jueves, 18 de diciembre de 2014

La banca en España es cosa de tres (+2)


La crisis bancaria ha provocado un rosario de ventas de Cajas y bancos, que han acabado en manos de los grandes bancos. Y se han ido de España la mayoría de bancos extranjeros. Así, hemos pasado de 55 entidades a 14 grupos bancarios, donde los grandes son ahora mucho más fuertes: La Caixa, Santander y BBVA controlan ya un 44% del mercado y si les añadimos Bankia, Sabadell y Popular sería el 69%. Un grado de concentración que supera al resto de la banca en Europa. Y cuando se venda Bankia (entera o troceada), si cae en sus manos serán aún más fuertes. Algo que no ayuda a los clientes, que tienen menos puertas donde pedir un crédito o más intereses por sus ahorros. Y todo apunta a que habrá más fusiones, con lo que los tres grandes podrían controlar dos tercios de la banca en España. Más grandes supone que son más poderosos y que nos darían más problemas si entran en crisis.
 
enrique ortega

La crisis financiera ha revolucionado el mapa bancario en España desde 2009, cuando el Estado hizo el primer “rescate”, la Caja de Castilla la Mancha (CCM). Hemos pasado de 55 entidades españolas a 14 grupos bancarios: 4 grandes (la Caixa, Santander, BBVA y Bankia, que será vendida pronto), 2 medianos (Sabadell y Popular), 2 pequeños (Bankinter y Grupo March) y 6 grupos de Cajas que ahora son bancos (Kutxabank, Ibercaja, UniCaja, BMN, Liberbank y Abarca), más dos pequeñas entidades que siguen llamándose Cajas (Caixa Pollensa y Caixa Ontinyent) y dos bancos extranjeros (el alemán Deutsche Bank y la portuguesa Caixa Geral).

Este drástico cambio se ha producido  tras un rosario de compras de Cajas y bancos en apuros por parte de los grandes bancos. El más beneficiado ha sido La Caixa (CaixaBank), que se ha convertido en el banco líder en España (en créditos y depósitos), tras aumentar un tercio su tamaño con 5 compras: Caixa Girona, Banco de Valencia (por 1 euro), Bankpyme, Banca Cívica (4 Cajas) y el negocio español de Barclays. El BBVA ha crecido un 20% con la compra de Unnim (3 Cajas catalanas) y Catalunya Banc. Santander es el único grande que no ha comprado, aunque absorbió Banesto y Banif para no perder tamaño. El mayor salto lo ha dado el Banco de Sabadell, que ha más que duplicado su tamaño con 6 grandes compras, que le colocan quinto en el ranking, muy cerca de Bankia: compró Banco Guipuzcoano, la CAM (por 1 euro), Caixa Penedés, Banco Gallego, Lloyds España y las oficinas de BMN en Cataluña y Aragón. Y el sexto grande, Popular, ha crecido otro 19% con las compras de Banco Pastor y el negocio minorista de Citibank. Sólo dos Cajas, Unicaja e Ibercaja, han comprado otras entidades. Y sólo dos bancos extranjeros han “pillado” en esta gran subasta: el venezolano Bandesco compró NovaGalicia Banco (ahora Abanca) y el fondo USA Apollo compró Evo Bank.

Precisamente, otra consecuencia de esta crisis financiera es la fuga de la banca extranjera en España, autorizada a entrar en 1979. El 31 de agosto (2014), Barclays vendió su red en España (271 sucursales y 550.000 clientes) a La Caixa y antes (2013) se habían vendido la red del Lloyds (al Sabadell) y la del Citibank (al Popular). Una fuga que continuaba la marcha, en décadas anteriores de Natwest, Abbey, San Paolo o Credit Lyonnais, para los que España también dejó de ser una inversión estratégica. Su marcha se debe a la dificultad de competir con una escasa red de oficinas y por sus altas pérdidas, porque la crisis les ha pillado con mucha morosidad en hipotecas y créditos a promotores y empresas. Con ello, España es el país europeo con menos presencia de banca extranjera (Deutsche Bank y Caixa Geral).

