lunes, 28 de diciembre de 2015

Los cajeros, más caros que antes


Desde Navidad en unos casos y en todos desde el 1 de enero, sacar dinero en  un cajero de otro banco es más caro que antes: cuesta unos 2 euros, salvo en algunas Cajas y bancos, que cuesta 65 céntimos. Es el fruto del decreto-ley que aprobó en octubre el Gobierno Rajoy para impedir la doble comisión que había empezado a cobrar La Caixa: ahora sólo se puede cobrar una comisión, pero, en la mitad de los cajeros, es el triple de la que se cobraba hace un año. La nueva comisión les supondrá un ingreso extra de 181 millones de euros y con ella pretenden también atacar a los pequeños bancos sin cajeros que les hacen la competencia (ING) y encarecer el uso de efectivo, para favorecer los pagos online, más baratos para la banca. Pero es otra comisión más que molesta a los clientes, hartos de que la banca les cobre por casi todo para defender márgenes. Y eso, cuando 7 de cada 9 españoles no confían en los bancos.
 

enrique ortega


España es un país donde nos gusta pagar en efectivo: el 85% de las compras se hacen a tocateja, en metálico, frente al 66% de media en Europa, según el estudio MasterCard Advisors 2013. De hecho, somos el cuarto país europeo con más uso del efectivo, sólo por detrás de Grecia (98%), Polonia (95%) e Italia (94%) y muy por delante de Holanda (sólo 40% compras en efectivo), Suecia o Francia (41%), Bélgica (44%), Gran Bretaña (485) o Alemania (67%). Y de ahí, de esta “necesidad de efectivo” nacen los cajeros, que se multiplican por todas las calles de España: hay 50.479 cajeros, 1 cajero por cada 926 habitantes, muchos más que en el resto de Europa, donde la media es 1 cajero por cada 1.423 habitantes. Y los usamos mucho: 905 millones de veces en 2014, una media de 2 veces al mes por adulto.

Los bancos han utilizado esta “dependencia” del metálico y del cajero para cobrarnos por el servicio, al darnos la tarjeta (una comisión anual) y también al sacar dinero en un cajero que fuera de otro banco. En este caso, lo normal era que el banco dueño del cajero cobrara una comisión al banco que emite la tarjeta, de 0,75 euros por extracción (si se sacaba dinero en otro banco de una red distinta) o de 0,65 euros (si era un cajero de la misma red del banco emisor de la tarjeta). Y luego, el banco emisor de la tarjeta cobraba esos 0,65-0,75 céntimos a su cliente o nada si le interesaba mucho y quería regalarle ese servicio. Pero el 19 de marzo de 2015, CaixaBank, el banco con más cajeros de España (10.000) rompió las reglas y empezó a cobrar una nueva comisión de 2 euros directamente al no cliente que sacaba dinero en sus cajeros. Y tanto Santander como BBVA comentaron que iban a hacerlo también desde octubre.

Clientes y asociaciones de consumidores montaron un gran revuelo, porque eso suponía cobrar una doble comisión por sacar dinero en bancos donde no se es cliente: una que cobra directamente el banco dueño del cajero y otra, la de siempre, que cobra (o no) el banco dueño de la tarjeta. Con las elecciones del 20-D en el horizonte, el ministro de Economía sale en defensa de los clientes y dice que no se pueden cobrar dos comisiones. Y el Gobierno aprueba el 2 de octubre de 2015 un real-decreto que fija sólo una comisión por el uso de cajeros ajenos, comisión que no se cargará directamente al que saca el dinero sino que se cobrará a su banco, que no podrá cobrarle más. Pero no fijan tarifas.

Los bancos hacen sus cuentas y sus estrategias para lo que cobrarán desde el 1 de enero de 2016, aunque la mayoría se han adelantado y cobran sus nuevas tarifas desde Navidad. CaixaBank (9.683 cajeros), el líder, sigue en sus trece: cobrará  2 euros a los bancos de los no clientes que saquen dinero en sus cajeros, pero será sólo una comisión en total. Santander (9.996 cajeros) y BBVA (5.993 cajeros) cobran ya “algo menos de 2 euros” (1,85 y 1,90 euros) por extracción a los no clientes. Y el resto de bancos y cajas, han firmado distintas alianzas para cobrar menos a los clientes de esas coaliciones de bancos y más al resto.


