lunes, 9 de marzo de 2015

España, bajo "vigilancia" de Bruselas


El 25 de febrero, mientras Rajoy hacía propaganda de la recuperación en el Congreso, el Comisario europeo de Economía “advertía” a España sobre sus desequilibrios: déficit público, paro y deuda. Incluso llamaba la atención sobre la pobreza y la "creciente" desigualdad. Y reiteraba que España sigue “bajo vigilancia” de la Comisión por incumplir 5 de los 11 indicadores del Pacto de estabilidad del euro, como Francia, Italia, Bélgica, Irlanda, Hungría y Eslovenia. Un “toque de atención” (plasmado en un documento de 106 páginas) del que no se habla, mientras Bruselas evita ser duro con Rajoy en año electoral. Entre tanta propaganda sobre crecimiento y empleo (ahora prometen 3 millones), hay que ser realistas: somos el país europeo con más paro (con Grecia), más déficit público, más déficit comercial y más deuda (pública y privada). Claros indicadores de que la economía sigue enferma, como piensan el 81% de los españoles (Barómetro CIS). Tenemos que ser más productivos, con más industria, empresas más grandes, más tecnología y más exportación. Crecer más y de otra manera. Un mensaje que no oímos: no da votos.
enrique ortega

Ya en noviembre de 2014, la Comisión Europea “advirtió” a España que no cumplía 5 de los 11 requisitos del Pacto de estabilidad del euro, unas exigencias económicas que Europa aprobó en 1997 para los países que quisieran estar en la moneda única. Lossuspensos eran en déficit público, paro, elevada deuda pública y privada, déficit comercial y sector exterior (déficit de capitales). Ahora, el comisario europeo de Economía, Pierre Moscovici, ha vuelto con la advertencia a España, detallada en este documento de 106 folios que es una verdadera radiografía de nuestra economía: “Ha habido mejoras, pero aún hay riesgos, como los preocupantes datos de paro, deuda e indicadores sociales”, por lo que “reclama al Gobierno acciones decisivas”. Y mientras, el país “seguirá sometido a supervisión comunitaria”, como Irlanda, Hungría y Eslovenia.

Es otro toque de atención a España, sin hacer sangre, porque al fin de cuentas, la Comisión europea (controlada por la “ideología económica conservadora”) sabe que estamos en un año electoral y no es cosa de debilitar a Rajoy y que avance Podemos (como Syriza en Grecia). Y además, Bruselas y el nuevo presidente Juncker están en una actitud más conciliadora, de “suavizar” los ajustes, porque ven que Europa no tira. Y así, han abierto la mano con Francia, Italia y Bélgica, también bajo vigilancia: han dado dos años más a Francia, hasta 2017, para bajar su déficit público al 3% (lo tienen en el 4,4%) y también a Italia y Bélgica para que rebajen su elevada deuda (132,2% del PIB y 105,8%), en lugar de sancionarlos y multarlos (como a España) por incumplir el Pacto de estabilidad del euro. Bruselas sabe que si se pone estricto y exige más ajustes (recortes) a tres de las cuatro grandes economías del euro, hay  riesgo de que Europa entre en la tercera recesión de esta crisis. Así que “abre la mano” y vuelve a ganar tiempo. Eso sí, se mantienen duros e inflexibles con Grecia: no habrá más ayudas sin duras reformas. Pero es que esos son heterodoxos, “anti-austeridad”, no son “de los nuestros”. Así que “a Syriza ni agua” (aunque lo sufran los griegos, hartos de recortes inútiles).

De España, lo que más preocupa a la Comisión es que el Gobierno Rajoy no recorte lo suficiente el déficit público, que ha sido en 2014 el más alto de los 19 países del euro: 5,6% del PIB, según la Comisión. Su previsión es que se rebaje al 4,6% en 2015, no al 4,2% que promete Rajoy. Y por eso, le pide “que tome más medidas” (habría que recortar 4.000 millones más), aunque saben que es difícil gastar menos (o subir ingresos) en un año electoral. De hecho, las autonomías están acelerando gastos e inversiones (obras) cara a mayo y la Comisión se ha quejado de que los créditos sin interés del Gobierno (un claro “regalo electoral de Rajoy) “ponen en riesgo la  disciplina fiscal de las autonomías”. Pero bueno, cuando se vea que han superado los déficits previstos, ya habrán pasado las elecciones… Y lo mismo en el Estado central.

