lunes, 20 de marzo de 2017

Las empresas ganan más que antes de la crisis


Tras 8 años de crisis, España y los españoles no han recuperado aún la producción y la renta  de antes de la crisis. Pero las empresas sí: en 2016 ganaron ya más dinero que en 2008, según el INE. Los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,2% en 2016 y aumentarán otro 24,8% este año, mientras los sueldos suben un 1,1%. Con ello, las empresas han aumentado su trozo del pastel de la renta desde 2008, mientras los trabajadores tocan a menos. Ahora, cuando las empresas entran en su 4º año con beneficios, deberían aprovecharlos para cumplir 4 tareas claves: invertir, crear más empleo estable, pagar más impuestos (para reducir la pobreza y desigualdad)  y subir más los salarios (del 1,8 al 3%), para relanzar el consumo, el crecimiento y el empleo. Es bueno que las empresas ganen más, pero no puede ser a costa de empleo precario y trabajadores pobres. Hay que repartir mejor el crecimiento y los beneficios.
 
enrique ortega

España lleva tres años seguidos creciendo: un +3,2% en 2016 y 2015, tras subir el PIB un +1,4% en 2014. Pero antes, hemos sufrido cinco años de crisis, con bajadas de la producción y la renta en 2009 (-3,6%), 2010 (+0,01%), 2011 (-1%), 2012 (-2,9%) y 2013 (-1,7%). Y por eso, lo que España produjo el año pasado fue todavía menos de lo que producía en 2008, el último año “bueno” antes de estallar la crisis: la riqueza generada (PIB) en 2016 fue de 1.113.851 millones de euros, frente a 1.116.207 millones producidos en 2008. El ministro de Economía ha dicho que este primer trimestre de 2017, España recuperará la producción y el nivel de vida de 2008. Habrán sido 8 años largos de crisis.

Pero las empresas ya se recuperaron de la crisis en 2016, año en que ganaron por primera vez más que en 2008: 473.032 millones de euros de beneficios (excedentes empresariales) en 2016, frente a 465.182 millones en 2008, según la Contabilidad Nacional del INE. Sin embargo, los trabajadores todavía ganan un 6% menos que en 2008: la masa salarial (remuneración de los asalariados) alcanzó los 526.098 millones en 2016, frente a 559.777 millones de 2008. Y eso porque hay 2,2 millones menos de personas trabajando y los que tienen un empleo han visto bajar o subir muy poco sus salarios en esta crisis.

El resultado de que los beneficios empresariales vayan mejor que los salarios es que se ha producido un cambio en el reparto de la tarta de la renta, en el reparto de la riqueza que España genera. Así, si antes de la crisis, en 2008, los salarios se llevaban el 51,6% de la renta nacional, en 2015 se llevaron sólo un 47,8%, un 4% menos del pastel. Y mientras, los beneficios empresariales han pasado de llevarse el 42,82% de la renta en 2008 al 43,09% en 2015, según los últimos datos del INE, siendo el tercer trozo los impuestos, que también ganan en el reparto del pastel (del 8,8 al 9,23%). Y todo apunta, a falta que el INE publique los datos, que en 2016, los salarios habrán vuelto a perder en el reparto (hasta el 47,2%), a favor de los beneficios empresariales (que subirán al 43,3%).

Volviendo a los beneficios empresariales, 2016 fue el año de su mayor recuperación, con un 13% de mejora global de beneficios, según los datos de la Central de balances del Banco de España. Concretando ya en las 126 mayores empresas que cotizan en Bolsa, sus beneficios aumentaron un 13,32% en 2016, aunque las 35 grandes empresas del IBEX ganaron mucho más, un 65,78% más. ¿Por qué las empresas españolas llevan tres años aumentando sus beneficios, sobre todo en 2016? Básicamente, porque venden más, dentro y fuera de España, y porque han recortado mucho sus costes.

El motor del crecimiento en 2016 fue el consumo, el mayor gasto de las familias y la Administración (tras los recortes de 2012 a 2015). Hay 1,3 millones más de españoles trabajando que en 2013 y aunque sus contratos son muy precarios y sus sueldos bajos, eso se ha traducido en más consumo y más ventas para las empresas, sobre todo porque la inflación media anual ha sido negativa (ha caído) en 2014 (-0,2%), 2015 (-0,5%) y 2016 (-0,2%). Y las ventas no sólo han crecido dentro de España sino también fuera, porque estos últimos tres años han seguido aumentando las exportaciones, alcanzando un récord histórico de ventas fuera de España (254.530 millones en 2016), gracias sobre todo a que nuestras empresas han tirado los precios para competir y a la ayuda de un euro débil. En las grandes empresas, las 35 del IBEX, el negocio fuera de España ha sido clave para aumentar las ventas y beneficios: ya supone un 65,3% de sus ingresos totales (crecen sobre todo las ventas fuera de Europa, en Latinoamérica y Asia), frente al 34,7% del  negocio en España.

