lunes, 23 de noviembre de 2015

Más viejos y pocas ayudas a la Dependencia


España es el segundo país del mundo, tras Japón, donde más años se vive: 83,2 años, casi el doble que en 1941. Una buena noticia, con un lado malo: cada vez hay más viejos que viven más años y menos jóvenes para trabajar, cotizar y pagar impuestos. Si ahora la proporción es de 2 activos por cada anciano o niño, en 2052 habrá 1 español trabajando por  cada español retirado o niño. Así será difícil financiar los servicios públicos y las pensiones. Y además, al haber más ancianos longevos, muchos no podrán valerse por sí mismos: habrá 7 millones de mayores dependientes, el triple que ahora. Un serio problema porque ya hoy, con muchos menos ancianos, la Dependencia está colapsada: hay casi 400.000 ancianos y discapacitados con derecho reconocido esperando la ayuda, por falta de recursos, que Rajoy ha recortado drásticamente. Tras las elecciones, urge un Pacto de Estado para atender mejor a nuestros mayores y que no se mueran sin ayudas.
 

enrique ortega


España ha dado un gran vuelco en dos generaciones, gracias al desarrollo económico, la mejora de la sanidad y un estilo de vida más sano, que ha aumentado drásticamente nuestra esperanza de vida: si al acabar la Guerra Civil (1941), los españoles vivían una media de 50 años, al morir Franco (1975) ya vivíamos 73,94 años, en 2011 ya llegábamos a 82 años y ahora superamos los 83,2 años de esperanza de vida (2013), según el INE. Con ello, España es el segundo país del mundo donde más años se vive, sólo por detrás de Japón (83,4 años), tras haber adelantado a Suiza (82,6 años), Italia (82,4 años) y Francia (82,1 años), según los últimos datos de la OCDE (38 países), donde la media de vida son 80,5 años.

La esperanza de vida ha mejorado sensiblemente en los últimos años (en el 2.000, España era el 6º país en el ranking de longevidad), gracias a nuestro clima y estilo de vida, la alimentación y la sanidad españolas, aunque la OCDE revela dos factores que van en contra de la salud de los españoles: fumamos más que en otros países (29% de adultos, frente al 20% en la OCDE) y hay más niños obesos (26%), lo que puede “pinchar” nuestra longevidad futura, junto a la crisis y los recortes en la sanidad. Pero el INE no lo cree así y prevé que vivamos aún más años en el futuro: 83,87 años en 2021, 85,70 años en 2031, 89,37 en 2044, 91,17 años en 2054 y 92,63 años en 2063. Y más las mujeres (94,32 en 2063).

Al vivir más años y caer la natalidad (menos mujeres en edad fértil que tienen menos hijos), la consecuencia será un drástico envejecimiento de la población española, según las previsiones demográficas del INE: si en 2012 había un 17,3% de españoles con 65 o más años (8.029.674 personas), a mediados de este siglo (2052) habrá un 36,58% de mayores, más de un tercio de la población española tendrá 65 años o más (15.203.850 personas, casi el doble). O sea que si ahora son mayores 1 de cada 6 españoles, en 2052 serán más de 1 de cada 3. Y lo más llamativo es que se triplican los mayores de 80 años, los que necesitan más ayuda: si en 2012 eran sólo 1,1 millones, en 2052 serán 3,74 millones.

Ya en 2021, España será el país más envejecido de Occidente (por encima incluso de Japón), con un 25% de su población que superará los 65 años (9.276.000 personas), según datos de la ONU. Viviremos más años que nadie y eso es una buena noticia,  pero también supone una enorme hipoteca para España: habrá menos activos para sostener las pensiones y el Estado del Bienestar. La previsión del INE es que si ahora (2012) hay 2 personas en edad de trabajar (16-64 años) por cada inactivo (niño o mayor de 65 años), en 2052 haya sólo 1 activo (trabajando o parado) por cada inactivo (niño o jubilado).

Un dato preocupante, por un doble motivo. Por un lado, habrá menos activos para trabajar, crear riqueza y pagar impuestos con los que mantener el Estado del Bienestar, desde la sanidad a la Dependencia, pasando por la educación o los servicios públicos. Y por otro, habrá menos jóvenes y adultos cotizando a la Seguridad Social, con lo que tendremos más problemas para pagar las pensiones futuras, máxime si crece drásticamente el número de pensionistas: se prevé pasar de los 9 millones de pensionistas actuales a 15 millones de pensionistas en 2052, con un fuerte crecimiento de las pensiones a partir de  2023, cuando empezarán a jubilarse los nacidos a principios del “baby boom”, a finales de los años cincuenta, y el número de pensionistas irá aumentando durante los siguientes quince años, que es lo que duró la explosión demográfica de la segunda mitad del siglo XX. Más pensionistas, más gasto, pero menos jóvenes y adultos para cotizar y pagar sus pensiones.