En realidad, lo que más debía preocupar a la Comisión Europea es nuestro elevadísimo paro: 5.457.700 parados (EPA), un 23,70% de los españoles, una tasa de paro a años luz de la europea (9,8% en la UE y 11,2% en la zona euro). Y en paro juvenil, somos los líderes indiscutibles: 50,9% de los jóvenes menores de 25 años están sin trabajo, frente al 21,2% en la UE, el 50,6% en Grecia, el 41,2% en Italia, el 24,9% en Francia o el 7,1% en Alemania, según Eurostat. Un drama. Y a pesar de que se creó empleo en 2014 (+433.900 empleos), aún queda mucho para recuperar los 3.802.800 empleos perdidos en la crisis. España es el segundo país europeo que menos empleo perdido ha recuperado: sólo un 16,2%, frente al 9,2% de Grecia, el 19,3% de Portugal, el 27% de Italia, el 31,5% de Irlanda o el 73,7% de Francia. Y mientras, Alemania ha creado ya el doble del empleo perdido en esta crisis y Reino Unido el triple. Esto sí que es una recuperación y no lo que nos vende Rajoy. A este ritmo, tardaremos más de 7 años en recuperar el empleo perdido. En 2022. Demasiado.

No es sólo que tengamos más del doble de paro que la mayoría de Europa. Es que nuestros parados están mucho peor. Primero, porque tenemos más parados de larga duración: casi dos de cada tres (61,5%) llevan más de un año sin trabajar, cuando en Europa son la mitad. Segundo, porque la mayoría de estos parados tienen menos formación: el 70% no tiene acabada la educación secundaria. Y tercero, porque la mayoría de los parados no cobran: en enero, más de 3 millones de parados reales (EPA), un 56%, no cobraban subsidio. hay un grave problema de  pobreza (13 millones de españoles en riesgo de pobreza) y de "creciente desigualdad" , como alerta con preocupación el propio documento de la Comisión Europea sobre España. Un serio problema social, similar al de Grecia o Portugal, no al resto de Europa

Pero no sólo somos líderes en paro y déficit público. La “ejemplar España” de Rajoy es líder en Europa en deuda, pública y privada. La deuda pública cerró 2014 por encima del billón de euros (1.033.958 millones), una cuarta parte más que cuando Rajoy llegó al poder. Con ello, nos convertimos en el sexto país del euro con más deuda (101.2% del PIB para 2015), sólo por detrás de Grecia (168,8%), Italia (133,8%), Portugal (125,1%), Chipre (115,2%) y Bélgica (107,3%). Y hay que sumar la deuda privada, otros 1,7 billones de euros, entre lo que deben las empresas (959.358 millones) y las familias (745.793 millones), más endeudadas que en el resto de Europa, porque aquí creció más la burbuja inmobiliaria. Al final, una gran parte de esta deuda es con el exterior, con bancos e inversores extranjeros: la deuda de España con el exterior era de 1.003.000 millones de euros a finales de 2014, el 100% del PIB, lo que nos convierte en el país con más deuda exterior del mundo (en EEUU, el segundo, la deuda supone en 34% del PIB). Una enorme losa que pesa sobre nuestra recuperación y que, como advierte la Comisión Europea, es un gran riesgo para España: si “vuelve el baile” a los mercados y sube la prima de riesgo, tendremos que pagar mucho más de intereses.

