lunes, 12 de marzo de 2018

El lastre de una deuda pública récord


España va bien, reitera Rajoy, pero somos uno de los países más endeudados del mundo y la deuda pública acaba de batir un récord histórico: 1.144.629 millones de euros, 24.500 euros de deuda por cada español. Una deuda que ha crecido en 400.000 millones desde que gobierna Rajoy. Y lo peor: esta deuda pública se ha hecho crónica y en 2028, pesará casi tanto como hoy (el 95% del PIB), según la Comisión Europea. La deuda pública de España, la 6ª mayor de Europa, es una losa  para todos, porque pagarla nos cuesta 32.000 millones cada año, la cuarta mayor factura tras las pensiones, la sanidad y la educación. Y en cuanto suban los tipos, en 2018 o 2019, pagar los intereses de esta deuda nos costará mucho más (si los mercados quieren financiarnos). Parece que esto de la deuda pública no va con nosotros, pero es un pesado lastre que van a heredar nuestros hijos. Convendría aprovechar la recuperación para dejarles menos deuda. Bastante tienen ya con el mundo que reciben.


enrique ortega

La economía se recupera pero el mundo está mucho más endeudado que antes de la crisis. Y eso, porque la receta para evitar una debacle mundial en 2008 fue inundar el mundo de dinero barato. Esta medicina reanimó las economías y salvó a EEUU y a Europa, pero a cambio las economías se hicieron “adictas” al crédito casi gratis: si en el año 2000, el endeudamiento mundial (público y privado) era del 250% de la producción mundial (PIB), en 2008 había aumentado al 275% y hoy supera ya el 300% del PIB, según datos oficiales. El problema ahora, para las autoridades monetarias del mundo (Reserva Federal USA o BCE), es como “desenganchar” a las economías de la droga del dinero barato y que “no les dé el mono”, que no se paren y volvamos a la recesión. Tienen que recortar la dosis, porque el mundo está demasiado endeudado (“dopado”), pero lo tienen que hacer con cuidado, subiendo poco a poco los tipos, para no frenar en seco la recuperación.

En medio de este panorama, España es uno de los países más endeudados del mundo, junto a EEUU, Japón, Italia o Grecia. La deuda total del país, entre empresas, familias y administraciones públicas, alcanzó los 2.473.150 millones de euros (2,4 billones) a finales de 2017 (el 236% del PIB), según el Banco de España, una deuda más elevada que antes de la crisis, cuando alcanzó 2.609.887 millones de euros en 2008. En estos últimos 10 años, la deuda total ha crecido porque ha aumentado la deuda pública, casi la mitad del total (1.144.150 millones en 2017) mientras se ha reducido la deuda de las empresas (894.131 millones en 2017) y las familias (704.390 millones), según el Banco de España.

Como vemos, la mayor parte de toda la deuda española (58%) es deuda privada, de las empresas y familias, que aumentaron mucho su endeudamiento en los años 90 y a principios de este siglo, alimentando la “burbuja del ladrillo”. Así, las empresas españolas pasaron de tener sólo 200.951 millones de deuda en 1995 a 1.009.429 millones en 2002 y seis veces más en 2008: 1.261.105 millones de euros de deuda empresarial, la cifra récord. A partir de ahí, vino la crisis, los bancos se cerraron como lapas y las empresas se dedicaron a devolver créditos como pudieron, bajando su deuda un 29%, hasta 894.130 millones que debían a finales de 2017. Las familias hicieron lo mismo: de tener una deuda de 139.075 millones de euros en 1995, la subieron a 783.932 millones en 2002 y luego, a golpe de pedir hipotecas, la multiplicaron por seis en 2008: 908.160 millones de deuda de las familias, el récord. A partir de ahí, con el paro y la caída de ingresos, los hogares se dedicaron a devolver créditos y no pedir más, con lo que su deuda ha caído un 22%, hasta 704.390 millones en 2017.

Mientras empresas y familias reducían su deuda, el sector público, la Administración, hacía todo lo contrario: endeudarse más cada año, para hacer frente a los gastos extraordinarios de la crisis. Y así, la deuda pública, que era baja en 2008, sólo 440.621 millones de euros (el 35% del PIB), la quinta parte que la abultada deuda privada, dio un primer salto entre 2008 y 2011, con Zapatero, que la dejó en 744.323 millones a finales de 2011. Pero el mayor salto de la deuda pública lo ha dado Rajoy, que la subió a 1.041.621 millones en 2014 y la ha vuelto a subir a 1.144.150 millones de euros a finales de 2017 (el 98,08% del PIB), un récord histórico y 400.306 millones más de deuda (+53.8%) que cuando llegó a la Moncloa. O sea, que debemos ya 24.589 euros por cada español, casi el triple de lo que debíamos en 2008. La mayor parte de esta deuda pública es del Estado (996.472 millones), seguido de las autonomías (288.313 millones), Ayuntamientos (29.161) y Seguridad Social (27.393 millones). La suma no da los 1.144.150 millones de deuda total 2017 porque hay que hacer ajustes por la deuda entre distintas administraciones.

La deuda pública se ha disparado porque los gastos públicos durante la crisis se multiplicaron  mientras caían los ingresos, lo que ha profundizado el déficit público: de tener superávit en 2007 se pasó a un déficit del 3,8% del PIB en 2008, que acabó siendo del 8,5% en 2011 para bajar después despacio hasta el 3,1% esperado en 2017. Y cada año ha habido que “tapar” este agujero en las cuentas públicas pidiendo prestado, endeudándonos. Los “culpables” de esta deuda histórica que ahora tenemos son miles de partidas, pero podemos citar algunas más importantes: rescate bancario (50.000 millones), déficit eléctrico (30.000 millones), Plan pago a proveedores (40.000 millones), pago parte española rescate de Grecia, Portugal e Irlanda (30.000 millones), financiación de las pensiones (10.192 millones prestados por el Tesoro a la SS, a los que se sumarán otros 15.000 este año)… Suma y sigue.

Muchos países han visto disparar su deuda en estos años de crisis, pero España tiene ahora más deuda que la mayoría: somos el 6º país de Europa con más deuda pública relativa (en relación al PIB): 1.144.150 millones de euros a finales de 2017, el 98,08% del PIB, sólo por detrás de Grecia (su deuda pública es el 177,2% del PIB), Italia (133,3%), Portugal (128,9%), Bélgica (106,5%) y Chipre (103,2%), según Eurostat. Y estamos muy por encima de la media de deuda de toda Europa (84,8% la UE-28) y del límite fijado a los países euro (60% del PIB).

El gran problema de la deuda es que hay que pagarla: hay que destinar cada año muchos millones a pagar intereses a los inversores y bancos que la compraron, dinero que no se puede gastar en otras cosas. Así, en 2017, España destinó 32.171 millones de euros a pagar intereses de la deuda, la cuarta mayor partida de gasto del país, tras las pensiones (130.000 millones), la sanidad (80.000 millones) y la educación (50.000 millones). Y así, año tras año, hasta dentro de 10, 20, 30 ó 50 años que vence mucha de esa deuda. Baste decir que si en 2008 nos gastábamos 15.000 millones al año en pagar la deuda pública, en 2011 ya pagábamos 22.000 millones y este año 2018 volveremos a pagar 32.000 millones. En conjunto, desde hace 10 años ya hemos pagado en intereses por la deuda pública más de 250.000 millones de euros, lo que cuesta pagar dos años de pensiones.

