miércoles, 7 de noviembre de 2012

Suben los alimentos, cae el campo


Cuando vayamos al supermercado, notaremos que han subido los alimentos, sobre todo el pan, las pastas, los huevos, la leche, el aceite, las carnes y el pescado. Y eso, porque están subiendo los alimentos en el mundo y por la sequía en España, que ha reducido cosechas y producciones  a unos agricultores y ganaderos asfixiados por la subida de los piensos, el gasóleo, la luz y los fertilizantes. Al final, nosotros pagaremos más por los alimentos, muchos de ellos importados, pero la subida apenas llegará al campo español y se quedará en los intermediarios, que se llevan las tres cuartas partes de los precios. Con ello, seguirá el abandono del campo (se produce la mitad que hace 10 años, tras los recortes de Bruselas) y dependeremos más de los alimentos importados. Y comer será cada vez más caro.

Las alarmas saltaron en septiembre en los países en desarrollo, al ver como subían los precios de los alimentos básicos (cereales, maíz, soja, arroz), entre un 20 y un 40% desde enero. Temían que se repitieran las grandes subidas de 2007-2008, que llevaron a 70 millones de personas a la pobreza extrema y provocaron graves tensiones políticas (la primavera árabe). Por eso, se reunió de urgencia el G-20, aunque el último informe del FMI reduce la gravedad, asegurando que esta subida no es tan preocupante porque no se acompaña como entonces de una crisis energética, que hizo subir los biocombustibles (producidos con maíz o caña de azúcar), limitados ahora por Bruselas.

En cualquier caso, el hecho es que los cereales, carnes y pescados están subiendo en el mercado mundial, por tres razones. Una coyuntural, la sequía en Estados Unidos, la mayor desde 1.956 (que ha reducido un tercio la cosecha de maíz y soja), y en Rusia y Ucrania, que  ha recortado su producción de cereales (trigo y maíz). Y dos estructurales: la especulación sobre los alimentos (con tipos bajos y escasa inversión, hay mucha liquidez que va a futuros y opciones sobre alimentos, como un valor más para jugar a la Bolsa) y la demanda creciente de los países en desarrollo, que crecen y quieren comer cada vez más y mejor. De hecho, la FAO señala que los alimentos van a seguir subiendo porque la producción tendría que aumentar un 70% hasta 2050 (algo difícil) para satisfacer la creciente demanda mundial.

En España, estas subidas internacionales (que se agravarán con los efectos del huracán Sandy) son la puntilla a un campo que ha sufrido en el último año la peor climatología posible: sequía (el invierno y la primavera fueron los más secos desde 1938), heladas en febrero, pedrisco en mayo-julio y calor extremo en agosto. Con ello, han caído drásticamente las cosechas y han subido los piensos (+40% desde enero), además del gasóleo, la luz y los fertilizantes. Y agricultores y ganaderos no han podido subir  apenas precios (sólo los huevos han subido un 18,7%), por la presión de las industrias y los grandes distribuidores, que han aumentado las importaciones de alimentos para contener precios.

El eslabón más débil son los ganaderos, sobre todo los de la leche, un producto escaparate en los supermercados, lo que lleva a tirar precios. El Gobierno aprobó desde el 3 de octubre la obligación de un contrato entre ganaderos e industrias, para evitar abusos, pero algunas organizaciones denuncian que se sigue pagando por debajo de coste: 0,29 euros/litro, cuando producirla cuesta  0,35 (y la pagamos por encima de 0,65 € /litro). El resultado es el abandono de muchas explotaciones lecheras, tras el drástico recorte de los últimos años (de 124.000 en1995 a sólo 21.000 ahora), mientras nos inundan de leche europea.

Otro producto escaparate para los supermercados son los huevos, donde la nueva normativa europea (“de bienestar animal”) obliga a los avicultores, desde el 31 de julio, a disponer de más espacio y mejoras en las granjas, lo que ha provocado reducir las gallinas un 22%, cierres de granjas y subidas de precios, así como más importaciones de huevo en polvo para la industria (de Brasil o India), sin tantas garantías. Y en enero de 2013, esa normativa se aplicará a las granjas de cerdos (subirán los precios).