El envejecimiento de la población española no sólo aumentará el gasto en pensiones. Obligará a destinar más ayudas a los ancianos dependientes, los que no se pueden valer por sí mismos, cuyo número aumentará drásticamente al vivir cada vez más años: si ahora hay casi 3 millones de españoles con algún tipo de dependencia, en 2050 tendremos 7 millones de dependientes (anciano y discapacitados), según el CSIC. Y esto sí que es un gran reto de futuro, porque la actual Ley de Dependencia (ZP 2007), tras casi 9 años de existencia, no ha conseguido atender ni a 800.000 dependientes al año y hay casi 400.000 en lista de espera, con lo que muchos se mueren antes de recibir las ayudas.

Las ayudas a la Dependencia, el cuarto pilar del Estado del Bienestar (junto a la sanidad, la educación y las pensiones), se pusieron en marcha el 1 de enero de 2007, con una Ley que concedía derechos pero que no contaba apenas con Presupuesto. Avanzó con firmeza al principio, incluso con la crisis, y en la Legislatura de Zapatero se triplicaron los beneficiarios, pasando de 228.613 dependientes atendidos en 2008 a 752.005 en 2011. Pero al llegar al poder Rajoy, que no creía en el sistema (“no es viable”, declaró un mes antes de las elecciones de 2011), empezaron los recortes, a los nueve días de tomar posesión: dejó fuera a los dependientes moderados (165.000), primero hasta 2012 y luego hasta julio de 2015. Luego, en 2012, recortó drásticamente la aportación del Estado a la Dependencia y aprobó un Decreto con cambios profundos para facilitar a las autonomías un drástico recorte del gasto: dejó de pagar la cotización a la SS a los 423.000 cuidadores familiares de los dependientes y les bajó un 15% su paga mensual (55 euros sobre 400), redujo servicios (ayudas a domicilio), simplificó los baremos (de 6 a 3, bajando las ayudas) y subió el copago a las familias.

El total de medidas supuso  un recorte a la Dependencia de 2.236 millones entre 2012 y 2014, un tercio del presupuesto de 2011, según la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales. Con ello, el Gobierno Rajoy ha estrangulado financieramente a la Dependencia, ahora más en manos de las autonomías y las familias: si en 2011, el Estado central financiaba el 40% de la Dependencia, en 2013 ya sólo financiaba el 13%. Y su vacío lo han tenido que cubrir (sólo en parte) las autonomías (han pasado de financiar el 50% al 63%) y las familias de los dependientes (el copago cubría el 10% de la Dependencia en 2011 y en 2013 era ya del 19%). Los pagos de las familias de los dependientes han subido un 68% desde 2009, desde los 960 euros anuales que pagaban a 1613 euros de media en 2013.

Al contar con menos recursos (mientras aumentaban las solicitudes de dependientes), las autonomías (que gestionan la Dependencia) han tenido que “buscarse la vida” para cuadrar las cuentas, reduciendo el gasto por varias vías, según el Observatorio de la Dependencia. La primera, retrasando los expedientes, tanto el reconocimiento como la concesión de las ayudas. La segunda, siendo más rígidos al valorar a los dependientes: en febrero de 2012 se endurecieron los requisitos, con lo que han bajado los que tienen gran dependencia (grado III) y subido los dependientes severos (grado II), que son “más baratos” (cobran 82,84 euros/mes frente a 177,86 a los de grado III). Y la tercera vía de ahorro ha sido  revisar “de oficio” las valoraciones ya hechas: se llama al dependiente y se le baja el grado, lo que ha multiplicado las denuncias de familias en los tribunales (las suelen ganar, pero dos años después).

El balance de la Dependencia en la Legislatura de Rajoy es muy negativo y más desde julio de 2015, en que entraron finalmente en el sistema los dependientes moderados (unos 315.000). Con ellos, a finales de octubre había 1.178.483 dependientes (ancianos y niños discapacitados) con derecho reconocido a ayudas, 120.987 más que cuando Rajoy llegó al poder. Y de ellos, 779.373 dependientes recibía alguna ayuda (servicio o dinero), sólo 27.368 más que hace cuatro años. Y lo peor, hay 399.110 dependientes a la espera de recibir ayuda, uno de cada tres con derecho reconocido, 93.619 más en “lista de espera” que cuando llegó Rajoy al poder. Y eso que 100.000 dependientes ya no esperan ayuda porque se han muerto en estos años, según los Directores y Gerentes de Servicios Sociales.