El grupo de Bankia, Sabadell y 10 antiguas Cajas (17.807 cajeros) cobra (desde el 28 de diciembre) 0,98 euros a los no clientes de los grandes bancos y sólo 0,65 euros a los no clientes de otros bancos o Cajas del grupo (a los de cada entidad, nada). Popular, Bankinter, Laboral Kutxa y Deutsche Bank (8.143 cajeros) han firmado acuerdos bilaterales para cobrar “menos de 2 euros” (entre 1,50 y 2) a los no clientes de los grandes bancos y 0,65 euros por extracción a los no clientes de bancos y cajas de la coalición (salvo Bankinter, que cobrará un euro a los clientes del Popular). El tercer acuerdo es el de Cajamar, 19 Cajas rurales, Banca Pueyo y Caja Caminos (7.700 cajeros), que cobrará entre 1,5 y 2 euros (no clientes grandes bancos) o 0,65 euros (no clientes grupo). Y finalmente, los clientes de ING sólo podrán sacar en los cajeros del Popular y Banca March, a cambio de una compensación que pagará el banco holandés (y quizás sus clientes).

Como se ve, un pequeño galimatías hasta que cada cliente vea cómo le afecta el cambio según su banco o caja y los cajeros que normalmente utilice. Pero hay un hecho claro: ahora, con el real-decreto del Gobierno Rajoy, la mayoría van a pagar ahora más por sacar dinero en cajeros de otros bancos. La mitad van a pagar el triple que hace un año, 2 euros sobre 0,65-0,75 euros. Y sólo los que sean de bancos o cajas de la misma “alianza” pagarán lo mismo, esos 0,65 euros. Por ello, usuarios y organizadores de consumidores están“irritados” con el cambio. Y dicen que la comisión de 2 euros por extracción es “excesiva”. Incluso, el Secretario de Estado de Economía la calificó de “desorbitada”.

Ahora, su esperanza está puesta en la Comisión de la Competencia (CNMC), a la que el Gobierno pidió analizar los costes que tiene para los bancos ofrecer el servicio de cajeros, para que no cobren de más con la nueva comisión. Pero todo parece indicar que sí lo hacen: el coste real de la red de cajeros es de 840 millones al año y sin embargo los bancos ingresan 3.266 millones (2.000 por la anualidad de las tarjetas y 1.266 por las extracciones), según un estudio realizado por la web Kelisto. Ahora falta por ver las cuentas que le salen a la CNMC, pero ya hay un precedente en Reino Unido, donde una investigación demostró (en 1988) que la banca británica ingresaba por comisiones entre 5 y 6 veces lo que les costaba mantener la red de cajeros. El resultado fue que el Gobierno británico suprimió las comisiones por el uso de tarjetas y cajeros desde el año 2000.

Con los 2 euros por extracción que pagan ahora la mayoría de los que saquen dinero en cajeros de otros bancos, España será el país europeo donde más se paga por sacar dinero en cajeros, salvo Grecia (cobran entre 1 y 3 euros), ya que la comisión media en los 7 países más ricos de la UE es de 1,40 euros por extracción. Hay otros países, como Suecia o Portugal, donde sacar dinero en cajeros es gratis como en Reino Unido. En Francia, el tope de comisión entre bancos es de 0,57 euros por extracción  y en Holanda, 0,58 euros. En Italia se cobran 1,95 euros de media y en Alemania entre 1 y 2,19 euros.

Los bancos y Cajas españoles cobran ahora más en los cajeros por tres razones. La primera, a corto plazo, para recaudar más. Si se estima que un 20% de las retiradas de dinero se hacen en cajeros ajenos al propio banco, eso daría 181 millones de extracciones al año sobre las que cobrar comisión. Si consideramos una comisión media de 1 euros (en la mitad al menos de los casos es 2 y en otras 0,65 euros), nos dan 181 millones de euros de ingresos extras. Y no hay que olvidar a los turistas, 68 millones previstos en 2015: sólo con que la mitad haga un par de extracciones en sus vacaciones en España, son 136 millones de euros en comisiones.

El segundo objetivo de la banca, tras recaudar más, es un objetivo a medio plazo: atacar a la competencia o defenderse de bancos pequeños, sin cajeros, que les roban clientes. Y cara al futuro, defenderse de tarjetas que pudieran emitir Google, Apple o Amazon. El banco más afectado hoy es ING, un banco casi sin oficinas y con más de 3 millones de clientes. La entidad holandesa ya ha dicho que hoy paga 24 millones a los bancos en comisiones por extracciones de sus clientes y que con las nuevas normas pagaría 75 millones, por lo que está pensando en cobrar algo a sus clientes, algo impensable hasta ahora. Y en paralelo, ya ha reclamado por la medida ante la Comisión Europea, que tendrá que pronunciarse así sobre las nuevas comisiones de los cajeros españoles. Y no sería extraño que las cuestionara.

