lunes, 6 de octubre de 2014

La luz vuelve a subir (calladamente)


Si miran el último recibo de la luz, verán que ha vuelto a subir, a la chita callando: un 6,75% en septiembre, cuando pagamos el precio más alto de los últimos cinco años. Y también subió el resto del verano: un 11,5% en el tercer trimestre, tras bajar en la primera mitad de 2014. Ahora se espera que baje algo en el cuarto trimestre, pero podría subir en 2015. El nuevo sistema de tarifas es muy volátil y el precio depende mucho del viento y la lluvia (luz más barata) y de cómo produzcan luz las eléctricas. Además, en el recibo seguimos pagando de más por un montón de extracostes que el Gobierno no quita: ayudas al transporte, comercialización, parón nuclear, a renovables y  eléctricas tradicionales, a las islas, a grandes empresas consumidoras y al pago de la deuda eléctrica. Hace falta una auditoría de costes, para que de una vez paguemos la luz por lo que de verdad cuesta. Basta de sablazos.
 
enrique ortega

Los precios de la luz en el mercado eléctrico suben desde mayo, porque ha habido menos viento y lluvia, lo que ha reducido la producción de las renovables (luz más barata). Además, hay sospechas de que las propias eléctricas manipulan al alza los precios (el anterior Gobierno ya abrió en 2011 un expediente a Iberdrola, Gas Natural y EON, que acaba de cerrar el Gobierno actual “por falta de pruebas”), enchufando centrales más caras (fuel y gas). Y los recortes del Gobierno a las renovables han subido el coste de producir luz con energía eólica y solar, encareciendo el recibo. Además, el impuesto del 7% a la producción de electricidad que impuso el Gobierno a las eléctricas (2013) para ayudar a tapar el agujero eléctrico (déficit de tarifa), nos lo han acabado cargando en el precio. Por todo ello, el precio de la electricidad en el mercado mayorista (pool  eléctrico) ha subido el 30 de septiembre a 66,98 euros Mwh, por encima del precio de diciembre 2013 (63,64 euros) que hizo intervenir al Gobierno y cambiar el sistema de subasta. Y el precio más alto desde 2008.

En definitiva, el Gobierno Rajoy cambió el sistema de subasta trimestral por un sistema que toma el precio diario del mercado eléctrico mayorista, para evitar sobresaltos como el de diciembre, y ese precio sigue subiendo. Y  además, fluctúa mucho, por la meteorología y las propias eléctricas: en febrero era de 17,12 euros Mwh, en mayo 42,41 y en septiembre 66,98 euros Mwh. Con ello, el precio de producir  la electricidad ha subido un 31% en el tercer trimestre. Y como ese coste de producir la luz supone un 37,48% del recibo (otro 21,38% son impuestos y el 41,14% restante costes regulados por el Gobierno), al final nos ha supuesto una subida del recibo de la luz de un 11,5% este verano (+6,75% sólo en septiembre). En el primer semestre, como producir la luz costó menos del precio que había fijado el Gobierno (48,48 euros Mwh), las eléctricas nos tuvieron que devolver dinero (463 millones, entre junio y agosto), una media de 32 euros por familia.

Ahora, la previsión del mercado eléctrico es que los precios bajen sobre los máximos de septiembre y alcancen en el cuarto trimestre unos 50 euros Mwh, lo que se traduciría en una bajada del recibo para este otoño del 1,5%. Y en todo el año 2014, con la bajada del primer semestre y la subida del tercero, el balance podría ser de una bajada de la luz del 4%, según el Gobierno y las eléctricas. Pero eso sería la tarifa, no lo que de verdad pagan los usuarios, porque la mayoría pagarán más por la luz que en 2013. Primero, porque este año cambió el recibo (en febrero) y subió la parte fija de la factura, lo que se paga por la potencia instalada (ahora supone un 60% del recibo, cuando antes era el 35%). Eso significa que todos pagamos más por tener un contrato de la luz, consumamos o no, suba o baje la luz. Y además, los 2,5 millones de familias que tienen el bono social están pagando más, al margen de que suba o baje la luz: ahora pagan una cuota fija y se les reducen los descuentos. Por si fuera poco, 200.000 familias se han quedado sin esta ayuda, sin el bono social, desde que gobierna Rajoy, según datos oficiales.

