lunes, 21 de marzo de 2016

Medios: la TV se forra, la prensa languidece


En plena era de Internet, vemos más televisión que nunca: 251 minutos diarios. Y a pesar de la crisis publicitaria, la TV privada se forra: sus beneficios se han casi  triplicado en 2015. “Hacemos televisión para vender publicidad”, decían en Tele 5 en los noventa. Mediaset y Atresmedia son un “duopolio” que se reparte el 86% del pastel publicitario, gracias a que ZP quitó la publicidad a TVE, que ha perdido 500 millones desde 2008. Y ahora tendrán más poder, porque Rajoy les ha dado 2 de los 6 nuevos canales. Mientras, la prensa languidece, aún con pérdidas, por la caída de la publicidad y ventas (las noticias se leen en Internet). Y está en manos de los bancos, tras 12.200 despidos y el cierre de 375 medios. Entre una millonaria “telebasura” y una prensa quebrada, sufrimos unos medios de poca calidad  e  independencia, que no ayudan a una recuperación más justa. Sin medios fuertes y libres, no hay esperanza.
 

enrique ortega


La dura y larga recesión ha afectado a todos los sectores y muy especialmente a la publicidad, de la que viven los medios de comunicación. Entre 2007 y 2013, en España se perdieron un tercio de los ingresos publicitarios totales (de 16.121 a 10.461 millones de euros), pero los medios convencionales perdieron mucho más: los ingresos cayeron casi a la mitad, de 7.985 millones (2007) a 4.261 millones (2013), según los datos de Infoadex. Y aunque la publicidad se ha recuperado ligeramente en 2014 y 2015, aún está muy por debajo de antes de la crisis. Sobre todo en los diarios (ingresaron 658,9 millones en 2015, un 65% menos que en 2007), los dominicales (37,8 millones, un -71%) y las revistas (255,2 millones, el  -64%). La radio ha sufrido menos la caída (ingresó 454,4 millones, un -33%) y también la televisión (ingresó 2.011 millones en 2015, un 42% menos que en 2007).

La caída de ingresos publicitarios ha sido para todos, pero la televisión se está recuperando antes y es el medio que más aumentó sus ingresos en 2015 (+6,4%). Sobre todo porque sigue creciendo el consumo de TV: en febrero era de 251 minutos diarios (más de 4 horas), lo que convierte a España en el quinto país más “teleadicto”, sólo por detrás de EEUU (282 minutos), Australia (264), Italia (262) y Polonia (260). Pero además, las televisiones privadas llevan cinco años aprovechando el “vacío” dejado por TVE, que en enero de 2010 dejó de facturar anuncios, por decisión del Gobierno ZP. Así que el 20% del pastel publicitario que antes iba a RTVE (500 millones en 2009) ahora se lo llevan las privadas. Y con eso y las compras y fusiones de canales, las dos grandes televisiones privadas, el grupo Mediaset (Tele5, Cuatro, FDF, Divinity, Energy y Boing) y el grupo Atresmedia (Antena 3, la Sexta, Neox, Nova y Mega) configuran un “duopolio”televisivo que se reparte la audiencia (56% en 2015) y, sobre todo, el pastel publicitario: acapararon  el 85,5%del mercado (43,4% Mediaset y 42,1% Atresmedia) en 2015 (y el 85,7% en 2014). Sólo queda un 4,5% para las otras privadas (Disney, 13TV y Discovery), un 6,8% de publicidad para las TV autonómicas, un 0,1% para las locales y el 3,1% para la TV de pago.

Gracias a este gran control de la publicidad, Mediaset y Atresmedia, que cotizan en Bolsa, son un gran negocio empresarial: en 2015, Mediaset ganó 166,2 millones de euros, casi el triple que en 2014 (59,5 millones). Y Atresmedia otros 99,2 millones, casi el doble que el año anterior (52,5 millones. “Hacemos televisión para vender publicidad”, decía a finales de los años 90 el presidente de Tele 5, sin ningún pudor. Y esta es la máxima que rige hoy el “duopolio” televisivo, que marca tarifas, formatos y programas, con un poder que no se conoce en ningún otro país europeo: en Francia, Alemania o Reino Unido, los dos grandes grupos de TV controlan del 60 al 77% de la publicidad, mientras aquí es el 85% y subiendo. Por eso, la Comisión Nacional de la Competencia (CNMC) ha reiterado que considera “inquietanteel duopolio de Mediaset y Atresmedia y que “preferiría que no existiera”. Mientras, vigila su operativa y ya les ha impuesto dos multas (una de 3 millones a Mediaset y otra de 2,8 millones a Atresmedia) por abusos de posición dominante en el mercado publicitario.