Un país endeudado y con demasiados parados, que ingresa menos de lo que gasta y que compra fuera más de lo que vende (somos el segundo país de Europa con más déficit comercial, tras Francia), por lo que nos tenemos que endeudar más cada año. Así está España. Crecemos, sí, pero no más que los demás como dice Rajoy. En  2014, 9 de los 19 países del euro crecieron más que nosotros (+1,4%): Irlanda (+4,8%), Luxemburgo (+3%), Malta (+3,3%), Lituania (+3%), Letonia (+2,6%), Eslovenia (+2,6%), Eslovaquia (+2,4%), Estonia (+1,9%) y Alemania (+1,5%). Y se crea empleo, sí, pero todavía poco y muy precario (casi todos temporales y un tercio por horas). Y, sobre todo, se crea empleo en los sectores con menos valor añadido, baja productividad, contratos precarios y bajos salarios, como el comercio, turismo o servicios. Empleos poco seguros. Falta que despegue el empleo en sectores con futuro y cuando suban los salarios, algo obligado para reanimar el consumo.

La economía sigue creciendo al ralentí (+0,7% en el 4º trimestre) y una buena muestra es que las empresas siguen tirando precios para vender (ayudados por el petróleo barato): España es el tercer país europeo donde más caen los precios, un -1,5% de inflación anual (-2,8% en Grecia y -2,3% en Bulgaria, dos países quebrados). Otro signo de estancamiento es que sigue cayendo el crédito, en 2014 y en enero de 2015: las empresas y familias (muy endeudadas) no piensan en invertir y gastar, van al día. Y no ayudan al consumo los salarios bajos ni los recortes (educación, Sanidad, Dependencia...), aunque hayan bajado algunos impuestos (aún más altos que cuando llegó Rajoy).

Al final, España ha salido de la UVI pero presenta graves tumores, sobre todo el paro y la deuda. Dos síntomas de un mal de fondo: trabajamos menos gente (58% de la población de 20-64 años, frente al 68,5% en Europa y el 77% en Alemania: vean este esclarecedor gráfico, en página 31) y trabajamos peor, con menos productividad (España ocupa el puesto 13 en el ranking de competitividad de la UE). Así que si queremos mantener nuestro consumo y gasto, tenemos que “tirar de tarjeta”, endeudarnos. La única salida es cambiar el modelo de crecimiento: ser más eficientes, producir más y productos de más valor, exportar la mitad de lo que fabricamos (ahora el 34%). Un reto que pasa por apostar por la industria y los sectores con futuro (no sólo construcción y turismo), por promover empresas más grandes, por invertir más en tecnología y formación, por mejorar la organización e internacionalización de las empresas. Un camino lento, que tarda en dar frutos. Hay que dejar la propaganda y empezar ya.

En paralelo, además de crecer más de otra manera, España necesita sanear de verdad sus cuentas públicas, no con más recortes sino con más ingresos. Y eso es posible, porque España es uno de los países europeos que menos recauda: sólo el 38,3% de su PIB, frente al 46,7% de media en la UE, según la Comisión Europea. Eso significa que si fuéramos como los demás, deberíamos ingresar 84.000 millones de euros más cada año. Para eso, tendríamos que reducir el fraude y la economía sumergida y conseguir que paguen más las grandes empresas y los ricos, no la mayoría. Y con esos ingresos extras, podríamos reducir el déficit público y la deuda y a la vez gastar más en lo que hace falta: formación, tecnología, inversión pública productiva, ayudas al empleo. Y en recomponer el Estado del Bienestar: en sanidad, educación, Dependencia y gasto social. Y, sobre todo, en ayudar a los que se han quedado marginados en esta crisis, los pobres y excluidos.  Debemos y podemos gastar más, porque aquí también España es diferente: el gasto público es el  43,9% del PIB, frente al 49,3% de media en la UE. Hay margen para gastar más si ingresamos más.

