lunes, 9 de enero de 2017

Demoler pisos sin vender : ¡qué locura!


Lo ha propuesto el presidente de los promotores-constructores de viviendas: demoler, derribar una parte de los stocks de pisos sin vender, porque no se podrán vender nunca. Y así se reanimará más el sector. Otro "rescate" que nos tocaría pagar, como el de la banca o las autopistasUna locura que no se justifica en un país donde muchas familias no tienen casa y donde el 80% de jóvenes viven con sus padres porque ni siquiera pueden alquilar. Urge dar salida a los pisos nuevos sin vender (492.314), pero no derribarlos, sino facilitar su venta y promover parques de viviendas públicas en alquiler. Mientras, la vivienda se recupera: en 2016 aumentaron las ventas, por tercer año consecutivo, aunque se venden la mitad de pisos que en 2006. Y suben ligeramente los precios, de la mano de los extranjeros. Hay ciudades como Madrid o Barcelona donde faltan viviendas y se ha relanzado la construcción. Ojo a crear una nueva burbuja, como teme el FMI. Construyan con cabeza.
 
enrique ortega

Tras 8 años de crisis (2007-2014), la vivienda se recupera, aunque lentamente y de manera desigual, según zonas y tipo de pisos. En 2016, las ventas volvieron a subir, hasta las 340.500 viviendas vendidas hasta finales de octubre, un 13,9% más que el año anterior, según los últimos datos de Estadística (INE). Eso sí, las ventas que suben son las de viviendas usadas (+18,4%), porque la venta de viviendas nuevas sigue cayendo (-2%). Y 8 de cada 10 viviendas que se venden son de segunda mano. También varían mucho las ventas por regiones: crecen más en las grandes capitales (Madrid y Barcelona), Castilla y León, Baleares y el País Vasco, seguidas de Asturias, Castilla la Mancha y Aragón, pero las ventas siguen aún bajas en Galicia, La Rioja, Extremadura, Ceuta y Melilla.

La previsión es que las ventas de viviendas acaben el año 2016 entre 410.000 (Fotocasa) y 445.000 (ServiHabitat), con un aumento de ventas superior al 15%. Sería así el tercer año consecutivo en que aumentan las ventas de pisos, desde el mínimo de 300.568 viviendas vendidas en 2013. Aunque todavía las ventas son menos de la mitad que en los años del “boom” (2004-2007) y muy alejadas del récord de 955.188 viviendas vendidas en 2006.

Las ventas de pisos se reaniman por cuatro razones. La primera y fundamental, porque han bajado los precios y mucho: un -42,2% entre 2007 y 2014, según datos de la tasadora Tinsa. Y aunque luego han subido, todavía suben lentamente: un 4,5% en 2015 y se espera otro aumento del  4,6% en 2016, tras 11 trimestres de ligeras subidas. Eso sí, las subidas varían por tipo de vivienda (sube menos la nueva) y por zonas: donde más han subido los precios en 2016 ha sido en Madrid (+7,8%) y en Barcelona (+6,6%), porque faltan ya pisos, así como en Baleares (+5,4%), Ceuta y Melilla (+3,9%), según datos de Bankinter. Y apenas suben en zonas de baja demanda o mucho stock de pisos sin vender, como Cantabria y Murcia (+0,7%), Castilla y león (+1,2%) y casi todo el Levante.

El segundo motor de las ventas de pisos son el aumento de las hipotecas que conceden los  bancos, cuya firma lleva creciendo 28 de los últimos 29 meses, con 280.000 hipotecas firmadas en 2016, un 13% más que en 2015. Se firman con un importe menor que antes de la crisis (ahora son 110.035 euros), pero con un tipo más bajo, el 3,19% en octubre, según el INE. El tercer factor que reanima la vivienda es la demanda de los inversores (sobre todo Fondos de inversión extranjeros), que compran pisos para especular y para alquilarlos, con una rentabilidad del 8,3% según el Banco de España, que no encuentran en la deuda pública ni en la Bolsa. Y también tiran de las ventas las compras de particulares extranjeros, el 13,3% de los compradores en el tercer trimestre de 2016. Por último, el cuarto motor de las ventas es la mejora de la economía: hay 1,5 millones de españoles más trabajando que en 2013, aunque la mayoría tengan contratos precarios (temporales y a tiempo parcial) y sueldos bajos, que no les permiten comprar un piso aunque sí alquilar y con ello reanimar este mercado.

Del balance de 2016 hay que rescatar otros dos datos importantes. Uno, que ha aumentado la construcción de viviendas nuevas, por primera vez desde el inicio de  la crisis: se habrán iniciado 61.984 viviendas nuevas (+31,4%) y se habrán terminado 56.552 viviendas (+25,2%), según estimaciones de ServiHabitat, rompiendo así la tendencia de ocho años (2007-2015) en que se han iniciado y terminado menos viviendas nuevas cada año. El otro dato relevante es el despegue del alquiler, cuyos precios subieron un 4% de media en 2016, la subida más alta de la serie histórica de Fotocasa.