El problema se complica ahora, porque pagar la deuda va a ser más caro. Desde 2015, el Banco Central Europeo (BCE) ha salido en auxilio de España y los países más endeudados, con dos medidas muy eficaces: bajar el precio oficial del dinero a cero y comprar deuda pública en el mercado, para rebajar su coste. Sólo en 2017, el BCE compró 80.000 millones de deuda pública española, el 60% de lo emitido ese año. Y con la rebaja de tipos, el Tesoro español se ahorró 2.500 millones sólo en 2017. Ahora, las tornas van a cambiar: el BCE quiere “desenganchar a los países europeos de la droga del dinero barato y que funcionen sin “dopaje”, por lo que  va a reducir sus estímulos. En enero de 2018 ya ha reducido a la mitad sus compras de deuda pública europea y comprará este año sólo 39.000 millones de deuda española (la mitad que en 2007), Además, aunque el BCE quiere mantener sus tipos este año y no subirlos hasta 2019, el hecho cierto es que los mercados están ya pidiendo más interés por comprar deuda, dado que EEUU ha subido ya 4 veces los tipos de interés oficiales y los volverá a subir este año, lo que ha servido para encarecer el precio del dinero en todo el mundo y también financiar la deuda española.

La consecuencia es que pagar la deuda será más caro este año 2018 y sobre todo en 2019. Se calcula que por cada 1% que suba el precio oficial del dinero, España paga 12.000 millones más por su deuda pública. Y  las empresas 9.000 millones más y las familias otros 7.000 millones extras. Así que van a cambiar las tornas y tras una década de dinero barato, volverá a ser caro. Y lo sufriremos más los países más endeudados, España entre ellos. El Presupuesto tendrá que recortar otros costes, las empresas tendrán menos dinero para invertir y crear empleo y las familias menos dinero para consumir. A final, menos crecimiento por subir los tipos y encarecerse la deuda, pública y privada.

Y el problema no se va a arreglar a corto plazo, porque la recuperación (4 años de fuerte crecimiento) no ha servido para bajar la deuda pública, sino que sigue subiendo en España año tras año. La propia Comisión Europea ha advertido a España (aunque Rajoy no diga nada) de que la deuda pública se ha hecho crónica y se va a enquistar en niveles altos en los próximos 10 años: si 2017 cerró casi con tanta deuda como lo que produce el país (98,08% del PIB), en 2020 seguirá en el 95,6% del PIB y para 2028 prevén que España mantenga todavía una deuda casi igual, el 95,1% del PIB. Y eso se traduce en que si hoy dedicamos el 3% de la riqueza a pagar intereses (32.000 millones anuales), en 2020 seguiremos con el lastre de pagar ese 3% del PIB en intereses (entonces ya serán más de 50.000 millones de euros de la época). Y eso hace a España muy vulnerable, porque de aquí a 10 años tendrá que buscar la financiación de los mercados y que no se pongan nerviosos, como en 2012, para que nos financien y no nos cobren  muchos intereses.

De hecho, la Comisión Europea acaba de publicar un informe donde alerta de que hay 5 países europeos considerados “de alto riesgo” en caso de que Europa vuelva a tener un grave shock de deuda, si vuelven los nervios a los mercados, como en 2012 y 2013: Bélgica, España, Italia, Francia y Portugal. Por eso, ahora que hay recuperación, les piden medidas para ir reduciendo su deuda pública  y poder cumplir el 60% de deuda sobre PIB, objetivo de la Comisión para 2032. Para España, ese objetivo supone reducir la deuda un 38% del PIB en 14 años, recortarla en 460.000 millones hasta 2032, unos 33.000 millones al año.

Parece un objetivo imposible. Pero no lo debería ser reducir la deuda lo más que se pueda, para no cargar cada año con la losa de los intereses, que pueden dispararse los próximos años. El ministro Montoro ha apuntado una primera medida: perdonar parte o toda la deuda a las autonomías, como compensación a la falta de financiación que han tenido estos años. Pero es una solución “falsa e injusta”. Falsa, porque sería engañarnos a nosotros mismos: cambiar la deuda de sitio, para que en vez de ser deuda de Cataluña o Valencia (ver reparto) lo sea del Estado central. E injusta, porque cargaría sobre los bolsillos de todos los españoles una deuda que han generado los catalanes o valencianos, por ejemplo. La solución sólo puede pasar por ingresar más, porque no se pueden hacer más recortes en pensiones, sanidad, educación, desempleo, gastos sociales o inversiones públicas, faltas de recursos.

Así que para recortar la deuda, el camino pasa, como casi todos, por recaudar más, sobre todo el Estado central (no bajar impuestos: eso iría "en la dirección contraria"). Y se puede hacer, porque España tiene un problema de fondo que genera los déficits públicos: ingresa menos que el resto de Europa. Concretamente, en 2018, está previsto recaudar un 38% del PIB en España mientras la media europea (UE-27) recaudará el 44,6% del PIB, según Bruselas. Traducido, eso significa que si recaudáramos como el resto de Europa, Hacienda debería recaudar 72.000 millones de euros más al año. Eso pasa por reducir el fraude fiscal y hacer que paguen más los que ahora pagan poco, las grandes empresas, multinacionales y los más ricos. Con esa mayor recaudación, esos 72.000 millones, podríamos destinar una parte a bajar el déficit y amortizar deuda y el resto a costear los gastos públicos necesarios, desde Planes contra el paro y la pobreza a mejorar las pensiones, la sanidad, la educación, los gastos sociales y las inversiones públicas.

El Gobierno Rajoy ha visto crecer la bola de la deuda pública sin tomar medidas, amparado en la ayuda del BCE y los tipos bajos. Pero ahora van a cambiar las tornas y pueden volver las turbulencias. Aunque los mercados estén calmados, es una barbaridad destinar 32.000 millones a pagar intereses mientras hace falta de todo. Y lo peor, esa deuda es la herencia que dejamos a nuestros hijos, que tendrán que seguir pagándola sin haberla generado. No es justo. Intentemos dejarles una deuda menor. Bastante tienen ya.

jueves, 8 de marzo de 2018

Mujeres: la "brecha" no es sólo salarial


Hoy todo el mundo habla de la “brecha” salarial de las mujeres, que en España ganan un 22,86% menos que los hombres. Pero ojo: que esta injusticia manifiesta no nos impida ver el bosque de la desigualdad de la mujer, de la cuna a la tumba: trabajan mucho menos que los hombres, en peores puestos y con contratos más precarios, tienen más paro y cobran menos desempleo, tienen peores pensiones y son las que más esperan las ayudas a la Dependencia. Y en casa, las mujeres son las que cuidan de niños, padres ancianos y discapacitados, trabajando en tareas domésticas el doble que los hombres. No estamos ante una “batalla salarial” de las mujeres, sino ante una “guerra total por la igualdad”, desde que empiezan a buscar trabajo hasta que se jubilan, pasando por la igualdad en casa. Siglos de desigualdad que no se pueden corregir con una simple Ley de igualdad salarial: hacen falta cientos de normas y un cambio de mentalidad. De todos. No hay “soluciones milagro”.


enrique ortega

Empecemos por el principio, el número de mujeres que hay en España: son 23.711.009 a 1 de julio de 2017, el último censo del INE, 872.974 mujeres más que hombres. Así ha sido en las últimas décadas (eran 757.154 más en 1971) y la diferencia con los hombres aumentará más en el futuro, porque viven más años que los hombres: en 2030 habrá 1,12 millones más de mujeres que hombres y para 2066 habrá 21.154.278 mujeres, 1.239.913 más que hombres, según las proyecciones de población del INE.