El balance de la Dependencia es aún peor en algunas autonomías, la mayoría de ellas gobernadas por el PP hasta mayo pasado. Así, el porcentaje de dependientes que reciben ayudas está muy por debajo de la media (1,59% de la población en toda España) en Canarias (0,52%), Comunidad valenciana (0,86%), Baleares (0,93%), Ceuta y Melilla (1,20%), Madrid (1,23%), Galicia (1,26%) y Navarra (1,27%), autonomías que también tienen los mayores porcentajes de dependientes en lista de espera desde 2011.

Algo hay que hacer y con urgencia, porque más de la mitad de los dependientes que solicitan ayudas tienen más de 80 años y muchos se mueren antes de que les lleguen. Urge que los distintos partidos acuerden, tras las elecciones del 20-D, un sistema de financiación suficiente y estable para la Dependencia. Y más si sabemos que habrá en España el triple de ancianos dependientes a mediados de este siglo.

Lo primero sería que el futuro Gobierno aprobara un Plan de choque para ponerse al día y acabar con las listas de espera, que recibieran servicios o cobraran algo las familias de los casi 400.000 dependientes que esperan desde hace meses. Eso supondría recuperar al menos  los 2.236 millones perdidos en esta Legislatura, aportándolos entre el Estado y las autonomías, con un crédito extraordinario. Pero sería sólo un parche. Cara al futuro, hay que buscar un sistema de financiación estable (40% Estado, 40% autonomías y 20% familias) y suficiente, en base a impuestos (se puede y ser debe recaudar más), posibles recargos de IVA o cotizaciones sociales adicionales, medidas propuestas en su día por la Comisión de expertos que informó sobre la Ley de Dependencia en el Congreso. Bastaría recabar entre 8.000 y 10.000 millones anuales para financiar la Dependencia, bastante más barata que los otros tres pilares del Estado de Bienestar, las Pensiones (120.000 millones), la Sanidad (88.000 millones) o la Educación (50.000 millones).

La mayoría de partidos prometen más recursos para la Dependencia si llegan al poder, incluso piden que sea un derecho incluido en la Constitución (PSOE). Pero hay que concretar de dónde va a salir el dinero, porque las familias de los dependientes ya han visto lo que pasa cuando se prometen derechos sin recursos, como hizo Zapatero: el sistema se colapsa. Hay que ponerlo en marcha, con perspectiva de futuro, para que atienda a una población española más envejecida, donde  9 de cada 100 españoles vivirán más de 80 años. Seremos más longevos, pero por eso necesitaremos más cuidados. Y eso tiene un precio, que hay que pensar en cómo pagar desde hoy. Porque pronto, los dependientes no serán nuestros padres: seremos nosotros. 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Compramos mucho más por Internet


Esta Navidad se espera un tirón de ventas a través de Internet, para cerrar un año 2015 que será  récord para el “e-commerce”. Actualmente, uno de cada tres adultos españoles compra por la Red, el triple que en 2007, aunque todavía estamos por debajo de la media europea (41% adultos que compran). Pero los que compran, gastan cada vez más: este año se esperan 20.000 millones de ventas online, sólo superadas por Reino Unido, Alemania y Francia. Cara al futuro, los expertos confían que las ventas online sigan creciendo mucho, por comodidad, precio, los consumidores jóvenes y el auge de móviles y redes sociales. Eso sí, hace falta ayudar a las empresas (sobre todo a las pymes) para que se decidan a vender por Internet, porque sólo 1 de cada 6 empresas utilizan el comercio electrónico en España. Y también, informar a los consumidores de sus derechos en la Red, porque la mayoría los desconoce. Comprar online sí, pero con seguridad y sin fraudes. El mercado está en la Red. 
 

enrique ortega



A pesar de la crisis económica, las ventas por Internet no han dejado de crecer en todo el mundo: ya hay más de 1.300 millones de compradores online y este año 2015 se espera superar los 2 billones de euros de ventas a través de la Red, el doble que hace una década. En Europa, hay un 41% de consumidores que ya utilizan habitualmente Internet para comprar, la mitad de ellos en webs de otros países, lo que configura un “mercado mundial”. En España, el auge de Internet hace que el mercado online potencial sea tremendo: ya hay 28 millones de internautas (27,9 millones de españoles de 16 a 75 años que usan Internet alguna vez, según los datos del INE de octubre) y 22,2 millones de españoles que usan Internet a diario. O sea, que dos de cada tres adultos (64,3%) acceden cada día al escaparate de Internet en España.