Cara a este año 2017, los expertos apuestan por una nueva subida de ventas y precios de las viviendas. La estimación de ventas 2017 oscila entre 450.000 viviendas más (Fotocasa y Axis Corporate) y 500.000 viviendas más (ServiHabitat), una cifra de ventas similar a la de 2008 (564.464 viviendas vendidas). Lo más llamativo es que aumentará la venta de viviendas nuevas, debido a que en 2016 se han visado e iniciado muchas viviendas, vendidas sobre plano, sobre todo en Madrid, Barcelona y algunas zonas tradicionales de vacaciones. Con ello, los precios volverán a subir en 2017, entre un 2% (Tinsa) y un 4,3% (ServiHabitat).

Pero todos los expertos auguran que la vivienda se recuperará a dos velocidades, por zonas y tipos de viviendas, atendiendo a estos dos criterios: mayor o menor stock de viviendas sin vender y regiones con mayor o menor demanda según su crecimiento económico. De hecho, hay unas autonomías que son las que más han crecido en 2014 y 2015 y las que más van a crecer en 2016 y 2017, lo que facilitará que demanden más viviendas: son la Comunidad Valenciana (+11,4% de aumento del PIB regional 2014-2017), Madrid y Cataluña (+10,6%) y  Baleares (+10,4%), por encima de la media española (+10% PIB entre 2014 y 2017), según estimaciones de Funcas. Y habrá menos demanda de pisos en las autonomías que menos crecen: Cantabria (+7,9% PIB regional entre 2014 y 2017), Asturias (+8,1%), Castilla y León (+8,2%), Castilla la Mancha (+9,2%), Andalucía, Extremadura y Galicia (+9,3%).

Pero más que el mayor o menor crecimiento, pesará en las ventas el stock de viviendas que hay en cada región. En toda España hay 492.314 viviendas nuevas sin vender, un 28,4% menos que el stock que había en 2009 (687.957 viviendas), según datos de CEPCO. El  problema es que este stock está desigualmente repartido y hay zonas con pocas viviendas en stock y otras con muchas: hay 20 provincias con más stock que la media española (1.064 viviendas en stock por cada 100.000 habitantes). Las provincias con más viviendas nuevas sin vender son las grandes: Alicante (42.629 viviendas nuevas en stock), Barcelona (40.622), Madrid (38.945), Castellón (26.329), Valencia (23.917) y Murcia (23.601 viviendas).

Pero lo importante son las viviendas sin vender en relación a la población. Y aquí, el problema grave del stock de viviendas nuevas sin vender se circunscribe a 10 provincias, por este orden: Castellón (4.583 viviendas en stock por 100.000 habitantes), Toledo (3.245), La Rioja (2.916), Almería (2.853), Ciudad Real (2.463), Alicante (2.314), Teruel (2.301), Ávila (2.261), Lérida (2.260) y Soria (1.983 viviendas nuevas sin vender por 100.000 habitantes). Y enfrente hay otras 6 provincias donde no hay stock viviendas nuevas sin vender: Navarra y Cantabria (0 viviendas en stock), Cáceres (12 por 100.000 habitantes), Badajoz (48), Vizcaya (142) y Huelva (376 viviendas en stock por 100.000 habitantes).

El stock de viviendas nuevas sin vender es una “losa” que impide relanzar las ventas y los precios en las regiones más afectadas. Sobre todo porque un tercio del stock son viviendas nuevas muy difíciles de vender, según los expertos, o bien por dónde están situadas (lejos de la demanda o en zonas sin infraestructuras) o por el tipo de pisos que son (tamaño, tipo de construcción, materiales, etc.). De ahí que el presidente de los promotores constructores (APCE), Juan Antonio Gómez-Pintado, haya declarado que “en algún caso habrá que llegar a demoler viviendas, porque el ciudadano prefiere las promociones nuevas, que tienen medidas medioambientales, que están construidas con otros materiales y que están concebidas de forma distinta a las que se hicieron hace diez años”. Una locura de propuesta y un sinsentido social en un país donde hay un millón largo de familias que no pueden comprar un piso y dos millones de jóvenes que tampoco pueden alquilarlo: la prueba es que el 80,3% de los jóvenes menores de 30 años sigue viviendo con sus padres, frente al 70% en Europa, según datos recientes del Instituto de la Juventud.

El stock de viviendas nuevas sin vender es un problema para los promotores que quieren iniciar nuevas viviendas y sobre todo para la banca, que tienen unos 270.000 millones en activos inmobiliarios problemáticos, desde préstamos incobrables a promotores a suelo y viviendas (unas 65.000 los bancos y otros 70.000 la SAREB, el “banco malo” que se creó con los créditos y viviendas invendibles de las Cajas rescatadas). Este stock es una pesada losa para la recuperación de la banca y el “banco malo”, que no quieren tirar precios para vender, porque se reflejaría en sus cuentas. Pero habría que buscar una salida al problema, que no podría ser “derribar” estos pisos, como hacen los ganaderos tirando la leche o los agricultores tirando tomates cuando caen los precios por exceso de oferta. Sobre todo, porque nos cargarían a los demás “el rescate”, de una manera u otra, como pasará con las autopistas de peaje.