Si ha llegado hasta aquí, verá que los datos (oficiales) reflejan una España muy diferente a la que pinta Rajoy, con problemas más graves que la mayoría de Europa. Y lo españoles lo saben: un 81,3% cree que la economía no mejora, que estamos “igual o peor” que hace un año, según el Barómetro del CIS de febrero. Hay salida, pero con otra política, que se empeñe en crecer, ingresar y gastar de otra manera. Sólo así saldremos de la crisis de verdad. Pero esto no lo propone casi nadie en este año electoral. Así nos va.

jueves, 5 de marzo de 2015

Enganchados al "smartphone" para todo


Barcelona es esta semana la capital mundial del móvil, con el Mobile World Congress. España es uno de los países con más móviles del mundo y el 85% son ya teléfonos inteligentes (smartphones), el mayor porcentaje en Europa y el cuarto del mundo. Y no es sólo que tengamos 43 millones de smartphones: lo relevante es que no podemos vivir sin este móvil inteligente, con el que más que hablar por teléfono, nos comunicamos vía Internet: mensajería instantánea, mails, envío de fotos y vídeos, redes sociales, juegos, noticias, música, vídeos, TV… Estamos tan enganchados al smartphone que uno de cada cuatro adultos lo miran más de 50 veces al día. Un aparato sin el que no podemos vivir. El problema es que a las telecos no les salen las cuentas: llevan cinco años perdiendo ingresos por la guerra de precios, y antes o después nos subirán las tarifas (lo acaba de advertir Vodafone en Barcelona: "subirá el móvil"). Y como estamos tan enganchados, tendremos que pagar lo que nos pidan.
 
enrique ortega

En España hay más móviles que habitantes: 51 millones de móviles a finales de 2014, según datos de la CNMC. Y de ellos, un 85% son ya teléfonos inteligentes (smartphones), según el informe “Consumo móvil en España 2014”, elaborado por Deloitte. Eso nos convierte en el cuarto país del mundo con más penetración de los smartphones, sólo por detrás de Singapur (89%), Corea del Sur (88%) y Noruega (87%). Y estamos muy por delante de la Unión Europea (71%), con más penetración de los móviles inteligentes que Reino Unido (76%), Francia o Alemania (67%), según el informe “La sociedad de la información en España 2014”, elaborado por la Fundación Telefónica. En España, el 88% de los teléfonos inteligentes son Android (el líder es Samsung) y el 7,5% son  de Apple (IOS).

El éxito de los smartphones ha permitido que el móvil sea el sistema más utilizado por los españoles para acceder a Internet, por primera vez en 2014: se conectan a la Red por el móvil el 81,7% de los hogares, frente al 72,7% por el portátil o tablet o el 53,5% con el ordenador de sobremesa. La gran revolución de Internet en España, donde 24,5 millones de personas se conectan ya cada semana, es el tirón del Internet móvil: es el modo de acceso de 20,2 millones de personas en 2014, casi el doble que en 2012 (10,4 millones), según la Fundación Telefónica. Y la forma preferida de conexión móvil es, como en la mayoría del mundo, a través de Wifi (59%, frente al 38% en 2013), siendo el 40% a través de redes (a pesar del 4G).

¿Para qué usamos el smartphone? Bueno, lo primero para hablar por teléfono (84%), pero esta función está bajando año tras año. Y cada vez usamos más el móvil para comunicarnos por otras vías: mensajería instantánea (ha pegado un salto hasta el 77% de uso y la utilizan ya  el 89% de los jóvenes 18-24 años), envío de mails (43%), acceso a redes sociales (42%), SMS (35%, ha caído estrepitosamente), envío de fotos o vídeos (7%) y llamadas VoIP (5%). Lo más destacado en 2014 ha sido la generalización de WhatsApp: el 98% de los smartphones lo tienen instalado y el 51,5 % lo usan diariamente, siendo España el país europeo que más utiliza WhatsApp, según un informe de la CNMC. Y el cuarto del mundo, sólo por detrás de Sudáfrica, Singapur y Hong Kong. La realidad es que el uso del WhatsApp (y Skype) se ha comido a los SMS (también porque eran más caros en España) y a las redes sociales, que crecen menos porque la juventud se comunica más por WhatsApp. Y a las telecos les está haciendo polvo, porque siguen cayendo las llamadas entre móviles.

