jueves, 11 de julio de 2013

Los recortes avivan los incendios forestales


Con el mes de julio, llegó el fuerte calor y los temores por nuevos incendios forestales. Los expertos temen otro verano difícil, porque hay mucha hierba alta en los montes y porque la mayoría de las autonomías han hecho nuevos recortes en personal y medios contra incendios, como en 2011 y 2012. Y mientras, no hay una política forestal, de limpieza de los montes, que están abandonados, lo que facilita los incendios. De hecho, desde 1961 se ha quemado en España un 30% de la superficie forestal. Hay que invertir en limpiar y hacer rentables los bosques, que pueden ser una fuente de empleo y riqueza en zonas rurales. Y no recortar medios contra incendios, porque ahorrar sale caro en daños y víctimas. Además, con el cambio climático, que conlleva sequías y subida de las temperaturas, los riesgos de incendios forestales aumentarán más cada verano. Salvemos el monte cuidándolo durante todo el año.
 
enrique ortega

Va a ser otro verano complicado de incendios forestales. La alerta la han dado los agentes forestales, en su reciente Congreso de Toledo: las lluvias del invierno y primavera han producido muchas hierbas y matojos, muy altos, que prenderán con facilidad cuando el calor las seque. Y además, casi todas las autonomías han hecho nuevos recortes en los medios contra incendios, que ya se revelaron escasos en los grandes incendios del verano 2012, el peor desde 1.994: 15.000 incendios, 209.000 hectáreas quemadas (1% superficie forestal, como toda Guipúzcoa), 11 muertos y 38 grandes incendios en Comunidad Valenciana, Cataluña, Canarias y Castilla y León. Más de 200 millones de euros en pérdidas, que no podrán compensarse con los 16,9 millones de ayudas aprobados por el Gobierno nueve meses después, en abril de 2013.

Por tercer año consecutivo, la mayoría de las autonomías han recortado sus servicios contraincendios, sobre todo las más afectadas por los fuegos del verano pasado. Así, en Cataluña, los bomberos se han manifestado contra los recortes, mientras la partida contra incendios ha pasado de 178 millones (2011) a 155,5 (2013). En la Comunidad Valenciana, se han mantenido los recortes de 2012 (-15 millones) y se ha suprimido por segundo año el programa Pamer, que pagaba a 2.123 parados para que limpiaran el monte próximo a pueblos y urbanizaciones. En Castilla y León, el presupuesto para este verano se reduce en 18 millones, tras los recortes de 2011(-40%) y 2012 (-50%). Y en Canarias, los Cabildos sufren los recortes del Gobierno regional.

En general, todas las autonomías han reducido sus medios contraincendios: menos aviones (201), menos brigadas terrestres (o las mismas con menos agentes), menos personal contratado y congelación plantilla de forestales (10 años sin oposiciones), más EREs en empresas forestales, falta de medios materiales (coches, bulldozer, máquinas…) y equipos más una  reducción del tiempo de campañas (de 8 meses a 4 y hasta 2 meses). Entre tanto, el Estado central, que sólo cumple  tareas de apoyo  a las autonomías, aumentó su presupuesto antiincendios para este verano (de 93 a 120 millones, aunque una parte es para indemnizar a las zonas quemadas), pero a cambio ha quitado cinco aviones (quedan 65, aunque comprará uno nuevo) y recortó un 20% el presupuesto contraincendios de los Parques nacionales.

En España, los grandes incendios no llegaron hasta el verano de 1.975, gracias a una decidida política forestal iniciada con la II República y continuada con el franquismo, con la repoblación forestal y el trabajo en los montes de la población rural. Pero la despoblación del campo (perdió 3 millones de habitantes en los años 60 y primeros 70) fue la puntilla para el monte y los incendios: ya no se recogía la leña, se abandonó la resina, no había ovejas y cabras pastando (3 millones menos) y nadie limpiaba caminos y montes. Además, se había repoblado mal, con pinos y eucaliptos que arden fácilmente. Y la especulación inmobiliaria hizo el resto, con viviendas y urbanizaciones en zonas forestales desatendidas. Al final, el problema es que los bosques producen 46 millones de m3 de leña y sólo se recogen 19. El resto queda tirado y es un polvorín, que explota a la mínima negligencia o provocación humana o natural.

España lleva 40 años sin cuidar el bosque y con las autonomías preocupadas más por atajar los incendios que en invertir en políticas forestales. Y con la crisis y los recortes, los esfuerzos van más a combatir los incendios que a prevenirlos: hay miles de torres de vigilancia vacías, por falta de personal, y no se invierte en tecnología de prevención, desde satélites a vehículos no tripulados o helicópteros con infrarrojos. Y menos en limpiar los montes y caminos forestales, la verdadera política antiincendios.