Pero si las empresas han ganado más no es sólo porque hayan vendido más sino, sobre todo, porque han recortado mucho sus costes entre 2013 y 2016. Empezando por sus costes salariales. A raíz de la reforma laboral de 2012, los costes laborales unitarios cayeron en 2013 (-0,5%) y 2014 (-0,4%), se estancaron en 2015 (+0,2%)  y apenas subieron en 2016 (+0,8%) ni subirán en 2017 y 2018 (+1,1%), según los datos de la Comisión Europea, siendo España el país que más ha sufrido la devaluación de los salarios estos años, tras Grecia, Portugal, Chipre e Irlanda, donde también cayeron los costes laborales.  Y el resultado es que los costes salariales reales (descontando la inflación) han sido negativos para las empresas, desde 2013 (-0,8%) hasta 2016 (-0,3%) y lo seguirán siendo en 2017 (-0,3% y 2018 (-0,4%), según el informe de febrero de la Comisión Europea.

Todo esto significa que las empresas han podido recomponer sus beneficios gracias a que han recortado los salarios reales de sus trabajadores. Y así, entre 2008 y 2014, el sueldo medio bruto de los españoles ha crecido sólo 81 euros al mes (de 21.883 a 22.858 euros anuales), según el INE. Un aumento del 4,4% que se ha comido con creces la inflación de estos años, del 15,2%, con lo que los trabajadores han perdido poder adquisitivo. Y las subidas de los convenios han sido mínimas. 0,53% en 2013, 0,57% en 2014, 0,48% en 2015 y 1,1% en 2016, el año en que los beneficios de las empresas cotizadas aumentaron un 13,32%. Y para 2017, la patronal CEOE defiende subidas salariales hasta el 1,5%.

Pero las empresas no sólo han recortado sus costes salariales, también sus costes financieros. Primero, porque han aprovechado su aumento de ventas y beneficios para devolver deuda, para “desendeudarse”: si en 2009 las empresas españolas debían 1.200.000 millones de euros, a finales de 2016 debían ya “solo” 915.743 millones de euros (82% del PIB, algo más que las empresas europeas). Y además, han pagado menos intereses por esta menor deuda, porque los tipos han bajado: si en 2012 pagaban por la deuda empresarial un 5,47%, en 2016 han pagado un 3,94%. El ahorro en intereses ha sido importante y un ejemplo puede ser Telefónica: si en 2012 pagaba 3.659 millones de gastos financieros, en 2016 ha pagado 2.219 millones, un tercio menos. Este ahorro financiero ha permitido aumentar los beneficios de muchas empresas, que además han conseguido también créditos más baratos: si en 2011, las empresas españolas pagan un 4% por la financiación bancaria, en 2016 pagaban menos del 2,4%, lo que supone un 40% de ahorro financiero.

Las empresas también han ahorrado estos años en costes energéticos y logísticos. Por un lado, ha bajado entre 2014 y 2016 el petróleo y con él el gasóleo y el transporte. Y también la electricidad, un coste básico en muchas empresas: entre 2013 y 2016, la tarifa eléctrica para uso industrial ha pasado de 1,101 euros por kilovatio a 0,086 euros, lo que supone una rebaja en la factura del 14,85%, según datos del Ministerio de Industria. Un ahorro importante para las empresas, aunque todavía paguen la luz un 30% más cara que en Europa.

En definitiva, que las empresas españolas llevan tres años mejorando sus beneficios gracias a la mejora de ventas, a la baja inflación y al recorte de muchos de sus costes, sobre todo los salarios. Ahora, la previsión es que, en 2017, las empresas aumenten aún más sus beneficios, un 24,3% las empresas del IBEX, según el consenso de mercado recogido por Factset. Y eso porque se espera que sigan creciendo el consumo y las ventas, aunque quizás menos que en 2016, porque la economía crecerá menos (entre el 2,3 y el 2,5%) y por los temores en la economía y el comercio internacional, ante la política de Trump y la incertidumbre política en Europa. También preocupa que suban los tipos de interés en Europa, ante las subidas en EEUU (la última fue el 15 de marzo), y que eso aumente el coste de la deuda y los créditos de las empresas. Y el petróleo y la luz ya están subiendo en los últimos meses, lo que también podría encarecer los costes energéticos y logísticos  de las empresas.

Por todo ello, no es seguro que la mayoría de las empresas puedan aumentar sus beneficios en 2017 y 2018, aunque las previsiones son optimistas. Pero pase lo que pase, ha llegado la hora de que las empresas asuman cuatro grandes retos, ahora que sus cuentas están más saneadas y han salido de la crisis: invertir más, crear más empleo estable, pagar más impuestos para recomponer las cuentas públicas y el estado del Bienestar y, sobre todo, subir más los salarios, tras cuatro años de sacrificios de los trabajadores.