La leche o los huevos reflejan lo que pasa con los alimentos: suben los costes en origen pero agricultores y ganaderos no pueden subir tanto los precios a los distribuidores, por la presión de las importaciones a bajo precio (y menos calidad) y porque no tienen poder frente a los grandes compradores (distribuidores de marcas blancas, industrias y grandes supermercados) : cuatro operadores controlan el 60% de las ventas, según alertó en 2011 la Comisión Nacional de la Competencia . Y al final, nosotros pagamos mucho más al comprar, porque en el camino del productor al consumidor suben hasta cuatro veces y más los precios, según el observatorio de precios IPOD (ver listado por alimentos).

Antes o después, las subidas de los precios internacionales de cereales, carnes y pescados, más la subida de los piensos y otros costes y el efecto de la sequía en España, se trasladarán al consumidor, con subidas en el pan, pastas, leche, huevos, carnes, pescados y aceites, sobre todo porque el Gobierno no toma medidas efectivas para rebajar márgenes en los intermediarios, a pesar de tener la inflación en máximos.

Con ello, seguirá subiendo la cesta de la compra y en paralelo, seguirá cayendo el campo, que sufre una doble crisis. Ya se han reducido a la mitad en los últimos 10 años las producciones agrícolas y ganaderas (Galicia, por ejemplo ha perdido el 65% de sus granjas lecheras), empujadas por los recortes de Bruselas, que prefiere importar alimentos a mantener subvenciones a los agricultores europeos (se llevan el 40% del Presupuesto y las quiere recortar para 2014-2020, lo que afectará sobre todo a Francia y a España). Y con ello, caerán más las rentas agrarias (están por debajo del año 2000, con la mitad de ingresos que en las ciudades), el campo se despoblará más, no habrá relevo generacional (uno de cada tres agricultores tiene más de 65 años) y tendremos que comer más productos importados, que crean  riqueza y empleo fuera de España. Triste panorama. En cualquier caso, comamos carne, pescado o leche española o brasileña, vietnamita o francesa, comer será cada vez más caro. Es lo que hay.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Elecciones USA: nos jugamos mucho todos


No votamos, pero en las elecciones norteamericanas del 6 de noviembre nos jugamos mucho todos, sobre todo España: si ganara Romney y aplicara recortes del gasto, provocaría una mayor recesión en el mundo, ya preocupado por la crisis del euro. Y afectaría a las inversiones allí de nuestras empresas y a las exportaciones a EEUU, nuestro sexto cliente mundial. Por no hablar del mayor riesgo de una guerra militar (otra) con Irán y una guerra comercial con China si ganan los republicanos. Victoria que envalentonaría a Merkel y a los fundamentalistas de Bruselas en sus recortes. Si gana Obama, podría reanimar la economía USA y ayudar a un mayor crecimiento mundial. Con todo, Estados Unidos tiene un problema grave de creciente desigualdad, que hace peligrar su futuro y el de todos.

Estados Unidos sale de la recesión aunque lentamente. La economía crece ahora el +2%, frente al -6,2% que caía en las elecciones de 2008. Y el FMI augura este año un crecimiento del 2,2%, el tercer año en positivo tras las caídas de 2008(-0,3%) y 2009(-3,1%, el peor dato desde 1946). Un crecimiento similar al de Japón (+2,2%), superior al de una Europa en recesión (-0,4% en 2012) pero muy por debajo del +5,3% que crecerán los países emergentes (+7,8% China, +4,9% India, +3,7% Rusia, +1,5% Brasil). Con todo, es un crecimiento todavía bajo y EEUU no crecerá por encima del 3%, como antes de la crisis, hasta 2016. Por eso, el paro seguirá alto (para ellos), por encima del 7,5%, aunque Obama lo ha bajado al 7,9% desde el 10,2 % que llegó a subir en 2009. El problema es que no se crea suficiente empleo (5,5 millones en los últimos dos años y medio). Y que sólo cobra el paro un 38% de los 14 millones de desempleados (y sólo 6 meses).