Tampoco se ha avanzado en concienciar a los ciudadanos contra los incendios forestales, un 95 % causados por el ser humano (41% por negligencias y 22% son intencionados, según la Generalitat catalana). Hay que hacer campañas para cambiar la mentalidad, como se ha hecho con los accidentes de tráfico. Y endurecer la lucha contra los pirómanos. Hay pocas detenciones, por falta de medios para investigar: sólo 300 detenidos al año, para 15.000 incendios. Y menos condenas, por falta de jueces, fiscales  y peritos especializados: con 2.306 sumarios abiertos por incendios sólo en 2011, únicamente hay 12 pirómanos cumpliendo condena en las cárceles y la mayoría de causas son sobreseídas por falta de pruebas y porque los jurados populares no les condenan. Ahora, el nuevo Código penal, en vigor este otoño, eleva las penas (de 3 a 9 años) y será un juez quien dicte las sentencias.

Otra preocupación del mundo forestal es la Ley de Montes que prepara el Gobierno Rajoy, porque abre las puertas a que las autonomías recalifiquen terrenos quemados con carácter excepcional, algo prohibido por la reforma que hizo el Gobierno ZP en 2006: hay que esperar al menos 30 años, para evitar pelotazos urbanísticos como el que llevó a construir el parque Terra Mítica tras el incendio de 1992. La Comunidad Valenciana ya abrió la posibilidad de recalificar antes terrenos quemados en su ley de Montes de 2012, lo mismo que hizo Aragón en 2006. Cambios normativos que podrían incentivar los incendios .

Hacen falta más medios e inversiones forestales, más campañas de concienciación y más dureza contra los pirómanos. Pero sobre todo, no acordarnos sólo de los bosques en verano: los incendios se apagan en invierno, durante todo el año, limpiando y manteniendo los bosques. Por eso es urgente que autonomías y Ayuntamientos pongan en marcha Planes forestales, monte a monte. Y negociar con Bruselas más ayudas a agricultores y ganaderos que cuiden los montes, con limpieza y pastoreo. Ahora estamos perdiendo fondos rurales europeos (Fondos FEADER), que financian programas de reforestación y lucha contra incendios, porque son cofinanciados y el Estado español y las autonomías no ponen su parte (Castilla la Mancha ha perdido dos programas de 81 millones). También hay que apoyar la industria de la madera, para que el bosque pueda ser rentable, con pymes y proyectos de biomasa (recogida de madera para calefacción y generación eléctrica).

El abandono de los montes ha llevado a la quema de 7,5 millones de hectáreas desde 1.961, un 30% de la superficie forestal de España. Parar esa sangría exige invertir en limpiar y cuidar los bosques, algo caro (3.000 euros por hectárea), pero más costoso es combatir los incendios (una hora de helicóptero son 300 euros) y sus secuelas: sólo en la última década se han perdido más de 1.000 millones de euros por los incendios.

Los incendios irán a más, porque el cambio climático tenderá a aumentar la sequía y las temperaturas, agravando los riesgos de nuestro clima mediterráneo (altas temperaturas y poca humedad). Por eso, hay que tomarse en serio la política forestal, con inversiones y ayudas, no sólo para evitar pérdidas y muertes, sino porque puede ayudarnos a salir de la crisis, creando empleo y actividad en las zonas rurales. No nos acordemos de los montes sólo cuando se queman. Son una fuente de trabajo y riqueza. Y mejoran el medio ambiente.

domingo, 7 de julio de 2013

Ojo a las tarjetas: salen mucho más caras


De cara al verano, usaremos más las tarjetas, tanto para comprar como para sacar dinero. Pero cuidado, porque bancos y Cajas han subido mucho las comisiones a los plásticos,  para compensar la caída de márgenes. Y sobre todo, el interés que nos cobran cuando pagamos a crédito con la tarjeta: supera el 20%. Además, bancos y Cajas cobran más que en Europa a los comercios de comisión por las compras con tarjeta, mientras Bruselas ha abierto dos expedientes a VISA y Master Card, que se han comprometido a bajarlas. Y el Gobierno está pactando reducir las comisiones  a los comercios para compras inferiores a 10 euros. El temor de los consumidores es que bancos y Cajas rebajen los costes por tarjeta a los comerciantes y a cambio, nos suban las comisiones por uso de tarjetas. Así que ojo a lo que le cuesta tener y utilizar sus tarjetas. Hay que usarlas con cabeza.
enrique ortega

Los españoles tenemos 68,17 millones de tarjetas, casi dos por cada ciudadano mayor de edad (37,4 millones). Dos de cada tres son de crédito (40,7 millones), para pagar en 1.535.885 terminales (comercios y servicios). Y las demás (27,47 millones) son tarjetas de débito, para pagar también compras al contado y sacar dinero en los 55.360 cajeros de la red, la mayor de Europa. Con todo, la crisis ha reducido el número de tarjetas, porque los clientes se han quedado con las imprescindibles: los plásticos se han reducido en 8.230.000 desde 2.008. Sin embargo, con menos tarjetas, se compra  a  crédito más que antes de la crisis: 97.385 millones en 2012 (+9 % sobre 2008 y -0,90% sobre 2011), 11,11 millones de compras con tarjeta cada hora. A cambio, ha caído la retirada de dinero en cajeros: 110.570 millones en 2012 (-5,1% sobre 2008), aunque crecen las compras al contado con tarjetas de débito.  

