jueves, 28 de mayo de 2026

Dividendos y recompras: beneficios diferidos

Las empresas españolas llevan 5 años con un aumento histórico de ventas, márgenes y beneficios, pero eso no se traduce en un aumento de la inversión privada, que todavía está por debajo de 2019. Lo que está pasando es que las grandes empresas y bancos desvían más de la mitad de sus beneficios a sus accionistas por dos vías: unos dividendos récord y un aumento de las recompras de acciones propias, una nueva vía para hacer subir la cotización de las acciones y así aumentar lo que cobran los grandes ejecutivos de bancos y tecnológicas. La recompra de acciones era una fórmula muy usada en EEUU, pero tras la pandemia se ha generalizado en Europa y también en España: aquí, en el primer trimestre de 2026, estas recompras se han multiplicado por 6. Parece un tema “técnico”, pero el problema nos atañe porque muchas empresas especulan con sus acciones y no invierten lo que deben en sus negocios, su capital y sus empleados (sueldos y formación), en perjuicio de todos.

                              Recompra acciones propias en Bolsa: otra forma de diferir beneficios

Tras la grave crisis de la pandemia (2020), las empresas reanimaron sus ventas, márgenes y beneficios entre 2021 y 2025, cinco años de buenos resultados empresariales, a pesar de los altibajos por la guerra de Ucrania y el conflicto en Oriente Medio. En España, el margen bruto sobre ventas ha sido del 13,9% en 2025, según el Observatorio de Márgenes Empresariales (OME), siendo el beneficio bruto mucho mayor en inmobiliarias (29%), energía (28%) y hostelería (17% de margen bruto). Y otro dato: el beneficio neto de las 35 empresas del IBEX superó ligeramente los 70.000 millones de euros en 2025, más del doble de los 31.489 millones que ganaron en 2019, según sus propios balances.

¿Qué han hecho las empresas con estos beneficios? Pues más de la mitad de estas ganancias las han repartido entre sus accionistas, por dos vías: reparto de dividendos y recompra de acciones propias. El reparto de dividendos, un pago anual (dos veces al año) por cada acción, se disparó después de la pandemia, tras prohibir el BCE repartir dividendo a los bancos europeos en 2020. En Europa, las 600 grandes empresas del STOXX 600 repartieron 437.000 millones de euros en dividendos a sus accionistas en 2025, cifra que subirá a 454.000 millones en 2026 (+4%). Pero en España, el pago por dividendos creció mucho más (+128% entre 2020 y 2025), saltando de los 20.500 millones en 2021 a 41.503 millones en 2025. Y a esos pagos, las empresas cotizadas españolas han destinado 155.596 millones de euros en los últimos 5 años (2021 a 2025), una cifra récord. Y este año 2026, las empresas repartirán 25.848 millones de euros hasta junio (+17%, cuatro veces más que en Europa).

La otra vía para “diferir” beneficios, menos conocida, es la recompra de acciones propias: las grandes empresas y bancos recompran con sus beneficios una parte de sus acciones y las amortizan, es decir, desaparecen de los balances. Consecuencia: se reduce el número de acciones en circulación, lo que en principio aumenta su valor. Las empresas recompran acciones como una vía para reanimar la cotización de las acciones, cuando creen que están infravaloradas: al haber menos y mantenerse el valor de las empresas, debían subir. Pero la recompra de acciones propias tiene otra justificación menos explícita: la mayoría de los ejecutivos de las grandes empresas tienen una parte de su sueldo ligado a la cotización de las acciones (cobran en “stock options”, en opciones sobre acciones) y por eso su principal objetivo de gestión es conseguir que las acciones suban (como sea). Además, una tercera razón es que los accionistas no pagan impuestos con la recompra de acciones (sólo si las venden, por la plusvalía), mientras si pagan impuestos por los dividendos.