El paro es el primer problema para los norteamericanos, pero hay otro del que no son tan conscientes: la enorme desigualdad, que ha crecido con la crisis. EEUU es el país con más desigualdad de la OCDE (0,47 de coeficiente Gini, frente a 0,32 España, 0,30 la UE o 0,29 Alemania). Si hace treinta años, el 1% más rico se llevaba el 12% de las rentas, ahora se lleva el 20%. Y con la recesión, los ricos se han hecho más ricos: se llevaron el 93% de los ingresos adicionales conseguidos por el país en 2010. Los 6 herederos de Wal-Mart (supermercados) han recibido un patrimonio equivalente al del 30% de la población más pobre (93 millones de personas). El patrimonio de los hispanos ha caído un 66%, el de los negros un 53% y el de los blancos un 16%. La clase media está desapareciendo y el salario real de un trabajador es menor que hace 30 años. Los negros y las mujeres ganan el 80% que los blancos. Uno de cada seis norteamericanos está en la pobreza y uno de cada cuatro niños (el 40% de los niños negros). Y uno de cada 7 norteamericanos depende del Gobierno para alimentarse.

Esta tremenda desigualdad económica aboca a una gran fractura social: 50 millones de norteamericanos no tienen seguro médico, la esperanza de vida es menor que en España (78 años frente a 82), la mortalidad infantil (8%) es mayor que la de Cuba o Malasia(6%) y 1 de cada 100 adultos está en la cárcel (1 de cada 3 negros es condenado alguna vez).Ocho millones de familias han perdido su casa y otros 11 millones deben más al banco de lo  que vale su vivienda. Crece el abandono escolar (30% en secundaria) y los que viven con sus padres (19% entre 25 y 34 años). Sólo se  licencian a tiempo un 22 % de los universitarios y dos tercios salen con deudas de más de 25.000 dólares.

Todos son datos aportados por Joseph E. Stiglitz, premio Nobel 2001, en su reciente libro “El precio de la desigualdad”, una impresionante radiografía de EEUU hoy. Su tesis es que el 1% de los ricos se ha hecho más rico con la recesión a costa del 99% restante, gracias a una serie de factores que analiza con rigor: la desregulación financiera de Reagan, Bush y Clinton, la bajada de impuestos a los ricos y grandes empresas, el poder de los monopolios y grandes empresas para fijar precios y cobrar más al Estado, el clasismo en el acceso a la educación, la financiación de lospolíticos y sus campañas y la Justicia a favor del 1% más rico. Destaca el capítulo donde explica cómo ese 1% convence al 99% de sus tesis, defendiendo sus privilegios en debates sobre el déficit y los recortes, las hipotecas, la sanidad o las ayudas a la banca. Y lanza tres duros mensajes: la desigualdad está destruyendo la democracia ("un dólar, un voto"), la desigualdad está destruyendo el mito americano de la igualdad de oportunidades (ahora, si naces pobre, negro o hispano, no tienes futuro) y la desigualdad lastra el crecimiento y la salida de la crisis.

Por desgracia, estos temas no centran el debate electoral norteamericano, enfocado en el paro y el déficit público. La receta de Obama es seguir reanimando la economía (lo ha hecho en 2009, 2011 y en septiembre 2012, aportando liquidez y tipos al 0% hasta 2015), pero la política monetaria es insuficiente y tendrá que subir impuestos y aumentar las inversiones públicas. La receta de Romney es recortar el déficit público (8,9% PIB) y el Estado (privatizando la sanidad y las pensiones, cuya gestión privada sería más cara, según Stiglitz), y bajando impuestos (a los ricos). Precisamente, el déficit actual se debe en buena parte a la bajada de impuestos de Bush (20%), a la guerra de Irak (15%), a la prestación pública de medicamentos (1%) y a la recesión (16% por las medidas de estímulo y 48% por la menor recaudación).Por eso, Stiglitz defiende, para recortar el déficit, subir impuestos a los ricos, recortar el gasto en armamento, reestructurar las hipotecas, recortar subvenciones y ayudas injustificadas a  bancos y grandes empresas y estimular la economía con más decisión, con inversiones públicas en educación, tecnología, energía e infraestructuras.

En estas elecciones se juegan dos modelos de política económica: Obama, que apuesta por reanimar la economía desde el Estado y Romney que apuesta por recortar el Estado y apoyarse en los mercados (que nos trajeron esta crisis). Si gana Romney y recorta gastos, se resentirá el crecimiento y frenará la economía mundial, con Europa en recesión. Además, la política de recortes de Merkel y los fundamentalistas de Bruselas tomaría más aire. Y si hay recortes en EEUU, harían mucho daño a España: son nuestro sexto país cliente y nuestras empresas tienen una fuerte presencia allí en energías renovables, infraestructuras, telecomunicaciones, alta velocidad (AVE), tecnología médica, gestión del agua y alimentación.

