lunes, 19 de enero de 2015

Cae la renta agraria: ¿Comeremos móviles?


En 2014 volvió a caer la renta agraria, los ingresos de agricultores y ganaderos, algo que sucede desde 2007, más en España que en Europa. Y eso porque bajaron algunas producciones, pero sobre todo por la caída de los precios que reciben, las importaciones de alimentos, el cierre del mercado ruso y la presión de industrias y supermercados, que pagan menos a los que producen los alimentos aunque luego se encarezcan por el camino. La consecuencia es que se produce menos, se pierde empleo y el campo se despuebla. Lo mismo pasa con la pesca, donde la flota se ha reducido a la mitad en los últimos 18 años. Si no se apoya a los agricultores y ganaderos, cada vez habrá menos comida de origen español y menos jóvenes se quedarán en el campo, en perjuicio también del medio ambiente. Hay que apostar por el campo, porque los ordenadores, los móviles o los coches no se comen.
 
enrique ortega

A los que trabajan en el campo no les salen las cuentas. Sus ingresos, la renta agraria, les viene cayendo desde 2007 y en 2014 cayó un 7,1%, según el Ministerio de Agricultura. Con ello, la renta agraria cerró el año en 22.110 millones de euros, un valor cercano al del año 2.000. Una caída de la renta por  activo del -4,5%, el triple que en Europa (-1,7%), según Eurostat. De hecho, España es el 9º país de la UE con una mayor caída de la renta agraria en 2014. Además de caer la renta, el empleo agrícola se ha estancado (sólo hubo 224 nuevos afiliados a la SS agraria en 2014), se han recortado producciones y en consecuencia, sigue cayendo el precio de la tierra de cultivo (a 9.633 euros por hectárea), un -14% desde 2007.

El año 2014 podría haber sido peor de no haberse reducido algunos costes para agricultores y ganaderos (se les han abaratado los piensos, los fertilizantes y la luz, aunque les subieron las semillas) y de no haber subido el peso de las subvenciones (6.365 millones), el 28,8% de sus ingresos. Pero les falló lo fundamental: los ingresos por lo que producen. Por un lado, porque algunas cosechas y producciones cayeron (-26,2% vino, -18,7% cereales, -4,1% plantas forrajeras, -3,6% frutas, -10,9% huevos, -4,7% ovino y caprino y -3,5% bovino). Y, sobre todo, porque bajaron el 80% de los precios que perciben. Algo que se debe a tres factores: mayores producciones, competencia de alimentos importados y, sobre todo, el efecto del veto ruso, que ha forzado a la baja los precios de algunas frutas y carnes.

Además, los agricultores achacan los bajos precios que reciben a la presión de las industrias y de los grandes distribuidores. La industria agroalimentaria es la segunda industria española (factura 90.000 millones) y exporta la cuarta parte de lo que produce, compitiendo en Europa y en todo el mundo con sus productos. Y por eso presiona a la baja lo que paga a agricultores y ganaderos españoles, optando en ocasiones por importar alimentos o fabricar incluso en el extranjero (conservas de pimientos y espárragos, por ejemplo). En cuanto a los grandes distribuidores, copan el 72% del mercado (Mercadona, Carrefour, Eroski, Día y Alcampo concentran el 57% de las ventas) y presionan a las industrias y a los productores para conseguir productos cada vez más baratos en origen, aunque luego multiplican por tres y hasta por cinco su precio final al consumidor, como revela el Observatorio IPOD. Y en ocasiones, venden alimentos a pérdidas (leche, pollo, aceite, vino, sandía, conejo…), tirando precios, como parte de su guerra comercial para ganar clientes y cuota de mercado.

El resultado es que agricultores y ganaderos ven recortarse los precios que reciben aunque a nosotros nos cuesten más en el supermercado. Y se ven indefensos ante la industria y los distribuidores, porque los productores son muchos y pequeños: en España hay 4.000 cooperativas agrarias que facturan unos 19.000 millones de euros, entre todas como las cuatro mayores cooperativas de Holanda. Y de los 900.000 agricultores, sólo 400.000 son profesionales, muchos con una explotación poco modernizada, sin financiación. Y así, muchos abandonan: las producciones han caído a la mitad en dos décadas. Y no hay relevo generacional: 1 de cada 3 agricultores tiene más de 65 años.

