lunes, 19 de diciembre de 2016

España: drogas y alcohol en exceso


Estas fiestas aumentan el consumo de alcohol y drogas, sobre todo entre jóvenes. Algo que por desgracia sucede todo el año, porque los españoles han aumentado su consumo de alcohol y sobre todo drogas: ya gastan en narcóticos más que en alcohol, según el INE. Y España es el 2º consumidor de Europa de cocaína, el 5º de cannabis y el 6º de éxtasis y anfetaminas, además de ser líder en incautaciones de droga. El consumo ha crecido entre los jóvenes, incluidos adolescentes, y por eso 1 de cada 3 conductores dio positivo en los controles de drogas en 2015. Pero el mayor problema lo tenemos en el alcohol entre los jóvenes, incluidos niños de 12 años que mueren por coma etílico o acaban en urgencias (5.000 en 2015). El Gobierno promete una Ley contra el alcohol en la infancia, pero urge tomar más medidas contra el consumo creciente de drogas y alcohol (subiendo impuestos: es el 5º país más barato de Europa), que hunden nuestra sociedad. No lo permitamos.

enrique ortega

Esta larga crisis ha aumentado el consumo de alcohol y drogas en España, que ya antes era elevado. Y sobre todo, ha aumentado el consumo de drogas. Los españoles ya gastan en drogas más que en alcohol: 6.004 millones en 2015 gastados en narcóticos, frente a 5.131 gastados en bebidas alcohólicas, un 1% del gasto total de los hogares, según los datos del INE, que ha evaluado por primera vez el alcance económico de las drogas en España. El consumo de las principales drogas (cannabis, cocaína, anfetaminas, éxtasis) cayó ligeramente entre 2007 y 2013, pero se ha recuperado en los dos últimos años, lo mismo que el consumo de alcohol, que consumen ya el 80% de los españoles.

El consumo de drogas es un grave problema en toda Europa, donde la droga movía en 2014 entre 21.000 y 31.000 millones de euros, según datos de Europol, que advierte sobre el creciente poder y sofisticación de las mafias de la droga. Un negocio boyante que aumenta porque  el 1% de los adultos europeos (5 millones de personas) consume cannabis (marihuana) a diario y un 6,6% en el último año, a que 1,1% de europeos consumió cocaína en el último año (5,5 millones de personas)  un 0,8% éxtasis, un 0,5% anfetaminas y un 3% las nuevas sustancias psicotrópicas, según el Informe europeo sobre drogas 2016. Porcentajes que se duplican en el caso de los europeos jóvenes, de 15 a 34 años. Y casi la cuarta parte de los europeos han probado alguna droga ilegal en algún momento de su vida.

En Europa, la droga más vendida es el cannabis (9.300 millones de euros, el 38% del mercado), seguida de la heroína (28% del mercado, con 6.800 millones), la cocaína (26% de las ventas de droga, con 5.700 millones), las anfetaminas (8% mercado, con 1.800 millones) y el éxtasis (MDMA), con un 3% del mercado (700 millones en ventas). Sin embargo, cara al futuro,  las autoridades europeas están muy preocupadas por el auge de las “drogas de diseño”, éxtasis y “pastillas de mil colores”, drogas sintéticas muy dañinas y baratas, que se elaboran en Europa, en paises del Este, Holanda y Bélgica. Y cuya venta se multiplica por Internet, gracias a redes que venden con sistemas encriptados de muy difícil control por las autoridades.

España es uno de los paises europeos destacados en el consumo de droga, después de ser líder en incautaciones de drogas, junto a Reino Unido, por nuestra situación de puerta de entrada a Europa. Somos el 2º país consumidor de cocaína: un 10,3% de españoles la ha probado alguna vez y el 3,3% en el último año, sólo por detrás de Reino Unido (4,2%) y por delante de Francia (3,3%), Holanda (3%) o Italia (1,8%), según datos de 2014 del Informe europeo de Drogas 2016. En cannabis, España es el 5º consumidor europeo, con un 17% de españoles que han consumido en el último año, por detrás de República Checa (23,9%), Francia (22,1%), Italia (19%) y Dinamarca (17,6%). En anfetaminas, somos el 6º país consumidor: un 1,2% de españoles el último año, por detrás de Holanda (2,9%), República Checa (2,3%), Alemania (1,8%), Dinamarca (1,4%) y Suecia (1,3%). En éxtasis (MDMA), España es el 6º país con más consumo: lo consumieron el 1,5% de españoles en el último año, tras Holanda (5,5%), República Checa (3,6%), Reino Unido (3,5%), Italia (2,9%) y  Francia (2,3%). Y por último, en heroína y opiáceos de alto riesgo, España baja al lugar 13º del ranking europeo, con 1.6-2,5 casos por 1.000 habitantes, menos del 4 por 1000 de media en Europa.

