lunes, 15 de septiembre de 2014

Sube la vivienda: un espejismo


Los voceros de la recuperación se agarran a otro dato positivo reciente: ha subido el precio de los pisos, por primera vez desde 2008, según el INE. Pero los datos de Fomento y estadísticas privadas dicen que siguen bajando.También se agarran a otros dos datos favorables : hay más ventas de viviendas y más hipotecas. Es verdad, pero ojo: son datos todavía aislados como para decir que hay un cambio de tendencia, que la crisis de la vivienda  se acabó. Muchas de estas compras las hacen extranjeros e inversores que buscan chollos para especular, no familias. Y suben los pisos más caros, en el centro de las ciudades, no la mayoría. Los expertos creen que habrá más bajadas de precios, en 2014 y buena parte de 2015. Y que los precios y las ventas no despegarán de verdad hasta 2016. Así que no se deje llevar por la euforia. Si piensa comprar un piso, espere a finales de 2015, a que bajen los precios otro 10% y mejore el crédito. Eso sí, si quiere vender, venda ya, antes de que bajen más.
enrique ortega

Hay tres datos recientes a los que se agarran quienes empiezan a decir que “la crisis de la vivienda se ha acabado”. El primero, que han subido los precios en el tercer trimestre, según el INE (+0,8%) y los registradores (+0,97%), algo que no sucedía desde 2008. El segundo, que en julio subieron las ventas de viviendas (+10,7%), por quinto mes consecutivo. Y el tercero, que en junio se firmaron más hipotecas (+19%), la segunda subida (+2% en marzo) en cuatro años de caída del crédito hipotecario. Los datos están ahí, pero conviene matizarlos. Primero, hay más estadísticas que demuestran que los precios de los pisos siguen bajando : - 2,9 % en el segundo trimestre según el Ministerio de Fomento, -4,3% en agosto según Tinsa y  -6% en el segundo trimestre según la web de Fotocasa. Y si crecen las ventas, se debe a que 2013 fue un año desastroso, al acabarse la desgravación a la compra de vivienda, y quizás también a razones fiscales. Y por lo mismo, hay más hipotecas, pero con menos importe y más caras.

Lo que está pasando en la vivienda es que han aparecido compradores con dinero, que buscan gangas entre pisos caros, en un mercado con pocas ventas donde grandes operaciones se traducen en subidas de un mercado estrecho. Un 13% de las casas vendidas en el primer semestre de 2014 fueron compradas por extranjeros (sólo compraban un 4,2% de las casas en 2009), para conseguir casa en la costa, la ciudadanía española (rusos, chinos y extranjeros que compren una vivienda de más de 500.000 euros) e inversores a la caza de chollos, como los fondos buitre, que han comprado incluso viviendas sociales en Madrid para destinarlas al alquiler. El otro comprador de pisos es el español con ahorros, que no ve más recorrido a los depósitos o a la Bolsa y que invierte en comprar casas, pensando en una futura revalorización o en la rentabilidad de alquilarla ahora. Comprar una casa de 120.000 euros y alquilarla por 900 euros al mes supone una rentabilidad bruta del 9%, muy atractiva.

Unos y otros compradores explican que el 39% de las casas se compran al contado, a tocateja. No son familias que han salido de la crisis y se lanzan a pedir una hipoteca y comprar un piso. Por eso, se venden 70.000 viviendas al mes, muy lejos de las 250.000 de los buenos tiempos. Y se venden sobre todo las más caras, muchas de ellas viviendas de lujo para inversores o fondos que no tienen problemas para financiarlas. Y sobre todo, viviendas en el centro de las grandes ciudades y en la costa (por los extranjeros, sobre todo británicos, que aprovechan su libra fuerte). Por eso, la reciente subida de precios se ha dado sobre todo en Madrid, Barcelona, Comunidad Valenciana, Andalucía y Baleares.