La consecuencia de ambos fenómenos (compra de Cajas y bancos más fuga de entidades extranjeras) es que la banca en España está concentrada en menos manos: si en 2009 los tres grandes (la Caixa, Santander y BBVA) controlaban un 30,6% del mercado, en 2013 ya dominaban el 40%, según un estudio de BBVA Research. Y en 2014, con las compras de Barclays y Catalunya Bank, ya controlan el 44%. Es el mayor grado de concentración bancaria en Europa, donde los tres grandes italianos controlan el 38,7%, los tres británicos el 34,7%, los tres franceses el 27,2% y los tres grandes alemanes el 21,6%. Si consideramos los cuatro grandes (añadiendo Bankia), controlan el 54% del mercado. Y si añadimos a Sabadell y Popular, los 6 grandes controlan ya el 69% del mercado, más que en el resto de Europa. Sólo cuando sumamos la cuota de los 10 grandes bancos (82,7%), España tiene menor nivel de concentración bancaria que Reino Unido (88,9%), según BBVA Research.

Esta alta concentración de la banca en España aumentará en los próximos años. Primero, porque el Gobierno ha prometido vender Bankia (entera o troceada) y eso aumentará el tamaño de los grandes. Y sobre todo porque siguen cayendo los márgenes bancarios (la rentabilidad de la banca), con lo que para ganar más necesitan ganar tamaño, crecer : la patronal bancaria augura nuevas fusiones, igual que el FMI .Y si la recuperación de verdad tarda unos años, caerán más bancos ( y habrá más compras). Los propios banqueros han comentado que los tres grandes (CaixaBank, Santander y Popular) podrían controlar el 75% del negocio en unos años (con Bankia, tienen ya el 54%).

La consecuencia de esta mayor concentración es que los clientes tienen menos puertas a las que llamar y si las entidades son más fuertes, pueden imponerles mejor sus condiciones. En los depósitos, los cuatro grandes (La Caixa, Santander, BBVA y Bankia, por este orden) controlan el 60% del ahorro y ya se está viendo que han bajado su remuneración, mientras la suben los bancos pequeños y online. En cuanto a los créditos, los cuatro grandes (La Caixa, BBVA, Santander y Bankia, por este orden en el ranking) controlan más, casi el 62% de los préstamos. Y lo peor es que hay 7 provincias donde el control de alguna entidad supera el 40%, con lo que los clientes tienen más difícil negociar: son Segovia, Ávila, Guadalajara, Huelva, Orense  Tenerife, más Ceuta y Melilla, según Funcas. La banca se defiende diciendo que en España hay mucha competencia entre los bancos (Santander acaba de sacar un depósito al 1,75% en Cataluña para competir con la Caixa y BBVA) y que la competencia será mayor cuando entre en vigor  la Unión Bancaria europea. Pero no será hasta 2024.

Entre tanto, la banca española (más concentrada), ha pasado el examen europeo de los test de estrés (capital y solvencia suficientes) y ha vuelto a tener beneficios, en 2013 (+7.274 millones frente a -2.825 de pérdidas en 2012, mientras la gran banca cuadruplicó beneficios) y en 2014: en el primer semestre ganaron 6,363 millones, un 19,5% más que en 2013 y el doble que en 2012. Y los expertos estiman que ganarán otro 15% más en 2015 (+16.000 millones). Todo ello gracias a las cuantiosas ayudas públicas recibidas (141.395 millones sólo entre 2007 y 2012, según el informe de la CNMC, a falta de sumar las de 2013 y 2014) y al recorte que han hecho en sucursales y plantillas: desde 2009, han cerrado 12.768 sucursales (el 27,9%) y han suprimido el 30% de empleos (60.416 hasta 2013). Y siguen recortando: la banca es el único sector (con la agricultura) que pierde empleo en 2014: -8.240 cotizantes hasta noviembre. Sin olvidar nuestra “ayuda” como clientes: cobrar menos por el ahorro y pagar comisiones por todo, sobre todo por Fondos, Bolsa, Planes y seguros.

La banca española es más grande y está más saneada, pero de momento sigue sin dar créditos. Los préstamos a empresas siguen cayendo y se recuperan algo (desde la primavera) las hipotecas que dan a las familias, aunque todavía son pocas (18.000 al mes frente a 120.000 mensuales en 2007) y sólo para clientes con trabajo fijo y más de 50.000 euros de ingresos. El problema ahora no es que los bancos tengan poca liquidez (el BCE les asegura dinero barato para prestar) sino que no hay demanda solvente: hay pocas empresas y particulares a los que prestar sin riesgo (están muy endeudados y les caen las ventas y los salarios). Y encima, la nueva normativa bancaria les exige más capital si dan más créditos: el BCE quiere evitar más “sustos”, pero con tanta exigencia tapona el crédito.