En definitiva, que votan los norteamericanos (pocos, el 57%) pero se la juega el resto del mundo. No sólo la economía, sino el mundo que defienden: si gana Romney puede meternos en otra guerra cruenta (su mayor preocupación es” un Irán nuclear”) o comercial (con China) y en conflictos con Rusia (“el enemigo geopolítico nº 1”). Y crecería la desigualdad  y la fractura social en EEUU, algo que se ha contagiado al resto del mundo con la recesión. Crucemos los dedos y a ver si gana Obama. Por nuestro bien.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Récord de desahucios (y más en 2013)


Una de cada tres familias tiene una hipoteca y cada mes les cuesta más pagarla: hay más desempleo, más parados que no cobran nada y los que trabajan ganan menos o la inflación se come sus ingresos. Hay ya 420.000 ejecuciones de hipotecas desde 2007 y 210.000 familias han perdido su casa. Este año, los desahucios han batido récords históricos, con más de 500 diarios. Y no parece que el Código de buenas prácticas los esté frenando, porque es muy restrictivo. Los desahucios aumentarán en 2013, porque va a caer el precio de la vivienda y habrá más hipotecados que deban más de lo que vale su casa. Hay que aprovechar la reforma financiera con dinero público para renegociar hipotecas y dar un respiro a las familias, asfixiadas por las deudas. Lo han pedido incluso los jueces, que denuncian los abusos del actual sistema de deshaucios.Si no se corrigen,ademas de ser injusto, no se reanimará el consumo ni la economía.
enrique ortega

La crisis no se frena, con su secuela de más paro y menos ingresos, que además se come la inflación. Con ello, los ingresos de las familias han caído un 7% con la crisis, según el INE, unos 158 euros menos al mes. Y en consecuencia, una de cada cuatro familias retrasa pagos, entre ellos las hipotecas, sobre todo desde mediados de 2011. Y bancos y Cajas les llevan al Juzgado, iniciando expedientes de ejecución: 420.000 entre 2007 y septiembre 2012. Y la mayoría acaba en desahucio: ya son 210.000 familias las que se han visto desalojadas de sus viviendas con la crisis, según el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Y el dato podría ser mucho mayor, ya que este año se han empezado a publicar los desahucios ordenados por los Juzgados de primera instancia en las localidades donde no existen servicios comunes de notificaciones. Y son más que los desahucios de los servicios comunes. Con ello, en la primera mitad de 2012, los desahucios totales serían 94.502 (frente a 37.088 de los servicios comunes), más de 500 al día, lo que está colapsando los Juzgados (según denuncian los jueces).

El dato ha llamado la atención de la ONU, que alerta del daño social causado por las hipotecas. El récord de desahucios va a seguir, porque el proceso de embargo tarda unos dos años y ahora llegan los desalojos por impagos en 2010: faltan los de 2011, 2012 y 2013, ya que no habrá una mejora de la economía hasta 2014. El año que viene será especialmente duro porque al paro, la inflación y el recorte de ingresos se sumará un factor nuevo: la caída de los precios de la vivienda. Primero, porque en enero se quitan las ayudas fiscales a la compra y sube el IVA de la vivienda  del 4 al 10%, lo que hará bajar precios. Y segundo, porque el banco malo lanzará pisos rebajados, forzando a una baja de precios del 40 al 60% (con Bruselas se ha pactado un -52% ) .

Esta bajada de precios de la vivienda es una pésima noticia para los que tienen una hipoteca: su vivienda valdrá menos y su deuda real subirá, por la inflación. Son lo que en EEUU llaman “underwater (“con el agua al cuello”): 11 millones de familias (el 25% de los hipotecados USA) que deben más al banco de lo que vale su vivienda. En España, se estima que hay 400.000 familias con este grave problema y a medida que bajen los pisos serán más. La mitad, unos 200.000, son los que tienen ahora más papeletas para los desahucios futuros.