Menos tarjetas de crédito que se usan más porque, con la crisis, los españoles tienen más difícil llegar a fin de mes (uno de cada ocho) o hacer frente a imprevistos (4 de cada 10), según el INE, con lo que tiran de tarjeta (los que pueden) para tapar agujeros, pagar un viaje o cambiar un electrodoméstico. Y ahí, en las compras a crédito financiadas con la tarjeta es donde bancos y Cajas les dan los palos, con intereses que llegan al 35% TAE.

Con todo, tener una tarjeta, como un coche, sale caro aunque a veces no nos demos cuenta. Y más caro en el último año y medio, porque bancos y Cajas han subido todas sus comisiones (un 40% en 2012, según el Banco de España), para compensar su caída de márgenes (somos el 2º país europeo que paga más comisiones bancarias). Y más las de las tarjetas, porque son de las comisiones que menos “se ven”. Y hay muchas.

Todas las tarjetas, de crédito y de débito (compras al contado y cajeros) pagan una comisión de emisión o renovación, con un importe fijo anual: 21,90 € de media (y máximo de 30€) para la de débito y 38,45 € de media (con máximos de hasta 70 euros) para la de crédito. Además, se paga una comisión por retirada de efectivo en cajeros de otros bancos y otras redes (entre el 3 y el 5%, con mínimos entre 2,50 y 4 euros por operación). Y si se compra o se saca dinero en el extranjero, en países no euro, se paga una comisión que puede superar el 6%.

Y luego están las comisiones que se pagan por aplazar pagos, en las tarjetas llamadas revolving (hay 3 millones más desde que empezó la crisis), aquellas donde en vez de pagar a principios del mes siguiente todo lo comprado con la tarjeta, pagamos una cantidad fija al mes o un porcentaje del crédito utilizado. En estos casos, el tipo de interés oscila entre el 15% TAE del más barato (ING) al 19,56% de BBVA, 22,48% del Popular, 26,08% de Bankia, 29,86% del Sabadell o 35,83% TAE de Santander. Y se paga más cuanto menor sea la cuota mensual y más el gasto, porque se está pagando intereses sobre lo pendiente. Además, si un cliente se retrasa en el pago de una cuota, en cualquier tarjeta, paga tres comisiones más: comisión por reclamación de posiciones deudoras (35 €), comisión por descubierto (30€ por exceder el límite en tarjetas) y pago de intereses de demora (20,4%TAE en tarjetas).

Una maraña de comisiones de las que no siempre nos enteramos bien y que son ahora más opacas, ya que bancos y Cajas no tienen obligación de publicar su Libro de tarifas desde abril de 2012 (gracias a una norma aprobada por el Gobierno Zapatero en octubre de 2011): basta con que comuniquen los  cambios en las comisiones a sus clientes, individualmente. Y muchos clientes se quejan: las tarjetas son el tercer motivo de reclamaciones al Banco de España, sobre todo por las comisiones cobradas.

Las quejas por las comisiones de las tarjetas es algo histórico en los comerciantes, que llevan años peleando con bancos y Cajas. En Europa, las denuncias del comercio han llevado a la Comisión Europea a abrir varios expedientes contra MasterCard y Visa, acusadas de aplicar comisiones abusivas (también en EEUU tienen un litigio pendiente de los tribunales). Mientras Master Card podría ser multada, VISA trata de evitar la sanción de Bruselas prometiendo (en mayo) que va a rebajar sus comisiones al comercio en compras transfronterizas y en10 países (donde las fija ella y no los bancos, como en España), para dejarlas en el 0,30% (tarjeta crédito) y 0,20% (débito).

Mientras, en España, las comisiones que cobran bancos y Cajas a los comercios son más altas que en Europa: la media de tasa en las tarjetas de crédito está entre 0,74 % y 0,59%, según el Banco de España, aunque son casi la mitad que en 2006 (del 1,30% al 0,65%). Y en débito, las tasas a los comercios oscilan del 0,30% al 0,16% (aquí la rebaja ha sido menor: en 2006 oscilaban entre el 0,40% y el 0,25%). Pero estas medias esconden grandes diferencias, en perjuicio de algunos negocios y las tiendas más pequeñas. Los comercios que más pagan son las farmacias (tasa del 1,04%), supermercados (0,90%), restaurantes (0,88%) y compras inferiores a 15 € (0,83%). Y los que menos, las autopistas (0,26%), los híper (0,45%), gasolineras (0,49%) y agencias de viaje (0,51%).

Los comerciantes culpan a estas altas comisiones de que en  España se compre menos con plásticos: sólo un 16% de las compras, la mitad que en Francia (32%) y un tercio que en Reino Unido, Portugal o Suecia (47%). En 2005, el Gobierno ZP pactó con las entidades una bajada de tasas (al 1,4% máximo). Y ahora, en junio, el Gobierno Rajoy ha aprobado un Plan integral de apoyo al comercio que contempla negociar con las entidades financieras para bajar las tasas  a las operaciones de menos de 10 euros (23% de los pagos), que apenas se pagan con tarjeta en España (sí fuera) porque tienen un comisión abusiva para el comercio: 25 céntimos en un pago de 3 euros, por ejemplo.