Para 2015, lo normal es que suba la luz en el mercado eléctrico a partir de la primavera (menos lluvia y viento) y además el Gobierno tiene que actualizar en enero los precios regulados (41,14% del recibo). Siendo un año electoral, se espera que el Gobierno no suba “su parte” del recibo, pero hay dos costes extras que acabaremos pagando de una forma u otra. Uno, el “regalo” que le van a hacer a las grandes empresas vascas (y no vascas, las que consumen más de 30 kWh), que van a pagar la mitad en los peajes de acceso al suministro eléctrico, como contrapartida al apoyo del PNV a la Ley del Sector Eléctrico aprobada en 2013. El otro, que las eléctricas dejan de pagar el coste del bono social (221 millones anuales), tras haber ganado un recurso en el Supremo, con lo que ahora lo pagaremos todos en el recibo. Como hay elecciones, el Gobierno buscará un sistema para que el pago de estos nuevos extracostes no se note. Una vía es que suba el término de energía en los costes regulados, por un aumento del coste del transporte y la distribución en horas punta, algo que se hace con el nuevo sistema, sin que el consumidor se entere.

Al final, el recibo de la luz sigue siendo un desmadre, que sube y baja sin enterarnos, dado que ahora no hay una subasta trimestral que se publicita sino que los precios cambian cada día (y cada hora, según una estimación de REE, hasta que en 2018 tengamos todos contadores inteligentes). Con ello, el Gobierno Rajoy se libra de los titulares de antes: “La luz sube un x% desde mañana”. Cada mes es una sorpresa y cada usuario un mundo, según su potencia, consumo o ayudas (bono social). Y el mercado eléctrico sigue estando descontrolado: las empresas imponen su mix de producción y sus precios, como un verdadero oligopolio, sin transparencia.

De hecho, pagamos la luz más cara porque el mercado no funciona bien (las eléctricas cobran más de lo que deben por los kilovatios que producen sus centrales hidráulicas y nucleares, un sobreprecio que les garantizó Aznar en 1997) y porque además pagamos en el recibo  muchos otros costes extras, que debían suprimirse o cargarse al Presupuesto: subvenciones al transporte y a la distribución, compensaciones a las grandes industrias consumidoras de electricidad, el parón nuclear, las primas a las renovables (y a las energías tradicionales), las ayudas a la producción de luz en las islas, el bono social y el pago de la deuda eléctrica (23.000 millones que “debemos” a las eléctricas, una hipoteca a 15 años que nos supone una media de 3 euros extras en cada recibo). Y también porque estamos pagando el doble de  centrales de las que necesitamos, ya que la potencia instalada duplica con creces el consumo (hay una “burbuja eléctrica”). Y así pagamos en el recibo por mantener abiertas centrales de gas que apenas funcionan.

Un desmadre al que el Gobierno Rajoy no quiere poner coto (ni antes Zapatero), porque sería recortar ingresos a las poderosas empresas eléctricas, las más rentables de Europa, que incluso aumentaron un 32,6% sus beneficios en 2013 (ganaron 4.187 millones), gracias a un regalo fiscal (devolución en sociedades por actualización de balances). Y mientras, los usuarios seguimos pagando de más en el recibo, sea con el sistema que sea. Y también las empresas: se ahorran en salarios pero pagan un 20% más que las europeas por la electricidad, en perjuicio de su competitividad y el empleo.

Al final, sólo hay una solución: hacer una auditoría de costes transparente, para que paguemos por la luz lo que efectivamente cuesta, quitando ayudas y subvenciones injustificadas (a las centrales nucleares y termoeléctricas, al transporte y la distribución, a los grandes consumidores) y pasando otras al Presupuesto (islas, bono social, renovables). Y cerrando las centrales que no hagan falta, además de fomentar las renovables (eólica, solar e hidroeléctrica), una energía que a la larga es más barata (y sostenible). Si no, seguiremos pagando de más, aunque unos meses suba la luz y otros baje. Un abuso.

jueves, 2 de octubre de 2014

Presupuestos 2015 : el cuento de la lechera


Érase una vez un país que crecía más que sus vecinos y donde el Gobierno prometió al pueblo bajarles los impuestos y a la vez recortar el déficit público y crear mucho empleo. Es “el cuento de la lechera” de Rajoy para 2015, año de elecciones. La realidad es que España tiene difícil crecer más porque Europa está en recesión (mientras Latinoamérica se desinfla) y también porque el consumo no tira (uno de cada cuatro españoles está en paro y los que trabajan tienen empleos precarios y cobran poco), las empresas venden poco y no invierten (tampoco hay crédito) y las exportaciones han pinchado, con lo que volvemos a tener déficit exterior. En resumen: la economía está frenada y así es difícil crecer al 2% y crear 1.000 empleos diarios en 2015, como promete Rajoy. Y si no crecemos tanto, harán más recortes para bajar el déficit, después de las elecciones. Más realismo y menos cuentos.


