jueves, 10 de diciembre de 2015

Los españoles prefieren pagar en metálico


Diciembre es el mes de las compras y lo chocante es que la mayoría se pagan en metálico, aunque estamos en la era de Internet: el 84% de las compras se pagan en efectivo, lo que explica que seamos el país de Europa con más cajeros. Precisamente, los bancos van cobrar desde enero 2 euros por sacar dinero en cajeros a los no clientes, una medida que muchos creen que pretende acabar con el dominio del dinero en metálico, que no gusta al Gobierno (por el fraude fiscal) ni a los bancos (es más barato manejar el dinero online). Los expertos prevén que los pagos en metálico irán a menos y ya hay países, como Suecia, donde muchas tiendas no aceptar pagar “cash”. Esperan que crezcan los pagos online y con el móvil, donde Google, Apple y nuevas empresas compiten con los bancos y las tarjetas. Parece que el dinero quedará para coleccionistas. Pero, de momento, el "cash" manda en nuestras compras.
 

enrique ortega


La historia del dinero es casi tan antigua como nuestra reciente civilización. Tras largos siglos de trueque, en el año 9.000 a.C. se empezó a pagar con sal, especias, semillas de cacao y conchas, hasta que se acuñan las primeras monedas, en el siglo VII a.C., en el reino de Lidia (hoy Turquía), del que era rey Craso. Los romanos inventaron el cheque, pero hubo que esperar hasta el siglo VII de nuestra era para asistir a la primera impresión de billetes, en China (su uso oficial empezó en el año 802), billetes que no se imprimieron en Europa hasta 1661, en Suecia. Y en España, los primeros billetes se imprimieron en 1783, con Carlos III. Un largo camino que ha llevado al dinero “en metálico” a ser el gran protagonista de nuestras compras, en todo el mundo: el 85% de las transacciones y en el 60% de su valor se realiza en dinero contante y sonante, según un reciente estudio de la consultora PwC.

Sin embargo, el uso del dinero metálico varía mucho de unos países a otros: desde utilizarse en el 99% de las compras en África al 45% de las compras en Estados Unidos, pasando por el 66% en Europa, donde también hay muchas diferencias. De hecho, el dinero se usa menos que otros medios de pago en el norte de Europa (40% en Holanda, 41% en Suecia y Francia, 44% en Bélgica y 48% en Gran Bretaña), salvo en Alemania (67% pagos son en efectivo), y más en la Europa del sur, en especial en España: aquí se utiliza en el 84% de las compras, según el estudio de MasterCard Advisors 2013, y somos el cuarto país europeo con más uso del efectivo, tras Grecia (98%), Polonia (95%) e Italia (94%).

En España, el pago en efectivo lo utilizan el 100% de los españoles, mientras sólo el 90,8% usan la tarjeta de débito, el 85% los pagos por transferencia, el 76% hacen pagos con tarjeta de crédito y el 30% de españoles pagan ya online, según una encuesta de PwC. Con estas preferencias se obtiene que el 84% de los pagos en España se hacen en metálico, el 8% por domiciliaciones y transferencias, el 7% por tarjetas y el 1% por cheques, según datos del Banco de España. Esta preferencia de los españoles por el pago en efectivo puede tener dos razones. Una, el alto fraude fiscal, los muchos pagos que se hacen “en negro” y sin pagar el IVA (España es uno de los países europeos con más “economía sumergida”, casi un 25% del PIB). Y la otra, que a los españoles les gustan menos las tarjetas (por su coste y porque muchos comercios no las aceptan todavía) y no acaban de fiarse de pagar online.

Este gusto de los españoles por pagar “a tocateja” nos lleva a ir mucho al cajero, para tener efectivo con el que pagar. España tiene la mayor red de cajeros de Europa: 50.441 cajeros en 2015, 1 cajero por cada 920 habitantes. Y se hacen 905 millones de extracciones al año (2014), una media de dos veces al mes por cada español adulto. Esta enorme “dependencia” de los españoles del efectivo y los cajeros es utilizada por la banca para conseguir ingresos extras, cobrando comisiones a los que sacan dinero y no son clientes. Hasta ahora cobraban 0,75 euros de media por extracción (si era en otro banco de una red distinta) o 0,65 euros (si era en un cajero de la misma red del banco emisor de la tarjeta). Pero en marzo de 2015, la Caixa rompió las reglas y empezó a cobrar una segunda comisión de 2 euros directamente a los no clientes que sacaban dinero en sus cajeros, medida que iban a seguir los demás bancos en otoño. Pero el Gobierno intervino y sacó en octubre  un Decreto obligando a los bancos a cobrar sólo una comisión, no dos, por sacar dinero en cajeros de otros bancos.

Ahora, los bancos están ultimando su estrategia, pero todo apunta a que empezarán a cobrar en enero una sola comisión de 2 euros (entre 1,5 y 2 euros, pero luego aplicarán el máximo) a los bancos de los no clientes que saquen dinero en sus cajeros, comisión que luego los bancos repercutirán integra o en parte a sus clientes. Todo apunta a que los que saquen dinero fuera de su banco pagarán más que ahora y que la banca ingresará unos 100 millones extras por las nuevas comisiones, salvo que el Gobierno (en campaña) lo pare antes.