Los  usuarios de smartphones se bajan cada día millones de aplicaciones, para multiplicar los usos de su móvil, desde navegadores a buscadores y apps para bajarse música, juegos, vídeos, ver películas, operar con su banco o buscar entradas, billetes de avión o viajes. De media, cada usuario de smartphones tiene instaladas 39 aplicaciones, según la Fundación Telefónica.  La mayoría busca que sean gratis, aunque también crecen las de pago. En el día a día, la mayoría utiliza el móvil para leer o descargar noticias (77,6%), participar en redes sociales (67,1%), acceder a la banca electrónica (49,2%) o vender cosas (13,4%).En general, el 43% de los usuarios utilizan el móvil para buscar información, el 66% para planificar sus viajes y el 25% para ver vídeos, según la Fundación Telefónica. Incluso, se piden por Internet el 36% de las citas médicas y se hacen un 63% de consultas con la Administración.

El smartphone no se utiliza todavía demasiado para comprar por Internet, aunque sí para informarse bien antes de hacer una compra física. En 2014, 14,9 millones de españoles realizaron alguna compra por Internet (1,9 millones por primera vez), un 32% de los internautas frente al 47% en Europa. Y muchos lo hicieron vía móvil. De hecho, los expertos creen que el futuro de las compras online está en el smartphone, sobre todo entre los jóvenes (18-34 años), que ya hacen la mitad de estas compras. Por eso, esperan que el comercio por móvil (m-commerce) crezca en España un 48% en 2015, cuatro veces lo previsto (+13%) para el comercio online (e-commerce), según un estudio de PayPal y la consultora Ipsos.

Otro reto pendiente para el smartphone son los pagos. España es el cuarto país europeo en la utilización de la banca móvil, tras Turquía, Holanda y Polonia: en 2014, un 48% de españoles utilizaron aplicaciones de banca móvil, para acceder a sus cuentas a través de Internet, según un estudio de ING. Pero la mayoría utiliza el móvil sólo para consultar las cuentas (50% usuarios) y pocos para mover dinero entre cuentas (11%), pagar facturas (8%) o hacer transferencias (3%), por temor a problemas de seguridad. Sin embargo, el futuro de la banca está en los teléfonos inteligentes, para lo que deberán invertir aún mucho en desarrollos, y ofrecer una operativa sencilla y segura. Otra gran potencialidad de los móviles es el pago directo en tiendas, algo poco desarrollado en España porque no todos los smartphones pueden hacerlo (necesitan la tecnología NFC) y porque aquí son bastante populares las VISA de pago sin contacto (hay 4,45 millones y somos el tercer país de Europa en estas tarjetas para pequeños pagos, tras Polonia y Reino Unido). Y también avanzan las transferencias vía móvil a través de PayPal. Cara a un futuro muy cercano, gigantes como Google, Apple, PayPal y Microsoft buscan quitar negocio a los bancos tradicionales a través del móvil.

Otro uso del smartphone es para los juegos online. En España hay ya 2 millones de jugadores vía Internet y la mitad al menos son jóvenes que juegan con su smartphone. Y más desde enero de este año, en que se han autorizado las tragaperras online. El problema es el grave riesgo de ludopatía, incluso para los adolescentes: se han detectado muchos casos de niños de 13 a 18 años que juegan online, utilizando el DNI y la tarjeta VISA de sus padres. Y por eso crecen los casos de adicción al juego online en hospitales y consultas médicas.

