Necesitamos empresas más grandes
Las pymes disfrutan en España de una excelente
imagen pública, mejor que las grandes empresas. Pero lean este dato:
de los 2,5 millones de empleos creados desde 2020, casi el 70% lo han
creado las grandes empresas, mientras las micropymes (1 a 9 trabajadores)
sólo han creado el 1,5% del nuevo empleo. Y esto es preocupante porque sólo un
0,2% de las empresas españolas son grandes (más de 250 trabajadores)
y el 90% son pymes con menos de 50 empleados. Los estudios demuestran
que las grandes empresas son más competitivas, exportan más, tienen
más innovación y tecnología y crean más empleo estable y mejor pagado. Y
que una de las causas de que España tenga menos productividad es que tenemos demasiadas pymes. Por eso, Europa, que también tiene
muchas pymes, busca apoyar a las empresas medianas para que ganen tamaño y
competitividad. En España se aprobó en 2022 la Ley Crea y Crece, para
facilitar la creación de empresas y aumentar su tamaño. Porque el
tamaño importa y mucho. Enrique Ortega
España ha crecido en los últimos 5 años (de
2021 a 2025) más que la media europea y más que Alemania, Francia
o Italia. Y se ha consolidado como la 4ª potencia económica de la Unión
Europea, con una producción (PIB) de 1.685.783 millones de
euros en 2025, sólo por
detrás de Alemania (4.469.910 millones), Francia (2.979.085
millones) e Italia (2.258.049 millones), aunque somos la 5ª
economía europea si contamos a Reino Unido (3.545.339 millones de PIB).
Y las tres economías que nos siguen quedan todavía lejos: Paises Bajos
(1.179.660 millones € de PIB), Polonia (918.464 millones) y Bélgica
(641.893 millones).
Pero este dato del PIB total es engañoso,
porque unos paises tienen más población que otros. Por eso, lo relevante es lo
que produce cada país por habitante, el verdadero indicador de la
productividad y renta de cada país. Y con este dato, nuestra posición cambia drásticamente: España produjo 28.310
euros por habitante en 2025 (ajustado con la inflación), el
83% del PIB real per cápita de la UE-27, que fue 34.100 euros, según
acaba de publicar Eurostat.
Y si ajustamos este PIB por habitante con el poder de compra de cada país (PPA), la producción real por
habitante, España salta del 4º al 15º puesto de la UE-27, según publica hoy Eurostat, porque hay
14 paises más productivos (PIB real per cápita) que España
(92% del PIB real UE-27): Luxemburgo (239% del PIB por habitante europeo), Irlanda
(237%), Paises Bajos (134%), Dinamarca (127%), Austria (117%), Bélgica (115%), Alemania
(115%), Malta (110%), Suecia (110%), Finlandia (101%), Francia
(98% del PIB real comunitario), Chipre (98%), Italia (96%) y Chequia
(92% del PIB por habitante real UE). España baja un puesto en este ranking (nos adelanta Chequia) y mantiene el porcentaje del 92% del PIB por habitante de 2024, que empezó en el 76% en 1986 (al ingresar en la CEE), subió del 100% entre 2002 y 2009, bajó hasta el 83% en 2020 (pandemia) y se recupera hasta el actual 92% del PIB por habitante europeo.
Este es el dato importante para comparar la
productividad entre paises y el que explica la diferencia entre nuestra
renta y nuestros salarios y los de otros paises europeos con mayor
productividad y mejor nivel de vida. Así que crecemos mucho, más que el
resto, pero también ha crecido mucho nuestra población (somos 2,5
millones más que en 2019, básicamente por los inmigrantes), con lo que se
mantiene una “brecha”, una distancia con
Europa en nuestro PIB real por habitante (era el 83,45% en 2019 y el
83,02% ahora).
¿Por qué somos menos productivos y por tanto menos ricos
que 14 paises europeos? Básicamente, hay
2 causas “de fondo” que lo explican: en España trabaja menos
gente que en la mayoría de Europa y trabajan peor, con menos
eficacia y productividad. Veámoslo.