El gran reto de la banca española es mejorar su rentabilidad, que ha bajado mucho con la crisis: si antes ganaban el 15% sobre los activos que manejaban, ahora es del 6%, por la caída de los tipos y del negocio. Para mejorar su margen, tienen que aumentar su negocio y eso pasa porque empresas y familias vayan mejor, algo difícil mientras Europa y España no crezcan más (ahora, el 0,5%). El segundo reto, a medio plazo, es reconvertirse tecnológicamente para competir con los gigantes de Internet, sobre todo Google, Apple, Amazon y quizás Twitter y Facebook, que están empezando a ofrecer servicios financieros (tarjetas y préstamos). Y el tercer reto, el fundamental, es mejorar su imagen: “la banca corre el riesgo de perecer si no recupera la confianza del cliente”, ha dicho con toda crudeza el presidente de la patronal bancaria AEB, quien proponemostrar al público las bondades del negocio bancario” (sic). Quizás por ello, los dos grandes bancos se han hecho accionistas del Grupo Prisa (El País, la SER): Santander es el tercer mayor accionista (5,38%) y La Caixa tiene el 5,34%. Y Rodrigo Echenique, vicepresidente y miembro del Consejo de Administración del Santander, preside desde abril el Grupo Vocento (diario ABC) y podría pilotar su fusión con el periódico El Mundo.

No es comprando medios como la banca mejorará su imagen. Hace falta que vuelva a su negocio (prestar), a implicarse más en la economía, financiando la nueva industria y los sectores de futuro, además de a pymes y familias. Y sobre todo, poner controles internos rigurosos para evitar en el futuro más especulación y más sorpresas como las de Bankia. Y además, deben estar bien controlados y supervisados desde fuera. Y el Gobierno y el BCE deberían evitar que sean cada vez más grandes, como ha pasado en España, lo que no beneficia a sus clientes ni a salvarles si hiciera falta (sería mucho más caro). El test va a ser la venta de Bankia.

lunes, 15 de diciembre de 2014

Más armas, aviones y barcos para Defensa


Pasó desapercibido, pero el Gobierno aprobó el 5 de diciembre un gasto militar extra (al margen del Presupuesto) de 4.000 millones de euros, para comprar misiles, armas, aviones y barcos para Defensa. El día anterior, Rajoy había regateado con los sindicatos por dar 20 euros más a los parados, lo que impidió el acuerdo: eran 48 millones de diferencia, la cuarta parte del coste de uno de los dos barcos comprados para la Armada. Lo peor es que hasta 2030, los Gobiernos tendrán que gastar otros 22.500 millones en comprar armamento (al margen de los Presupuestos), por un Plan que comprometió Aznar en 1997. Una hipoteca que contrasta con la penuria diaria del Ejército, que no tiene dinero ni para maniobras. Y un gasto que no revierte en España: 4 de cada 5 euros se lo llevan multinacionales europeas y USA. Mientras, siguen con recortes en sanidad, educación y gastos sociales y no atienden al paro ni a la pobreza. No es un problema de dinero ni del déficit: es una cuestión de prioridades.
 
enrique ortega

El Consejo de Ministros del 5 de diciembre dio luz verde a cuatro programas de compra y ampliación de pagos de material de Defensa, por valor de 3.723,3 millones de euros, al margen de los Presupuestos. El más importante, 2.266,5 millones para ampliar el presupuesto de compra de 27 aviones de transporte A-400M, comprados a la multinacional europea Airbus. El segundo contrato, 1.375 millones que se destinan al mantenimiento de los 42 aviones de combate Eurofighter 2000 comprados desde 2003 al consorcio europeo Eurofighter. El tercero son 41 millones para comprar al Ministerio de Defensa alemán el sistema de control aéreo sobrante (“Surplus”, de segunda mano) que permita hacer operativos los misiles Patriot que ya le compramos a Alemania en 2004 (por otros 60 millones de euros). Y el cuarto, 40,8 millones para la compra de cartuchos y munición para 4 años, quizás a la multinacional USA Santa Bárbara General Dynamics (ahora comprada por la noruega NAMMO).