Y cada día son más los que, estando en la Red, compran: 1 de cada 3 adultos (32,1%) han comprado por Internet en los últimos tres meses, según la última encuesta sobre Equipamiento y Uso de las Tecnologías de la Información del INE (octubre 2015). Son más de 11 millones de españoles, entre 16 y 75 años. Y este grupo de “internautas compradores” no ha dejado de crecer y se ha triplicado en la última década: si en 2006 compraban por Internet el 10% de los adultos españoles, en 2011 eran ya el 18,6%, en 2014 era el 27,5% y ahora ya estamos en el 32,1%. Y si contamos los que han comprado por Internet alguna vez en su vida, resulta que lo han hecho ya casi la mitad de españoles (16,5 millones, el 48% de los adultos).

Aunque ya son muchos los españoles que compran por Internet, todavía hay muchos menos compradores online que en Europa, donde el 41% de los adultos ya compran por la Red (y el 46% en los países del euro). Somos el país número 16 de la UE-28 en compras online, muy lejos de los líderes: Reino Unido (el 72% de adultos compran en la Red), Dinamarca (66%), Suecia y Luxemburgo (62%), más Alemania (61%), según datos de Eurostat (2014). Y estamos sólo por encima de los cuatro países de la Europa del sur (15% Italia, 20% Grecia, 17% Portugal y 23% Chipre) y de ocho países de la Europa del Este. Pero “la brecha” de compras online con Europa se ha reducido con la crisis: si en 2007, la relación de compradores online era del 13% (España) al 28% (UE-28), en 2014 la diferencia era menor (28-41%).

La media de compras online en España es todavía baja: 4 compras en los últimos tres meses, con un gasto medio de 70 euros por compra, según el INE. Pero crecen los que compran más que la media y como tenemos más población que la mayoría de países europeos, el balance final de compras es alto: 770 euros por adulto en 2014, el séptimo país del mundo por compras online y el tercero en Europa, tras Reino Unido (1.413 euros por adulto), Alemania (1124 euros) y Francia (1.012 euros), según el Digital Market Outlook 2015 de Statista.

Las ventas online han pegado un tirón en 2015, con un aumento del 24,5% en el primer trimestre (último dato oficial disponible, de la CNMC: poco “online”), alcanzando 4.455,7 millones de facturación trimestral, tras 65 millones de operaciones de compra (da una media de gasto de 65,5 euros por compra). ¿Qué se compra online? Los negocios que más mueven en la Red son el turismo (24.3% de las ventas, en agencias de viaje y billetes de avión), el marketing directo (5,4%), la ropa (5,4%: 7,2 millones de españoles compraron ropa por Internet el último año, según el INE), la venta de billetes de tren y autobús(3,8%),  las entradas para espectáculos y deportes (3,7%), la alimentación (3,5%) y los hoteles  (2,9%). Algo más de la mitad de las ventas online (57,2%) las hacen web españolas, que venden a españoles (39% de la facturación) y a compradores de otros países (18,2% de las ventas online de web españolas). Con todo, existe un desequilibrio de ventas a favor de las webs extranjeras: venden más a españoles (1.908 millones de euros) de lo que las webs españolas venden a extranjeros (809,9 millones), con lo que hay un “déficit digital” de 1.099 millones. Y crecen más las ventas de Webs extranjeras a españoles que las de Webs españolas a extranjeros.

Los que compran online con más frecuencia, en España y en todo el mundo, son los más jóvenes, los que tienen entre 16 y 30 años, según el estudio IAB 2015. La mayoría lo hacen desde un ordenador (83% de las compras), aunque están creciendo mucho más las compras por móvil (9%) y tablet (6%). La forma de pago online más habitual es PayPal (44% operaciones), seguida del pago con tarjeta (25% compras), siendo cada vez menos usado el pago contra reembolso. Y la mayoría de compras se hacen sin problemas: sólo el 9,1% tuvo retrasos en la entrega o problemas por defectos o diferencias en lo comprado.

Ahora, los expertos creen que esta Navidad marcará un récord de ventas por Internet: 3.500 millones (+20%), debido a la recuperación del consumo (aún pequeña), la proliferación de ofertas y el auge de los móviles: el 16% de los consumidores hará todas sus compras online, el 22,4% la mitad, el 19,6% una cuarta parte y el 14% menos del 25%, según el estudio de Showprive.com Navidad 2015. Y se estima que Internet se lleve al menos un tercio del presupuesto de gastos navideños, entre 200 y 250 euros para un tercio de los encuestados. La mayoría de las compras online esta Navidad serán en moda y complementos, gadgets tecnológicos, perfumería y joyería.