En cualquier caso, muchos interpretan esta subida de comisiones como un intento de la banca por acabar con el dinero en metálico: los cajeros les reportan comisiones, pero mover dinero tiene también un alto coste para la banca. Y desde luego, es mucho más barato moverlo online, con un simple apunte informático. Al Gobierno, a cualquier Gobierno, tampoco le gusta  el dinero metálico: es una gran fuente de fraude fiscal. Por eso, tampoco verían mal una subida de la comisión de los cajeros (aunque digan lo contrario por electoralismo). Y de hecho, Rajoy ha penalizado los pagos en metálico: desde el 19 de noviembre de 2012 están prohibidos los pagos en metálico superiores a 2.500 euros de un particular a un profesional o a una empresa y entre empresas, medida que intenta frenar los pagos “en negro” y sin IVA. Hacienda pone multas del 25% de los pagos ilegales, aunque el particular infractor se puede librar de pagar la mitad de la multa si lo denuncia. Y sólo en 2014 hubo casi 5.000 denuncias.

Como vemos, los españoles seguimos agarrándonos al pago en efectivo, incluso cuando están prohibidos. Pero en el resto de Europa y del mundo, la tendencia es que el dinero en efectivo se usa cada vez menos. Y hay países, como Suecia, donde ya hay tiendas que no aceptan pagos en cash. Los expertos creen que esto pasará cada vez más y que vamos hacia un mundo sin dinero, algo que muchos expertos defienden porque reduciría los negocios ilegales (droga, prostitución, armas), la falsificación y sobre todo el fraude fiscal internacional, quitando fuerza al crimen organizado, una lacra económica que mueve ya 3 billones de dólares al año, un 22% del comercio legal, según datos del Foro Económico Mundial.

Dinero seguirá habiendo, pero menos. Y también se espera que bajen los pagos por tarjeta (inventados en 1950 por Diner´s Club, en EEUU), que han aumentado en el mundo los últimos años por el tirón de los países en desarrollo, que se están sumando a los pagos con plástico mientras caen en los países ricos, donde los pagos con tarjeta suponen el segundo medio de pago, con un peso del 9,1%, que es muy elevado en Estados Unidos (38,8% de las compras), menos en Europa (12,7%), algo más en Asia (24,8%) y muy escaso en Latinoamérica (3%) y África (1%), según un estudio de PwC.

En España, se paga con tarjetas de crédito sólo el 7% de las compras. En verano había 68,25 millones de tarjetas (43,64 millones de crédito y 24,61 millones de débito), 8,15 millones menos que en 2008, antes de la crisis, según el Banco de España. Hay menos tarjetas, pero se usan bastante: se hacen 72 compras y un gasto de 3.360 euros por segundo, 105.854 millones al año pagados con tarjeta. Pero los españoles usamos las tarjetas menos que la mayoría de europeos: 52 compras al año por persona (una a la semana, frente a 79 compras en la UE-28, según el BCE. Los que más compran con tarjeta son los nórdicos (230 compras los suecos, 224 los daneses, 167 los británicos, 130 los franceses y sólo 39 los alemanes) y los que menos los europeos del sur (4 compras los búlgaros y rumanos y 7 los griegos).

En general, Europa está retrasada en el uso de las tarjetas respecto a EEUU: se usan para hacer el 12,7% de los pagos, frente al 38,8% en EEUU, según PwC. Por eso, el BCE quiere fomentar su uso, como un instrumento de pago “eficiente, seguro y fiable”. Y la Comisión Europea lleva desde 2009 peleando con VISA y MasterCard (les ha abierto varios expedientes) para que bajen las comisiones que cobran por el uso de las tarjetas. Y en abril de 2014, el Parlamento europeo aprobó un Reglamento que regulará las comisiones máximas de las tarjetas, como hicieron antes EEUU, Canadá o Australia: será de un 0,3% máximo para las tarjetas de crédito y un 0,2% para las tarjetas de débito. El Reglamento y las nuevas comisiones entrarán en vigor en Europa en 2016.

Pero el Gobierno Rajoy quiso adelantarse y aprobó en junio de 2014 estas nuevas comisiones europeas, que entraron en vigor en julio de 2014. Con ello, las comisiones de las tarjetas de crédito, que eran de las más altas de Europa, bajaron del 0,74 de media al 0,30%, y las de débito, que estaban en el 0,30% (mínimo 0,32 € por operación) pasaron al 0,20% (y 0,07€). Una buena noticia para los comerciantes, que siempre se han quejado de que las altas comisiones eran la causa de que las tarjetas se utilizaran poco en España, sobre todo en los pequeños pagos, que tenían comisiones abusivas (25 céntimos por un pago de 3 euros). Sin embargo, los consumidores no tenemos motivos de satisfacción, según ADICAE. Primero, porque los comercios se han quedado con la rebaja de la comisión en las tarjetas y no han bajado precios. Y sobre todo porque los bancos, que ahora ingresan menos, han tratado de resarcirse subiendo el coste y la anualidad por tarjeta a sus clientes.