Los consumidores temen que bajen las tasas a las compras con tarjeta, por pacto con el Gobierno o por imposición de Bruselas, a la vista de lo que ha pasado con la rebaja de 2005: los bancos compensaron los menores ingresos de los comercios subiendo las comisiones a los clientes y además, los comercios no rebajaron sus  precios, según denuncia ADICAE. Y ahora, con bancos y Cajas sumidos en una guerra por poner datafonos, a costa de ofertas y rebajas de comisiones, temen que lo paguemos los usuarios de tarjetas, con más comisiones.

Suban más o no, las tarjetas ya nos suponen un alto coste, cada año mayor, aunque su servicio sea imprescindible. Pero hay que vigilar su uso, utilizar sólo las tarjetas necesarias, no retrasar demasiado los pagos y vigilar los intereses, comisiones y cuotas anuales, negociando con nuestra entidad para rebajar costes a cambio de nuestra vinculación. Tarjetas sí, pero rigurosamente vigiladas para que no nos den sustos. Úsenlas con cabeza.

jueves, 4 de julio de 2013

Sube la luz y los desahucios eléctricos


El 1 de julio volvió a subir la luz, un 1,2 %, aunque en el conjunto del año baja. Pero la subida fuerte nos espera en octubre, para tapar el agujero eléctrico, que crece aunque la luz ha subido ya un 70% en los últimos cinco años. El Gobierno aprobará en julio otra reforma eléctrica, la sexta en año y medio, un parche para sanear el sector a costa de recortar algunas subvenciones a las eléctricas y de que los ciudadanos  ayudemos por partida doble: con otro crédito extraordinario y con subidas en los próximos recibos. Todo para evitar una reforma de verdad, que recorte centrales (sobran la mitad) y costes, porque pagamos la luz más cara de lo que cuesta producirla. Mientras, una de cada diez familias tiene problemas para pagar el recibo y las eléctricas han cortado la luz a 1,4 millones de españoles .Son los desahucios eléctricos.  
enrique ortega

Este trimestre, la luz sube otro 1,2 %, tras haber bajado un 6,62 % en marzo y subido un 3% en enero, con lo que en este año baja un 2,42%, gracias a que han bajado los costes de producir electricidad, al caer el consumo y al clima (lluvia y aire), que ha aumentado el peso de las energías hidráulica y eólica (más baratas). Y eso, a pesar de que el mercado eléctrico es poco transparente y las compañías “manipulan los precios”, como denuncia la Comisión Nacional de la Energía (CNE), aunque reconoce que no puede multarles porque realizan sus triquiñuelas “al amparo de la regulación”. Estas maniobras nos han costado a los consumidores 1.200 millones en 2012, según la CNE, un 71% más de lo que nos costaban ya en 2009 (700 millones). Y suponen un sobrecoste en el recibo de la luz del 8%, sólo en 2012. Un escándalo “legal”.

Con todo, la luz ha subido ya un 30% en los últimos tres años y un 70% desde 2008. Por ello, los españoles pagamos la electricidad más cara de Europa, tras Chipre o malta, una tarifa un 33% superior a la media europea. Y con la recesión y el paro, ya hay un 10% de familias que no pueden pagar el recibo de la luz, unos 4,6 millones de españoles que han caído en la “pobreza energética”, según un estudio de ACA. De hecho, Iberdrola y Endesa cortaron la luz en 2012, por impago, a  1,12 millones de clientes, con lo que los “desahucios eléctricos” de todas las compañías podrían rondar a 1,4 millones de españoles. Cada día hay más familias que restringen su gasto de luz y calefacción, lo que provoca al año entre 2.300 y 9.300 muertes en España (sobre todo entre ancianos), más que los accidentes de tráfico (1.300 muertes), según un estudio del Observatorio de Sostenibilidad (OSE).

La situación va a empeorar este otoño, no sólo por la crisis y el frío, sino porque en octubre se espera una fuerte subida de la luz, para ayudar a tapar el agujero eléctrico: la diferencia entre ingresos y costes reconocidos, que ha vuelto a crecer en 2013 (+1.916 millones hasta abril, tras subir +5.609 millones en 2012), a pesar de las subidas de tarifas. Ese agujero existe porque la Ley del Sector Eléctrico (LSE) de 1997, aprobada por Aznar, fijó un doble sistema de precios. Por un lado, los precios de mercado: se paga por la luz lo que cuesta producirla en la central más cara (térmicas de gas y fuel), lo que beneficia a las centrales con menos costes (hidráulicas y nucleares). Es como pagar igual la carne picada, al margen de que se haga con pollo o chuletón de ternera. Y como con esos precios, la mayoría de centrales (todas, menos hidráulicas y nucleares) apenas cubrían costes y no inversiones, se les compensa con otros ingresos, los pagos regulados que aprueba el Gobierno: primas, pagos por capacidad, incentivos a la inversión o disponibilidad…

Un sistema de locos que infla tanto los costes eléctricos que no se pueden cubrir con el recibo, aunque haya subido un 70%. Por eso, tenemos una deuda reconocida con las eléctricas, que rondó los 30.000 millones en 2012 y que era de 26.000 millones en mayo. Una deuda que en sus dos terceras partes se ha convertido en “papelitos”( títulos), una hipoteca que tenemos que pagar los usuarios (deuda más intereses) hasta el año 2027 y que supone unos 3 euros al mes en el recibo. El problema es que, si no se hace nada, esa deuda es una pelota que crece cada año en unos 6.000 millones más.

