En 2014, el Gobierno
Rajoy volverá a aplicar su receta:
más impuestos y más recortes para
bajar el déficit, a costa de estancar la economía y no crear empleo. Pero hay
otra vía: ingresar más, que paguen impuestos los que apenas pagan.
Las grandes empresas sólo pagan el 4% de sus beneficios y las multinacionales (Google, Apple, Amazon...)
ni
eso. Mientras, las pymes
pagan el 15% y las familias un 12%
de sus rentas. Si grandes empresas y multinacionales pagaran lo que deben, recaudaríamos
hasta 15.000 millones más al año. Y habríamos evitado los duros
recortes en Sanidad, Educación y Dependencia. Hace falta una reforma a fondo del impuesto de sociedades,
para terminar con los “regalos fiscales”
que hizo Zapatero en 2007 a las
grandes empresas. Curiosamente, Rajoy
les está haciendo pagar más, aunque
menos que al resto. Ahora que
recuperan beneficios, las grandes empresas deben pagar más
impuestos. Y la mayoría menos.
Enrique Ortega
Lo acaba de decir
Hacienda: las grandes empresas siguen
sin pagar apenas impuestos. Sólo han tributado
un 4,13%
de sus beneficios en 2012, según los Presupuestos
2014 enviados al Congreso. En 2011,
según la Memoria
Tributaria, las grandes empresas
españolas (4.000 grupos y 32.000
empresas) habían pagado a Hacienda sólo el
3,5% de sus beneficios, mientras el total
de empresas (algo más de 1 millón) habían
pagado el 8,8% de sus beneficios. Algo que contrasta con el 15% pagado por las pymes y el 11,9% de su renta bruta pagado por las familias
españolas.
Las grandes empresas
pagaron en 2011 a las arcas
públicas 3.012 millones de euros, la
cuarta parte que en 2006 (12.673 millones). Y eso, no porque les hayan caído tanto los
beneficios (bajaron un 31%, mientras sus impuestos cayeron un 76%), sino gracias a los “regalos fiscales” que les
hizo el Gobierno Zapatero en 2007, con la excusa de fomentar la inversión y el empleo. Por un lado, les bajó el tipo nominal de sociedades del 35 al 30%. Pero, sobre todo, les creó un abanico de exenciones,
deducciones y beneficios fiscales que reducían al mínimo la tributación. Y
todo ello, con más
ventajas para los grandes grupos que para el conjunto de empresas.
Por un lado, las normas fiscales de los
grupos consolidados permiten compensar los resultados entre las compañías
del grupo: restar las pérdidas de unas de los beneficios de otras. Y por otro,
son las grandes empresas las que mejor pueden aprovechar las deducciones y
beneficios fiscales creados en 2007.
El resultado de estos
beneficios fiscales, junto a la crisis, fue un agujero
en los ingresos: la recaudación
por sociedades pasó de 44.823 millones en 2007 a 16.611 millones en 2011,
la tercera parte. Y con ello, España
se convirtió en el país europeo donde las
empresas pagan menos impuestos, sólo por delante de los países bálticos,
Eslovenia y Hungría: la recaudación por sociedades (2011) suponía un 1,9% del PIB, frente al 2,5% de media
europea (y el 2,3 % en Italia o Francia, el 2,6% en Alemania o el 3,1% en Reino
Unido).
Y en esto, Rajoy llega al poder a finales de 2011.
“Nos encontramos con que algunas empresas
del IBEX no pagaban impuestos”, dijo este año el presidente en el
debate del Estado de la Nación. Y agobiados por el déficit, el PP, que había acusado a Zapatero en 2007 de ser “poco ambicioso” en los
beneficios fiscales a las empresas, inicia
una contrarreforma
fiscal, en 2012 y 2013,con la que fuerza a las empresas, sobre todo a las
grandes a pagar más impuestos, recortando
o suprimiendo beneficios fiscales: por
gastos financieros, por fondo de comercio, supresión de la libertad de
amortización, límites a las deducciones por pérdidas de cartera, supresión
deducciones por pérdidas participadas, no deducción pérdidas en el extranjero… Medidas
que han permitido recaudar casi 3.000
millones más por sociedades en 2012 (19.581 millones), aunque las grandes pagan sólo el 4,13%
de sus beneficios.
