La inflación nos agobia
La inflación subió un +3,2% anual en abril, el
2º mes que supera el 3%, por la guerra en Oriente Medio, aunque la
subida es mucho menor a la que provocó la invasión de Ucrania (hasta +10,8%
en julio 2022). El problema es que llueve sobre mojado: en los últimos
5 años, la inflación acumulada sube un +22,9%, siendo mucho mayor la
subida de alimentos (+36,4%), alquileres (+42,8%), hoteles y
restaurantes (+30,6%) o transporte (+22,3%). Y sobre todo, los
precios han subido más que los salarios (+14,93% en los últimos 5 años),
con lo que la mayoría de familias han perdido poder adquisitivo, más que
en Europa. Por eso, aunque la economía y el empleo crecen más en España, muchos
ciudadanos “no notan” esta mejoría y más de la mitad cree que la
economía está “mal o muy mal”. Para corregir este pesimismo, sólo queda
una salida: subir más los salarios, tras varios años en que las empresas
han mejorado mucho sus ventas y beneficios. Urge repartir mejor el
crecimiento. 
Los alimentos han subido +36,4% en los últimos 5 años
España sigue creciendo (+0,6% el primer trimestre
2026, un +2,7% anual) y 2026 será el
5º año consecutivo en que creceremos más que el resto de Europa (+2,1%,
según
el FMI. Sin embargo, los españoles no tienen la sensación de que “la
economía va bien”: el 52,8% opina que la economía española va “mal”
(38%) o “muy mal” (14,8%), según el último Barómetro
del CIS (abril 2026). Un porcentaje de “pesimistas” que es mayor
al de antes de la pandemia (en junio
de 2019, sólo un 39,8% veían la economía entonces mal o muy mal), aunque es
mejor que la sensación negativa que tenían tras la invasión de Ucrania (el
72,6% de los encuestados veían la economía “mal” o muy mal” en
abril de 2022). Curiosamente, cuando a esas mismas personas se les pregunta
cómo es su situación económica particular, son
muy optimistas: el 64,7% la calificaban de “buena” (60,7%) y muy buena
(4%), el doble de los que pensaban así antes de la pandemia (junio 2019): 32,5%
dijeron que “buena” y 1,3% “muy buena”.
La posible explicación a esta aparente contradicción
(“España va mal, pero yo voy bien”) puede estar en la caída
de la confianza del consumidor tras varias crisis (pandemia, invasión
de Ucrania, guerra en Oriente Medio) y, sobre todo, en la preocupación
por la inflación y la vivienda, los dos
problemas que más destacan los encuestados por los Barómetros del CIS.
La inflación no debería preocupar tanto,
porque bajó dos
décimas en abril (al 3,2%), gracias a la rebaja de impuestos a los
carburantes y a la electricidad (que cuesta la mitad que en Europa, por el
mayor peso de las renovables). Y ese 3,2% de inflación está muy lejos de
los precios disparados tras la crisis anterior, la que siguió a la
invasión de Ucrania (24 febrero 2022): llegó a subir por encima del 10% entre
junio y agosto de 2022 (con un
máximo del 10,8% de inflación en julio 2022) y no bajó del 4% hasta
mayo de 2023. El problema no es la inflación actual, sino que
llueve sobre mojado y los consumidores han sufrido subidas
constantes de precios en los últimos 5 años que se han comido sus ingresos
y ahorros. Veámoslo.
La inflación “acumulada” hasta abril de 2026
(desde abril de 2021) ha sido del +22,9%, según el INE, aunque hay muchas
partidas de gasto que han subido mucho más (o bastante): alimentos
(+36,4%), restaurantes y hoteles (+30,6%), bebidas y tabaco
(+25,2%), transporte (+22,3%), seguros y servicios financieros
(+20,6%), cuidados personales (+19%), gastos de vivienda, luz, agua y
calefacción (+17%) y muebles (+14,9%). Y los alquileres han subido mucho
más: +42,8% entre abril de 2021 y abril de 2026, según
Idealista. Y si nos vamos más atrás, hasta abril de 2008, los precios han
acumulado en los últimos 18 años (hasta abril 2026) una subida del +41%.
Y han
subido mucho más los alimentos (+59%), los seguros y servicios financieros (+71,9%),
los restaurantes y hoteles (+53,1%), la enseñanza (+47,5%), los gastos de la
vivienda (+45,3%) y el transporte (+42%). Y los
alquileres subieron un +76,5%...