El Gobierno Rajoy ha aprobado ya cinco paquetes de medidas para intentar corregir el agujero eléctrico, casi tan grande como el de la banca. Pero sin resultado. Ahora, en julio, aprobará la sexta reforma en año y medio, con un objetivo: tapar el agujero eléctrico a costa de conseguir unos 6.000 millones extras anuales de los usuarios y del sector eléctrico. Por un lado, los consumidores pagaremos dos veces: una, con otro crédito extraordinario de 2.000 millones (se aprobó otro de 2.200 para 2013), que salen de nuestros impuestos, y la otra, con una fuerte subida extra en los próximos recibos, a partir de octubre. Por otro, se harán recortes a las eléctricas, reduciendo primas a las renovables (del 10 al 20%), recortando subvenciones al transporte (Red Eléctrica) y distribución (eléctricas) y consiguiendo ingresos con el 7% del impuesto aplicado desde enero a la generación de electricidad.

Las eléctricas se quejan y se pegan con las empresas de renovables por ver quién paga menos con esta reforma. Pero no dicen que si las renovables (solar, eólica y co-generación) han recibido subvenciones (vía tarifas) por 35.000 millones entre 1998 y 2011, las eléctricas convencionales (hidráulicas, nucleares y térmicas) recibieron 53.000 millones, sin contar otras compensaciones (como los 2.500 millones extras de CTC). Y quizás estas ayudas pagadas con nuestros recibos explican por qué las eléctricas españolas son las más rentables de Europa y ganan el doble que las grandes europeas: un 6,78% sobre ventas frente al 2,62% en 2012. Y lo mismo en años anteriores y en la previsión para 2013.

En definitiva, pagamos la luz más cara de Europa porque el Gobierno (todos desde 1997) reconoce a las eléctricas unos costes inflados (pagamos la luz/carne picada como si se hiciera con chuletón/gas y fuel cuando la mayoría se produce con pollo/nuclear e hidráulica), y les compensa además con pagos discutibles (incluidos 750 millones a grandes empresas por si les falla el suministro de la luz, algo que no ha pasado nunca). Y encima, cuando el mercado “libre” eléctrico fija sus precios, utiliza triquiñuelas legales para cargarnos sobrecostes injustificados.

¡Vaya panorama ¡ Un caos de sistema eléctrico, que nos cuesta carísimo y que no se arregla con nuevos parches, como los que va a aprobar el Gobierno. Por un lado, hay que pinchar la burbuja eléctrica: sobran centrales, tenemos el doble de potencia instalada (100.000 Mw) de la que consumimos (40.000 Mw). Por otro, hay que recortar los costes, pagando por la luz lo que realmente cuesta producirla y quitando subvenciones encubiertas. Así, bajaría la luz y se acabaría con el agujero eléctrico de verdad. Y las eléctricas españolas tendrían un beneficio “europeo”. En paralelo, habría que atender a los pobres energéticos, aumentando el bono social (recibo un 23% más barato) a más familias (lo disfrutan 2,2 millones, entre parados, familias numerosas y pensionistas), en lugar de recortarlo como se ha hecho en 2013 (lo han perdido 200.000 familias). Y están pensando en reducirlo más o suprimirlo.

La reforma eléctrica es una de las grandes asignaturas pendientes de España. Bruselas apuesta por liberalizar el sector y presiona al Gobierno para que deje de regular los precios, lo que supondría fuertes subidas de la luz. Sería una barbaridad, porque es un bien esencial que no se puede dejar en manos de un oligopolio (tres eléctricas suministran al 92% de los hogares). Pero es urgente poner orden y no cargar en el recibo costes no justificables para engordar el beneficio de las eléctricas. Algo que no hará este Gobierno (ni el anterior) porque sería enfrentarse a uno de los poderes económicos del país. Ellos o nosotros.