Los expertos más serios del sector inmobiliario reiteran que es pronto para hablar de un cambio de tendencia y que “no hay que precipitarse”. Los precios de la vivienda han caído desde 2007 un 40% (un 38% según Fomento, un 41,3% según Tinsa y un 43,9% según Fotocasa), pero la mayoría cree que aún deben caer algo más. De hecho, la propia OCDE estimó que los precios de la vivienda en España deberían caer entre un 8 y un 15% más por dos razones de fondo. Una, porque el precio de la vivienda está sobrevalorada un 15% respecto a los salarios españoles. Y la otra, porque el precio de la vivienda frente al alquiler está sobrevalorado un 8%.

De hecho, hay bastantes factores que siguen jugando a favor de que los precios de la vivienda caigan todavía algo más. El primero y fundamental, que todavía hay un enorme stock de viviendas nuevas sin vender, unas 600.000. Y que sigue aumentando el stock de viviendas que tiene la banca, pisos nuevos procedentes de la financiación a promotores o viviendas embargadas a particulares: en los seis primeros meses de 2014, los activos inmobiliarios de los 13 principales bancos habían aumentado en 6.100 millones, hasta los 92.200.

Más oferta de pisos a vender y una demanda por los suelos, debido a múltiples factores: marcha de inmigrantes y de jóvenes españoles, menos familias con niños y más jóvenes que viven con sus padres, Y una demanda, además, con menos recursos, por culpa del elevado paro, unos sueldos a la baja (el sueldo más frecuente, según el INE, son 15.500 euros brutos, menos de 1.000 euros netos mensuales) y unos empleos cada vez más precarios (mucho contrato temporal y a tiempo parcial). Así, es muy difícil conseguir una hipoteca y pagarla si te la dan, máxime cuando los bancos están subiendo los tipos, aunque baje el Euribor, porque suben el diferencial. Así, pedir una hipoteca de 120.000 euros a 20 años, al Euribor+2 (un tipo bueno) sale por unos 650 euros al mes. Y eso supone, para poderlo pagar sin agobios, que la familia tiene que ingresar el triple, unos 2.000 euros. Demasiado para la mayoría si recordamos que la mitad de los españoles ingresan menos de 1.000 euros al mes, según Eurostat.

La rebaja de tipos y las medidas del BCE para aumentar la liquidez deberían facilitar la concesión de hipotecas en los próximos meses, aunque los bancos están preocupados por la morosidad y mirarán con lupa a quién se las dan (a tipos altos). Pero lo importante es que las familias no ven  claro su futuro, con poco empleo (muy precario) y salarios bajos, por lo que tardarán en pensar en comprar un piso. Por eso, porque todavía falta para que se reanime la demanda (a pesar del espejismo de grandes compras de extranjeros e inversores) es por lo que no parece probable que crezcan mucho las ventas y seguirán bajando los precios. Menos, pero bajando, al menos otro 10% más. De hecho, la previsión de la SAREB (“el banco malo”) es que los precios de los pisos bajen en 2014, se estabilicen en 2015 y suban en 2016.

El año del despegue de la vivienda podría ser 2016, como también vaticina el Instituto de Estudios Económicos. Pero la mejoría irá por zonas y por tipos de vivienda, empezando por las más caras y más céntricas. Así, comenzará por 20 provincias que tienen menos stock de viviendas, precios más ajustados y una mejor situación económica, según un informe de Deloitte: Madrid, Álava, Guipúzcoa, Vizcaya, Navarra, Cantabria, Zaragoza, A Coruña, Guadalajara, Lérida, Baleares, Segovia, Valencia, Asturias, Huesca, Burgos, Valladolid, Palencia y Soria. Otras 25 provincias se recuperarán después y hay cuatro provincias que serán las últimas en salir de la crisis inmobiliaria: Almería, Ciudad Real, Toledo y Castellón.