Esta subida acumulada de los precios no
afecta a todos por igual: daña
más a las familias con menos ingresos, porque gastan más porcentualmente
en alimentación, energía, transporte y alquileres, los productos y servicios
que más se han encarecido, con lo que han tenido que modificar y recortar sus
gastos (ahorrando en carnes, pescados y verduras frescas, por ejemplo), con más
problemas para llegar a fin de mes. Y además, la
subida de precio de los carburantes les afecta más y funciona como “un
termómetro emocional” de la inflación, alimentando la creencia de que la
economía va “mal” o “muy mal”. Y encima, la subida de la inflación y la
incertidumbre geopolítica han frenado en seco la bajada del Euribor,
con lo que se les encarece la hipoteca que tienen pendiente (o
una que pensaran pedir): el
Euribor cerró abril en el 2,747%, el precio más elevado del
último año y medio, con lo que la próxima revisión de una hipoteca media (163.378
euros a 25 años, al Euribor+1%) les supondrá pagar 839 euros al mes, 52 euros
más que hace un año (+624
euros al año).
El problema es que esta
inflación acumulada en los últimos años se ha “comido” los ingresos
de la mayoría de las familias, porque los sueldos han crecido mucho menos y han
perdido poder adquisitivo, teniendo que echar mano de los ahorros o endeudándose.
En los últimos 5 años (2021-2025), los
salarios en convenio crecieron
un +14,93%, con lo que las familias perdieron un -8,8% de poder adquisitivo.
Y si nos vamos más atrás, al inicio de 2018, los salarios han subido un +47%
hasta finales de 2025, mientras la inflación acumulada subía un 41,8%. Así que
los españoles han tenido una subida
real de sus ingresos en los últimos 18 años del +5,2% (ganan 2.531
euros de media, 812 euros más que en 2008). Con razón vemos que el sueldo no
da… Y si miramos lo que pasa este año 2026, seguimos
perdiendo poder adquisitivo: los precios han subido un 3,2% anual hasta abril y
en estos 4 meses, la subida media pactada en los convenios ha sido del 2,94%
(balance: -0,26%) .
Como pasa con los precios, la pérdida de poder
adquisitivo es desigual, según las familias y sus ingresos. Tomando
los datos de 2025 (un año en que se ganó poder adquisitivo:+0,5%), hubo
2 millones de trabajadores en empresas privadas que perdieron poder
adquisitivo (porque su salario subió menos que la media), +3,5%), 4,4
millones que lo ganaron y otros 3,7 millones que lo mantuvieron. Y los 3,1
millones de empleados públicos lo mantuvieron (sin ganar ni perder). Y con
ello, en 2025, España
fue el país europeo donde menos aumentó el poder adquisitivo de los
trabajadores (+0,5%), menos que Francia (+0,8%) o Dinamarca (+0,6%), Italia
(+1,1%), Alemania (+1,4%), Irlanda (+1,8%), Paises Bajos (2,3%), Portugal
(+3,8%), Finlandia (+4,1%), Suecia (+6,6%).
Este menor aumento del poder adquisitivo en España
tiene 2 causas. Una, que España tiene más inflación que la
media europea y que los grandes paises: en abril, la inflación anual de
España (el dato “homologado”) fue del +3,5% anual, frente al 3% de media
en la zona euro, el 2,9% de Alemania e Italia y el 2,5% en Francia, según
Eurostat. Y la otra, que los sueldos en España han subido menos,
algo que pasa desde hace décadas : entre 2000 y 2024, los salarios reales
(descontando la inflación) han subido un +5,1% en España, frente a una
media del +19,4% que subieron en la OCDE (38 paises occidentales), una subida
real del +19,7% en Francia, un +17% en
Alemania, un +2,3% en Italia o un 7,3% en Portugal.
Esta mayor pérdida del poder adquisitivo en España alimenta
el pesimismo de los que ven la economía “mal” o “muy mal”, máxime
cuando estalla otra guerra que dispara la energía y cuando siguen subiendo los
alquileres. Y esto se refleja en el índice
de Confianza del Consumidor,
que publica el CIS, que ha bajado tras la
guerra en Irán (del 79,6 en marzo de 2025 al 66,9 en marzo de 2026), aunque se
sitúa por encima de antes de la pandemia (63,3 en marzo 2020). Un indicador que
refleja que el 29,4% de las familias llegan justo a fin de mes y otro
14,9% lo tienen difícil y han de recurrir a los ahorros o a endeudarse.