El problema es que este “duopolio” televisivo va a ganar aún más poder tras la decisión del Gobierno Rajoy de concederles dos canales más de televisión, en la adjudicación de 6 nuevos canales que aprobó en octubre pasado, dos meses antes de las elecciones. Los otros cuatro nuevos canales serán para 13TV (la cadena de la Iglesia que emitía por un canal alquilado a VeoTV-El Mundo), el Real Madrid TV, Secuoya (una productora próxima al PP que gestiona la TV de Murcia) y Radio Blanca (Kiss FM, del empresario Blas Herrero, también próximo al PP, a quien Esperanza Aguirre concedió dos canales de TV en Madrid). Y quedaron fuera del reparto El Corte Inglés, el Grupo Vocento (ABC) y el Grupo Prisa (el País, la SER), que ha recurrido la adjudicación ante los Tribunales y la UE, lo mismo que la Asociación de Anunciantes (ADE), que ha recurrido al Supremo porque cree que este reparto potencia el “duopolio” y atenta contra la libre competencia, “perjudicando al consumidor”, ya que restringe la pluralidad de contenidos y deteriora la calidad en la programación televisiva.

Junto a los dos grandes grupos de TV privada, el “duopolio” de Mediaset y Atresmedia, ahora buscan un trozo del pastel dos grupos de comunicación conservadores, apoyados por el PP. Uno, 13TV, el canal de la Iglesia, donde la Conferencia Episcopal ha enterrado ya 50,6 millones de euros para enjugar las continuas pérdidas y que ahora emitirá por el nuevo canal adjudicado por Rajoy, ahorrándose los 2,3 millones que pagaba de alquiler por emitir en uno de los dos canales de VeoTV-el Mundo. Con la COPE y el ABC, 13TV busca configurar un gran grupo mediático conservador, que competiría con Secuoya TV, otro proyecto mediático de la derecha, que pretende emitir desde el 28 de abril "Ten", un “canal familiar sin noticias, películas ni deportes. Pero al “duopolio” le interesa controlar la publicidad de los nuevos canales y por eso Mediaset se está moviendo para gestionar (a través de su filial Publiespaña) la publicidad de 13TV (y quizás de El Real Madrid TV)  y Atresmedia (a través de Atres Advertising) intentará hacer lo mismo con Secuoya. De momento, Mediaset gestiona ya  la publicidad de Canal8TV, el canal catalán del grupo Godó (donde Tele5 tiene el 40%), intentando “robar publicidad” a TV3.

Mientras las TV privadas hacen el agosto con su “duopolio”, TVE sigue agonizando, con una pérdida de audiencia (TVE-1 bajó del 10% de audiencia en 2015, por primera vez en sus 60 años de historia) y unas pérdidas que suman 500 millones de euros desde 2008 (RTVE ha perdido 33,5 millones en 2015). En medio de cambios y dimisiones constantes (el director de TVE, en febrero) y de una escandalosa manipulación informativa, TVE se desangra con programas millonarios que se subcontratan a productoras privadas (el caso más sangrante “Ochéntame otra vez”: 19 programas de recuerdo de los 80 que hace una productora privada, cobrando 881.196 euros, con material de TVE…) mientras mantiene una plantilla de 6.000 personas que sólo hacen el 31% de la programación. Y siguiendo en las TV públicas, hay 6 TV autonómicas que reciben 637,7 millones de subvenciones de todos (2015), sin que consigan audiencias, beneficios ni independencia informativa.

Mientras las TV privadas se forran y las públicas siguen en el pozo,  los demás medios de comunicación no salen de la crisis, sobre todo la prensa escrita, que ha sufrido con dureza la caída de la publicidad y la tremenda competencia de Internet, desplomando las ventas en los quioscos. De hecho, la prensa ha perdido 5,4 millones de lectores en papel desde 2008 (1 de cada 3 lectores), según la Asociación de Editores (AEDE). Y eso ha provocado el cierre de 375 medios, el despido de 12.200 trabajadores de la prensa y unas pérdidas reiteradas, que en 2014 (último dato de AEDE) fueron de 30,3 millones de euros.