Al final, las drogas, además de estar relacionadas con múltiples delitos (1 millón al año en Europa) y causar numerosas enfermedades y gastos sanitarios, provoca también muertes: 6.800 muertes en Europa en 2014, de las que 402 fueron en España, según los datos del Observatorio Europeo de Drogas. En el  ranking de muertes por drogas, España ocupa el lugar nº 12, con 13 muertes por millón de habitantes (15-64 años), por debajo de la media europea (19,2 muertes por millón) y detrás de los paises líderes: Estonia (113 muertes por millón), Irlanda, Suecia y los paises nórdicos más Reino Unido (56 muertes por millón).

En España, el problema de las drogas se está agravando entre los jóvenes e incluso entre los adolescentes. Y es que 2 de cada 10 jóvenes de 15 a 24 años (un 20%) han consumido cannabis en el último año, según la Encuesta EDADES 2013 del Observatorio Español de Droga (OEDT). Y hay 687.233 personas de 15 a 64 años que hacen un consumo problemático de cannabis, el 2% de la población y el 25% de los que consumieron en el último año. En el consumo de cocaína, 92.406 personas tenían un consumo de riesgo (ojo: en 2013, ahora serán más) y 168.677 empezaron a consumir cocaína ese año 2013, más que los que empezaron a fumar tabaco (142.882). Y el 4% de la población española adulta consume anfetaminas (1,2 millones de personas), un 1% cada día (casi 300.000). O el 0,7% que consume “pastillas de colores”, varias a la vez y mezcladas con cannabis y alcohol.

El problema más grave es que cada vez se empieza antes a fumar cannabis (19 años) y a consumir cocaína (19 años), con lo que la droga está llegando a los adolescentes. Así, un 27% de los jóvenes de 14 a 18 años (¡son 600.000¡) probaron el cannabis en el último año y un 3% lo consumen cada día (¡son 66.000¡ ). Un 2,5% de adolescentes (14-18 años) probaron la cocaína en el último año (¡son 55.000¡) y un 1,5% (33.000) en el último mes. Y un  2 % (44.000) han consumido anfetaminas en el último año y otro 3% (¡son 66.000¡) éxtasis, una droga que crece entre los adolescentes (el 1,4%, unos 30.000 han tomado alguna vez “spice”), según el Observatorio español de la Droga. Y para redondear este preocupante panorama, el 0,7% de los adolescentes ((¡15.400 de 14-18 años¡) han probado en el último año heroína.

Este auge de la droga en España y sobre todo entre los jóvenes se está notando en las calles, en los centros de enseñanza, en los trabajos y en la carretera, donde los controles de Tráfico cada vez cazan a más conductores drogados. Así, en 2015, un 33% de los conductores dio positivo en los 76.040 controles de drogas hechos por la DGT, que detecta cada día más de 100 conductores que han consumido drogas, generalmente hombres menores de 35 años, poli consumidores (cannabis más coca y alcohol). Un consumo de estupefacientes que entorpece la conducción y provoca accidentes y muertes. De hecho, de las 4.267 muertes por accidentes de tráfico entre 2012 y 2015, un 16% habían consumido drogas. Y de los peatones muertos, 1 de cada 10 había consumido drogas.

Si las drogas son una plaga en Europa y en España, el consumo de alcohol también crece, ayudado por la crisis : si en 2007 consumían alcohol el 72,9% de los españoles, en 2013 lo hacían ya el 78,3% (y habrá crecido después), según la última Encuesta EDADES, un 14,3% más que en 1995, un consumo de alcohol en la media de Europa (11,2 litros de alcohol per cápita, según la OMS, entre los 12,3 litros de Finlandia o los 11,8 de Alemania y los 6,7 litros de Italia). En España hay 1.600.000 personas de 15 a 64 años que tienen un consumo de alcohol de riesgo (1.300.000 hombres y 300.000 mujeres), un 5% de la población y el 6,5% de los que consumieron alcohol el último año, según el Informe alcohol, tabaco y drogas 2015. Y el 19% de los españoles (15-64 años) reconoce haberse emborrachado en el último año. Lo peor es que el consumo de “alcohol por atracón” (beber mucho y rápido) se ha triplicado en la última década y 1 de cada 6 españoles ha bebido así en el último mes…

Con todo, lo más preocupante es el creciente consumo de alcohol en los adolescentes, casi niños. Un problema que ha estallado brutalmente con la reciente muerte de una niña de 12 años que hacía botellón en la provincia de Madrid. Y no es un hecho aislado: unos 5.000 menores españoles acabaron con comas etílicos en las urgencias de hospitales en 2015, según la información recabada por el País en las consejerías de sanidad. No extraña, porque los datos de consumo de alcohol por chicos/as de 14 a 18 años son estremecedores: el 84% ha consumido alcohol alguna vez y el 61% se ha emborrachado, según la Encuesta sobre uso de drogas y alcohol en Secundaria del Ministerio de Sanidad. Y sobre el botellón, lo han hecho 4 de cada 10 niños de 14 años y 8 de cada 10 adolescentes de 18. Y la mitad de los jóvenes de 17 años ha hecho “el atracón” (beber mucho y rápido) en el último mes.