Otro gran problema son las
multinacionales, que apenas
pagan impuestos, ni en España ni en la mayoría de Europa. Basten tres ejemplos. Google
declaró pérdidas
en España en 2011, por segundo año consecutivo, gracias a que factura a
través de Irlanda y deriva sus beneficios a Holanda y luego al paraíso fiscal
de Bermudas. Apple
también declaró pérdidas en España, a pesar de su éxito de ventas, y lo
mismo Amazon.
De hecho, Reino Unido, Francia, Alemania
e Italia tienen abiertas
investigaciones a Google, Apple, Starbucks, Amazon, Facebook, Microsoft, HP,
Yahoo y Samsung por evadir
impuestos “legalmente”, a través de mecanismos
similares: inflar precios de ventas
entre filiales para encubrir beneficios,
traspasar deudas a filiales de países donde deducen los gatos financieros (España)
y ubicar las sedes y beneficios en paraísos
fiscales. La diferencia es que muchas de estas investigaciones europeas
(y en EEUU) son públicas, incluso en el Parlamento (Gran
Bretaña), mientras aquí Hacienda no
informa de las inspecciones abiertas a Google o Apple, aunque es
positivo que haya abierto en 2013 una Oficina
de fiscalidad internacional para “vigilarlas”.
En uno y otro caso, grandes
empresas y multinacionales, hacen
falta cambios legales para obligarles
a pagar más impuestos. En el caso de las multinacionales, la normativa fiscal ha de ser internacional
y en ello está trabajando, aunque despacio, la OCDE
y Bruselas, que tiene parada también la tasa
Tobin, el impuesto a las transacciones financieras, que no entrará
en vigor en 2014, como aprobaron 11 países europeos, entre ellos España.
En el caso del impuesto de sociedades,
el Gobierno Rajoy ha prometido una
reforma
para 2015, en la que trabaja un Comité de expertos para aprobarla
en marzo de 2014.
La reforma del
impuesto de sociedades exige cambios
en profundidad, tras los parches
de estos años (70 cambios) para subir la
recaudación. Y hay que vigilar más a
las empresas españolas con filiales en paraísos fiscales: el
94% de las empresas del IBEX tienen presencia en paraísos como Delaware
(USA), Holanda, Luxemburgo, Suiza, Hong Kong y Bermudas. Los expertos
proponen varias medidas:
bajar el tipo nominal (está en el 30%,
de los más altos de Europa donde la media es el 25,7%), eliminar deducciones (en otros países no existe libertad de
amortización ni por provisiones de cartera ni por gastos financieros sin
límite), revisar y eliminar los regímenes
especiales (más de una docena) y acercar
la base imponible al resultado contable. En definitiva, tanto ganas tanto pagas, como las pymes o las familias. Sin “regalos”
que acabamos pagando el resto de los contribuyentes.
Ahora es un buen
momento para reformar
sociedades, porque las empresas, sobre todo las grandes, han vuelto a aumentar
sus beneficios: las empresas del IBEX ganaron 15.292 millones en el primer
semestre, un 18,8% más, por primera vez desde 2011 (+1%). Y además, nos hace falta, para reducir el déficit público sin tener que hacer más recortes:
los cambios en sociedades y multinacionales podrían suponer entre
10.000 y 15.000
millones más de ingresos al año, el equivalente a los recortes
hechos en Sanidad, Educación y Dependencia.
Al final, las cuentas
son muy sencillas: o las grandes
empresas y multinacionales pagan impuestos como en otros países y como los
demás (pymes y familias) o el Estado
tendrá que recaudar más de
los asalariados y del consumo, como ahora, y tapar el agujero de las
cuentas públicas con más
recortes. Las grandes empresas y multinacionales
tienen que ganar dinero, para invertir y crear riqueza y empleo, pero también pagar los impuestos que deben. Lo que pasa ahora es un escándalo.
Después de cinco
reformas, un rescate europeo y 108.361 millones de ayudas públicas, la
reforma del sistema financiero no
acaba de cuajar. El negocio no tira y sigue cayendo el crédito a empresas y familias. Eso sí, los grandes bancos casi han duplicado sus beneficios este año, al hacer
menos saneamientos y vender todo lo vendible. Y han ganado
clientes y depósitos, aumentando su parte
del pastel, a costa de las Cajas. Pero como no ven claro el futuro, siguen despidiendo:
la banca perderá otros 17.500 empleos
este año, recortando uno de cada
cinco empleos en esta crisis. Cara al futuro, se enfrentan a un nuevo examen europeo el 15 de noviembre (y
otro en marzo) y se teme que
necesiten más saneamientos, porque la crisis les dispara los morosos. Eso obligaría a más ayudas públicas, más despidos y nuevos recortes en
otras cosas para pagarlo. Atentos a la salud de la banca.