enrique ortega 

 
 
Todo el Presupuesto 2015  presentado por el Gobierno Rajoy descansa sobre un pilar: España crecerá este año (+1,3%) y el que viene (+2%) más de lo que habían dicho (una décima y dos más) y más de lo que crecerá la Europa del euro (+1,1 y +1,5%). Gracias a este mayor crecimiento, España creará mucho empleo, más que los años en que crecíamos al 3%: Rajoy promete crear 274.200 empleos en 2014 y otros 348.200 en 2015. Y al haber más gente trabajando y más crecimiento, el Estado ingresará más (+9.500 millones en 2015) y así será posible recortar el déficit (-6.000 millones el Estado) y a la vez bajar impuestos a las empresas (-600 millones) y particulares (-3.400 millones en 2015), que lo notarán ya en la nómina de enero, por la bajada de retenciones (más rebaja a los que ganen más de 60.000 euros). 

Para conseguir cuadrar las cuentas y tratar de cumplir con el déficit en 2015, el Gobierno cuenta con dos “regalos: 2.000 millones más para gastar por la subida“extra” del PIB (al contabilizarse los negocios de las drogas, la prostitución y el contrabando) y otros 4.426 millones de “ahorro” en el desempleo (sobre todo porque se les ha acabado el paro a los que perdieron su empleo antes de 2013). Y luego está el ahorro por no subir el sueldo a los funcionarios (se les congela por 5º año seguido) y por subir las pensiones sólo un 0,25%. Así tienen un colchón para prometer algunos gastos con tinte electoral: devolver a los funcionarios  un cuarto de la paga extra de Navidad no pagada en 2012 (antes de que les obligue el Tribunal Constitucional…), convocar algo de empleo público (unos 2.000 empleos, sólo el 50% de las jubilaciones en servicios esenciales mientras no se cubren la mayoría de las 30.000 jubilaciones anuales de funcionarios) y gastar algo más en inversiones públicas (tras recortarlas un 55% en cuatro años), en el AVE (llegará en 2015 a Zamora, Orense, Burgos, Palencia, León, Murcia y Cádiz) y algunas nuevas carreteras (autovía del Cantábrico, puente Bahía de Cádiz, A-7 en Granada o cierre Benavente-Zamora en la Ruta de la Plata), que pueden sumar votos.

Eso sí, lo importante para la mayoría de los españoles, el gasto en educación, sanidad, dependencia y gastos sociales, que  hacen sobre todo las autonomías, sufrirá nuevos recortes en 2015 (sin que se note mucho). Sobre todo cuando se acaba de saber que 6 autonomías superaban ya en julio el déficit previsto para todo el año 2014 (Navarra, Extremadura, Murcia, Castilla la Mancha, Andalucía y Cataluña). Todo sea por cumplir con Bruselas (sin perder las elecciones).

Hasta aquí el cuento de la lechera (electoral) para 2015. El problema de fondo es que se basa en una premisa difícil de cumplir: crecer más que la Europa del euro. El Gobierno Rajoy espera crecer más gracias al despegue del consumo y la construcción (que aportarían el 1,8% del 2% que prevén crecer en 2015), pero la realidad es que el consumo está parado (lo dicen el comercio y los fabricantes), como lo atestiguan tres meses de inflación negativa, y no se ve el despegue de la construcción (la subida de la vivienda es un espejismo y todavía hay 600.000 pisos nuevos sin vender). Y también creen que el exterior aportará crecimiento en 2015 (+0,2%, tras restar un -0,1% en 2014), por la mejora de las exportaciones, algo difícil ya que Europa crecerá poco (como Latinoamérica), aunque ayude tener un euro más débil (pero sólo beneficia a un tercio de nuestras exportaciones, las que van fuera de la zona euro).