Hay que afrontar el stock de viviendas nuevas sin vender, pero con otra perspectiva: crear un gran parque público de vivienda, básicamente para alquiler, gestionado por autonomías y Ayuntamientos, destinado a las familias y los jóvenes que no pueden comprar ni alquilar una vivienda. Una operación que no puede suponer un negocio para bancos y propietarios de estas promociones ruinosas, sino que deben pagarse a un precio justo y en largos plazos, dado que los españoles ya hemos destinado más de 100.000 millones (entre ayudas, créditos y avales) a rescatar y salvar a los bancos y Cajas. Y después hay que gestionar muy bien este parque público, que podría tener unas 150.000 viviendas, destinadas a alquileres sociales subvencionados (de 100 a 400 euros).

En paralelo, el Gobierno y las autonomías (responsables directas de la política de vivienda) deben estar muy atentos a una posible “burbuja inmobiliaria”, asentada sobre la falta de viviendas en algunas grandes capitales (Madrid y Barcelona sobre todo) y zonas turísticas, la demanda creciente de Fondos e inversores extranjeros y los bajos tipos de interés. De hecho, esta “nueva burbuja inmobiliaria” acaba de ser denunciada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) en 8 países europeos ricos (Reino Unido, Bélgica, Holanda, Austria, Suecia, Dinamarca y Finlandia), a los que acusan de “crear una burbuja” de precios, apoyada en la falta de viviendas y los tipos históricamente bajos, que podría ser culpable en el futuro de otro “colapso mundial del mercado inmobiliario”. Parece que no aprendemos del pasado.

En resumen, la vivienda se recupera tras ocho años de crisis, pero lentamente. Y los promotores-constructores quieren afrontar el problema de las viviendas nuevas sin vender y sin salida, con el riesgo de que pidan derruirlas a costa del Presupuesto (otro “rescate, como el de la banca o las autopistas). Un problema que puede ser una oportunidad para crear de una vez un parque público de viviendas para alquilar, que resuelva el grave problema de muchas familias y jóvenes, que no tienen medios para comprar un piso ni siquiera para alquilarlo (el alquiler medio en una gran capital roza ya los 1.000 euros). Y más cuando la iniciada subida de tipos, que se agravará en 2017, va a encarecer las hipotecas y la compra de un piso. Así que toca pactar también una política de vivienda realista, que busque resolver uno de los problemas básicos de los españoles: tener dónde vivir sin hipotecar su vida.¡Qué menos!

jueves, 5 de enero de 2017

La doble batalla por la televisión de casa


Somos un país de “teleadictos”: pasamos cada día 3 horas y 49 minutos ante el televisor, 2 meses al año. Es la tercera actividad de nuestra vida, tras dormir y trabajar o estudiar. Y hay más telespectadores que internautas. Por eso, crecen las ofertas de las empresas telefónicas para que contratemos TV de pago, una nueva forma de ver televisión que ya pagan 6 millones de españoles. Un negocio boyante donde acaban de desembarcar en España los grandes del sector: Netflix, HBO y Amazon, cada uno con sus series y películas. Y mientras, sigue creciendo el negocio de la televisión en abierto, “la de siempre”, con más “telerrealidad” y menos calidad. Es la TV que ven cada día 32,6 millones de españoles adultos y cuya publicidad se reparten Mediaset (Tele5) y Atresmedia (Antena 3), un “duopolio cada vez más fuerte que se lleva el 86,4% del negocio. Cara al futuro, crecerá la TV de pago: si queremos ver televisión de calidad, cuando y como queramos, tendremos que pagarla. 
 
enrique ortega

España es el segundo país de Europa que dedica más horas cada día a ver televisión: eran 246 minutos en noviembre y se estima que 2016 cerró con una media de 229 minutos ante el televisor, 3 horas y 49 minutos, según Barlovento Comunicación, sólo por detrás del tiempo que ven TV en Italia (4 horas y 40 minutos) y por delante de Francia (3 horas y 44 minutos) y Reino Unido (3 horas y 7 minutos), según el informe IHS Markit 2015. Aunque  los españoles ven ahora 17 minutos menos de TV que en 2012, el año récord (con 246 minutos), el tiempo que pasamos ante “la caja tonta” es una barbaridad: 59 días al año, casi 2 meses. Es la 3ª actividad a la que dedicamos más tiempo, tras dormir y estudiar o trabajar. Increíble pero cierto.

Cada día, el 73,4% de los españoles mayores de 4 años ve televisión, lo que da una audiencia media diaria de 32.677.000 personas, según Barlovento Comunicación. Las mujeres ven algo más la televisión que los hombres (17% del día frente al 15%) y son más “teleadictos” los mayores de 64 años (la ven una media de 6 horas, el 24% del día) y mucho menos los jóvenes (de 13 a 24 años la ven una media de 2 horas, el 8% del día). Y hay cuatro regiones donde la gente ve más de 4 horas diarias de televisión (Cantabria, Castilla la Mancha, Extremadura y Aragón). La mayoría ve la televisión en abierto (78,6%) pero hay ya un 20,6% de telespectadores que ven la TV de pago.