Primero, trabaja menos gente, hay un porcentaje menor
de personas en edad de trabajar que están ocupadas y creando riqueza (PIB). La tasa
de empleo en España (porcentaje de personas de 20 a 64 años ocupadas) era,
a finales de 2025, del 72,4%, frente al 76,2% en la UE-27, el
81,4% en Alemania y el 75,5% en Francia, según
Eurostat. Y sube al 83,4% en Paises Bajos, al 80,2% en Irlanda, al 81,8% en
Suecia o al 83,6% en Malta, paises con más PIB por habitante que España
(mientras es más baja en Italia, el 67,6%). Este bajo nivel de empleo tiene
mucho que ver con nuestro modelo de crecimiento, basado en los
servicios y el turismo, en empresas más pequeñas, con poca tecnología y
exportación, que crean menos valor añadido y menos empleo. Ojo: si España
tuviera la tasa de empleo de la UE-27, tendríamos 1,12 millones de
personas más trabajando (y aumentando nuestro PIB por habitante y
nuestra renta). Y si tuviéramos la tasa de empleo de Alemania, en España trabajarían
2,7 millones más. Y con ello, aumentaría el numerador del PIB por
habitante (PIB producido /habitantes) y seríamos más productivos y más
ricos.
Segundo, los españoles que trabajan lo hacen “peor”, son
menos eficientes. Un dato lo resume bien: en la eurozona, cada hora
trabajada aporta 61 dólares al PIB, frente a 53 dólares en España
(-13,11%), según la
OCDE. Y esa menor productividad en España acumula una caída del -7,3% del
año 2.000 al 2022, mientras en Estados Unidos creció un +15,5%, en Alemania
un +11,8% y en Francia un +0,8%, bajando también en Italia (-5,1%), según
un reciente estudio de la Fundación BBVA e Ivie. De hecho, nuestra baja
productividad es un problema que arrastramos hace décadas y que nos sitúa en el
puesto 39º del ranking
mundial de competitividad 2025 publicado
por el Foro Económico Mundial, por detrás de la competitividad de 19
paises europeos: Suiza (1º del ranking mundial), Dinamarca (4º),
Irlanda (7º), Suecia (8º), Paises Bajos (10º), Noruega (12º),Finlandia (14º),
Islandia (15º), Alemania (19º), Luxemburgo (20º), Lituania (21º), Bélgica
(24º), Chequia (25º), Austria (26º), Reino Unido (29º), Francia (32º), Estonia
(33º), Portugal (37º) y Letonia (38º).
¿Por
qué España tiene menos productividad? La causa que siempre se argumenta
es nuestro
modelo productivo, el elevado peso en la economía de los servicios
(turismo, hostelería y comercio), actividades intensivas en mano de obra y con
baja productividad, y el menor peso de la industria. Pero si España
tuviera la misma estructura productiva del resto de Europa, seguiríamos
teniendo un -10% de productividad, según
la Fundación BBVA e Ivie, que señala otro factor que suele esgrimirse,
con razón: el
menor tamaño de nuestras empresas (demasiadas pymes), lo que les
dificulta financiarse, invertir e innovar.
Estos expertos argumentan otras 3 causas de peso para
explicar nuestra menor productividad. La primera y fundamental, la
menor formación de los trabajadores españoles y sus jefes. Hay pocos
trabajadores con formación tecnológica y capacidades digitales. En paralelo,
muchas empresas adolecen de capacidades gerenciales y hay
empresarios que gestionan sin la suficiente formación y sin capacidad de
organizar equipos, apoyados en el “ordeno y mando”. La 2ª causa es la
falta de tecnología e innovación en las empresas. En España,
el gasto en I+D+i fue del 1,50%
del PIB en 2024, frente al 2,25% en la UE-27. Un tercer
factor contra la productividad es la
caída de la inversión en España, pública y sobre todo privada, desde
2008. Otras causas se atribuyen a factores
institucionales: demasiada economía sumergida (¿20%?), excesiva
dependencia de las empresas del crédito bancario (más que en el resto de
Europa ), mucha burocracia (sólo
en 2024, el Estado y las autonomías aprobaron
más de 1.000 nuevas normas), barreras de entrada sectoriales y
territoriales que reducen la competencia, dispersión normativa en 17
autonomías y dificultades regulatorias y fiscales para que las pymes
superen los 50 trabajadores.