La recompra de acciones tiene una larga trayectoria en EEUU, desde 1982, cuando se aprobó un marco normativo y fiscal favorable, que apoyaba una cultura empresarial centrada en el valor de las acciones. Pero en Europa, la tradición eran los dividendos y las recompras están sujetas a un marco normativo de la UE sobre abusos de mercado (que impone límites al volumen y al precio) y se exige que las aprueben las Juntas de Accionistas. Sin embargo, tras la pandemia, las recompras de acciones propias también se han disparado en Europa. En conjunto, en todo el mundo, las recompras de acciones batieron récords en 2025: 1,46 billones de dólares en 2025, según Capital Group. Y las ejecutaron más de la mitad de las grandes compañías del mundo (el 52%), frente al 36% hace una década. EEUU concentra el 71% de las recompras mundiales de acciones propias, mientras Europa representa sólo el 10,8% de las recompras mundiales, ganando peso en Japón (recompraron acciones el 48% de las empresas en 2025). El protagonismo de estas recompras lo tienen los bancos y empresas financieras (el 26%), el sector tecnológico (el 21%: Apple ha destinado 440.000 millones de dólares a recomprar acciones propias en la última década), la energía, el sector de medios de comunicación y los grandes del sector minorista de la alimentación.

En Europa, aunque las recompras van muy por detrás a las de EEUU, el salto ha sido espectacular: 182.000 millones de euros gastados por las empresas en recomprar acciones propias en 2025, más del doble que hace 10 años (75.200 millones en 2015) y un 67% más que antes de la pandemia (109.000 millones en 2019). Entre las grandes empresas con más recompras en 2025 destaca la suiza Novartis (9.702 millones), seguida de las francesas Prosus (9.121 millones), Total Energies (7.030) o ASML (4.100 millones), la noruega Equinor (5.506 millones), la británica HSBC (5.297), el banco holandés ING (4.321 millones) o el Banco de Santander (4.073 millones), Barclays (3.859) y UBS (3.855). Algunos estiman que los bancos europeos han recomprado un 4% de sus acciones desde 2022. Y casi la mitad (el 44%) de las empresas europeas cotizadas en Bolsa recompraron acciones en 2025.

España se ha sumado tarde a esta “moda” de la recompra de acciones, pero con mucha fuerza, empujada por los bancos y las grandes empresas. En 2025, la recompra se hizo por un importe de 12.502 millones de euros, tras una cifra superior en 2024 (15.588 millones) y 2023 (13.415 millones). Pero este año 2026, la recompra de acciones en España se ha multiplicado por 6 en el primer trimestre, superando los 10.000 millones de euros. El Banco de Santander ha puesto en marcha dos programas para recomprar 10.000 millones en acciones entre 2025 y 2026. Y BBVA lleva más de 10.000 millones en recompra de acciones entre 2021 y 2026, mientras CaixaBank ha lanzado un nuevo programa de recompra por 500 millones de euros. Y del resto del IBEX 35, la mayoría tienen un programa de recompra este año: ACS (980 millones), Cellnex (800), Ferrovial (600), Endesa (517), IAG (500), Repsol (300), Iberdrola (200), Inditex (180), Viscofan (150)… Recompras que se suman a los dividendos.

La Comisión del Mercado de Valores (CNMV) ya criticó en 2023 las recompras de acciones, alertando de que las empresas y los bancos no están sobrados de capital y por eso no deberían reducirlo amortizando acciones, porque eso tiene implicaciones estratégicas  para los sectores y la economía, recomendándoles “reforzar sus recursos propios a medio plazo si quieren seguir competiendo, crecer, competir internacionalmente y transformarse con éxito frente a una transición digital y económica que exige inversiones cuantiosas”. Y además, la CNMV niega que la recompra de acciones cree valor para los accionistas a medio plazo, porque las acciones suben al principio, pero siguen cotizando igual después.

Otros expertos critican también las recompras exageradas de acciones propias, sobre todo en EEUU (en 2021, las 500 grandes empresas del S&P500 destinaron 880.000 millones de dólares a recomprar acciones propias), propiciadas por los grandes ejecutivos de las tecnológicas y los bancos, que buscan sostenerse en el poder (y hacerse multimillonarios) a costa de impulsar como sea el precio de la acción, aunque sea restando recursos para promover inversiones y programas estratégicos en sus compañías (y a veces, a costa de recortes drásticos de plantillas para hacer subir las acciones). Así, Apple, por ejemplo, aumentó un +107% su beneficio neto entre 2017 y 2021, pero disparó +176% su beneficio por acción. Y los grandes accionistas (ellos mismos muchas veces) se llevan así una parte diferida de los beneficios sin pagar impuestos (hasta que no vendan).