El campo es un sector muy débil y vulnerable, que subsiste gracias a las  subvenciones europeas (28,8% de sus ingresos). Unas subvenciones que se han recortado para toda Europa, con lo que España recibirá 750 millones menos al año entre 2015 y 2020:35.700 millones en pagos directos y 8.300 millones para desarrollo rural. Menos dinero, para menos sectores (no hay ayudas para el olivar, frutas y hortalizas) y a repartir entre más hectáreas (ahora se incluyen en las ayudas barbechos blancos y pastos), lo que rebajará las ayudas a las hectáreas más productivas. Y además, seguirán cobrándolas los titulares agrarios no activos (terratenientes, absentistas y hasta cotos de caza), en contra de las organizaciones agrarias, que denuncian que hay 900.000 españoles perceptores de ayudas y sólo 400.000 agricultores y ganaderos profesionales. También critican que Bruselas, con la nueva PAC, elimine los mecanismos para regular los mercados, lo que supondrá mayor volatilidad de precios. Y que la Comisión Europea, junto al recorte de fondos al campo, haya multiplicado los acuerdos con Marruecos, Latinoamérica y  Asia, para facilitar la entrada de sus alimentos en Europa.  

Otro sector que languidece es la pesca: la flota española se ha reducido a la mitad, de 18.478 pesqueros (1995) a 9.871 en 2013. La mayor caída se ha dado en la flota artesanal (7.602 barcos), que se ha reducido un 25% en los últimos 7 años, por culpa del recorte de capturas, la reducción de ayudas, el envejecimiento de la flota (en 2006 se retiraron las ayudas a renovar los barcos), la caída de ingresos (el salario medio anual de la flota artesanal ha caído a 7.796 euros, un tercio del de la flota industrial) y la falta de relevo generacional (sólo el 6,8% de pescadores tiene menos de 25 años).

El campo y la pesca pierden renta, empleo y ayudas y a nadie parece preocuparle, porque si no hay comida aquí se importa de otros países. Y a los consumidores no les preocupan los problemas de los agricultores, ganaderos y pescadores españoles siempre que puedan ir al supermercado y comprar barato, aunque los tomates sean marroquíes, los ajos chinos, los garbanzos mexicanos, las lentejas turcas, las naranjas sudafricanas, los zumos californianos, los pollos brasileños, las carnes argentinas, el cordero neozelandés o el pescado vietnamita. Pero los alimentos son algo estratégico, ligado a nuestra cultura, que mantiene la vida en nuestros campos y puertos, no sólo el empleo sino también el medio ambiente: los agricultores y ganaderos son los mayores cuidadores de nuestros ecosistemas. Y si “pasamos” de ellos, nuestras zonas rurales se despoblarán y se deteriorarán (aún más).

Hay que poner freno al abandono del campo (y la pesca). Primero, el Gobierno debe mediar entre los productores y  la industria y la gran distribución, para que no abusen a la hora de pagar precios y fijar contratos, aplicando mejor la nueva Ley de la cadena alimentaria. Segundo, hay que dedicar recursos y personal a profesionalizar más las explotaciones agrícolas y ganaderas, con créditos públicos, formación e innovación, fomentando crear potentes cooperativas agrarias, al hilo de la nueva Ley de Cooperativas. Y, sobre todo, hay que gastar recursos en promover el desarrollo de las zonas rurales, que suponen el 90% del territorio y tienen sólo el 20% de la población. El campo no es sólo algo bonito para hacer turismo, tiene que ser un buen lugar para vivir, con escuelas, sanidad, vivienda, servicios y ocio, con una renta suficiente para que los jóvenes no emigren. Y España, en lugar de apoyar a las zonas rurales (como Francia), no gasta en ellas e incluso pierde los fondos europeos (FEADER) por no ejecutar un tercio de los proyectos (en 2014 perdimos 150 millones).

El campo, los agricultores y ganaderos, son los grandes olvidados de la crisis, entre los políticos, los medios y la mayoría de ciudadanos, que vivimos en las ciudades. Y eso es grave porque el campo es nuestra despensa y no se comen ni los ordenadores, ni los móviles, ni los coches. Y además, si no cuidamos el campo  descuidamos el medio ambiente y nos cargamos el futuro. Piénsenlo cuando vayan al súper. Tenemos que estar al lado de nuestros agricultores, ganaderos y pescadores, evitar que los jóvenes dejen estos trabajos y los pueblos se abandonen. Y que la mayoría de los alimentos sean importados (y cada vez más caros). Con la comida no se juega.

