA de hoy sabemos que 3.186.100 parados llevan más de un año sin trabajar, un 61,8 % de todos los parados (frente al 49,3% en la UE-28). Y de ellos, 2,3 millones llevan más de dos años (y 1,4 millones más de 3 años), un colectivo que tiene muy difícil acceder a los nuevos empleos. Sobre todo si tienen más de 45 años (2 millones de parados)  y además tienen poca formación. De hecho, los datos de la EPA son estremecedores: 2.823.100 parados, más de la mitad del total (54,82 %) tienen baja formación, ya que no han terminado la educación secundaria. Y encima, sólo 1 de cada 6 parados hace cursos de formación. Así, se pueden eternizar” en el paro.

Todos estos son datos reales y oficiales, que no aparecen en los análisis triunfalistas del Gobierno (ni de la oposición: así nos va). Rajoy ha prometido crear este año 602.000 nuevos empleos y de momento lleva 297.500 (a los 411.800 creados en el segundo trimestre hay que restar los 114.300 perdidos en el primero). Puede cumplir y llegar a diciembre con la cifra de ocupados que ha prometido: 18.171.400 (le falta crear 304.900 empleos en dos trimestres: es factible). Con ello, se presentaría a las elecciones con 18.400 españoles más trabajando que cuando llegó al poder en 2011. Y así espera ganarlas. Claro que no dirá que todavía falta recuperar dos tercios del empleo perdido, otros 2,58 millones de empleos, para que haya en España tanta gente trabajando como antes de la crisis (20.753.400 ocupados en 2007). Y tampoco dirá que el paro que espera en diciembre de 2015 (4.866.600 parados, un 21,1% de los españoles) es la segunda mayor tasa de paro del mundo, totalmente inaceptable, máxime si la mitad de los parados no cobra y no tienen futuro, porque llevan demasiado tiempo en paro y además no tienen formación como para optar a un empleo.

Así que menos triunfalismo y más medidas para afrontar el problema que más preocupa a los españoles, el paro. Lo primero es conseguir crear más empleo y de mayor calidad. Para eso hay que crecer más y sobre todo de una forma más competitiva, porque si no, no crearemos empleo suficiente. Según un análisis del Banco de España, la previsión es que España crezca una media del 1,5% en la próxima década (2014-2016), bastante menos que antes de la crisis (crecimos un 2,8% de media en 1.991-2000 y otro 2,9% en 2001-2008), debido a nuestro problema demográfico (faltará mano de obra) y a la falta de capital (si no hay más ahorro, no nos podremos endeudar como antes). Y al crecer menos, el Banco de España prevé que se creará menos empleo: un +0,4% anual entre 2014 y 2026, que sería la cuarta parte del empleo creado antes de la crisis (+1,8 % entre 2001 y 2008) y un tercio del creado antes (+1,2% creado en 1991-2000). En resumen, que si no se hace nada especial, la tendencia es crecer poco y crear poco empleo en la próxima década.

Por eso, el futuro Gobierno debería tomarse en serio crecer más y crear más empleo, para poner el paro a nivel europeo en una década. Eso pasa por hacer otra política, en España y en Europa. Aquí, obligaría a una mayor inversión pública, con apoyos para reformar el modelo económico y promover un crecimiento apoyado en la industria, la exportación, un turismo remozado, la innovación y la tecnología, con un país más competitivo y empresas más grandes y que creen más empleo. Para lograrlo, es básico conseguir más ingresos públicos, para ayudar a la economía y a las empresas a “dar el salto”. Y eso es posible si España recauda más, como Europa, reduciendo el fraude y subiendo los impuestos a multinacionales, grandes empresas y mayores fortunas (se podrían ingresar 50.000 millones más). En paralelo, habría que presionar para que Europa reanimara la economía, con más consumo e inversión en la Europa del norte y más inversiones (Plan Juncker) en la Europa del sur.

Pero no es suficiente. Si se consigue crecer más y crear empleo, la mayoría no llegará a la mitad de los parados, los que llevan más tiempo en paro y tienen poca formación. España tiene que potenciar las políticas activas de empleo, como recuerda periódicamente Bruselas y la OCDE. Hay que gastar más dinero en colocar a los parados, después de que Rajoy recortara un tercio el presupuesto para políticas activas de empleo (de 7.714 millones en 2011 a 4.746 en 2015). Gastamos menos que los países nórdicos o de centro Europa que tienen una tercera parte de paro. Y además, lo gastamos mal: las oficinas de empleo (SPE) no tienen medios (1 funcionario por cada 269 parados frente a 1 por 47 en Alemania, 1 por 36 en Dinamarca o 1 por 22 en Reino Unido) y funcionan mal, sin ayudar a los parados a encontrar trabajo (sólo coloca al 2%). Y como no cobran subsidio, muchos se borran del paro.

En resumen, que es positivo que se cree empleo y baje el paro, pero queda mucho por hacer. Y que hay que ser más agresivo con la política económica si queremos que España no tenga el doble de paro que Europa durante muchas décadas más. Dejen tanto triunfalismo y afronten, unos y otros, el problema que más nos preocupa a todos. Ya.