El tercer objetivo de la banca, a más largo plazo, es disuadir a los clientes de que utilicen los cajeros y el dinero en metálico, cuya manipulación y servicio supone un coste creciente, además de provocar costes de transporte y problemas de seguridad. Y en esta batalla contra el dinero en efectivo, la banca cuenta con el apoyo del Gobierno, a quien tampoco le gusta el metálico, porque es una fuente de fraude fiscal. De hecho, el Gobierno Rajoy penalizó los pagos en metálico, desde el 19 de noviembre de 2012: están prohibidos los pagos en efectivo superiores a 2.500 euros de un particular a un profesional o a una empresa y entre empresas, medida que intenta frenar los pagos “en negro” y sin IVA. Hacienda pone multas del 25% de los pagos ilegales, aunque el infractor se puede librar de pagar la mitad de la multa si lo denuncia. Y sólo en 2014 hubo 5.000 denuncias por pagos en metálico.

En realidad, aunque la banca tenga también otras razones, el principal objetivo de subir las comisiones de los cajeros es ingresar más (por eso no han esperado al 1 de enero, aplicando las nuevas comisiones en plena Navidad), en una coyuntura donde les han bajado los márgenes, por los bajos tipos de interés y la escasa concesión de créditos. Así que tratan de mantener sus beneficios (9.233 millones enero-septiembre 2015, un 3,2% menos que en 2014) de dos maneras: recortando costes (han cerrado 16.000 oficinas desde 2008, 1 de cada 3, y han despedido a 80.000 empleados, 1 de cada 4) y cobrando a los clientes comisiones por los servicios que pueden, cada vez más.

Las comisiones bancarias volvieron a subir en 2014, por primera vez desde que estalló la crisis en 2008. Y en 2015 crecieron de nuevo, un 4,6% en el primer semestre, con lo que el año se habrá cerrado con 11.750 millones ingresados por comisiones, 8.000 millones sólo los 6 grandes bancos. Eso significa que lo que pagamos por comisiones suponen ya un40% de los ingresos puramente bancarios de las entidades, o sea, que son un ingrediente básico de su negocio. Por eso, no pueden prescindir de ellas sino que buscan aumentarlas, no sólo en los cajeros sino en otras vertientes del negocio. De hecho, donde más están creciendo las comisiones es en Fondos, operativa de Bolsa, seguros e hipotecas (está volviendo la comisión de apertura, que antes no se cobraba), productos donde  las comisiones “se notan menos” que en una cuenta o tarjeta. Pero también aquí se siguen cobrando, a pesar de la publicidad “sin comisiones”. Es el caso de la publicitada Cuenta 1,2, 3 del Santander, donde el cliente paga 3 euros mensuales por mantenimiento y otros 3 euros por la tarjeta (total, 72 euros al año). O la cuenta Tenemos un Plan del Popular: exime de pagar comisiones de administración o mantenimiento pero aplica otras 23 comisiones más…

Las comisiones son una jugosa e imprescindible fuente de ingresos para la banca pero también una fuente de quejas y reclamaciones: 1 de cada 5 reclamaciones presentadas por los clientes ante el Banco de España (29.443 en 2014) son por cobro de comisiones, algo que molesta mucho a los clientes. Por eso, deberían preocupar especialmente a la banca, que sufre un serio problema de imagen, reconocido por ellos mismos: “la banca corre el riesgo de perecer si no recupera la confianza del cliente”, señaló hace poco el presidente de la patronal bancaria AEB.Y el consejero-delegado de la mayor entidad, CaixaBank,ha añadido: “la reputación de la banca está bajo mínimos. Es un problema muy serio”.

