jueves, 12 de noviembre de 2015

Jóvenes: viven peor que sus padres (y con ellos)


La OCDE ha presentado un informe demoledor sobre la situación de los jóvenes españoles: tardan el doble que los alemanes en encontrar trabajo (no de lo que han estudiado), no consiguen un contrato fijo antes de 6 años, el 71% tiene contratos temporales, trabajaban por horas (sin quererlo) más que nadie en Europa y ganan 890 euros, un 35% menos que en 2008 (dos de cada tres jóvenes no ingresan nada). En resumen: los jóvenes españoles viven peor que sus padres y un 78% se ven forzados a vivir con ellos, frente al 21% en Francia o el 16% en Alemania. ¿Qué se puede hacer? La OCDE da la receta: mejorar su formación, desde el colegio a la Universidad, volcándose en la lectura, las matemáticas y la tecnología. Y ofrecer más cursos para los parados jóvenes, reformando las oficinas de empleo. Urge tomar medidas, porque la mitad de los jóvenes están parados y la otra mitad subempleados. Así no hay futuro.
 

enrique ortega


Los jóvenes españoles ya empiezan con problemas cuando acaban sus estudios: necesitan 2 años para encontrar trabajo, el doble que los alemanes, según el informe sobre España presentado por la OCDE a finales de septiembre. Y tardan 6 años en encontrar un trabajo fijo, frente a 2 años los alemanes o daneses. Un trabajo que en la mayoría de los casos (71%) no tiene que ver con su perfil: el 55% están “sobrecualificados” para el empleo que tienen. O sea, han hecho una carrera para acabar de tele operadores o cajeras de supermercado. Y encima, a la mayoría, las empresas no les tutelan ni forman, según la OCDE. Y después de todo, dos de cada tres jóvenes becarios acaban sus prácticas sin quedarse en la empresa.

Cuando finalmente trabajan, su empleo es muy precario: 3 de cada 4 jóvenes españoles (71%) tienen un contrato temporal (el triple que los jóvenes europeos), según la OCDE (tras la EPA de septiembre, son ya el 73,1%). Y casi la mitad (42,9%) tienen un contrato a tiempo parcial, por horas o días, el triple que el conjunto de trabajadores (15,3%). Y no trabajan por horas porque lo busquen, sino porque no encuentran trabajos a jornada completa: el 22% trabaja por horas de forma involuntaria, más que en ningún otro país de la OCDE (sólo trabajan por horas de forma involuntaria el 4% de jóvenes y en Europa el 8%). Con esta precariedad, los jóvenes españoles son muy vulnerables si la empresa va mal o si caen las ventas.

Actualmente, los jóvenes se benefician poco de los nuevos empleos: sólo 26.100 de los 544.700 empleos creados en el último año han ido a jóvenes de 16 a 29 años (EPA). Y si tomamos toda la Legislatura, hay 2.895.100 jóvenes (16-29 años) trabajando, 431.000 jóvenes menos con empleo que cuando Rajoy llegó a la Moncloa. Eso sí, el paro juvenil ha bajado: hay 1.378.000 parados jóvenes (16-29 años), 237.400 menos que en diciembre de 2011. Esta aparente contradicción se debe a que muchos jóvenes han tirado la toalla y ya no son "activos", son desanimados” que han dejado de buscar trabajo: o no buscan ya trabajo o estudian o se han ido al extranjero: en esta Legislatura, 525.328 jóvenes (18-35 años) han abandonado España y se estima que al menos la mitad lo han hecho para buscar trabajo en el extranjero.

El paro juvenil ha bajado, pero está a un nivel escandaloso: el 46,6% de los menores de 25 años está sin trabajo, el doble que en Europa (25%) y seis veces más que en Alemania (7,5%). Lo grave no es que casi la mitad de los jóvenes españoles esté sin trabajo, sino tres datos más poco conocidos. Uno, que dos tercios de estos parados jóvenes no cobran desempleo. Dos, que casi la mitad (47,2%) llevan más de un año sin trabajar y casi un tercio (29%) más de dos años, según la EPA. Y cuanto más llevan sin empleo, más difícil les resulta encontrarlo. Y tres, que muchos parados jóvenes  tienen poca formación: el 48% de los parados menores de 30 años tienen sólo la ESO obligatoria o menos, según la EPA. Y así, les resulta muy difícil colocarse, cuando ahora hay una vacante por cada 102 parados. Y menos si el 80% de los jóvenes parados carece de experiencia, porque buscan su primer empleo.

Hablemos de lo que ganan los jóvenes. Dos tercios (64,5%) no ingresan nada, porque no tiene trabajo remunerado o porque son parados sin subsidio, según el Observatorio de la Juventud (2014).Y los que trabajan, como tienen contratos precarios, están muy mal pagados y, con la crisis, han perdido un tercio de su sueldo, según la OCDE: si en 2008 ganaban 1.210 euros al mes de media, en 2013 ganaban 890 euros. Otro estudio de Fedea cifra el sueldo de los jóvenes españoles entre 600 y 1.100 euros al mes. Y un estudio del Observatorio de la Juventud (2014) lo sitúa en 990 euros, mientras el INE acaba de decir que los menores de 25 años ganan de media 1.030,6 euros (ojo,brutos: netos serían  850 euros). Eso los que tienen sueldo, porque muchas veces trabajan como becarios y no cobran nada: sólo el 42% de los jóvenes becarios recibe alguna compensación económica (y al 71% de ellos no les da para vivir). Incluso el 52% de los becarios mayores de 30 años no percibe un salario, según InfoJobs.