Eso sí, las ayudas públicas desplegadas por el Gobierno Sánchez por la
pandemia y la invasión de Ucrania, más las reformas fiscales, han permitido que
las familias más vulnerables (el 20% con menos ingresos) hayan
mejorado su poder adquisitivo entre 2017 y 2023, según un reciente
estudio del Instituto de Estadios Fiscales, que demuestra que se ha reducido
esos años la
desigualdad, aunque todavía es elevada:
el 10% más rico ingresa 23,1 veces que el 10% más pobre.
Esta pérdida de poder adquisitivo de la mayoría de
hogares contrasta con la mejora de ventas, márgenes y beneficios de las
empresas, sobre todo a partir de 2023. Los últimos datos del Observatorio
de Márgenes Empresariales demuestran que los márgenes empresariales (el
excedente bruto de explotación) están en máximos, tanto en cifras
absolutas como en los aumentos: crecieron un +10,7% entre 2018 y 2019 y han
aumentado un +12,9% en 2024-25. Y si descontamos la inflación, los
márgenes empresariales (beneficio bruto) han crecido un +30% entre 2019
y 2025, frente al 13% que han crecido los salarios reales. A lo
claro: que en el reparto del pastel del crecimiento (PIB), las empresas han
aumentado su trozo casi el doble que los trabajadores. Y los
sectores donde ha crecido más el margen real (descontando la inflación) estos
últimos años (entre 2018-19 y 2024-25) han sido la energía (+5% de
margen sobre ventas), la hostelería y turismo (+4,6%), el comercio
mayorista de alimentos (+1,9% de margen real) y la construcción (+1,4%),
sectores donde los salarios han perdido peso real.
El bajo crecimiento de los salarios, frente a una
alta inflación acumulada, preocupa al Gobierno, porque impide
que la mayoría de las familias se beneficien más del alto
crecimiento y la importante creación de empleo (+3.326.100 ocupados entre
2020 y 2026). Y proponen qué hacer: “Que nadie nos diga que no
se pueden subir los salarios cuando los beneficios crecen”, declaró
el presidente Sánchez en febrero pasado, al firmar el nuevo salario mínimo.
Y cara al 1 de mayo, los sindicatos han reiterado a la patronal que se
siente a negociar un nuevo Acuerdo para el Empleo y la Negociación
Colectiva (AENC), tras el
V Acuerdo firmado para 2023-2025. Su propuesta es que los
salarios suban un 4% cada año, más un 1,5% adicional si se dispara la
inflación. Y subidas extras de hasta el 3% para los trabajadores que
cobran menos de la media de su sector. De momento, han pasado 5 meses y la
patronal no tiene prisa en negociar las futuras subidas, que defienden
menores.
Al final, la mayoría de las familias
están “agobiadas” por la inflación, no tanto por la subida de
cada mes sino por la acumulada en los últimos años. Aquí poco se
puede hacer, salvo vigilar los excesivos márgenes de algunos sectores,
aunque mucha inflación es importada, por el aumento de costes de la
energía y las materias primas. Donde sí se puede actuar es en los
salarios, que deberían subir más por dos razones. Una,
porque ahora pueden hacerlo la mayoría de las empresas, que
llevan años subiendo ventas y márgenes (no sólo costes, como dicen). Y la otra,
porque los sueldos en España siguen siendo de los más bajos de Europa,
según
Eurostat: 19,5 euros la hora en 2025, frente a 26,2 euros/hora de media en
la UE, 34,5 euros en Alemania, 30 euros en Francia y 23 en Italia.
España y sus empresas no pueden seguir compitiendo como la
China de Europa, a
base de salarios muy bajos que compensen la menor competitividad de los
productos y servicios. La economía española está modernizándose y ya hay
más empresas con innovación y tecnología, que exportan y mejoran sus márgenes y
beneficios, que pueden mejorar los sueldos de sus trabajadores, sobre
todo de los que menos ganan (el 40% de los asalariados ganan entre 1.582 y
2.659 euros brutos, según
el INE). Y esta mejoría salarial (nada descabellado: piden
subir los sueldos un 4%) es necesaria para que más familias se beneficien de
la buena marcha de la economía y puedan llegar a fin de mes. Y también para
que se mantenga y aumente el consumo, motor clave para crecer y crear
empleo, pero clave también para que las empresas vendan y ganen más.
Es hora de repartir
mejor el aumento del pastel entre empresas y trabajadores. Hay que subir
más los salarios para repartir mejor el crecimiento.
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