Tan serio como que sólo 2 de cada 9 españoles (22%) tiene confianza en la banca, la mitad que los clientes europeos (48%), según el Barómetro de Confianza elaborado por la consultora Edelman. O sea, que 7 de cada 9 españoles, desconfía de la banca, tras estos años de rescates, venta de preferentes, escándalos de directivos, desahucios… y cobro creciente de comisiones. Así que la banca tiene un problema de imagen que va a empeorar ahora con los cajeros. Y así resulta difícil que recuperen la confianza, algo crucial para su negocio, sobre todo frente a los nuevos competidores, como Google, Apple, Amazon o las telecos, con muy buena imagen y que ya les empiezan a quitar negocio (tarjetas y transferencias). Ellos sabrán lo que hacen. Pero esta historia de los cajeros no les ayuda. Deberían dar marcha atrás, antes de que les fuerce Europa o el próximo Gobierno. Sean inteligentes.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Dos Españas, dos Navidades


Basta salir a la calle estos días para ver que esta Navidad está más animada que las anteriores, desde las tiendas y los restaurantes a los supermercados. Y hemos comprado mucho por Internet. La previsión es que sea la mejor Navidad desde el inicio de la crisis, aunque la mejoría de ventas se apoya en ofertas y descuentos, en una economía “low cost”. Pero ojo, que la Navidad no sea un espejismo: seguimos en crisis y el mayor consumo viene sólo de una parte de españoles, los que tienen trabajo (medio millón más), menos retenciones y una extra. Pero hay otra España, los 10,3 millones de personas que son oficialmente “pobres” que no están para consumir, que viven de la ayuda de sus familias y las ONGs y para los que esta Navidad es gris y triste, porque no tienen ayudas ni salidas. Seamos solidarios con ellos, los tenemos muy cerca. Y ¡Feliz Navidad a todos¡ 
 

enrique ortega


Nos bombardean con la “noticia”: esta va a ser “la mejor Navidad de la crisis, con el mayor consumo navideño desde 2008. La patronal de los grandes almacenes espera un aumento de ventas del 5 al 7%, mientras otro estudio de ESADE estima que los españoles gastarán esta Navidad entre un 4 y un 5% más que el año pasado. Y las tiendas online esperan que las ventas por Internet den un salto histórico, con 3.460 millones de ventas online, un 10% más que en 2014. Unos y otros se apoyan en ofertas y descuentos, que empezaron en el Black Friday y que no terminarán hasta las rebajas de enero, después de Reyes. Se trata de una verdadera “fiebre consumista”, apoyada en un amplio abanico de ofertas y “productos gancho”, que configuran una verdadera economía “low cost”, compras a golpe de descuento. Con todo, las ventas están aún un 25% por debajo de las de 2007.

Dos tercios de los españoles tienen la sensación de que estas Navidades pueden gastar más, según una encuesta europea de Deloitte, que revela que las familias españolas van a ser las quintas europeas que más gasten: una media de 684 euros por familia, un 9,8% más que el año pasado. Un gasto que se irá en regalos (269 euros), comida (208 euros), ocio (83) y viajes (124 euros), con la mayoría de las compras en tiendas físicas (62% híper y 31 % grandes almacenes), aunque muchos habrán seleccionado antes en Internet (a través del móvil) lo que van a comprar y dónde, aumentando mucho las compras por la Red (ya un tercio). Eso sí, el gasto navideño varía mucho según el presupuesto familiar: un 38% de las familias gastarán menos de 500 euros extras estas navidades, un 29% entre 500 y 1.000 euros y el resto no sabe cuánto gastará, según un estudio de los consumidores CECU. Eso sí, casi la mitad de ese gasto será en regalos (47%), un 19% en comida y un 13% en juguetes.

Hay varios factores económicos que explican por qué estas Navidades se va a consumir más en España. El primero, porque hay más españoles con trabajo: en noviembre había 447.872 personas más afiliadas a la Seguridad Social que en diciembre de 2014, con lo que puede decirse que hay 500.000 españoles más con trabajo que en las Navidades de 2014. Y aunque muchos sean contratos precarios y mal pagados, temporales y a tiempo parcial (la cuarta parte por menos de una semana), suponen más ingresos para muchas familias. Y si han estado en paro, lo normal es que aprovechen y gasten en lo que no han podido. Además, en octubre se pagó a casi 3 millones de funcionarios un 25% de la extra que les quitaron en la Navidad de 2012 y saben que en 2016 van a cobrar el 50% restante (ya cobraron un primer 25% en enero 2015), con lo que este colectivo también se animará a gastar más. Y lo mismo los pensionistas, que cobraron su habitual extra navideña a principios de diciembre. Además, a todos los trabajadores se les descuentan desde enero menos retenciones en la nómina (30 euros menos de media), al haber bajado el Gobierno el IRPF de 2015, a lo que hay que sumar una rebaja adicional de retenciones desde el pasado 1 de julio (otros 16 euros al mes de media), con lo que son 46 euros más de ingresos estos últimos meses.

