Demasiadas muertes por trabajar
Cada día mueren 2 personas en el trabajo o yendo y
viniendo de trabajar. Fueron 735 muertes por accidente laboral en 2025,
61 menos que en 2024, aunque aumentaron los muertos en la construcción (+29
fallecidos). Y España es el 6º país europeo con más muertes laborales
en relación con los que trabajan. Los sindicatos denuncian que son “demasiadas
muertes” y que muchas podrían evitarse si las empresas invirtieran
más en prevención. Además, se quejan de que hay muchas enfermedades
profesionales que no se reconocen, como algunos cánceres. En febrero de 2026, Gobierno
y sindicatos han pactado una reforma de la Ley de prevención de riesgos
laborales de 1995, para reforzar la prevención y afrontar nuevos riesgos de salud
mental, trabajo digital y cambio climático. Pero la patronal se descolgó
del acuerdo, porque no quiere más normas sino regularlo en los convenios. Ahora
falta aprobar los Decretos y la nueva Ley, algo que no será
fácil por los enfrentamientos en el Congreso. Pero hay que tomar medidas para frenar estas “muertes silenciosas”.
No puede ser que el trabajo mate.
Enrique Ortega
Este lunes, un hombre de 56 años murió
al caer desde el tejado de una empresa en la que estaba trabajando en Sant
Fruitós de Bages (Barcelona). Es el penúltimo trabajador muerto este año por
accidente laboral en España, tras los 735 fallecidos en 2025, en
el trabajo (584 muertes) o yendo y viniendo de trabajar (otros 151 muertos “in
itinere”), según
los datos recién publicados por Trabajo. Una cifra que reduce en 61 los 776
muertos en accidentes laborales en 2024 y que es algo menor a los 721
muertos en accidente laboral en 2019, antes de la pandemia, aunque ahora
hay 2,5 millones de personas más trabajando. Aún así, son muchos más
que los 558 muertos laborales de 2013, el mínimo desde antes de la
crisis financiera (hubo 841 muertos en 2007), y la mitad de las 1.580
muertes en el trabajo (más de 4 diarias) que se contabilizaron en España en
el año 2000.
Empecemos por los
datos de los accidentes laborales, que prácticamente se estancaron
en 2025: hubo 1.163.047 accidentes declarados, un 1,5% menos que en 2024
(1.181.202). Pero algo menos de la mitad (542.661, -1,8%) fueron “accidentes
sin baja”, generalmente leves, porque muchos de estos trabajadores
prefirieron no pedir la baja, para no tener problemas laborales (los sindicatos
denuncian que estos accidentes sin baja crecen en los últimos años).
Algo más de la otra mitad fueron “accidentes
con baja”, 620.386 en 2025, casi los mismos que en 2024
(628.300), aunque muy lejos de los accidentes con baja que había en España en
plena “burbuja inmobiliaria” (1.022.067 en 2007), aunque es una cifra de
accidentes con baja similar a la que había antes de la pandemia (650.602
en 2019). Pero hay que recordar que ahora trabajan en España 2,5 millones de
personas más…
El grueso de los accidentes de trabajo con
baja se produjo en
el trabajo (529.838 accidentes,-19% que en 2024) y el resto fueron
accidentes “in
itinere” (90.548,+2,9% que en 2024), accidentes producidos al ir y
venir de trabajar, que son los accidentes que más crecen en los últimos años,
por accidentes de tráfico. La mayoría de los accidentados en el trabajo son hombres
(70,2%), pero curiosamente son las mujeres quienes tienen más
accidentes laborales “in itinere” (el 54% del total), quizás porque se
desplazan más para conciliar el trabajo con llevar a los hijos al colegio o
hacer las compras. La gran mayoría de los accidentados con baja son asalariados
(95,4%) y el resto autónomos (4,6%).