El caso es que las compras con tarjeta crecen poco y el número de plásticos cae año tras año. Por un lado, eso se debe a que todavía hay muchos comercios y negocios que no las aceptan, por su elevado coste (del TPV y la comisión) y sus riesgos: de hecho, sólo el 39% de las empresas que facturan entre 1 y 100 millones de euros aceptan tarjetas (en 2010 eran el 22,7%), según un reciente informe de MasterCard. Y a los usuarios les sigue preocupando la seguridad (aunque las tarjetas con Pin ya no pueden clonarse) y su alto coste, no sólo la anualidad del banco sino el altísimo coste que tiene aplazar los pagos (se pagan intereses por lo pendiente) y las tres comisiones que se pagan por un descubierto.

Cara al futuro, los expertos creen que el pago con tarjeta irá a menos en todo el mundo (como el pago en metálico) y que en unas décadas la mayoría de los pagos se harán online, sobre todo a través de los móviles inteligentes. Ya hoy, el 21,7% de los españoles realiza pagos a través del móvil, la cuarta parte a través de “monederos virtuales” (wallets), el medio de pago que más crece en todo el mundo. A nivel global, la pelea está entre Google Wallet  y Apple, que en octubre 2014 sacó en USA su canal Apple Pay, mientras también se han sumado a esta batalla (no en España todavía) Samsung Wallet y PayPal , que domina desde el año 2.000 los pagos a través de Internet, con 162 millones de cuentas activas en 203 países (4 millones de cuentas en España). La banca trata de reaccionar y no perder los pagos vía móvil, con propuestas de BBVA Wallet (1 millón de descargas en 4 países) y la Caixa Wallet, sobre todo. Y tampoco quieren perder un trozo de pastel las operadoras de telecomunicaciones, con propuestas como Yaap (Telefónica) o YvPay (bancos), a las que acaba de sumarse con fuerza Vodafone Wallet, que permite pagar por móvil con cualquier tarjeta. Y además proliferan las propuestas de pagos entre particulares (los usan el 5,4% de españoles), como Paym o Pingit . Y también están las propuestas de pago a través de las redes sociales (Facebook y Twitter).

Todavía son fórmulas de pago incipientes, que necesitan un mayor conocimiento, más seguridad y un mayor desarrollo. Pero parece claro que con el auge de Internet y los móviles, el pago del futuro será online, aunque necesitan mejorar la tecnología y la seguridad, con el respaldo (y la competencia) de bancos, gigantes tecnológicos y telecos. Será una auténtica revoluciónen los medios de pago, a costa de las tarjetas y el dinero metálico, que pasará a ser un recuerdo para coleccionistas. Pero eso, aún tardará: el dinero se resiste a morir.

lunes, 7 de diciembre de 2015

Cambio Climático: España no cumple


Esta semana se cierra la Cumbre del Clima en París, donde 195 países intentan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero culpables del Cambio Climático. Tras 20 Cumbres anteriores inútiles, ahora podrían aprobarse recortes globales (tardíos e insuficientes), que urge cumplir. Porque reducir las emisiones de CO2 no es fácil: obliga a cambiar la economía, reconvertir las empresas, renovar el transporte y la vivienda, cambiar hábitos de consumo y hasta comer menos carne. Y exige fuertes inversiones y subidas de precios, desde la luz a los coches o las casas. Pero no hacerlo cuesta más: nos llevaría a una crisis sin salida. Por eso, luchar contra el Cambio Climático es el mayor reto de este siglo. Y España lo tiene peor, porque no cumple: emite más CO2 del que debe y tenemos pocas renovables. El próximo Gobierno debe  aprobar un Plan urgente para consumir menos petróleo, carbón y gas, más renovables y ahorrar energía. O lo hacemos todos  o el clima nos pasará factura.
 

enrique ortega


El Cambio Climático es ya una realidad que todos podemos apreciar : 2015 va a ser el año más caluroso de la historia, el huracán Patricia (octubre 2015 en el Golfo de México) ha sido el más fuerte registrado jamás, se producen cinco veces más tormentas, huracanes, inundaciones, olas de calor y sequías que en los años 70, la temperatura de la Tierra ha subido 0,85 ºC desde principios del siglo XX (sobre todo desde 1960)  y el nivel del mar sigue subiendo, 8 centímetros de media desde 1992 (y 22 centímetros en algunos lugares), poniendo en peligro el futuro de islas y zonas costeras del Pacífico, Asia y Oceanía, mientras en el Mediterráneo sufren ya los cambios la Manga, el mejillón, el arroz o las uvas.