En definitiva, que si le dicen que la crisis de la vivienda se ha acabado, no se lo crea: la subida de algunos pisos sólo en algunas zonas es un espejismo. Aún falta purgar la oferta con más bajadas. Por eso, si quiere vender su casa, hágalo cuanto antes si tiene comprador. Pero si está pensando en comprar una vivienda, espere al otoño de 2015. Y si no tiene claro su futuro laboral, mejor no compre: alquile. Así no hipotecará 20 años de su vida. Esta crisis debería habernos servido para aprender y cambiar de mentalidad: dejar de pensar en comprar un piso como una inversión y asegurarse un techo con un alquiler (sin agobios), para dedicar el ahorro a cubrirse del paro, a la educación de los hijos y a asegurarnos la vejez. Porque si no, saldremos de una burbuja inmobiliaria para caer en otra, antes o después.  

jueves, 11 de septiembre de 2014

Curso escolar 2014-15: más recortes y LOMCE


Esta semana, más de 8 millones de niños y jóvenes de colegios e institutos vuelven a clase. Será el quinto curso con recortes, más duros porque el Gobierno Rajoy recortará otros 4.700 millones en educación en 2015, el doble que este año. Habrá menos profesores (para más alumnos), menos centros, menos medios y menos becas y ayudas, lo que supondrá un mayor coste para las familias. Y además, este curso se estrena la nueva Ley de Educación, la LOMCE, sólo en algunos cursos de primaria y FP, lo suficiente para poner patas arriba los centros. Al final, el descontento entre centros, profesores, estudiantes y padres es palpable, mientras varias autonomías boicotean la LOMCE y la han llevado al Constitucional. En octubre se anuncia una huelga de la enseñanza y todos los partidos (salvo el PP) anuncian que derogarán la LOMCE tras las elecciones. Un ambiente nefasto para que nuestros hijos se formen y aprendan. Urge gastar más en enseñanza y un gran pacto educativo.
enrique ortega

Empieza el quinto curso con recortes, para unos 8.100.000 alumnos matriculados en las enseñanzas no universitarias, desde infantil y primaria a la ESO, Bachillerato y FP. Tras una rebaja de 7.000 millones en el gasto educativo de 2009 a 2014, España reducirá su presupuesto educativo en otros 4.700 millones para 2015, el doble que en 2014 (-2.100 millones), según la previsión enviada por el Gobierno a Bruselas dentro del Plan nacional de Reformas 2014-2017. En total, el gasto educativo se reducirá al 3,90 % del PIB en 2015 (unos 39.000 millones), casi la cuarta parte menos que antes de la crisis (en 2009 se gastaba en educación 50.700 millones, un 5,07% del PIB).

Los recortes en educación los harán este curso sobre todo las autonomías, especialmente las 6 que incumplieron su objetivo de déficit en 2013 y a las que Hacienda ha pedido un recorte extra de sus presupuestos, ya este año y para 2015: Cataluña, Comunidad Valenciana, Castilla la Mancha, Murcia, Aragón y Navarra. Además, todas las autonomías tendrán que hacer nuevos recortes en 2015, como el Estado central, para cumplir con el objetivo de déficit exigido por Bruselas (4,2% del PIB), más exigente que el de este año. Por eso, el ministro Montoro ha enviado a las autonomías 255 propuestas de recortes de gastos y nuevos ingresos. Y 20 de estas propuestas afectan a la educación, que supone la tercera partida del gasto autonómico (22,6%), tras sanidad (31,4%) y gastos generales (26,1%).

Entre estos nuevos recortes para 2015, las autonomías barajan ampliar otro 10% el ratio de alumnos por clase (ya  subió de 25 a 35), reducir más profesores interinos, ampliar horarios a 40 horas (ya subieron de 35 a 37,5), reducir las escasas becas y ayudas, reducir el complemento específico y los sexenios de los docentes, reducir ayudas a los Ayuntamientos para guarderías y cobrar más algunos servicios, desde comedores al transporte escolar. Se trata de dar otra vuelta de tuerca a los recortes, centrándolos en los profesores, los horarios y los servicios, deteriorando aún más la calidad de la enseñanza.

Este curso 2014-2015 empieza otra vez con menos profesores y más alumnos: entre 2012 y 2013 se han perdido 24.248 profesores en la enseñanza no universitaria, según datos de Hacienda. Y CCOO estima que se han perdido 60.000 profesores desde 2009. Eso aumenta la masificación de las aulas (con una media de 27 alumnos en primaria y 33 en secundaria), pero sobre todo dificulta atender a los alumnos con problemas: menos refuerzos, desdobles (clases más reducidas algunos días) y recuperaciones, sobre todo en los institutos, los centros más afectados por los recortes. Y eso facilitará el abandono escolar, cuando en España el 22,7% de los jóvenes dejan de estudiar después de la ESO, el doble de fracaso escolar que en Europa.