Además, el Consejo aprobó también que el Ministerio de Industria conceda un crédito sin interés (con el dinero público) a la empresa pública Navantia para la construcción (en Cádiz y Ferrol) de dos buques de acción marítima (BAM) por valor de 333,48 millones. Ya en su día, entre 2006 y 2012, Industria prestó a Navantia 294 millones de euros en préstamos sin interés para que el astillero público construyera otros 4 barcos BAM, entregados en 2012.

En total, 4.056,7 millones para armamento y material que se gastan al margen de los Presupuestos anuales de Defensa, como los tres créditos extraordinarios ya aprobados por el Gobierno Rajoy para compras extrapresupuestarias de armamento: 883 millones en agosto de 2014, 877 millones en agosto de 2013 y 1.782 millones en 2012. Y lo peor es que no se ha acabado: Morenés ya ha anticipado el de 2015 y los créditos extraordinarios para pagar armamento seguirán hasta 2030. Y eso porque en 1997, el Gobierno Aznar aprobó un ambicioso Plan para modernizar las Fuerzas Armadas, los PEAS (Programas Especiales de Armamento), comprometiendo un gasto que ha ascendido a 30.000 millones de euros en la compra de 19 sistemas de armamento: fragatas, buques, submarinos, aviones de combate y transporte, helicópteros, tanques, misiles, artillería… Y para pagarlo, se inventó un “truco contable”: Industria daba un crédito sin interés (con dinero público) de 14.000 millones a las empresas de armamento para que fueran fabricando y Defensa les pagaría el nuevo armamento a partir de 2011.

Pero llegó la crisis y el Gobierno ZP no hizo frente a las primeras facturas, con la excusa del déficit. Y al llegar Rajoy, se encontró con esta herencia de Aznar (ver aquí otras) y aprobó el primer crédito extraordinario, para afrontar las deudas de 2010 a 2012. Y en 2013, el ministro Morenés (que viene de la industria de Defensa) se puso a renegociar los pagos de los Programas de Armamento, aprobando en agosto de 2013 un nuevo calendario: se amplía el plazo de pago (de 2025 a 2030) y a cambio se les paga más de lo que se debe (2.500 millones más), con unos nuevos plazos, donde se paga menos ahora (915,6 millones en 2014 y 873,5 en 2015) y más en el futuro (2.045 millones en 2020, frente a 1.832 antes). El que venga detrás, que arree. Y además se paga más dinero por menos material (se recibirán menos aviones, helicópteros o tanques), ya que se han actualizado (subido) precios y se ha incluido el mantenimiento (no estaba en los PEAS originales).

Al final, es una hipoteca pendiente de pagar hasta 2030 de 22.500 millones de euros (un pago anual medio de 1.320 millones), que saldrán de créditos extraordinarios al margen del Presupuesto de Defensa, que apenas da para pagar al personal (75% gasto para 79.000 militares) y su funcionamiento diario: unidades, tanques, barcos y aviones funcionan a un tercio de su capacidad por falta de dinero para combustible y maniobras. Por eso, Defensa utiliza las maniobras en el extranjero para mantener operativos hombres y armamento: el dinero para operaciones en el exterior sale de una cuenta de Hacienda, no de Defensa. De ahí que el ministro Morenés ofreciera su ayuda a la OTAN en la última cumbre de Gales (septiembre 2014), aceptándosela: 4 cazas para controlar el espacio aéreo de los países bálticos, una fragata en el Mar Negro, un batallón mecanizado y los misiles Patriot para Turquía (que, como no estaban operativos, han obligado a comprar ahora el material que faltaba…).

En resumen: estamos comprometidos a gastar una millonada en armamento (una parte del material comprometido entre 1997 y 2004 se ha quedado obsoleto) mientras tenemos una Defensa de Gila, donde muchas unidades, pilotos o barcos no pueden entrenar porque no hay fondos. Urge racionalizar este gasto, renegociando las compras, tras una auditoría, como han pedido en noviembre en el Congreso UPyD, PSOE, IU y CiU, aunque se rechazó con los votos únicos del PP. Y en paralelo, racionalizar la política de Defensa, para configurar un Ejército más pequeño (sobran 20.000 efectivos, sobre todo entre los 45.000 mandos) y más operativo, basado menos en Tierra y más en Marina y Aire (que juntos gastan menos que el Ejército de Tierra), con unidades más pequeñas, de intervención inmediata y pensadas en las nuevas amenazas (ciberdefensa, terrorismo internacional, crimen organizado, catástrofes naturales, seguridad líneas de suministros y participación en conflictos exteriores). Y para todo eso, hace falta otro Ejército con otras armas, no las que compró Aznar en 1997.