Todo ello hace que los 18 millones de españoles con un trabajo (15 millones de asalariados y 3 millones de autónomos) tengan estas Navidades más dinero para gastar, aunque muchos de ellos estén intranquilos porque tienen un trabajo precario y sueldos muy bajos: el sueldo más frecuente entre quienes trabajan en España es de 15.500 brutos al año (menos de 1.000 euros netos al mes en 14 pagas), según el INE. Y más de uno de cada cinco asalariados (el 22,2%) son “trabajadores pobres”, 3.318.655 españoles, según la OIT.

Pero hay otra España que está mucho peor, porque están sin trabajo (4.850.800 parados EPA en el tercer trimestre) o ni siquiera se consideran parados, porque ya ni buscan empleo (mujeres, mayores de 45 años y 1.850.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan). En total, hay 10, 8 millones de españoles que son oficialmente pobres, según el INE, porque ingresan menos del 60% de la renta media de los españoles (o sea, menos de 663 euros al mes las personas solas y menos de 1.393 euros al mes las familias con dos hijos). Y esta Navidad hay 837.000 pobres más en España que en las Navidades 2014, según el INE. Con este nivel de ingresos, que en muchos casos es cero (hay 721.900 hogares sin ingresos, según la EPA, y 1.572.900 hogares donde ningún  adulto trabaja), resulta difícil gastar, sea o no Navidad.

El problema de esta otra España, la España que lo está pasando realmente mal (Europa amplía hasta 13,5 millones el número de españoles en situación precaria, según el indicador AROPE de Eurostat) es que la crisis dura ya 7 años y muchos ya no saben qué hacer para sobrevivir. Sólo hay 1.583.498 españoles pobres que reciben ayudas, o bien un subsidio asistencial de 426 euros al mes de la Seguridad Social (lo cobran 1.204.333 parados) o bien una renta mínima de las autonomías, entre 300 y 662 euros al mes, según donde vivan (se benefician 379.165 personas más). Así que quedan 8.739.502 millones de españoles pobres sin ayuda (o 12 millones, según los datos europeos), que tienen que malvivir gracias a las ayudas de sus familias, las ONGs o los servicios sociales municipales (recortados). Y cada Navidad que pasa les resulta más angustioso comer, pagar el alquiler, la luz o el colegio de los niños. Como para comprar regalos, mariscos y salir a cenar fuera por Navidad.

Así que cuando oiga hablar de que estas son “las Navidades de la recuperación, que las tiendas, los restaurantes y las carreteras están llenas, piense que esta es sólo una parte de España, la que ha sobrevivido mejor a esta crisis, pero que hay otra España, con muchos millones de personas, que siguen pasándolo mal y que cada día que pasa sin trabajo y sin ingresos es un día que se agrava su penosa situación. Es algo que debería ser una prioridad para el próximo Gobierno, pero mucho me temo que no tomen medidas efectivas, que no aprueben un Plan contra la pobreza, como tampoco hicieron en la anterior legislatura. Así que no quedará más remedio que seguir con la solidaridad de muchos españoles, con la ayuda de las familias y las ONGs, que atienden ya (sin recursos)  a 3 millones de pobres.

Mire a su alrededor estas Navidades y no piense sólo en compras y regalos. Vea también que hay muchos millones de españoles que necesitan ayuda, porque no se han podido recuperar de la crisis. Y eso nos podía haber pasado a cualquiera. Por eso, deberíamos ser solidarios: ayudar a los que lo necesitan y con donaciones y ayudas a las ONG que trabajan con ellos. Que puedan pasar lo mejor posible estas Navidades, las séptimas ya de la crisis. Ayudemos en lo posible a los que lo están pasando mal. Nos sentiremos mejor. 
¡Feliz Navidad a todos¡

lunes, 21 de diciembre de 2015

Crisis Abengoa: un rosario de malas prácticas


Mientras digerimos los resultados electorales, la vida sigue y con ella los problemas. Sobre la mesa del futuro Gobierno está la crisis de Abengoa, una de las pocas “multinacionales” españolas, al borde del concurso de acreedores por una pésima gestión: crecimiento desmedido a costa de endeudarse sin freno, esconder su situación real, auditores y organismos de control que “no ven”, políticos en el Consejo y especuladores que se forran, mientras los directivos que provocaron esta debacle cobran jugosas indemnizaciones. Malas prácticas empresariales que ya hemos visto antes, en Bankia y muchas Cajas, Gescartera, Afinsa y Fórum Filatélico, Eurobank, Marsans, Pescanova, Gowex, inmobiliarias…, sin que se tomen medidas para erradicarlas. Y así, cada poco nos salta una crisis, que pagan los trabajadores, pequeños accionistas y todos los españoles. Hay que clarificar y sanear la gestión empresarial, con menos deuda y más transparencia, con controles eficaces para evitar “sustos” como Abengoa. Apostar por empresas que gestionen bien y con decencia.
 