Enrique Ortega
Ha pasado ya más de un
año de la última reforma financiera (la quinta
en tres años), aprobada en agosto 2012 por el Gobierno Rajoy, tras el rescate
europeo de la banca española en junio (41.000
millones). Al final, se han destinado 108.361
millones de euros en ayudas públicas
(más 95,637 millones en avales), dirigidos a sanear un tercio de
nuestro sistema financiero, un banco y 25
Cajas, que se venderán o se reducirán de tamaño drásticamente,
transfiriendo sus activos tóxicos (inmuebles y solares) al banco malo. Y tras este año largo,
el balance es bastante pobre: las Cajas malvendidas
a bancos (con ayudas) se han hecho
trozos y las nacionalizadas
están deshaciéndose de lo que pueden y no
prestan. Y entre tanto, los bancos
sanos aumentan su cuota y sus
beneficios, despiden pero tampoco prestan.
De momento, el ajuste
y la reforma del sistema financiero están favoreciendo a la banca “sana”. Por un lado, han casi duplicado sus beneficios este año, pasando de
3.174 millones (primer semestre 2012) a 5.310
millones (primer semestre 2013), según la AEB. Los que más ganan son los
grandes: CaixaBank (408
millones, +146%), BBVA (1.510
millones, +90,8%), Santander (1.749
millones, +28,9%), Sabadell (123,40
millones, +36,9%) y Bankinter (102,29
millones, +352%). Por otro lado, los
grandes bancos han ganado cuota de mercado, a costa de las Cajas: CaixaBank se ha convertido en la entidad líder (con 13,8 millones de
clientes, gracias a la compra de Banco de
Valencia y Banca Cívica), ganando
un 40% de depósitos (+40.000 millones de
junio 2012 a junio 2013). Santander
ha ganado 32.000 millones de depósitos (+21%). Y BBVA (que compró las Cajas de Unnim)
ha captado otros 24.000 millones (+25%), mientras Sabadell (comprador de la CAM) captó otros 14.000 millones
extras (+18%). A río revuelto, ganancia
de pescadores…
Con todo, el aumento de beneficios de la banca
sana en 2013 es en parte un
espejismo, porque se debe a que han tenido que dedicar menos
dinero a saneamiento (tras el gran
esfuerzo de 2012) y que han vendido todo
lo vendible para hacer caja, ya que sus
márgenes siguen deteriorados, porque el
negocio no tira. Y por eso, han vuelto a hacer lo que hacen cuando vienen mal dadas: recortar plantillas. Este año 2013
se perderán otros 17.500 empleos, no sólo en los
bancos nacionalizados, sino también en bancos con beneficios: 2.600 en CaixaBank y 940 en grupo Santander.
Con ello, bancos y Cajas han suprimido
ya uno de cada cinco empleos desde
2008. Y han cerrado más de 8.000
oficinas.
Más beneficios, más
despidos y más cuota para los grandes, el
primer fruto de tres años de reformas financieras. Pero los ajustes y las ayudas públicas no han conseguido el primer objetivo de la reforma: que haya crédito. El crédito bancario cayó
de nuevo en agosto (último dato), hasta mínimos
desde 2006.Y lleva cayendo
un 11,1% en el último año, tras haberse
reducido un 9,2% desde 2009 a 2012. Se trata de la mayor caída del crédito en la eurozona, mientras las pymes
españolas están pagando el doble por los créditos (escasos) que las del centro y norte de Europa,
según el BCE.
Rajoy llegó a culpar a los bancos de que no haya créditos. Pero la verdad
es que una gran parte de la culpa de la sequía del crédito está precisamente en su reforma financiera.
Por un lado, se ha obligado a las Cajas
nacionalizadas (un tercio del sistema
financiero) a reducir tamaño, riesgos y créditos.
Y al resto de los bancos, se les han
impuesto unas exigencias de capital que les drenan recursos y les dificulta
prestar (a más créditos, más capital).