Con estos datos, no es extraño que 5.000 adolescentes acaben en urgencias y alguno muera. Y eso pasa porque tienen un acceso fácil al alcohol (62% lo compran en supermercados) y lo beben sin problemas en la calle (el 57%), ante la pasividad de la policía y los demás ciudadanos, junto al descontrol de familias y centros educativos. La última muerte ha provocado que la nueva ministra de Sanidad anuncie una Ley para la prevención del consumo de alcohol en menores, un paso importante pero que será insuficiente si no se toman otras medidas, como pide la Fundación de Ayuda contra la drogadicción (FAD): control riguroso de la venta a menores, control lugares públicos, campañas y educación.

Pero hay que hacer más, sobre todo aprobar una Ley integral contra el alcohol, como se hizo con el tabaco, para tratar de limitar su consumo. Y una medida importante es subir mucho más los impuestos al alcohol, que son bajos y hacen que España tenga el 5º precio más bajo de Europa, según los datos de Eurostat para 2015: si el precio medio es 100 en la UE-28, en España es 81 (un 19% más barato), el precio más bajo tras Bulgaria (64), Rumanía (72), Hungría y República Checa (79), mucho más barato el alcohol que en Alemania (84), Francia (86), Portugal (93), Italia (98) o Grecia (117) y a menos de la mitad de precio que en Reino Unido (163) o Finlandia (172). Eso se debe a que los impuestos al alcohol (913,28 euros por Hl de alcohol) son un 50% más bajos que en Europa. Y así, España es, por ejemplo, el 7º país del mundo (estudio 56 paises) con el whisky más barato (12,80 dólares, frente a 18,70$ en Francia o 30,57$ en Finlandia) o el 4º con la ginebra más barata.

También habría que aprovechar para tomar medidas adicionales contra el consumo de drogas. Por un lado, con mayores medios y presupuesto para controlar y desmantelar las mafias, vigilando muy especialmente los canales de venta a jóvenes y adolescentes. Por otro, con mayores controles, no sólo en carreteras (se hacen todavía pocos porque son mucho más costosos que los de alcoholemia), sino en lugares públicos, centros educativos y empresas, aunque algunos destinatarios protesten: no podemos dejar que las futuras generaciones se “enganchen” más. Y sobre todo, hace falta una campaña pública  y en Colegios e institutos sobre las drogas “con mejor imagen”, tanto el cannabis como la cocaína, que según los médicos dañan el cuerpo y la salud. Y mucho más si se ingieren en la infancia y adolescencia.

La crisis y los problemas económicos, laborales y sociales han hecho que muchos españoles (y europeos) se enganchen cada día más al alcohol y a las drogas para “huir de la realidad”, para escaparse de lo que no les gusta. Pero no podemos asistir impasibles a esta escalada: los ciudadanos, el Gobierno y todos los partidos deberían lanzar el debate y tomar medidas urgentes, aunque sean “impopulares”. El alcohol y las drogas no pueden seguir avanzando entre la impunidad y el “mirar para otro lado”. Todos somos responsables.  

jueves, 15 de diciembre de 2016

Los jóvenes españoles, muy dependientes


Esta larga crisis ha provocado que muchos jóvenes españoles vivan peor que sus padres. Y que vivan con ellos: un 80% de jóvenes entre 16 y 29 años siguen viviendo con sus padres, frente al 70% en Europa. Es la muestra del fracaso de una generación agobiada por el abandono escolar, el paro, el subempleo, los contratos precarios y los sueldos de miseria, que se acaban traduciendo en que no pueden pagar un alquiler ni un piso para emanciparse. Y uno de cada tres jóvenes está en situación de pobreza, muchos de ellos incluso trabajando. Urge poner en marcha ya un Plan de choque contra el paro que fomente el empleo de los jóvenes, porque sólo uno de cada tres trabaja. Y mejorar su educación, porque estamos formándoles mal como revela el reciente informe PISA. Además, Gobierno, autonomías y Ayuntamientos deberían crear parques de viviendas de alquiler barato para jóvenes. Ayudarles a que sigan su camino fuera de la casa familiar. Que puedan buscarse el futuro.
 
enrique ortega

Antes, hasta principios de este siglo, la mayoría de los jóvenes españoles nos íbamos de casa cuando acabábamos los estudios y empezábamos a trabajar. Pero con la crisis, los jóvenes ahora no se emancipan y siguen viviendo con sus padres hasta los 30 años y después. Si en 2008, un 28% de españoles se emancipaban, en 2016 el porcentaje ha bajado ya del 20%, por primera vez en los últimos doce años: sólo un 19,7% de jóvenes de 19 a 29 años se han ido de casa en 2016, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Eso supone que el 80,3% de los jóvenes españoles (5.233.406 jóvenes) sigue viviendo con sus padres, frente al 70% de media en Europa. Y si tomamos a jóvenes algo más mayores, entre 22 y 29 años, el 70% de los españoles viven con su familia, frente a un 16% en Francia, un 21%  en Alemania o un 30% en Reino Unido, según el informe de la OCDE de 2015.