En paralelo está el tema de las industrias de Defensa, que Europa apoya al máximo  por su componente tecnológico y de empleo. Tal es así que en la Cumbre europea de diciembre 2013, el lobby de la industria del armamento consiguió que los jefes de Gobierno de los 28 aprobaran que la industria armamentística europea pudiera acceder a fondos públicos europeos, a los 70.000 millones de euros del Programa Horizonte 2020. Algo que interesa mucho a Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, que tienen una potente industria de armamento. Pero menos a España, donde los grandes contratos se los llevan multinacionales europeas y norteamericanas: aviones de combate para Programa Eurofighter (Reino Unido, Italia, Alemania y un 14% España, con CASA), avión de transporte A-400 M para el Grupo Airbus (Francia, Alemania y un 4% España con CASA), tanques Leopard y Pizarro más munición para Santa Bárbara General Dynamics (multinacional USA vendida en 2013 a la multinacional noruega NAMMO). Sólo los submarinos S-80, los buques BAM y las fragatas F-100 se fabrican 100% en España, en los astilleros de Navantia.

Con ello, el balance es que sólo 1 de cada 5 euros invertidos por España en armamento implican empleo y negocio en España. Algo que contrasta con lo que hacen otros países, con una potente industria nacional de armamento: en Francia, ninguno de los 216 contratos de la Defensa ha ido a una empresa extranjera, en Alemania 1 de 162 contratos, en Italia 2 de 196 y en Reino Unido, 16 de 45 contratos, según un informe de la Comisión Europea presentado a la Cumbre de 2013. Así que no sólo gastamos demasiado (dada la crisis y el déficit) en armamento desfasado sino que gastamos mal, sin exigir más contrapartidas tecnológicas y de empleo.

Y todo ello, en un contexto de recortes, donde el Gobierno Rajoy ha reducido en 33.000 millones el gasto en educación, sanidad, dependencia, servicios sociales, investigación e inversiones públicas, (más sueldos y empleos públicos), mientras lleva ya  invertidos 7.598 millones en material de Defensa entre 2012 y 2014, al margen de los Presupuestos. Y ahora regatea por dar un subsidio de 426 euros durante sólo 6 meses  a 400.000 parados de larga duración que lleven más de medio año sin cobrar, cuando hay 2.899.645 parados EPA (el 53,5% de los parados estimados) que no cobran nada. Y sigue sin luchar contra la pobreza, que afecta a uno de cada cuatro españoles, con 3 millones de ciudadanos en pobreza extrema, según Cáritas. Recordarlo cuando hablamos de que el Gobierno Rajoy aprueba (entre el silencio de los medios) 4.000 millones de euros más para armamento no es hacer demagogia. Es recordar que la política es una cuestión de prioridades. Y ellos tienen claras las suyas.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Cambio Climático: se acaba el tiempo para actuar


Esta semana, 196 países buscan en Lima un preacuerdo para poder firmar en París (diciembre 2015) un acuerdo mundial para reducir las emisiones de CO2 que provocan el cambio climático. No será fácil, porque países emisores y empresas se resisten en invertir para ahorrar energía y huir del petróleo, carbón y gas, consumiendo energías limpias. Pero los científicos han dado la voz de alarma: o se toman medidas ya o luchar contra el calentamiento del Planeta será más costoso y difícil. El acuerdo está más cerca, después que Europa, EEUU y China hayan acordado planes de recorte de emisiones, pero hay que concretarlos, como el Fondo verde para ayudar a los países en desarrollo (al que España aportará una cantidad ridícula). Salvar el Planeta será costoso (más impuestos verdes, luz y energía más caras), pero no hacerlo costaría mucho más al mundo, en desastres naturales, salud, cosechas y destrucción de ecosistemas. Es el gran desafío del siglo.
enrique ortega