jueves, 15 de enero de 2015

Plan PIVE: subvenciona empleo en Europa


En 2014 aumentó mucho la venta de coches: 855.308 turismos, la mejor cifra desde 2010. Pero son unas ventas “dopadas” por las ayudas del Plan PIVE (1.000 euros por coche con cargo al Presupuesto). Y no se dice que parte de estas ayudas se destinan a comprar coches fabricados fuera de España: 5 de los 10 coches más vendidos aquí se fabrican en Alemania, Francia, Reino Unido, Rumanía o Marruecos. Así que con una parte del Plan PIVE subvencionamos el empleo en otros países. Y así lo hacemos desde 1.999, con los Planes Prever, VIVE y PIVE. En total, 3.138 millones en ayudas a la compra de coches durante los últimos 15 años. Más otros casi 9.000 millones en créditos a la industria automovilística, el sector más mimado por todos los Gobiernos. Mucho dinero para una industria en manos extranjeras, que se puede ir cualquier día. Habría que dirigir las ayudas a las fábricas españolas y a cambio de mayores garantías de futuro.
 
enrique ortega

La industria del automóvil y los concesionarios están eufóricos: llevan 16 meses aumentando las ventas de coches en España y crecieron un 18,4% en 2014, el mayor aumento en los últimos 15 años, con 855.308 turismos matriculados. Y creen que este año 2015 rozarán el millón de coches vendidos, para vender 1,2 millones en 2017, todavía lejos de los buenos años del sector: en el cuatrienio 2004-2007,vendieron 1,6 millones de coches al año.

El tirón de las ventas, sobre todo en diciembre (+21,4%) se ha debido al mantenimiento y ampliación de las ayudas del Plan PIVE (2.000 euros por coche, la mitad con cargo al Presupuesto), presente en 9 de cada 10 matriculaciones de turismos. Para 2015 ya se han previsto 175 millones de ayudas del Plan PIVE 7, que se suman a las aprobadas desde octubre de 2012, cuando el Gobierno Rajoy aprobó el Plan PIVE 1. En total, ya son 960 millones de ayudas a la compra de turismos, que permitirán renovar 930.000 coches en cuatro años, además de ahorrar 247 millones de litros de combustible al año y reducir 500.000 Tm. de emisiones anuales de CO2, al ser los nuevos coches menos contaminantes. En paralelo, las ventas de vehículos comerciales crecieron un 33,3 % en 2014 (113.782 matriculados), gracias a las ayudas del Plan PIMA Aire, creado en febrero de 2013 y que ha tenido ya 4 ediciones, con 53,1 millones de euros, que han permitido sustituir 35.000 vehículos industriales, tractores y turismos eléctricos. Además, hay 10 millones más para el Plan Movele, que apoya la compra de vehículos eléctricos, y otros 4,7 millones del Plan PIMA Transporte, lanzado en diciembre 2014 y que pretende renovar 2.500 camiones y autobuses.

En total, 1.027,8 millones en ayudas públicas a la compra de vehículos entre 2012 y 2015. Y a eso hay que sumar los 2.110,72 millones de ayudas concedidas antes por el Gobierno Zapatero, que puso en marcha el Plan Prever (1.580.72 millones entre 1999 y 2007) y el Plan VIVE (otros 530 millones entre 2009 y 2010). Son pues 15 años de ayudas públicas  continuadas a la compra de vehículos, por un importe total de 3.138,5 millones de euros. Un “dopaje” que ha impedido una mayor caída de ventas y empleo (en las fábricas, concesionarios y talleres) con la crisis y que el sector pide mantener al menos en 2015 y 2016. Un dinero que, según los cálculos del sector, es muy rentable, porque por cada euro público aportado al Plan PIVE el Estado recupera tres euros en impuestos y cotizaciones.

Un problema del que no se habla es que esas ayudas se dan a la compra de cualquier coche nuevo (con algunas condiciones), por lo que subvencionamos también coches que se fabrican fuera de España. De los diez coches más vendidos en 2014 (ver aquí el ranking), cinco se fabrican fuera de España: una parte del 2º más vendido, el Citroën C4 (el Picasso y Cactus se fabrican en España pero el DS4 se fabrica en Mulhouse, Francia), el Volkswagen Golf (7º, fabricado en Wolfsburgo, Alemania), el Dacia Sandero (el 8º, fabricado en Rumanía y Marruecos), el Renault Clío (el 9º, fabricado en Flius, Francia) y el Nissan Qashqai (10º, fabricado en Sunderland, Reino Unido). Y muchos más, si ampliamos la lista de ventas. En esos casos, al dar dinero público a quien los compra, subvencionamos el empleo en otros países (con mucho menos paro).