Hay más mujeres y sobre todo más mujeres mayores. Por eso, en  la escuela, de la guardería al bachillerato, las niñas son menos que los niños: de los 8.127.832 alumnos no universitarios que estudiaban el curso 2016-2017, el 51,7% eran chicos y el 48,3% chicas. Son algo más de niños que niñas los que estudian educación infantil, primaria y la ESO, pero luego, en Bachillerato se da un cambio y las chicas (52,5%) ganan a los chicos (47,5%), según las estadísticas de Educación. La razón: el abandono escolar, mayor entre los chicos. Y con esta base, las mujeres vuelven a ganar de lejos en la Universidad: 848.102 mujeres universitarias frente a 710.583 hombres en el curso 2016-2017, destacando en Grados y Doctorados.

Así que nos encontramos con más mujeres universitarias que hombres, aunque por desgracia estudian carreras que tienen una peor salida laboral: así, el 71,2% de los universitarios que estudian ciencias de la salud son mujeres, el 61,5% de los que estudian Ciencias Sociales y Jurídicas y el 60,5% de los que estudian artes y humanidades son mujeres. Y sólo un 25% de los que estudian ingenierías o arquitectura, según los datos de la Conferencia de Rectores. Y esto contrasta con las previsiones de la Comisión Europea, señalando que un 70% de los empleos futuros van a estar en las carreras STEM: Ciencias, Tecnologías, Ingeniería y Matemáticas, donde hay una minoría de mujeres estudiando.

Hay más mujeres universitarias y en general las jóvenes españolas (25-34 años) están mejor formadas que los jóvenes: un 53,2% son universitarias (el 32,5% en Europa) frente al 38,1% de los jóvenes (28,9% en Europa), según datos de Eurostat (2016). Pero a pesar de estar mejor preparadas, las mujeres jóvenes tardan 4 meses más de media en encontrar un primer empleo que los hombres, según un informe del CES. Pero el gran  problema son las muchas que no lo encuentran, que no trabajan, o bien porque se quedan en casa a cuidar a los niños o bien dejan su trabajo para ser madres o cuidar a sus ancianos padres.

Pero sigamos la vida de las mujeres. Con más de 16 años, la edad de trabajar, hay en España 38.716.600 personas (diciembre 2017): 19.885.700 son mujeres y 18.830.900 son hombres, según la última EPA. De esa población en edad de trabajar, unos buscan trabajo y otros no, son los llamados “inactivos” (ni trabajan ni son parados, porque no buscan trabajo). Pues bien, la primera gran desigualdad es que hay 2.6709.500 mujeres inactivas más que hombres (9.280.500 frente a 6.671.000, según la EPA 2017). Mujeres que en lugar de intentar trabajar se han quedado en casa, para cuidar a sus hijos o padres y familiares dependientes (el 94,9% de las que cuidan a dependientes son mujeres y más de la mitad tienen entre 25 y 44 años, según el INE).

Ya se han quedado varios millones de mujeres por el camino. Sigamos con el resto, con las mujeres activas, que trabajan o buscan trabajo. Las que realmente trabajan hoy en España (EPA diciembre 2017) son 10.605.200 mujeres, 1.554.600 menos que hombres (12.154.800 ocupados). Esta es la segunda gran desigualdad: hay más mujeres, más preparadas, pero trabajan muchas menos que hombres. Eso significa que 2 de cada 3 hombres en edad de trabajar (16-64 años) están empleados (68,02%, frente a sólo algo más de la mitad de las mujeres (57,12%), una tasa de empleo femenino muy inferior a la media europea (61,4%) y de Alemania (70,8% de mujeres trabajan). Y lo peor, a medida que las mujeres tienen más hijos, baja su tasa de ocupación hasta el 50% y menos.

Y no es sólo que haya 1.554.600 mujeres menos que hombres trabajando. Es que, además, se han beneficiado menos de la recuperación y el empleo creado: de los 1.863.200 nuevos empleos creados en España entre 2014 y 2017, 1.032.400 han sido para los hombres y sólo 830.800 para las mujeres. Y además, las mujeres se han llevado los empleos más precarios. Así, la tasa de empleo temporal es más alta entre las mujeres (27,7% del empleo total) que entre los hombres (25,8%). Y, sobre todo, en el empleo a tiempo parcial, por días o por horas: en los hombres es el 7,1% del empleo total y en las mujeres el 23,9%.

Además de tener menos empleo y más precario, las mujeres trabajan más en los sectores peor pagados, según el INE: administrativos, sanidad, comercio, hostelería, educación y actividades profesionales. Y menos en  los mejor pagados: finanzas, energía, construcción… Además, tienen peores puestos, menos categoría profesional: sólo un 31% son directivas y sólo hay un 19,5% de mujeres en los consejos de las 133 grandes empresas que cotizan en Bolsa (muy lejos del 30% de mujeres consejeras que recomienda la CNMC para 2020).

Aquí están las bases para la tercera gran discriminación de las mujeres, la brecha salarial: el salario medio bruto de las mujeres es de 20.051 euros anuales frente a 25.992 euros los hombres, un 22,86% menos, según la última encuesta salarial del INE (2015). Esta brecha es mucho mayor entre las mujeres que hacen trabajos administrativos (-34%), las que trabajan en inmobiliarias (-32,8%), en actividades profesionales (-30,5%), comercio (-28,1%) y sanidad (-27,3% de brecha salarial). Y supera la media en Cantabria, Asturias o Navarra (-28%), siendo inferior al 20% en Canarias, Baleares y Madrid.  Si nos comparamos con Europa, la brecha se mide en salario bruto por hora (un dato engañoso, porque las mujeres trabajan menos horas): las mujeres ganan un 14,2% menos en España (salario-hora 2016), frente al 16,2% menos en la UE-28, un -21,5% en Alemania, un- 21% en Gran Bretaña, un -17,5% en Portugal,   un     -15,2% en Francia o un -5,3% en Italia, una "brecha" salarial que se estancó en Europa en 2016, según publicó ayer Eurostat.

El problema no es que las mujeres que hacen un trabajo cobren  menos que los hombres que hacen el mismo trabajo. Eso sería más fácil de denunciar y corregir. El problema de la brecha salarial es la desigualdad laboral que hay detrás. Las mujeres cobran menos que los hombres por cuatro razones: tienen un contrato más precario, ya sea temporal (ganan un 43% menos que un indefinido) o a tiempo parcial (ganan un 62% menos que a jornada completa), cobran menos pluses (desde peligrosidad a nocturnidad o disponibilidad: un 44% de la brecha salarial es por estos pluses, según CCOO), trabajan en sectores peor pagados y con puestos de menos categoría y, por último, han tenido interrupciones en su carrera laboral, (para cuidar a hijos o padres) que les hace tener menos antigüedad. Así que hay que actuar sobre todas estas causas si se quiere reducir la brecha salarial.

