lunes, 7 de septiembre de 2026

Verano 2026: emergencia climática y migratoria

Hemos sufrido el verano más caluroso y seco de la historia. Europa ha sido la “zona cero” de esta “emergencia climática”, con 35.000 muertes por calor, grandes incendios, sequía y ríos sin agua, aunque en España ha sido peor: 5.235 muertes, la mitad de las hectáreas quemadas en Europa, y daños en infraestructuras, cultivos y ganado, que encarecerán los alimentos. La otra emergencia del verano, la migratoria: 80.000 inmigrantes “invadiendo” Ceuta, ante la desatención de Europa, un problema sin fácil solución ante millones de jóvenes africanos sin futuro. España debería acordar un Pacto de Estado frente a la emergencia climática y la inmigración ilegal, pero PP y Vox son cada vez más negacionistas y xenófobos, como muchos políticos en Europa. También urge un Pacto para resolver el grave problema de la vivienda y acordar una nueva financiación autonómica que refuerce sanidad, educación y servicios públicos. Pero seguirá el bloqueo político y los problemas sin resolver. Menos mal que la economía va bien, aunque muchos españoles no lo noten. Será un otoño complicado.

                          Las olas de calor han provocado en España 5.235 muertes este año

La “emergencia climática” se ha mostrado con virulencia este verano en Europa, sobre todo en el sur, con temperaturas nunca vistas antes, tremendas sequías y múltiples incendios. Las olas de calor han provocado 35.000 muertes en  el continente, mientras la falta de lluvias ha reducido drásticamente el caudal de los grandes ríos europeos (como el Rin y el Danubio), dificultando el importante transporte fluvial y cerrando centrales nucleares (por falta de agua para refrigerarlas) en Hungría y Rumanía. Además, la sequía y el calor han multiplicado los grandes incendios en Europa, sobre todo en España, Francia, Portugal, Italia y Grecia, con 7.682 incendios y 666.704 hectáreas quemadas, según Copernicus. Y han dañado los cultivos europeos (maíz, arroz, trigo y soja) y la ganadería.

España ha sido el país europeo que más ha sufrido esta emergencia climática, con una temperatura récord (+2,5 grados que la media) y una sequía sin precedentes, que han provocado 5.232 muertes (un récord histórico, según la estadística MoMo) y miles de incendios que han quemado 308.081 hectáreas, casi la mitad (46,2%) de toda la superficie quemada en Europa, muy por delante de Francia (106.042 Has. quemadas), Italia (95.234 Has), Portugal (70.519 Has) y Grecia (31.872 Has), según Copernicus, con 5 (Huelva, Ávila, Guadalajara, Huesca y Madrid) de los 10 grandes incendios europeos. Un clima que, además de encarecer la factura eléctrica, ha provocado enormes pérdidas en la agricultura y la ganadería, muy afectadas por las lluvias y borrascas (enero y febrero), las heladas (marzo) y el granizo (abril), el calor extremo (de mayo a agosto) y la falta de pastos, más los incendios, que han dañado a 15.800 hectáreas de cultivos (según Agroseguros), sobre todo cereal, viñedos, olivares, cítricos, frutos secos y ganado, lo que encarece muchos alimentos.

Todos estos problemas, desde las muertes por calor a los grandes incendios y la pérdida de cultivos no son un problema coyuntural, de este verano, sino algo estructural, derivado de la “emergencia climática”, que irán a más en el futuro. Por eso, el presidente Sánchez pidió, en medio del incendio de Guadalajara, un gran Pacto de Estado sobre la emergencia climática, con medidas para reducir las emisiones, potenciar las energías renovables y mejorar la prevención contra los incendios en invierno, dado que España invierte 4 veces más en apagar incendios (cuesta 10.000 euros/Ha) que en limpieza y prevención (cuesta 3.000 euros por Ha). Los expertos creen que bastaría actuar sobre el 5% de los 27 millones de hectáreas forestales para reducir drásticamente el riesgo de incendios. Pero el PP, que gobierna en 11 autonomías (en 4 con Vox), no quiere ningún Pacto climático, mientras defienden posturas negacionistas y contra el Pacto verde europeo.

La otra gran emergencia del verano ha sido la migratoria: a finales de julio, unos 80.000 inmigrantes cruzaron ilegalmente la frontera de Ceuta, convocados por las redes sociales y ante la inacción de Marruecos (o su intervención activa, según un informe policial español), alentados por webs ligadas a Rusia, Israel y la ultraderecha USA, interesados en atacar al gobierno Sánchez y dividir Europa. Una crisis que ha colapsado Ceuta, por la tardía e ineficaz respuesta del Gobierno y porque hay que cumplir las leyes (españolas y europeas) para “expulsar” y acomodar a adultos y menores inmigrantes. Lo suyo sería un acuerdo político para resolver este grave problema migratorio, pero el PP (y Vox) lo están utilizando para dar la puntilla al Gobierno y apuntalar sus políticas antinmigración cara a las próximas elecciones, obviando que la inmigración ilegal ha bajado en España en los últimos años y es inferior a la de otros paises, según Frontex: 240.714 inmigrantes ilegales entre enero 2021 y junio 2026 en España, frente a 479.161 por Italia, 342.828 por los Balcanes occidentales (Bulgaria, Rumanía, Hungría y Croacia) y 262.718 entradas irregulares por Grecia.