En los últimos años, los principales periódicos han recortado al máximo sus costes, despidiendo personal, reduciendo ediciones y cambiando sedes, lo que les ha permitido reducir sus pérdidas, aunque siguen perdiendo lectores. Así, el grupo Prisa (El País, la Ser, Cinco Días, As) ha vuelto a tener beneficios en 2015, 5,3 millones de euros (tras perder más de 2.000 en 2014), pero todavía El País pierde dinero (unos 6 millones). El grupo Vocento (ABC) logró en 2015 su primer beneficio desde 2009, sólo 4 millones, pero ABC tiene ligeras pérdidas netas y sus ventas no tiran, mientras los accionistas ya han perdido 173 millones desde el inicio de la crisis. Unidad Editorial (El Mundo, Expansión, Marca) podría haber perdido hasta 10 millones en 2015 (perdió 7,1 millones en 2014), tras haberle inyectado 73 millones el grupo italiano mayoritario (RCS), que ha reconocido que España es el país donde ha perdido más ventas de periódicos. Y La Razón (Planeta- Atresmedia) parece el único periódico que gana dinero (861 euros, casi nada, en 2014), aunque acumula 27 millones de pérdidas desde 2008.

Un panorama muy gris aunque las cuentas sean menos malas tras  la dura reconversión y la ayuda financiera de la banca, que asegura el pago de las nóminas y el papel y en algunos casos se ha convertido en un importante accionista, como en El País: 5,3% del capital es del Banco Santander, 4,9% de la Caixa, 4,8% de Morgan Stanley y 3,002 de UBS, más otro 13,05% de Telefónica. Ahora, los medios anuncian nuevas medidas para mejorar sus cuentas: más recortes de plantillas, sedes y gastos (en ABC y El Mundo), ventas de inmuebles (ABC vende su sede), subidas de precio (los domingos, el ABC cuesta ya 3 euros) y, sobre todo, ventas de los canales de TV que les quedan. Prisa vendió en 2015 Digital+ a Telefónica (724 millones) y este año intentarán vender o alquilar sus canales ABC (Veo TV, alquilado ahora a Disney Channel) y El Mundo (Net TV tiene dos canales, uno alquilado a Discovery y el otro, que tenía 13TV, acaba de ser alquilado a Mediapro por 3,5 millones, para lanzar un canal deportivo en abierto). Otra vía de ingresos son las promociones, seguir ofreciendo ofertas con los periódicos que no se venden. Y queda la última, una fusión in extremis, a la que se resisten ABC y El Mundo (en Italia acaban de fusionarse las  editoras de La Stampa y La Repubblica).

El mayor reto de la prensa escrita es sobrevivir en un mundo donde ya nadie quiere pagar por las noticias y donde la publicidad se va del papel a las ediciones online. Los medios más prestigiosos del mundo tratan de cobrar por sus noticias, pero en España nadie se atreve a dar el primer paso y las ventas en papel siguen cayendo estrepitosamente (un 15% El País, un 10% el Mundo, un 8% el ABC). Y así, con unas cuentas medio quebradas y dependiendo de los bancos y del Gobierno (publicidad institucional), es difícil ofrecer periódicos de calidad e independientes. Mientras, el “duopolio televisivo”  tiene un poder creciente, para imponer cada vez más anuncios y una “programación basura”, que sólo busca audiencia fácil y barata. Y donde la información es sólo “una moneda de cambio” y un espectáculo.

Así las cosas, tenemos un problema como ciudadanos: los medios de comunicación son demasiado débiles (o demasiado fuertes, las TV) como para ofrecernos una información de calidad e independiente. Y así, es difícil formarse opinión y consolidar una sociedad más justa y más libre. Sólo hay un camino: pagar por una información mejor. Pero la mayoría no está por la labor. Sabemos que la comida, la gasolina, la luz o el teléfono hay que pagarlos, pero ya nos hemos acostumbrado que la información no. Y el resultado está a la vista: la prensa y la TV son penosos, desinforman y deforman. La información es muy importante y hay que pagarla. Hay que promover y apoyar medios de pago, independientes y de calidad. De lo contrario, leeremos, oiremos y veremos gratis, pero serán información y ocio lamentables. Lo barato es caro.

jueves, 17 de marzo de 2016

Juego online: 1 millón de euros por hora


En junio se cumplirán cuatro años de la legalización en España del juego online, que bate récords mes a mes. Sólo en 2015 se jugaron por  Internet 8.562 millones de euros, 1 millón cada hora, el triple que en 2012. Y ya hay un millón de españoles que juegan online alguna vez, registrándose 170.000 nuevos jugadores cada mes. Lo peor es que se “enganchan” a jugar dinero por Internet muy jóvenes, de 18 a 25 años, e incluso menores que utilizan el DNI y la tarjeta de sus padres. Las empresas de juego se quejan del exceso de controles y de los altos impuestos, pero España se ha convertido en el cuarto país europeo con más juego online y donde la publicidad y los bonos gratis se han disparado en 2015, por el retraso en la entrada en vigor de un real decreto para limitarlo. Ahora, preocupa la creciente adicción al juego online, con unos 100.000 posibles ludópatas, sobre todo jóvenes. Juguemos, pero con cabeza.
 