Este Cambio Climático irá a más si no se frenan las emisiones de gases de efecto invernadero (60% CO2, 20% metano, 6% N2O y 14% clorofluocarbonados por el aire acondicionado y sprays), provocadas por el hombre al consumir energía en industrias, transporte, vivienda, agricultura y servicios. Según el 5ºInforme de Evaluación del IPCC, un grupo de 830 expertos creado por la ONU, para evitar que la temperatura del Planeta suba más de 2 grados a finales de siglo (la zona de “alerta roja”), hay que reducir las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (que evitan, como un paraguas, que el calor de la Tierra salga a las capas altas de la atmósfera) entre un 40 y un 70% entre 2010 y 2050 y bajarlas después hasta dejarlas en un nivel cero o negativo para 2100.

Si no se hace, añaden los expertos, la temperatura de la Tierra subirá entre 3,7 y 4,8 grados en 2100 respecto a la temperatura del periodo pre-industrial. Y esto podría provocar el deshielo de los casquetes polares y un aumento del nivel del mar hasta  82 centímetros, además de acidificación de los océanos (por la reacción del CO2 con el agua del mar), daños en los ecosistemas, aumento de los desastres naturales, malas cosechas, hambre y desnutrición, con una dramática secuela de refugiados climáticos (podrían migrar 1.000 millones de personas, según ACNUR). El Cambio Climático no sólo daña la salud del Planeta, también la del hombre, según alerta la OMS: sólo en 2012 unos 7 millones de personas murieron por enfermedades relacionadas con la contaminación del aire. Y prevé que durante el periodo 2030-2050, el cambio climático causará 250.000 muertes adicionales cada año por dolencias asociadas a sus efectos ambientales.

Así que el Cambio Climático no es “una obsesión de ecologistas” sino una grave amenaza para todos (“estamos al borde del suicidio”, ha dicho el Papa Francisco). Y los científicos alertan: se acaba el tiempo” para tomar medidas. Por eso, los 195 países reunidos en la Cumbre del Clima de París buscan un acuerdo global de recorte de emisiones, que sustituya al protocolo de Kioto, firmado en 1997 sólo por 38 países (los 28 de la UE más otros pequeños países, no USA, China, Japón, Rusia o India, los principales emisores de CO2). Ahora, un recorte mundial parece más posible, ya que 180 países han acudido a esta Cumbre con compromisos concretos de recortes de emisiones, entre ellos los países que más contaminan: China (26% emisiones CO2), EEUU (16%), Europa (11%), India (6,1%), Rusia (5,2%) y Japón (3,8%). Casi todos plantean recortes de emisiones del 20 al 30% entre 2020 y 2030, siendo Europa (UE-28) la zona del mundo que ofrece los recortes más ambiciosos: -40% de recorte emisiones para 2030 y entre el -80/-95% para 2050.

El recorte de emisiones prometido en París es una gran avance, pero tiene tres problemas: es tardío (los recortes empezarían en 2020, no inmediatamente), es insuficiente (los científicos dicen que con estos recortes, la temperatura subiría 2,8 grados a final de siglo y algunos creen que más) y, sobre todo, no son obligatorios y vinculantes para los países, porque EEUU se niega (el Senado USA no acepta una obligación impuesta desde fuera). Así que se confía” en que los países cumplan con sus recortes y se prevé revisar las emisiones cada 5 años, por si los recortes fueran insuficientes y hubiera que acelerarlos. Otro problema son las ayudas a los países pobres, para que reduzcan las emisiones y se preparen para el cambio climático (subida del mar, catástrofes naturales, migraciones). Se prevé crear un Fondo verde del clima, con 94.000 millones de euros anuales, pero el problema es quien pone esa enorme cantidad de dinero. Y hay países, como India, que ya ha dicho que no recortará sus emisiones si no recibe 187.000 millones de euros de este Fondo verde entre 2015 y 2030.

Aunque el acuerdo de la Cumbre de París sea insuficiente y no vinculante, es un gran punto de partida para luchar contra el Cambio Climático. Ahora, hace falta pasar de las palabras a los hechos. Y esto es lo difícil, porque antes de París se han celebrado 20 Cumbres del Clima (desde la de Río en 1992) y a pesar de las buenas intenciones, las emisiones de CO2 se han duplicado : de 27 gigaTm en 1970 a 49 en 2010, que al ritmo actual serán ya 53 gigaTm en 2020. Y eso pasa porque el mundo es “adicto al CO2”, vivimos en unas economías muy dependientes de los combustibles fósiles (petróleo, carbón y gas natural), que mueven las industrias, las ciudades, el transporte, la agricultura o los servicios. Y “huir del CO2” exige una auténtica revolución, en la economía y en el estilo de vida, difícil de hacer y que choca con potentes intereses, de grandes empresas y multinacionales energéticas. Por eso esta batalla no es fácil.