Al margen del problema concreto de Ceuta, estamos ante otra emergencia “estructural”, que va a continuar, empujada por dos factores. Uno, la enorme diferencia de renta entre España (34.210 euros/habitante) y paises como Marruecos (3.972 euros/habitante) o Somalia (681 euros/habitante), el verdadero “efecto llamada”. Y el otro, que África es un continente con millones de jóvenes sin futuro, dispuestos a todo por saltar a Europa (a través de España): el 23% de los marroquíes tienen de 15 a 29 años y en los paises del Sahel (Mauritania, Mali, Níger, Burkina Fasso y Chat), el 70% de la población tiene menos de 24 añosUna “bomba demográfica” que no se puede parar en ninguna frontera. Y que exige, no sólo muros y barreras, sino una política de ayudas económicas y colaboración con los paises de origen, acuerdos para traer temporalmente cupos de inmigrantes y más recursos para la atención e integración de menores e inmigrantes con derecho de asilo.

Las dos emergencias (climática y migratoria) no son un problema específico de España, aunque aquí sean más graves, por el mayor calentamiento del Mediterráneo y por ser el país frontera con Africa. Pero la emergencia climática y migratoria son dos de los grandes retos de Europa este siglo, junto a la demografía y la tecnología. Por eso, urgen políticas y medidas para todo el continente. Pero en los últimos años, la nueva Comisión Europea está dado marcha atrás en ambas políticas, forzada por la extrema derecha y la radicalización de la derecha tradicional: crecen las posturas negacionistas y se devalúa el Pacto Verde, mientras se deteriora la política migratoria europea, con propuestas como desviar inmigrantes a campos en terceros paises (como Italia en Albania). Sólo la vicepresidenta europea, la española Teresa Ribera, ha propuesto emitir deuda europea y crear un impuesto a las petroleras para financiar inversiones climáticas. Y en el tema migratorio, la Comisión y 22 paises criticaron a España por la invasión de Ceuta, sin aportar ayudas de Frontex para afrontar un problema que es tan europeo como español, porque Ceuta es la frontera sur de Europa.

Ante este nuevo curso político, hay otra emergencia pendiente, junto a la climática y migratoria: la vivienda. Su precio se ha vuelto a disparar en agosto (+15,6% anual), alcanzando los 3.166 euros por m2 (253.270 euros un piso de 90m2), según Fotocasa, un precio que sube a 6.624 euros/m2 en Madrid, 5.375 en Barcelona, 5.250 euros en Palma, 4.387 en Málaga y 4.226 en Bilbao. Eso obliga a contratar hipotecas de más importe, que además son más caras porque sigue subiendo el Euribor: 2,952% en agosto (2.114% en agosto de 2025), lo que encarece en 70 euros al mes una hipoteca tipo de 178.000 euros. Y si hablamos del alquiler, sigue subiendo (+5,8% anual en agosto), hasta 15,10 euros /m2 (1.359 euros un piso de 90 m2), según Idealista, que se disparan hasta 23,3 euros/m2 en Madrid o 20,2 euros en Barcelona.

La mayoría de las autonomías, gobernadas por el PP (y Vox) no aplican los topes al alquiler que permite la Ley de Vivienda en las zonas “tensionadas”, topes que se aplican ahora en 317 municipios de Cataluña (302), Navarra (21), País Vasco (11) y Galicia (2), con algunas bajadas en 22 de ellos, a costa de una menor oferta. Ahora queda ver el efecto del nuevo Plan de Vivienda 2026-2030, aprobado por el Gobierno en abril y que ha sido criticado por las autonomías gobernadas por el PP, aunque han aceptado recibir las ayudas que contempla (4.200 millones de fondos estatales, a cambio de que las autonomías inviertan otros 2.800). El 28 de agosto, el Gobierno transfirió el primer pago a las autonomías, de 800 millones, destinado a promover vivienda protegida y rehabilitación.

En paralelo, Sumar trabaja para negociar con los grupos políticos un decreto de vivienda que el Gobierno presentará este mes de septiembre. Incluirá una prórroga extraordinaria de los contratos de alquiler (2 años más para los que venzan antes 30 junio 2028), una subida del IVA (del 10 al 21%) a los pisos turísticos y el endurecimiento de las multas por publicidad, normas para frenar los abusos en los alquileres de temporada y por habitaciones y beneficios fiscales a los caseros que bajen la renta a sus inquilinos. El problema está en salvar el doble veto al decreto por parte de Junts y de Podemos, que persiste en la retirada de la reforma de la Ley del Suelo (imprescindible para agilizar muchos planes urbanísticos).