Con estos bajos salarios, muchos de los jóvenes que “tienen la suerte de trabajarson “pobres” (ganan un 60% de la renta media española): el 33% de los jóvenes españoles (y el 53,6% entre los jóvenes parados). Pobres o no, la mayoría tiene una “economía de subsistencia”, con graves problemas para llegar a fin de mes. Y por eso, la mayoría no pueden pagar un alquiler (605 euros de media), menos después de que el Gobierno Rajoy haya recortado las ayudas para el alquiler de los jóvenes: sólo la reciben un 16,2% de los jóvenes en España (Renta básica de emancipación), frente al 54,2% de los jóvenes franceses o el 36% de los holandeses, según el estudio de la OCDE. Y ni sueñan con comprar un piso: les supondría pagar entre 788 y 900 euros al mes por una hipoteca y eso si se la dan: la mayoría de los bancos exigen un contrato estable y unos ingresos mínimos (2.000 euros, el triple del pago) para concederla.

Así que sólo les queda una salida: vivir con sus padres. Actualmente, el 78,5% de los jóvenes españoles (hay 6.663.801 jóvenes de 16 a 30 años) viven con sus padres, más hombres (82,6%) que mujeres (74,4%), según los últimos datos del Consejo de la Juventud (2014). El informe de la OCDE habla de que un 70% de los jóvenes españoles (22-29 años) con contratos fijos siguen viviendo con sus padres, frente a un 16% en Francia, un 21% en Alemania y un 30% en Reino Unido. Y que sólo un 10% de los jóvenes españoles (22-29 años) viven en alquiler, frente al 58% de los jóvenes en Alemania, el 47% en Francia, el 42% en Holanda y el 33% en Reino Unido. Datos de los que no presume Rajoy…

En resumen, que los jóvenes españoles, tras la crisis, viven peor que sus padres (y con ellos). Y la mayoría cree que va a seguir siendo así: sólo el 29% de los jóvenes españoles cree que vivirá mejor que sus padres en el futuro (y el 43% de los alemanes), según un estudio europeo de YouGov. Un pesimismo que se traduce en su actitud ante la política, la sociedad  y su propio futuro: 1 de cada 6 jóvenes (16-24 años) son “ni-ni”, ni estudia ni trabaja, 608.100 jóvenes “ni-nis” a mediados de 2015, según Afi y Asempleo. Y la quinta parte de ellos (un 21%) son “ni-ni-nis”: ni estudian, ni trabajan ni buscan trabajo. Son 128.000 jóvenes menores de 25 años que están en casa “a verlas venir”, sin perspectivas. Excluidos. Y si ampliamos la edad, hay 1.549.000 jóvenes españoles menores de 30 años que son “ni-nis” (según la última EPA), casi uno de cada cuatro jóvenes (23,24%), el mayor porcentaje de “ni-nis” de Europa (13%) y el 2º mayor de la OCDE, tras Turquía (29%). Una estadística escalofriante, que no cita Rajoy.

¿Qué se puede hacer? Algunos repiten “soluciones mágicas” frente al paro juvenil, “atajos interesados”. Como la receta del FMI, que propuso en 2014 a Europa bajar el salario mínimo (que en España es de 648,60 euros, una miseria) para incentivar que las empresas contraten a los jóvenes. Y la patronal CEOE ya ha pedido varias veces al Gobierno aprobar un contrato de formación para menores (… ¡de 35 años¡) que tenga un salario inferior al mínimo (los famosos “mini-jobs” de 400 euros que tanto se dan en Alemania). En definitiva, ofrecerles contratos basura para aprovecharse de que la mitad están en paro.

La receta básica de la OCDE, en su largo informe sobre España, es más y mejor formación, mejorar la enseñanza de los jóvenes españoles, desde la secundaria a la Universidad. Y eso porque nuestros jóvenes están mal formados, no sólo en las asignaturas habituales de la enseñanza obligatoria (la cuarta parte deja la ESO antes de acabarla, un tercio repite curso y casi la cuarta parte de los alumnos acaba sus estudios 2 años más tarde que el resto) sino que además, están a la cola de Europa (informe PISA) en “habilidades” que son claves para encontrar un trabajo y ser más productivos en las empresas : competencia matemática (estamos por detrás de 21 de los 24 países analizados), comprensión lectora (“dificultades para manejar una información sencilla y razonar”) y ciencia (tecnología e informática). Y lo mismo pasa entre los universitarios: el 40% de los jóvenes (25-34 años) acaba una carrera, pero carece de habilidades y de la formación que necesitan las empresas. Por eso (y por nuestro modelo económico) tenemos el doble de jóvenes en paro que Europa.

La OCDE propone que España se vuelque más en mejorar la educación, con más medios y más profesores y una enseñanza más volcada en lo que demandan las empresas, sobre todo en la Universidad. Y pide un esfuerzo especial en la Formación profesional (FP), donde el atraso de España es más patente: sólo uno de cada tres alumnos que acaban la ESO van a FP, frente al 45% en la UE-28 o en Alemania. Y en la Universidad, insisten en fomentar las carreras técnicas y en informar mejor a los alumnos de los estudios que demanda el mercado : actualmente, las empresas contratan universitarios que estudiaron Administración de Empresas(ADE), Economía y Derecho (40,2% contrataciones), Ciencias e Ingenierías (27,6%), Informática y las TIC (17,7%) frente a sólo un 4,8% de contratos a los que estudiaron Humanidades y Ciencias Sociales, según el ranking de la Fundación Universidad-Empresa.