domingo, 30 de junio de 2013

Cumbre europea: ayudas escasas y tardías


Mucho ruido y pocas nueces en la última Cumbre europea: 532 euros al año (2014 y 2015) para ayudar a los parados jóvenes (1.000 euros a los españoles) y 10.000 millones anuales de créditos a las pymes europeas, a costa de recortar fondos estructurales. Y nada para los 21 millones de parados restantes (5,2 millones, españoles) ni un Plan para reanimar la economía europea. Otra Cumbre más para salvar la cara, esta vez con algunos millones ya previstos y cuyo gasto adelantan o hacen “ingeniería financiera”. Pero ni un euro nuevo contra una recesión que dura ya año y medio en Europa. Y sin construir “más Europa”, negando un papel activo al BCE para comprar deuda, retrasando sine díe los eurobonos, la única manera de evitar que el crédito (escaso) esté el doble de caro en la Europa del sur. Más de lo mismo: austeridad y reformas, una política que lleva 3 años fracasando.
enrique ortega

Hace justo un año, en otra Cumbre europea, los líderes de los 27 aprobaron a bombo y platillo un Pacto por el Crecimiento y el Empleo, para relanzar la economía. Pero un año después, no se ha puesto un euro en el empeño y Europa, tras mantenerse a ultranza en su política de austeridad, lleva ya año y medio en recesión, con 1,7 millones de parados más que hace un año (600.000 de ellos en España). Ahora, presionados por la contestación social y por algunos países (Francia, Italia, España), Merkel y los fundamentalistas de Bruselas han querido dar la imagen de que se preocupan de los problemas de los europeos, poniendo sobre la mesa unos millones contra el paro juvenil y para créditos a las pymes. Poco dinero y ni un euro nuevo, ya que sólo se anticipan fondos ya previstos o se cambia el destino de otros para desatascar créditos, con “ingeniería financiera”. Pocas nueces y mucha propaganda.

Veamos primero las ayudas contra el paro juvenil. Había 6.000 millones previstos en los Presupuestos europeos 2014-2020 y lo que ha hecho la Cumbre es anticipar su gasto, entre 2014 y 2015. Son 3.000 millones al año, a repartir entre los 5.630.000 parados europeos menores de 25 años (964.000, españoles). Tocan a 532 euros por parado al año. En el reparto, España, líder en paro juvenil (56,4% frente a 22,6% UE), se llevará casi la mitad, 1.900 millones en dos años: 1.000 euros por parado al año. Ahora toca estudiar en qué se gasta y a cambio de qué, porque Bruselas impondrá contrapartidas, cambios ya solicitados en las políticas de empleo y en la reforma laboral.

La cifra, 6.000 millones (y quizás otros 2.000 más para 2016-2020), es ridícula. “Como una gota de agua en el océano”, ha dicho el presidente del Parlamento europeo. Y contrasta con las ayudas públicas al saneamiento de los bancos europeos: 1,6 billones de euros (215.000 a los bancos españoles, 40.000 millones de Bruselas). Si parece razonable que sanear la banca sea una prioridad para Europa (para asegurar crédito y liquidez a la economía), también debería serlo conseguir que los parados trabajen, para que no caigan en la pobreza, consuman, coticen y ayuden a crecer y a recortar el déficit. Pero la desproporción de ayudas es escandalosa. Y no han aprobado ni un euro para los parados mayores de 25 años: 21 millones en Europa, 5,2 millones sólo en España.

Y ahora, la medida para desatascar el crédito a las pymes en Europa: movilizar entre 60.000 y 100.000 millones de crédito en los próximos 7 años, unos 10.000 al año. Medida que tiene doble truco. Por un lado, sólo se ponen 10.000 millones en manos del Banco Europeo de Inversiones (BEI) para que, con la “ingeniería financiera (avales) haga el milagro de movilizar hasta 100.000 millones en créditos. Pero además, esos 10.000 millones no es dinero nuevo, sino que se recorta de los Fondos estructurales de los países, con lo que si España, por ejemplo, quiere estos créditos, tendrá que renunciar a Fondos europeos para  zonas rurales o infraestructuras. Son créditos, que las pymes tendrán que devolver con intereses. Y una cifra  a repartir entre los países: España podría conseguir unos 1.000 millones año, la cuarta parte del dinero que dispone el crédito oficial (ICO) y que no se presta por falta de demanda.

Estas ayudas a los parados jóvenes y los nuevos créditos a pymes no llegarán a España antes de enero de 2014, a pesar de nuestra recesión, los 6,2 millones de parados y de que nuestras empresas no consigan crédito (y si lo hacen, pagan el doble que en el norte de Europa). Algo que no se va a resolver mientras haya dos Europas, mientras el BCE no salga en apoyo de los países del sur, comprando deuda pública primero (para bajar los intereses) y creando después los eurobonos: un sistema para compartir la deuda europea, para que países y empresas se financien al mismo coste, como antes de la crisis del euro.

Pero esto es un tema tabú para Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, que prefieren aprobar “parches” para inyectar 10.000 millones de crédito anuales que conseguir una Europa más unida, donde pedir un crédito cueste igual en Madrid que en Berlín o Viena (porque eso significaría que ellos pagarían algo más que ahora). Y tampoco quieren aprobar un verdadero Plan Marshall para reanimar la economía europea y el empleo porque, para ser efectivo, costaría al menos 200.000 millones de euros y los países ricos del norte tendrían que pagar la mayor parte. Claro que también les beneficiaría vía exportaciones y créditos.