enrique ortega


En España, la afición al juego está bastante extendida y más desde que se legalizó el juego presencial, en 1977: el 80,3% de los españoles entre 18 y 75 años juega a algún sorteo o acude a algún local de juego, según el último informe de la Fundación Codere (2014). La mayoría de los españoles juega a la Lotería (74,2%), a la Primitiva (33,5%) y a los cupones de la ONCE (21,2%), siendo menos los que van al bingo (7,6%), hacen una quiniela (7,3%), hacen una quiniela (7,3%), juegan a las tragaperras (3,6%) o van a un casino (3%). Los españoles nos gastamos 30.052 millones en el juego (datos Codere 2014), las tres cuartas partes en juegos presenciales (76,14%), que han bajado con la crisis, y una cuarta parte ya en juegos online (23,8%), a través de Internet, el gran “boom” del juego en España en esta década.

El juego online se legalizó en España hace ya casi cuatro años, el 5 de junio de 2012, cuando empezaron a funcionar las primeras 53 empresas de juego por Internet, para aprovechar la Eurocopa. Y desde entonces, ha crecido de forma imparable: si en el primer medio año facturó 2.726 millones de euros, en todo 2013 ya se duplicó el negocio (5.600 millones de euros), pasando a 6.564 millones en 2014 y a 8.562 millones en 2015, todo un récord, con más de 800.000 euros mensuales jugados en el último trimestre. Con ello, España se afianza como el cuarto país europeo donde más se juega en la Red, por detrás de Reino Unido, Italia y Francia. En Europa hay unos 10 millones de jugadores online, que gastan más de 50.000 millones de euros anuales, controlados por varias multinacionales británicas (Ladbrokes, William Hill, 888 Holdings, CVC Holdings, Bwin y Betfair) y la canadiense Amaya Gaming.

En España se estima que un millón de personas jugaron online al menos una vez en 2015, siendo unos 170.000 los nuevos jugadores que se registran cada mes. La mayoría de los jugadores online son hombres (87%) y dos de cada tres tienen menos de 35 años, según el perfil del Observatorio del juego online. Precisamente, el auge de Internet y los teléfonos inteligentes entre los jóvenes está provocando que sean cada vez más jóvenes los que se enganchan al juego online: un 29,2% tienen entre 18 y 25 años y un 39,4% entre 26 y 35 años. Además, la mayoría de los jugadores tienen un status social medio alto (49,3%) y alto (16,8%), predominando los universitarios, con un mayor porcentaje de jugadores en Madrid, País Vasco y Murcia (superan el 1% de la población), según la Fundación Codere.

No sólo hay más jugadores que se juegan mucho más dinero, sino que cada vez juegan con más frecuencia. Así, si en 2009 sólo un 16,3% de los jugadores apostaban todos los días o varias veces a la semana, en 2014 fueron ya el 38,6% del total los que jugaban todos los días (9,4% jugadores) o varias veces a la semana (29,2%). Y son el 87,1% los que juegan al menos una vez al mes. Y juegan también más tiempo: si en 2010, el tiempo medio de juego era de 28,3 minutos, en 2014, la media de juego era de 45,7 minutos al día.

El gasto neto por jugador es de 243 euros al año, aunque los mayores de 45 años gastan el doble y los jóvenes la tercera parte. La mayoría de los jugadores (84,2%) pierden, pero eso no les disuade de jugar, atraídos también por el “gancho” de los bonos de entrada, un “regalo” para que empiecen a jugar “gratis”. La mitad de todas las apuestas online se hacen sobre  eventos deportivos, tanto en directo (3.022 millones) como antes del juego (otros 1.068 millones) y aquí las posibilidades de apuesta son casi infinitas y muy “adictivas”: no sólo el resultado del partido sino quien hace la primera falta (o la última), los saques de esquina, quien mete el penúltimo gol o el resultado en tal minuto… El segundo bloque de apuestas es el póquer (1.780 millones jugados en 2015), aunque ha caído un 22% por la prohibición de jugar con extranjeros. El tercer bloque de juego online es la ruleta (1.513 millones), seguida muy de lejos por el bingo online (66 millones) y los caballos (63 millones). Y están cogiendo fuerza las tragaperras online (401 millones) y las apuestas cruzadas entre jugadores (18,6 millones), dos nuevos juegos que se autorizaron en junio de 2015.