Y en paralelo, la OCDE propone reforzar la formación de todos los trabajadores y de los parados. Y eso, porque España tiene un problema serio, una mano de obra con poca formación: casi la mitad de los españoles (45%) adultos (25-64 años) tiene un nivel de educación bajo (sólo con la ESO acabada o menos), frente a un 21% de adultos poco formados en Europa y un 24% en la OCDE, según el estudio “Panorama de la Educación 2014”. En medio, tenemos la mitad de adultos medio formados (con Bachillerato y FP básica: un 22%, frente al 48% en Europa y el 44% en la OCDE. Y sin embargo, estamos a la cabeza en universitarios: 32% en España frente a 29% en Europa y 33% en la OCDE. Y eso en cuanto a “títulos”. Pero si tenemos en cuanta las “habilidades”, la situación es peor: hay 10 millones de españoles adultos (1 de cada 3) con bajas competencias en lectura y/o matemáticas, según el informe de la OCDE presentado en septiembre.

La otra prioridad, según la OCDE, es formar a los parados, con cursos más eficaces y atractivos (hoy, sólo el 4% de los parados españoles hacen cursos, según la Fundación Tripartita). Ello exige más recursos y una mayor implicación de las empresas. Además, la OCDE reitera que España gaste más en políticas activas de empleo, donde el Gobierno Rajoy ha recortado un tercio el Presupuesto (de los 7.714 millones de 2011 a 4.746 en 2015. Y recuerda que gastamos menos en políticas activas de empleo que los países nórdicos, Alemania y el centro de Europa, que tienen una tercera parte de paro. La OCDE insiste también en otra vieja petición a España: que reforme a fondo las oficinas públicas de empleo (SEPE), que sólo encuentran trabajo a un 2% de parados. Pide más funcionarios (dan el dato que en España hay 1 funcionario por cada 269 parados, en Alemania 1x47 parados y en Reino Unido 1x22), más recursos y que las oficinas de empleo se vuelquen con los jóvenes parados, yendo en su busca y ayudándoles a emplearse (como hace Finlandia).

Urge un Plan de empleo juvenil, dentro de un Plan global por el empleo. Y más tras el fracaso del publicitado Plan europeo de empleo juvenil, el Sistema de Garantía Juvenil, aprobado por Europa en 2013, con 6.500 millones  (1.887 para España), con el objetivo de ofrecer un trabajo, un curso o unas prácticas a todos los jóvenes europeos menores de 25 años. En España no se puso en marcha hasta julio de 2014, pero de momento sólo hay 85.000 jóvenes inscritos de 800.000 jóvenes potencialmente beneficiarios. Hay que volcarse en este Plan, con medios y recursos, y complementarlo con formación y políticas de colocación, con más incentivos. Y a medio y largo plazo, urge un Pacto educativo que prepare mejor a los jóvenes para trabajar, forzando que las empresas les hagan contratos dignos y estables.

No podemos permitir que nuestros hijos vivan peor que nosotros, forzados a vivir a costa nuestra. Es un gran fracaso, nuestro más que suyo, como generación y como país. Tenemos que presionar para que hagan algo ya. 

lunes, 9 de noviembre de 2015

Los costes de comer demasiada carne


Somos un país “carnívoro” y por eso ha causado tanto revuelo el informe de la OMS advirtiendo que el consumo de carnes procesadas (embutidos, salchichas, hamburguesas) y de mucha carne roja puede provocar cáncer. Pero el exceso de carne procesada (hormonas, antibióticos, conservantes, aditivos y mucha sal) no sólo es malo para la salud. También es malo para la Tierra y fomenta el Cambio Climático, porque la ganadería emite casi tantos gases de efecto invernadero como el transporte y genera muchos residuos nocivos, según la ONU y la FAO. Además, producir carne masivamente esquilma los suelos y el agua y consume muchos cereales, destinados a engordar animales y no a las personas, para reducir el hambre en el mundo. Y la ganadería industrial contamina suelos y aguas y reduce la biodiversidad, extinguiendo razas animales. En resumen: hay muchas razones, además de la salud, para cambiar la dieta y comer menos carne, sólo dos veces por semana. Por nuestro bien y el del Planeta.
 

enrique ortega


El siglo XXI es la Era de la Carne, sobre todo en el mundo occidental más rico. Si en 1950, la producción mundial de carne era de 50 millones de toneladas, en el año 2000 ya se había cuadruplicado con creces (229 millones) y para 2050 puede duplicarse (465 millones de Tm.). Ello se debe al fuerte aumento del consumo en los países occidentales (de 60 kilos por persona al año en 1.964 a 95,7 kilos en 2014), pero también a que los países en desarrollo han cambiado su dieta y empiezan a comer más carne. Es el caso de China, que hace 20 años sólo consumía 5 kilos de carne al año por persona y hoy ya come 50 kilos. Ante este aumento del consumo de carne en los países pobres  y el aumento esperado en la población mundial (pasaremos de los 7.000 millones de habitantes actuales a 9.000 millones en 2015), las previsiones son que el consumo mundial de carne se duplique, de los 44 kilos actuales por persona a 80 kilos de media en 2050 (y más de 100 kilos en algunos países ricos).