Los científicos acaban de dar la voz de alerta: las evidencias del cambio climático son indiscutibles, está causado por el hombre y se acaba el tiempo para tomar medidas efectivas, según el 5º Informe de evaluación del IPPC, un grupo de 830 expertos (13 españoles) creado por la ONU. Sus conclusiones son demoledoras. Primera: “la atmósfera y los océanos se han calentado, los volúmenes de nieve y hielo han disminuido, el nivel del mar se ha elevado y las concentraciones de CO2 han aumentado a niveles sin precedentes desde hace por lo menos 800.000 años”. Segunda: la culpa es del hombre, por sus emisiones de gases de efecto invernadero emitidas al consumir energía en industrias, transporte, vivienda, agricultura y servicios. Tercera: los países pobres (los que menos emiten CO2) son los que más están sufriendo y van a sufrir el cambio climático. Y cuarta: todavía hay salida, si se toman medidas a nivel mundial para reducir las emisiones. Pero se está acabando el tiempo: si se quiere evitar que la temperatura del Planeta suba más de 2 grados a finales de siglo, hay que reducir las emisiones mundiales de CO2 entre un 40% y un 70% entre 2010 y 2050. Y reducirlas hasta un nivel cero o negativo para el año 2100.

Es el reto lanzado por los científicos al mundo y a los políticos. Un informe que planea sobre la Cumbre del Clima que se celebra esta semana en Lima, donde políticos de 196 países y más de 1.000 expertos buscan un preacuerdo para renovar el Protocolo de Kioto, firmado en 1997 y que está en vigor hasta 2020: 38 países desarrollados (toda la UE) se comprometieron a reducir un 5,2% sus emisiones entre 2008 y 2012 (ampliado luego hasta 2020), pero no lo ratificaron los principales emisores, como EEUU, China, India, Japón o, Rusia. Ahora se busca un acuerdo mundial de recorte de emisiones a partir de 2020, que sea vinculante para todos los países y que se intentará firmar en la Cumbre del Clima de  París, en diciembre de 2015.

El acuerdo parece ahora más fácil, después de que los tres principales emisores de CO2 hayan anunciado planes para recortarlas. Primero fue Europa (15% emisiones mundiales) quien  aprobó en octubre un acuerdo unánime de los 28 países UE para recortar sus emisiones de CO2 en un 40% para 2030 (sobre las de 1.990). Y luego, en noviembre, China (29% emisiones mundiales) y EEUU (16%) anunciaban sendos planes: Obama se comprometía a reducir sus emisiones entre un 26 y un 28% para 2030 (respecto a 2005) y China prometía reducir sus emisiones a partir de 2030 y aumentar el peso de las energías renovables. Un gran avance, aunque se considera todavía poco concreto e insuficiente, ya que el esfuerzo de EEUU y China es menor al de Europa, líder en la lucha contra el cambio climático. Y además, Obama tendrá problemas para ponerlo en marcha, porque los republicanos (que dominan ambas Cámaras) no están por el recorte de emisiones (creen que “hundiría la economía”).

Con todo, es un gran avance que los tres grandes bloques emisores (responsables del 60% del CO2 mundial) prometan medidas. Ahora falta que lo hagan el resto, sobre todo India (7% emisiones mundiales), Rusia (5,3%) y Japón (3,75), junto a los cuatro grandes emisores restantes, Corea del sur (1,8%), Irán (1,8%), Arabia Saudí (1,5) y Canadá (1,5%), lo que abarcaría el 82,6% de las emisiones mundiales de CO2. El resto corresponde a países pobres y en desarrollo, que ahora consumen poca energía pero que aumentarán mucho sus emisiones en las próximas décadas si no se toman medidas. Y para ello, piden ayudas a los países desarrollados, que se concretaron en la creación de un Fondo Verde (en 1999) dotado con  100.000 millones de dólares al año, dinero que no se ha concretado hasta ahora, en noviembre de 2014, con sólo 9.600 millones de dólares prometidos (y aún no desembolsados)por 22 países: EEUU ha comprometido un tercio (3.000 millones), Japón 1.500, Reino Unido 1.100, Alemania 1.000, Italia 313 y España 150 millones de dólares, una cantidad ridícula para nuestro peso económico (3 dólares por habitante, frente a 12$ por habitante de media en la UE y 9,5$ en USA).