Y menos en España, uno de los países europeos que suspende en la batalla contra el Cambio Climático. Primero, porque España (5º mayor emisor de CO2 en Europa) es el único país europeo donde las emisiones de CO2 han aumentado en las dos últimas décadas, según la Agencia Internacional de la Energía (AEI), mientras en todos los demás se reducían (entre el -5,4% en Francia y el -20,5% en Alemania). Segundo, porque España es uno de los 9 países europeos (junto a Grecia, Irlanda, Italia, Luxemburgo, Holanda, Noruega, Suecia y Suiza) que no han cumplido el compromiso de Kioto, que suponía no aumentar las emisiones más del 25% (1990-2012): han aumentado un 29,9%. Y tercero, porque España tampoco cumple el objetivo europeo de alcanzar un 20% de energías renovables en 2020: en 2014, las renovables aportaron un 15,4% de la energía total, según Eurostat, y alcanzar ese 20% en seis años más parece imposible, según los expertos: habría que triplicar el parque de renovables (eólica, solar, biomasa, geotérmica, cogeneración) instalado entre 2005 y 2014.

Así que emitimos mucho más CO2 del que debíamos y tenemos pocas energías limpias, renovables. Y no es por casualidad. Ningún Gobierno español y menos Rajoy han tomado medidas para reducir las energías fósiles, las que emiten más CO2. Incluso ahora, España bate su récord histórico de consumo de petróleo, por la bajada de precios. Y en lo que va de año, el uso del carbón (la energía que emite más CO2) y el gas natural para producir electricidad han batido también récords. Mientras, el Gobierno Rajoy ha pegado un gran tajo a las energías renovables entre 2012 y 2014 (-2.100 millones, un 25% de las ayudas), a pesar de tener España unas industrias renovables líderes en el mundo y de que ya empiecen a ser unas energías competitivas: la eólica es la tecnología más barata para producir electricidad en España, 28,2 €/Mw frente a 105,5€ el gas natural, según la CNMC. Y para rematar tantas equivocaciones, el Gobierno Rajoy ha recortado también (-200 millones) las ayudas para fomentar el ahorro de energía, a pesar de que tenemos unas empresas que consumen tres veces más energía por unidad de producto que las europeas.

El temor ahora, en España y en todo el mundo, es que si la economía se recupera, aumentará el gasto de energía y las emisiones de CO2, que han crecido menos durante la crisis. Por eso, habrá que redoblar los esfuerzos para reducir de verdad las emisiones. Y eso obliga a tomar medidas duras  y que van contra poderosos intereses como los de las industrias energéticas. Baste decir que para que la temperatura del Planeta no suba más de esos 2ºC que piden los científicos, habría que dejar bajo tierra un tercio de las reservas probadas de petróleo y el 80% de las reservas de carbón y gas, según el Instituto para los Recursos Sostenibles del Reino Unido. Y eso supondría la posible quiebra de muchas petroleras. No en vano, 90 grandes multinacionales (ver la lista) son culpables de dos tercios de las emisiones mundiales de CO2. Eso significa que habrá que forzarlas a reducir emisiones y ayudarlas a hacerlo, con recursos públicos y con subidas de precios (de la luz, los coches, los productos industriales, los alimentos y la vivienda). También los ciudadanos somos responsables y tenemos que cambiar los hábitos de vida, para emitir menos CO2: menos coche y más transporte público, menos calefacción o aire acondicionado y más aislamiento, menos consumismo y hasta comer menos carne

¿Qué hacer para emitir menos CO2? A nivel mundial, los expertos recomiendan recortar drásticamente las subvenciones a las energías contaminantes (el carbón, el gas y  los carburantes reciben hoy más de 2 billones de euros de ayudas públicas), obligar a pagar a las industrias más contaminantes (el mercado de CO2 no funciona y contaminar con 1 Tm de CO2 cuesta sólo 7 euros, en vez de los 30 que costaba en 2008), reconvertir las industrias más contaminantes (electricidad, cemento, siderurgia, aluminio…), apostar y apoyar a las renovables (como ha hecho Alemania,"el país más verde” de Europa), dar ejemplo desde las Administraciones públicas (la ciudad de Hamburgo se abastecerá 100% con renovables en 2025) y fomentar entre los ciudadanos un consumo más verde, con campañas, con impuestos  a las energías contaminantes y con precios que ayuden al cambio.

En España, el futuro Gobierno debería promover un Plan urgente contra el Cambio Climático, porque estamos más retrasados que la mayoría de Europa (salvo el “negro” Este). Hay que actuar contra las grandes fuentes de CO2: el transporte (25% del CO2), la generación de electricidad (23%), la industria (21%), la vivienda y los servicios (14%), la ganadería y la  agricultura (12%) y el tratamiento de residuos urbanos (5% emisiones). Hay que quitar peso al transporte por carretera (83% del transporte total, frente al 45% en la UE) y al coche privado (apoyando los híbridos y el transporte público), producir menos luz con carbón, fuel y gas natural (aunque suba el recibo), cerrar y reconvertir empresas contaminantes (de las10 empresas que más contaminan, 6 son centrales de carbón, 3 refinerías y una siderurgia), ayudar a aislar las viviendas y al autoconsumo energético (quitando el impuesto a los paneles solares de Rajoy) y modificando los hábitos de consumo, para comprar más productos locales (no chinos que suponen enormes emisiones al traerlos en barco) y menos carnes (1 kg de cordero supone 10.629 gramos de CO2 equivalente frente a 299 gramos de 1 kg de tomates o 140 gr de CO2 de producir 1 kilo de naranja). Y sobre todo, hay que informar bien de quién contamina y cómo, penalizando con impuestos a quien lo haga para invertir con ese dinero en un país más limpio.