Voy a centrarme en una de estas causas, el
pequeño tamaño de nuestras empresas, clave para explicar nuestra
baja productividad y el empleo que se crea. En 2025, las
estadísticas oficiales registraban casi 3 millones de empresas, de
las que sólo 6.019 eran grandes (0,2% con más de 250
trabajadores), 27.673 eran medianas (0,8%) y el resto (99%)
eran pequeñas: 175.597 tenían entre 10 y 49 trabajadores y 1.140.107 tenían
de 1 a 9 trabajadores (la gran mayoría, el 84,5% de las pequeñas), siendo el
resto (1.614.187) empresas registradas por autónomos sin asalariados. La
estructura es
similar a la del resto de Europa, donde hay un 0,2% de grandes
empresas (salvo
en Francia, centro Europa y Alemania, donde hay un 0,7% de empresas
grandes, 25.000 en Alemania), aunque más empresas medianas (el 0,93%) y
casi igual porcentaje de pequeñas y microempresas (98,87%).
El problema de tener demasiadas
pymes es que suelen ser menos competitivas que las medianas y
grandes empresas, exportan, invierten e innovan menos, tienen más dificultades
para financiarse y, sobre todo, crean menos empleo. El dato aportado por Funcas
es muy llamativo: de los 2.496.400 nuevos empleos creados tras la
pandemia (2020-2025), más de dos tercios (el 68,7%) lo han creado las
grandes empresas (con más de 250 trabajadores), mientras las microempresas
(1 a 9 trabajadores), que son la mayoría (84,5%) sólo han creado el 1,5%
de los nuevos empleos, creado el resto del empleo (29,8%) las empresas medianas
(50 a 249 empleados) y pequeñas (de 10 a 49 empleados). Según este estudio, una
de las claves es que las grandes exportan mucho más (1.000 grandes empresas suponen el 67% de la exportación total) y eso les permite
crecer y crear más empleo. También
pasa en Europa, donde las grandes empresas (el 0,2% del total)
mantienen el 37% del empleo total, mientras las medianas mantienen el
15% y el resto de pymes acapara el 48% del empleo total.
Lo positivo de los últimos años, según
Funcas, es que el número de grandes y medianas empresas ha crecido en
España tras la pandemia: hay +23,6% grandes empresas (+250
trabajadores) y +11,5% medianas y pequeñas (10 a 249 empleados),
mientras ha caído el número de micropymes (-1,1%). Este mayor aumento de
grandes y medianas se observa en la mayoría de sectores, más en servicios
profesionales y actividades con alto contenido tecnológico, también en sectores
ligados al turismo y al consumo interno. Parece que las empresas españolas han
ganado tamaño para acceder mejor a los Fondos europeos, por el
aumento del salario mínimo (que fuerza a las empresas a una mayor
eficiencia y al cierre de micropymes) y por las ayudas públicas y la reducción de los
umbrales regulatorios y tributarios que les ha permitido crecer de tamaño.
Con todo, seguimos con demasiadas pymes y hay
poco dinamismo y regeneración empresarial: se crean pocas
empresas nuevas y las que se crean duran pocos años, mientras persisten
las más longevas (las empresas con más de 22 años de antigüedad), que
aportan la mitad de la inversión total. Por eso, los expertos piden ayudar
a las nuevas empresas a hacerse un hueco, fomentando la formación y el
talento (que no encuentran las empresas más jóvenes), su internacionalización y
financiación (que tienen más difícil), reduciendo la normativa (a la estatal se
suman las normas “dispares” de 17 autonomías).