Este enorme atractivo de la televisión en España  (y su baja calidad) han llevado a las empresas de telecomunicaciones (las “telecos”) a buscar una nueva vía de negocio en la TV de pago, desde que en 2013 Movistar lanzó Movistar TV a partir de Digital + (antes Canal Plus). Y la batalla comercial por este nuevo nicho de negocio se ha profundizado en 2016, con una enorme inversión de todas las telecos en compra de contenidos (fútbol, retransmisiones deportivas, series y películas) y una pelea constante por lanzar ofertas atractivas a sus clientes de teléfono e Internet, para que se “enganchen” a la TV de pago. Y así, hoy día reconocen, desde Telefónica, Vodafone y Orange, que “nuestro  producto estrella es la TV de pago”.

La TV de pago se ofrece dentro de los llamados "paquetes convergentesque ofrecen las telecos en España en los últimos años, una oferta de paquetes “cuádruples” (telefonía fija+ móvil +acceso a Internet+ datos móviles) y quíntuples (que añaden a los 4 servicios anteriores la TV de pago). Estos paquetes son algo propio de España, porque las telecos europeas no los ofrecen y sus clientes contratan los servicios por separado. Aquí, las grandes telecos se han centrado en estos paquetes, que ya tienen contratados 10,3 millones de hogares (1,3 millones más que hace un año), porque así consiguen un cliente más fiel (no cambia tanto de compañía) y sobre todo, al que puedan cobrar más: hay paquetes básicos (40% clientes) de 40 a 60 euros, otros medianos (30% clientes) de 70 a 80 euros y los Premium (20% clientes), que llegan a pagar más de 120 euros por telefonía, Internet, datos y TV casi sin límites.

Por esta vía de los paquetes convergentes llegan a la TV de pago la mayoría de los españoles. A finales de septiembre 2016 había en España 5,84 millones de personas abonadas a la TV de pago, un 9,2% más que un año antes, y 4,9 millones la tenían contratada a través de “paquetes convergentes”. Un negocio con ingresos crecientes y que ha resultado clave para que las telecos mejoren sus cuentas en 2016. De hecho, los ingresos de la TV de pago fueron de 686,1 millones en el segundo trimestre 2016 (último dato), un 33,2% más que el año anterior. Y superaron ya los ingresos por publicidad que factura la TV en abierto: 548,8 millones de euros en el tercer trimestre (+11,2%).

Este negocio de la TV de pago está dominado por Telefónica, la primera que se anticipó con Movistar TV y la posterior compra de Digital+ (antes Canal+): controla dos tercios del mercado, con 3.711.400 abonados a septiembre (ha ganado 128.000 clientes en el último año). Le sigue Vodafone, con 1.200.000 abonados, la teleco que más clientes ha ganado (300.000) por sus ofertas de fútbol, películas y series. El tercero es Orange, con 458.000 abonados a la TV de pago, seguido de Euskaltel (265.000 abonados en el País Vasco y Galicia).

El auge de la TV de pago se debe a varios factores. El primero y fundamental, que las telecos lo están vendiendo con ofertas, “por un poco más”, no como un servicio de lujo sino como un producto que se puede contratar junto al teléfono e Internet por unos euros más al mes e incluso gratis durante unos meses iniciales (cuando ya los clientes estén “pillados”, les subirán el precio). La segunda, que son contenidos atractivos, frente a una TV en abierto que apuesta cada vez más por la “telerrealidad” y los programas en directo sin interés o las producciones extranjeras de “telebasura”. El “gancho” fue primero el fútbol, luego las motos y la F1, pero ahora son las series (“Juego de tronos” y otras “de culto”) y las películas. Además, la implantación creciente de la fibra óptica ha hecho que cada vez haya más hogares que puedan acceder a emisiones de alta definición, con mucha calidad de imagen y sonido.

En esas estaban las tres grandes telecos (Telefónica, Vodafone y Orange), en vender la TV de pago a sus millones de clientes de teléfono e Internet, para facturarles más, cuando han visto llegar a unos duros competidores, varias multinacionales especializadas en la TV de pago. Primero se lanzó en 2010 Wuaki.tv (comprada en 2012 por la japonesa Rakuten), la única que ofrece un servicio híbrido: o plataforma de películas y series en streaming (6,99 euros al mes) o servicio de alquiler (1,99 euros) y compra de películas (4,99 euros.) Luego desembarcó Netflix, en octubre de 2015, con un catálogo de series, documentales y películas que ofrece por una tarifa plana de 7,99 euros al mes. Ahora ya tiene 216.000 suscriptores y llega al 1,8% de los hogares con Internet. En noviembre de 2016, llegó HBO, otro gigante con 3.000 títulos y series, que ofrece un mes gratis y luego una tarifa de 7,99 euros al mes, aunque también se puede ver su catálogo a través de Vodafone, que llegó a un acuerdo con ellos. Y el último en llegar, en diciembre de 2016, ha sido Amazon, a través de Amazon Prime Vídeo, una plataforma disponible en más de 200 paises. También ofrece series, películas y programas, por 2,99 euros los primeros 6 meses y luego 5,99 euros.