Si las previsiones no se cumplen y crecemos menos (+1,2 en 2015 y +1,6% en 2015 prevé el FMI), se crearía menos empleo (Funcas/Cajas prevé 350.000 nuevos empleos entre 2014 y 2015, la mitad que el Gobierno) y se recaudarían menos impuestos, con lo que no saldrían las cuentas. Y el Gobierno (y las autonomías) se verían obligados a hacer más recortes para cumplir con el déficit. Claro que, como hay elecciones, se harían después. La esperanza de Rajoy y sus barones autonómicos es llegar a las elecciones con el cuento de la lechera, que la gente se lo crea y si hay que hacer recortes sea después de ganar otra vez. Y confiar que Europa (y Latinoamérica) se recuperen y nos ayuden algo a crecer.

Aunque nos creyéramos el cuento, el balance es demasiado pobre para haber sufrido tantos recortes y sacrificios estos cuatro años: creyéndonos sus previsiones, España terminaría 2015 con 395.400 personas menos trabajando que en diciembre de 2011. Y un 22,2% de paro, más del doble que en Europa. No es para tirar cohetes. Y lo normal es que el balance sea aún peor, porque la tímida recuperación española se ha frenado (lo dice el Banco de España) y hay muchas incertidumbres en Europa, Latinoamérica y en todo el mundo (salvo USA, que crece el 4,2%). Por eso, es urgente apostar por otra política, en España y en Europa, que asegure de verdad un mayor crecimiento y más empleo, sin cuentos. Si no, no recuperaremos el empleo de antes de la crisis hasta 2023, según el informe de la OIT sobre España.

En España, habría que hacer un Presupuesto 2015 que favoreciera la recuperación. Y eso pasa por recaudar más y gastar más, para reanimar la actividad. Si recaudáramos como el resto de Europa (luchando contra el fraude y recaudando más a empresas, multinacionales y grandes fortunas), podríamos ingresar hasta 90.000 millones más al año. Y esto no es otro cuento de la lechera: España tiene margen para recaudar más, porque ingresa sólo un 37,8% de su riqueza (PIB) mientras Europa (zona euro) ingresa un 46,87%, según Eurostat.  Con estos mayores ingresos, podrían bajarse los impuestos de verdad a los que menos ganan (para que consuman más) y dedicar más recursos públicos  a “invertir en la recuperación”: ayudas a la industrialización, el turismo y la exportación, incentivos a la inversión y a la creación de empleo, fomento de la investigación e innovación, más formación y educación, además de un programa decidido de fomento del empleo, para reciclar y recolocar a los parados. Y una subida del salario mínimo que fomentara un aumento de los salarios privados, ligados a mejoras de productividad (como pide la OIT). Además, hay que ayudar a empresas y particulares a renegociar sus deudas, para que puedan invertir y consumir.

Lo básico es reanimar la recaudación y con ello el gasto, el consumo y la inversión en España. Pero no es suficiente. Hay que hacer también otra política en Europa, para no caer en la tercera recesión y ayudar a crecer más a los países del sur. Es urgente poner en marcha un Plan de inversiones que reanime la actividad, con un mayor gasto en Alemania y países del norte que tire de las exportaciones en la Europa del sur. Dos temas que iban a plantearse en una Cumbre europea extraordinaria el 7 de octubre en Roma que se ha anulado. Y es que Merkel y los fundamentalistas de la austeridad no quieren cambiar de política (a pesar de que Guindos haya reclamado “autocrítica) y reanimar la economía europea, hoy estancada. Y por mucho que lo intente el BCE, inyectando dinero para fomentar el crédito, si no hay más consumo y más inversión, Europa marcha al ralentí y no despega. Y sin este empuje europeo, España no puede crecer lo que sueña Rajoy.

El problema, en Europa y en España, es que falta confianza: ciudadanos y empresas no ven claro el futuro. Y en consecuencia, no gastan (tampoco pueden), no piden créditos, no invierten, contratan lo mínimo y en precario. Y la mayoría de los parados, con varios años ya sin trabajar, lo ven aún más negro. Por eso, lo que hace falta es una política creíble, que reanime la economía y reduzca la pobreza y las desigualdades, que dé confianza a ciudadanos y empresas,  que no sólo busque cuadrar las cuentas sobre el papel  y llegar como sea hasta las próximas elecciones, aprovechando que no hay alternativas ilusionantes. Más realismo y menos cuentos.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Más PIB, por las drogas y el puterío


