jueves, 7 de abril de 2016

La emigración española aumenta


España ha vuelto a ser un país de emigrantes, con la crisis. Pero lo más preocupante es que la fuga de españoles, sobre todo jóvenes, no se reduce, aunque la economía mejora: en 2015 se batió el récord de españoles nacidos en España que emigraron, 33.609 personas, más de los que salieron en los años 2011 y 2012 juntos. Y eso pasa cuando hay países europeos, como Alemania, Reino Unido o Francia, donde los españoles ven que se reducen sus oportunidades, por el bajo crecimiento y la llegada de otros emigrantes y refugiados. La mayoría de emigrantes son jóvenes universitarios, pero muchos trabajan de lo que encuentran, en condiciones precarias y con poco futuro. Urge que el futuro Gobierno ponga en marcha un Plan para repatriar a los emigrantes que quieran volver, tras haberse ido 133.246 españoles nacidos en España desde 2009. Hay que recuperar este capital humano, que tanto ha costado formar y que la crisis obligó a salir de España. Que vuelvan.
 
enrique ortega

España fue un país de emigrantes en los años 60 del pasado siglo: más de 2 millones de españoles salieron fuera a trabajar, sobre todo a Europa. Y luego, al comienzo de este siglo XXI, cambiaron las tornas: entre 2000 y 2009, España recibió más de 7 millones de inmigrantes, la mitad de todos los extranjeros que llegaron por esos años a Europa. Pero con la crisis, los españoles volvieron a emigrar, buscando una oportunidad de trabajo, primero los más jóvenes y luego familias enteras, a Europa y Latinoamérica. En enero de 2016 había ya 2.305.030 españoles viviendo en el extranjero, 833.339 más que en enero de 2009 (1.471.691 españoles en el extranjero), según los datos del Padrón de españoles residentes en el extranjero (PERE), publicado recientemente por el INE.

La cifra de nuevos emigrantes en estos 7 años, 833.339 españoles, es muy alta, pero la mayoría (700.093 emigrantes, un 84% del total) son extranjeros que habían llegado antes a España y con el tiempo han conseguido la nacionalidad española o hijos y nietos de españoles exilados que habían sido nacionalizados por la Ley de memoria Histórica de diciembre de 2007. Y en estos años, con tanto paro en España, han optado por irse, volver a su país de origen (Argentina, Ecuador, México, Rumanía, Cuba, Brasil, Colombia…). Sólo los 133.246 emigrantes restantes en estos 7 años son españoles nacidos en España, básicamente jóvenes aunque también familias con hijos, que se han marchado sobre todo a Europa (Francia, Alemania y Reino Unido) y también a EEUU y Latinoamérica.

Lo más preocupante es que este flujo de emigrantes “españoles españoles no cesa e incluso crece año tras año. Así, si en 2009 salieron fuera 1.066 emigrantes españoles nacidos en España, en 2010 ya fueron 6.306, en 2011 pasaron a 13.273, en 2012 a 19.267 y en los últimos tres años han aumentado más: 29.072 en 2013, 30.653 en 2014 y 33.609 en 2015, un dato récord en esta crisis. O sea, que aunque la economía haya mejorado, creándose empleo en 2014 y 2015, la emigración sigue aumentando, quizás porque el empleo que se ha creado en estos dos últimos años ha sido para mayores de 45 años y los jóvenes siguen perdiendo empleo aquí.

Muchos expertos creen además, que estas cifras oficiales del INE no reflejan la realidad de la emigración de los españoles nacidos en España. Y eso, porque la estadística de españoles en el extranjero (2.305.030 personas en enero de 2016, de los que 766.996 serían españoles nacidos en España y el resto extranjeros nacionalizados españoles) refleja los que se registran en los consulados españoles en el extranjero, no los que viven fuera sin más, tras haber llegado a los países como un turista más. Y son muchos los emigrantes que no se registran en los consulados porque eso les supone perder derechos en España, desde la atención sanitaria (pierden tarjeta) a otros derechos (ayudas, vivienda, etc.). Así que viven en Europa o América sin estar registrados como “emigrantes”. Algunos expertos, como el Instituto de la Juventud, creen que en vez de 133.246 emigrantes han salido al menos 341.000 emigrantes con esta crisis (218.000 de ellos jóvenes). Y hay otras estimaciones que hablan de 500.000 españoles que han emigrado e incluso 700.000 emigrantes (CSIC).