El problema de fondo es que las empresas difieren más de la mitad de sus beneficios a dividendos y recompra de acciones propias en lugar de a invertir y fortalecer sus negocios. En España, los datos son claros: en los últimos 3 años, las empresas cotizadas han destinado 6 veces más a pagar dividendos y recompras que a adquirir otras empresas o fusionarse. Así, en 2023,2024 y 2025, las empresas cotizadas han destinado 150.601 millones de euros al pago de dividendos (109.096 millones) y a la recompra de acciones propias (41.105 millones), mientras sólo destinaron 25.844 millones a financiar compras y fusiones. A lo claro: su prioridad ha sido mejorar la cotización en Bolsa y retribuir más a los accionistas (a los dueños, sobre todo) que invertir y construir unas empresas más grandes y competitivas. Y la estrategia sigue en 2026: el primer trimestre, las cotizadas españolas gastaron 21.000 millones de sus beneficios en dividendos (12.500 millones) y recompra de acciones propias (8.500 millones), frente a 7.350 millones destinados a adquisiciones, según London Exchange Group.

Este mismo problema sucede en Europa y explica parte de su atraso inversor: en 2026 se esperan salidas de caja” por importe de 1,5 billones de euros, de los que el 23% irán a pagar dividendos (345.000 millones) y otro 9% a financiar recompras de acciones propias (135.000 millones más), destinando sólo el 11% a adquisiciones de empresas (165.000 millones), que son escasas y se circunscriben a compras de participaciones en mercados donde ya están presentes. Y por todo esto, sólo destinan el 56% de su flujo financiero a inversiones orgánicas, I+D, innovación y tecnología. Ante este parón inversor en Europa, la Comisión Europea quiere facilitar las fusiones en Europa, para que las grandes empresas destinen sus beneficios no a retribuir a los accionistas (a sí mismos) sino a crear “grandes campeones europeos”, multinacionales UE que puedan competir con USA y China.

En el caso de España, el exceso de dividendos y recompra de acciones choca con un problema grave que arrastramos tras la pandemia: el escaso crecimiento de la inversión, uno de los tres motores del crecimiento y el empleo (junto al consumo y las exportaciones). La inversión total lleva 5 años recuperándose en España, pero es por la inversión pública (ha subido un +51,7% en 2025 respecto a 2019, básicamente por el oxígeno de los Fondos Europeos), ya que la inversión privada sigue por debajo que antes de la pandemia (-3,3 % que en 2019), según este estudio de Funcas. Y por supuesto, la inversión privada sigue todavía en España por debajo de los niveles de 2007, antes de la crisis financiera.

En resumen, nos encontramos con un panorama donde ganan mucho las grandes empresas y los bancos (10.815 millones los 6 grandes en el primer trimestre,+27%), pero que no destinan esos mayores recursos a invertir en proyectos de futuro (la inversión privada sigue por debajo a la de 2019) y a afrontar un crecimiento interno y una mayor competitividad, sino que destinan cada vez más beneficios a retribuir a sus accionistas (y a ellos mismos) por la doble vía de unos dividendos crecientes y la recompra de acciones propias. Se dedican más a especular con las acciones que a buscar fusiones, acuerdos e inversiones para dar un salto estratégico que les favorecería a ellos y al país. Son empresas, en España, en Europa y en el mundo, que se dedican a “la ingeniería financiera y bursátil” antes que a invertir en sus negocios, balances (mejora de capital) y trabajadores (salarios, formación y empleo). Como se ve, no estamos ante una cuestión “técnica” sino estratégica y de justicia social: destinar los beneficios a crecer y crear más riqueza y empleo, no a que haya más multimillonarios.

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