Mientras las peleas políticas impiden pactar una política de vivienda que aumente el suelo urbanizable y la financiación de viviendas protegidas, también dificultan resolver otro reto pendiente: la mejora de la sanidad, la educación, la Dependencia y los servicios públicos, gestionados por las autonomías, que se quejan de falta de recursos. Para paliarlo, el Gobierno volvió a presentar el viernes 4 su propuesta del nuevo sistema de financiación autonómica, para sustituir al vigente (de 2009). El nuevo modelo cambia los criterios de pago por población ajustada, amplía la autonomía fiscal de las comunidades, blinda la solidaridad interterritorial y consigue que nadie ingrese menos que ahora, con un aumento global de la financiación a las autonomías de 20.975 millones sobre el modelo actual. Pero las autonomías del PP rechazan también el nuevo sistema, a pesar de que el actual perjudica a 4 autonomías, que reciben menos de la media (Murcia, Comunidad Valenciana, Andalucía y Castilla la Mancha). El Gobierno aprobó el viernes el nuevo sistema, sólo con el apoyo de Cataluña y Canarias, y pretende que entre en vigor el 1 de enero, aunque necesita que lo apruebe antes el Congreso (?).

Otro reto de los próximos meses será el Presupuesto para 2027, tras 3 años con Presupuestos prorrogados (2024, 2025 y 2026). El presidente Sánchez reitera que van a presentarlos en septiembre o en octubre, pero parece imposible que cuente con los apoyos necesarios para aprobarlos. Entre tanto, el Gobierno busca “atajos” para mantener la maquinaria del Estado y las ayudas a la economía: son las “modificaciones de crédito”, retoques que hace a las partidas del Presupuesto 2023, aumentando algunos gastos a costa de recortar otros. En el primer semestre de 2026, estos “cambios” han sido de 77.281 millones de euros, más que en todo 2025 (76.943 millones) y 2024 (52.300 millones), cambios destinados a cubrir más gastos en deuda (sube el pago de intereses), pensiones, Defensa e incentivos empresariales.

A pesar del bloqueo político y la incapacidad total de pactar acuerdos que afronten la emergencia climática o migratoria, el grave problema de la vivienda, la mejora del Estado del Bienestar y los servicios públicos o la financiación autonómica, la realidad es que la economía española sigue creciendo, mucho más que la del resto del continente y la de muchos paises del mundo: el PIB español creció un 0,7% entre abril y junio, según publicó el INE el 30 de julio, una décima más que en el primer trimestre (+0,6%), lo que supone un crecimiento anual del +2,7% (cercano al 2,8% que crecimos en 2025), frente al +1,2% que crece la UE-27, empujados por el turismo, la inversión y el consumo privado (ahora algo más débil).

Eso sí, España crece más que la mayoría de paises por el gran aumento de la población (somos 2.775.351 habitantes más que en 2019), gracias a los inmigrantes, que han aportado casi la mitad del crecimiento económico español (el 47%) entre 2022 y 2025, según Funcas. Crecemos más, pero porque hay más gente trabajando (+3.301.000 ocupados que en 2019), con lo que no crece tanto el PIB por habitante, la riqueza que se crea por cada español y que mide nuestro nivel de vida. En 2025, este PIB/riqueza por habitante fue de 38.272 euros, el 92% de la media de la UE-27 (41.600 euros/habitante), según Eurostat. Eso explica que España, la cuarta mayor economía de la UE (por PIB) baje al puesto 15º por el PIB por habitante, por detrás de los grandes paises de la UE y de otros menores como Irlanda, Malta, Chipre o Chequia. Así que crecemos más, pero producimos menos por habitante, porque tenemos una baja productividad, un reto histórico pendiente.

Por esto, los españoles notan menos el fuerte crecimiento, porque al producir menos por habitante, los sueldos y el nivel de vida son más bajos que en Europa: el salario hora en España es de 26,4 euros, frente a una media de 34,9 euros en la UE-27, 45 euros en Alemania, 44,3 euros en Francia y 32 euros/hora en Italia, según Eurostat. Y encima, tenemos más inflación que la media europea, en general y ahora, con lo que los españoles pierden poder adquisitivo, al subir menos los salarios (+3,02% hasta julio) que los precios: la inflación se ha disparado en España al +4,3% en agosto (por la subida de los carburantes y la luz), mientras la inflación en la zona euro es del 3,3% , con menores subidas en Francia (2,4% en julio), Alemania (2,8%) e Italia (2,9%), según Eurostat.

En definitiva, los españoles volvemos a la rutina con un país obsesionado por Ceuta y que no ha interiorizado el tremendo verano de calor e incendios que hemos sufrido, como si fuera algo “normal e inevitable”. Y sin exigir a los políticos que se pongan de acuerdo en lo fundamental, en frenar las muertes por calor y los incendios, la llegada de inmigrantes irregulares o la imposibilidad de encontrar una vivienda. Y seguiremos sufriendo las esperas para conseguir una cita del médico de cabecera o del especialista, porque hay autonomías que apenas gastan en sanidad, como tampoco en educación, mientras presumen de bajar impuestos (a los más ricos). Y llevamos 7 años con un sistema de financiación autonómica caducado, que agrava las desigualdades entre regiones. Y 3 años sin Presupuestos, por la imposibilidad de pactar prioridades de gastos e ingresos. Y con una economía que crece, pero que muchos españoles no notan, por sus bajos salarios y la alta inflación. Un otoño complicado…

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