Avancemos otro poco, hasta toparnos con las mujeres que no trabajan ni están inactivas sino que están paradas: 1.946.000 mujeres en paro a finales de 2017, según la EPA, 125.400 más que los hombres. Y una tasa de paro también superior: 18,35% de paro femenino frente al 14,97% de paro masculino, más del doble que en Europa (7,9% de paro femenino en UE-28) y seis veces el paro femenino de Alemania (3,2%). Y lo peor es que más de la mitad de las mujeres en paro (el 51,27%) llevan más de un año sin trabajo, como los hombres, a pesar que las mujeres paradas tienen más formación, según la EPA 2017.

Pero no es sólo que haya más mujeres paradas, la cuarta gran desigualdad. De los 3.476.528 parados registrados en las oficinas de empleo (enero 2018), 2.001.049 eran mujeres y 1.475.479 hombres. Pero a la hora de cobrar alguna ayuda, sólo la cobraban 1.000.280 mujeres paradas (la mitad) y 900.774 hombres (el 61%). Y al analizar ese subsidio, según los datos del SEPE, los hombres cobraban un subsidio de paro contributivo de 884,7 euros al mes y las mujeres 755,4 euros, otra “brecha” del 14,6% (cobran 1.551 euros menos de subsidio anual). Esto se debe a que las mujeres cotizan por sueldos peores y tienen carreras laborales más discontinuas, que reducen sus derechos al subsidio de desempleo.

Y lo mismo les pasa a las mujeres cuando se jubilan, la quinta gran desigualdad. Primero, porque, aunque en España haya más mujeres, hay menos mujeres pensionistas que hombres: 4.199.434 mujeres pensionistas frente a 4.498.646 hombres, básicamente porque tienen carreras laborales más cortas y con muchas interrupciones. Pero además, hay más mujeres pensionistas con pensiones bajas: de menos de 500 euros hay 575.951 pensionistas mujeres y 381.908 hombres. Y de menos de 650 euros al mes, hay 2.100.066 mujeres pensionistas (la mitad del total) y 1.020.720 hombres (el 22,7% del total de pensionistas hombres). Al final, la desigualdad se traduce en la pensión media, según los datos oficiales de la Seguridad Social (enero 2018): 1.147,98 euros al mes los hombres y 725,02 euros las mujeres, otra “brecha” del  -36,85%. Una brecha que es mayor en las pensiones de jubilación (-37,04%) y menor en las pensiones de viudedad (+26,1% reciben las mujeres).

Pero no hemos acabado, Las mujeres viven más años que los hombres (85,7 años frente a 80,1% de media, según el INE), con lo que sufren más la pérdida de poder adquisitivo de las pensiones. Y también, al vivir más, sufrirán más los recortes en las nuevas pensiones derivados del factor de sostenibilidad, que empezará a operar en enero de 2019. Y además, si el Gobierno Rajoy aprueba la ampliación del periodo de cálculo de las pensiones a toda la vida laboral, las que más sufrirán este cambio serán las mujeres.

Y hay otra discriminación más, la sexta, en las ayudas a la Dependencia, a los ancianos y discapacitados que no se valen por sí mismo. Actualmente, del total de beneficiarios, con ayudas muy insuficientes, dos tercios son mujeres (621.330 de 948.715 beneficiarios a finales de 2017). Y de los 310.951 dependientes que están en lista de espera, sin recibir una ayuda que tienen reconocida, unos 200.000 son mujeres. Y dos tercios de ellas tienen más de 80 años, con lo que muchas morirán sin recibir la ayuda (50 mueren cada día, según denuncian los Directores y Gerentes de Servicios Sociales). Mal hasta el final.

Y queda otra discriminación más, la séptima y quizás la más sangrante: la que sufren las mujeres en su propia casa. Los datos de Eurostat (2016) son impactantes. Primero, el 95% de las mujeres españolas (25-49 años) cuida y educa a los hijos diariamente (el 92% de media en la UE-28), frente al 68% de hombres (igual que en Europa, aunque en Suecia son el 90% y en Grecia el 53%). Segundo, el 84% de las mujeres españolas cocinan y hacen diariamente las tareas domésticas frente al 42% de hombres (en la UE-28 son el 34%, en Suecia el 56% y en Grecia el 16%). Y tercero, las mujeres en España trabajan una media de 26,5 horas a la semana en casa, frente a 14 horas los hombres, según el INE. Eso sí, la igualdad llega con los nietos: hombres y mujeres dedican 16 horas semanales (las mismas) a cuidarles.

Si ha llegado hasta aquí, habrá comprobado que la “brecha” entre hombres y mujeres en España es mucho más profunda que ellos ganen 5.941 euros más al año que ellas. Por eso, centrarse sólo en la brecha salarial puede ser una trampa”, un globo sonda para que no miremos el resto de la discriminación. Por supuesto que hay que luchar contra esa brecha salarial, pero no basta con una simple Ley, como la presentada en el Congreso por Podemos y apoyada por todos los grupos y la abstención del PP. Porque pagar menos a una mujer que a un hombre con el mismo puesto y categoría es ilegal en España desde 1980. El problema es que esa no es la discriminación que se da, como lo demuestra que la inspección de Trabajo sólo impone un 0,1% de todas sus sanciones “por discriminación salarial a las mujeres”. La discriminación es que las mujeres cobran menos porque tienen peores contratos, peores categorías y trabajan más en sectores peor pagados. Y todo esto se puede y se debe corregir, pero no basta con una Ley de igualdad salarial.

Si los políticos y los sindicatos (y las mujeres y hombres) quieren afrontar el problema, hay que ir al origen de las discriminaciones, desde la Universidad y el primer empleo a la jubilación. Hace falta un urgente Plan de empleo que aumente el empleo femenino y fomente los contratos fijos y a tiempo completo para la mujer, con ayudas fiscales y penalizando las cotizaciones de los contratos precarios. En paralelo, fomentar las guarderías públicas (España está a la cola de Europa, según este estudio de Funcas) y en los centros de trabajo, con horarios que permitan conciliar y un tratamiento fiscal que favorezca más a la familia en el IRPF. Y mejorar las ayudas a la Dependencia, para sustituir a las mujeres por cuidadores profesionales que las “liberen”. Además, urge un Plan para aumentar la cobertura a los parados sin subsidio (1 millón son mujeres), con ayudas y formación. En materia de pensiones, los sindicatos piden que el Gobierno Rajoy cumpla la Ley 27/2011 en materia de igualdad de oportunidades y que adopte las recomendaciones del Parlamento europeo (23 junio 2017) para corregir la” brecha de las pensiones”, así como las recomendaciones de la Comisión Europea (noviembre 2017) contra la brecha salarial.

Sólo cuando se haga todo esto tendrá sentido imponer auditorías salariales en las empresas, que serán inútiles mientras no se corrijan las causas que provocan la brecha salarial. Está claro que a las empresas hay que “obligarles” por Ley a corregir la brecha salarial, pero mientras la reforma laboral aprobada por Rajoy en 2012 les permita contratar mujeres por horas y por semanas, ahorrándose pluses y cotizaciones, lo seguirán haciendo: con la “brecha salarial” se ahorran 42.000 millones al año, según cálculos de UGT. Hay que legislar en muchos terrenos (laboral, fiscal, de Seguridad Social), pero también los sindicatos (controlados por hombres) deben cambiar su enfoque al negociar los convenios. Y los hombres, al volver a casa y compartir de verdad las tareas domésticas. Y al educar a los hijos en la igualdad de verdad, en casa y en colegios, porque todo apunta que los jóvenes van para atrás.