La pelea por la TV de pago se centró primero en el fútbol (es inevitable), pero ahora gira sobre las series, sobre todo en la oferta de grandes series norteamericanas “de culto”, que atraen a jóvenes y edades medias. Pero Telefónica y también HBO quieren producir series propias, porque creen que ahí estará el éxito de estas plataformas en el futuro: invertir en contenidos (Movistar ha invertido 70 millones en 2016 en 8 grandes series españolas, aprovechando todo el equipo humano y la experiencia de la antigua Canal+, ahora la productora Movistar+). En paralelo, Telefónica está trabajando en impulsar la tecnología televisiva de alta definición 4K, que estará generalizada para 2018: Movistar quiere ser también líder en esta TV de pago de alta definición y está apostando, además de por contenidos 4K, en acuerdos con los fabricantes para que sea una oportunidad para renovar el parque de aparatos de TV en España.

Entre tanto, la TV en abierto, “la de siempre”, sigue ahí y creciendo, tanto en audiencia como en publicidad, mientras languidece la prensa escrita y los medios online. Entre enero y septiembre de 2016, la publicidad en TV creció un 6,4%, facturando 1.515 millones de euros, según Infoadex. Y de ese pastel, sólo 2 grupos se llevaron el 86,4%: Mediaset (Tele 5 y 6 canales más) el 43,8% y Atresmedia (Antena 3 y 5 canales más) otro 42,6%. Con ello, este “duopolio” televisivo ha aumentado su cuota publicitaria un 0,5% (era el 85,9% en 2015). Y eso a pesar de que desde abril de 2016 hay 6 nuevos canales en abierto, que el Gobierno Rajoy adjudicó en octubre de 2015 a 13TV (Conferencia Episcopal), Ten (productora Secuoya, próxima al PP), DKiss (Kiss FM y Blas Herrero), Real Madrid TV, BeMad (Mediaset) y AtresSeries (Atresmedia). Entre todos y con los demás canales marginales (Paramount, Disney Channel, Discovery Max y Gol TV), sólo han conseguido arañar un 3,5% de publicidad, más otro 3,5% para las TV de pago y el 6,6% restante para las TV autonómicas.

Mediaset y Atresmedia son un “duopolio” que controlan la publicidad (86,4%) en un porcentaje muy superior a su audiencia (57,8% hasta noviembre 2016), gracias a su posición de dominio y a una agresiva política de precios y ofertas, que ha sido multada en varias ocasiones por la Comisión de la Competencia (CNMC). Este poder de los 2 grandes grupos audiovisuales es algo desconocido en Europa, donde los 2 mayores grupos televisivos de cada país (Francia, Alemania o Reino Unido) sólo controlan del 60 al 77% de la publicidad televisiva. Esta posición de “duopolio” permite que ambos grupos españoles, que cotizan en Bolsa, multipliquen año tras año sus beneficios: Atresmedia ganó en 2016 (de enero a septiembre) 101,5 millones, más que en todo 2015 (99,2 millones, casi el doble que los 52,5 millones de 2014) y Mediaset otros 131,8 millones de euros (un 15% más, tras ganar 166,2 millones en todo 2015, casi el triple que los 59,5 millones de 2014). “Hacemos televisión para vender publicidad”, decía en los años 90 el presidente de Tele5, sin ningún pudor. Y ahí siguen, facturando cada vez más sin importar cómo. Y con un poder tan tremendo, sobre el mercado publicitario y de contenidos, que las TV pequeñas piensan abandonar la patronal de las televisiones privadas, UTECA.

Ahora, los dos grupos que pelean por nuestra atención televisiva, las TV en abierto y las TV de pago (telecos y multinacionales), están enzarzados en una batalla por la audiencia y el pastel publicitario. De momento, va ganando la TV de pago, que es la que más crece en clientes e ingresos y la que ha cambiado la forma de ver TV: el espectador ya no se preocupa de “lo que ponen hoy” sino de lo que quiere ver, cuándo y cómo (la mitad de la TV de pago se ve en el móvil y tablets). De momento, crecen menos en publicidad, pero a medida que ganen clientes, los anunciantes les buscarán. Por eso, la patronal de la TV privada en abierto (UTECA) ya ha pedido al Gobierno que la TV de pago se rija por las mismas reglas que ellos: que paguen para sostener a TVE y al cine (las privadas en abierto pagan un canon) y que cumplan las mismas normas sobre contenidos y porcentajes de publicidad (la TV de pago no las tiene).