Así que, a falta de medidas eficaces, parches para salvar la cara de Bruselas y Merkel, que busca  llegar hasta las elecciones alemanas de septiembre sin pedir más dinero a sus electores. Y después, más de lo mismo: austeridad y reformas, nada de estímulos que cuesten dinero (para recoger mañana).Y si la Europa del sur lo pasa mal, le recetan paciencia.

Mientras, en España, el Gobierno Rajoy repite una y mil veces que hay “brotes verdes, pero la realidad es que seguimos en recesión y cualquiera puede ver que no hay consumo, no hay actividad, sigue habiendo despidos y cierres de empresas, que los parados (sobre todo los mayores de 45 años) no ven salida. Y aunque las exportaciones crecen, lo hacen la tercera parte que antes (por la recesión europea), mientras el turismo interior sigue cayendo. Y todavía nos queda ver los efectos depresivos del ajuste de 2014, porque aunque Bruselas lo haya suavizado, España tendrá que recortar otros 7.000 millones de déficit (Estado y autonomías) para 2014.Y cada vez es más doloroso recortar.

Por todo ello, la única salida es cambiar de política, en España y en Europa, abandonar la austeridad y reanimar la economía, como han hecho EEUU, Japón, Brasil o China, países que crecen mientras Europa está en recesión desde octubre de 2011. A nivel europeo, hay que conseguir recursos para lanzar un Plan Marshall de inversiones y ayudas a la Europa del sur, mientras los países del norte reaniman su consumo e  importaciones. A nivel español, hay que reanimar la economía, consiguiendo más ingresos (en este blog he explicado cómo recaudar 50.000 millones más de multinacionales, grandes empresas y los más ricos, bajando impuestos a la mayoría) para destinarlos a la formación de jóvenes y parados (la mitad no tiene), a incentivar contrataciones (un año sin pagar SS por empleo) y a ayudar a sectores clave para salir de la crisis: exportadores, industrias, tecnología, turismo y pymes. Ingresar más para gastar más y recuperarlo vía empleo que cotiza, consume y paga impuestos.

Se puede. Lo que no se puede es seguir así, con un país sumido en la desesperanza y que no ve salida. Esta Cumbre europea sólo ha aprobado migajas  para 2014, cuando lo que urge es el hoy. Y no han afrontado el problema real de España: crear empleo de verdad. Por eso, Europa, nuestra esperanza durante décadas, queda cada vez más lejos. Estamos solos. Peor: estamos atados a su desgobierno.

jueves, 27 de junio de 2013

Crédito: ni hay (caro) ni se pide


El grifo del crédito lleva cerrado tres años, pero ahora Rajoy ha descubierto el problema y le achaca todos los males de España. Y echa la culpa a los bancos y al BCE. Pero no dice la verdad: no hay crédito porque han hecho una reforma financiera que obliga a Cajas y bancos a capitalizarse más (con dinero público) y prestar menos. Las empresas tampoco piden crédito, porque no hay ventas, no hay actividad, por culpa de su política de austeridad. Y el poco crédito que piden, para el día a día, es el doble de caro en España que en el norte de Europa. Y eso, porque Merkel, Bruselas y el BCE no quieren aprobar los eurobonos, para compartir la deuda europea, y los inversores prestan más caro al sur. Abrir el grifo del crédito pasa por cambiar de política, en Europa y en España. Algo que tampoco hará la Cumbre europea de esta semana.
enrique ortega

La caída del crédito con la crisis es la mayor en España en los últimos 50 años. Desde mediados de 2009 hasta finales de 2012, la concesión de créditos cayó un 9,2%: se dejaron de prestar 172.000 millones de euros. Y este año, hasta abril, la caída del crédito se ha agravado: -15%, según el Banco de España. Un 57% de las pymes dicen que los bancos españoles están reduciendo su financiación (frente a un 37% de pymes europeas), según el BCE. Y la patronal CEPYME denuncia que los bancos saneados sólo atienden un 30% de las solicitudes de crédito de las pymes y un 20% las Cajas nacionalizadas (con dinero público).

Menos crédito y encima más caro. Según una encuesta del BCE, tres de cada cuatro pymes españolas dicen que los tipos de interés de sus préstamos han aumentado en el primer trimestre, la mitad que el banco les ha exigido más garantías y una de cada tres que el banco les ha reducido el crédito para circulante (día a día). Además de pagar más, las pymes españolas están pagando el doble por los créditos que las del norte de Europa, según el BCE: pagan un 5,36% por los créditos de menos de un millón de euros (a 5 años), un 84% más que las pymes alemanas (4%) y un 35% más que la media de pymes de la zona euro. Y a su vez, las pymes españolas pagan por sus pequeños créditos el doble que las grandes empresas españolas, que están pagando un 2,62% para créditos de más de un millón de euros, también un 46% más de lo que pagan por financiarse las grandes empresas alemanas.