La alternativa sería subvencionar sólo la compra de coches fabricados en España, pero ni Zapatero ni Rajoy se han atrevido a hacerlo porque podría provocar la fuga de alguna multinacional. Otra vía sería suprimir las ayudas directas a los compradores (que no tiene ningún otro sector, como los electrodomésticos) y dedicar ese dinero (o menos) a apuntalar la industria del automóvil en España con ayudas a la fabricación, a la tecnología y al empleo. Ayudas que por otra parte ya se han dado y de forma cuantiosa. Por un lado, la industria del automóvil ha recibido 1.656 millones en créditos “blandos” desde 2009 a 2014, más 110 millones en subvenciones directas en 2009. Y además, el sector recibió 4.070 millones entre ayudas y préstamos del Plan Integral de Automoción (PIA) aprobado en 2009. En total, pues, otros 5.836 millones en ayudas directas a la industria, a sumar a los  3.138,5 millones de subvenciones a la compra de vehículos. Casi 9.000 millones de ayudas en 15 años.

Unas ayudas a las que hay que sumar el sacrificio de los trabajadores, que han aportado a las multinacionales moderación salarial, flexibilidad de horarios y vacaciones más numerosos EREs temporales que han recargado las cuentas de la Seguridad Social.  Al final, todas estas ayudas y sacrificios han conseguido que España vuelva en 2014 a ser el 9º fabricante mundial de automóviles (2,4 millones de turismos en 2014) y el 2º europeo (tras Alemania), con nuevas inversiones de las multinacionales en sus plantas españolas (5.500 millones entre 2012 y 2014), que han lanzado 13 nuevos modelos (lo que asegura 7-8 años de trabajo) y han creado 20.000 nuevos empleos directos (84% estables) y 80.000 indirectos.

La industria del automóvil en España (la tercera en importancia tras el turismo y la agroalimentaria) tiene indudables fortalezas: gran flexibilidad laboral, plantas de montaje muy productivas (10 de las 17 factorías españolas están entre las más eficientes de Europa), salarios más bajos (22-25 euros por hora trabajada frente a 46 en Alemania o Francia, aunque más del doble que los 8,7 euros de Eslovaquia, los 7 de Polonia o los 11,5 de la República Checa), un personal muy formado y con experiencia, además de una competitiva e importante industria auxiliar cercana a las factorías.

Pero el automóvil es también un sector muy vulnerable, con dos grandes riesgos. Uno, que las fábricas de coches “españolas” son muy dependientes del exterior: el 87% de los vehículos se exportan, la mayoría a Europa (que no despega y cuyos principales mercados están físicamente muy alejados, encareciendo el transporte). Y el otro, que la industria del automóvil (10% del PIB y 12% del empleo)  está en manos de las multinacionales, que toman sus decisiones en Wolfsburgo (Volkswagen) o Stuttgart (Mercedes), París (Grupo PSA), Yokohama (Nissan), Detroit (GM), Dearborn (Ford) o Turín (Iveco). Y estos grandes fabricantes tienden a fabricar donde se vende, lo que juega en contra de España: aquí se venden 18 coches por cada 1.000 habitantes frente a 35 en Europa. Y para 2020, los expertos apuestan porque las ventas crecerán sobre todo en el Sudeste asiático y Latinoamérica, por lo que las multinacionales tenderán a fabricar allí y no en Europa.

España tiene un gran dilema con el automóvil: si no le sigue “dopando” con ayudas públicas (a la compra y a las fábricas), las multinacionales pueden irse a fabricar los futuros modelos a Asia, Latinoamérica o África. Pero si les seguimos dando dinero público, no tenemos ninguna garantía de que vayan a quedarse dentro de unos años. Y encima, estamos subvencionando empleo en otros países, no en España. Habría que analizar a fondo las ayudas  y ligarlas directamente al empleo en España y al refuerzo de las factorías españolas en innovación, tecnología, calidad y eficiencia, para que sean “imprescindibles” para las multinacionales. Y con cláusulas de penalización por “fugas”. Si el automóvil tiene un trato de favor respecto al resto de la industria, deberíamos buscar garantías efectivas de que no puedan dejarnos sin más. Reciben demasiado dinero como para no controlarlo mejor. Sin chantajes.