Y entre medias, tenemos una televisión pública, RTVE, a la que Zapatero quitó la publicidad en 2009 (para mayor beneficio de las privadas), que languidece, perdiendo audiencia (16,2% en 2016, otro -0,4% menos) y manteniendo pérdidas (500 millones de euros desde 2008, unos 10 millones perdidos en 2016), a pesar de recibir 344 millones de los Presupuestos en 2016. Una televisión pública muy tendenciosa y sin un Plan estratégico de futuro, cuya programación no se justifica como servicio público. Y lo mismo pasa con la docena de televisiones autonómicas, con poquísima audiencia a la baja (6,8% de media en 2016) y muchas pérdidas (más de 50 millones anuales), tras recibir cada año casi 1.000 millones de euros de los contribuyentes autonómicos. Eso sí, las televisiones públicas en España (TVE y las autonómicas) cuestan a los ciudadanos la mitad que las TV públicas europeas (39 euros/habitante en 2014 frente a 67 euros en la UE-28), según un estudio de la Universidad de Santiago. Y son las TV públicas europeas que más han sufrido los recortes presupuestarios entre 2010 y 2014 (-35,5% TVE y -19% las autonómicas, frente al 0% de recorte medio en la UE-28 o el 9,4% que aumentó su gasto la TV pública alemana).

Cara al futuro, todo apunta a que la TV en abierto seguirá apostando por programas baratos y de baja calidad (“telerrealidad”), con los que consigue aumentar de forma escandalosa sus beneficios gracias al “duopolio” publicitario. Y que los jóvenes y las familias con ingresos apostarán cada vez más por otra televisión de mayor calidad, con contenidos cuidados y poca publicidad, que desgraciadamente hay que pagar aparte. Una TV de pago, especializada en franjas de espectadores que buscarán sus programas, series, películas y deportes favoritos, pagando por lo que ven. Una TV a la carta, la televisión del futuro que ya está aquí y busca conquistar nuestras casas. Atentos a la pantalla.

lunes, 2 de enero de 2017

Año 2017: complicado y muy incierto


Acabamos de entrar en el 9º año de la crisis. 2017 será un año complicado, con problemas ciertos y muchas incertidumbres. Los problemas seguros son tres: subirán los tipos de interés, costará más el petróleo y bajará el euro. Y tres las incertidumbres: el Brexit, Trump y las elecciones en Francia y Alemania, que pueden trastocar la estancada Europa. Un complicado panorama internacional que afectará  mucho a España: si la mitad de lo que crecimos entre 2014 y 2016 fue por la ayuda exterior, por el  “viento de cola” de la economía mundial (bajos tipos, petróleo barato, euro débil), ahora habrá “viento de frente”, que nos restará crecimiento y empleo. Y además, un ajuste extra interno, de 16.500 millones (para rebajar el déficit), que no tuvimos en 2015 y 2016. Y la inflación (ya está en el 1,5%) subirá hasta el 2%, así que se "comerá" sueldos y pensiones. Por todo ello, 2017 será un año difícil, con menos crecimiento y empleo. Y con muchas incertidumbres políticas y económicas, de las que dependerá que sea regular o peor. A pesar de todo, ¡Feliz 2017¡
 
enrique ortega

El principal problema económico mundial para 2017 es la subida de los tipos de interés, ya iniciada y que va a continuar. El 16 de diciembre de 2016, la Reserva Federal USA subió los tipos de interés un 0,25% (al 0,50-0,75%), la segunda subida tras la aprobada en diciembre de 2015 (otro 0,25%), que rompe ocho años de dinero barato, casi al 0% de interés (0-0,25%), el precio en que estaba desde diciembre de 2008, cuando estalló virulentamente esta crisis. Ahora, la Reserva Federal anticipa tres nuevas subidas de tipos en 2017, lo que colocaría el interés en el 1,50% a finales de este nuevo año. Pero podría ser un interés más alto, superior al 2%, porque Donald Trump ha prometido aprobar un Plan de gasto de un billón de dólares (para reanimar la economía USA) y eso va a disparar la inflación norteamericana, lo que obligará a la Reserva Federal a contraatacar con tipos más altos.

Esto en EEUU, pero su política de tipos más altos afecta al resto del mundo. En Europa, el Banco Central Europeo (BCE) dice que no tocará los tipos, pero acabarán subiendo, para evitar la fuga de inversores a EEUU. De hecho, los tipos de la deuda y los créditos ya están subiendo en toda Europa. Una malísima noticia para España, porque somos uno de los paises más endeudados del mundo: debíamos 2.738.441 millones de euros (2,7 billones) a finales de septiembre de 2016, entre la Administración pública (1.107.693 millones, el 100,3% del PIB), las empresas (914.883 millones) y los particulares (715.865 millones, la mayoría en hipotecas que se van a encarecer). Esto nos hace un país muy vulnerable a la subida de tipos: cada 1% que suban supone un extracoste de 27.000 millones para España, para el Estado y las autonomías (11.000 millones), que tendrán que recortar de otros gastos para pagar más intereses, para las empresas (9.000), que tendrán menos dinero para invertir y crear empleo, y para las familias (7.000 millones), que tendrán menos para consumir. Al final, la subida de tipos se traduce en menos gasto, menos inversión y menos empleo.