enrique ortega


Abengoa presentó pre-concurso de acreedores el 26 de noviembre, al no conseguir que comprara una parte de la empresa (28%: 350 millones de liquidez) la vasca Gestamp, que se echó atrás ante la elevada deuda y la reticencia de los bancos a prestar más. Ahora, Abengoa tiene hasta el 26 de marzo para declararse en concurso de acreedores. Si no se evita, será el mayor concurso de la historia de España, por delante de grandes crisis como las inmobiliarias Martinsa Fadesa (7.800 euros de deuda) y Reyal Urbis (3.978 millones), Pescanova (-3.000) o Habitat (-2.840 millones). Aún no se sabe lo que Abengoa debe realmente, pero ronda los 23.000 millones, de los que 10.000 millones son deuda a bonistas y bancos (el 40% a los 5 grandes bancos españoles y el resto a bancos extranjeros: HSBC, Credit Agricole, Federal Financing Bank USA, el sueco EKN y el brasileño BNDES), 4.400 millones a proveedores y 8.100 millones de deuda ligada a activos. El problema no es sólo que pueda pagar intereses, es que necesita liquidez inmediata (le prestarán 113 millones este miércoles) para pagar las nóminas de diciembre a sus 28.668 trabajadores (6.871 en España) y otros 350 millones para llegar hasta marzo. Y a medio plazo, avales para no perder concursos millonarios ganados por medio mundo y pendientes de ejecutar.

Abengoa era la típica “historia de éxito, una empresa de ingeniería nacida en 1941 en Sevilla, que dio el salto en los años 80 a las energías renovables, con grandes proyectos de energía solar y biomasa  que la han convertido en una empresa de referencia mundial, con proyectos en 80 países, entre ellos Estados Unidos, donde el propio Obama la puso como ejemplo en 2009 en una alocución radiofónica. ¿Cómo ha podido caer? No es casualidad ni fruto de la mala suerte, sino el resultado de un conjunto de malas prácticas empresariales que por desgracia se han repetido en muchas otras crisis en España. Veámoslas.

1ª mala práctica: crecer demasiado y muy deprisa, a costa de endeudarse. El esquema es sencillo: se invierte lo que no se tiene, pidiéndolo prestado, pensando que el crecimiento del negocio será suficiente para pagar los intereses futuros. Y así se va creando una burbuja de deuda que un día estalla, cuando los bancos y acreedores se asustan y ya no prestan más. En el caso de Abengoa, su deuda exclusivamente bancaria (8.904 millones) duplica su valor contable (4.000 millones). Un desatino como gestión empresarial.

2ª mala práctica: esconder las cuentas reales. Como Abengoa cotiza en Bolsa y se presenta a decenas de concursos por el mundo, tiene que dar una imagen de solvencia y fortaleza, no presentar sus debilidades. Y para ello, creó una maraña de 900 sociedades, con un laberinto de créditos cruzados entre filiales, que servían para enmascarar el endeudamiento real, simular garantías y de paso ahorrarse impuestos. Tal es así que los propios bancos acreedores han encargado a la consultora KPMG que averigüe la deuda “real” de Abengoa.

3ª mala práctica: auditor que no ve y organismo controlador que tampoco. Abengoa tiene un auditor, Deloitte (curiosamente, el mismo que tenía Bankia), que firmó durante tres años (2012, 2013 y 2014) unas “auditorías limpias” de Abengoa, a cambio de cobrarle una minuta de  20 millones de euros. No fue hasta el pasado 13 de noviembre cuando incluyó este párrafo en su informe sobre las cuentas de 2015: “la existencia de una incertidumbre que puede generar dudas significativas sobre la capacidad de la sociedad para continuar como empresa en funcionamiento”. Sin embargo, hacía años que algunos expertos ya habían advertido sobre el peligroso endeudamiento de Abengoa: en 2011 lo advirtió incluso un consejero de Abengoa, Carlos Sebastián (que fue invitado a irse) y en 2014 lo advirtieron la agencia Finch (hablaba de un nivel  de deuda real que duplicaba el oficial) y un informe de BNP Paribas. Hasta un joven estudiante catalán de 17 años detectó problemas en Abengoa, en 2014, al hacer un trabajo de Bachillerato...