lunes, 12 de enero de 2015

Más muertes que nacimientos: menos españoles


Este año 2015, habrá más muertes que nacimientos en España, algo que no pasaba desde la Guerra Civil. Y lo mismo sucederá en los próximos 50 años, según el INE. Con ello, se agravará la pérdida de población en España, iniciada en 2012 y causada sobre todo por la marcha de inmigrantes y la salida de jóvenes a buscar trabajo. Así, la población española bajará de los 46,4 millones actuales  a 40,8 millones en 2064. Y lo peor no será que seamos menos habitantes, sino que seremos mucho más viejos: dentro de 15 años, uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años (hoy son el 18%). Y dentro de 50 años, ya serán más de un tercio de los españoles. Con este panorama, menos niños y más viejos, será más difícil  pagar los servicios públicos y las pensiones. Así que habría que “ponerse las pilas” ya y empezar a favorecer  de verdad la natalidad y la familia. Y no usarlo como "arma electoral".
 
enrique ortega

En 2015 se esperan más muertes que nacimientos, según las últimas previsiones de población del INE. Es algo que ya pasa en Alemania (desde 1975), Italia, Portugal, Grecia y algunos países del Este de Europa, pero que no sucedía en España desde la Guerra Civil. El récord de nacimientos se produjo en 1976, cuando nacieron en España 677.456 niños, 1.856 al día. Y después de tres décadas largas de crecimiento, en 2008 ya sólo nacieron 517.779 niños, 1.424 al día. Ahora, con la crisis, llevamos cinco años seguidos de caída de los nacimientos, hasta los 408.902 en 2014, 1.120 al día. Y seguirán bajando en los próximos 15 años, según el INE, hasta los 299.279 nacimientos en 2028, 819 al día, menos de la mitad que tras la muerte de Franco. Y todavía bajarán a 229.435 en 2063, 628 nacimientos diarios.

La cigüeña viene menos sobre todo por dos causas. Una, porque hay menos mujeres españoles en edad fértil (entre 15 y 49 años), por la crisis de natalidad de los años 80 y principios de los 90. Y la otra, porque las mujeres tienen menos hijos: 1,27 niños por mujer en 2014, la mitad que en 1976 (2,8 niños por mujer) y menos que las mujeres europeas (1,56 hijos de media en la UE, 1,8 en Reino Unido y 2 hijos en Suecia, Irlanda o Francia). Una tasa de natalidad que aún bajará a 1,24 hijos/mujer en 2029 y a 1,22 en 2064. Una tercera razón es que hay menos mujeres inmigrantes, que tienen más hijos (1,44 de media frente a 1,28 hijos las españolas en 2012). Además, hay otras causas vinculadas a la crisis: el temor al futuro es el mejor anticonceptivo. Y con tanto paro, salarios bajos, contratos precarios y recortes de ayudas (becas, servicios sociales, alquileres, bono social luz y agua, discapacitados…), son muchas las familias que se plantean traer más hijos al mundo (el 30% de los niños españoles crece ahora sin hermanos). Y más cuando la mujer no tiene nada fácil ser trabajadora y madre a la vez (el 23% deja de trabajar para cuidar a sus niños).

La mortalidad empezó a crecer en 1976 (299.007 defunciones) y marcó un récord en 2012 (401.122 muertes), para bajar en 2013 y 2014 (395.196 defunciones). Pero subirán en los próximos 15 años (411.392 defunciones en 2028) y, sobre todo, para dentro de 50 años, cuando mueran ya 559.858 españoles (2063), el doble que los nacimientos (229.435), según el INE. Eso se debe al envejecimiento de la población, a que hay más ancianos porque vivimos más años: si al final de la Guerra Civil, la esperanza de vida en España era de 50 años (en 1941), a la muerte de Franco era ya de 73,34 años (1.976), en 2013 eran 82,5 años, en 2039 viviremos hasta los 86,29 años de media y en 2063 hasta los 90,95 años, gracias a los avances de la medicina y a una vida más saludable. De hecho, España es el país con más esperanza de vida de Europa: 82,5 años frente a 82,4 de Italia o 82,1 de Francia.

Más muertes que nacimientos, ya desde 2015 y hasta 2063 (como mínimo), agravarán la caída de población en España, que se produce desde 2012 por otra razón: la salida de inmigrantes y de españoles al extranjero. El saldo migratorio (entradas-salidas) empezó a ser negativo en 2010, se agravó en 2012 (-142.552) y en 2013 (-256.849), para suavizarse en 2014 (-84.669) y 2015 (-66.386), aunque el INE cree que seguirán emigrando más de los que entren hasta el año 2021, el primero en que volverán a entrar más extranjeros de los que se van. Y así seguirá hasta 2063.