Se emancipan más las mujeres jóvenes (24% se van) que los hombres (15,6%) y se van más de casa los mayores de 25 años (41,3%) que los que tienen entre 16 y 24 años (se emancipan el 6,2%), sorprendiendo que sólo se emancipen el 72,8% de los que tienen entre 30 y 34 años, según los datos del Instituto de la Juventud. Y cuando los jóvenes consiguen irse de la casa familiar, casi todos se van con otros jóvenes y sólo un 16,7% se van a vivir solos. Los que más se emancipan son los que tienen estudios superiores y los que no tienen apenas estudios (porque los dejaron para trabajar). Y hay una gran diferencia por autonomías. Se emancipan muy pocos jóvenes en Navarra (16,2%), Extremadura y Cantabria (16,4%), Murcia (17,4%) o Andalucía (18,1%) y bastante más que la media en Baleares (25,1%), Cataluña (24%), Madrid (21,1%) y La Rioja (20%), las autonomías con mayor renta.

Esta baja emancipación de los jóvenes es el fruto final de un fracaso generacional que empieza incluso antes de acabar sus estudios y continúa con su penosa experiencia laboral. De entrada, uno de cada cinco jóvenes españoles de 18 a 24 años (el 19,8%) había abandonado sus estudios prematuramente (sólo con la ESO o sin terminarla), lo que sitúa a España como líder europeo en abandono escolar, muy por delante del 11% de la UE-28 (y de los 17 paises europeos que lo mantienen por debajo del 10%), según los datos recientes de Eurostat. Y además, la crisis ý el desempleo se ha cebado más sobre los jóvenes: de los 3,8 millones de empleos perdidos en España entre junio de 2008 y marzo de 2014, un 60% (2.283.600 empleos) los perdieron los jóvenes, los menores de 30 años).

Por ello, la tasa de paro de los jóvenes duplica con creces a la del resto de españoles: un 42% frente al 19,02 %, según la EPA de septiembre 2016. Una tasa de paro juvenil (16-25 años) que también duplica el paro juvenil europeo (19,6%). Y aunque ha bajado el paro juvenil de larga duración (más de 1 año), hasta el 44% de todos los jóvenes desempleados, si consideramos sólo a los jóvenes en paro que habían trabajado antes, el 67% lleva más de un año sin trabajar. Eso lleva a nuestros jóvenes a conseguir otro ”récord europeo”: somos el cuarto país de Occidente con más “ni-nis”, jóvenes de 15 a 29 años que ni estudian ni trabajan, un 22,7%, sólo por detrás de Turquía (29,8%), Italia (26,9%) y Grecia (24,7%), según la OCDE. Y la mayoría, sin cobrar el paro ni beneficiarse de las ayudas del Plan europeo de empleo  juvenil (“Garantía Juvenil”), que se compromete a buscarles en 4 meses un curso de formación, unas prácticas o un empleo: las ayudas sólo han llegado al 10,7% de los “ni-nis” españoles, frente al 60% de los “ni-nis” alemanes o el 80% de los franceses.

Los jóvenes españoles que no han caído en el abandono escolar y terminaron sus estudios son la generación más formada de nuestra historia (16-29 años): el 35,6% tiene estudios secundarios obligatorios, el 32,2% estudios secundarios postobligatorios y un 23,6% tienen una carrera universitaria, con lo que sólo un 7,6% carecen de estudios o tienen sólo primaria, según el Observatorio del Instituto de la Juventud. Pero aun así, tienen muy difícil empezar a trabajar. De hecho, de los 1.392.300 nuevos empleos creados en España entre 2014 y 2016 (septiembre), sólo 173.600 de estos empleos han sido para jóvenes menores de 30 años (el 12,4%). O sea, que sólo 1 de cada 8 nuevos empleos están siendo para los jóvenes.

Y por eso, sólo 1 de cada 3 jóvenes de 16 a 29 años trabaja (2.382.573 jóvenes, el 36,6% de los 6.517.318 jóvenes en esa edad), frente a 2 de cada 3 españoles que trabajan de todas las edades. Y entre los 16 y los 24 años, sólo 1 de cada 5 jóvenes trabaja (el 20%). El 96% son asalariados y sólo un 6% son autónomos. Y casi la mitad de los jóvenes que trabajan (el 44%) lleva haciéndolo menos de 1 año. Lo más llamativo es que los contratos de los jóvenes son muy precarios. El 92,5% de sus nuevos empleos son temporales y el 42% son a tiempo parcial (la tercera parte, por menos de una semana). Y más de la mitad de los jóvenes ocupados (el 56,3%) hacen trabajos para los que están “sobrecualificados”.