No sólo Deloitte no vio nada hasta el mes pasado. Tampoco vio nada extraño la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), el organismo que debe vigilar las cuentas de las empresas cotizadas. Sólo el 25 de noviembre, cuando Abengoa se hunde en Bolsa al no entrar  Gestamp en su capital, la CNMV suspende su cotización en Bolsa, después de que algunos Fondos de inversión extranjeros se hubieran “forrado” con la caída de Abengoa.

4ª mala práctica: presencia de políticos en los Consejos de Abengoa. Quizás nadie viera nada porque Abengoa era una empresa con muchos “apoyos políticos”. Sus dueños, la familia Benjumea y otro centenar de rancios apellidos sevillanos, se preocuparon siempre por mantener importantes contactos políticos, ya desde la época de Felipe González y Guerra (“vamos a hacer patria andaluza” por el mundo). Y así han desfilado por su Consejo un rosario de ex-políticos: Carlos de Borbón dos Sicilias (primo del rey Juan Carlos I), Alberto Aza (ex jefe de la Casa Real) y su hijo, Javier Rupérez (exdiputado y exsenador UCD y PP), José Terceiro (ex secretario de la Presidencia con UCD), José Borrell (ex ministro PSOE), Luis Solana (expte Telefónica y ex diputado PSOE), Rafael Escudero (expte socialista Junta de Andalucía), Ricardo Martínez Rico (ex secretario de Estado de Hacienda con Aznar y ex socio de bufete del ministro Montoro), Carlos Sebastián (hermano del ex ministro Miguel Sebastián, el gran promotor de las renovables con ZP) y los extranjeros Alan García (expresidente de Perú) o Bill Richardson (ex secretario de Energía USA con Clinton).

5ª mala práctica: directivos con blindajes millonarios. Los responsables del desaguisado de Abengoa ya no están en la empresa, pero se han ido bien indemnizados. El presidente, Felipe Benjumea, tras 25 años en el cargo, dejó la compañía el 24 de septiembre, forzado por los bancos acreedores. Y se fue con una indemnización de 11,48 millones de euros “por cese anticipado de contrato”. Antes, el 25 de mayo, se había ido, “por motivos personales”, el consejero-delegado, Manuel Sánchez Ortega, quien cobró 4,48 millones de indemnización y con el cobro pendiente de otros 3,3 millones “si la empresa cumple objetivos”…

6ª mala práctica: los que se forran con la caída de Abengoa. Como los que saben estaban al tanto desde hace un año de la verdadera situación de Abengoa, se han aprovechado de ello para especular. ¿Cómo? Tomando posiciones bajistas, apostando a que Abengoa iba a caer. Se trata de tomar prestados títulos a algunos grandes accionistas (que cobran por ello), títulos que venden en el mercado a cambio de un pacto para recomprarlos más adelante (cuando bajen) y devolverlos. El truco es comprar a 10 y recomprar cuando bajen a 8 para ganar 2 euros aprovechando la caída. Así estaban en agosto un 8,5% de las acciones de Abengoa. Y con la caída, muchos fondos han hecho un gran negocio. El que más, Black Rock (USA), la mayor gestora de fondos de inversión del mundo. Curiosamente, empezó a comprar a crédito Abengoa en agosto, un mes después de que fichara a Manuel Sánchez Ortega, el ex consejero delegado de Abengoa que había dimitido en mayo. Casualidad…(ahora lo investiga la Audiencia Nacional, por "información privilegiada").

Como puede verse, hay un rosario de malas prácticas detrás de la caída de Abengoa. Una caída que ha hecho perder a los accionistas (hay unos 50.000 pequeños)  un 90% de su inversión, ya que la empresa ha pasado de valer en Bolsa  4.000 millones a 400. De hecho, un grupo de 250 pequeños accionistas prepara una demanda civil contra la empresa y su Consejo, mientras hay dos querellas de accionistas presentadas en la Audiencia Nacional por “administración desleal, uso de información privilegiada y falseamiento de documentos”. De momento, la Fiscalía de la Audiencia Nacional ve indicios de delito en la indemnización que cobraron los dos máximos directivos, Felipe Benjumea y Manuel Sánchez Ortega, y les ha exigido 16 millones de fianza.