Además, el paro y la recesión están aumentando la morosidad, con lo que
las entidades miran con lupa cualquier
petición de crédito (exigiendo más garantías). Pero sobre todo, el mayor problema del crédito es que apenas se
pide, porque no hay ventas, no se
invierte. El país está parado. Y los bancos, cuyo negocio es prestar,
tienen pocas peticiones
solventes.
Los “hombres de negro” de la troika
(FMI, BCE y Comisión Europea) están investigando a los bancos españoles para ver por qué no prestan. Y ellos se escudan en que las exigencias de saneamiento dificultan el crédito (un círculo vicioso: cuanto más saneen,
menos dinero para prestar y cuanto más presten, más tienen que sanear) y en el
aumento de la morosidad, que bate un
récord histórico (11,97% en julio). Una vía
de salida sería utilizar la banca pública como avanzadilla para dar créditos a pymes y
familias, pero Bruselas no quiere
que presten más y aumenten su riesgo, sino que reduzcan su tamaño y su crédito.
Ahora, el problema no
es sólo que la banca española no preste.
La preocupación, de la troika y muchos
expertos, es que si la crisis sigue, los bancos españoles acaben pagando la
mayor morosidad de empresas y familias y haga
falta otro saneamiento. Además, les preocupan otros tres problemas.
Uno, que el saneamiento anterior no está
cerrado: falta vender Catalunya Banc y NovaGalicia (dos Cajas nacionalizadas) y
todo apunta que para “colocarlas” habrá
que dar dinero, más
ayudas al comprador, con lo que subirá
la factura de la reforma. Dos, que las exigencias
de las normas bancarias de Basilea III, en enero de 2014, podrían hacer que la banca española necesite más capital. Tres, que
algunos de los créditos que la banca ha refinanciado
(a inmobiliarias, autopistas y grandes empresas) podrían acabar siendo morosos
o incobrables. Todo ello se traduciría en que la banca necesitaría un saneamiento adicional, inyectarle entre 4.000 y 10.000 millones más, según algunos expertos.
El propio gobernador del Banco de España ha dicho en el Congreso que "ve riesgos en la incipiente recuperación de la banca". Y el FMI acaba de mostrar su preocupación por la "morosidad latente" de la banca española. El momento de la verdad va a ser marzo de 2014, cuando la banca española se someta a un doble
examen, del BCE y de la Autoridad
Bancaria Europea (ABE). Pero el Banco
de España no quiere sorpresas
y examinará a la banca antes de fin de año,
para poder tomar medidas si hace falta
y salir bien parados en los test europeos.
Entre tanto, Bruselas decidirá el 15 de
noviembre si España debe solicitar una prórroga
del rescate ( que expira en enero de 2014) y pedir parte
del dinero no utilizado (casi 60.000 millones) para una segunda fase de saneamiento de la banca. El Gobierno Rajoy no quiere, por la imagen negativa que supondría ampliar las
ayudas ya recibidas, aunque el dinero
esté aprobado y disponible.
Todo va a depender de la marcha de la crisis,
del efecto que el estancamiento de la economía provoque en empresas y familias y, en consecuencia, en el
balance de la banca. Si cada mes aumentan los morosos, la banca con problemas irá a peor y la sana
necesitará más provisiones. Ello se traduciría en más ayudas públicas a bancos y Cajas, más despidos y menos crédito. Y en una mayor dependencia de Bruselas,
con las habituales contrapartidas de recortes y reformas. Más de lo mismo. Ojalá no haga falta. En unos meses lo sabremos.
Ya nada nos sorprende, pero es indignante: empresas que no
pagan las nóminas o bajan un 25%
los sueldos, horas extras que no se pagan, médicos en paro que hacen guardias en
cinco hospitales, profesores contratados
por días, camareros con contratos a media jornada que trabajan 12 horas, becarios
sin cobrar durante años, empleos a comisión sin sueldo y hasta empresas
que cobran
a los que buscan trabajo. Miles de ejemplos de trabajo precario, ilegal y
legal, de abusos a parados y
trabajadores, cada vez más indefensos. España es el país con más precariedad de
Europa, el paraíso del contrato
temporal: el 92,16% de los firmados en 2013. Y así nos va: menos consumo, menos ingresos fiscales, menos
cotizaciones, más accidentes y menos productividad. Y la patronal ha pedido todavía más
flexibilidad en contratos, sueldos y
horarios. La esclavitud laboral no ayudará a salir de la crisis. Nos hundirá
por décadas.