El gran tirón del juego en 2015 ha tenido mucho que ver con el salto de la publicidad del juego, que pasó de 114 millones en 2014 a 164,5 en 2015 (+44%), duplicándose en diciembre la publicidad, mientras se cuadruplicó  el gasto en bonos para atraer a los jugadores (de 2 a 8,6 millones al mes). Y eso porque no ha entrado en vigor, por la falta de Gobierno, un real decreto para limitar la publicidad del juego online y controlar el exceso de juego, aprobado en abril de 2015. Por un lado, este decreto prohibía informar sobre lo que cotizan las apuestas durante las retransmisiones de partidos y se impedía que hicieran publicidad “personajes relevantes” (aunque Rafa Nadal puede seguir haciendo publicidad de Pokerstars  gracias a que hace una llamada final al  “juego responsable…”). Además, se obligaba a las Webs a establecer mecanismos para detectar “comportamientos desordenados de juego”. Pero ante la no aprobación de este decreto, las empresas han aprovechado para multiplicar la publicidad del juego por Internetayudando a mejorar los ingresos de muchas Webs y grupos de comunicación (interesados en que el juego online crezca).

Actualmente, hay unas 100 Webs de juego legales en España (.es), propiedad de 52 operadores, de los que una docena controlan el 90% del mercado, repartido entre Loterías del Estado (con más de 600.000 jugadores online) y 5 multinacionales (Betfair, 888 Holdings, William Hill, Ladbrokes y Bwin), más algunas empresas de juego presencial (Cirsa, Codere, Recreativos Franco) y empresas periodísticas (Mediaset-Tele5, Atresmedia-Antena 3 y Unidad Editorial-El Mundo). En conjunto, las empresas del juego tuvieron unos ingresos netos (cantidades jugadas menos premios repartidos) de 319,6 millones, un 26% más que en 2014, aunque se quejan de que sólo supone un 3,7% de lo jugado y que la mayoría de las empresas del juego tienen pérdidas. Por eso, llevan años reiterando dos peticiones al Gobierno: que baje los impuestos al juego online y que permita jugar aquí a extranjeros.

Las empresas del juego online pagan un impuesto del juego del 25% sobre su facturación neta, superior al que pagan en Reino Unido (15%), Italia (15%) o Dinamarca (20%), aunque menor que en Francia (2% de la facturación bruta). También pagan una tasa de gestión (que se les bajó en 2013 al 0,75 por 1000) y un impuesto de Sociedades y un IVA más altos que en la mayoría de Europa. Además, los jugadores online pagan impuestos en España (se les retiene el 20% en premios mayores de 2.500 euros y están obligados a declarar las ganancias netas, descontando pérdidas de beneficios), mientras no pagan nada de lo que ganan en Reino Unido, Dinamarca, Italia o Francia.

La otra petición clásica de las empresas de juego online es que el Gobierno abra el juego a los extranjeros, ya que actualmente sólo pueden jugar en las Webs autorizadas en España (.es) los españoles y los residentes, como también sucede en Italia, Francia, Holanda, Alemania o Rumanía, que son mercados cerrados a los extranjeros. Pero Reino Unido y Portugal son mercados abiertos, con lo que muchos jugadores españoles (los profesionales) han emigrado a Londres para jugar, porque allí hay más jugadores y más dinero en juego. Y otros optan por jugar desde aquí, lo que propicia un “mercado negro de juego online”: un 43,3% de jugadores apuestan en Webs no autorizadas (no son .es), según un estudio de Codere y la Universidad Carlos III de Madrid. Esto se da sobre todo en el póquer online, donde ha caído en picado el juego legal y se han “exilado” profesionales (que suponen el 90% del juego).

Al final, los altos impuestos y las limitaciones legales están fomentando un mayor control del juego en España de las grandes multinacionales, según muchos expertos, en perjuicio de las empresas españolas más débiles. De hecho, el negocio del juego se está concentrando a nivel europeo, con las grandes multinacionales lanzadas a fusiones para ganar tamaño y poder, para afrontar dos retos ineludibles: unas inversiones cada vez mayores en tecnología y un mayor pago de impuestos (desde 2015, la normativa europea obliga a las empresas de juego a pagar impuestos en el país donde opera el jugador, no donde se ubica la compañía, mayoritariamente en Gibraltar y la Isla de Man, paraísos fiscales). Por eso, entre julio y septiembre de 2015 se produjeron tres grandes fusiones en multinacionales británicas del juego: Ladbrokes y Gala Coral, CVC y Bwin, más Betfair y la irlandesa Paddy Power (para crear la mayor casa de apuestas online del mundo). Y se esperan más megafusiones.