Invertir más debía ser una de las prioridades de las empresas ahora que tienen beneficios. Y eso porque la inversión empresarial es uno de los principales motores del crecimiento y del empleo del país. Y aunque ha subido desde 2013, la inversión de las empresas en renovar sus instalaciones ha sido en 2016 de 78.489 millones, todavía  un 8% por debajo de la inversión empresarial hecha en 2008. Y muchas grandes empresas se dedican a repartir más dividendo entre sus accionistas o a hacer compras especulativas en vez de invertir parte de sus beneficios en modernizarse. Las empresas deberían aprovechar sus mayores beneficios para “fortalecer sus cimientos”, para invertir en innovación y tecnología, en digitalizar su actividad. Porque el gasto empresarial en I+D+i se ha reducido un 15% entre 2008 y 2015, según datos del INE, y hay 5.000 empresas que han dejado de investigar, un tercio de las 15.000 que lo hacían en 2008. Y en paralelo, las empresas españolas deben afrontar más decididamente el reto digital, porque están retrasadas respecto a las europeas, ocupando el puesto 17 en el ranking europeo de digitalización de empresas.

Otra prioridad de las empresas españolas, ahora que tienen más beneficios, debería ser crear más empleo, porque España tiene el doble de paro que Europa. La creación de empleo se ha ralentizado (de 433.900 empleos creados en 2014 a 525.100 en 2015 y 413.900 empleos en 2016) y este año se espera que sea aún menor : 370.162 empleos nuevos, según estima la Comisión Europea. Las empresas, aunque ganan más, tienen muchas reticencias a contratar y apuestan por tener “plantillas muy justas”, a las que fuerzan a hacer muchas horas extras: a finales de 2016 había 7.778.400 trabajadores (50,5% de los asalariados) haciendo horas extras, de media 5,48 millones a la semana, más de la mitad  sin cobrarlas. Eso evita crear 150.000 empleos nuevos. Y aunque para 2017 se espera que mejoren los beneficios empresariales, sólo el 45% de las empresas se plantean crear empleo este año: otro 35% no aumentará plantilla y un 20% la recortará, según la consultora KPMG.

Una tercera tarea de empresas que ganan más dinero debería ser pagar más impuestos. Con la crisis y, sobre todo, con la rebaja de impuestos que aprobó  a las empresas el Gobierno Zapatero en 2007, se ha derrumbado la recaudación de Hacienda con el impuesto de sociedades: de ingresarse 44.823 millones en 2007 se pasó a recaudar 16.611 millones en 2011. Y el Gobierno Rajoy, aunque aumentó la recaudación por sociedades hasta los 18.713 millones en 2014, les bajó el tipo a las empresas, al 28%, con la reforma fiscal de 2015. Al dispararse el déficit, se vio obligado a subir este impuesto 8.000 millones para 2017, año en que confía recaudar 25.099 millones, todavía casi la mitad que en 2007. Y eso porque las grandes empresas se benefician de múltiples bonificaciones y exenciones, con lo que pagaron sólo el 7,6% sobre sus beneficios en 2015, frente al 18% que pagan las pymes y el 21 % de media los demás contribuyentes. La patronal CEOE ha atacado duramente al Gobierno Rajoy por subirles este año los impuestos (“el discurso de Montoro con las empresas es más agresivo que el de Podemos”…, han dicho), pero el propio ministro de Hacienda les ha replicado que han subido los impuestos “para preservar la cohesión social”. Y así es. En un país con una de las mayores tasas de pobreza y desigualdad de Europa, es crucial que las empresas con beneficios paguen más impuestos para mejorar el Estado del Bienestar y corregir las desigualdades, para ayudar a los españoles que más han sufrido la crisis.

Y el cuarto reto de unas empresas con más beneficios es subir más los salarios a sus trabajadores, tras cuatro años de sacrificios, mejorando además la calidad del empleo, con más contratos estables y a jornada completa (que hoy son 1 de cada 20 nuevos contratos). Es inadmisible que la patronal CEOE no se siente a negociar con los sindicatos, que piden subidas del 1,8 al 3% para 2017, según sectores y empresas, un aumento bastante razonable para empresas que esperan ganar este año un 24,3% más. Subir más los salarios, a cambio de mejoras en la productividad, es una condición básica para que las empresas vendan más, porque sólo con sueldos más altos y contratos más estables se puede recuperar el consumo y las ventas en España, el verdadero motor del crecimiento y el empleo. Los empresarios españoles tienen que entender que no pueden seguir compitiendo a base de sueldos miserables y contratos basura, que no podemos aspirar a ser “la China de Europa”. Que tienen que invertir en renovar, modernizar y digitalizar su actividad, para competir en producto y calidad, no tirando precios y salarios y pagando pocos impuestos.

En resumen, es una buena noticia que las empresas ganen ya más que antes de la crisis, pero han de “compartir” sus beneficios con más inversión, más empleo, más salarios y más impuestos, para que esos mayores beneficios generen futuro y riqueza para todos, no solo para ellos. Si no lo hacen, que no se quejen luego de la mala imagen de los empresarios.