Además, la subida de tipos es un jarro de agua fría para la recuperación, porque dificulta la inversión y el crédito en todo el mundo y especialmente en Europa, que apenas crece. Y es un riesgo para los paises emergentes, sobre todo en Latinoamérica, Asia y África, que están muy endeudados y que, al subir los tipos, tendrán que pagar más intereses y verán depreciarse sus monedas, lo que puede agravar su crisis y frenar la recuperación internacional.

La subida de tipos en EEUU ya está provocando una subida del dólar, porque hay muchos inversores que desvían su dinero hacia la Bolsa y la deuda norteamericana, ahora que pagan más por el dinero. Eso ya ha provocado una caída del euro, que cerró el año cambiando a 1,053 dólares (aunque llegó a caer a 1,0396 dólares el 20 de diciembre)en unos meses se podría colocar a la par con el dólar: 1x1. Esa caída del euro es una buena noticia para las empresas exportadoras, que venden mejor (los productos que se pagan con dólares más fuertes se abaratan), y también para el turismo (España es más barata para los que vienen con dólares), pero también es una mala noticia: España importa más de lo que exporta y todo lo que paguemos en dólares (como el petróleo) nos saldrá ahora más caro (y más a lo largo de 2017).

El tercer problema, junto a los tipos y la caída del euro, es la subida de los precios del petróleo, tras dos años largos en que su desplome (de 112,88 dólares barril en junio de 2014 a 27,77 dólares en enero de 2016) había sido un balón de oxígeno para el mundo. Ahora, el precio ha despuntado y cerró el año 2016 costando 56,86 dólares barril .La previsión es que alcance en 2017 los 60 dólares barril, frente a los 43 dólares de media que costó en 2016. Eso es consecuencia de un acuerdo alcanzado el 30 de noviembre en Viena entre los paises de la OPEP (que controlan un tercio de la producción mundial) para recortar la producción de crudo desde enero de 2017, en 1,2 millones de barriles día, para elevar así los precios, acuerdo al que se han sumado otros paises no OPEP, como Rusia y México. Ahora hay incluso un riesgo de que el petróleo suba por encima de los 60 dólares barril si se llega a una situación de déficit, de más consumo que producción, como vaticina la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para junio de 2017.

Si el petróleo sube un 40% y encima hay que pagarlo en dólares más caros (que lo encarecerían un 5% adicional), la factura sería otro mazazo para la economía mundial y muy especialmente para España, uno de los paises europeos más dependientes del crudo. De hecho, la rebaja del petróleo nos ahorró 14.265 millones en la factura de 2015 y otros 8.700 millones en 2016. Un “regalo” de 23.000 millones que ahora no vamos a tener y que subirá la factura del petróleo en unos 9.500 millones para 2017, lo que supone más costes para el Estado, las empresas y las familias (carburantes y luz). Menos gasto, menos inversión, menos crecimiento.

Estos tres cambios económicos ya están ahí, no son pronósticos. Eso sí, se pueden agravar más o menos (la subida de tipos y del petróleo) y eso será clave para ver cómo nos afectan finalmente. Además, existen varias incertidumbres económicas para 2017, como el comportamiento del comercio mundial (lleva dos años cayendo), la situación de China (muy endeudada y creciendo menos) y la crisis de los paises emergentes (sobre todo Latinoamérica, clave para España). Y luego hay un montón de incertidumbres políticas, que van a agravar o suavizar la situación económica en 2017. Las principales, la llegada a la presidencia USA de Donald Trump, la negociación del Brexit (salida de Reino Unido de la UE) y el resultado de las elecciones en Europa, sobre todo en Francia y Alemania.

La llegada a la presidencia del ultraconservador Donald Trump, el 20 de enero, puede agravar la situación económica internacional si cumple sólo la mitad de lo prometido. No sólo porque dispare la inflación, los tipos de interés  y el dólar, sino por su política proteccionista, de aranceles (impuestos) y trabas a los productos extranjeros, que puede afectar muy negativamente al comercio mundial y a las exportaciones, claves para España, donde un tercio del crecimiento depende de que las empresas mantengan sus ventas fuera. El proteccionismo de Trump puede afectar muy negativamente a Europa (que vende un 20% de sus exportaciones en USA) y a Latinoamérica, sobre todo a México, país clave para España (empresas y bancos).

La negociación de la salida de Reino Unido de la UE (Brexit) es también un elemento clave para toda Europa y para España en 2017, porque se juega el destino de nuestras inversiones (48.000 millones de euros) y ventas a la isla (18.231 millones en 2015, un 7,3% de todas nuestras exportaciones), además del futuro de sus turistas (1 de cada 4 turistas que vienen a España son británicos), muy afectados por la caída de la libra (perdió un 14,5% frente al euro en 2016, con lo que venir a España les resulta un 14,5% más caro).