Con tantos contratos precarios, los sueldos de los jóvenes son muy bajos: el salario medio de un joven de 20 a 24 años es de 11.835 euros brutos (690 euros netos en 14 pagas), menos de la mitad del salario medio español (27.360 euros brutos), según los últimos datos del INE (2014). Y según el último estudio de salarios de la EPA (2015), dos de cada tres jóvenes (el 67,9% de los asalariados menores de 25 años) reciben un salario mensual inferior a 1.215,70 euros brutos, unos 996 euros netos en 12 pagas. Pero es que, según las declaraciones de la renta (IRPF), un 75% de los jóvenes de 18 a 25 años ganan menos del salario mínimo (menos de 645 euros al mes en 14 pagas), según la Agencia Tributaria.

Con estos bajos salarios del tercio de jóvenes que trabajan y como los dos tercios restantes no ingresan apenas, el resultado es que 1 de cada tres jóvenes españoles son pobres: el 38,2% de los jóvenes de 16 a 29 años (casi 2,5 millones) ingresan menos del 60% de la media de españoles, son “oficialmente pobres”, frente al 28,6% del conjunto de españoles y el 23,7% de europeos, según estadísticas del INE. Y sube al 57,9% de pobreza entre los jóvenes desempleados y al 65,7% de pobres entre parados de 16 a 24 años. Llama la atención que una cuarta parte de los jóvenes que trabajan (24,5%) son trabajadores pobres.

Visto este panorama laboral y salarial de los jóvenes en España, se explica que un 80,3% siga viviendo con sus padres. Porque con un ingreso medio de 10.690,16 euros por joven (763 euros en 14 pagas) y 20.452 por hogar joven (1.460 euros en 14 meses), los ingresos que estima hoy el Instituto de la Juventud, poco se puede hacer para sobrevivir y menos alquilar o comprar un piso. Un joven asalariado tendría que dedicar un 60,9% de su sueldo a pagar una hipoteca de una casa modesta (145.000 euros) y una pareja joven, el 32% de sus ingresos. Y para pagar un alquiler (610 euros de media), un joven trabajador tendría que destinar el 68,6% de su sueldo y un hogar joven el 68,6% de su sueldo (y más del 75% si es en Madrid, Barcelona o el País Vasco), según las cuentas del Instituto de la Juventud. La consecuencia es que sólo el 30% de los hogares jóvenes con mayores ingresos puede comprar o alquilar, la mayoría endeudándose de por vida. Y que los jóvenes que dejan su familia y alquilan un piso fuera tienen obligatoriamente que compartirlo.

Esta precariedad laboral, esta penuria económica y la consiguiente dependencia de los jóvenes españoles con sus familias tienen serias consecuencias sobre su futuro, desde el retraso en el matrimonio, el bajo número de hijos, su menor consumo y el bajo ahorro para seguir formándose y para mejorar su futura jubilación. Y tiene también mucho que ver con su comportamiento social y su bajo interés por la política. ¿Qué se puede hacer? Algunos proponen “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso a Europa bajar el salario mínimo (que es de 655 euros, una miseria) para animar a las empresas a contratar a los jóvenes. O las reiteradas propuestas de la patronal CEOE para que el Gobierno apruebe un contrato de formación para menores (…de 35 años), con un salario inferior al mínimo, similar a los famosos “mini-jobs de Alemania, que tienen 7,5 millones de jóvenes (trabajan 15 horas a la semana por menos de 450 euros). Al final, el argumento que utilizan es: mejor un “contrato basura” que el paro.

Pero eso es un chantaje simplista. Hay que buscar alternativas de fondo para los jóvenes, que vayan a la raíz de los problemas. La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España (2015) es más y mejor formación, mejorar la educación de los jóvenes españoles, desde el Colegio a la Universidad. Porque ahora, nuestros jóvenes tienen estudios pero están mal formados, según acaba de revelar otro año más el reciente informe PISA 2015: la nota de los alumnos españoles de 15 años se ha estancado en ciencias y matemáticas y sólo mejora levemente en lectura durante los últimos 15 años . Se trata de recuperar a los alumnos perdidos (esos 631.520 jóvenes que han abandonado las aulas) y conseguir formarles mejor, a ellos y al resto. Porque el 98% de los empleos del futuro (para 2025) van a ser solamente para los que estén muy formados, para los que tengan educación superior (un 58,4% de los futuros empleos) o estudios medios (39,3%), según un estudio de la Fundación BBVA e Ivie. Y eso exige un esfuerzo educativo extra en estos años, sobre todo en Formación Profesional (FP) y en un cambio de los estudios universitarios.

Junto al reto educativo, el otro gran frente de actuación es la política de empleo, con un Plan de choque contra el paro centrado en los jóvenes, las mujeres y los parados mayores de 45 años, como acaba de pedir al Gobierno Rajoy la misión del FMI que ha analizado la economía española. Y eso exige medios para mejorar la formación de los parados y para colaborar con las empresas en contratos de formación y prácticas de jóvenes, fortaleciendo la formación dual. Y una reforma a fondo del SEPE (antiguo INEM), que no ayuda a encontrar empleo. Y en tercer lugar, urge una política de vivienda que piense en los jóvenes, desde el Estado a las autonomías y Ayuntamientos, con promociones públicas para alquileres jóvenes y creando parques públicos de alquileres baratos para jóvenes con las viviendas de los bancos. Y mejorar o recuperar las ayudas fiscales para las familias jóvenes que compren o alquilen.