España ha cambiado su dieta en las últimas décadas y es también hoy un país carnívoro (el 10º que más carne come en el mundo), con un consumo de 50,8kilos por persona y año, más del doble que los 23,1 kilos de 1961. Si en los años 60, la dieta de los españoles se basaba en hortalizas, patatas y cereales (57% de las calorías) y comíamos poca carne y pescado (sólo un 6,3%, según la FAO), hoy suponen ya el 16% de la alimentación, según el Ministerio de Agricultura. El consumo español se centra en las carnes más baratas, pollo (14,17 kilos/persona/año) y cerdo (10,7 kg), seguidas de vacuno (5,89 kilos, sólo 350 gramos de carne roja a la semana), cordero y otras carnes. Pero el problema es que un tercio de la carne producida y consumida es carne procesada (charcutería, embutidos y hamburguesas, la mayoría a partir de cerdo), la más peligrosa para la salud.

Precisamente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió a finales de octubre un informe (bastante serio: ha sido elaborado por un grupo de 22 científicos de 10 países, de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer, a partir de 800 informes realizados en los últimos 20 años) en el que advertía que el consumo de carnes procesadas (salchichas, embutidos, hamburguesas) aumenta el riesgo de cáncer colorrectal, así como el consumo excesivo de carnes rojas. Una advertencia mal interpretada (“comer carne produce cáncer”) pero que tiene bastante apoyo médico, científico y estadístico: la OMS estima que unas 34.000 muertes por cáncer de colon en el mundo se deben al consumo de carne procesada.

Lo que hace daño a la salud no es comer carne, sino comer carne en exceso y sobre todo abusar de las carnes procesadas industrialmente, base de la “comida basura”. Y no sólo porque el abuso de las carnes (sobre todo grasas) dispare el colesterol, la tensión, la obesidad  y las enfermedades cardiovasculares. Es que, primero, la ganadería intensiva industrial aporta a nuestra  dieta muchas hormonas y antibióticos nocivos (España es el segundo país que consume más antibióticos para la ganadería industrial, 2.000 Tm en 2011). Y después, al procesarse industrialmente la carne, se la añaden más productos que pueden ser nocivos: conservantes y aditivos, antioxidantes, excipientes y mucha sal (el 75% de la sal que consumimos viene de procesar los alimentos, no está en el alimento original: una hamburguesa, por ejemplo, tiene 13 veces más sal que un filete normal).

Pero comer carne en exceso no es sólo malo para la salud, también perjudica al Planeta, porque colabora decisivamente en las emisiones de gases que provocan el Cambio Climático: la ganadería es culpable del 18% de emisiones de gases de efecto invernadero, casi tanto como el transporte, según múltiples informes de la ONU y la FAO. El ganado es responsable de un 37% de las emisiones de metano (al hacer su digestión) y el 65% de las emisiones de óxido nitroso (estiércol), gases más peligrosos para el clima que el CO2. Y provoca dos tercios de las emisiones mundiales de amoniaco (estiércol), culpable de la lluvia ácida. Además, producir carne masivamente lleva a talar bosques para pastos y esta deforestación causa el 9% de todas las emisiones mundiales de CO2. Por eso, desde 2008, la ONU lleva recomendando consumir menos carne para frenar el cambio climático.

Pero hay más. Para alimentar de carne al mundo, no sólo hay que talar bosques y utilizar mucha superficie (el 69% de la superficie agrícola del mundo es para pastos o para producir grano para los animales), sino que la ganadería consume mucha agua (el 8% de todo el agua del mundo) y mucha energía (tanto para las granjas como para el procesado, distribución y transporte de la carne por el mundo), energía que también emite CO2. O sea, que producir carne consume una gran parte de los recursos naturales del Planeta. Producir un kilo de carne de vaca se lleva 10 kilos de pienso (6 kilos el cerdo y 4 kilos el pollo)  y 15.000 litros de agua, cuando producir 1 kilo de maíz consume 1.500 litros de agua (la décima parte).

Y además, consumir carne es un lujo en un mundo donde hay 795 millones de personas que pasan hambre (25.000 personas mueren cada día por desnutrición, 8.000 de ellos niños) y casi 2.000 millones de malnutridos (casi un tercio del Planeta), según datos de la FAO. Y eso porque la carne se lleva los cereales que debían ir a alimentar a las personas: producir 200 gramos de carne se lleva 45 cuencos de cereales, que pueden alimentar a 20 personas. Así que cuando comemos carne, “nos apropiamos” de los recursos (cereales) que podrían alimentar a 5,8 o 10 personas, como señala Martín Caparrós en su excelente libro “El hambre. Lo que sucede con la carne es que todavía es un lujo de países ricos y la mayoría del mundo apenas come carne (5 kilos al año por persona en la India, frente a 50,8 kg en España y casi 100 en USA), se alimenta de cereales, que cada vez van más al ganado, no a ellos, disparando los precios internacionales y aumentando la desnutrición y el hambre.

¿A cuenta gente puede alimentar el Planeta? Depende de lo que comamos. Si todo el mundo comiera tanta carne como EEUU, los recursos sólo darían para alimentar a 2.500 millones de personas (somos 7.000), según Martín Caparrós. Si comiéramos la mitad de carne, como Italia, se podría alimentar a 5.000 millones. Y si fuéramos más vegetarianos, como en la India (2 de cada 5 personas), podríamos alimentar a 10.000 millones. Luego la alternativa es clara: o el mundo come menos carne o no habrá recursos para alimentar a todos. Y se da además el contrasentido de que 791 millones de personas pasan hambre y hay 671 millones de obesos, una enfermedad que se extiende imparable: en EEUU, un tercio de la población es obesa y en España lo son el 16,9% de los españoles (y el 30% de los niños, según la OCDE).  No es sólo porque se abuse de la carne procesada y la comida basura, también cuenta el sedentarismo, los hábitos de vida y la contaminación. Pero la dieta carnívora no ayuda.