Un dato curioso es que el aumento de la emigración, de extranjeros nacionalizados y de españoles, ha disparado las remesas de divisas recibidas desde el extranjero. Así en 2004, último dato del Banco Mundial, España recibió 10.990 millones de dólares (9.800 millones de euros) de dinero enviado por españoles desde el extranjero (un récord histórico), con lo que éramos el país nº 12 del mundo en remesas de emigrantes y el 4º país de Europa, tras Francia, Alemania y Bélgica. Eso sí, como todavía tenemos muchos inmigrantes extranjeros (4,44 millones en 2015), son más las divisas que se envían fuera desde España: 16.015 millones de dólares en 2014 (14.184 millones de euros), según el Banco Mundial.

Está claro que los emigrantes españoles son muchos y el flujo de salidas no se frena, a pesar de que ya hay países donde se nota un “agotamiento” en la llegada de españoles, como Alemania, Reino Unido y Francia, por su débil crecimiento económico y el exceso de emigrantes y refugiados. El perfil del emigrante español actual es un joven (la mayoría de 21 a 30 años), con estudios universitarios, que procede sobre todo de las grandes ciudades, en especial de Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia. La mitad de ellos busca trabajo en Europa, aunque ha crecido el flujo de emigrantes españoles a los países del Golfo, EEUU, Asia, Latinoamérica y países del Este de Europa. Los puestos que más se han demandado son informáticos, expertos en Internet y nuevas tecnologías, ingenieros, finanzas y marketing, salud, investigación y energías renovables, según un estudio de Adecco. Al principio, muchos jóvenes se fueron siguiendo la estela de las multinacionales y exportadores españoles, pero luego se han ido cada vez más “a la aventura”, buscando sobre la marcha un empleo, lo que se ha traducido en mucho “trabajo precario”, sin relación con su formación (están "sobrecualificados") y con poco futuro.

Estos emigrantes españoles tienen difícil volver, aunque quieran. Por un lado, en España hay todavía demasiado paro (4.779.500 parados EPA, un 21% de los españoles en edad de trabajar) y más entre los jóvenes (casi 50% de paro), donde las ofertas de empleo escasean. No en vano, los jóvenes españoles son los más pesimistas de Europa, junto a los italianos y la mayoría se plantea seguir emigrando: un 58% piensa en salir fuera, frente al 21% de los jóvenes alemanes, según una encuesta de Vodafone en 6 países europeos. Y además, si vuelven, muchos no tienen asegurado cobrar el paro, ya que para ello tendrían que justificar haber trabajado en el extranjero un mínimo de 12 meses en los últimos 6 años. Y muchos han hecho trabajos precarios e incluso “sumergidos”.

A pesar de todo, urge recuperar a estos emigrantes, porque son una generación bien formada, en la que el país ha invertido mucho esfuerzo y dinero (entre 50.000 y 80.000 euros por joven universitario), un capital humano desperdiciado. Por eso, el futuro Gobierno debería poner en marcha un Plan para repatriar a los emigrantes que quieran volver, con ayudas públicas para facilitar su inserción laboral y con planes de mejora de la investigación (I+D+i), para recuperar a los “cerebros” fugados, junto a ayudas para que puedan alquilar casa. Hay que pensar que, en general, se trata de una mano de obra preparada, con conocimiento de otras lenguas y cierta experiencia en otros modelos de organización laboral, con un alto grado de iniciativa y adaptabilidad. Haría falta un Plan específico para buscarles empleo aquí, dentro del Servicio Público de Empleo (SEPE), con iniciativas como la web privada Volvemos, que pretende conectar a emigrantes españoles que quieren volver con empresas españolas que puedan contratarlos.

La emigración ha sido en esta crisis, como lo fue en los años 60, una válvula de escape para rebajar el paro, que sería mucho mayor si miles de jóvenes y familias no hubieran optado por salir fuera antes de hundirse en el desempleo aquí dentro. Pero tener tantos españoles fuera, en contra de su voluntad, es un fracaso como país y un despilfarro de recursos. Por eso, si queremos promover una recuperación estable y duradera de la economía, tenemos que contar con estos españoles que viven fuera y quieren volver, porque pueden aportar mucho a las empresas y a la economía. No hay que verlos como un competidor más por un empleo. Hay que darles una oportunidad, como al resto de parados que están aquí. Todos necesitan un Gobierno que promueva un mayor crecimiento y más empleo, con otra política en Europa, que reactive la economía y se deje de más recortes (como los impuestos a Grecia o Portugal y quieren imponer ahora a España). Es hora de crecer más, de reanimar el consumo y la inversión, de dar una oportunidad de empleo digno a los millones de parados que aún tenemos y a los emigrantes españoles que quieren volver. No los olvidemos.

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