En definitiva, no podemos ser insensibles a estas estadísticas que confirman el fracaso de una generación de jóvenes, sus familias y todo el país. Es un drama cotidiano que hay que afrontar sin demora, porque las soluciones exigen tiempo. Hay que darles una salida, pelear porque nuestros hijos sigan adelante, se vayan de casa y se ganen un futuro mejor. Debería ser un gran reto de todos.

lunes, 12 de diciembre de 2016

Presupuesto 2017: un parche tardío e insuficiente


Había prisa por investir presidente a Rajoy, para aprobar el Presupuesto 2017. Pero acabaremos el año sin él, con un Presupuesto prorrogado. Y no se espera aprobarlo hasta finales de marzo. Además de tardío, el Presupuesto 2017 será un parche insuficiente: los recortes y subidas de impuestos anunciados no bastarán para recortar los 16.500 millones de déficit que exige Bruselas. Y tampoco este año 2016 se cumplirá el déficit prometido. Por eso, Rajoy exigirá más recortes en primavera y si no tiene apoyos, convocará elecciones. Pero ese nuevo ajuste se podría evitar si  hiciéramos una reforma fiscal de verdad, que consiga recaudar como Europa: España ingresa 50.000 millones menos en impuestos y por eso tenemos déficit y menos gastos sociales. Hay que conseguir que paguen más los que pagan poco (grandes empresas, multinacionales y ricos), reducir el fraude y poner nuevos impuestos, ambientales y financieros (tasa Tobin). Urge un acuerdo político para ingresar más, no para hacer recortes que hunden la economía y el empleo. Pacten los impuestos.
 
enrique ortega

Normalmente, los Gobiernos aprobaban los Presupuestos del año siguiente el 1 de octubre, para que pasaran el trámite del Congreso y Senado a finales de diciembre. Pero esta vez, el retraso en la investidura de Rajoy (que juró como presidente el 31 de octubre) ha trastocado el calendario. Y el Gobierno se verá obligado a aprobar, a mediados de diciembre, una prórroga de los Presupuestos 2016 para el año que viene, porque no espera tener un borrador de los Presupuestos 2017 hasta finales de enero, como pronto. Y con ello, su previsión es que el Parlamento apruebe los Presupuestos 2017 a finales de marzo o primeros de abril. Eso si Rajoy consigue sacarlos adelante, para lo que necesita el apoyo de Ciudadanos, Coalición Canaria y el PNV, algo nada fácil.

De momento, conocemos las líneas básicas del Presupuesto 2017, aprobadas por el Gobierno el 2 de diciembre, a golpe de decreto ley. Y se ve claramente que la gran prioridad de Rajoy no es el empleo, como dijo en su investidura, sino bajar drásticamente el déficit público, como le exige la Comisión Europea. Para cumplirlo, recortará o congelará gastos y aumentará algunos impuestos. Con ello, se recortará en 2017 el gasto y el consumo del Estado, las autonomías, las empresas y los ciudadanos. Y, en consecuencia, la economía crecerá menos (+2,3%) y se creará menos empleo (+400.000), lo contrario de lo que dice Rajoy. No hace falta ser economista para entenderlo.

Veamos las cifras del ajuste. El gran objetivo es recortar el déficit público del 4,6% del PIB en 2016 (el déficit prometido a Bruselas) al 3,1% en 2017. Eso, calculadora en mano, supone un ajuste de 16.500 millones, que tiene que hacerse por dos caminos a la vez: recortando gastos y subiendo ingresos. La mayor parte de este ajuste corresponde al Estado central, que tendrá que reducir su déficit del 2,2% al 1,1 % (-12.100 millones) y el de la Seguridad Social, del 1,7% al 1,4% (-3.300 millones). El resto del ajuste lo han de hacer las autonomías, que han de bajar su déficit del 0,7 al 0,6% del PIB (-1.100 millones).

Profundicemos en cómo plantea el Gobierno hacer este ajuste en 2017. En sus cuentas, las del Estado, mantendrá los recortes ya aprobados este verano, cuando estaba en funciones, para 2016: 2.000 millones de inversiones que no se van a hacer tampoco en 2017 (sobre todo infraestructuras e inversiones de Fomento), otros 1.000 millones de gastos congelados en julio, (que seguirán parados en los cajones) y 2.000 millones menos de pago de intereses de la deuda (por la bajada de tipos). En total, 5.000 millones de recortes de 2016 que se prorrogan para 2017, con lo que se fija el mismo “techo de gasto” de este año para 2017: 118.337 millones de euros. Eso significa que el Gobierno renuncia a  gastar más en partidas necesarias, como una mayor subida de las pensiones (todos los grupos habían pedido una subida del 1,2%, en vez del 0,25% previsto, pero el Gobierno lo ha vetado, apoyado por el PP y Ciudadanos), una mayor subida a los funcionarios (será un 1%), mayor gasto en políticas de empleo o más gasto en sanidad, educación, dependencia o inversiones públicas.