jueves, 16 de marzo de 2017

España, guerras comerciales y globalización


Malas noticias para el mundo: EEUU tuvo en enero el mayor “agujero” comercial de los últimos 5 años, por China y México, tras cerrar 2016 con un déficit de 502.000 millones de dólares, el mayor desde 2012. Son datos que alimentarán la retórica proteccionista de Trump y desatarán guerras comerciales. Pero EEUU no es un perdedor de la globalización: ha aumentado sus exportaciones y su cuota comercial desde 2005, aunque han ganado más China, México y Corea. Quien más ha perdido es Europa, sobre todo Francia, Reino Unido y Alemania. España es el único país europeo que mantiene su cuota comercial y el 6º país del mundo que más ha aumentado sus exportaciones, que cerraron 2016 con un récord histórico. La crisis ha forzado a nuestras empresas a vender más fuera, tirando precios y salarios. Pero ahora, con la tormenta que amenaza al comercio mundial, urge un Plan de apoyo a las exportaciones españolas, para que no retrocedan. Mucho crecimiento y empleo depende de ellas.
 
enrique ortega

La globalización es la nueva forma de organización del capitalismo en las tres últimas décadas y consiste en tomar el mundo como mercado, para producir y vender. El otro día compré en el súper un chuletón de carne polaca sacrificada en Dinamarca y envasada en Francia. Y cada día usamos un móvil hecho en China o un coche fabricado en Eslovaquia con piezas alemanas y componentes españoles. Esta globalización ha trastocado la economía y a los paises, con claros ganadores y perdedores. El país ganador con la globalización es China, la “fábrica del mundo”, que en 2005 era el tercer exportador mundial, por detrás de Alemania y EEUU, y que hoy es el primero, tras triplicar en estos 11 años sus exportaciones (de 762.050 a 2.180.000 millones de dólares). Y el gran perdedor, según los datos de la Organización Mundial del Comercio (OMC) ha sido Alemania, que en 2005 lideraba el ranking de paises exportadores y ahora está en tercer lugar, tras China y EEUU, después de aumentar poco sus ventas exteriores en esta década larga (de 969.960 a 1.338.000 millones de dólares).

Estados Unidos, por mucho que diga Trump, no es una “víctima” de la globalización, sino que también ha salido ganando: se mantiene el segundo en el ranking exportador mundial (como en 2005) y es el 2º país que ha ganado más cuota comercial desde 2005 (un +0,57%, hasta el 9,24%), tras China (+5,97% de cuota entre 2005 y 2016, con el 13,1% del comercio mundial), por delante de los otros tres únicos paises más que también han ganado cuota en estos once años : Corea (+0,41%), México (+0,33%) y Brasil (+0,06%), según la OMC. Eso sí,  las exportaciones USA han aumentado un 61,8% (entre 2005 y 2016), menos que las de China (+179,1%), México (+76%) y Corea (+ 74,8%), los tres paises que más han aumentado sus ventas exteriores en los últimos once años.

El gran perdedor de la globalización ha sido Japón, el 4º país en el ranking de exportadores, que se ha dejado un 1,66% de su cuota comercial (4,18% ahora). Pero a nivel de continentes, el gran perdedor ha sido Europa, que ha pasado de tener el 42,7% de las exportaciones mundiales (2005) al 38% (2016), mientras Asia era el único continente que ganaba un 7% de cuota comercial, perdiendo también cuota Latinoamérica (-0,3%) y Norteamérica (-0,1%), según los datos de la OMC. Y Europa ha perdido un 4,7% de cuota porque la han perdido sus cuatro mayores paises, Francia (-1,29%), Reino Unido (-1,18%), Alemania (-0,8%, con un 8,67% del comercio mundial) e Italia (-0,69%), que han perdido mercados mundiales en beneficio de China y otros paises emergentes.

En este contexto, España ha salido bien parada de la globalización: no ha perdido apenas cuota de mercado en el mundo (-0,03% entre 2005 y 2016), tenemos un 1,72% del comercio mundial (ocupamos el lugar 17 en el ranking de paises exportadores) y, sobre todo, somos el 6º país del mundo donde más han crecido las exportaciones desde 2005, un 49,3%, sólo por detrás de China (179,1%), México (+76,4%), Corea (+74,8%), EEUU (+61,8%) y Brasil (+60,4%), muy por delante del crecimiento que han tenido las exportaciones en Holanda (+39,2%), Alemania (+38,9%), Italia (+23,1%), Bélgica (+17,2%), Rusia (+14,2%), Canadá (+9,8%), Francia (+8,2%), Japón (+8,1%) y Reino Unido (+4,4%).

Así que Europa tiene un serio problema exportador, de competitividad frente al resto del mundo, del que se salva España, gracias al enorme esfuerzo hecho sobre todo desde 2012: entre 2000 y 2007, las exportaciones españolas crecieron menos que el comercio mundial (+4,7% frente al 7,4%), con lo que España perdió cuota comercial, pero entre 2012 y 2016, las exportaciones españolas han crecido más que las mundiales (+4,4% frente al 3%) y hemos ganado cuota en el mercado mundial, mientras la perdían Alemania y los principales paises europeos. Eso se debe a la crisis, que ha forzado a las empresas españolas a vender fuera al caer las ventas dentro, y sobre todo a que los exportadores han “tirado precios”, gracias a tres años de inflación negativa (2014 a 2016) y a una rebaja de salarios y costes financieros, además de la ayuda extra de un euro débil (desde 2015).