Menos crédito y más caro lleva en muchos casos a que no se pide. De hecho, en el primer trimestre de 2013, el crédito oficial (ICO) sólo ha prestado un 6% de los 22.000 millones que tiene para todo el año, con la mitad de peticiones que en 2012. Y según una encuesta de ATA, 7 de cada 10 autónomos no ha pedido un crédito en 2013 y sólo el 33,9% ha pedido un préstamo al ICO en los últimos 5 años. No se piden créditos y los que se piden no se dan: sólo a 2 de cada 10 autónomos les dieron lo que pidieron. Por eso, la banca está dedicando su liquidez (la que le da el BCE a bajo precio) a comprar deuda pública (más rentable).Y el ICO ha dedicado los 20.000 millones que le prestó el BCE a financiar al Estado y las autonomías.

Rajoy acaba de culpar a los bancos  de no dar créditos. No dice es que mucha culpa la tiene su reforma financiera, que ha secado más el crédito, como ya advertimos. Y eso, porque a las Cajas nacionalizadas (un tercio del sistema financiero) se les ha obligado a reducir riesgos y créditos. Y al resto de bancos, se les han impuesto unas exigencias de capital que les drenan recursos y les dificulta prestar (a más créditos, más capital), como reconoce el presidente de La Caixa . Unos y otros están digiriendo fusiones, despidos y cierres de oficinas, con lo que su prioridad no es prestar. Además, el paro y la recesión están aumentando la morosidad (ya en el 11%) y miran con lupa cualquier solicitud, exigiendo más garantías. Y los bancos españoles todavía tienen problemas para financiarse, más caro que los de Europa del norte. Y así suben los créditos.

Con todo, el mayor problema del crédito es que apenas se pide (se devuelve), porque no hay actividad, no hay ventas, no se invierte: el país está en recesión. El negocio de los bancos es prestar y si no lo hacen es porque no ven peticiones solventes y tienen miedo del riesgo, sobre todo si no se ve un final a la crisis. Precisamente, los bancos están preocupados por los créditos que han refinanciado, por ver si los recuperan o tendrán que hacer más provisiones, como se temen muchos expertos. No sería de extrañar que el Banco de España y el BCE obligaran en septiembre a un segundo ajuste bancario, por unos 10.000 millones más. Y con esa perspectiva, bancos y Cajas no piensan en abrir la mano del crédito. Ni siquiera para renovar las pólizas de circulante, para financiar el día a día, un crédito del que depende la subsistencia de millones de empresas, sobre todo de las pymes (mantienen el 74,5% del empleo).

Es urgente clarificar definitivamente  el saneamiento de bancos y Cajas y poner en marcha un Plan de choque para financiar el circulante y los proyectos más urgentes de las pymes, a tipos asumibles, con ayuda del ICO y las Cajas nacionalizadas, junto a un paquete de avales y garantías públicas. Pero no es suficiente. Para resolver el problema del crédito hay que cambiar de política, en España y en Europa. La clave es reanimar la economía europea (año y medio en recesión) y española, suavizando los recortes y animando la actividad con mayores salarios y consumo (sobre todo en la Europa del norte) y con bajadas de impuestos a la mayoría (y subidas a grandes empresas y a los 145.000 más ricos), mantenimiento de salarios y más inversiones públicas (para formación, educación, tecnología, industria y exportaciones) en España y la Europa del sur.

En paralelo, Europa tiene que hacer una profunda reforma de su política monetaria, exigiendo al BCE que ponga su prioridad en reducir el paro y la recesión, como hacen la Reserva Federal USA, Japón, China o Brasil, que se han dedicado a comprar bonos y deuda para dar liquidez suficiente y facilitar el crédito. Pero, sobre todo, hay que avanzar hacia los eurobonos, hay que mutualizar y compartir la deuda, porque si no, nos encontramos con que los países y las empresas del sur pagamos el doble por financiarnos.

Más liquidez y más crédito para todos los europeos por igual. Y sobre todo, reanimar la economía para que las empresas y particulares pidan crédito, inviertan y consuman, porque si no, no se crea empleo. No parece que Merkel y los fundamentalistas de Bruselas estén por cambiar su política, más allá de medidas escaparate, como el Plan de empleo juvenil, que es un parche: 6.000 millones en 7 años para afrontar el drama de 5,63 millones de parados europeos menores de 25 años (1 millón en España).Son 142 euros por parado joven al año. ¿Y los 21 millones de parados restantes, 5,2 millones en España? Se habla de movilizar 16.000 millones de inversiones del Fondo de Cohesión y hasta 60.000 millones (9.000 al año) de créditos para pymes del Banco Europeo de Inversiones (BEI). Está bien, menos es nada, pero esto no es el Plan Marshall que necesita Europa para salir de la recesión.   

No se puede esperar mucho más de la Cumbre de esta semana, porque la Europa del norte no quiere gastar en estimular la economía europea cuando Merkel y Alemania están a las puertas de unas elecciones (en septiembre). Pero así, Europa retrasa su salida de la crisis, en perjuicio de los países del sur, donde la mayoría sufre con dureza los ajustes, sin ver una salida. Y por eso, las empresas, apenas piden créditos. Están, como la economía: sin pulso.