Las actividades
más peligrosas en 2025,
con más accidentes laborales en el trabajo con baja, fueron la industria
(96.068, el 18,3% del total), la construcción (78.845 bajas, el 15,06%), el
comercio y la reparación de vehículos (69.968 accidentes, el 13,20%), las
actividades administrativas y servicios auxiliares (57.030, el 10,76%), la
hostelería (50.837, el 9,59%), el transporte y almacenamiento (41.168, el
7,76%) y las actividades sanitarias y servicios sociales (40.864 accidentes, el
7,71%). Pero si tenemos en cuenta los que trabajan en cada sector, la “siniestralidad
relativa” (accidentes
por cada 100.000 trabajadores), las actividades más
peligrosas son en realidad la
construcción (5.510 accidentes en el trabajo por cada 100.000
trabajadores), la minería (5.413), el suministro de agua y saneamiento (5.136),
la industria (4.364), el campo (3.759), el transporte y almacenamiento (3.555),
las actividades administrativas y servicios auxiliares (3.473) y la hostelería (2.731),
los 8 sectores con más accidentes que la media (2.547 por 100.000
trabajadores). Y las
autonomías más “peligrosas” para trabajar son, curiosamente, Baleares
(3.791 accidentes/100.000 trabajadores), Navarra (3.655), Castilla la
Mancha (3.227), La Rioja (3.155) y Aragón (2.912), por
encima de la “siniestralidad” de Andalucía (2.720), Comunidad
Valenciana (2.509),Cataluña (2.356) o Madrid (1927 accidentes/100.000
trabajadores).
Centrándonos en la gravedad de los accidentes
laborales, en 2025 se produjeron en el trabajo 3.701 accidentes
graves, de los que 584
fueron mortales (62 muertes menos que en 2024). De estas muertes en el
trabajo, la mayoría fueron hombres (546 muertes, 62 menos que en 2024) y
38 fueron mujeres (igual que en 2024). Por edades, los
trabajadores mayores son quienes tienen más muertes en el trabajo: entre 55
y 59 años (121 muertes en 2025), de 60 a 64 (105) y de 50 a 54 años (102
muertes). La 1ª causa de estas muertes en el trabajo son los
infartos y derrames cerebrales y otras “causas naturales” (251 muertes,
15 menos que en 2024), que los sindicatos atribuyen en muchos casos al “estrés
laboral”. Le siguen los golpes y caídas (97 muertes, 3 más que en 2024), los
aplastamientos (82 muertes, 17 menos) y los accidentes de trafico (73 muertes,
23 menos). En el caso de las muertes
“in itinere” (151 fallecidos, 1
más que en 2024), la mayoría fueron por accidentes de tráfico
(138) y afectaron más a hombres (122 muertes,+2 que en 2024) que a mujeres
(29,-1).
Centrándonos en las muertes
en el trabajo (584 en 2025), las actividades más letales fueron
los servicios (262 muertos, -64 que en 2024), la construcción
(164 muertos, 29 más, por lo que “alertan” los sindicatos), la industria (110
muertes laborales, -6) y el campo (48 muertos, -21). Pero si tenemos en cuenta
la “siniestralidad
relativa”, el sector con más muertes en el trabajo es la
construcción (11,32 muertes por 100.000 trabajadores), a mucha
distancia del campo (6,68 por 100.000), la industria (4,52) y los servicios
(1,61 muertos por 100.000 trabajadores, muy por debajo de la media: 2,81
muertes/100.000). Y por
autonomías, las más letales para trabajar son Andalucía
(95 muertes en el trabajo), Cataluña (91 muertes, su peor dato desde 2009),
Comunidad Valenciana (66), Madrid (55) y Castilla la Mancha (41 muertes). Pero
si lo comparamos con los trabajadores de cada región, la “siniestralidad
relativa” cambia: las más “letales” son Castilla
la Mancha (5,32 muertos en el trabajo por 100.000 trabajadores), Asturias
(5,24), Murcia (4,32), Galicia (4,23) y Castilla y León (3,98),
frente a 2,95 muertes/100.000 trabajadores en Andalucía, 2,41 en Cataluña y
1,52 en Madrid.
Los accidentes y las muertes laborales preocupan también en
Europa, donde se producen casi 2,2 millones de accidentes con baja
(2.153.161 en 2023) y 2.972 muertes en el trabajo (2023), según
los últimos datos de Eurostat. España es el 2º país europeo con más
accidentes en el trabajo en relación a los que trabajan (2.707
accidentes por cada 100.000 trabajadores en 2023), sólo superado por Portugal
(2.995 accidentes) y muy por encima de la tasa europea (1.500 accidentes por
100.000 trabajadores), cerca de Francia (2.644) y lejos de Alemania
(1.620/100.000), Italia (1.182), Bélgica (1.513) o Dinamarca (1.578). Y en
cuanto a las muertes en el trabajo, la tasa de España
(2,28 muertes/100.000 trabajadores) supera a la media europea (2,28/100.000),
a Paises Bajos (0,6), Alemania (0,91) o Bélgica (1,67), pero es menor que la
mortalidad laboral en Francia (4,42 muertes/100.000) o Italia (2,62).