Gracias a estos factores, las exportaciones españolas cerraron 2016 con un récord histórico: 254.530 millones de euros de ventas exteriores, un 37,5% más que en 2007 (185.023 millones). Y en 2016, España aumentó sus exportaciones lo mismo que creció el comercio mundial (+1,7%), pero mucho más que Europa (-0,1%) y que la zona euro (+07%), que Alemania (+1,2%), Italia (+1,1%), Francia (-0,9%) y Reino Unido (-0,2), e incluso más que China (-6,4%), USA (-3,2%) o Japón (-7,4%), según los datos del Ministerio de Economía. Y este “tirón exportador” fue de gran ayuda para la economía, ya que aportó el 0,5% del 3,2% que creció el país en 2016. Y para muchas grandes empresas, como las del IBEX, las ventas fuera de España suponen ya dos tercios de sus ingresos (y de su empleo).

Pero ahora, de cara a 2017 y 2018, la “euforia exportadorade España choca con dos duras realidades externas. Una, que el comercio mundial ha “pinchado” y crece por debajo de la economía mundial, en 2016 y también este año 2017, donde la OMC espera un aumento del comercio mundial del 1,8 al 3%, que probablemente será realmente menor. Y la otra gran incertidumbre  es Trump y su amenaza de guerras comerciales con China y México, además del recorte de todas las compras norteamericanas al exterior. El riesgo de una “tormenta comercial” en el mundo es grande y más tras publicarse hace unos días que el déficit comercial de enero en EEUU ha sido de 44.300 millones de dólares, el mayor “agujero comercial” norteamericano desde marzo de 2012, provocado por el aumento del déficit con México (+22%) y China (+12,5%), las dos “bestias negras” de Trump. EEUU ya cerró 2016 con un déficit comercial de -502.000 millones de dólares, el mayor de los últimos 5 años, un 60% debido al déficit comercial con China (-300.000 millones de dólares). Y Trump ya ha dicho que el abultado déficit comercial es “un riesgo para la seguridad nacional”.

Ahora, tras salirse EEUU del Tratado Comercial del Pacífico (TPP), denunciar el Tratado comercial con Canadá y México (NAFTA) y paralizar el Tratado comercial con Europa (TTIP), Trump quiere recortar las importaciones norteamericanas, poniendo aranceles (impuestos) y trabas a las exportaciones chinas, mexicanas, latinoamericanas, asiáticas y europeas, lo que provocará una nefasta ola de proteccionismo que frenará aún más el comercio mundial. Y forzará a China a querer vender más en Europa, ya que lo tiene más difícil en USA. Todo ello en un momento en que exportar es más difícil, porque sube la inflación en España (más que en Europa) y subirán los tipos y los costes energéticos y financieros, además de los salarios (tras cuatro años "devaluados"). Y también será un problema en 2017 el Brexit (Reino Unido es nuestro 4º mayor cliente y podemos perder exportaciones entre 500 y 1.000 millones de euros, según un informe del Gobierno español) y el estancamiento económico y la incertidumbre política de Europa, con un pequeño crecimiento en Francia, Italia y Portugal, tres paises donde van el 30% de las exportaciones españolas.

Por todo ello, España debería aprobar un Plan de apoyo a las exportaciones, para ayudar a las empresas a vender fuera ahora que será más difícil. Y ese Plan de choque debería centrarse en tres frentes: diversificar productos a exportar, diversificar paises donde vender y ampliar el número de empresas y regiones exportadoras, junto a medidas de apoyo financiero (faltan créditos y avales para exportar), ayudas institucionales (más gasto en promoción exterior y Ferias) y mejor asesoramiento (consultoría y Oficinas comerciales).

El primer gran reto para reforzar la exportación española es diversificar lo que vendemos fuera. Hoy, las tres cuartas partes de lo que exportamos (el 78%) se concentra en 4 sectores, de los que somos tremendamente dependientes: bienes de equipo, maquinaria (29,3% del total), automóviles (17,7%), alimentos (16,9%) y productos químicos (14,1%). Basta con que una multinacional del automóvil decida recortar su producción o haya heladas y se estropeen las cosechas para que pinchen seriamente nuestras exportaciones. Y además, la mayoría de lo que exporta España son productos de tecnología baja (alimentos, ropa y calzado) y media (plásticos, metales y automóviles) y sólo un 10% de lo exportado tiene un alto contenido tecnológico, los productos donde hay más demanda mundial. Y así resulta que exportamos productos de menos valor, donde competimos en precio, no en tecnología y calidad.

El segundo reto es diversificar también los paises a los que vendemos, porque estamos demasiado centrados en Europa: supuso el 72% de las exportaciones en 2016 (un 66,3 en la UE-28 y un 51,8% en la zona euro). Y eso supone que las exportaciones españolas están concentradas en los mercados que crecen menos y no en los que crecen más, que son los mercados asiáticos y americanos. Las exportaciones españolas a Asia son un 6,1% del total (frente al 10% en Alemania y Francia) y también son bajas las exportaciones a Latinoamérica (5,3% del total), Oriente Medio (3,3%) o África (6,4%), las zonas con más potencial futuro.