Cara al futuro, las estimaciones apuestan por cerrar un año 2015 récord y un gran salto hacia adelante del comercio online en los próximos años, apoyado en dos motores: los móviles y las redes sociales. Hoy, el móvil es imprescindible en la primera fase de la compra online (buscar, mirar y comparar), pero la operación se acaba haciendo en el ordenador de casa o del trabajo. Pero esto va a cambiar y se prevé que para 2019, el 45% de las ventas online se hagan a través del móvil, con la inestimable ayuda de la geolocalización (ofertas al móvil de tiendas próximas al potencial comprador). Y más en España, porque somos el 4º país del mundo con más penetración de smartphones (teléfonos inteligentes), un 85%, sólo por detrás de Singapur (89%), Corea del Sur (88%) y Noruega (87%). Otro frente de crecimiento del comercio online serán las redes sociales, de donde ya proceden hoy un 5% de las compras: las recomendaciones (y quejas) en Facebook o Twitter serán cada vez más decisivas.

Otras tendencias futuras del “e-commerce serán las ofertas a través de un entorno “multicanal”, es decir que las ventas se harán en tiendas físicas, canal telefónico y webs, con una estrategia global en la que el cliente podrá elegir dónde compra en cada momento (Amazon, por ejemplo, acaba de abrir su primera librería física en Seattle). Eso sí, el mercado online necesitará sus propias ofertas y reglas de juego, con una personalización cada vez mayor de las ofertas (lo ideal: “una tienda distinta para cada cliente”), lo que obliga a conocer muy bien a los clientes. Y eso pasa por un comercio online cada vez más complejo y profesionalizado, que exigirá fuertes inversiones y un gran tamaño y volumen de ventas, en perjuicio de las pymes.

De momento, el comercio online está muy centrado en los viajes y el turismo, la ropa, las entradas, libros y discos. Y hay sectores donde le cuesta entrar, como la alimentación, aunque Amazon acaba de abrir (29 septiembre) su supermercado online para vender alimentos no perecederos y productos de limpieza. Pero de momento, las ventas online de los grandes supermercados, desde Mercadona a Alcampo o El Corte Inglés, son bajas. En parte, porque los españoles estamos acostumbrados a comprar productos frescos y venderlos por Internet es muy complejo. Pero también porque no parece que los grandes supermercados apuesten de verdad por vender online. Y eso porque un sagrado principio de la distribución es fomentar que el consumidor compre más de lo que necesita, para lo que fomentan que el cliente se pasee por toda la tienda, cambiando periódicamente su distribución, para que compre más de lo que tenía pensado. Y eso, en la tienda online es más difícil de conseguir.

Con todo, parece evidente que las ventas online llegarán a todos los sectores, máxime cuando los jóvenes de hoy (nativos digitales) consigan tener empleos e ingresos más estables. Para entonces, España necesita avanzar en dos frentes: el de  las empresas que venden online y el de los consumidores que compran por Internet. En el primero, el reto es que haya más empresas españolas que vendan online, porque hoy sólo lo hacen 1 de cada 6, el 17,6% de las empresas con 10 o más empleados, según la última encuesta del INE sobre uso de las TIC y del comercio electrónico (2014 y primer trimestre 2015). Y las ventas online sólo suponen el 14,4% de las ventas totales de las empresas españolas, 1 de cada 7 euros vendidos. Y las empresas tampoco usan mucho Internet para comprar a sus proveedores: sólo lo hacen el 27,6% de las empresas y para la quinta parte de sus compras. Parece evidente que si quieren aumentar su productividad, una de las asignaturas pendientes de las empresas españolas es vender (y comprar) mucho más por Internet, un canal con menos costes.

El otro reto de España es mejorar el canal de venta online, para reducir las malas prácticas de venta que aún retraen a muchos internautas para comprar: ocultar los gastos de envío, dar escasa información del producto, dificultar la compra a través del móvil, descuidar la seguridad (en las transacciones y en la privacidad de los datos), no permitir varias formas de pago, dar escasa información del producto, no facilitar el contacto para informarse o reclamar, ofrecer los mismos precios que en la tienda física y obligar al comprador a registrarse, según un listado de “11 errores que no se deben cometer”, elaborado por Acens. De todos, la seguridad es el tema fundamental, el más valorado por los usuarios, que buscan cada vez más el sello de confianza online y se preocupan de que el pago sea seguro y de  lo que hagan con sus datos. Además, estos son los cuatro factores que más llevan a los internautas a abandonar una Web sin comprar, según el estudio IAB 2015: largos plazos de entrega, cobro de los envíos, formas complejas de pago y, sobre todo, que haya sobrecostes ocultos ("sorpresas" al pagar).