El cuarto problema de consumir demasiada carne es que la ganadería intensiva (industrial), con enormes productores mundiales de cerdo (la mitad los cría China, siendo España el cuarto productor mundial), pollo (Brasil y EEUU) o carne (Argentina y Brasil), es una enorme fuente de contaminación, tanto de las aguas (acuíferos, ríos y océanos) como de los suelos, por el estiércol (purines). Y un quinto problema: la ganadería industrial está destruyendo la biodiversidad del Planeta, contribuyendo a la extinción de especies: hay 6.300 razas animales identificadas, pero comemos sólo unas pocas razas de pollo (4), cerdo (5), vacuno y leche (5 razas), con lo que un 20% del ganado mundial está en riesgo de extinción, según la FAO.

Así que hay mucho en que pensar cuando nos comamos una hamburguesa o un chuletón, no sólo en nuestra salud: se impone cambiar la dieta para ayudar a prevenir el cambio climático, conservar los recursos del Planeta y evitar el hambre y la desnutrición. ¿Qué se puede hacer? Lo primero, reducir el consumo de carne (y lácteos), comer carne sólo dos veces por semana, como recomienda la OMS y la ONU, aumentando el consumo de verduras, legumbres, cereales y frutas, la “dieta mediterránea”. Lo segundo, comer las carnes más sanas, evitando las carnes procesadas industrialmente (charcutería, hamburguesas…), que son las más perjudiciales, sobre todo por los aditivos que llevan. Y tercero, promover una ganadería menos industrial y más “ecológica”(sólo 1,2% ganadería en España), donde los ganaderos se preocupen más de las dietas animales (para generar menos metano), de  la gestión de residuos y de utilizar menos hormonas y aditivos. Y, sobre todo, consumir carnes de la zona, no importadas, ya que las carnes industriales importadas suponen más emisiones (producción, transporte y distribución). Claro que todo esto supone consumir una carne más cara.

Además, es urgente que el consumidor esté mejor informado de lo que come. Hay que obligar a los ganaderos y a la industria a que incluyan un etiquetado con más información, no sólo de hormonas, antibióticos, aditivos y sal, sino también de los efectos negativos de producir esa carne sobre el medio ambiente. Hoy día es posible saber las emisiones de la carne, informar al consumidor de “su huella de carbono”: así sabemos que producir 1 kilo de cordero supone 10.629 gramos de CO2 equivalente, frente a sólo 140 gramos de CO2 por kilo de naranjas o 299 gramos por kilo de tomates. Y que producir otras carnes perjudica menos al clima: 7.275 gramos de CO2 equivalente por kilo de vaca, 4907 gramos por kilo de ternera, 2.592 gramos por kilo de cerdo o 1.409 gramos CO2e por kilo de pollo (ver este cuadro con las emisiones de CO2 que cuesta producir distintos alimentos en España).

Somos un país adicto a la carne y hablar de sus efectos nocivos (ojo: cuando se consume en exceso) no es popular. Y las advertencias de la OMS aún gustan menos a la industria de la carne, un sector muy poderoso e influyente en el mundo (controlado por pocas multinacionales de EEUU, Europa, Brasil y Argentina, aporta el 40% del PIB agrícola y da empleo a 1.300 millones de personas) y también en España: la cárnica es la cuarta industria española (tras el automóvil, las petroleras y las eléctricas), con 81.000 empleos directos y 3.000 empresas que facturan más de 22.000 millones al año, en fuerte expansión multinacional. Por eso han querido desprestigiar el informe de la OMS, sin aportar estudios independientes rigurosos.

Pero convenzámonos, consumir demasiada carne es malono sólo para la salud, sino también para el medio ambiente y el clima, sin olvidar la lucha contra el hambre. Así que tendremos que tomárnoslo en serio y cambiar la dieta, comiendo carne dos días por semana y consumiendo menos carne procesada y menos carne roja. Por nosotros y por el Planeta.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Este blog cumple 5 años


El 4 de noviembre de 2010 nacía “Economía a lo claro”, un blog con “información y comentarios para entender la economía nuestra de cada día”, acompañado por los inteligentes dibujos de mi amigo e ilustrador Enrique Ortega (¡gracias!).Y en estos 5 años, no hemos faltado ni una vez  a nuestra doble cita semanal (lunes y jueves), donde han aparecido ya 490 artículos sobre casi todo, desde el paro y las pensiones a la sanidad, la Universidad, los salarios, la pobreza, el fútbol, las guarderías o la música. Para mí, “economía es todo” y está detrás de toda nuestra vida, desde el trabajo al ocio pasando por la educación, la salud, la política o la muerte. Siempre he tratado de informar con rigor, con datos contrastados, sin demagogia ni panfletos, con objetividad pero con sentido crítico, contando lo que no suelen contar los medios de comunicación. Y así seguiremos, con mucho esfuerzo y sin ninguna compensación económica: sólo que nos lean. Divulgar este blog por ahí. Gracias.