Y por el otro camino, el Gobierno prevé ingresar 5.500 millones más con 5 subidas de impuestos muy limitadas (no toca un IVA lleno de excepciones ni los carburantes, que tienen los impuestos más bajos de Europa). Una es la subida del impuesto de sociedades a las empresas, quitándoles exenciones y bonificaciones que les reducían el pago, medida con la que esperan recaudar 4.650 millones, sobre todo de las grandes empresas. Otros 100 millones vendrán de subir un 5% los impuestos al tabaco (desde el 3 de diciembre) y 50 millones más de subir un 5% los impuestos al alcohol (no al vino ni a la cerveza). Y 200 millones más se recaudarán cuando apruebe, en 2017, un nuevo impuesto a las bebidas azucaradas. También aprobará en 2017 impuestos medioambientales por otros 500 millones de euros (una subida mínima: recaudamos por "impuestos verdes" la mitad que Europa, a pesar de que España ha aumentado las emisiones de CO2). Además, Hacienda aprobará un plan de lucha contra el fraude para recaudar 2.000 millones más, obligando a las grandes empresas (60.000) a comunicar todas su ventas con IVA, prohibiendo pagos en metálico de más de 1.000 euros (ahora son 2.500) y restringiendo el aplazamiento de pagos a contribuyentes (un sistema para “financiarse” a costa de Hacienda).

En total, 5.000 millones menos de gastos y 7.500 millones más de ingresos (algunos “inseguros”: los 2.000 prometidos de la batalla contra el fraude fiscal son “un brindis al sol”) dan un ajuste de 12.500 millones de euros, en línea con los 12.100 millones que ha de recortar el Estado. Pero no pasa lo mismo en la Seguridad Social: la única medida aprobada es subir las cotizaciones a los sueldos más altos (las bases máximas pasan de 3.642 a 3.751 euros) y subir el salario mínimo, que ahora cotizará más (de 655,20 euros a 707, 60), lo que reportará un ingreso extra de 400 millones en 2017, claramente insuficiente para el recorte del déficit de la SS en 3.300 millones prometido a Bruselas.

El tercer responsable de recortar el déficit son las autonomías, que tendrán que bajar su déficit sólo en 1.100 millones para 2017, gracias al pacto entre el PP y el PSOE, que gobierna en 7 autonomías, y que con este acuerdo (que supondrá apoyar el techo de gasto, o sea los recortes propuestos por Rajoy) ha conseguido reducir a la mitad el recorte inicial de las autonomías que el Gobierno envió en octubre a Bruselas (-2.200 millones). Aun así, y a pesar de que Hacienda les permite aplicar el impuesto del Patrimonio y subir el IBI (unos 500 millones de recaudación extra en 2017), las autonomías tendrán que hacer otro ajuste más el año que viene, unos 600 millones, recortando gastos o subiendo impuestos propios.

En definitiva, que a pesar de los recortes de gastos y la subida de impuestos (a algunas grandes empresas y al “vicio”), las medidas de Rajoy se quedan cortas, son insuficientes: prevén un ajuste total (Estado, SS y autonomías) de 13.500 millones, frente a los 16.500 millones que hay que bajar el déficit para cumplir con Bruselas. Otro Presupuesto más que el Gobierno Rajoy se hace “trampas a sí mismo”, proponiendo un Presupuesto que sabe de antemano que no va a cumplir con el déficit. Faltan 3.000 millones de ajuste para 2017.

El problema es que va a pasar lo mismo este año 2016, donde no vamos a acabar con el 4,6% de déficit prometido, porque está fallando la recaudación. Y serán ya cinco años consecutivos en que el Gobierno Rajoy no cumple con sus cuentas, porque de 2012 a 2015 tampoco cumplió lo presupuestado: se recaudaron 18.000 millones menos (2% del PIB) y de ahí el exceso de déficit. Hasta octubre, estaba fallando la recaudación del IRPF, impuestos especiales y cotizaciones de la Seguridad Social, con lo que, si todo fuera igual en el último trimestre, la recaudación total sería 9.000 millones menos de lo previsto en 2016. Y con suerte, el déficit quedaría en el 5% del PIB en vez del 4,6% previsto. Serían 4.400 millones más a recortar en 2017, a partir de que se cierren las cuentas (febrero o marzo). Eso obligaría a un ajuste extra, por la desviación de 2016 y el ajuste insuficiente de 2017, de 7.400 millones más. Un recorte extra que Rajoy propondría en primavera. Y si no tiene apoyos suficientes, no dudaría en convocar elecciones, a la vista de su subida en las encuestas.