La verdad es que la seguridad y eficacia de las ventas por Internet ha mejorado mucho, pero aún hay malas experiencias y demasiados engaños y fallos, que urge corregir. Para ello hace falta una mayor vigilancia y control desde la Administración (hay poca coordinación entre el Gobierno central y las autonomías) y una mayor información a los usuarios sobre sus derechos online (ver esta Guía de derechos del consumidor online), derivados de la Directiva europea 2011/83/UE), que la mayoría desconoce (por ejemplo, que en 2014 se amplió de 7 a 14 días el periodo legal para cambiar un producto comprado por Internet). Una tarea en la que han de volcarse también las asociaciones de consumidores y de internautas, con más apoyo desde Bruselas y Madrid.

En resumen, que las ventas online tienen un gran futuro, por comodidad y precio y porque los consumidores que vienen son nativos digitales. Pero España aún está retrasada del comercio online y urge ayudar a las empresas y a los consumidores a “dar el salto digital”, porque es una garantía de una economía más dinámica y competitiva. Falta un Plan para promover el comercio electrónico con recursos y decisión política para implantarlo. Con seguridad y precio, los internautas responderán. El mercado está en la Red.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Las grandes empresas pagan pocos impuestos


El Gobierno Rajoy ya no sabe qué hacer para “vender” sus logros económicos. Lo penúltimo: decir que las grandes empresas pagan ahora el doble de impuestos que con Zapatero. Es verdad. Pero no dicen que pagan sólo el 7,3% de sus beneficios, la mitad que las pymes y la tercera parte que la mayoría de trabajadores. Tampoco dicen que como grandes empresas, multinacionales y grandes fortunas pagan 38.000 millones menos de lo que deberían, la mayoría pagamos más impuestos. Y aun así, no llegan para cubrir gastos, por lo que hay recortes y déficit. El gran problema de España es que recauda menos que otros países y lo hace de forma injusta, cargando los impuestos en el 82% de españoles, los trabajadores. Así que otro gran reto de la próxima Legislatura es recaudar más, que paguen más impuestos grandes empresas, multinacionales y ricos. Se podrían recaudar 30.000 millones más sin subirnos los impuestos a la mayoría. Así no habría más recortes ni déficit.
 

enrique ortega


Empecemos haciendo un poco de historia sobre los impuestos de las grandes empresas españolas, un conglomerado de  4.000 grupos y 32.000 empresas. En 2007, el Gobierno Zapatero les hizo una serie de “regalos fiscales, con la excusa de fomentar la inversión y el empleo: bajada del tipo nominal del impuesto de sociedades (del 35 al 30%) y sobre todo, la creación de un abanico de exenciones, deducciones y beneficios fiscales que rebajaban al mínimo su tributación final. Y todo ello, con más ventajas para los grandes grupos empresariales que para el conjunto de empresas. El resultado de estos beneficios fiscales, junto a la crisis, fue un desplome de la recaudación en el impuesto de sociedades: pasó de 44.823 millones en 2007 a 16.611 millones en 2011. Y España se convirtió en el país europeo donde las empresas pagaban menos impuestos, sólo por delante de los países bálticos, Eslovenia y Hungría: la recaudación por sociedades (2011) suponía un 1,9% del PIB, frente al 2,5% de la media europea (y el 2,3% en Italia o Francia o el 2,6% en Alemania).

El resultado fue que las grandes empresas españolas sólo pagaron en 2011 un 3,5% de sus beneficios, mientras el total de empresas (algo más de un millón) pagaban el 8,8%. Algo que contrastaba con el 15% sobre beneficios que pagaban las pymes y el 11,9% de su renta bruta pagado por las familias españolas, según la Memoria de la Agencia Tributaria. Así que, al llegar Rajoy al poder, en diciembre de 2011, se encuentra con un gran “agujero fiscal”. “Nos encontramos con que algunas empresas del IBEX no pagaban impuestos”, llegó a decir en el Congreso. Y toma una serie de medidas, en 2012, 2013 y 2014, para que las grandes empresas paguen más impuestos, recortando deducciones y beneficios fiscales. Medidas que han llevado a que las grandes empresas pagaran en 2014 el 7,3% de sus beneficios, el doble de lo que pagaban en 2011 (3,5%), que es de lo que ahora “presumen”.