Hay que pasar de las palabras y los gestos (apagar la luz un día al año) a los hechos. El mundo debe emprender una cruzada contra el CO2, la verdadera “guerra” de este siglo. Supone ir contra empresas e intereses muy poderosos, realizar grandes inversiones (1,3 billones de dólares al año hasta 2050, según la ONU), crecer con equilibrio y cambiar todos de estilo de vida. Pero no queda más remedio, si queremos salvar el Planeta y a nosotros mismos. Porque si no empezamos a tomar medidas ya, luego será tarde y el mundo tendrá que hacer frente a tantas catástrofes que la economía acabará en una crisis irresoluble. No pensemos sólo en los problemas de hoy, en el trabajo, en los sueldos, en nuestro nivel de vida. Pensemos en cómo preservarlo para nuestros hijos y nietos. Y para eso, hay que cambiar ya. Todos.

jueves, 3 de diciembre de 2015

Los recortes, ausentes de la campaña electoral


Mañana empieza la campaña electoral, centrada en Cataluña y el terrorismo yihadista más que en el paro y la economía, lo que más preocupa a los españoles. Pero da igual lo que votemos, porque la primera tarea del futuro Gobierno será hacer más recortes. Lo ha reiterado la Comisión Europea: el nuevo Gobierno deberá “tomar las medidas necesarias” para cumplir con el déficit. Da igual lo que prometan los partidos y lo que votemos: Bruselas nos impondrá más recortes, 13.000 millones, que saldrán de hundir más la sanidad, educación, Dependencia e inversiones públicas, frenando la recuperación y el empleo. Por eso, la clave de estas elecciones es que los partidos digan si harán o no estos recortes, no que nos engañen prometiendo bajar impuestos. Porque sólo pueden evitar hacer más recortes recaudando más, haciendo pagar más a los que pagan poco (grandes empresas, multinacionales y ricos) para no tener que recortar más y poder así reanimar la economía y el empleo. Que nos lo aclaren estos días para no votar en vano.
 

enrique ortega


La principal preocupación de los españoles es el paro y el empleo, como reiteran en todas las encuestas del CIS. Así que crear más empleo debería ser “el gran tema electoral”, no Cataluña y el terrorismo yihadista, por muy preocupantes que sean. Y no basta con la promesa de crear 2 millones de empleos, como Rajoy. Habría que hacer “un esfuerzo extra”, para crecer más y crear más empleo del que se crea ahora, porque España tiene el doble de paro que Europa (21,18% frente a 10,8%) y porque necesitamos crear 6 millones de empleos para dar trabajo a los parados actuales (4.850.800), los “desanimados” (mujeres y jóvenes que no buscan trabajo) y los jóvenes que terminen sus estudios. Y al ritmo actual, si no se hace nada especial, harían falta 15 años para bajar el paro al 8% en que estaba antes de la crisis. No se puede esperar tanto: el futuro Gobierno debería proponer un gran Pacto social para crear más empleo, con más inversiones públicas, más salarios y más consumo, incentivos a la contratación, más formación a los parados y reorganización de las oficinas de empleo.

El otro gran tema preocupante son las pensiones, su futuro. Las cuentas no salen: la Seguridad Social cerrará el año con su quinto déficit consecutivo: 2011 (-1.000 millones), 2012 (-10.131), 2013 (-11.861), 2014 (-11.202) y 2015 (entre -11.000 y -15.000 millones). Y el Gobierno Rajoy, para pagar las extras a los pensionistas, se ha “comido” ya la mitad de la "hucha de las pensiones" (32.594 millones de 66.815), que se agotará en 2018. El problema no son tanto los gastos en pensiones (crecen menos que en toda la historia, por los recortes que hicieron Zapatero y Rajoy), sino los ingresos por cotizaciones, que apenas aumentan, porque los nuevos trabajadores cotizan por menos horas y sueldos muy bajos. Algo  hay que hacer con las pensiones. Recortarlas no, porque la mayoría son muy bajas: dos tercios de los pensionistas cobran menos de 800 euros al mes. La alternativa es ingresar más, pagar una parte de las pensiones con los Presupuestos, como ha propuesto el Tribunal de Cuentas. Podrían pagarse con impuestos las pensiones de viudedad (20.776 millones) y orfandad (1.762 millones). Y si no llega, subir  un 1%  las cotizaciones de empresas y trabajadores (8.000 millones más de ingresos), que son más bajas que en Europa. No es bueno para el empleo, pero peor es que quiebre el sistema de pensiones o que los trabajadores se tengan que pagar un Plan de pensiones privado.