Mientras, Europa sigue sin una normativa común para el juego online y las multinacionales aprovechan para instalarse en los países más permisivos (Gran Bretaña, Portugal y algunos países del Este), mientras el juego online sigue prohibido o muy limitado en Alemania, Grecia, Países Bajos, Polonia, Estonia y Chipre. Pero todo apunta a que “se abrirá la mano” pronto, con recomendaciones comunes a los 28, ya que la Comisión Europea quiere promover el mercado único digital. De hecho, un informe del Parlamento Europeo ya indicaba que permitir un mercado europeo de juego online traería unos beneficios de 5.600 millones al año. Y Europa está muy necesitada de nuevos ingresos. Además, cada vez resulta más difícil poner coto al juego online por países: no se pueden poner límites a Internet.

Con todo, hay un grave problema que ha traído el auge del juego online: el aumento de la ludopatía. Jugarse dinero desde cualquier lugar, a cualquier hora, sin testigos, es una gran tentación. Sobre todo para los jóvenes, ya muy enganchados a Internet y al móvil, a los juegos. Los expertos y los médicos ya llevan un par de años alertando de la tremenda adicción del juego online sobre los jóvenes, más rápida y peligrosa que la adicción al juego presencial. De hecho, están llegando a los hospitales adictos al juego cada vez más jóvenes, entre 18 y 25 años, muchos de ellos que se han iniciado siendo menores, dándose de alta con  el DNI y la tarjeta de los padres. La Asociación FEJAR estima que un 2,5% de la población mayor de 18 años podrían acabar siendo ludópata: eso serían 750.000 personas. Y la Fundación Codere habla de unos 100.000 jugadores online con riesgo problemático, la mayoría menores de 25 años.  

Son demasiados como para no preocuparse del enorme auge del juego online en España, sobre todo entre los más jóvenes. No vale con decir que el juego mantiene 200.000 empleos y permite a Hacienda ingresar 400 millones al año (100 millones el juego online). Es una actividad que puede ser adictiva y crear graves problemas a muchas familias. Por eso, hay que reforzar los controles sobre los jugadores y frenar la publicidad y los regalos para jugar.  También apostar por campañas de información, en colegios y entre los jóvenes. Y montar unidades especializadas de tratamiento de la ludopatía en la sanidad pública (sólo hay 2 en España, en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid y en el Bellvitge de Barcelona). Juego ha habido siempre, pero ahora, con Internet, es más adictivo, peligroso e incontrolable. Juguemos con cabeza.

lunes, 14 de marzo de 2016

España aumenta las emisiones de CO2


En diciembre pasado, 195 países se comprometieron en París a reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, para frenar el Cambio Climático. Pero España ha empezado con mal pie: en 2015 aumentó un 4,5% sus emisiones de CO2, que también subieron en 2014, mientras bajaban en casi toda Europa. La culpa es de que consumimos más carbón, gas y petróleo que nunca, ahora que son más baratos. Y se han reducido las energías renovables, por los recortes de Rajoy y la falta de lluvia y viento. Pero no es algo coyuntural: España es el país europeo donde más han aumentado las emisiones de CO2 en los últimos 25 años. Somos el país más “sucio” de Europa y eso obliga a una profunda reconversión de nuestra economía y de nuestras vidas, para gastar menos energía y más limpia. No sólo tenemos que crecer más: tenemos que crecer más limpiamente. Urge una Ley contra el Cambio Climático y ayudar a salvar el Planeta. Y más España, porque estamos peor.
 

enrique ortega


España va en dirección contraria a la mayoría de Europa: mientras casi todos los países están reduciendo sus emisiones de gases de efecto invernadero (sobre todo CO2), España contamina más. En 2015, las emisiones aumentaron entre un 4 y un 5%, según un reciente informe del  Observatorio de la Sostenibilidad de España. Ya en 2014, las emisiones habían subido otro 1,1%, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, rompiendo así una racha de bajada de emisiones, entre 2008 y 2013, por la crisis y el crecimiento negativo.

Tanto en 2015 como en 2014, las emisiones de gases de efecto invernadero subieron en España porque aumentamos mucho el consumo de combustibles fósiles, los más contaminantes: carbón, petróleo y gas. El principal culpable del aumento de emisiones es el carbón, cuyo consumo creció un 23,4% en 2015, empujado por unos bajos precios internacionales que hicieron que las eléctricas lo utilizaran para producir más luz (22,7% de la electricidad en 2015, por delante de la electricidad procedente con la energía eólica y nuclear). También creció el consumo de gas natural  para las centrales eléctricas (+18,8%en 2015), una energía que contamina menos que el carbón pero que también emite CO2. Y se disparó el consumo de carburantes y petróleo, con un récord histórico en la importación de crudo (64,6 millones de Tm), favorecido por  el desplome de los precios internacionales. Mientras, el recorte de ayudas públicas y el mal tiempo (falta de lluvia y viento) provocaron que las energías renovables (eólica y solar) perdieran peso  en el mix energético.