Pero ocultan dos datos muy significativos. Uno, que la recaudación por sociedades creció 2.102 millones de euros entre 2011 y 2014, mientras la recaudación por el IRPF aumentó  2.859 millones y la recaudación por IVA creció 6.872 millones. A lo claro: que el Gobierno Rajoy ha hecho pagar más a las grandes empresas, pero nos ha hecho pagar mucho más a la mayoría de nosotros, al declarar la Renta y al comprar (IVA). Además, una razón de que paguen más es porque ahora las empresas tienen más beneficios que en 2011, no sólo porque les hayan recortado beneficios fiscales. El otro dato del que no hablan es que las grandes empresas, aun pagando el doble que con ZP (7,3% de sus beneficios), todavía pagan la mitad que el conjunto de empresas (13,8%) y que las pymes (15% sobre beneficios) y la tercera parte que la mayoría de trabajadores (más del 20%), según la Memoria Tributaria.

Todavía, aun haciendo pagar más a las grandes empresas, España recauda 26.110 millones menos por el impuesto de sociedades que en 2007. Un “agujero” fiscal que la mayoría tenemos  que “tapar”, pagando algo más en la Renta (el IRPF recaudó 48 millones más en 2014 que en 2007) y en el IVA (recauda 323 millones más) pero sobre todo con los recortes que nos han hecho en educación, sanidad, inversiones públicas y Dependencia.

Pero el de las grandes empresas no es el único “agujero” que se hace al Fisco. Las multinacionales que operan en España también eluden el pago de impuestos, con una compleja “ingeniería fiscal (venta con pérdidas y préstamos a filiales, pago simulado de “royalties” o  trasvase de beneficios a filiales en paraísos fiscales) que les permiten pagar de media sólo un 5,3% de sus beneficios. Si Google, Apple, Ikea o Inditex pagaran impuestos en España sólo como las pymes (15% de sus beneficios), Hacienda recaudaría 8.250 millones de euros más al año, según los técnicos de Hacienda (Gestha). Y eso serían 8.250 millones menos que tendríamos que pagar en impuestos la mayoría (o más gasto público).

Pero el agujero no acaba ahí: los más ricos, las grandes fortunas, también pagan menos impuestos de lo que deberían, utilizando sociedades o SICAV (sociedades de inversión colectiva), que son bastante opacas (no hay que informar de todos sus titulares, sólo del Consejo de Administración) y apenas pagan impuestos: sólo tributan por el 1% de sus beneficios anuales (las sociedades cotizan por el 28% ahora). Los miembros de la SICAV solo pagan impuestos cuando venden y tienen beneficios, pero sólo tributan un 24% (como un Fondo de inversión o una renta de capital), casi como el tipo mínimo del IRPF (19,5%) y la mitad de lo que pagarían si cotizaran por renta (47% de tipo máximo, más los recargos autonómicos). En España hay 3.381 SICAV, con 33.663 millones invertidos. Si pagaran más impuestos, se podrían recaudar 3.000 millones extras, otros 3.000 millones más para gastar o bajar los impuestos al resto.

En definitiva, que si las grandes empresas, multinacionales y los más ricos pagaran lo que deberían, España podría recaudar 37.360 euros más al año, según los expertos fiscales de Gestha. Y eso supondría contar con más recursos para recomponer el Estado del Bienestar (sanidad, educación, pensiones y Dependencia, pensiones) y permitiría además que la mayoría de españoles pagara menos impuestos. Porque la presión fiscal en España ha subido con el Gobierno Rajoy: en 2014, el tipo medio que pagamos por todos los impuestos (IRPF, sociedades, IVA, impuestos especiales) fue del 15,2% sobre las bases imponibles (ingresos sometidos a tributos), frente al 13,30% en 2011, según la Agencia Tributaria. Y la presión fiscal (cociente entre impuestos e ingresos) fue del 33,8% en 2014 para un matrimonio con dos hijos, por encima de la media de la OCDE (26,8%). Por ello, somos el 9º país con más presión fiscal entre los 34 países de la OCDE.

España tiene dos graves problemas con los impuestos: recauda injustamente y recauda poco. La carga fiscal es injusta porque la mayor parte recae sobre el 82,2% de españoles, los 15 millones de contribuyentes que declaran menos de 30.000 millones al año, según cálculos de Gestha. Y además, España recauda mucho menos que otros países europeos: recaudamos el 38,7% de la riqueza (PIB), frente al 46,6% que recaudan los países del euro, según Bruselas (ver cuadro página 171 Previsiones otoño UE). Somos el 7º país europeo que menos impuestos recauda, sólo por detrás de Irlanda (34% de su PIB), Lituania (34,6%), Letonia (34,9%), Rumanía (35,4%), Bulgaria (36,7%) y Reino Unido (38,4%). Y esto es algo estructural, no por la crisis, ya que en los años buenos (antes 2007), recaudábamos el 37% del PIB frente al 43% los europeos. Eso significa que si España recaudara impuestos como los demás países del euro (46,6% del PIB y no el 38,7%), Hacienda podría ingresar 79.000 millones de euros más este año. No tendríamos déficit público y podríamos gastar más en lo mucho que hace falta.