El tercer reto es ampliar las empresas y regiones españolas que exportan. Ya ha habido un gran avance, al alcanzarse las 148.794 empresas que exportaron en 2016 (un 46,7% más que en 2008), pero sólo la tercera parte de ellas exportan con regularidad (49.792 empresas). Y de ellas, son sólo 5.000 empresas las que exportan casi todo (el 87,5% del total). Así que la gran mayoría de las 3,2 millones de empresas españolas no exportan ni tienen esta “vía de escape” cuando las ventas interiores no dan más de sí. Además, la exportación está demasiado concentrada en 5 regiones españolas, que acaparan dos tercios de las ventas exteriores: Cataluña (24,7%), Andalucía (11,7%), Madrid (11,5%), Comunidad Valenciana (10,9%) y País Vasco (8,4%). En las 12 autonomías restantes, la exportación ayuda muy poco al crecimiento y el empleo.

En resumen, España ha salido bien parada de la globalización y exporta con más fuerza que muchos paises europeos, pero todavía tiene mucho que hacer, porque exportamos casi la mitad que Italia (con una economía similar) y la cuarta parte (en relación al PIB) que Bélgica, Holanda, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia o Hungría, economías muchos menores. Así que no caigamos en un “falso triunfalismo exportador. Y más cuando el mundo está preocupado por la caída del comercio mundial y las amenazas proteccionistas de Trump, que serán muy negativas para todos. Hay que pactar un Plan de apoyo a las exportaciones, con medios, para no retroceder y ganar mercados, un factor clave para crecer más y crear más empleo en España. Y para eso, no basta con tirar precios y salarios como hasta ahora, intentar ser “la China de Europa”, sino modernizar la economía y las empresas, industrializar más el país, innovar y gastar en tecnología y digitalización, para ofrecer productos y servicios más competitivos, de más valor y calidad. Mejorar el “made in Spain”.

lunes, 13 de marzo de 2017

Reforma pensiones: falsas recetas interesadas


Las pensiones han cerrado 2016 con un agujero” de 18.500 millones, 38 veces el que encontró Rajoy al llegar a la Moncloa. Y los expertos auguran un déficit similar hasta 2022. Urge reformar las pensiones para que sean sostenibles, con medidas que el Congreso estudia para proponerlas en mayo. Y aparecen “recetas” por todas partes, desde retrasar la jubilación a los 70 años hasta otras más descaradas, como la de la patronal de fondos, que propone destinar un 4% del salario a Planes privados. No habría que darle más vueltas: lo que necesitan las pensiones es más dinero, entre 50.000 y 80.000 millones más,  porque caen las cotizaciones y España gasta menos en pensiones que Europa. Y para eso no hay “recetas milagro”: hay que subir cotizaciones y recaudar más impuestos de los que pagan poco. Y fomentar la natalidad y el empleo, para que haya más españoles cotizando en 2050, cuando se dupliquen los pensionistas. Más ingresos para las pensiones, no recortes ni “milagros”.
 
enrique ortega

El Gobierno ha comunicado que la Seguridad Social cerró el ejercicio 2016 con un déficit de 18.500 millones (1,7% del PIB), un “agujero” que es 38 veces el que encontró Rajoy al llegar a la Moncloa a finales de 2011 (-487,30 millones). Y no ha sido porque se hayan disparado los gastos, ya que el número de pensionistas (8.598.985) y de pensiones (9.459.746) crece sólo un 1,20% (menos que en el pasado) y el gasto en pensiones (118.941 millones) aumenta un 3,1%, más por el aumento de pensionistas que porque cobren más: de hecho, los nuevos pensionistas se jubilaron en 2016 con 10 euros menos de pensión media (1.332,37 euros) que los de 2015, debido a los recortes introducidos por las “reformas” de pensiones aprobadas por Zapatero (2011) y Rajoy (2013). Así que si el déficit de las pensiones crece (+1.800 millones en 2016) se debe sobre todo a la caída de ingresos: la Seguridad Social recaudó 13.717 millones menos de lo presupuestado en 2016. Algo que ha pasado durante toda la crisis: los ingresos de la SS han sido 48.841 millones inferiores a lo previsto desde 2008.

Caen los ingresos previstos de la  Seguridad Social a pesar de que el empleo crece, de que se hayan creado 1.372.900 nuevos empleos entre 2014 y 2016, según la EPA. Y eso porque los nuevos empleos, a raíz de la reforma laboral de 2012, son muy precarios (el 92% temporales y el 36% por horas), con sueldos más bajos, que cotizan menos. Pero además, hay otros dos motivos para que crezcan menos los ingresos de la Seguridad Social, por dos decisiones del Gobierno Rajoy. Una, perdonar cotizaciones a empresas y autónomos (las famosas “tarifas planas”), una medida que se ha revelado poco eficaz para crear empleo pero que resulta muy costosa para la SS: estas bonificaciones han supuesto ingresar 3.439 millones menos por cotizaciones entre 2012 y 2015 (1.456 millones por la tarifa plana a autónomos). La otra, por los recortes en el desempleo: ahora hay 609.899 parados menos cobrando el subsidio contributivo que en 2011, parados que no cobran paro pero que tampoco cotizan.