Enrique Ortega
Tras cinco años de crisis, los trabajadores españoles están cada vez más indefensos, a merced de
los crecientes abusos (legales e
ilegales) de muchas empresas, grandes y pequeñas, que los consideran como trabajadores
kleenex, de usar y tirar. Se recortan sueldos, se cambian horarios
y se quitan horas extras, se reducen
derechos y se
cambian contratos más estables
por otros temporales y precarios. Y el poco empleo que se ofrece es más
precario y barato, mucho sin contrato, con sueldos de hasta 4 euros la hora. Incluso hay empresas que cobran por
hacer los trámites de selección a parados, mientras uno de cada cuatro
fraudes en Internet son ofertas
de empleo falsas, según Inteco.
Un negro panorama, agravado por la crisis, el recorte
en la inspección de Trabajo y la debilidad
de los sindicatos. Con ello, España es el
país de Europa con más precariedad laboral, según las estadísticas. Primero,
somos el país con más contratos
temporales: 23,1% de
todos los contratos, frente al 14,1% en Europa.
Y sobre todo en los dos colectivos que más los sufren: jóvenes (65% con contrato temporal frente al 43% en la UE) y mujeres
(26,1% con contratos temporales frente al 23,9% los hombres). De hecho, este año
2013, un 92,16 % de los contratos firmados hasta septiembre son temporales,
según
Trabajo. Lo peor además es que España
es el país europeo donde menos contratos temporales se hacen fijos:
16% frente al 23% en UE o el 41% en Alemania.
Segundo, somos el país con más crecimiento de los contratos
a tiempo parcial: un 33% de los firmados este año son a tiempo parcial
y otro 28,5% por obra. Ya representan el
16,4% de los contratos, aún por debajo de Europa (19,5%), pero lo preocupante es que mientras en otros países
hay una mayoría que “eligen” trabajar
menos tiempo, en España se
hacen porque son lentejas: o los tomas o no hay otros. Así, los contratos a tiempo parcial “involuntarios”
son el 62% en España y el 28% en
Europa (18% en Alemania). Y son las mujeres españolas las que acaparan el 80% de
estos contratos a medias.
Hay muchas otras formas de precariedad
en auge. Una, la subcontratación en
cadena: personas que trabajan para una gran empresa a través de una, dos o
más empresas interpuestas, subcontratistas
que les explotan y malpagan quedándose con la diferencia. Y que desaparecen
incluso si vienen mal dadas. Otra, los
falsos autónomos, muchos de ellos trabajadores despedidos de una empresa
que trabajan para ella en exclusiva, a veces en la misma mesa, como autónomos, pagándose
su Seguridad social, sin vacaciones ni extras: arquitectos, periodistas, ingenieros y muchos profesionales de la
construcción y hostelería. Y luego están cientos de miles de becarios,
jóvenes que trabajan con o sin contrato, con o sin sueldo, años y años, la
mayoría sin cotizar (ahora, tras una sentencia
del Supremo, se obliga a muchos a cotizar
desde septiembre). Ya en 2012, la Comisión
Europea advirtió de la precariedad de los becarios españoles.
Y luego está el trabajo más precario, el empleo
sumergido, que ha crecido con la crisis: se estima que hay
entre 1 y 4 millones de empleos sumergidos, cubiertos por parados o por
subempleados, la mayoría en la construcción,
agricultura, hostelería y comercio, en el trabajo doméstico, entre cuidadores
(niños y ancianos) y en trabajos a
domicilio. Y el último eslabón de la
precariedad son los inmigrantes
ilegales, contratados en la calle y llevados en furgonetas a trabajar a
fábricas ilegales o al campo, hasta por 4 euros la hora.
Otra precariedad, que
afecta a la mayoría de trabajadores, son los
salarios
a la baja y el auge de los mileuristas: cuatro de cada diez españoles, más de 15 millones de trabajadores, autónomos, parados y pensionistas ganan
menos de 1.000 euros al mes. Y lo peor es que más de la mitad son minieuristas:
8,5 millones de españoles que ganan
entre 400 y 860 euros al mes. Los salarios más bajos se dan entre
los jóvenes (la mitad ganan menos de
1.000 euros) y las mujeres (ganan un 23% menos que los hombres,
según el INE). Y ganan menos los que tienen un contrato temporal (un 32% menos de sueldo que los
indefinidos) y un contrato a tiempo
parcial (ganan un tercio menos, incluso por hora: 10,89 € frente a 15,03 €).