¿Por qué recaudamos menos que los demás europeos? Porque hay más fraude y muchos pagan menos de lo que deberían. Primero está el fraude del IVA, por el que España deja de ingresar 12.000 millones cada año según cálculos de la Comisión Europea. Y luego está el “fraude legal” que hacen grandes empresas, multinacionales y los más ricos, estimado por Gestha en otros 60.000 millones anuales. Ya tenemos 72.000 millones. Una bolsa de fraude fiscal que podría reducirse a la mitad si el Gobierno tomara medidas eficaces, algo que no ha hecho Rajoy ni antes Zapatero o Aznar. No basta sólo con hacer una verdadera reforma fiscal, que reparta de manera más justa los impuestos para que no paguen sobre todo los que viven de una nómina. Hay que contar con medios: tras los recortes de Rajoy (-2.353 personas), Hacienda cuenta con un funcionario por cada 1.598 contribuyentes, frente a 1 por 942 en Francia o 1 por cada 740 contribuyentes en Alemania. Y no sólo faltan vigilantes: hay que vigilar de otra manera el fraude, porque ahora, sólo el 20% de la inspección vigila a grandes empresas y fortunas: el 80% de la labor de inspección se dedica a vigilar a los asalariados, según ha reconocido el presidente de los inspectores de Hacienda.

Parece claro que uno de los grandes retos de la próxima Legislatura son los impuestos, lograr recaudar más y de manera más justa. Para ello, es ineludible conseguir que las grandes empresas y multinacionales paguen más impuestos. El PSOE propone aplicarles una tributación mínima efectiva del 15% y Ciudadanos habla de un tipo único en sociedades del 20%, mientras el nuevo Gobierno navarro les ha impuesto un mínimo efectivo del 13%. Según los expertos de Gestha, con ese 15% a las grandes empresas y subiendo los tipos a las empresas con más de un millón de beneficios, se ingresarían 13.900 millones más.

Algo habría que hacer también con las SICAV, donde los partidos piden una revisión exhaustiva y el nuevo Gobierno de Navarra les ha impuesto una tributación del 28%. Pero con cuidado, porque si se les pone cerco se irán, como ya pasó en el País Vasco (había 200 SICAV y hoy no hay ninguna, tras subirles la tributación en 2009). Más que subirles tipos, los expertos defienden un mayor control, limitando al 3% el máximo de capital de la SICAV que puede tener un inversor y vigilándolas desde Hacienda, no desde la CNMV como ahora. Con una normativa más estricta,  podrían recaudarse 3.000 millones más. 

Pero en todos los casos (grandes empresas, multinacionales y SICAV), los grandes cambios fiscales deberían hacerse a nivel europeo, porque si el futuro Gobierno español hace cambios en solitario, las grandes empresas, multinacionales y SICAV pueden fugarse a otros países que les traten mejor, como acaba de hacer la española Grifols (ha fijado su sede legal en Irlanda, como Inditex, bancos y muchas empresas que tienen allí filiales por motivos fiscales, porque pagan sólo el 12% de impuesto de sociedades frente al 28% en España). La unión fiscal es otra gran asignatura pendiente de una Europa dividida en casi todo, no sólo con los refugiados.

Pero algo hay que hacer en España la próxima Legislatura, porque urge recaudar más y hacerlo de forma más justa, algo que reclaman la mayoría de españoles: el 86,7% cree que los impuestos no se pagan con justicia y el 93,9% perciben que hay mucho o bastante fraude fiscal, según el último Barómetro del CIS. Hay que perseguirlo, con medidas legales y más inspección, lo que permitiría recaudar unos 18.000 millones más. Además, los expertos de Gestha plantean otras medidas para recaudar más: subida impuestos a los carburantes y nuevos impuestos medioambientes (+4.500 millones), armonizar impuestos sucesiones y patrimonio entre autonomías (+4.500 millones) y un plan de lucha contra el fraude (+7.700 millones). En total, creen posible recaudar 42.400 millones más al año. 

Aunque sólo fueran 30.000 millones más, eso sería un gran balón de oxígeno para España: permitiría reducir el déficit sin más recortes (10.000 millones de recorte extra pide Bruselas) y destinar el resto a recomponer el Estado del Bienestar (sanidad, educación, pensiones y dependencia) y a reanimar la inversión pública y privada, para crecer más y crear más empleo, nuestra primera prioridad como país. No es el cuento de la lechera. Es una tarea urgente.