En marzo, el Gobierno Rajoy aprobó un Decreto para dar un respiro a los hipotecados, con un Código de buenas prácticas que han firmado voluntariamente 101 bancos y Cajas. Pero, en la práctica, no ha frenado apenas los desahucios y ha fracasado, según un informe de los jueces (CGPJ), por ser muy restrictivo: sólo se pueden acoger a él las familias donde todos sus miembros estén en paro, las hipotecas sin avales y por debajo de 200.000 euros (120.000 en ciudades con menos de 100.000 habitantes) y donde el pago suponga más del 60% de los ingresos familiares. Además, el Código no tiene efectos retroactivos, con lo que no beneficia a los 200.000 expedientes de ejecución hipotecaria pendientes. Los que no cumplan estas condiciones (el 80 % de los hipotecados, según los expertos) no podrán renegociar su hipoteca ni optar a la dación en pago (que el banco se quede con el piso y cancele la deuda). Y se siguen denunciando abusos de bancos y Cajas, que se quedan con los pisos embargados en subasta por el 50% del valor y le exigen al hipotecado  sin casa que les pague el resto de la deuda.

Los propios jueces han denunciado los abusos del actual sistema de desahucios, creado en 1909 y que creen da "una importante ventaja" a la banca sobre el deudor. Una comisión de 7 magistrados del CGPJ propone una bateria de 18 medidas legales para proteger a las familias del desahucio en caso de desgracias familiares, paro, accidentes o enfermedad, facultando al juez para que pueda aplazar pagos, ampliar plazos, reducir tipos o fijar quitas de la deuda. Y defienden en algunas circunstancias la dación en pago (cancelación de la hipoteca con la entrega del piso, como se hace en EEUU y Reino Unido).

Con año y medio más de crisis por delante, los expertos señalan que un 25% de las hipotecas son vulnerables y pueden acabar en impagos (y en desahucios). Por eso, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha recogido más de 400.000 firmas para pedir en el Congreso la dación en pago  con efecto retroactivo y que se paralicen los desahucios cuando sea la vivienda habitual y se cambien por un alquiler por cinco años donde paguen el 30% de sus ingresos.

Pero habría que ir más allá: se debería aprovechar la reforma financiera aprobada, con dinero público y de los contribuyentes, para dar un respiro a los hipotecados, sobre todo a los que se han quedado sin trabajo y sin ingresos. Se trataría de renegociar tipos y plazos y hacer quitas de capital, para ayudarles a pagar la hipoteca. Y en vez de dedicar incentivos y recursos públicos al banco malo, para que vendan pisos a precio de saldo (con ganancia de especuladores y “fondos buitres”), se podría incentivar la creación con  los pisos embargados de un parque de viviendas en alquiler, retrasando la salida de estos pisos al mercado a una mejor coyuntura, en la que haya demanda y crédito (ahora, los pisos no se venden ni tirando precios y las hipotecas llevan 28 meses cayendo). El problema es Bruselas y su rescate, que acepten aliviar a los hipotecados. Y se teme que el FROB agilice la ejecución de hipotecas en los bancos nacionalizados (Bankia, NovaCaixaGalicia, Catalunya Caixa y Banco de Valencia).


El mayor problema de la economía española no es el déficit público sino es el altísimo endeudamiento de familias y empresas, que sólo se ha reducido un 2% con la crisis. Dar un alivio de verdad a los hipotecados, suavizando sus pagos a bancos saneados con dinero público, supondría una mejora del consumo  de las familias y un alivio para los bancos, que no quieren ser inmobiliarias. Habría más crédito y más inversión, más crecimiento y más empleo. Asfixiando a los hipotecados no gana nadie. No podemos dejarles en la calle.

domingo, 28 de octubre de 2012

Hay que poner a España a trabajar


El paro ha vuelto a batir todos los récords, camino de los 6 millones. Una cifra que ya ni siquiera nos sorprende, aunque sea el primer problema para una de cada dos familias. El Gobierno sigue obsesionado con el déficit público, no con el desempleo. Así nos va: más recortes, más recesión y al final, no se recorta el déficit y sí aumenta el paro. Y los parados no salen del agujero: 2,5 millones llevan más de un año sin trabajo y la mitad no cobra nada. Un drama que también afecta a los que trabajan, porque el alto desempleo rebaja sus sueldos y condiciones laborales. Y a los pensionistas, porque hay menos cotizando para pagarles. Hay que cambiar de política, reanimar la economía y crear empleo. Aquí planteo algunas medidas concretas para reducir el paro. Hay que poner a España a trabajar.