Las intenciones están ahí, pero ahora falta definir los acuerdos y concretar los planes y las inversiones, lo más difícil, porque va a exigir un gran esfuerzo a los países (Presupuestos), a las empresas (sobre todo a las 90 grandes multinacionales que son responsables de dos tercios de las emisiones de CO2) y a los ciudadanos, que vamos a acabar pagándolo, en forma de impuestos (los de siempre y nuevos “impuestos verdes”) y mayores precios de una energía más ”verde” (sobre todo de la luz). La inversión para reducir emisiones y hacer la transición a una economía energéticamente sostenible es elevada pero asumible, según el último informe de la ONU (PNUMA): exige invertir 1,3 billones de dólares al año hasta el año 2050, un 2% del PIB mundial, en 10 sectores clave: energía, industria, agricultura, construcción, pesca, bosques, turismo, agua y gestión de residuos.

Pero además de un gran esfuerzo inversor, la lucha contra el cambio climático supone también una gran oportunidad para la economía, como refleja el estudio Stern de una Comisión independiente encargado por la ONU: se abre un gran futuro a múltiples industrias de energías alternativas, ahorro y eficiencia energética, que supondrán más actividad y empleo en el mundo las próximas décadas (Europa estima que pueden crearse 20 millones de empleos en la “economía verde” de la UE-28 sólo hasta 2020).

Luchar contra el cambio climático será costoso, pero no hacerlo costaría mucho más. Los científicos ya han estimado que si no se toman medidas efectivas, la temperatura de la Tierra podría subir hasta 4,8 grados este siglo. Y eso provocaría numerosos desastres naturales (sequías, inundaciones e incendios), que dañarían las cosechas, aumentarían la mortalidad y los desplazamientos de poblaciones (ya en 2013 hubo 22 millones de desplazados por desastres naturales, el triple que por conflictos armados), además de provocar una subida de los mares (hasta 82 centímetros), aumento de su temperatura y acidificación, dañando los ecosistemas, el turismo  y la vida en el litoral. Todas estas consecuencias negativas se notarían más en el sur de Europa y en España, según los expertos. Por ejemplo, el mar subiría en nuestras costas  a finales de siglo entre 60 y 72 centímetros (80 cm. en Canarias), provocando retrocesos de las playas (entre 20 y 40 metros) y afectando seriamente la vida y los negocios (turismo) de los 15 millones de españoles que viven en la costa.

Parece evidente que es mejor tratar de evitarlo, aunque sea costoso. Eso pasa por ahorrar energía y huir lo más posible del petróleo, el carbón y el gas, en el transporte (responsable del 40% de las emisiones de CO2 en España), en la agricultura, los servicios y la vivienda (responsables de otro 25% de emisiones) y en las empresas (emiten el 35% restante del CO2), la mitad las eléctricas (51% emisiones industriales), seguidas de las refinerías y petroleras (11%), las cementeras (9%), la siderurgia (8%) y el resto de industrias. España tiene que hacer un esfuerzo mayor que el resto de Europa, porque somos el país europeo donde más han crecido las emisiones de CO2 desde 1990 (un +23,68% hasta 2012, frente al +15% objetivo). Y lo peor no es sólo que España no cumple ahora con el Protocolo de Kioto sino que tampoco lo cumplirá al final del plazo, en 2020: sólo rebajará las emisiones un -2,5% frente al -10% de objetivo (sobre 2005), según un informe de junio de la Comisión Europea. Y mucho de eso se debe a los recortes a las renovables y a las políticas de ahorro energético del Gobierno Rajoy.

Se acaba el tiempo y hay que actuar ya y con decisión contra el cambio climático. A nivel mundial, más en España y cada uno de nosotros, cambiando los hábitos de vida y tratando de ahorrar energía (en casa, con el coche, en el trabajo) y de apoyar las energías renovables. Es un esfuerzo que merecerá la pena, porque ayudaremos a salvar el Planeta. No es una obsesión de ecologistas: la alerta de los científicos sobre las emisiones de CO2 es muy real y los riesgos del cambio climático son muy graves. Hay que mentalizarse de una vez y exigir medidas urgentes y eficaces, aunque sean costosas. Es el mayor desafío del mundo en este siglo.