Vivimos en un mundo complejo donde triunfan las soluciones fáciles, alimentando el populismo. Pero hay que decirlo: la brecha salarial no se corrige con una simple Ley que obligue a las empresas a pagar lo mismo a hombres y mujeres. Hay que corregir las causas profundas de la desigualdad de la mujer, de la cuna a la tumba, y eso es un proceso largo y lento, que exige múltiples medidas en casi todos los ámbitos sociales. Hagamos un Plan global y empecemos a actuar, hombres y mujeres juntos, con Leyes, en las empresas, en la Administración, en la educación y en casa. Sólo así habrá mejoras reales en unas décadas. No hay “soluciones milagro”.

lunes, 5 de marzo de 2018

El súper gana al híper


Los españoles llenamos algo más el carrito de la compra en 2017, tras la caída de 2016. Pero el gran cambio es que compramos cada año más en los supermercados y menos en los híper y tiendas pequeñas, que siguen  cerrando. Se valora la proximidad y las marcas blancas, que ya suponen el 41% de las ventas. Todo ello ha reforzado a Mercadona, que controla una cuarta parte del mercado y que han pisado alguna vez el 90% de españoles. Los grandes híper, como Carrefour, Alcampo o Hipercor, reaccionan abriendo súper en los barrios y gasolineras. Mientras, la gran batalla comercial es quitar la venta de alimentos frescos a las tiendas de siempre y vender alimentos “saludables” (bio y ecológicos). Eso sí, los alimentos llevan tres años subiendo (sobre todo los frescos), mientras los intermediarios multiplican por 4 sus precios en origen. Ahora, los súper e híper intentan vender más alimentos por Internet, temerosos de que lo haga Amazon. Será la gran batalla por el “carrito online”.

 
enrique ortega

La recuperación se ha empezado a notar en el carrito de la compra, con un ligero aumento de ventas en 2017 (+1,3%), tras la caída de 2016 (-0,9%). Aún así, los españoles gastaron el año pasado 4.190 millones de euros en la cesta de la compra, entre alimentación (90%), droguería y perfumería, según Kantar Worldpanel 2017, menos todavía que antes de la crisis, en 2007, cuando gastaron 4.543 millones de euros sólo en alimentos, según el INE. Lo que más creció en 2017 fue la venta de alimentos envasados (+2,2%) y menos los alimentos frescos (+0,9%), aumentando la venta de artículos de droguería (+2,3%) y cayendo las ventas de perfumería (-5,4%), debido a un mayor control del gasto (sobre todo, los jóvenes), tras un “boom” de ventas de cremas y colonias en supermercados. Los mayores aumentos del gasto (más del 2%) se han dado en Baleares, Murcia, Andalucía y el País Vasco, aunque las regiones que más gastan en “la cesta de la compra” son Cataluña (4.599 euros por hogar), Galicia (4.574) y País Vasco (4.528), mientras están a la cola la Rioja (3.557 euros), Extremadura (3.683) y la Comunidad Valenciana (3.932 euros).

Los españoles apostamos cada año más por los alimentos envasados y en especial por los que son más saludables: un 74% de consumidores tienen muy en cuenta la salud al comprar, lo que ha disparado la venta de productos con etiqueta “bio” y “ecológico (+14% en 2017), que ya consumen 4 de cada 10 hogares, así como la venta de garbanzos (+13,3%), lentejas (+13%) y frutos secos (+11,6%). Otra tendencia es la mayor venta de alimentos con fama de “ayudar a prevenir enfermedades”, como el aguacate (sus ventas han aumentado un 25,7%), salmón (+13,4%), plátanos (+5,8%) y huevos (+4,3%). Y ha crecido el interés por los alimentos locales, de la zona (los compran el 69%), antes que los importados.

La otra tendencia es comprar alimentos que nos hagan trabajar menos en casa, estar menos tiempo en la cocina. Así, están creciendo las ventas de alimentos para cocinar a la plancha, hervidos y al horno, según Kantar Worldpanel 2017. Y en los súper, sobre todo los que abren 16 horas, aumentan las ventas de comida preparada, lista para calentar y comer. Otro cambio es que aumentan las ventas de productos salados para el desayuno, aunque sigue ganando el desayuno con dulces. Y aumenta el consumo de fruta entre horas.

Pero el gran cambio se ha dado estos años en dónde compramos. Si en los años 70 y 80 comprábamos en las tiendas tradicionales y luego en los 90 cogíamos el coche para ir al híper, en este siglo XXI crece el peso de los supermercados medios y grandes, cercanos a  casa, donde podemos ir en coche o con el carrito. Es el triunfo de “la proximidad”, por la que apostó Mercadona cuando nació en 1981. En el último año, ha seguido la tendencia de la última década: cae la cuota de mercado de los híper (del 20% en el año 2.000 al 13,3% en 2017) y de las tiendas tradicionales (del 35% al 25,2%) y sube de forma espectacular la de los supermercados de todo tipo, que ya suponen más del 50% de las ventas. Se ha producido así una callada reconversión, donde han quedado sólo unas 23.000 tiendas tradicionales (tras cerrar unas 70.000, 1 de cada 4 existentes a comienzos de siglo), 400 hipermercados y unos 20.000 supermercados y autoservicios, que crecen mes a mes.

Los súper han ganado al híper y a la tienda tradicional porque están cerca del consumidor y porque tienen productos propios a buen precio (marcas blancas). Y en los últimos años, porque están ganando la batalla de los productos frescos: 6 de cada 10 euros del aumento de cuota en 2017 se ha debido a que han “robado” ventas de alimentos frescos a las tiendas tradicionales, según Kantar Worldpanel 2017. Los factores que determinan dónde se compra son, por este orden, la proximidad (el factor clave para 6 de cada 10), la relación calidad-precio y la calidad de los productos, por delante de factores como la variedad de marcas, las ofertas o el aparcamiento (tres cuestiones donde ganan los híper) o el trato personalizado (donde gana la tienda tradicional). Y los consumidores valoran que los súper hayan abierto muchas nuevas tiendas (están más cerca) y tengan ahora alimentos frescos.

Otro factor clave para el liderazgo de los supermercados ha sido el desarrollo de las marcas blancas, que ofrecen productos de calidad a precios más bajos que las marcas tradicionales. En 2017, estas marcas blancas suponían ya el 41% del total de las ventas de alimentación, droguería y perfumería, según Kantar Worldpanel 2017. Y hay tres supermercados que tienen una cuota mucho mayor de sus propias marcas en las ventas: Lidl (81,1% de cuota), Mercadona (57,2%) y Día (53,5%). Aunque parecía que las marcas blancas se habían frenado en los últimos años, siguen ahí (crecieron un 0,8% en 2017), aunque aumentan los consumidores que buscan tiendas con más variedad de marcas.

Mientras, las marcas de los fabricantes se quejan de competencia desleal” de las marcas blancas, sobre todo de Mercadona, Día y Lidl. Primero, porque dicen que no ofrecen sus marcas o si las venden las colocan “escondidas” en las estanterías. Y sobre todo, porque les acaban “copiando” los formatos innovadores, en los que han invertido mucho tiempo y dinero. Según un estudio realizado por Esade, de 10 productos innovadores lanzados por las marcas tradicionales, 4 fueron copiados por las marcas blancas en un año, uno en año y medio y los cinco restantes en dos o tres años. Además, las marcas de fabricante denuncian que esta competencia desleal va en contra de los consumidores, porque frena la innovación: de 171 productos innovadores lanzados en 2012 se ha pasado a 131 en 2016. Y mientras, las marcas blancas apenas innovan: 9% de su oferta Lidl, 15% Mercadona o 19% Día, frente a las grandes marcas de siempre, que concentran el 44% de los productos innovadores.

