domingo, 13 de noviembre de 2011

Elecciones 20-N : votaremos con el bolsillo

Son las elecciones de la crisis. El paro y los recortes protagonizan el 20-N, con las recetas de los partidos para salir de la crisis. Pero la solución, más que en España está en Europa y en la economía internacional: si ellos no salen, nosotros tampoco. Con todo, hay que intentar resolver los problemas propios de España, sobre todo tener el doble de paro que Europa y buscar una alternativa al ladrillo. Y salvaguardar en lo posible el Estado del bienestar, en especial la educación, la sanidad y los servicios sociales. El problema es que nos hemos comprometido con Bruselas a recortar más el déficit, unos 30.000 millones el año 2012. Y eso no se puede hacer sólo con las tijeras: habrá que subir impuestos, gobierne quien gobierne. Más recortes, mínimo crecimiento y más paro. Votemos lo que votemos. 

enrique ortega
La crisis económica es el centro de estas elecciones. El paro (81%) y la situación económica (51,3%) son las mayores preocupaciones de los españoles, según la última encuesta del CIS. El 90% ve la situación económica como mala o muy mala. Y la mayoría no cree que vaya a mejorar en los próximos meses: el 72% piensa que el paro seguirá así o subirá más. En definitiva, son las elecciones del pesimismo ante el futuro económico.
Los partidos saben que estas elecciones se juegan en el terreno económico y ahí han centrado sus propuestas. El PP, que se ve ganador, buscando no asustar a los votantes de centro, con un programa edulcorado, sin recortes al estilo Esperanza Aguirre. Y el PSOE, intentando convencernos de que harán contra la crisis lo que no han hecho en estos 4 años.

Curiosamente, el tema estrella de la campaña no es el paro, sino los impuestos. El PP promete bajarlos: a las pymes  (del 25 al 20% el tipo del impuesto de sociedades), a los autónomos (rebaja de módulos), a los ahorradores, a los que contraten planes de pensiones privados, a las familias numerosas, a los que inviertan en I+D+i, y a los que compren una vivienda. Por el contrario, el PSOE promete subirlos: un impuesto a las grandes fortunas, a la banca, a las SICAV, al tabaco y al alcohol. En contrapartida, los socialistas prometen dedicar estos mayores ingresos a crear empleo y a consolidar la sanidad, la educación y los servicios sociales. El PP opta por la entrada de capital privado en los servicios públicos (privatizar, como Esperanza Aguirre en Madrid) y revisar los servicios públicos, creando un catálogo estatal (de mínimos). Sin embargo, la patronal CEOE ya le ha pedido que vaya más allá e introduzca el copago en la sanidad y la dependencia.

El tercer tema estrella es la reestructuración del sector público. El PP propone un plan de austeridad en todas las administraciones, sin concretar, salvo la reducción de organismos, la privatización de TV autonómicas y el recorte de eventuales (un 50%). El PP propone delimitar las competencias de las distintas administraciones y como controlan ya autonomías y ayuntamientos, podrían conseguir poner orden y evitar triplicar gastos. Para crear empleo, la medida estrella del PP es subvencionar  con 3.000 euros cada empleo creado por una nueva empresa y bonificar la cotización de los autónomos por su primera contratación. Además, proponen simplificar contratos y que prevalezcan los convenios de empresa. A su lado, la patronal CEOE propone el contrato único con indemnización de 20 días por año, Ley de huelga más restrictiva y bajada de cotizaciones sociales. Enfrente, el PSOE plantea nuevos contratos para jóvenes, a tiempo parcial y bonificar el empleo estable.

Al final, el PSOE defiende un modelo socialdemócrata que apenas ha aplicado con la crisis y el PP un modelo neoliberal, basado en menos impuestos, menos gasto  y privatizaciones de servicios. El problema es que, al margen de los programas, el nuevo Gobierno tendrá una tarea prioritaria cuando tome posesión el 20 de diciembre: hacer el Presupuesto 2012 y recortar aún más el déficit público, como exige Bruselas (y los mercados). En principio, hay que bajar el déficit del 6% del PIB al 4,4 %: eso obliga a recortar 15.613 millones. Pero además, como este año no se va a cumplir la rebaja del déficit (crecemos menos, se recauda menos y las autonomías no han recortado lo prometido), habrá que recortar más: si el déficit quedara en el 6,5%, ese medio punto de más serían otros 5.450 millones. Y como hay que liquidar en 2012 más dinero a las autonomías (7.900 millones) y a los Ayuntamientos (2.300 millones), pues habrá que sacar de algún sitio otros 10.200 millones. En total, un recorte de 31.263 millones para 2012, que el futuro Gobierno tendrá que hacer, gane quien gane.

Y eso no se consigue sólo con la tijera, que habrá que meter en todo: Zapatero, tocando pensiones, funcionarios, ayudas, inversiones y gastos sociales sólo recortó 15.000 millones en 2010. Por eso, el futuro Gobierno se verá obligado a subir impuestos, desde los especiales al IVA, pasando por Sociedades a las grandes empresas (vía deducciones). Y esta mezcla fatídica, recortes y subida de impuestos, van a frenar más el crecimiento y subirá el paro. La economía española ya no ha crecido nada en el tercer trimestre y la Comisión Europea espera que decrezcamos una décima en el último trimestre (como toda la zona euro), con nueva caída del empleo y aumento del paro en 2011 y 2012, para superar con creces los 5 millones de parados.

El mayor problema del futuro Gobierno será que llega en un contexto internacional muy negativo, con una crisis europea que no se arregla y una esperada caída en el crecimiento de la eurozona: -0,1% en el cuarto trimestre 2011 y un + 0,5% en todo 2012 (+0,3% según la OCDE. Con estas perspectivas, nos ayudarán menos las exportaciones y el turismo. Y con los recortes internos, seguirá cayendo el consumo y la inversión, aumentando aún más el paro. Por eso, lo que haría falta es que el nuevo Gobierno peleara por una política de estímulos económicos en Europa, algo que no defienden Merkel y Sarkozy (ni tampoco Rajoy), aunque ayudará la bajada de tipos del BCE. Reanimar la economía europea, esa es la decisión más crucial, que no votaremos el 20-N.

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