Para adicción, la que tenemos todos con el smartphone. Ya no es sólo que lo utilicemos para casi todo, desde mandar un WhatsApp a amigos y familiares a conectarnos a Facebook, comprar una entrada, preparar un viaje, ver el periódico o escuchar música. Es que nos pasamos el día consultándolo: 1 de cada 4 adultos miran su smartphone más de 50 veces al día, según el informe de la Fundación Telefónica. Y los jóvenes de 18 a 24 años, 75,6 veces al día, según el informe de Deloitte. Esto tiene implicaciones negativas en todos los ámbitos, desde la educación y el trabajo a la vida familiar y la conducción (cada vez hay más accidentes de tráfico por mirar un WhatsApp que nos llega conduciendo). Y hay médicos que ya tratan la adicción al móvil: no en vano, un 10% de jóvenes lo mira más de 100 veces al día

En cualquier caso, el smartphone ha cambiado nuestras vidas y ha venido para quedarse mucho tiempo: para 2020, el 90% de la población mundial tendrá un móvil y la mayoría serán smartphones más sofisticados. Veremos grandes cambios en los próximos años, sobre todo en pagos y servicios bancarios, vídeo y TV bajo demanda, educación y ocio. Todo apunta a móviles modulares, que ofrezcan más servicios a través de aparatos que se conecten con ellos, como apunta el Proyecto Ara de Google. Y móviles que estén conectados a las cosas, a nuestro hogar, a nuestros electrodomésticos y a nuestro coche, como una llave para hacer más cosas. Las posibilidades son casi infinitas y aún no podemos casi ni vislumbrarlas.

Pero como siempre, la innovación y el futuro hay que pagarlos. De momento, parece que tener un móvil inteligente nos sale bastante barato. Eso se debe a la tremenda competencia entre las telecos, que llevan cinco años con una guerra de ofertas y precios, que ha beneficiado mucho a los usuarios. Pero quizás hayamos llegado al límite: los ingresos de las telecos que operan en España se han desplomado un 35% entre 2010 y 2014, por el triple efecto de la bajada de tarifas (-50% en voz), la guerra de ofertas fijo-móvil-Internet y la pérdida de ingresos por el auge de WhatsApp y Skype. Y, en paralelo, necesitan hacer fuertes inversiones para extender y ampliar redes y ofrecer nuevos servicios. Una pinza que sólo se resuelve de una manera: consiguiendo más ingresos. Y ahí entramos nosotros, los usuarios.

De manera que, antes o después, las telecos empezarán a subirnos las tarifas, a cobrarnos más no tanto por la voz como por los datos, por los servicios, por los usos y descargas. Y más si el mercado lo acaparan "los tres grandes"  (Movistar, Vodafone y Orange), que controlan el 90% del mercado.  Lo acaba de advertir en Barcelona el consejero-delegado de Vodafone: "El móvil subirá en España". Es impepinable si no quieren irse a pique. Y ahí, nosotros tenemos un problema: estamos enganchados. Y nuestros hijos más. Así que podrán cobrarnos más fácilmente, aunque protestemos. Pero no podemos prescindir del móvil para casi todo. Nos tienen bien cogidos.

lunes, 2 de marzo de 2015

El tamaño importa: demasiadas pymes


En España hay una cierta “mística” de las pequeñas y medianas empresas: políticos y economistas presumen de defender a las pymes, asegurando que son la clave de la economía (y más en año electoral). Lo que no dicen es que en esto del tamaño de las empresas, España también “es diferente”: tenemos muchas más micropymes (0-9 empleados) que la mayoría de Europa y muchas menos empresas medianas y grandes. Y la consecuencia es que somos menos competitivos, porque las pymes son menos productivas, crean menos empleo estable, innovan y exportan menos y mueren antes que las empresas más grandes. Demostrado en esta crisis, donde las empresas medianas y grandes han aguantado mejor que las pequeñas y los autónomos. Por eso, si queremos competir mejor, crecer más y crear más empleo estable, hay que fomentar empresas de más tamaño, facilitando que las pequeñas y medianas empresas se fusionen y se hagan más grandes. Porque el tamaño importa y mucho.
enrique ortega

En medio de tanta propaganda sobre lo mucho que crece España, casi nadie habla de la necesidad de cambiar el modelo de crecimiento, para salir de la crisis de verdad. Porque hemos empezado a crecer gracias a un duro ajuste, en base a que las empresas despidan (3,3 millones ocupados menos que en 2008) y recorten salarios (entre un 10 y un 15%), mejorando así su competitividad dentro y fuera de España. Pero ahora, ¿cómo seguir creciendo y a la vez crear empleo y tener salarios dignos? Hay que producir más y mejor, mejorar la productividad de España, que ocupa el puesto 13 en el ranking europeo (UE-28). Ese es el gran reto del que no habla Rajoy (ni la oposición). Y eso obliga a cambiar de modelo de crecimiento, a crecer sobre la base de unas empresas más productivas, mejor organizadas, más innovadoras, más industriales y más internacionales. Y también, en base a unas empresas de mayor tamaño. Porque en economía, el tamaño sí importa.