enrique ortega


Este blog nació por mi indignación ante la realidad : un día leí que las autopistas iban a recibir ayudas públicas y comprobé que ningún medio de comunicación explicaba lo que pasaba, que la historia se repetía, que cuando yo era un periodista novato, en los franquistas años 70, las autopistas ya recibían ayudas públicas. Y me di cuenta que no era un hecho aislado: estábamos en plena crisis económica (noviembre 2010) y apenas se explicaba con claridad lo que pasaba. Yo no era ningún “Robín Hood” del periodismo, pero echaba mucho de menos escribir, tras muchos años ya “en el lado oscuro”, en trabajos de comunicación. Así que aproveché que había hecho un curso en la APM y me lancé a escribir un blog, con dos objetivos: informar “a lo claro”, que cualquiera lo entendiera. Y como sabía de la importancia de la imagen (“vale más que mil palabras”) enredé a mi amigo e ilustrador Enrique Ortega para que diera conmigo su versión de la realidad. Y lo ha hecho con perseverancia, con ilusión y con mucha inteligencia, aportando dibujos geniales (ver su trayectoria artística en su web). ¡ Enrique, un millón de gracias¡

Este blog tiene dos objetivos: informar de temas interesantes y que se entienda. Toda mi vida profesional la he dedicado a informar de economía, pero no de temas incomprensibles, sino de los temas que nos preocupan cada día y la mayoría de la gente no entiende. Mi preocupación era que este blog lo pudiera leer y entender todo el mundo y me satisface decir, como ejemplo, que el portero de mi casa, con una cultura media, lo sigue habitualmente. Pero no se trataba de “bajar el nivel”, de explicar la economía “para tontos”: cualquiera puede entender algo si se le explica, si se le dan los datos, las claves. Yo considero que las personas, los lectores, son inteligentes, sólo necesitan la información adecuada para luego hacerse su composición de lugar. Y ese ha sido mi trabajo: buscar datos, material, distintas versiones de los hechos, investigar lo que hay detrás de las noticias y aportarlos. Luego, el lector (informado) es el que debe sacar sus propias conclusiones.

Otra idea de este blog es que “economía es todo”, que no sólo hay que escribir de los temas económicos “habituales” (crecimiento, empleo, paro, tipos de interés, déficit, empresas…) sino de todos los temas que nos afectan y detrás de los cuales hay intereses económicos evidentes, decisiones que influyen y mucho en nuestra vida cotidiana. Por eso, en los 490 artículos de este blog puede encontrarse información sobre casi todo : educación, sanidad, pensiones, Dependencia, guarderías, Universidad, pobreza, alimentos, consumo, pisos y alquileres, impuestos, autonomías y Ayuntamientos, la subida de la luz, los carburantes, tecnología, seguros de coches o de salud, ocio, cultura, música, videojuegos, los medios de comunicación, los refugiados, las cuentas del fútbol español, el cambio climático, los jóvenes y hasta un blog sobre la música o el negocio de la muerte… Y por supuesto, información sobre lo que pasa en el mundo y en Europa, porque la política económica de Bruselas (estos años, la austeridad) está siendo clave en nuestras vidas.

Este blog busca informar con rigor, siempre utilizando datos oficiales, huyendo lo más posible del panfleto y la descalificación gratuita que tanto abundan en Internet. Eso sí, con un sentido crítico: escribo con total libertad y si tengo que denunciar algo lo hago, lo haya hecho el Gobierno Zapatero (con él escribí el primer año de este blog) o ahora el Gobierno Rajoy. Es algo que se echa mucho de menos en los medios: el otro día, en la entrevista de TVE, Rajoy aportó 5 datos económicos falsos para justificar su política y nadie ha dicho nada. Por eso escribí un blog rápido al día siguiente, con las 5 mentiras de Rajoy. Aunque lo lea poca gente.

Al final, sin pretenderlo de entrada, “Economía a lo claro” se ha convertido en un “Diario de la crisis”, un relato de cómo España ha sufrido estos años y las políticas de los dos Gobiernos. Pero sobre todo, sobre cómo hemos sufrido la crisis y los recortes los ciudadanos. Con más noticias, informes, datos y hechos que opiniones y comentarios.

Y ahora vamos a seguir con este blog, aunque a veces nos den ganas de dejarlo. Porque si algo desanima es el poco interés de la mayoría de internautas por los temas económicos: parece que hay una “alergia” en la Red a la economía, aunque se explique “a lo claro”. Y deprime bastante la verdad que un vídeo de un gato o un niño haciendo tonterías tenga millones de entradas y sean pocos los que se interesan por saber por qué les sube la luz o si el Gobierno les ha subido o bajado los impuestos. Pero no importa si tenemos pocos lectores. Vamos a seguir, intentando explicar la realidad a lo claro, con dibujos y palabras. Porque creemos que no es hora de callar, sino de informar lo mejor posible. Y además, porque para nosotros, escribir y dibujar es una necesidad vital.

Así que estamos de cumpleaños, orgullosos de lo conseguido y animados a seguir cumpliendo años, con todos los lectores que vengan. Os pedimos que si os gusta este blog lo divulguéis, se lo mandéis a amigos, colegas y familiares que puedan informarse de lo que pasa con claridad, rigor e independencia. Muchas gracias a todos. Aquí seguiremos.

lunes, 2 de noviembre de 2015

El negocio de la muerte, en alza


Es un negocio seguro: cada día mueren 1.100 españoles. Y los “clientes” de las funerarias aumentarán, por el envejecimiento de la población: en 2050 morirán 1.400 españoles diarios, según el INE. La muerte es un gasto obligado, unos 3.500 euros por fallecido, lo que ha atraído a este negocio a fondos de inversión, constructoras y aseguradoras, que se reparten un pastel de 1.400 millones. Y crecen los seguros de decesos, que ya pagan 20 millones de españoles. Todo ello ha alimentado una “burbuja” de tanatorios por toda España, medio vacíos, y un “boom” de empresas que cierran o son absorbidas por las cinco grandes funerarias, que controlan el mercado. Un mercado con poca competencia y muchos abusos, por falta de una Ley que preparó Zapatero y que el PP no ha aprobado. Ahora, algunos Ayuntamientos (Madrid) se plantean municipalizar las funerarias, privatizadas las últimas décadas. Hay que aplicar transparencia y competencia, para que no hagan un negocio abusivo con la muerte.
 