Y como complemento, están
cayendo
las horas extras que se pagan: se han reducido al nivel más bajo de la
última década, con una media de menos de
media hora el mes (en 2006 era 1 hora al mes por empleado). Eso sí, se han
cambiado horarios y se hacen más horas
extras gratis, sin cobrarlas: en el cuarto trimestre de 2012 se hicieron 2.630.000 horas extras a la
semana sin cobrar, una media de 12 minutos semanales por empleado. Eso son 40 millones de euros que se dejaron de
cobrar y, lo peor, 65.750 empleos
que no se crearon.
Unos cobran menos y
otros trabajan
sin cobrar. Por un lado, muchos becarios y jóvenes
cualificados, que o no cobran o mal
cobran, en empleos de baja cualificación: España es el país europeo con más jóvenes
sobrecualificados, que ocupan empleos por debajo de su cualificación,
un 33% frente al 21% en la UE. Por otro, trabajadores
de empresas en crisis, como Panrico,
que decidió no pagar las nóminas para pagar a proveedores.
Otras, como Sniace
o Balboa,
ofrecen bajar los sueldos un 20/25%
a cambio de no despedir. Otras no
pagan nóminas porque no cobran de otras empresas o de la Administración
(empresas de limpieza, Dependencia, servicios sanitarios o
educativos), mientras sus empleados deben seguir trabajando para no perder derechos. Y otros no
cobran porque su empresas está en quiebra o suspensión de pagos y el FOGASA no tiene dinero ni medios (150.000 expedientes pendientes) para
pagarles sueldos e indemnizaciones. Y como colofón, aumentan las empresas que ofrecen trabajos
sin sueldo, sólo a comisión.
Dentro del negro
panorama de la precariedad, hay sectores que la sufren más. Uno de
ellos, el turismo,
nuestra primera industria, con el 10% del empleo: tiene más temporalidad (32,8% frente a 23,1% media española), más trabajo a tiempo parcial (28,6%
frente a 16,4%), más autónomos
(21,45% frente a 18,16%) y un 30% de las
inspecciones detectan irregularidades. La última “moda” es la
media jornada ficticia: se cobra y se cotiza por 4 horas y se trabajan
12. O la subcontratación de servicios
en hoteles y los falsos autónomos. Otro sector precario es la enseñanza,
con docentes
que trabajan por días o meses,
haciendo sustituciones. Y lo mismo los médicos,
que incluso hacen un segundo MIR para
trabajar 4 años por 1.500 euros. O los arquitectos:
60% son falsos autónomos que trabajan para empresas, como muchos periodistas
“free lance”. Y miles de investigadores con
contratos trampa para seguir investigando.
La precariedad,
además de reducir los ingresos y los
derechos laborales, tiene otras
consecuencias muy negativas: reduce
los derechos futuros (desempleo y
pensiones), accede a menos formación, aumenta la siniestralidad
laboral (los contratados temporales tienen el doble de
accidentes que los fijos en muchos sectores) y acarrea más estrés y menos salud
laboral , con un aumento de los problemas
psicológicos: de hecho, con la crisis, se han triplicado las consultas
por depresión y se han duplicado
las ventas de ansiolíticos, mientras crece el consumo de alcohol y drogas, sobre todo entre los
jóvenes.
Todo apunta a que, aunque pasemos de la recesión a la crisis, no va a reducirse mucho la precariedad. Primero, porque, con 6
millones de parados dispuestos a
casi todo por trabajar, va a resultar difícil recuperar los derechos y
sueldos perdidos por los trabajadores. Y segundo, porque los empresarios siguen exigiendo más flexibilidad laboral: la patronal
CEOE ha pedido en agosto eliminar las restricciones a encadenar contratos temporales (ahora no
se pueden tener más de 2
años), facilitar la conversión
de contratos a tiempo completo en contratos
a tiempo parcial y facilitar contratos donde se cobre menos
del salario mínimo (645 €).O sea, piden
más precariedad a cambio de crear más empleo (está por ver).