Lo grave no es sólo que el paro en España haya batido todos los récords, con 5.778.100 parados estimados  en septiembre por la EPA (Encuesta de Población Activa), uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar (25,02%), más del doble que en la eurozona (11,4%). Lo peor es que detrás de esa cifra hay cinco datos escalofriantes. El primero: en 1,73 millones de hogares, todos están parados. Segundo: hay 2,57 millones de parados registrados que llevan sin trabajo más de un año (de ellos, 1,6 millones llevan más de 2 años), destacando el paro de larga duración (más del 30% de los parados) en Canarias, Murcia, Comunidad Valenciana y Aragón.  Tercero: el paro se ceba en los jóvenes (52% parados), mujeres y mayores de 55 años (se ha cuadruplicado desde 2007). Cuarto: hay 16 provincias y cinco autonomías con más del 30% de paro: Andalucía (35,4%), Canarias (33,6%), Extremadura (32,6%), Ceuta (41%) y Melilla (30,5%). Y quinto, casi la mitad de los parados no cobran nada: son ya 2.817.840, un 48,77% de los parados EPA. Y en cinco autonomías hay más parados que no cobran que los que cobran: Murcia (59,4% no cobran), Ceuta (59,3%),  Baleares (58,6%), Canarias (53,4%) y Comunidad Valenciana (52,7%).

Lo malo es que el paro va a seguir creciendo, empujado por la recesión (en 2012 y 2013) y por los recortes en el sector público: se han perdido 214.000 empleos públicos en el último año y habrá más despidos en empresas públicas, autonomías (Valencia anuncia que despedirá a 3.000 empleados públicos) y  Ayuntamientos en los próximos meses. También ayuda la reforma laboral, que ha aumentado un 53% los ERE. El Gobierno espera que el paro se estanque en el 24,3% en 2013, pero el FMI acaba de subir su previsión al 25,1%. Y estiman que no se empezará a crear significativamente empleo hasta 2018.

El Gobierno sigue obsesionado con recortar el déficit, aunque con los recortes esté agravando el paro, que es el primer problema para el 79,3% de los españoles, según el CIS. El desempleo es un grave problema para todos. Para los parados, porque se ven en un pozo del que no salen: las estadísticas demuestran que sus posibilidades de encontrar empleo son cada vez menores: sólo un 8,6% de los parados registrados lo encuentran (en 2011 eran el 15% y en 2007 el 30%). Para los que trabajan, porque el alto desempleo tira a la baja de sus salarios y empeora sus condiciones laborales y sus posibilidades de ser cambiado por otro más barato (22.000 demandantes para 300 empleos en Seat). Para los pensionistas, porque hay menos cotizantes que paguen sus pensiones (1,9 por cada jubilado). Y para todos, porque hay menos contribuyentes pagando impuestos y eso pone en peligro la educación, la sanidad y los servicios públicos.

La clave para todo es crear empleo. ¿Cómo? Haciendo otra política, abandonando el camino de los recortes, en el que llevamos casi 1.000 días de mal en peor, incluso sin recortar apenas el déficit público. Hay que reanimar la economía, el consumo y la inversión, para crear empleo. Se puede. Yo propongo aquí las bases de un Plan de choque, basado en más ingresos públicos, más gasto, más inversión y más crédito. Hay que poner a España a trabajar.

Hay que empezar por renegociar el déficit con Bruselas y suavizar los recortes, como defiende ahora el FMI. Eso permitiría no tener que recortar otros 20.000 millones más entre 2012 y 2013 para cumplir lo prometido, al crecer menos de lo esperado. Además, si Merkel y los fundamentalistas de Bruselas nos ayudaran con la deuda, ahorraríamos otros 10.000 millones en pago de intereses. Y se podrían ingresar 10.000 millones más, subiendo impuestos a los que ganan más de 100.000 euros, a las empresas con beneficios, a la banca, a los carburantes (más bajos que en Europa) y a los que contaminan (impuestos verdes). Con ello tendríamos 40.000 millones para dedicarlos a inversiones públicas que estimulen la economía y el empleo: educación, tecnología e innovación, ayudas al turismo y a la exportación, infraestructuras, Dependencia, industria, energías renovables, pymes y autónomos. Y avales para ayudar a las empresas a conseguir créditos, forzando a prestar a bancos y Cajas que han recibido ayudas públicas.