Por arte de magia (contable), España ha crecido 116.185 millones más de lo dicho en los últimos  4 años. Y también crecerá más este año y los siguientes, ahora que el Gobierno ha cambiado la metodología de cálculo del PIB, como ha hecho toda Europa: contabilizará la investigación, los gastos militares y también los negocios de la droga, la prostitución, el contrabando y el juego ilegal. Cuatro actividades ilegales que se suman a la economía legal y consiguen que el PIB español crezca un 2,6% extra cada año. Un “enjuague contable que permite al Gobierno Rajoy reducir el déficit público (% sobre PIB) y gastar 2.000 millones más en 2015 (año electoral). Y también rebajar el peso de la deuda pública, que ronda el 100% del PIB. Pero es sólo maquillaje: la realidad es que se frena el escaso crecimiento (Banco de España), debemos lo mismo y tenemos igual agujero en las cuentas públicas. Y, sobre todo, seguimos siendo más pobres que Europa (PIB por habitante). Hacen “ingeniería contable” pero no se atreven a que parte de esa economía ilegal desaparezca o pague impuestos.
enrique ortega

El PIB (Producto Interior Bruto) es el valor de los bienes y servicios producidos por un país. Todos los países lo miden con la misma metodología (del FMI), para poder compararse. Y cada equis años, las estadísticas se revisan y actualizan. A Europa le toca ahora cambiar el sistema de 1995 (SEC 1995) por uno actualizado, el SEC 2010 , que entra en vigor en octubre de 2014 (EEUU lo cambió en agosto de 2013). Los cambios (obligatorios) son de dos tipos. Por un lado, se contabilizan de otra manera algunos gastos, como los de investigación (I+D) y Defensa, que ahora se consideran inversiones, lo que sube automáticamente el PIB. Y por otro, se incluyen en el PIB actividades ilegales que antes no se contabilizaban: drogas, prostitución y contrabando. Con ambos cambios, el PIB de la Unión Europea tendrá una subida extra del 2,4%, según Eurostat. Aunque los países que ya lo han aplicado han tenido una mayor subida extra del PIB: +7,6% en Holanda (donde existe un pujante negocio legal de drogas blandas y prostitución), +4,5% en Reino Unido y +3,2% en Francia.

Incluir los negocios ilegales en el PIB europeo ha supuesto un gran debate. La propuesta partió de Holanda (la más beneficiada) y contó con la oposición inicial de Alemania, Francia, Italia y España, que argumentaban lo difícil de medirlos de forma homogénea. Al final, el asunto llegó al Tribunal de Cuentas de la UE, que dictaminó a favor de incluirlos, una decisión aprobada en forma de Reglamento (marzo 2014) por la Comisión Europea, favorable a inflar el PIB para así conseguir recaudar más de los países (pagan un % sobre su PIB).

En España, el INE ha aplicado la nueva metodología a las cuentas de 1.995 a 2013 y así ha inflado el PIB un +2,6 % extra cada año, lo que significa que haaumentado” la producción española en 116.185 millones extras sólo entre 2010 y 2013 (falta conocer la subida extra del PIB desde 1995 al 2010). O sea, que por arte de magia (contable), en estos últimos cuatro años (2010-2013), España ha producido un 10,7% más.  La mitad de la subida  (1,34%) se debe a considerar el gasto en investigación (I+D) y Defensa como inversiones, otra parte (0,39%) se debe a la mejora de varias estadísticas (censo, EPA) y el resto (0,87%) se debe a la inclusión de cuatro actividades ilegales, las drogas, la prostitución,el contrabando y el juego ilegal). El problema que ha tenido el INE es cómo medir estos negocios si son ilegales. Para ello ha usado múltiples fuentes, desde las estadísticas de captura de alijos de droga de la policía a los datos de ONGs que trabajan con prostitutas  y clubs de alterne a las estadísticas de contrabando de Altadis. Es, pues, una estimación. El INE ha calculado que estos negocios ilegales aportan al PIB unos 9.200 millones al año: 5.000 las drogas, 3.500 la prostitución y 700 millones más el contrabando y el juego ilegal.   