La precariedad es
un
cáncer no sólo para el trabajador, sino para la economía: no podemos competir
en Europa y en el mundo con unas condiciones laborales marroquíes. No es sólo que no
podemos perder los derechos laborales ganados en un siglo. Es que con trabajadores descontentos y desmotivados no se sale de la crisis. Hace falta
luchar de verdad contra la precariedad, con más
inspección de Trabajo, más medios, más
multas y penas, más voluntad política y más
rechazo social contra los abusos. Es un problema de dignidad, que sufren más los parados, jóvenes, mujeres e inmigrantes. ¡Basta ya ¡
Dice el Gobierno
que son los Presupuestos de la recuperación, pero no es cierto: en 2014
apenas creceremos, se destruirá empleo (-30.000) y seguirán los recortes del
Estado del Bienestar. Son los Presupuestos del estancamiento,
de un país que no crece porque el Gobierno ha elegido recortar el déficit
y hundir el consumo (subiendo impuestos y congelando sueldos y pensiones) y la inversión pública, en lugar de reanimar la economía para crecer más y
crear empleo. Un camino que lleva a recaudar menos, a no cumplir el déficit y a
hacer más ajustes, recortando crecimiento y empleo. Un país con el doble de paro que Europa no puede regodearse en crecer un 0,7%
(si se consigue): hay que crecer más del
2%, reanimando el consumo y la
inversión, recaudando más de los que más tienen. Ir por otro camino. Después
de tres Presupuestos con recortes, Rajoy ha perdido 1.230.000 empleos.
Enrique Ortega
Los Presupuestos
2014, como los dos anteriores, son los Presupuestos del ajuste. Su objetivo, obligado por Bruselas pero
defendido por Rajoy es recortar
el déficit público, del 6,5%
pactado para este año al 5,8%. Eso
supone otro ajuste de 7.200 millones,
que se busca por dos vías: aumentando
ingresos y recortando gastos. El Gobierno dice que no sube impuestos para 2014, pero lo que no
dice es que ya los subió, al llegar
al poder, para 2012, 2013 y 2014.
Así que el año que viene volveremos a pagar
más impuestos: en renta (IRPF), IVA al 21 %, más IBI a los
Ayuntamientos y más impuesto de sociedades (empresas). Y además, habrá subidas nuevas: pagaremos más por
alcohol y tabaco, nuevos impuestos
verdes (afectarán a compradores de algunos electrodomésticos) y más IVA (del 10 al 21%) en algunos productos sanitarios y notarios. En total, 4.230 millones más de recaudación a
costa de nuestros bolsillos.
Por el lado del gasto,
vuelven
los recortes para 2014. Primero, a los funcionarios: se les congela
el sueldo (por cuarto año, tras el recorte del 5% en 2010) y se
reducen 13.435 funcionarios más (a sumar a los 400.000 empleos públicos ya perdidos). A los pensionistas, se les revisarán las pensiones un
0,25% en 2014, frente al 1,3/1,5% que subirá el IPC, con lo que
volverán a perder
poder adquisitivo, como la mayoría de trabajadores
(los costes salariales caerán otro -0,6%).
Y se recortan otro 4,7% los gastos de
los distintos Ministerios, la
puntilla al Estado del Bienestar tras tres años de duros ajustes : Sanidad (-0,4%), Educación (sólo suben 250 millones las becas y cae casi todo lo
demás), Dependencia (-0,1%), Justicia (-2,3%), Cultura (-0,7%), tecnología
(la partida en I+D+i
sube 71 millones pero en realidad cae
sobre 2013 por el crédito extraordinario de 104 millones aportado este verano),
ayuda al Desarrollo (cae otro 5%) y subsidios
a parados (2.227 millones
menos que en 2013). Y vuelve a caer un 9,8% la inversión
pública, que retrocede al nivel
de hace 25 años.
La caída de la inversión pública, sobre
todo en infraestructuras (-7,2%) afectará más a seis
autonomías, muy preocupadas por nuevas
caídas del empleo en 2014: Asturias (-31,6% de inversión pública), Murcia (-27%),
Cataluña (-25,5%), Castilla la Mancha (-19,8%),Madrid (-12,8%) y Castilla y
León (-12,1%). Pero no será su único problema: en 2014 cae
también un 13,6% el dinero que el
Estado central transfiere a las autonomías. Contarán con 3.332 millones
menos. Con este nuevo recorte, las autonomías tendrán que hacer nuevos
ajustes en sus Presupuestos 2014, sobre todo en sanidad,
educación
, Dependencia y gastos sociales, servicios públicos tan deteriorados ya que no aguantan muchos más recortes.