Pero otro
estudio de AFI señala que la principal causa de que las pymes españolas no
crezcan más no es la falta de financiación y ayudas o el exceso de regulación
sino “las decisiones de gestión” y el mayor o menor “apetito
por el riesgo”. Y
lo justifican con un estudio en 9.000 empresas medianas y su evolución
entre 2008 y 2023, donde vieron que había un Top de 100 empresas medianas
líderes en crecimiento de ventas (x10), plantillas (x8), inversión (el
doble que la media), productividad y rentabilidad (+50% que la media). Y
además, la mitad de estas 100 empresas “scalers” (crecimiento
rápido) o “scaleups”
dieron un salto a la categoría de “gran empresa”. Y los autores creen que este éxito
de esas empresas se explica por su estrategia y ambición, siendo
menos relevantes las exigencias contables, fiscales o laborales que argumentan
las pymes como freno para crecer.
Cara al futuro, el
estudio de AFI señala que España necesita duplicar el número de empresas
medianas (de 27.673 a 50.000) y grandes (de 6.019 a 10.000)
y además que estén mejor repartidas por todos los sectores
(hoy las grandes se concentran en los servicios y la industria) y territorios (Madrid, Cataluña,
Comunidad Valenciana y Andalucía concentran las medianas y grandes empresas),
como requisito clave para mejorar la productividad y crear más empleo. Y plantean
este dilema: o mejoramos la productividad (produciendo más
por habitante, con más valor añadido) o será la baja productividad quien
nos gobierne, con sus secuelas de salarios
bajos (son un 20% más bajos porque tenemos un 20% menos de productividad
que la zona euro) y menor PIB por habitante, un menor nivel de vida que
gran parte de Europa.
Como el problema del tamaño empresarial no es sólo
español (aunque se agrava en España), la Comisión europea aprobó en mayo de
2025 una Recomendación para promover a las empresas medianas-grandes,
las llamadas “small mid-caps” (de 250 a 750 trabajadores y
una facturación anual de 50 a 150 millones de euros), para que sean la
punta de lanza de un proceso de aumento de tamaño de las empresas
europeas, para ayudarles con una regulación y financiación específica a que
den un salto de escala y en unos años ganen tamaño, productividad y
competitividad, clave para que Europa compita mejor en el mundo.
En España, el Gobierno Sánchez aprobó en julio de 2024 el Consejo
Nacional de Productividad, integrado por 15
expertos independientes, que han publicado este 4 de marzo el
I Informe sobre la Productividad en España, donde proponen
impulsar la inversión privada, mejorar el acceso de las empresas jóvenes a la
financiación no bancaria (mercados, emisiones, micromecenazgo), una “mejor”
regulación (no “menos”) y el fomento de la formación y el capital humano,
alertando de que si las empresas españolas no aceleran la incorporación de la
Inteligencia Artificial (IA), podría aumentar nuestra “brecha de productividad”.
Además, falta que se desarrolle la
Ley “Crea y Crece”, aprobada
por el Congreso en septiembre de 2022, para facilitar la creación de
empresas (ahora se pueden constituir con
1 €, frente a 3.000 antes), mejorar su financiación, reducir los obstáculos
regulatorios e impulsar su crecimiento, reforzando la unidad de
mercado (1 país y 17 autonomías).
En resumen, es fundamental conseguir
que
haya más empresas y de mayor tamaño, para que compitan mejor,
vendan y exporten más, creen más empleo estable y ayuden a mejorar la
productividad del país, con lo que mejoraría el nivel de vida de todos. Para
eso hace falta modernizar la economía,
digitalizarla y resolver los retos medioambientales, una normativa laboral con
amplio apoyo y que mejore la calidad del empleo, apostar por la educación y la formación, gastar más en
tecnología y apoyar la reindustrialización. Pero también tener más
empresas medianas y grandes. Porque el
tamaño sí importa.
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