El auge de los súper ha consolidado el liderazgo de Mercadona, que ya tiene un 24,1% de cuota de mercado en alimentación, droguería y perfumería (+1,2% en 2017), con un 90,7% de españoles que pisaron alguna vez una de sus 1.600 supermercados el año pasado. Las claves de este imparable crecimiento, que se estudia en Harvard, son sus marcas blancas, el surtido “corto”, la reciente apuesta por los alimentos frescos (tienen el 20% del consumo de frescos) y el aumento en el número de tiendas.

Mercadona vende tanto como las tres empresas juntas que le siguen en el ranking de gran consumo, según Kantar Worldpanel 2017: Carrefour (8,7% de cuota de mercado, +0,2% en 2017), Día (8,2%, un -0,3% en 2017) y Eroski (5,6%, un -0,3% en 2017). Les siguen Lidl (3,5%, tras crecer +0,2% en 2017), Alcampo (3,5%) y las cadenas de súper regionales (14,4%, +0,3% en 2017), quedando un 1,3% de cuota para la venta online.

En los últimos años, los híper, viendo que perdían terreno ante los supermercados, han reaccionado, abriendo ellos también súper en el centro de ciudades y pueblos. Así, Carrefour empezó en 2005 con los Carrefour Express (tiene 645) y en 2010 abrió los Carrefour Market (119), para crear después los Carrefour Gourmet (4) y las tiendas Carrefour Market 24 (11), abiertas las 24 horas del día. Además, tiene Carrefour Express, 290 tiendas en gasolineras de Cepsa. Dentro de esta estrategia, la multinacional Carrefour tiene previsto abrir 2.000 nuevos súper en Europa de aquí a 2022. Por su parte, Alcampo, que había abierto los súper Simply, empezó a sustituirlos en 2017 por un nuevo formato, Mi Alcampo, tiendas en el centro de las ciudades que abren los 7 días de la semana, de 7 a 1 de la madrugada.

Y Eroski, que vendió sus 36 híper a Carrefour, inauguró en 2017 la enseña Rapid, tiendas que abren los 7 días con horario ampliado (de 8 a 23 horas) y que pretende llegar a 60 establecimientos en cuatro años, en ciudades y zonas turísticas. Además, Eroski cuenta con 500 Eroski City, 300 tiendas Caprabo y 150 supermercados Aliprox. Mientras, Hipercor, que ha perdido peso y no está entre “los 6 grandes de la alimentación”, busca recuperar terreno con la firma de un acuerdo con Repsol para instalar tiendas en muchas de sus gasolineras (tiene 3.500 abanderadas), con la marca “Supercor Stop&Go”, que ya ha abierto 59 tiendas en España.

Pero las cadenas líderes de supermercados no se quedan quietas. Mientras Mercadona consolida su liderazgo abriendo súper en mercados municipales (tiene 36), el Grupo Día, la cadena con más establecimientos (4.144) sigue reforzando sus distintas enseñas especializadas (Market, la Plaza de Día, Clarel y Cada día) y prueba en Madrid Día&Go, un modelo de tienda en el centro de las ciudades con horario ampliado (de 8:30 a 23 horas) y muy centrado en la comida preparada. También ha llegado a un acuerdo con BP para abrir tiendas en gasolineras, bajo la enseña Día Shop (hay 4 abiertas), centradas en pan y envasados. Y la cadena alemana Lidl, otro éxito en el negocio del gran consumo, no piensa tanto en abrir nuevas tiendas como en crecer en las ciudades gracias a marcas propias y a la especialización (productos gourmet, bio y cosméticos). Y también ganan terreno los súper regionales, asentados en buenos precios, centrales de compras y clientes fieles.

Cara al futuro, el gran reto de los grandes distribuidores serán la proximidad y los precios, pero sobre todo Internet. Todavía tiene poco peso en el gran consumo, sobre todo en la alimentación (por el freno de los frescos), pero ha dado un salto y las ventas online ya suponen un 1,9% de las ventas, con lo que compraron por Internet 4,7 millones de hogares en 2017, una de cada cuatro familias, según Kantar Worldpanel. Todavía es un porcentaje bajo, pero todas las cadenas están invirtiendo en su tienda online y en la distribución posterior de los productos, especialmente Mercadona. Y lo que preocupa a todos es este dato: el 56% de todos  los clientes que compran hoy en los súper e híper son también clientes de Amazon. Si un día, el gigante USA se lanza a vender alimentos por Internet, puede arrasar y acabar con la mitad del sector, con buena parte de los súper e híper actuales…

Junto al reto de Internet, las empresas de gran consumo están empeñadas en conocer mejor a sus clientes, adaptándose a los nuevos hábitos, desde la comida sana a los envasados y la comida preparada, así como a dosis más pequeñas para el creciente número de españoles que viven solos o en familias monoparentales. Está claro es que la población española se reduce (en 2030 habrá 606.000 españoles menos que hoy y en 2066, 5,5 millones menos, según las previsiones del INE) y tiene cada vez más edad, mientras los jóvenes se gastan menos en comida que los adultos. Todo ello va a revolucionar un sector, la venta de alimentos, que ya está cambiando en todo el mundo. En China, por ejemplo, los súper ya han incorporado nuevas tecnologías (los carros “siguen al cliente” y no hay cajas: se paga con el móvil) y no sólo son lugares para comprar sino también centros para probar comida y comer.

Mientras se configura el súper del futuro, el del presente ha subido sus precios en los últimos tres años (a pesar de la caída del IPC entre 2014 y 2016) y también antes: los alimentos han subido un 18,4% entre 2007 y 2017 mientras el IPC subía menos, el 16,5%, según el INE. Una subida importante, a pesar de la fuerte competencia entre empresas, que puede agravarse en el futuro si las empresas avanzan en fusiones, para tener más tamaño e imponer mejor sus condiciones a proveedores y clientes. Hoy, los cinco grandes (Mercadona, Carrefour, Día y Eroski) controlan sólo el 51% del mercado, mientras en Portugal  los 5 grandes controlan el 89%, en Reino Unido el 80%, en Francia el 58% y en Alemania en 55%. Lo normal es que busquen ganar tamaño, con lo que tendrían más fuerza para subir precios. Y más con un clima a la contra (sequías, heladas e inundaciones), que fomenta la subida de los alimentos, sobre todo frutas, verduras y carnes. Más el tirón de los turistas, que en muchas zonas disparan los precios en verano y festivos.

Otro problema para los consumidores son los canales de distribución, complejos y poco transparentes, donde se encarecen muchos alimentos en su camino del campo al súper. La organización agraria COAG, junto a dos asociaciones de consumidores (UCE y CEACCU) llevan años publicando un índice IPOD que mide el salto de precios, del agricultor y ganadero al consumidor. En enero 2018, el IPOD agrícola era de 4,58, lo que significa que pagamos estos alimentos 4,58 veces más caros que en origen (la patata, de 0,10 euros/kg que se paga al agricultor a 0,74 euros; la naranja, de 0,23 euros/kg a 1,53). Y el ganadero, 3,22 veces (el cerdo, de 1,01 euros/kg a 5,43 euros que paga el consumidor). De media, entre el IPOD agrícola y ganadero, el IPOD de alimentación sube 4,29 veces del campo al súper.