Al final, el efecto
de esta congelación de sueldos y pensiones, más los recortes en el gasto y la
inversión, es una caída
del consumo (privado y público), que restará crecimiento a la economía (-0,4%, menos que en 2013 porque
el ajuste es ahora menor, gracias a que Bruselas abrió
la mano en mayo con el déficit 2014). Con ello, el único motor que tire de la actividad serán las exportaciones
(+1,2%), otro año más, aunque menos que en 2013. Eso deja el escaso crecimiento de España, un +0,7% en 2014, en manos de
Europa y el comercio
mundial, que podría crecer menos, con el hándicap además de un euro fuerte
(+1,36 dólares). Eso si conseguimos crecer ese 0,7%, ya que el FMI vaticinó en julio un crecimiento
cero para España en 2014 y la OCDE,
en mayo, un 0,4%, que la Comisión
Europea sube al +0,9%.
Todo apunta a un
crecimiento entre 0 y 0,8% en 2014, tan ridículo que no se creará empleo neto:
el Gobierno estima una nueva pérdida de -30.000
empleos en 2014, tras haber perdido
Rajoy otros 1.230.000 empleos entre 2012 (-720.000 empleos) y 2013 (-510.000). La propia patronal CEOE
estima que en 2014 se pierdan 20.000
empleos, aunque el Gobierno hace “ingeniería
laboral” y se saca de la manga crear
+15.000 empleos netos a tiempo parcial en 2014. Un balance tan pobre para un
país con 6 millones de parados que resulta provocativo oír hablar de “los Presupuestos de la recuperación”. Y más cuando estiman un
25,9% de paro en 2014, un 0,7% menos porque muchos parados dejarán de
buscar trabajo (“desanimados).
Al final, son los Presupuestos de un país estancado,
que sólo crecerá unas décimas, insuficiente
no sólo para crear empleo sino para recaudar lo previsto y reducir el déficit
lo prometido. Ya pasó en 2012 y puede volver
a pasar en 2013: no se consume, no se crece, no se recauda y hay que hacer
más recortes o subir el IVA, con lo que se crece menos, hay más paro y menos
consumo, se recauda menos y vuelta al círculo vicioso. Y encima, la deuda
pública crece sin parar y en 2014, España deberá más de un billón de euros:
en dos años de Gobierno Rajoy, ha
crecido en 200.000 millones, más que con toda la etapa Zapatero.
En definitiva, la política
de ajustes de Rajoy hunde el consumo, el crecimiento y el empleo,
apenas recorta el déficit y aumenta la deuda pública. Hay que ir por otro camino: poner el empleo y no el déficit como el
objetivo central de los Presupuestos, tratando de crecer al menos un 2%,
para crear empleo de verdad. Y para
eso, hay que hacer
otra política, con varias
patas. Una, reanimar el consumo,
con subidas de sueldos de funcionarios y pensiones y mayores subidas salariales
(a cambio de más productividad). Otra, rebajar
impuestos a la mayoría y subirlos a los más ricos, grandes empresas y
multinacionales, reduciendo el fraude fiscal: en
este blog he explicado que podrían recaudarse 50.000 millones más sin subir
impuestos a la mayoría. La tercera, fortalecer
el Estado del bienestar, dedicando por ejemplo los 2.000 millones que ahorraremos
en intereses de la deuda en 2014
a mejorar la educación y la sanidad. Y cuarta, destinar más recursos a fomentar la inversión pública (en infraestraestructuras necesarias, no obritas como el Plan E) y
privada (con ayudas a la industria, investigación, turismo, exportaciones y energías
alternativas), así como a la formación de parados y a subvencionar nuevos empleos.
Se trata de reanimar la economía, como ha hecho EEUU, Brasil o China,
para que crezca con más fuerza y cree empleo. Bruselas lo aceptaría, si ingresamos más (bajaría el déficit), por la excepción española: tenemos el
doble de paro que Europa y con
recortes no lo arreglamos. Y los
mercados están más preocupados por nuestro paro y nuestro estancamiento que
por el déficit: si no crecemos, hay más riesgo de que les paguemos.
Es hora de cambiar
de política. Quizás salgamos de la recesión en 2014, pero
seguiremos en crisis por varios años más (hasta 2018, según el FMI), con un nivel
de paro insoportable y una pobreza
creciente, que exigen otras medidas, probar otros caminos, que han
dado frutos antes en muchos países. No
pierdan otro año. Muchos españoles no aguantan más.