Así que fallan sobre todo los ingresos y eso explica el agujero creciente de la Seguridad Social,  cuyas cuentas no dan para pagar  las pensiones, lo que ha obligado al Gobierno Rajoy a echar mano de “la hucha” de las pensiones, creada en 2006 y alimentada por los superávits que tuvo la SS hasta 2011, cuando llegó a tener 66.816 millones “ahorrados”. Ya en 2012, el Gobierno Rajoy “tiró de la hucha” para pagar las extras de verano y Navidad y ahora sólo quedan 15.915 millones, para la extra de este verano (8.700 millones) pero no llega para la de Navidad. Y los expertos auguran que el déficit de las pensiones rondará los 20.000 millones este  2017 y se mantendrá en los -15.000 millones hasta 2022.

Así que las pensiones tienen un serio problema a corto plazo, que exige tomar medidas urgentes. Desde noviembre, la Comisión parlamentaria del Pacto de Toledo está escuchando opiniones y propuestas de expertos, para proponer al Gobierno una reforma en mayo (se retrasará a junio). Y aprovechando la ocasión, se multiplican las “recetas” para salvar las pensiones, muchas de ellas “interesadas”. Quizás la más famosa sea la que propone retrasar la edad de jubilación a los 70 años, encabezada por José María Aznar (al que los españoles le pagamos ya una pensión vitalicia como ex-presidente de 60.000 euros anuales, más coche, escolta y 2 asistentes) y propuesta antes por el gobernador del Banco de España, Luis María Linde, que reformó la ley para mantenerse en su puesto hasta los 73 años (tiene 71) y que no tendrá problemas para jubilarse (su sueldo es de 183.969 euros anuales).

El retraso en la edad de jubilación es una propuesta engañosa y rechazable por varias razones. Primera, porque la reforma de Zapatero ya amplió la edad de jubilación a los 67 años (sube unos meses cada año hasta alcanzarse en 2027), una de las más elevadas de la OCDE, salvo los 68 años de Irlanda, Reino Unido y la República Checa. Segundo, porque impediría el empleo de los jóvenes, donde la tasa de paro ronda el 48%. Y sobre todo, porque de nada sirve aumentar la edad de jubilación para que los mayores trabajen y coticen si los mayores no tienen empleo. En España, el 56,5% de los mayores de 55 años son inactivos (ni trabajan ni buscan trabajo), frente a sólo un 30% en Alemania o Japón. Y hay 1.037.600 españoles mayores de 50 años en paro, que no encuentran trabajo, muchos sin cobrar el paro y teniendo que esperar más de una década para jubilarse.Su drama no es trabajar más años sino trabajar a secas. Y como no encuentran nada, intentan jubilarse antes (no después), aun perdiendo un 8% de pensión por año anticipado. La prueba es que el 44,3% de los jubilados en 2016 lo fueron anticipadamente. Y que la edad media de jubilación es de 64,1 años (diciembre 2016), ni 65 ni 67 años.

Así que no parece que los españoles mayores de 55 años quieran trabajar más años, sino jubilarse cuanto antes porque no se les dan oportunidades.  Y si se ampliara la jubilación a los 70 años, muchos tendrían que quedarse tres o cinco años más en paro, cobrando un subsidio asistencial de 426 euros. Así que la medida costaría más en lugar de recaudar. Por todo ello, dos ministros del Gobierno, el de Economía y la de Empleo, ya han dicho que no se ampliará la edad de jubilación en España. Otra cosa es permitir que el que se jubile pueda compatibilizar trabajo y pensión, aunque de forma voluntaria.

Otra “receta” para salvar las pensiones, ésta mucho más “descarada”, es la que ha hecho la patronal de los fondos y planes de pensiones INVERCO: que se aporten el 4% de los sueldos de los trabajadores (2% las empresas y 2% los empleados) para un Fondo con el que crear un Plan de pensiones privado complementario a las pensiones públicas. Sería una manera de asegurar un negocio “cautivo” de 200.000 millones de euros, donde bancos y aseguradores controlaran este dinero y se llevaran las correspondientes comisiones.

El Círculo de Empresarios tampoco se ha cortado al proponer que se suban las cotizaciones a la Seguridad Social ... de los trabajadoresporque son más bajas que las de las empresas (un 4,70% frente al 23,60% en contingencias comunes. Hablan de “equipararlas”, sin precisar si eso supone multiplicarlas por cinco (y sin hablar, por supuesto, de equiparar también sueldos y beneficios empresariales…). Claro que también hay expertos, como Manuel Lagares, que han propuesto lo contrario: bajar todas las cotizaciones sociales al 10% y cubrir la pérdida de recaudación subiendo el IVA al 24% para casi todos los productos. Y también hay empresarios y expertos que proponen calcular la pensión sobre toda la vida laboral del trabajador y no sobre los últimos 25 años, como ahora. Eso penalizaría mucho las pensiones futuras, sobre todo de los jóvenes, que tienen sueldos iniciales muy bajos y precarios.