El tercer gran problema, tras el paro y las pensiones, es recuperar el Estado del Bienestar (la sanidad, la educación y las ayudas a la Dependencia), tras los drásticos recortes hechos por el Gobierno Rajoy y las autonomías. La sanidad pública ha perdido 10.000 millones estos años, junto a 5.000 médicos y enfermeras, lo que ha deteriorado muy seriamente la atención, con un aumento de las listas de espera (de 379.194 para operarse en 2009 a 511.923 a finales de 2014), en beneficio de la sanidad privada (11,4 millones de españoles tienen un seguro médico privado). Urge recomponer la financiación de la sanidad pública, su personal y sus medios, lo que obliga a un cambio pactado en el sistema de financiación de las autonomías, homogeneizando la atención sanitaria, que es muy diferente según la ciudad donde uno enferme.

La educación no universitaria ha perdido 7.300 millones entre 2010 y 2014, con 24.800 profesores menos, un recorte de becas y ayudas y un deterioro de la enseñanza, con menos esfuerzo para los alumnos que se quedan atrás. En la Universidad, que ha perdido otros 8.000 millones y 13.200 empleos, los alumnos han afrontado un fuerte aumento de tasas (45% de subida media, que ha llegado a un +128% en Cataluña, 117% en Madrid, +93,9% en Valencia o +78% en Castilla y León), que convierten a la Universidad española en la cuarta más cara de Europa, con un coste medio de 1.257 euros por curso mientras en Alemania pagan 200 euros y en Francia 185 euros. Como además han bajado las becas, 70.000 universitarios han dejado las aulas desde 2012, según los rectores.

En la Dependencia, las ayudas a ancianos y discapacitados, el recorte ha sido de 2.236 millones entre 2012 y 2014 (un tercio del Presupuesto), lo que ha estancado los beneficiarios (779.373 en octubre), provocando que casi 400.000 dependientes estén a la espera de recibir la ayuda, con riesgo de que se mueran antes (100.000 dependientes se han muerto esta Legislatura antes de recibir la ayuda que tenían reconocida). Estas ayudas están reconocidas por Ley desde 2007, pero no hay financiación suficiente y las autonomías lo “capean” con recortes y retrasos, un problema que se agravará porque somos el 2º país con más viejos del mundo y en 2050 habrá 7 millones de dependientes en España.

Sigamos con la lista de problemas a resolver. El cuarto sería ayudar a los que se han quedado tirados con esta crisis: parados, trabajadores precarios y pobres. Empezando por los parados, que tienen dos graves problemas: uno, inmediato, que más de la mitad  de los parados EPA no cobran nada. Son 2.586.585 parados sin subsidio, el 53,32% de los parados estimados. Y el otro, que más de la mitad de los parados  (60,6%), casi 3 millones, llevan más de un año sin trabajar (de ellos, 2,1 millones más de 2 años y 1,5 millones más de 3 años), con lo que cada vez tienen menos posibilidades de colocarse. Y menos si tenemos en cuenta que más de la mitad de todos los parados (el 54.7%) tiene una escasa formación (hasta la ESO o incluso menos), según el INE. Así que urge darles algún ingreso a cambio de mejorar su formación para sacarles del pozo del paro de larga duración.

Un tercio de los trabajadores tienen un problema serio: su contrato es precario (temporal o por horas o las dos cosas) y su sueldo muy bajo, con lo que apenas consiguen llegar a fin de mes. De hecho, el 30% de los asalariados (4.269.840 trabajadores) son mileuristas, ingresan 1.221 euros brutos al mes (menos de 1.000 netos), según los datos de Hacienda. Y el 70% de todos los trabajadores  (casi 10 millones) gana menos de 1.700 euros netos al mes, lo que retrae su consumo (y el crecimiento de la economía). Y más de 1 de cada 5 trabajadores  españoles (3,3 millones, el 22,2%) son pobres, según la OIT: ganan menos del 60% de la renta media de los españoles. La mayoría, mujeres y jóvenes con contratos precarios. Urge una contrarreforma laboral que mejore la calidad de los contratos, evitando que en España haya dos clases de trabajadores, los fijos con antigüedad y los precarios vulnerables.

Precisamente, mujeres y jóvenes son dos colectivos que exigirían propuestas de apoyo en cualquier campaña electoral. Las mujeres sufren una desigualdad económica que urge corregir: trabajan menos (sólo el 50,3%, frente al 58,8% en la UE, el 69% en Alemania, el 60% en Francia o el 72,5% en Suecia), tienen más paro (22,69% frente al 19,9% de los hombres), tienen empleos más precarios (el 75% de los trabajos a tiempo parcial los ocupan mujeres) y ganan un 24% menos de media que los hombres. De hecho, el 40% de las mujeres no llegan a mileuristas (1.221 euros brutos), según Hacienda. Otros que están sufriendo especialmente la crisis son los jóvenes: casi la mitad está en paro (46,6% entre los menores de 25 años), dos tercios no cobran el paro y casi la mitad carece de formación, les cuesta años colocarse (6 años para ser fijos), el 71% tienen un contrato temporal sin quererlo, las empresas no les forman y les pagan 890 euros de media (cuando les pagan: sólo el 42% de los becarios cobran), según los últimos datos de la OCDE, lo que obliga al 78% a vivir con sus padres (en Francia sólo el 16% y el Alemania el 21%) . Y no olvidemos un tercer colectivo de españoles con problemas: los mayores de 45 años. Son más de un tercio de todos los parados (1.708.900 en octubre) y las tres cuartas partes llevan ya más de 1 año sin trabajar, con lo que tienen difícil colocarse, por su edad y por su poca formación. Y muchos no cobran el paro ni se pueden jubilar: tienen que esperar 10,15 o 20 años marginados.