Los recortes también se traducen en el cierre de algunos centros docentes públicos, en zonas rurales y algunos barrios de ciudades (Madrid ha eliminado 500 plazas en centros públicos, según CCOO). Además, los menores presupuestos obligan a los centros a recortar sus medios y servicios, desde calefacción y limpieza a laboratorios, prácticas o materiales. Y hay menos ayudas autonómicas: menos becas de comedor (mientras crece la malnutrición infantil), menos ayudas para libros (un millón de alumnos las perdieron en curso pasado, según un informe del Defensor del Pueblo) y menos ayudas al transporte escolar (que sube tarifas y recorta rutas).

Al final, los recortes no sólo deterioran la calidad de la enseñanza sino la economía de las familias españolas, un 35% con hijos escolarizados. El coste por hijo fue de 1.054,42 euros el curso pasado (+11,6%), según un estudio de AIS Group, aunque varía mucho entre Madrid (1.635€) o Barcelona (1.450€) y Extremadura (356€), la Rioja (468€) o Castilla la Mancha (602€). Otro estudio de la OCU, el curso pasado, subía el gasto medio por alumno a 1.268 euros en un centro público, 2.386 euros en uno concertado y 5.232 en uno privado. Y lo seguro es que el coste subirá este nuevo curso, no los sueldos.

Por si no fuera suficiente con los recortes y las menores ayudas, este curso se complica con la entrada en vigor de la nueva Ley de Educación, la LOMCE, aprobada en solitario por el PP a finales de 2013 y que ha sido recurrida al Constitucional  por varios partidos y cinco autonomías (Cataluña, Andalucía, Asturias, Canarias y País Vasco), mientras PSOE, IU, PNV y CiU han pactado que la derogarán si el PP pierde las próximas elecciones.

La LOMCE (la Ley Wert) se empieza a aplicar este curso, sólo a 1,5 millones de alumnos: los que hagan 1º, 3º y 5º de primaria  y los que se apunten a la nueva Formación Profesional básica, una vía que se abre en 3º de la ESO (y excepcionalmente al finalizar 2º) a los alumnos “retrasados”, con dos años de duración. Esta nueva FP ha sido duramente criticada por la asociación de padres CEAPA, que recomienda no seguirla porque se estrena sin planificación y sin medios (no se da en muchos institutos y exigirá cambios de centro y hasta de ciudad). Además, la LOMCE modifica algunas asignaturas en los cursos afectados (suprime Educación para la Ciudadanía, desdobla Conocimiento del Medio por Ciencias de la Naturaleza y Ciencias Sociales, refuerza Lengua, Matemáticas e Historia) y cambia horarios (ahora clases de 45 minutos) y libros de texto. Y fija un examen de reválida para los de 3º de Primaria. Además, se crea una nueva asignatura alternativa a religión (Valores Cívicos) y se refuerza la enseñanza de Matemáticas, Lengua a Inglés.

Por si no fuera complicado introducir una nueva Ley sólo en algunos cursos, los centros sufren además la “insumisión” de algunas autonomías, como Andalucía, Asturias, Cataluña, Canarias o el País Vasco, que no han aprobado los desarrollos curriculares para implantar la reforma, alegando falta de tiempo. Además, hay 8 autonomías (entre ellas dos del PP, Castilla y León y Cantabria) que han recomendado a los centros no cambiar los libros de texto este curso, para no aumentar gastos a los padres (tendrían que gastarse 200 millones en nuevos libros). De hecho, la introducción de la LOMCE obligará a editar 150 millones de libros nuevos en tres años y los editores no lo tienen claro, por si se deroga la ley.