enrique ortega


Este año 2015 habrá en España más muertes que nacimientos, por primera vez desde la Guerra Civil, según las previsiones demográficas del INE. Ello se debe a una caída de la natalidad y a que los fallecimientos están aumentando desde 1.976, por el envejecimiento de la población española, que cada vez vive más años: si en 1941, la esperanza de vida de los españoles era de 50 años, en 1976 era ya de 73,34 años, en 2014 era de 82,4 años y para 2060 alcanzará los 90,95 años, el doble de vida que a comienzos del siglo XX. De hecho, España es el séptimo país más longevo del mundo, tras Hong Kong (83,5 años), Japón (83,1), Italia (82,9 años), Suiza (82,7 años) y Francia (82,6 años).

Vivimos más años y hay cada vez más viejos pero acaban muriendo, claro. Este año 2015 se superarán de nuevo los 400.000 fallecimientos (como en 2012) y las muertes seguirán aumentando en las próximas décadas, según las previsiones demográficas del INE: 411.392 fallecimientos en 2028, más de 500.000 en 2050 y 559.000 en 2.063. O sea, pasaremos de los 1.100 entierros diarios de este año a 1.534 dentro de cincuenta años.

Así que la muerte es “un negocio con futuro. Antes, los fallecidos se velaban en casa y solo se generaba actividad con los ataúdes, nichos y lápidas. Pero a partir de los años 70 (el primer tanatorio se creó en Barcelona en los años sesenta), surgió un negocio nuevo: la oferta de servicios funerarios completos a las familias de los fallecidos. Primero fueron compañías de seguros las que crearon empresas funerarias y luego invirtieron en ellas constructoras y pequeños empresarios locales. Y ya en este siglo, con el boom de la construcción y el tirón de ingresos de los Ayuntamientos, proliferaron como hongos los tanatorios y crematorios municipales, prácticamente en todos los pueblos y ciudades de más de 10.000 habitantes. Y ahora nos encontramos con “una burbuja: miles de tanatorios medio vacíos, a pocos kilómetros unos de otros, muchos ruinosos y otros absorbidos por las grandes empresas del sector, que han comprado a las pequeñas y medianas más rentables.

Este “boom”  de tanatorios y empresas funerarias se ha gestado al amparo de otro “boom”, el de los seguros de decesos, esas pólizas que se pagan cada mes para que las aseguradoras se hagan cargo de todos los servicios funerarios cuando uno fallece. Curiosamente, son los segundos seguros más populares en España (tras los del automóvil): ya hay 20,9 millones de españoles cubiertos por este seguro, un 44% de la población, porcentaje que aumenta en algunas autonomías (74% de la población lo tiene en Extremadura, 67% en Andalucía y 60% en Asturias). Es un seguro que se contrata más entre las familias con rentas bajas (lo tienen el 50% de hogares con ingresos menores de 1.000 euros al mes) y sobre todo los que tienen entre 35 y 39 años, según datos de Unespa .Su coste es bajo, unos 12 euros por persona al año, pero al final de la vida  se acaba pagando el triple de lo que cuestan los servicios funerarios, según un estudio del Instituto de Empresa.

El seguro de decesos es el seguro que más ha crecido con la crisis y ya ingresa2.087 millones de euros en primas (2014), la quinta parte que el seguro de coches (9.882 millones). Es curioso que este sea un seguro “tipical spanish”, que no existe apenas en el resto de Europa, donde las familias pagan un seguro para que les abonen los gastos funerarios pero no un seguro para que una empresa se ocupe de todo a la hora de la muerte. Parece que el origen de este “boom” en España está en los años sesenta, cuando millones de españoles emigraron del campo a la ciudad: contrataban una póliza de decesos para asegurarse de que cuando murieran alguien se iba a preocupar de que volvieran al pueblo para ser enterrados. Y muchas empresas de las que vendían esas pólizas montaron empresas funerarias para ofrecer los servicios. Es el caso de Mapfre (que posee el 66% de Funespaña), Santa Lucia (dueña de Albia), Seguros Ocaso (dueña del grupo Servisa): entre las tres controlan el 73% de estas pólizas de decesos.

Las  pólizas de decesos pagan el 60% de los servicios funerarios en España hoy. El resto son entierros que han de pagar las familias, un coste medio de 3.500 euros por fallecimiento, según un estudio de la OCU (2003). El coste depende mucho de la ciudad  donde se muera y de los servicios que se contraten: es más cara una sepultura (unos 18.000 euros) que un nicho (desde 1.000 euros) y más barata la incineración, aunque como está ya más extendida (se hace en el 30% de los fallecimientos), su coste está subiendo (unos 657 euros de media, según la OCU). Y luego están los “extras”, desde las flores a las esquelas y “ceremonias”. Desde septiembre de 2012, los servicios funerarios han subido en España, porque Montoro les subió el IVA, del 8 al 21% (unos 300 euros por entierro). Las empresas del sector se quejan de que España tiene el IVA funerario más alto de Europa y recuerdan que 8 países tienen el IVA cero (Francia) y 5 países más lo tienen reducido.