Al final, la alimentación es un gasto imprescindible pero crecerá menos y se va a concentrar en determinados productos, los alimentos elaborados, mientras cada vez será más caro consumir alimentos frescos (subieron un 2,8% en 2017). Y la pelea por los márgenes y la competencia se traducirá, a la larga, en alimentos de menor calidad, más dirigidos a “llenarnos” que a comer bien, con un auge de la comida rápida y preparada, como sucede en otros países. Por todo ello, quizás deberíamos comprar con más cuidado, comparado no sólo precios sino ingredientes y calidades, con la ayuda de Internet. Y no dejar que nadie nos imponga sus marcas. Habrá que dedicar más tiempo a hacer la compra, mirar mejor lo que echamos al carro.

jueves, 1 de marzo de 2018

Dos empujones al imparable juego online


Internet es el camino que utilizan cada día 676.000 españoles para apostar. El juego online ha crecido imparable en los cinco años y medio que lleva legalizado: se jugaron 13.316 millones en 2017, 1,5 millones de euros cada hora, más del doble que hace cuatro años. Y engancha” cada vez más a los jóvenes, mientras algunos médicos alertan en Galicia que es “como la heroína en los años 80”. Y en los barrios, se multiplican las Salas de juego, “los nuevos billares”. Por si el juego online no copara ya un 30% del juego en España, el Gobierno Rajoy acaba de dar dos empujones a las empresas (la mayoría multinacionales): autorizar partidas virtuales de póquer con jugadores de Francia, Portugal e Italia y abrir el registro a más operadores. Además, va a aprobar un decreto poco restrictivo la publicidad del juego online, que ya inunda tele, radios y Webs. Ojo, porque el juego aporta impuestos y empleo, pero crea ludópatas, cada vez más jóvenes. Juego sí, pero con moderación.


enrique ortega

El juego está implantado en la costumbre de los españoles, antes la lotería, las quinielas y el bingo y ahora, cada vez más, el juego online, las apuestas a través de Internet. Ocho de cada diez españoles, el 81,9% ha jugado alguna vez, según el estudio sobre el juego 2016 elaborado por la Universidad Carlos III y Codere. En total se jugaron 37.742 millones de euros en 2016, de los que tres cuartas partes fueron juegos “presenciales” (8.344 millones en máquinas tragaperras, 4.844 en Loterías, 3983 en la Primitiva, 2.378 en Salas de Juego, 1.907 en la Primitiva y 1844 millones en Casinos) y el resto, un 28,8%, fueron juegos online, donde se gastaron 10.885 millones de euros en 2016. Y el juego online es el único que crece año tras año, mientras los juegos tradicionales bajan en la última década, con la crisis.

El juego online se legalizó en España hace cinco años y medio, el 5 de junio de 2012, aprovechando la Eurocopa. Y a partir de ahí, ha crecido de forma imparable: si en 2008, siendo “alegal”, movía en España unos 575 millones de euros, en la segunda mitad de 2012 ya facturó 2.726 millones, cinco veces más. En 2013 saltó a 5.600 millones y en 2014 había crecido a 6.564 millones. Pero el gran salto lo ha dado en los tres últimos años: de 8.562 millones en 2015 (+30%) a 10.885 en 2016 (+27%) y 13.316 millones en 2017 (+22,3%), superando desde hace 13 meses consecutivos los 1.000 millones jugados cada mes, según las estadísticas oficiales de la Dirección General del Juego (DGOJ). Una cifra de juego por Internet que supone 36,5 millones de euros jugados al día y 1,5 millones jugados cada hora.

El juego online favorito son las apuestas deportivas (en directo, convencionales y cruzadas), sobre todo en fútbol pero también en los demás deportes, que movieron 5.330 millones en 2017 (el 40% de lo jugado online). Le siguen la ruleta (en vivo y convencional), con 2.916 millones jugados, las máquinas tragaperras (2.347 millones), el póquer online (torneo y cash), con 1.580 millones jugados, y el Black Jack (910 millones), seguidos de lejos por el bingo online (90,1 millones), las apuestas hípicas (90 millones) y los concursos (7,3 millones), según las estadísticas de la Dirección General del Juego.

En España hay 2,5 millones de personas que se han dado de alta en alguna plataforma de juego online desde 2012, aunque a finales de 2017 sólo había 676.322 jugadores activos, que gastan una media de 9.500 euros al año y que, en conjunto, pierden una media de 293 euros por jugador, según las estadísticas de la DGOJ. Tres de cada cuatro jugadores online pierden y siguen aumentando las quejas de algunos jugadores, que han denunciado a algunas empresas a los Tribunales por recalcular y cambiar las cuotas acordadas. El perfil del jugador online es hombre (83,3%), joven (el 86,8% tiene menos de 45 años), con un cierto nivel de estudios y con un estatus económico medio-alto, según los estudios de la DGOJ.

Con este nivel de juego online, España se consolida como el cuarto país europeo donde más se juega por Internet, tras Reino Unido (líder a distancia, con 10 veces más de juego online que en España), Italia y Francia. Se estima que en Europa hay más de 10 millones de jugadores online, que se gastan unos 65.000 millones anuales, un mercado europeo controlado por la multinacionales del juego británicas, muchas de ellas instaladas en Gibraltar, isla de Man y otros paraísos fiscales (Ladbrokes, William Hill 888 Holdings, Bwin, Betfair, Pokerstars…). Precisamente, estas multinacionales también controlan el juego online en España: Bet365, William Hill, Bwin y Betfair  se reparten el 65% del mercado (según el estudio Fintonic  2015) y junto con otras 8 empresas más, como Pokerstars, 888Sports y las españolas Loterías y Sportium (grupo Cirsa), copan el 90% del juego online, un sector  cuya patronal (JDigital) informa poco de sus cuentas y las cuotas de mercado.

El tirón del juego online, en Europa y en España, está motivado por dos causas. Una, el enorme auge de los móviles inteligentes (smartphones), de los que hay más contratos que españoles adultos, con un generalizado acceso a Internet (el 85% de los internautas acceden a la Red por el móvil). Baste decir que España es el 5º país del mundo con más utilización de los móviles, tras Brasil, China, USA e Italia, según Statista : 246 minutos al día navegando por Internet, según la AIMC.  Y el otro motivo es que las empresas del juego se han gastado mucho dinero en promoción y publicidad, inundando sobre todo las webs, televisiones y radios, al hilo de los partidos de fútbol  y eventos deportivos. Baste decir que en 2017 se gastaron en promoción 219 millones de euros, casi el doble que en 2013 (113,6 millones). La mitad se lo gastan en publicidad (102, 3 millones en 2017, frente a 68 millones en 2013), pero el mayor salto se ha dado en bonos para atraer a nuevos clientes (84,7 millones de gasto en 2017), afiliados (22,4 millones) y patrocinio (8,7 millones), según los datos oficiales de la Dirección General del Juego.