Al final, entre recortes y cambios legislativos, se presenta un curso escolar muy difícil, en medio de un ambiente laboral muy caldeado, con una amenaza de huelga docente para octubre. Lo que está claro es que la enseñanza sufre una asfixia financiera, por falta de fondos tras 5 años de recortes. Y resulta que el país con más paro de Europa (tras Grecia) y con más abandono escolar es el 8º país europeo que menos gasta en educación, sólo por delante de Italia y 6 países del Este: un 4,82% del PIB en 2011 (el 4,37% en 2014) frente al 5,25% en la UE-28 y muy por debajo de los países punteros (8,75% Dinamarca, 6,82% Suecia, 6,76% Finlandia) e incluso de Reino Unido (5,88%), Francia(5,68%), Portugal (5,27%) o Alemania (4,98%). Es urgente dar un balón de oxígeno a la educación, gastando una década por encima de Europa, el 6 del PIB (unos 20.000 millones más al año). Y además, hace falta un gran pacto educativo, encabezado por centros, profesores y familias, para dar estabilidad a la enseñanza al menos una década y alejarla de las peleas políticas. Si no, el deterioro será cada año peor, en perjuicio de nuestros hijos y de su empleo futuro. ¡Basta ya¡

lunes, 8 de septiembre de 2014

Europa (y España) se juegan la tercera recesión


A mediados de agosto, Eurostat dio la alarma: Europa no crece, Italia está en recesión, Francia casi y la economía alemana cae. Los líderes europeos, asustados, han convocado una Cumbre extraordinaria en octubre para reanimar la economía (la tercera en tres años). Prometen un Plan de inversiones, sin dinero nuevo, que no estaría hasta febrero de 2015. Mientras, piden al BCE que les saque las castañas del fuego, como en 2012 y 2013. Draghi ha bajado testimonialmente los tipos y va a comprar créditos a los bancos para inyectar dinero a la economía europea, pero lo que hace falta no es sólo liquidez sino reanimar las economías con un verdadero Plan Marshall europeo. Eso choca con la austeridad (suicida) que pregona Merkel y apoya Rajoy. Se espera que Francia, Italia y España hagan más recortes en 2015, para reducir sus déficits. Y eso podría llevar a Europa a la tercera recesión de esta crisis, hundiendo la tímida recuperación española. Cambien, reanimen la economía europea como ha hecho Obama con éxito. Si no, vamos hacía atrás, otra vez al agujero.


La economía europea no despega, tras cuatro años de austeridad. Al contrario, empeora: la zona euro se ha estancado en el segundo trimestre, creciendo un 0% (frente al +0,2% del primer trimestre), según Eurostat. Y la UE-28 creció sólo un +0,2%, frente al +0,3% del trimestre anterior. Lo más preocupante es que las tres grandes economías europeas están estancadas o cayendo: Italia ha caído en su tercera recesión en esta crisis (-0,1% en el primer trimestre y -0,2% en el segundo), Francia está parada (creció un 0% en el primer y segundo trimestre) y Alemania, el motor de Europa, decrece un -0,2% en el segundo trimestre (+0,7% en el primero), por el pinchazo de sus exportaciones y la crisis con Rusia.

Otro dato preocupante es la baja inflación europea, que cayó un -0,3% en agosto y está en el 0,4% anual (el dato más bajo desde 2009), con 4 países con inflación negativa (España entre ellos). Un indicador claro de que la economía europea está enferma y un factor que retrasa las compras y el consumo, debilitando las ventas, las inversiones y el empleo, muy débil. De hecho, Europa tiene 27 millones de parados, 2 millones más que en 2008, una tasa de paro del 11,5% (zona euro), la más alta desde la postguerra. Lo positivo es que el euro se ha debilitado, hasta los 1,30 euros/dólar (desde 1,40 en mayo), lo que facilita las exportaciones europeas, pero es otro síntoma de que el ahorro se va de Europa a EEUU (que subirá tipos en 2015), algo que antes o después va a encarecer la deuda y las primas de riesgo. Y lo más preocupante es que la crisis de Ucrania y las sanciones a Rusia van a ser la puntilla para Alemania y la Europa del este, agudizando el estancamiento europeo.