En conjunto, entre menos nacimientos, más muertes y salida neta de inmigrantes, España perderá población en las próximas décadas: perderemos un millón de habitantes (1.022.852) en los próximos 15 años (seremos 45,4 millones para 2029 frente a 46,4 el 1 de enero 2015) y más de 5,6 millones en los próximos 50 años (habrá 40,8 millones en España en 2064), según las proyecciones del INE. Pero no todas las regiones perderán población: la ganarán, en los próximos 15 años, Melilla (+12,9%), Ceuta (+8,4%), Baleares (+4,8%), Canarias (+2,9%), Madrid (+1,7%) y Murcia (+0,1%), estancándose Andalucía. Y las 12 autonomías restantes perderán población, sobre todo  Castilla y León (-9%), Asturias (-8,3%), Galicia (-7,6%), La Rioja (-5,4%), País Vasco (-5%) y Comunidad Valenciana (-4,8%).

España no sólo perderá población sino que la que tenga será mucho más vieja, porque nacerán muchos más niños y los mayores vivirán más años. Así, dentro de 15 años (2029), uno de cada cuatro españoles tendrá más de 65 años (11,3 millones, el 24,9% de la población), cuando ahora son el 18,2% (8,4 millones). Y  dentro de 50 años, habrá ya 15,8 millones de españoles mayores de 65 años (38,72% de la población). Y de ellos, más de la mitad  (8,84 millones) tendrán más de 80 años (el 21,6% de la población, cuatro veces lo que hoy). Un porcentaje de viejos mayor que en Europa, donde los +65 rondarán el 30%.

Un país con menos población y mucho más envejecida tiene un gran reto por delante, con dos graves consecuencias: habrá menos gente para trabajar (y pagar impuestos y pensiones) y más gente para gastar, para pedir servicios: educación, sanidad (más viejos y octogenarios, más costes), Dependencia (más residencias y asistencia) y servicios sociales, además de duplicarse el gasto en pensiones. Las cuentas son claras: si hoy hay 1,9 activos por cada inactivo (menores de 16 y mayores de 65 años), en 2029 habrá ya 1,6 y en 2064 habrá sólo 1  activo por cada inactivo.  Y será muy difícil sostener las pensiones y el Estado del bienestar.

Lo peor será dentro de 20 años, a partir de 2035, según los expertos. Es el plazo que España tiene para tratar de ajustar su demografía, fomentando desde ahora su natalidad. Para equilibrar las cuentas, señalan los demógrafos, haría falta tener 2,1 hijos por mujer, frente a los 1,27 de hoy. Eso exige que nazcan 280.000 niños más cada año, 767 nacimientos más cada día que ahora (1.120 diarios en 2014). Algo que no es fácil, pero que es necesario promover si España no quiere caer en la bancarrota social en 50 años.

Para que las familias tengan más hijos hay que promover desde ya un Plan de fomento de la natalidad, asentado en cuatro patas. Una, establecer más ayudas a las familias, desde guarderías y enseñanza a la sanidad, el transporte, la vivienda, la luz, el agua, el subsidio de paro o las ayudas a la Dependencia. Dos, establecer una fiscalidad de apoyo a la natalidad, incorporando propuestas como mejorar la pensión a los que tengan más hijos (Campaña “Más hijos, más pensión) o contabilizar como tiempo cotizado los años en que las madres cuidan a sus pequeños. Tres, avanzar en las políticas de conciliación laboral en las empresas, ampliando el permiso de paternidad (de 2 a 4 semanas como prometieron e incumplieron ZP y Rajoy), creando más guarderías y racionalizando horarios. Y cuatro, favoreciendo el trabajo de la mujer, con más paro y peores sueldos y empleos por su potencial maternidad.

Son medidas que hay que tomar cuanto antes, porque tardan años en dar fruto, con más nacimientos. Ya hemos visto los frutos del modelo de familia "triunfadora” con 1 hijo y los recortes hechos a la natalidad y a la familia: somos uno de los países con menos niños y más viejos de Europa y con un serio problema para asegurar el futuro de las pensiones y del Estado del Bienestar. Hace falta tomar conciencia de este reto histórico y volcarse en resolverlo con dinero, con conciencia colectiva y voluntad política. No usar la familia como un reclamo electoral para las dos votaciones de este 2015. Necesitamos un pacto demográfico para salvar el futuro.