Los crecientes gastos de las empresas en promoción (23,4 millones en diciembre) son “la gasolina” que alimenta el juego online. Por eso, algunas asociaciones de afectados por la ludopatía (adicción al juego) llevan años pidiendo una regulación más estricta de la publicidad, porque una parte se realiza en horario infantil y utilizando deportistas famosos (Ronaldo, Nadal, Neymar, Piqué, Usain Bolt…) como “gancho” para los jóvenes. Y nadie se queja, porque esta publicidad mantiene parte de los ingresos de muchas empresas de comunicación (sobre todo radios, televisiones y webs), que “miran para otro lado”. Y el juego online es también una fuente de ingresos para Hacienda, aunque la recaudación por juego (en general) ha caído: de 101 millones ingresados por impuestos en 2012 a 52 en 2015 y 71 en 2016, según el último informe publicado de Recaudación Tributaria (Hacienda).

Quizás por todo esto, el Decreto para regular la publicidad online, preparado por el Gobierno Rajoy en abril 2015, ha estado en el cajón más de 2 años sin aprobarse. Y en noviembre de 2017, el Ejecutivo ha aprobado otro Decreto, que se espera esté aprobado esta primavera. En principio, supone un avance porque prohíbe la publicidad del juego online en horario infantil (entre 8 y 9 mañana y 5 y 8 tarde, pero no después). Pero la Asociación FEJAR, que atiende a los ludópatas, ya ha denunciado que el nuevo Decreto supone una “marcha atrás” sobre el anterior y que no va a reducir la excesiva publicidad del juego online. El Consejo Audiovisual de Andalucía también rechaza el Decreto e insiste en que se prohíba la publicidad del juego online en un horario infantil más amplio (6 a 22 horas), donde aparecen ahora el 68% de los anuncios de juego en radio y el 27% de los de TV. Y pide que se prohíban los anuncios a personajes famosos y que se diferencie la información de los anuncios del juego en las retransmisiones deportivas, lo que no se hace ahora en la radio y el Decreto permite. Y ambos plantean, como otras instituciones, que la publicidad del juego tenga el mismo trato y restricciones que la publicidad del tabaco o del alcohol.

Mientras llega el Decreto sobre publicidad, las empresas del juego online acaban de conseguir que el Gobierno Rajoy apruebe dos medidas que impulsarán aún más el juego por Internet. La primera, aprobada el 12 de diciembre, “abrir la ventanilla” para conceder nuevas licencias a operadores de juego online, lo que permitirá que 10 nuevas empresas se sumen a las 52 ya autorizadas para operar en España, según la previsión de la patronal JDigital, que espera una nueva inversión extranjera de 20 millones de euros en 2018, empezando por la llegada de Winamax, el principal operador francés de póquer online. El otro empujón viene de una Resolución, publicada en el BOE del 15 de enero, por la que el Gobierno autoriza partidas de póquer online entre jugadores de España, Francia , Italia y Portugal, hasta ahora prohibidas. Con ello, se espera que haya más jugadores y más torneos internacionales y que el póquer online facture un 30% más para 2019, según el sector, que todavía pide más al Gobierno: ampliar el póquer online a jugadores del Reino Unido y otros países y revisar la fiscalidad de los jugadores profesionales, instalados ahora en otros países para pagar menos impuestos.

Con estas “ayudas”, el juego online podría duplicar sus ingresos para 2020, lo que preocupa a muchos expertos, sobre todo a médicos, psicólogos y personal que atiende a los ludópatas. El juego online es especialmente peligroso porque se juega de forma anónima, sin salir de casa, las 24 horas del día, y al tener bonos regalo y pagar con tarjeta de crédito, el jugador no es tan consciente de que está “enganchado” hasta que ya es “adicto”. Actualmente, el último informe oficial sobre los riesgos del juego (de todo el juego, no sólo el juego online) lo publicó la DGOJ en 2016 y sus datos son preocupantes: entre un 3,5% y un 6,3% de la población mayor de 18 años tiene “algún riesgo con el juego”: son entre 1.318.724 y 2.373.704 personas, según el Padrón del INE. Y de ellos, el estudio considera que son “jugadores patológicos” (enfermos) entre el 0,3 y el 0,9% de la población adulta: entre 113.000 y 339.000 españoles. Pongamos que son 200.000 ludópatas. Una cifra muy preocupante.

Pero lo más preocupante es el auge del juego online entre los jóvenes, tanto porque son los que están “más enganchados” al móvil y a Internet como porque muchos carecen de ingresos y no ven claro el futuro, con lo que se sienten muy “tentados” por el juego, incluso los menores de edad (que falsifican sus datos y utilizan la tarjeta de padres o familiares). De hecho, una encuesta hecha por la Asociación gallega AGALURE entre alumnos de 4º de la ESO (15-16 años) reconocía que el 40% había participado en juegos online. Y los datos oficiales del Estudio Clínico 2017, encargado por la DGOJ, son muy reveladores: de los 512 pacientes ludópatas en tratamiento analizados, un 36% se había iniciado en el juego antes de los 18 años. Y son varios los hospitales españoles que han alertado de que los ludópatas que llegan son cada vez más jóvenes. Tal es así que Alejandro Rodríguez, responsable del Instituto Terapéutico gallego, ha denunciado que el juego online “está creando verdaderos dramas y arruinando familias como ocurrió con la heroína en los años 80”…

Otro motivo de preocupación es el auge de los salones de juego, que han proliferado como setas en muchos barrios modestos de grandes ciudades y en algunos Centros comerciales: hay 2.550 salones en España (la mayoría en Andalucía y Madrid), un 140% más que en 2014, y por ellos pasan ya más de 2 millones de personas, la mayoría jóvenes, a los que se trata de atraer con bonos, bebida gratis y posibilidad de fumar, según denuncias periodísticas. Son un lugar donde se puede jugar en máquinas y tragaperras, pero sobre todo a juegos online, básicamente en grupo, “con los colegas”. Se han convertido en “los billares de barrio del siglo XXI”. Otra gran puerta de entrada al juego, por si no fuera suficiente con el móvil.

Muchas asociaciones de ludópatas, médicos y expertos piden un mayor control, para evitar que el problema de la ludopatía sea más grave en unos años. Incluso dos diputados del PSOE de Málaga han pedido al Gobierno, en enero de 2018, que apruebe un paquete de medidas para “evitar la adicción al juego online”. Pero no parece que Rajoy esté preocupado, mientras la DGOJ y las empresas desvían la atención hacia compromisos de “juego responsable”. Está bien que haya compromisos para controlar a los jugadores en riesgo, pero se trata de un negocio  y no serán las empresas las que frenen la adicción. Urge poner en marcha un Plan para controlar la publicidad y el auge del juego online (incluyendo los Salones de juego), sobre todo entre los jóvenes, con un teléfono público de ayuda a la ludopatía. Y urge forzar a las empresas para establecer mecanismos informáticos eficaces en las webs que detecten y expulsen a los ludópatas. En paralelo, debería crearse una tasa especial al juego online para crear un Fondo de ayuda contra la ludopatía (con un simple 0,5% sobre lo jugado se recaudarían 65 millones anuales), destinado a ayudar a los ludópatas, en Asociaciones y hospitales públicos (ahora sólo hay dos en España, el Ramón y Cajal y Bellvitge, con unidades especializadas).

En definitiva, con el auge de Internet, es imposible “poner puertas” al juego online. Pero sí se puede controlar más y encauzar su rápido crecimiento, para que no se lleve por delante a una parte de nuestra juventud, restringiendo la publicidad, estableciendo filtros informáticos y exigiendo a las empresas que colaboren financieramente a tratar a los ludópatas y ayudar a sus familias. No hablen sólo de “Juego responsable”. Es hora de “Jugar con moderación”.