Ciertamente, se han quedado cortos, porque estos negocios ilegales mueven más de 50.000 millones al año. El que más dinero mueve son las drogas, dado que España se ha convertido en el líder europeo en consumo de cocaína, tras GB (1 millón de españoles la han consumido en el último año), mientras hemos quintuplicado la producción anual de marihuana (105.000 plantas decomisadas en 2013, sobre todo en Murcia, Málaga, Granada, Alicante y Valencia). Si la policía incautó drogas en España por valor de 2.700 millones de euros (2012), se estima que eso supone entre un 10 y un 15% de lo que mueve el sector. O sea que hablamos de un negocio de unos 30.000 millones de euros. En el caso de la prostitución, la estimación de los expertos es que hay entre 100.000 y 300.000 prostitutas en España y que el negocio mueve unos 18.000 millones anuales. Sobre el contrabando, sólo en tabaco se estima (Altadis) que un 7,7% de las cajetillas no pagan impuestos (un 10% en Andalucía y hasta un 20% en Málaga, Sevilla o Cádiz). Un estudio de la Complutense eleva el contrabando al 12% del consumo de tabaco, lo que supone un negocio ilegal de 1.400 millones de euros (además de un fraude fiscal de 1.038 millones). Y falta el juego ilegal, que mueve unos 84 millones anuales en España, según un reciente estudio.

Ahora, el INE va a contabilizar parte de estos negocios ilegales, lo que llevará a una subida extra del PIB año tras año (han sido + 26.193 millones en 2013), empezando por el pasado (1.995-2.013) y de cara al futuro. El cambio le va a venir muy bien al Gobierno Rajoy, ya en el Presupuesto para 2015: no sólo creceremos alguna décima más sino que tendremos “menos déficit público”  y “menos deuda”, ya que ambos se calculan como porcentaje sobre el PIB (si sube el denominador, baja el porcentaje de déficit o deuda). Así, el déficit público bajará unas dos décimas: si se aplica a 2013, se rebajaría el déficit del 6,62% que quedó al 6,46%, con lo que ahora si cumpliríamos el objetivo (6,50%). Será más fácil cumplir el 5,5% para 2014. Y en 2015, el Gobierno Rajoy tendrá 2.000 millones más para gastar sin subir el déficit ("un buen regalo" para un año electoral). Y en la deuda pública, el cambio del PIB supondrá rebajar casi tres décimas: si en junio 2014 la deuda pública estaba en el 98,9% del PIB, ahora quedaría en el 96,4%.¡Vaya consuelo !.

El cambio en el PIB maquillará un poco los problemas, pero seguirán ahí, con toda su fuerza: el agujero de las cuentas públicas sigue elevado (ingresaremos este año 55.000 millones menos de los que gastemos) y lo mismo la deuda, que ha superado el billón de euros (1.012.643 en junio, 269.112 millones más que cuando Rajoy llegó al Gobierno). Y lo peor: por subir contablemente el PIB no vamos a ser más ricos. De hecho, España seguirá siendo más pobre que la media europea (el 13º país con más renta en el ranking UE-28), con un 95% de la renta comunitaria (PIB por habitante), muy alejado de  Holanda (127%), Alemania (124%), Francia (108%) o Gran Bretaña (106%) y por debajo de Italia (98%). Y es que con la crisis, hemos pasado de tener más renta que la media (105% en 2007) a menos (95% en 2013, según Eurostat). Y la mitad de los españoles viven ya con menos de 1.000 euros al mes.

Así que los problemas y el retraso de España siguen ahí, a pesar de los maquillajes contables del PIB. Y se utiliza para hacer “ingeniería contable” a la economía ilegal, en lugar de aprovechar para que una parte de ella aflore y pague impuestos. Es lo que hizo en su día Holanda, donde la prostitución está legalizada (cotiza a la SS y paga impuestos) y también las drogas blandas. Aquí, la organización de inspectores de Hacienda (IHE) cree que el INE infravalora la economía ilegal y aseguran que podrían recaudarse unos 6.000 millones sólo de la prostitución (si tributara al 30%). Y podrían sumarse otros 5.000 si se legalizara la marihuana, sin olvidar la recaudación por combatir mejor el contrabando de tabaco (Gibraltar) y el juego ilegal.

No es fácil “blanquear” esta economía ilegal y hacer que contribuya a recaudar más. Pero hay que intentarlo. Y sobre todo, no podemos sumar estas actividades ilegales sólo para el PIB y no para Hacienda. De acuerdo que es una exigencia comunitaria. Pero no nos engañemos: es un maquillaje. Los problemas están ahí y crecer más de verdad pasa por reanimar la economía (se está frenando, según el Banco de España), favorecer el consumo (mejorar salarios y contratos, menos impuestos indirectos) y la inversión (ayudas fiscales y tirón de la inversión pública), además del necesario tirón europeo, con más gasto en Alemania y países ricos de Europa (como pide el presidente del BCE y no quiere Merkel). Lo demás son trampas contables, engañarnos al solitario.