España es un país de microempresas: empresas de menos de 9 trabajadores y autónomos (que llevan un par de años creciendo por el autoempleo de muchos parados). En total, de las 2.779.146 empresas censadas el 1 de enero de 2015, hay 1.090.021 empresas con 1 a 9 trabajadores y 1.537.788 autónomos sin asalariados. O sea, que el 94,5 % de las empresas españolas son microempresas (0-9 trabajadores), cuando en la UE-28 son el 92,1% y en los países más competitivos, muchas menos: un 81,8% de micropymes en Alemania y un 89,4% en Reino Unido, aunque se nos acercan Italia (94,4%) y Francia (93,9%), según datos de Eurostat. En empresas pequeñas (10-49 trabajadores) tenemos menos (5,4% España frente a 6,6% la UE, 8,7% Gran Bretaña y 15,1% Alemania). En medianas (50-249 trabajadores), tenemos muchas menos: 0,7% del total en España, frente a 1,1% en la UE, 2,6% en Alemania, 1,5% en Gran Bretaña, 0,8% en Francia y 0,5% en Italia. Pero donde hay más diferencia es en las grandes empresas (+250 trabajadores): en España sólo el 0,1% del total de empresas (3.918 empresas en 2015), la quinta parte que en Alemania (0,5%, unas 9.000 empresas) y menos que Reino Unido (0,4%) y Francia (0,2%), aunque igual que Italia (0,1%).

España es pues “diferente” en el tamaño de las empresas: el país europeo con menos peso de la gran empresa, con un enorme peso de las microempresas, quizás por falta de dinastías empresariales y por una iniciativa emprendedora muy ligada a los servicios y el turismo, no a la industria, más unida a la gran empresa y que ha perdido peso desde los años 80. El caso es que las microempresas son en general menos productivas, crean menos valor añadido y menos empleo estable. De hecho, si España hubiera tenido empresas del mismo tamaño que Gran Bretaña, se hubieran salvado del paro 500.000 empleos en esta crisis, según cálculos del Círculo de Empresarios. Y si tuviéramos la misma estructura empresarial de Alemania (más empresas grandes y medianas, menos microempresas), la productividad de nuestra economía sería un 13% mayor. O sea, produciríamos un 13% más sólo por eso.

Las empresas grandes son las que mejor han aguantado la crisis, según un estudio de la Fundación BBVA-Ivie. Han perdido menos negocio (-13% de caída de ventas) que las microempresas (-20%) y pequeñas (-25%) y también menos empleo: incluso hay 1,2 millones de trabajadores más en las grandes empresas que antes de la crisis, según la CEOE, mientras se ha destruido empleo en las pymes (más en las medianas y pequeñas que en las microempresas). Y en 2014, el empleo en grandes empresas creció casi el doble que en las pymes (+3,96% frente al 1,63%).

Esto se debe a que las pymes tienen más “mortalidad” que las grandes empresas: se crean muchas microempresas y autónomos (el 75% de las nuevas empresas es autoempleo), pero la mayoría no cuajan. Así, sólo el 39% de autónomos sobrevive a los cinco años y un 42% de las microempresas (1-9 trabajadores), mientras lo logran un 54% de las empresas con más de 10 trabajadores, según BBVA-Ivie. Y sólo el 14% de las microempresas cumplen 20 años, mientras lo hacen el 43% de las empresas con más de 20 empleados, según datos del DIRCE.