La subida de emisiones en 2014 y 2015 rompe con la reducción de emisiones que se produjo en España entre 2008 y 2013, no por políticas del Gobierno sino por la crisis: la economía no creció (cayó) y tanto empresas como particulares consumieron menos energía y emitieron menos CO2, un -5,88% en esos 6 años. En realidad, las industrias emitieron lo mismo y las refinerías más, pero el balance se salvó porque las eléctricas emitieron menos CO2. En realidad, emitieron más, pero pudieron compensarlo comprando “derechos de C02”, una especie de impuesto que pagaron por contaminar y que “les quitaba” las emisiones. Sólo en 2008 pagaron 800 millones de euros. ¿Saben quién lo pagó?  Nosotros, los consumidores, como recargo en el recibo de la luz. Así que “trampa legal” y no recorte real de emisiones.

Lo verdaderamente preocupante es que, si tomamos los últimos 25 años, España es el país de Europa donde más han aumentado las emisiones, en toneladas de CO2, según los datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA). Sólo entre 1990 y 2013, casi 32 millones de Tm de CO2 equivalente. Y si tomamos el aumento de emisiones en porcentaje, España es el cuarto país europeo que más ha aumentado sus emisiones de gases de efecto invernadero entre 1990 y 2015: un +16,5%, sólo por detrás de Chipre (+59%), Malta (37%) y Suecia (+25%). Y es uno de los 6 únicos países europeos que ha aumentado sus emisiones de CO2 en los últimos  25 años (junto a los tres anteriores, Portugal e Irlanda): 22 de los 28 países UE han reducido sus emisiones de CO2 desde 1990, un -25% de media. Vamos en dirección contraria.

España ocupa el lugar 41 entre los 58 países del mundo que más luchan contra el Cambio Climático, según el ranking del Climate Change Performance Index. Y el puesto 26 entre los 28 países UE, sólo mejor que Estonia y Austria. Ello se debe a un exceso de consumo de combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas) y a un menor peso de las energías renovables (15,8 % de la energía total en 2014, según la Comisión Europea, aún lejos del 20% que tiene Europa como objetivo para las renovables en 2020).

¿Quién es culpable de las emisiones en España? Casi la mitad de los gases de efecto invernadero, el 44%, los emiten las eléctricas (21%) y las industrias (23%), en especial las cementeras (9%), las refinerías (5%), la siderurgia (4%) y resto de industrias (5%). En total, la mayoría de emisiones las producen 1.049 instalaciones, pero hay 10 empresas que son culpables del 65% de las emisiones energéticas e industriales (28,6% de las emisiones totales) : Endesa (31 millones Tm emitidas 2014), Repsol (más Petronor, 16,4 millones TM), Gas natural (10,3), Hidrocantábrico (8,3), Arcelor Mittal (5,5), Cepsa (4,8). Eón (3,8), Iberdrola (2,8), Cemex (2,7) y Cementos Portland (2,2). En definitiva, el meollo de las emisiones está en 5 eléctricas, 1 acería, 2 petroleras y 2 cementeras. En el caso de las eléctricas, los bajos precios del carbón y el gas en los mercados internacionales provocan que produzcan electricidad con más emisiones, mientras el Gobierno Rajoy ha dado un tajo a las renovables (-2.500 millones, un recorte del 25% de las ayudas entre 2012 y 2014). Y en las industrias, les compensa comprar derechos de CO2, pagar por contaminar, antes que invertir en las instalaciones para producir más limpio.

La otra gran fuente de emisiones en España es el transporte, responsable del 25% de las emisiones de CO2. Y está aumentando porque hay más vehículos (se vendieron más de 1 millón de coches en 2015) y se mueven más, con un aumento del consumo de carburantes (+3,7% en 2015). Pero el problema de fondo es que en España la mayoría de las mercancías se transportan por carretera (el 85%, frente al 45% en Europa), que junto a los automóviles privados y los autobuses suponen dos tercios de las emisiones totales de CO2 y las que más están creciendo (más que las de la industria). El resto de emisiones proceden de la vivienda y los servicios (14% CO2 emitido), la ganadería y la agricultura (12%) y el tratamiento de los residuos urbanos (5% emisiones restantes).