Además, habría que poner en marcha un Plan para reducir el endeudamiento de empresas y familias, con quitas y ayudas para reducir tipos y ampliar plazos. Eso reanimaría la inversión y el consumo, ayudado por una bajada de impuestos a los que ganen menos de 25.000 euros (Italia lo ha hecho). Y habría que firmar un pacto social, entre sindicatos y patronal, para subir salarios a cambio de mejoras de productividad. Y con ayudas valientes (bajada de impuestos y cotizaciones) a las empresas que creen empleo estable.

Un Plan de choque conservador, ya que no subiría el déficit (gasta lo que se ingresa de más o no se recorta), aunque se recortaría en un plazo mayor: se rebajaría al 3% del PIB en 2016, dos años más tarde de lo prometido por el Gobierno. Un Plan que debería contar con ayudas europeas (bastarían 8.000 millones) para poner en marcha otros dos proyectos en paralelo: un Plan de empleo juvenil (tenemos el doble de paro que Europa) y un Plan de formación y reciclaje para los parados (un millón de jóvenes parados no han terminado secundaria), dirigiéndoles hacia sectores con futuro.

Invertir más en sectores con futuro, bajar impuestos a los que menos tienen para reanimar el consumo y ayudar a las empresas y a los particulares a desendeudarse  y a emprender son medidas que han surtido efecto en otras crisis, desde los años treinta y ahora en EEUU, China o Brasil. Hay que probarlas: reanimar la economía, ir por otro camino, ya que el de los recortes sólo nos ha llevado a un paro histórico. No podemos tener a casi 6 millones de personas tiradas, sin crear riqueza. Hay que poner a España a trabajar. Se puede.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Las exportaciones sufren la recesión en Europa


Las exportaciones, junto al turismo, eran de lo poco que se ha salvado de la crisis. Pero nuestras ventas al extranjero llevan varios meses renqueando, creciendo menos, por culpa de la recesión en Europa: de nuestros 7 principales clientes, cuatro están en recesión (Italia, Gran Bretaña, Portugal y Holanda) y dos estancados (Francia y Bélgica). Y si analizamos los países que más nos compran fuera de Europa, todos crecerán menos este año, salvo EEUU. Con ello, dos tercios de nuestras exportaciones se van a resentir en 2012 y España tendrá una recesión más profunda y más paro de lo que prevé el Gobierno. Y 2013 será otro año difícil para exportar, por el bajo crecimiento europeo y mundial. La puntilla son los recortes en las ayudas a la exportación, que caen un 20%. Hay que mimar la exportación, no torpedearla.
enrique ortega

Las exportaciones han pinchado en 2012, tras dos años de fuertes crecimientos (+16,8% en 2010 y +15,4% en 2011): hasta agosto, sólo han crecido un 4,1%, la cuarta parte que el año pasado en esas fechas (+18%). Ello se debe a una caída en las compras de nuestros principales clientes europeos, por la recesión: -2,2% Francia, -8,3% Portugal, -5% Italia, -3,6% Reino Unido y -1,1 % las compras globales de la zona euro. Sólo suben nuestras ventas a Alemania (+10,5%), Bélgica (+3,6%) y Holanda (+4,5%). Y tampoco ha ayudado la subida de precios de la exportación (un 2,8% anual en agosto), que llevan subiendo 33 meses.

El tropezón en las exportaciones se centra en los productos manufacturados (hierro, acero, papel y neumáticos) y en los automóviles: España exporta un 86 % de los coches que fabrica y las exportaciones caen un 11,9% (un millón menos de vehículos), por las menores matriculaciones en Europa. Y con ello, han exportado menos este año Aragón (-12,6%), Galicia (-6%) y Castilla y León (-4,6%), todas con fábricas de coches,  pero también el País Vasco (-3,1%), cuyo motor son las exportaciones (31,5% de su PIB).

Con la profunda recesión en España, lo que caen son las importaciones, las compras fuera:  -0,8% hasta agosto, que sería más si descontamos las obligadas compras de energía (la cuarta parte). Con ello, se ha reducido el agujero comercial, bajando el déficit un 23,3%, unos 7.150 millones hasta agosto. Y tenemos, por segundo año, superávit comercial con Europa: vendemos más de lo que compramos a 15 de los 27 países UE y de los 12 restantes sólo es significativo el déficit con Alemania, Holanda e Irlanda. Además, el agujero comercial se está tapando con los ingresos por turismo, con lo que 2012 será el primer año en los últimos catorce en que España consiga superávit con el exterior.