El trabajo no solo provoca accidentes y muertes, también enfermedades
profesionales que en muchos casos acaban inhabilitando o matando al
trabajador en unos años. Y están creciendo: en 2024 (último
dato oficial) se contabilizaron 26.803 partes de enfermedades
profesionales,+4,6% que en 2023 y menos que antes de la pandemia (27.392 en
2019). De este total, la mayoría son partes sin baja (15.269), alcanzando los 11.534
con baja. Más de la mitad (54%) los dan las mujeres y por tramos de edad,
la mayoría (19,84%) los dan las mujeres de 50 a 54 años y los hombres de 45 a
49 años (otro 19,7% de los partes).Por autonomías, las que concentran
más partes por enfermedades profesionales en relación a sus trabajadores son Murcia (362 por 100.000 trabajadores),
Navarra (336), La Rioja (260), País Vasco y Comunidad Valenciana
(162/100.000 trabajadores). Y las actividades
con más bajas por enfermedad profesional son la minería (368 por
100.000 trabajadores, sobre todo en Extremadura y Galicia), la industria
(301/100.000 trabajadores, sobre todo en Murcia, Navarra, la Rioja y País Vasco),
la construcción (118), las actividades sanitarias (107) y
administrativas (107) y la hostelería (106,99 partes/100.000 trabajadores).
Las causas que provocan estos partes de
enfermedades profesionales son los agentes físicos (81,2% del total, la
mayoría por posturas forzadas y movimientos repetitivos), los agentes
biológicos (el 6,4%, sobre todo infecciones), las enfermedades de la
piel (5,6%), la inhalación de sustancias (3,8%), los agentes químicos
(3,27% del total) y sólo
104 bajas por enfermedad (el 0,37%) fueron por cáncer (107 en 2022).
Precisamente, los sindicatos denuncian cada año el bajísimo reconocimiento del
cáncer como enfermedad profesional (104 casos en 2024, 54 por amianto) y que la
mayoría de los casos se reconocen porque el trabajador afectado acaba en los
Tribunales. UGT
considera que 1 de cada 3 casos de cáncer en España podrían estar relacionados
con la exposición a sustancias cancerígenas en el trabajo. Los trabajos
con más riesgo, según
detectó la Encuesta WES, son los relacionados con el amianto, la
sílice cristalina respirable, las emisiones de motores diesel y el polvo de
madera, aunque también el benceno, la radiación ultravioleta solar, el
formaldehido, el cromo hexavalente y el plomo y sus compuestos orgánicos.
Ahora, en un próximo Consejo de Ministros, el
Gobierno aprobará esta reforma de la normativa de seguridad laboral
pactada con los sindicatos, mientras la patronal reitera que no ha firmado
el acuerdo porque debería
tratarse en la negociación de los convenios. Como el Gobierno sabe los
problemas que tendrá esta reforma de la Ley en el Congreso (Junts, el PP y Vox
votarán en contra, como apoyo a la patronal), la estrategia será aprobar
también una serie de Decretos (que no haya que convalidar) para reformar
los actuales Reglamentos de prevención de riesgos laborales en materia de
riesgos psicosociales, digitales y climáticos, más cambios para lograr un mayor
control del cumplimiento de la normativa vigente.
Al final, se intenta adaptar una Ley del siglo XX a
los trabajos y riesgos laborales del siglo XXI, aunque la clave es que
la normativa se cumpla, no sólo por las empresas (las pymes
tienen menos medios) sino también por sus trabajadores (falta una
mayor “cultura de la seguridad”), apostando por la vigilancia y las
sanciones en caso contrario, porque se juegan vidas e incapacidades.
Habría que alcanzar acuerdos, como país y empresa a empresa, para
conseguir un objetivo a medio plazo: “muertes
cero” en el trabajo. Es una tarea de todos: no podemos consentir
que el trabajo mate.
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