Ya sabemos quien contamina y emite más CO2 en España. Ahora falta tomarse en serio el recorte drástico de estas emisiones, porque están creciendo y vamos a contracorriente de Europa y en contra del acuerdo firmado en la Cumbre del Clima de París, en diciembre pasado.  Allí, 195 países se comprometieron a recortar las emisiones, a partir de 2020, aunque sin compromisos obligatorios y con objetivos insuficientes: si cada país recorta lo prometido en París, al mundo le sobrarán todavía 15 millones de toneladas de C02 en 2030 para cumplir con el objetivo de que la temperatura suba menos de 2 grados a finales de siglo, según los informes de la ONU. Eso significa que el mundo tendrá que hacer recortes extras a partir de 2020. Pero es un punto de partida para luchar contra el Cambio Climático, una guerra donde Europa está a la vanguardia: pretende recortar un 40% las emisiones para 2030 (sobre 1.990) y ya lleva un 25% de recorte.

De momento, ese objetivo UE de recorte de emisiones no se ha repartido entre los países europeos, lo que se hará este año. Pero a España podría tocarle un recorte del 25 al 30% de las emisiones para 2030 (sobre las de 1.990), un objetivo doblemente difícil porque nosotros no hemos recortado nada sino que hemos aumentado las emisiones un 16,5%. Así  que el esfuerzo tendrá que ser mucho mayor al del resto de Europa: un recorte del 31%  al 46% en los próximos quince años. Un reto que obliga a una auténtica “revolución energética” en España. Por un lado, habrá que esforzarse en ahorrar energía, en consumir menos y de forma más eficiente, porque la mejor manera de emitir menos CO2 es gastar menos energía, desde las empresas a los particulares y el transporte. Y por otro y fundamental, habrá que huir” del petróleo, el carbón y el gas y promover las energías renovables.

El Observatorio de la Sostenibilidad aporta una serie de recetas para que España emita menos gases de efecto invernadero. La primera, reducir y suprimir las subvenciones a las energías sucias: acabar con las ayudas al carbón nacional (que el Gobierno Rajoy negocia con Bruselas hasta 2018), al gas natural (por mantener centrales de gas que sobran) y al petróleo, subiendo impuestos a los carburantes (menores que en Europa). Y en paralelo, apoyar con ayudas, precios e impuestos a las energías renovables, sobre todo para producir electricidad.  Otra medida pasa porque las empresas que contaminen paguen más (los derechos de CO2 se pagan a 7 dólares/Tm emitida, cuando debían estar a 20 dólares), exigiéndoles inversiones para reducir emisiones o el cierre (se podrían cerrar todas las centrales de carbón sin que faltara electricidad, porque hay un excedente de centrales equivalente a las térmicas).


También hay que potenciar el transporte alternativo a los camiones, por tren y barco, encareciendo los carburantes y los impuestos a los vehículos más contaminantes. Además, hay que fomentar  el ahorro energético y un consumo menos contaminante en las viviendas, construyéndolas también de otra manera. La Administración pública (Estado, autonomías, Ayuntamientos) debería dar ejemplo, con bajas emisiones en sus edificios y vehículos, promoviendo contratos con “empresas limpias”. Y los ciudadanos tenemos que emitir menos CO2, con el coche, la calefacción, el uso de la electricidad, las compras o la comida (consumir mucha carne aumenta las emisiones).

No es un reto fácil y España tiene que recortar más emisiones que el resto de Europa. Pero hay que empezar cuando antes. Porque el Cambio Climático avanza imparable, especialmente en la zona mediterránea y en España,  como demuestra el Observatorio de Sostenibilidad: 2015 ha sido el año con la temperatura media más alta de la historia, llueve menos, sube el nivel del mar, hay cambios en las especies y la climatología  (sequías, incendios, inundaciones) crea serios problemas en todo el mundo, con daños económicos, personales y a las cosechas, aumentando el hambre y los precios de los alimentos.

Urge que el próximo Gobierno apruebe una Ley contra el cambio Climático, que han prometido desde Rajoy al acuerdo PSOE-Ciudadanos o Podemos. Y todos los partidos, salvo el PP y UPN, han firmado un acuerdo para aprobar lo antes posible en el Congreso un Decreto que fomente el autoconsumo eléctrico, para que los ciudadanos puedan instalar paneles solares o molinos eólicos sin tener que pagar un impuesto, como aprobó en 2015 el Gobierno Rajoy (el llamado impuesto al sol). Es un primer paso para configurar “un pacto político contra el CO2”, algo que debería unir a todos. Porque hay que salir de la crisis sin hundir más el medio ambiente, sin destrozar más el clima. Con una economía más limpia. Nos jugamos el futuro y la subsistencia del Planeta. Es algo muy serio. Y más para España, porque estamos peor.