Pero este dato histórico favorable no puede ocultarnos una realidad: las exportaciones, claves para mantener muchas empresas y empleos, están flojeando y van a seguir desacelerándose en los próximos meses, sobre todo por la recesión en Europa. De nuestros 7 principales clientes europeos (54% exportaciones totales), cuatro están con crecimientos negativos en 2012 (Italia, Reino Unido, Portugal y Bélgica), y dos no crecen nada (Francia, nuestro primer cliente, y Holanda). Y el séptimo, Alemania, crecerá la tercera parte este año (0,9%). Y si vemos los otros 7 grandes clientes no comunitarios (USA, Marruecos, Turquía, Suiza, China, México y Brasil), otro 13% de nuestras exportaciones, todos van a crecer menos que el año pasado, salvo EEUU. En total, son dos tercios de nuestras exportaciones. Y el resto se verán afectadas por un menor aumento del comercio mundial.

Con ello, será difícil que las exportaciones cumplan el objetivo del Gobierno: aportar 2,5% al PIB, para contrarrestar parte de la caída de la economía interna (-4%) y que España caiga “sólo” -1,5%. Si las exportaciones van peor y aportan menos (2%, por ejemplo), eso supondría que caeríamos más este año (hasta el -2%) y habría más paro.

Lo mismo se teme para 2013: el Gobierno espera que las exportaciones aporten un 2,3% al PIB, para que la economía caiga un -0,5%, pero todo apunta a que será difícil (el FMI recorta esa aportación exterior al 1,9%), con lo que la recesión sería mayor de lo previsto, porque la economía interna seguirá muy  negativa y las exportaciones ayudarían menos.

Y eso, porque Europa, donde van el 70,7% de nuestras exportaciones, seguirá en 2013 con un crecimiento muy bajo: +0,2% en los países euro, nuestros principales clientes. Y la economía mundial apenas va a crecer, aunque el FMI espera una ligera recuperación del comercio mundial (+4,5% frente a +3,2% en 2012). Dos temas claves serán cómo se comporten los precios del petróleo (sigue inestable, por las tensiones geopolíticas) y el euro: si mejorara la crisis de la deuda en Europa (algo difícil, pero obligado), el euro se fortalecería y sería otro hándicap para nuestras empresas exportadoras, a las que están ayudando los bajos salarios.

Lo que no ayuda a nuestros exportadores son los recortes presupuestarios: los programas para promover la internacionalización de las empresas han perdido otros 100 millones para 2013 (-20,5%). Y el ICEX, la agencia estatal para promover nuestras exportaciones, reduce un 24,5% su presupuesto 2013: queda en 83 millones, menos de la tercera parte que en 2008 (264 millones) y la dotación más baja desde hace 25 años. Además, se recortan otros dos gastos que afectan mucho a la marca España: baja un 13% el presupuesto del Instituto Cervantes (que cerrará sedes en Brasil, Siria y Bulgaria) y cae a la mitad la ayuda al desarrollo, vehículo clave para favorecer ventas en muchos países. Y todo ello cuando la exportación es  el único sector que crece y mantiene empleo.

A la vista de este panorama, resulta urgente tomar medidas para compensar el frenazo en las exportaciones. Empezando por favorecer la diversificación, ganando nuevos mercados, en Latinoamérica (sólo 6,1% de nuestras exportaciones), Oriente Medio (2,8%), Asia (5,6%) y África (6,6%). También hay que incorporar nuevas empresas, sobre todo pymes, a la marea exportadora, ya que sólo 39.000 empresas (de 3,2 millones) exportan de manera regular. Para ello, deben funcionar las nuevas ayudas del nuevo Plan ICEX Next (hasta 12.700 € para ayudar a las empresas a internacionalizarse), aunque difícilmente va a cubrir el hueco dejado por el Plan Pipe (1.997-2012), suspendido porque las autonomías y las Cámaras no podían financiarlo. Pero sigue faltando financiación para exportar (no hay crédito para nada) y mayores medios en embajadas y oficinas comerciales para ayudar a los exportadores. Y se anuncia otra reforma del ICEX para enero.

Hay que mimar a la exportación, conseguir que las empresas coloquen fuera más de un tercio de sus ventas (ahora exportamos el 20% del PIB), vender más productos españoles con calidad y precio fuera de Europa. Es clave para mantener el empleo y aumentarlo. Ayúdenles.