Esta es la fría realidad de los Presupuesto 2017 que anuncia el Gobierno: un parche tardío e insuficiente. Un “parche” porque no entra en el fondo del problema fiscal que tiene España desde hace décadas: recaudamos mucho menos por impuestos que el resto de Europa, según Eurostat: en 2015, España recaudó por impuestos el 22,3% del PIB, frente al 26,1% que recaudaron los 19 paises del euro y el 26,8% de la UE-28. Eso significa que si España tuviera la misma presión fiscal que la media europea, deberíamos haber recaudado 48.700 millones más. “Spain is different” y por eso tenemos más déficit, no porque gastemos más. De hecho, gastamos bastante menos: en España, el gasto público es del 43,8% del PIB, frente al 48,5% en la zona euro y el 47,3% en la UE-28, según Eurostat. Así que también gastamos 51.000 millones de euros menos al año que la media de los europeos.

O sea, que nuestro problema de fondo es que España recauda poco con los impuestos, menos que Europa. Y la estadística europea (Eurostat) nos ha dicho hace dos semanas en qué impuestos fallamos. Donde más, en la Renta (IRPF): si recaudáramos como la UE-28 (9,4% del PIB) o como Alemania (9,1%) en vez de como lo hacemos (7,4% del PIB), ingresaríamos 20.500 millones más al año. Para eso, tendríamos que quitar, dicen los expertos fiscales, muchas deducciones y exenciones (que benefician sobre todo a las rentas media y altas) y suprimir el sistema de módulos a los autónomos. El otro impuesto con “agujeros” es el IVA, donde somos el tercer país que menos recauda en Europa, tras Irlanda e Italia: un 6,5% del PIB frente al 7% de media en la UE-28 o en Alemania. Son otros 5.500 millones más que se podrían ingresar, haciendo que más artículos y servicios paguen el 21% general. El tercer impuesto donde también recaudamos menos es Sociedades: un 2,4% del PIB frente al 2,5% en Europa o Reino Unido aunque Suecia recauda más (3% PIB). Son otros 1.100 millones más que podríamos recaudar si nos homologáramos con Europa. Y lo mismo en los impuestos especiales (recaudamos 2.200 millones menos, porque tenemos unos impuestos al alcohol, al tabaco y a los carburantes de los más bajos de Europa) y en Sucesiones y Donaciones (las herencias, por las que España recauda 3.250 millones menos que Europa).

Así que Rajoy y los políticos ya saben lo que habría que hacer: pactar una reforma fiscal en profundidad, para que los españoles paguemos impuestos como los demás europeos. Y eso nos permitiría ingresar casi 50.000 millones más, sin que la mayoría paguemos más, sólo reduciendo el fraude (con más inspectores : Hacienda tiene un funcionario por 1.928 personas frente a 1 por 712 en Alemania) y haciendo que paguen más los que pagan poco, las grandes empresas, las multinacionales y los más ricos, además de subir los impuestos medioambientales y financieros (Tasa Tobin) Así, podrían salir las cuentas del Presupuesto. Por un lado, gastar 30.000 millones más en lo que nos hace falta para crear empleo, reanimar la economía y salvar el Estado del Bienestar: 4.000 millones en luchar contra el paro, 10.000 para las pensiones, 6.000 millones para paliar  la pobreza, 2.000 para la sanidad, otros 2.000 para la educación, 1.000 para la Dependencia y 5.000 para inversiones urgentes, desde tecnología e infraestructuras a industrialización y digitalización de la economía. Y destinar otros 10.000 millones a reducir el déficit. Son 40.000 millones en total, mucho dinero extra, pero puede ingresarse con una reforma fiscal a fondo.

Si no se hace y se sigue con los parches, antes o después se verá que la recaudación no alcanza y habrá que hacer nuevos recortes, forzados por Bruselas. Así que la única esperanza de verdad contra futuros ajustes es mejorar la recaudación, reformar los impuestos para recaudar como europeos, que haya menos fraude y que paguen más los que hoy pagan poco (grandes empresas, multinacionales y los más ricos). Pero hacer esto supone enfrentarse a grupos poderosos, que van a intentar que no les toquen el bolsillo. Aunque eso lleve a que nos lo toquen a la mayoría, con más impuestos indirectos y más recortes, que sólo pueden hacerse en los grandes gastos (sanidad, educación, pensiones, Dependencia, paro e inversiones públicas), a costa de frenar el crecimiento. Y con ello, la recaudación. Así que si hay más recortes, será imposible bajar más el déficit. Es el círculo vicioso de la austeridad, lo que ha pasado en España (y en la Europa del sur) desde 2010.

En resumen, lo que está en juego no es aprobar contra reloj los Presupuestos 2017, sino ver qué Presupuestos necesita nuestra economía. Y con el Brexit, el triunfo de Trump, la crisis en Italia  y el estancamiento de Europa, el año 2017 se presenta problemático. Y España necesita seguir creciendo más, porque tenemos el doble de paro que Europa. Para conseguirlo hay que reanimar la economía, gastar más en lo que hace falta, no más recortes. Pero eso sólo se consigue si recaudamos más. Europa nos ha dicho cómo hacerlo. Tomen nota y actúen en consecuencia, aunque eso suponga tocar el bolsillo de los poderosos. Ellos o la mayoría, ese es el dilema de estos Presupuestos. No lo olviden