Y queda atender a una pobreza creciente : en España hay 12,6 millones de españoles en situación de pobreza, que ingresan menos del 60% de la renta media, según las estadísticas europeas (Eurostat), 1,5 millones más que en 2008. Y de ellos, casi 3 millones son niños y adolescentes (menores de 18 años). Urge que el futuro Gobierno ponga en marcha un Plan contra la pobreza, para ayudar a los parados sin subsidio, a las familias sin ingresos, a las madres solteras con niños y a las familias que necesitan ayuda cada mes para comer, pagar recibos de luz, el alquiler o el colegio, 8 millones de españoles que piden ayuda hoy en los servicios sociales municipales o las ONGs. Un Plan que necesita al menos 12.000 millones de euros, para dar una renta mínima a 700.000 familias y ayudas puntuales al resto.

Al final, reanimar la economía para crecer más y crear más empleo, recuperar la sanidad, la educación y la Dependencia, ayudar a formarse y colocarse a los parados, las mujeres, los jóvenes y los mayores de 45 años, paliar la pobreza, se traduce en más gastos. Y ahí chocamos con un muro: la Comisión Europea, controlada por los fundamentalistas del déficit, que llevan desde 2010 imponiendo recortes a España y a la Europa del sur, una política que ha agravado los costes de la crisis y que ahora frena la recuperación, en Europa y en España. Pero Merkel y la Comisión siguen erre que erre: hace falta seguir con la austeridad. Y lo han dicho muy claro la semana pasada: el nuevo Gobierno español que salga de las elecciones tendrá que “tomar medidas para cumplir con el déficit”. O sea, tendrá que hacer más recortes. En total, 5.000 millones para cumplir el déficit de 2015 (creen que acabará en el 4,7% del PIB en lugar del 4,2% que dice Rajoy) y otros 8.000 millones para cumplir el déficit prometido en 2016 (2,8%, que será del 3,6% si no se cambia el Presupuesto, según Bruselas).

En total, pues, 13.000 millones de recortes que el futuro Gobierno tendrá que hacer en 2016 si no quiere una sanción de la Unión Europea o un “castigo” de los mercados. Piense en ello cuando oiga las “promesas” de los partidos en estas elecciones: que ofrezcan lo que quieran, que ya vendrán Merkel y Juncker con la tijera. Gane quien gane las elecciones (si es la izquierda, más, como ya se ha visto en Grecia y se va a ver ahora en Portugal). Pero hay una salida: no recortar, suavizar las exigencias (presionando en Europa para que acepten un déficit más alto) y, sobre todo, recaudar más. Se puede y se debe. Porque España recauda bastante menos que el resto de Europa (somos el 7º país europeo que menos recauda): recaudamos el 38,7% de la riqueza (PIB), frente al 46,6% que recaudan los 19 países del euro. Y esto es algo estructural, no por la crisis. Si recaudáramos como los demás europeos, Hacienda podría ingresar 79.000 millones de euros más al año. No habría déficit y podríamos gastar más en lo que hace falta.

¿Por qué ingresamos menos que los demás europeos? Porque hay más fraude y muchos pagan menos de lo que deberían. Primero está el fraude del IVA, por el que España deja de ingresar 12.000 millones cada año, según cálculos de la Comisión Europea. Y luego está el "fraude legal" que hacen las grandes empresas, multinacionales y los más ricos, estimado por los técnicos de Hacienda (Gestha) en otros 60.000 millones anuales. Ya tenemos 72.000 millones. Una bolsa de fraude que podría reducirse a la mitad si el próximo Gobierno toma medidas eficaces (y más medios) contra el fraude fiscal, algo que no han hecho Zapatero ni Rajoy.

Este es el gran reto de la próxima Legislatura: o se consigue recaudar más o habrá que hacer más recortes que entorpecerán la recuperación y deteriorarán más el Estado del Bienestar y las pensiones, aumentando la pobreza. Y las mujeres, los jóvenes y los mayores de 45 años seguirán sufriendo lo peor de la crisis. Las promesas de bajar impuestos (PP, Ciudadanosson un engaño, salvo que se bajen a unos y se suban a otros, porque es ineludible recaudar más. Salvo que no se quiera recuperar la economía y el Estado del Bienestar. Hace falta recaudar más, sí o sí.  Piénselo cuando escuche a los políticos y sus promesas y cuando vaya a votar. Porque si no se ponen las pilas, el futuro nos lo marcará Bruselas a golpe de más recortes. Como ha pasado estos 4 años.