En medio de este panorama, Rajoy “saca pecho” con el dato de que España crece más que la mayoría de Europa: +0,6% en el segundo trimestre, tras crecer también los tres trimestres anteriores (+0,1% el tercero de 2013, +0,2% el cuarto y +0,4% el primero de 2014).Es cierto, pero se trata de un crecimiento muy coyuntural, ligado a la temporada turística y a las rebajas, como demuestra que en agosto se ha roto la racha de mejora del empleo, con una pérdida de casi 100.000 afiliaciones a la Seguridad Social. Un crecimiento pequeño, que aporta un empleo escaso, precario (muchos contratos temporales y por horas) y mal pagado.

Y lo peor es que España lleva ya un año con baja inflación (desinflación) y los dos últimos meses con inflación negativa (-0,5% de inflación anual en agosto). La baja inflación es un cáncer para la recuperación: retrasa las compras de los consumidores, retrae las ventas y las inversiones de las empresas y por tanto la creación de empleo. Además, dificulta devolver las deudas, en un país donde el Estado debe más de un billón de euros (100% PIB) y las empresas y particulares 1,86 billones más. Sin ventas y con salarios de miseria (1 de cada 7 trabajadores son pobres), resulta más difícil desendeudarse y además consumir o invertir. Y más si no hay crédito (ha caído otro 10% este año), el doble de caro que en Alemania.

Rajoy presume de que la recuperación de España está ahí y se apoya en la caída de la prima de riesgo, que ronda los 120 puntos (2,15% interés bono a 10 años) cuando hace dos años estaba en 610 (6,8% en 2012). Un síntoma de que algo va mal, de que los mercados no ven proyectos privados rentables para invertir y de momento se conforman con la deuda, a la espera de que suban los tipos en EEUU (2015) y se vayan allí. Porque una economía que crece al 0,6% no es atractiva. Y menos cuando las exportaciones llevan tres meses cayendo y ya no tiran de la economía. Y van a tirar menos en los próximos meses si Francia, Italia, Alemania o Portugal, nuestros principales compradores, no crecen. Y lo mismo el turismo.

Si Europa va mal, España irá a peor. Y hay un gran riesgo de que Europa caiga en la tercera recesión de esta crisis, tras una primera en 2009 (-4.5% PIB), por las hipotecas basura en USA, y otra segunda en 2012-2013 (-0,7% y -0,4% la zona euro), por culpa de la austeridad impuesta por Merkel y Bruselas en mayo de 2010, tras la crisis de Grecia. Los dirigentes europeos han visto las orejas al lobo, sobre todo el francés Hollande y el italiano Renzi, y han pedido al Banco Central Europeo (BCE) que les ayude, que haga de “bombero” como en 2012 y 2013. En julio de 2012, el BCE evitó la ruptura del euro y el rescate de España (y de Italia) con la famosa frase de Draghi: “haré lo que sea necesario para sostener al euro”. En julio de 2013 volvió a calmar los mercados, asegurando tipos bajos y liquidez. Y en junio de 2014, aseguró otro verano tranquilo al bajar los tipos (al 0,15%) y anunciar que este septiembre subastaría 400.000 millones para que los bancos pudieran dar más créditos.

Las medidas del BCE y los anuncios de Draghi han evitado una catástrofe pero no el estancamiento de la economía europea. Ahora, el 4 de septiembre, el BCE ha ido más lejos: bajó los tipos del 0,15% al 0,05% (algo impactante, pero poco efectivo) y anunció para octubre la compra de créditos a la banca privada (deuda vinculada a préstamos e hipotecas concedidos), en otro intento de inyectar liquidez, dinero, a la débil economía europea. Son medidas decididas pero tardías (se debieron tomar en 2012). Además, Draghi es prudente y no se atreve a lanzar toda su artillería para estimular la economía europea (podría comprar bonos y deuda privada, como hacen EEUU y Reino Unido desde 2009), por no despertar más los recelos de Alemania.