Al final, entre tantas “recetas milagro”, casi todas “interesadas”, lo que parece claro es que la Seguridad Social tiene un problema de ingresos y que la clave es cómo puede recaudar más. Los sindicatos proponen subir las cotizaciones de los sueldos más altos, que hoy tienen un tope: 3.751 euros de base máxima y lo que se gane de más no cotiza. Si se quitase este tope y los sueldos altos cotizaran por lo que ganan, la SS podría ingresar 7.500 millones más al año. También se ingresarían 3.700 millones más quitando las vigentes bonificaciones de cotizaciones a empresas y autónomos. Y otros 3.000 millones se ingresarían si hubiera más parados cobrando el paro y cotizando. Y se ahorrarían 4.000 millones si las pensiones no tuvieran que pagar el Presupuesto del Ministerio de Empleo (un anacronismo sin sentido) y lo pagase el Presupuesto del Estado, como el de los demás Ministerios.

En total, serían 18.200 millones de más ingresos y menos gasto, que cubrirían el déficit, junto a una posible emisión de deuda para pagar la extra de Navidad y  “reponer la hucha”. Pero sería un “parche” insuficiente. Por dos razones. Una, porque con el déficit actual y la reforma de pensiones que aprobó Rajoy en 2013, no hay dinero para revalorizar las pensiones actuales por encima del 0,25% que han subido estos años. De hecho, el propio Banco de España cree que la mala situación financiera de las pensiones obligará a subir las pensiones solo ese 0,25% anual al menos hasta 2040. Y como se espera que la inflación suba una media del 2%, eso significa que los pensionistas actuales perderán hasta un 35% de su pensión, porque se la comerá la inflación. O sea que si un pensionista gana hoy 700 euros (son la mitad), en 2044 será como si ganara 455 euros. Insostenible. Pero es que si se revalorizan todas las pensiones con el IPC, el déficit de la SS subiría a 70.000 millones, según FEDEA.

La otra  razón de que haga falta una reforma de fondo y más ingresos es demográfica. Para 2050, España será el país más envejecido de Europa y un tercio de los españoles tendrán más de 65 años, con lo que las pensiones pasarán de los 9,5 millones de este año a 15 millones de pensiones para 2050. Y los pensionistas vivirán entonces más años (90 años de esperanza de vida en 2066, frente a 82,8 hoy). Mientras las pensiones casi se duplicarán, bajará la población española y habrá 900.000 activos menos para 2025. En definitiva, más viejos viviendo más años y menos jóvenes para trabajar y pagar las pensiones.

Para hacer frente a estos dos grandes retos, la revalorización de las pensiones actuales y el pago de las pensiones futuras, hace falta una reforma de fondo, que asegure más ingresos a las pensiones, entre 50.000 y 80.000 millones más de aquí a 20 años. Y hay que hacerlo por dos razones. Primero, porque España gasta menos en pensiones que el resto de Europa: un 10,6% del PIB en 2016, inferior al 11,6% de la UE-28 y por debajo de ocho paises europeos: Italia (15,8% del PIB), Grecia (14,5%), Francia (13,8%), Austria (13,2%), Portugal (13%), Eslovenia (11,4%), Polonia (10,8%) y Alemania (10,6%), según la OCDE. Y segundo, porque se puede: España ingresa menos que la mayoría de Europa por cotizaciones e impuestos.

Una vía clara de conseguir más ingresos es subir las cotizaciones sociales, aunque tenga el inconveniente de penalizar el empleo. Pero hay margen: los ingresos por cotizaciones netas suponen en España el 12,3% del PIB, frente al 13,2% en Europa y el 15,3% en la eurozona, muy por debajo de las cotizaciones en Alemania (16,5% del PIB), Francia (18,9%), Italia (13,3%) o Portugal (11,6%) y sólo por debajo de Reino Unido (7,8%), según Eurostat. Eso significa que si España recaudara por cotizaciones como la eurozona, podría ingresar 34.000 millones más. Y otro tanto pasa con los impuestos: la recaudación en España supone sólo el 38,2% del PIB (2015), frente al 46,6% del PIB que recaudan los países del euro y el 44,9% del PIB que ingresa la UE-28, según Bruselas. Y recaudamos mucho menos que Alemania (44,9%), Italia (48,2%) y Francia (53,4% de su PIB). Eso significa que si recaudáramos como la eurozona, España ingresaría 84.000 millones más al año en impuestos.

Con ambas medidas, subir cotizaciones (de empresas y trabajadores) y recaudar más impuestos (no subiéndolos a los que ya pagamos sino combatiendo el fraude y haciendo pagar más a los que pagan poco: grandes empresas , multinacionales, y los más ricos), España podría ingresar entre 80.000 y 120.000 millones más en una década. Y destinar buena parte de  esos mayores ingresos (entre 50.000 y 80.000 millones) a asegurar el futuro de las pensiones, sin descartar buscar algún nuevo recargo o impuesto específico. O se busca ese dinero extra, de estas u otras maneras (sin “milagros”) o no salen las cuentas. Y además, en paralelo, hay que fomentar la natalidad (debían nacer 719 niños más cada día, además de los 1.143 que nacen), modernizar la economía y crear más empleo estable, para conseguir los trabajadores necesarios para pagar las pensiones a mediados de siglo. Casi nada.