Las empresas medianas y grandes “viven más porque son más productivas. La productividad por empleado de la gran empresa industrial fue de 77.077 euros en 2013, según el INE, el triple que las microempresas (27.099 euros). Y si España tiene menos productividad que Alemania, Reino Unido, Francia o Italia, se debe sobre todo a que nuestras pymes son menos productivas, ya que en la gran empresa no hay tanta diferencia (incluso algunas grandes empresas españolas son más productivas que las alemanas, según un estudio de la Caixa). Las grandes empresas son más productivas que las pymes porque aprovechan economías de escala (al fabricar más, les bajan los costes medios), emplean a trabajadores más formados y utilizan más capital, se financian mejor, están mejor organizados, innovan más y están más volcadas en la exportación que las pymes.

La tecnología es un factor clave para mejorar la productividad. Y España fabrica en sectores con baja y mediana tecnología, ocupando el último lugar entre los grandes países europeos en sectores de media-alta y alta tecnología, que suelen estar ligados a grandes empresas industriales, con poco peso en España. El exceso de microempresas, que apenas invierten en innovación y tecnología, también explica el retraso tecnológico de España (junto a los recortes públicos en I+D+i).  Y el tamaño también tiene mucho que ver con la financiación: las pymes tienen menos acceso al crédito y les sale más caro (una pyme española paga un 2% de interés más por un crédito que una alemana, mientras una gran empresa sólo un 0,87% más), además de exigirles más garantías para prestarles. Por último, el tamaño tiene mucho que ver con exportar, un factor clave para sobrevivir: sólo exportan un 0,9% de las microempresas, frente al 44% de las pequeñas, el 79% de las medianas y el 88% de las grandes. Y la mitad de toda la exportación española se concentra en 222 grandes empresas.

Parece claro, con tantos datos abrumadores, que el tamaño importa y mucho. “Lo pequeño es bello” , pero mejor nos iría si tuviéramos más medianas y grandes empresas, que producirían más, serían más competitivas, más innovadoras, exportarían más y, sobre todo, crearían empleos más estables ante futuras crisis (que volverán). Por eso, España debería fomentar la fusión de empresas, de las pequeñas para convertirse en medianas y de las medianas para que se hagan grandes. Es lo que pretende una iniciativa muy interesante, el proyecto Cre100do, impulsado por el Icex, Círculo de Empresarios y Bankinter: ayudar a 100 empresas medianas de distintos sectores a convertirse en grandes en un plazo de cinco años.

El Gobierno debería poner en marcha un Plan similar más ambicioso, para que las empresas españolas ganen tamaño, para reducir el raquitismo empresarial. Porque no podemos competir ni crear empleo suficiente cuando el 97,6% de nuestras empresas facturan menos de 2 millones de euros y sólo 500 empresas facturan más de 250 millones. Hay que ganar tamaño, aumentar el número de empresas medianas y grandes, que además van a ser el motor de despegue de las pymes, “tirando” de ellas dentro y fuera de España.

Para conseguirlo, el Gobierno debería poner en marcha un Plan de ayudas fiscales y financieras a las fusiones de empresas, sector a sector. Y revisar el plan de ayudas públicas vigente, porque muchas se pierden cuando las empresas dejan de ser pequeñas o medianas (al tener más de 50 o 250 empleados, por ejemplo). Y también a nivel fiscal: muchas empresas no quieren crecer de tamaño, porque temen que Hacienda les vigile más. Y lo mismo pasa a nivel sindical: las empresas de más de 50 trabajadores están obligadas a tener Comité de empresa y liberados sindicales. Todo esto hay que revisarlo, con un gran acuerdo político, económico y laboral que tenga un solo objetivo: conseguir empresas más grandes. Dejar de hacer demagogia con las pymes y los emprendedores y apostar más por la mediana y gran empresa, que son las que mejor pueden asegurarnos el crecimiento y el empleo futuros. Y bajo su paraguas, fortalecido, crecerán también más las pymes. Lo dicho, el tamaño importa.