Y luego está la incertidumbre política (y económica) derivada del abanico de elecciones que habrá en Europa en 2017: presidenciales en Francia (abril y mayo), generales en Holanda (marzo), Alemania (septiembre) y Austria (octubre), sin olvidar las de Italia (sin fecha), quizás Grecia y España, si Rajoy no consigue apoyos de la oposición para sus recortes y políticas. En todos los paises, las elecciones van a paralizar inversiones y gasto (será un año “medio perdido”), además de impedir que Europa tome medidas como continente para reanimar su estancada economía. De hecho, el Eurogrupo, con Alemania a la cabeza, torpedeó en diciembre la propuesta de la Comisión de aprobar un Plan extra de inversiones europeas de 50.000 millones (un mísero 0,5% del PIB europeo), para relanzar la economía de la UE. Y existe el riesgo de que avancen o triunfen los partidos populistas (Italia y Grecia) y de extrema derecha (Francia, Holanda, Alemania, Austria y Grecia), lo que se traduciría en más proteccionismo comercial y un retroceso del proceso de unión europea.

Todos estos factores no son buenos para la recuperación económica, ni del mundo ni de Europa ni de España, que tendrá "vientos de frente" del exterior en 2017, en vez de las ayudas (“viento de cola”) que han sido claves para crecer y crear empleo en 2015 y 2016. Pero además, a nivel interno, este año 2017 tenemos otro hándicap: el ajuste del déficit pactado con Bruselas. En los dos años anteriores, Rajoy incumplió el déficit y apenas hizo ajustes, tras los tijeretazos de 2012 a 2014: en 2015, el recorte del déficit fue sólo del 0,8% (hasta el 5% del PIB) y en  2016 será de otro 0,4% (hasta el 4,6%). Pero en 2016, el ajuste prometido es mucho mayor, de más del doble: el 1,5% del PIB, 16.500 millones, más de los 12.500 millones ajustados en los dos años anteriores. Y esto se quiere hacer recortando gastos (5.000 millones) y aumentando impuestos (7.000 millones), dos medidas que van a recortar el gasto de las familias y la inversión de las empresas, que van a recortar el crecimiento y el empleo, que se van a  sumar a los “vientos en contra” que vengan del exterior.

Y más si suben los precios, como ya se está viendo: el IPC ha acabado en diciembre en el 1,5%, según el INE, y podría llegar al 2,5% en febrero. Porque otra mala noticia de 2017 es que la inflación subirá un 1,4% de media anual, según la previsión del Gobierno, aunque el Banco de España cree que el IPC puede llegar hasta el 2% de media, por la subida del petróleo, cuando la inflación media ha sido negativa en los dos últimos años (-0,6 en 2015 y 0% en 2016). Así que "se comerá" las mínimas subidas de los salarios (+1%) y las pensiones (sólo +0,25%) , como ya ha pasado en 2016 . Y no podremos gastar más, sino menos. Otro freno más al consumo y al crecimiento.

El Gobierno ya acepta que España va a crecer menos en 2017: un 2,5% (que el FMI rebaja el 2,3%), frente a un 3/3,2% que creceremos en 2016. Eso se traduce en que se crearán menos empleos: unos 420.000 frente a 620.000 en 2016. Pero la cosa puede ir peor, porque la subida de tipos de interés y del petróleo, junto al desplome del euro, podrían restar a España un 1% de crecimiento en 2017, más otro 0,5% que reste el ajuste interno, por el déficit. Eso rebajaría el crecimiento este año al 1,7%, no al 2,5% que dicen. Y si crecemos menos, sólo se podrían crear 300.000 empleos nuevos, demasiados pocos para un país con 4.320.800 parados estimados (EPA), la mitad más de 2 años sin trabajar.

Así que las perspectivas de 2017 no son nada buenas y menos si los tipos o el petróleo suben más de lo previsto, el comercio mundial se desploma por Trump, China se constipa o Latinoamérica agrava su crisis. Por todo ello, el Gobierno Rajoy debería abandonar su política de estos años, de “esperar y ver”, que le ha ido bien porque de fuera venían “vientos de cola”. Pero ahora, si vienen “mal dadas”, debería reaccionar y pactar con la oposición una política económica para “reanimar la economía”, con más gasto necesario y más inversiones públicas, que son posibles si España recauda más. Y se puede ingresar hasta 50.000 millones más si España recauda más con el IVA, impuestos sobre carburantes y en impuestos medioambientales (como piden el FMI y la Comisión Europea), con impuestos financieros (Tasa Tobin) y, sobre todo, haciendo que paguen más los que pagan pocos impuestos: grandes empresas, las multinacionales y los más ricos.

O reanimamos desde dentro la economía española en 2017, en lugar de hacer más ajustes que en 2015 y 2016 juntos, o no podremos contrarrestar las malas noticias que vendrán de fuera. Y no podemos permitirnos crecer menos, porque tenemos el doble de paro que Europa, menor renta y mucha mayor pobreza y desigualdad. Es el año de cambiar las tijeras por el empujón a la inversión y al consumo, de apostar por el empleo. Algo que no querrá hacer Rajoy, pero que la oposición debe forzar como sea. Ojalá lo consigan. ¡Feliz 2017¡