El hecho es que el negocio de la muerte ha aguantado bien la crisis, aumentando los ingresos con nuevos servicios que aumentan las facturas: servicios psicológicos, gestión de pensiones de viudedad, ceremonias de recuerdo, webs con la vida del finado, contratación de veleros o helicópteros para tirar al mar las cenizas del fallecido y hasta cementerios y servicios para mascotas (con enterramientos y lápidas de perros y animales de compañía). El caso es que el negocio de la muerte mueve en España unos 1.400 millones de euros al año y atrae a múltiples inversores, desde fondos a constructores y aseguradoras. En total, hay 1.830 empresas de servicios funerarios en España, según el INE, pero la mayoría son pequeñas, locales y con poca facturación. El grueso del negocio se lo llevan las 5 grandes grupos de servicios funerarios: grupo Mémora (12% del mercado, creada por la constructora Acciona, que la vendió en 2008 al grupo de capital riesgo británico 3i), Funespaña (Mapfre, 8,7% de cuota tras adquirir 100 empresas en los últimos 25 años), Albia (Santa lucía), ASV y grupo Servisa (Ocaso). Y varios de ellos operan también fuera de España.

El problema de esta gran concentración es que las grandes empresas funerarias se han repartido el mercado y fijan unas condiciones de “cuasi-monopolio” donde operan, impidiendo la entrada a otras empresas. Y todo ello, en perjuicio del usuario, que ha de aceptar precios y condiciones, en un momento muy doloroso donde no está para comparar o regatear precios. De hecho, son múltiples las denuncias de pequeñas funerarias contra las grandes, lo que llevó al Gobierno Zapatero a aprobar una Ley de Servicios Funerarios, en junio de 2011, Ley que incluía dos cambios claves: suprimía la exigencia de que una empresa funeraria estuviera autorizada en el lugar donde iba a recoger al fallecido o donde lo iba a enterrar y suprimía también la obligación de esperar 24 horas desde la muerte para trasladar el cadáver, dos requisitos que de hecho impiden que una funeraria de provincias se ocupe del enterramiento de alguien fallecido en Madrid o Barcelona, por ejemplo. Pero esa Ley no llegó a aprobarse, porque antes acabó la Legislatura, y el PP nunca volvió a pensar en esta reforma, aunque  la ha prometido a Bruselas (Plan Nacional de Reformas 2014) y a pesar de que se lo ha pedido en 2014 la Comisión de la Competencia (CNMC), que habla incluso de “connivencia entre empresas y Ayuntamientos” para impedir la libre competencia en los cementerios y servicios funerarios, en perjuicio de los usuarios. Ya un informe del Tribunal de Cuentas denunciaba en 2006 grandes diferencias de precios entre ciudades y la falta de transparencia en el sector.

Entre tanto, muchos de los nuevos Ayuntamientos surgidos el 24-M se plantean qué hacer con los servicios funerarios municipales, que en muchas ciudades y pueblos fueron “privatizados”, para quitarse problemas y pérdidas, lo que provocó un encarecimiento de los servicios y bastantes corruptelas. El caso más escandaloso es el de Madrid, cuyo Ayuntamiento (PP) privatizó en diciembre de 1992 el 49% de la Empresa Municipal de Servicios Funerarios (EMSF) , adjudicándosela a Funespaña (Mapfre) por 100 pesetas (60 céntimos de euro), con la excusa de que tenía 84 millones de deuda. En tres años, la empresa privatizada había enjugado la deuda y ganaba ya 9 millones. Y tras un larguísimo proceso judicial, la Audiencia Provincial de Madrid dictaminó, en 2008, que la privatización podría haber reportado al Ayuntamiento un ingreso de 7,4 millones (en vez de 60 céntimos).Y condenó a 2 años de inhabilitación al que había sido primer teniente de alcalde (Huete), además de atribuir al consejero y al vicepresidente de Funespaña (imputado por otras causas y gerente aún hoy de la Empresa Municipal de Servicios Funerarios) los delitos de falsedad documental y fraude a Hacienda, ya prescritos. La nueva alcaldesa de Madrid ha dicho que cuando expire la concesión, en septiembre de 2016, los servicios funerarios serán municipalizados, mientras Funespaña (Mapfre) pide 25 millones de compensación (de reservas no distribuidas).

La privatización de los servicios funerarios municipales está extendida por toda España, con otro ejemplo destacado en Barcelona, donde en 1998 se vende el 49% de los servicios funerarios (lo compra la norteamericana SCI, antecesora del grupo Mémora) y en 2011 se vende otro 36%, con lo que el 85% de la funeraria municipal barcelonesa está en manos privadas (grupo Mémora), como sucede en otras capitales, aunque en la mayoría lo que se ha privatizado es la gestión. Ahora, los nuevos Ayuntamientos, controlados en gran parte por la izquierda, se plantean si seguir así y esperar al fin de las concesiones o romper los contratos (mucho más caro).

Privados o municipales, los servicios funerarios tienen que ser sometidos a un serio ejercicio de transparencia (para clarificar tarifas y costes, unificando precios) y competencia, evitando monopolios de hecho, con la ayuda de los Ayuntamientos que les han dado la concesión de los servicios. Hace falta recuperar la Ley de 2011 y forzar esa competencia y transparencia, evitando abusos a los usuarios (ver web) en momentos tan dolorosos. Ya bastante dura es la muerte de un ser querido como para que encima nos engañen y arruinen el bolsillo. Pongan orden para poder morir en paz.