Pero más que los accionistas, esta crisis la van a pagar los 28.668 trabajadores de Abengoa (6.871 en España), porque ya se preparan ventas (por 3.000 millones) y despidos: se habla de unos 4.000, 2.000 en Brasil y otros 500 en España. Y al final, igual nos toca a todos pagar algo de los platos rotos de Abengoa. De entrada, hay casi 1.000 millones de dinero público en juego: 450 millones de créditos y avales de las entidades públicas ICO, CESCE y Cofides y otros 582 millones prestados por Bankia (63% propiedad del Estado). Y ahora falta saber cuánto más acabará costándonos la salvación de Abengoa, en forma de más créditos (el ICO va a poner 20 millones más), ayudas fiscales o laborales.

Abengoa es una multinacional española muy conocida en el mundo, con deuda, proyectos y empleados en muchos países, y salvarla debería ser una prioridad del futuro Gobierno. Pero no a cualquier precio. Debería forzarse un acuerdo con la banca y los acreedores, los que han ganado estas décadas cobrando intereses, para que recapitalicen y salven a corto plazo Abengoa. Y luego, poner en marcha un Plan de futuro realista, buscando socios estables. La banca (que prefiere el concurso) ya ha dicho que no quiere entrar en el capital de la empresa (el Santander o la Caixa han entrado en el grupo Prisa- El País/la SER- pero no quieren entrar en una multinacional de energías renovables) y tampoco hay inversores españoles interesados (parece que a nuestros “ricos” sólo les interesa el ladrillo y las SICAV). Así que todo apunta a que si alguien salva a Abengoa será un inversor extranjero, otra vez más. O se liquidará.

La historia de Abengoa y sus malas prácticas es la historia de muchas empresas españolas, fuertemente endeudadas en los años del boom y asfixiadas por el pago de intereses. Hay que saber que las 35 empresas del IBEX tienen 200.000 millones de deuda, la mitad de su valor en Bolsa. Y que hay todavía 5 empresas que deben más de lo que valen: Sacyr (351% deuda/capitalización), FCC (341%), OHL (304%), Arcelor (197%) y Acciona (119%). No en vano, la deuda total de las empresas españolas ronda el billón de euros, una grave hipoteca para la recuperación de España, según ha reiterado el FMI: 1 de cada 4 empresas españolas necesitan el beneficio de 10 años para devolver su deuda, mientras en el resto de Europa sólo necesitan 5 años (están menos endeudadas). Y algo tremendo: el 25% de las empresas españolas necesitan el 60% de sus márgenes para pagar intereses. Claro, así, con esta losa de la deuda, no pueden pensar en  invertir o contratar más.

Pero hay otras malas prácticas de Abengoa que son también muy habituales: esconder la situación real de las empresas (lo llaman “ingeniería financiera”), auditores que no ven (caso de Bankia, Pescanova, Gowex y tantos otros), organismos de control que no vigilan (no hay una sola crisis empresarial o bancaria detectada a tiempo por la CNMV, el Banco de España o el Gobierno), políticos en Consejos de Administración (hasta 50 exministros, altos cargos y políticos han llegado a estar sentados en empresas del IBEX), blindajes e indemnizaciones escandalosas de directivos que han hundido bancos y empresas (desde Bankia y varias Cajas a FCC, Indra y tantos otros: hay 924 directivos de empresas del IBEX con contratos blindados) y especuladores bursátiles que se forran con las crisis. Y en todos los casos, siempre pagan los mismos: los trabajadores, los pequeños accionistas y el Estado (todos nosotros), que tiene que “nacionalizar” o ayudar a empresas en crisis.

Es hora de cambiar, de aprovechar la crisis de Abengoa para perfilar un nuevo modelo empresarial, con menos endeudamiento (urge ayudar a renegociar la deuda más agobiante para muchas empresas) y más transparencia en la gestión, obligando a unas auditorías más reales y a un control externo más efectivo de las cuentas, a la vez que se erradican prácticas injustificadas (políticos en Consejos) e inmorales (blindajes a directivos). Es hora de fijar normas más estrictas sobre la gestión empresarial, para evitar que cada poco salten crisis y escándalos que ponen en peligro empresas y empleos. Un capitalismo ético.