La actuación del BCE animará algo a la economía europea pero es insuficiente. Porque el problema de Europa no es la falta de liquidez (aunque falte crédito accesible en el sur) sino que no hay demanda ni inversión, que la economía está sin pulso, sin crecer y sin inflación, como Japón en los últimos 25 años. Y por eso, lo que urge es reanimar la economía desde los Gobiernos. De momento, los líderes europeos han convocado una Cumbre extraordinaria el 7 de octubre en Italia “a favor del empleo, el crecimiento y la inversión”. Suena bien, pero hay precedentes de Cumbres similares inútiles. En junio de 2012 se celebró una Cumbre donde los 27 aprobaron un “Pacto por el Crecimiento y el Empleo” que se quedó en nada. Y en junio de 2013, otra Cumbre europea aprobó un Plan de empleo juvenil (apoyado en tres Cumbres más ese año), con sólo 6.000 millones para los 28, que no se ha puesto en marcha en España hasta julio de 2014.

Ahora, el reelegido presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, ha prometido un Plan para movilizar 300.000 millones de inversiones públicas y privadas en Europa. Suena bien, pero tiene dos pegas. Una, que el Plan no se aprobará hasta febrero de 2015 (y 2014 será un año perdido). Y la otra, que no habrá un euro nuevo, según él mismo ha aclarado: se tratará de aprovechar mejor los recursos existentes. Es una concesión a Merkel y los fundamentalistas de Bruselas, que no quieren gastar más para reanimar la economía europea. Y que insisten en que hay que seguir con el rigor presupuestario, con reducir los déficits. Así que lo seguro es que seguirán los recortes, ya anunciados en Francia e Italia. Y también en España en 2015, aunque sea un año electoral: la Comisión ya le ha dicho a Rajoy que para cumplir el déficit tendrá que recortar 20.000 millones extras en 2015. Lo veremos en los Presupuestos que se presenten a finales de septiembre. Y a las autonomías, Montoro les ha enviado 255 medidas de ahorro (más recortes).

El dilema de Europa es que si Francia, Italia, España (junto a Grecia, Portugal y algunos países del Este) hacen más recortes, la tercera recesión será un hecho. Y si se pone en marcha un Plan de reactivación europeo, Alemania y los países ricos del norte tendrán que pagarlo y dejar que la Europa del sur retrase el recorte del déficit. Más austeridad, como defiende Europa desde 2010, o reanimar la economía, como viene haciendo EEUU desde 2008. El balance de ambas políticas es incontestable: Europa está estancada y EEUU crece al 4% (2º trimestre 2014). Europa tiene un 11,5% de paro (zona euro), tras perder 2 millones de empleos, y EEUU tiene un 6,2%, tras crear Obama 9 millones de empleos.

Europa debe acabar con la política de austeridad, reanimando la economía europea con un Plan de inversiones públicas y privadas potente: los sindicatos han propuesto un Plan Marshall europeo que destine un 2% del PIB durante 10 años a inversiones, para crear 11 millones de empleos. Además, Alemania y la Europa más rica deben fomentar el consumo y la inflación, mientras en la Europa del sur se flexibilizan los objetivos del déficit público, para dar más margen a fomentar la inversión, la investigación, la formación y el empleo. Y ayudar a que los países del sur paguen su deuda, mutualizándola con eurobonos, para rebajar intereses. Y facilitar la renegociación de la deuda de empresas y particulares, para que puedan consumir e invertir, mientras se facilita el crédito, comprando el BCE más deuda privada.

En España, el Gobierno debería mejorar la recaudación y luchar de verdad contra el fraude fiscal: si recaudáramos como Europa, se podrían ingresar 90.000 millones más, para reducir el déficit y sostener inversiones públicas y el Estado del Bienestar. Además, hay que fomentar el consumo, con menos impuestos indirectos y salarios más altos (la mitad de los españoles ingresan menos de 1.000 euros al mes). Y el crédito y la inversión, con una política activa de fomento del empleo, que exige gastar más en formación y en colocar a los parados. Hay que volcarse en la reindustrialización, la educación, la investigación, el turismo y la exportación. Y corregir la pobreza y la desigualdad, un lastre para el crecimiento.

Si Europa se estanca o cae en la tercera recesión, España no se recupera. Rajoy no debería aliarse con Merkel y sus recortes sino sumarse a Hollande y Renzi para forzar un cambio en Europa, para reanimar la economía y salir de cuatro años de estancamiento, fruto de una austeridad suicida. Lo necesitamos más que nadie, porque tenemos el doble de paro. O cambian de política o vamos al abismo. Todos, pero nosotros más.